10.
Allí estaba, lo que más había temido desde que tomó la decisión de apoyar a sus antiguos compañeros, sus amigos; parada en medio de la calle, con las luces del alumbrado público iluminándola, apuntando con su arma y siendo apuntada al mismo tiempo, consciente de que era ella la que tenía las de perder.
Moira parecía querer decir algo, probablemente era una decisión de debilitarla hasta la muerte o dejarla ir… era más factible lo primero, pues la prioridad para ambas era la misión.
Sin embargo, Angela descubrió que era incapaz de herirla.
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-Tenemos una misión paga. -Ana los sorprendió a todos. -No es más que el traslado de un embajador, pero es una acción sumamente discreta, por lo que solamente irá un equipo especialista reducido.
Angela estaba algo inquieta escuchando a su compañera; se encontraban reunidos en una pequeña mesa rectangular, atentos a la indicación de Bastet. Podía percibir la mirada del soldado, que estaba de pie tras la tiradora, aun con la careta puesta, y la llenaba de una extraña ansiedad tras lo ocurrido el día anterior en el laboratorio.
-Reinhardt, Lena, Brigitte, Angela, cuento con ustedes para cumplir la misión.
La doctora salió del trance bruscamente.
-La operación comenzará a las siete de la tarde…
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-¡Doctora! -Le llamó Brigitte por el comunicador. -¡No se aleje demasiado! ¡No puedo verla!
El ceño de Moira se había fruncido en ese momento, y la energía púrpura se estaba formando en su mano, dispuesta a atacarla en cualquier momento.
-Dispara. -Le ordenó la pelirroja, sin embargo, con voz grave.
Sus manos temblaron con el arma en ellas.
-¡Dispara!
-¡No puedo! -Gritó finalmente.
-¿Qué cosa? -Cuestionó la escudera por el comunicador.
Angela finalmente optó por alejarse del sitio, girándose con brusquedad para seguir a sus compañeros, haciéndose a la idea de que probablemente iba a caer inconsciente en cosa de metros por su cobardía; sin embargo, la científica tan solo se quedó estática, observando cómo su compañera de trabajo corría, incapaz de pasar por encima de todos para cumplir su misión. Aun había mucho de esa antigua Angela en ella.
"Gracias por todo".
-Objetivo cumplido. -Dijo una siniestra voz por el comunicador.
-¿Obtuvo lo que necesitaba?
-Más rápido de lo planificado.
-Los veo mañana, debo volver al hospital antes de hacer el viaje.
-Entendido.
"¿Puedo quedarme contigo un rato?". Chasqueó, fastidiada. No dejaba de pensar en ella de manera inapropiada.
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La misión no había pasado a mayores, en el concepto del equipo; cuando volvieron, estaban únicamente los guardias normales ya que Ana y el soldado habían salido por más reclutas. Su sonrisa de cortesía se mantuvo hasta pasada la media noche, cuando los otros dos volvieron acompañados de una chica que le sonaba de algún lado, mientras dentro de ella la carcomía la culpabilidad de haberse puesto en riesgo por temor de herir a Moira.
-Eran cuatro. -Comenzó Reinhardt. -Pero nada que nosotros no pudiésemos solucionar, la misión llegó sana y salva.
-¿Cuatro? -Bastet, usando su máscara aun, llevó la mirada hacia la doctora.
No pudo decirlo, solamente asintió con la cabeza.
-De acuerdo. Descansen esta noche, mañana continuaremos con el orden. Doctora, al laboratorio.
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Angela se sentía extraña, como si estuviera a punto de ser reprendida; le inquietaba la mirada de Ana, una mezcla de molestia y pena… así como el soldado siempre tras ella, como un guardaespaldas siniestro. Pensó que años antes Jack jamás se hubiera ganado ese adjetivo. Sinestro.
-¿Tiene que estar también? -Cuestionó la rubia, mirando al hombre.
-Sí. -Ana tomó asiento frente a su compañera. -¿Qué fue lo que sucedió allá? ¿Te vio con el equipo?
-Fue efectiva nuestra escolta, pero creo que su propósito no era el que creíamos, ya que se retiraron más pronto de lo esperado, probablemente la observación estará en el reporte… y… sí. Ella pudo verme, directamente. -Su tono de voz disminuyó un poco. -Nos encontramos de frente, pero…
-Estás ilesa.
-Sí. Pensé que iba a dispararme en el momento que nos encontramos, pero no lo hizo. Nos miramos como unas completas desconocidas.
-¿Qué planeas hacer cuando sea el momento de volver al hospital?
Guardó silencio. Había estado dándole vueltas durante todo ese tiempo, preguntándose si se armaría un problema en el lugar, o…
-Creo que esa situación tendré que resolverla en el momento, si ella decide seguir fingiendo que no pasa nada, o finalmente tengamos que enfrentar la realidad.
-Lo mejor es poner en claro esa relación que tienes con ella… y eso me lleva a otra cosa. -Se giró un poco. -Soldado, ¿qué hacías siguiendo a la doctora Ziegler?
Hubo silencio nuevamente. Angela había hablado de ello, y se sintió un poco mal de comprometerlo de esa manera; pensó en disculparse con él después, aunque su mente le traicionaba con lo que había ocurrido anteriormente.
-Preguntaste por ella. Cualquier duda es sospecha para mí. -Contestó con gravedad.
-¿En serio? -Cuestionó con marcado sarcasmo.
-Tiene relación con un enemigo.
En cualquier otra circunstancia, la rubia se hubiera sentido ofendida por semejante acusación tan agresiva; sin embargo, en ese momento ella estaba completamente neutra, y se preguntó si debía hacer un poco de drama para evitar cualquier sospecha.
-Tomaré la responsabilidad en caso de que ocurra algún problema, soldado. Respeto tu determinación, pero debes recordar que aquí el trabajo en equipo es indispensable, no puedo permitir que obres tú solo sin al menos dejar en claro que lo harás.
-Entendido.
Ana se levantó de su asiento entonces, seguida de Ángela, que tuvo un impulso nervioso de pronto, como si percibiera que la sniper iba a dejarla sola con él.
-Descansen, mañana hablaremos de nuestro siguiente paso. Procuren no exponerse demasiado al peligro. Y tú. -Miró al soldado de nueva cuenta. -Le debes una disculpa a la doctora. Y un café.
-Ana. -Le recriminó la mujer, nerviosa.
La excapitana salió del laboratorio; Angela se apresuró a seguirla, pero acabó dejando que ella saliera primera, permitiendo que la puerta se cerrara lentamente frente a ella.
-¿Ana sabe que yo sé? -Susurró levemente, sin girarse.
-No. No me lo ha dicho, al menos. No comprendo su reacción.
-Yo la entiendo, es una tontería. -Resopló. -Supongo que quiere que hables conmigo.
-Entre menos gente lo sepa es mejor.
-Lo entiendo. -Sonrió, sintiéndose un poco más relajada que antes. Se giró un poco para verle. -En todo caso, ahora me debes un café.
-Jamás he podido preparar bien un café.
-En ese caso, lo prepararé yo en esta ocasión, ¿de acuerdo?
El soldado asintió levemente en respuesta.
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Lena y Brigitte espiaron el momento preciso en el que la doctora y el soldado salían del laboratorio, la primera tan sonriente como usual, el segundo tan lúgubre como normal.
-Van juntos. -Dijo la inglesa en voz baja.
-Eso es bueno. -Ana sonrió, animada, tras las dos chicas. -Espero puedan hablar con tranquilidad finalmente.
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La puerta se cerró, y la distancia entre ambos también.
-Jack. -Alcanzó a susurrar.
La careta había caído al suelo, al mismo tiempo que la atrapaba contra la pared fría y sus labios volvieron a caer sobre los de ella en un impulsivo beso, tal como el día anterior; de manera inmediata lo abrazó por su cuello, y quedó atrapada en su abrazo al grado de quedar de puntas sobre el suelo.
-No creo que Ana se refiriera a esto cuando dijo lo del café. -Volvió a susurrar contra su boca.
-¿Está bien para ti?
-Es mucho más que bien… es mucho más de lo que hubiese imaginado… contigo…
Su abrazo se atenuó solo un poco, sin por ello apartarla de él; sus ojos azules estaban en los de ella, serenos, profundos, como cuando la situación era demasiado seria, en el pasado… le dio un punzar en el estómago, así como un consecuente nerviosismo que la recorrió completamente.
-Dímelo, Angela. ¿Desde cuándo fue?
-Desde… desde que te conocí. -Susurró, sumamente avergonzada de confesárselo. -Desde la primera vez que trabajamos juntos.
-No hacía más que gritar órdenes en inglés.
-Así fue. -Tensó un poco los labios. -La noche en la que nos entregaron las medallas, cuando ascendiste a comandante… Ana me obligó a invitarte a bailar esa noche… ese fue el momento en el que quería decírtelo, pero me sentí muy intimidada y, al final, no lo hice.
Su gesto fue de impresión, una demasiado grande.
-¿Qué pasa? -Susurró Angela.
-Esa noche… cuando terminó el baile, pensé en detenerte. No lo hice porque no lo creí adecuado en ese momento, no quería verme como una especie de… ¿Angela?
La mirada de la doctora se había empañado, dejando escapar sin control algunas lágrimas poco después; si ambos hubiesen podido ver un poco más del otro, su futuro sería completamente distinto. Entre ellos. La sostuvo entonces con un solo brazo, mientras pasaba los dedos enguantados por sus mejillas de una manera extrañamente delicada, limpiándolas un poco.
-Perdona. -Murmuró ella con voz quebrada. -Es solo que suena…
-Sé como suena. -Se inclinó, obsequiándole un beso demasiado suave, gentil, a diferencia de los anteriores. -Lo pensé mucho, y solamente comprendí que no tiene sentido estar atrapado en el pasado, las cosas no van a cambiar a menos que sea en el momento. Quiero intentarlo de nueva cuenta, pero tampoco quiero presionarte con ello.
-¿Presionarme?
-Ha… pasado mucho tiempo.
-¿Piensas que ha cambiado algo en mí?
-Es más que claro que has cambiado.
-¿Te pesa el tiempo?
Hubo un leve silencio. Para ella fue claro que le avergonzaba.
-Algo. -Acabó admitiendo. -Podría pasar por tu padre.
-No. -Alzó la mano diestra, tocando su mejilla en una gentil caricia. -Puede que hayan cambiado muchas cosas alrededor de nosotros, pero tú… tú estás en el mismo lugar que antes, en mi corazón, en mi mente… y el tiempo no es nada con respecto a mis sentimientos por ti.
-Perdóname, por no verlo a tiempo.
Ella negó con la cabeza, y calló sus consecuentes palabras con un beso.
