- ¿Podemos ir a comer fuera? – preguntó Sora mientras que caminaban por el pasillo.

- ¿Cómo que si podemos? – la miró, girando la cabeza.

- Sí…

- ¿Desde cuándo la pregunta es que si podemos? – sonrió, divertido por la cara que le había visto poner.

Era la primera vez que salía de casa desde que había vuelto del hospital. Tampoco se podía decir que lo hubiera echado demasiado de menos. Había aprovechado aquellos días para descansar todo lo que había podido, notándose algo mejor ya.

Aquel día habían acudido a la cita con el médico, sabiendo de ella con ninguna noticia nueva, lo cual, se podía considerar como bueno dada la situación. Lo importante era que no había empeorado y que todo seguía bajo control. Les servía más que de sobra escuchar aquello, a sabiendas de que las cosas se podían torcer con bastante facilidad. Las recomendaciones habían sido exactamente las mismas que cuando le habían dado el alta.

Sora no podía negar que la idea de tener que seguir con aquel estilo de vida tan calmado el tiempo que le quedaba podía llegar a hacérsele pesado, pero no había tenido oportunidad de pensar en ello tampoco. Realmente había necesitado aquellos días de descanso y estaba segura de que iba a poder encontrarse entretenimiento para el último tramo.

- No lo sé, depende de si me convences con el sitio o no – contestó finalmente a la pregunta que ella le había hecho, viéndola sonreír mientras que salían.

- Tendré que pensarme entonces un sitio que merezca la pena… - siguiéndole el juego, sin importarle mucho estar en la calle, buscó su cercanía consiguiendo que la rodeara con el brazo.

Yamato había conseguido tener unos días libres a la vuelta del hospital, y luego, simplemente había conseguido cuadrar sus horarios de la mejor forma posible para no tener que estar tanto tiempo fuera de casa. Sabía más que de sobra que era imposible que Sora se llegara a quedar si no estaba él. Dejando de lado sus sobras, había tenido a sus padres con ella todo el tiempo, eso sin contar al resto de amigos y familiares. Pero prefería poder estar él. simplemente, quería estar él.

- ¿Te han dicho algo de que tengas todavía cuidado con la comida?

- No… Eso era solo por primeros días porque el dolor que sentía era mi querido estómago haciendo de las suyas… Pero vamos, que entre una cosa y otra cuando tenga a la niña voy a ser la primera embarazada que conozco que va a tener que ponerse a recuperar peso en vez de a perderlo – usó un tono de protesta, farfullando aquello por lo bajo.

- Eso, mientras que solo tengas que protestarme por cosas así, yo diría que mejor… - se empezó a reír de ella, apretándola algo más contra él, acabando por detenerse, aprovechando para quedarse abrazándola desde la espalda-. Bueno, igualmente, yo creo que mientras sigas esquivando cosas fuertes, mejor… ¿quieres ir al italiano que nos gusta?

Se quedó pensativa, distraída ante el gesto de él, no pudiendo evitar perder el hilo de sus pensamientos unos segundos para luego intentar centrarse en el lugar al cual se podía estar refiriendo él.

- ¿El que tiene ese tiramisú que tanto me gusta?

- Cómo sabía yo que con el postre te iba a comprar rápido… - estuvo a punto de soltarla mientras que se reía para poder echar a andar de nuevo, sin embargo, no llegó a hacerlo.

Cuando estaba a punto de apartar las manos, ambos pudieron sentir unos golpecitos provenientes del vientre de ella, centrando rápidamente su atención en esos movimientos. Hacía ya unos días que no los notaban o quizás Sora había estado durmiendo demasiado profundamente como para llegar a darse cuenta.

Después del susto que se habían llevado, no era de extrañar que ambos consideraran aquel movimiento casi más especial que la primera vez que la habían notado.

- Yo creo que a Aiko también le gusta la idea de tener tiramisú de postre – acabó por murmurar la pelirroja girando la cabeza hacia Yamato para poder observarlo.

Empiezo a pensar que nuestra pequeña va a salir tan golosa como su madre – habló de nuevo, sonriendo de forma amplia y sincera por primera vez en días, notando como volvía a sentir el movimiento bajo la palma de su mano nada más hablar.

- Y creo que te está dando la razón – posó sus manos sobre las de él unos segundos-. ¿Italiano entonces?

- Ha decidido ella…


Yamato abrió la puerta dejando que pasara primero Sora, encontrándose rápidamente con dos cabezas que sobresalían del sofá, observándolos curiosos antes de que Biyomon alzara el vuelo rápidamente hacia colocarse frente a su compañera.

- Tranquila, está todo bien – dijo a modo de saludo antes de que empezaran con el interrogatorio-. Nos hemos entretenido por el camino porque me entró hambre…

- ¿Estás bien? ¿Y la niña?

- Que sí… Que estoy bien, de verdad… - quitándose los zapatos, se apartó de la puerta, dejando que entrara también el rubio.

- ¿Habéis comido? – preguntó él, entretenido por la escena.

- ¿Nos has traído algo? – tirando del pantalón de él, desde su altura Gabumon se había acercado también.

- Puede… - agitó la bolsa que había traído antes de que se la quitaran, dejándolos entrar en casa tranquilamente.

Siguiendo a ambos seres con la mirada, cuando terminó de quitarse la ropa de abrigo, Sora se acercó hacia el sofá, buscando sentarse cómodamente. Aquel cansancio ya era al que se había acostumbrado en los últimos tiempos, no ese tan drástico de la semana anterior.

- ¿No te quieres poner el pijama?

- Luego… - se giró, para poder observarlo desde allí-. Además, estoy cómoda con esta ropa…

- ¿Es la que te regaló tu madre el otro día? – sonrió al verla asentir-. Eso me parecía.

Toshiko había estado pendiente de su hija a diario, y, en una de sus últimas visitas había llegado con algunos paquetes para ella, que habían resultado algunas prendas de ropa más apropiadas a su condición actual. Tampoco quiso explicarle demasiado a Yamato sobre cómo se había enterado su madre de que ella necesitaba ropa más cómoda, no había necesidad de recordar cosas poco agradables.

A ver si ahora que ya me empiezo a encontrar mejor termino de una vez el kimono que le quiero regalar… No hago más que aplazarlo.

- ¿No lo habías terminado ya?

- Bueno… me quedan un par de detalles… - dijo mientras que se fijaba cómo se acercaba hacia ella, tendiéndole una taza-. Gracias.

- Unos detalles… La última vez que lo vi estaba perfecto – tomó asiento a su lado-. Me parece que voy a tener que darle la razón a cierta socia tuya con que eres un poquito tiquismiquis…

Estuvo a punto de lanzarle una mala mirada, queriendo hacerle burla, pero no llegó a hacerlo, empezando a sonreír de oreja a oreja de nuevo. De nuevo estaba moviéndose la niña, y, desde que había empezado a sentirla, nunca se había alegrado más que aquellos días.

- ¿Qué? – dijo al darse cuenta de la sonrisa de ella.

- Se está moviendo otra vez… - levantó la vista hacia Yamato-. Creo que le ha gustado la comida.

- Pues… si te tengo que empezar a llevar más a menudo hasta allí… No creo que tenga mucho problema.

La pelirroja se llevó la taza a los labios, dando un ligero trago. Ojalá pudiera ser verdad que pudieran ir con más frecuencia… No podía evitar aquel pensamiento, pero iba a hacer el esfuerzo por llevar la vida más tranquila que pudiera.

- ¿Te dije que ya he sacado todos los papeles de la habitación? Los he dejado en el trabajo… Tengo espacio más que de sobra.

- No, no me lo habías dicho… ¿Cuándo has estado revolviendo?

- Pues… un día de estos. Creo que estabas durmiendo y no tenía nada mejor qué hacer por casa. Lo saqué todo… Tenemos que buscarle también dónde dormir a Gabumon mientras que la habitación no esté terminada.

- Puede escoger donde él quiera… - no pudo evitar quedarse pensativa, bajando la vista hacia su vientre-. Sigue hablando.

- ¿Por qué?

- Tú hazme caso… O bueno, no, quédate callado un poco, ¿quieres? – se fijó en la cara de no entender nada de él-. Espera un poco… Luego me sigues contando lo que tú quieras… De hecho… Voy a ir al baño mientras.

Dejándolo con cara de completa confusión, fue directa hacia el baño de abajo, el que usaban cuando tenían visita, alejándose de él. Llevaba varios días dándose cuenta de un detalle, y, con todo el caos que había organizado ella sola la semana anterior, no se había vuelto a acordar.

Con el paso de los días, especialmente cuando llegaba él más tarde del trabajo, se había fijado en que la pequeña se movía especialmente a partir de cuando estaba Yamato con ellas. Al igual que estaba pasando en aquellos momentos. Había dejado de moverse en cuanto había dejado al chico atrás.

No estaba segura de si aquello era una paranoia suya, o si realmente podía ser. Tendría que preguntar si era normal que algo así pasara.

- ¿Por qué me tenía que quedar callado? – le preguntó nada más verla.

- Luego te lo cuento… Vuelve a decirme algo, lo que sea.

- ¿Qué te diga el qué? Sora, ¿estás bien? Porque yo no me estoy enterando de nada desde hace un buen rato… ¿Y ahora por qué te estás riendo?

- Yo no sé si es posible, pero desde hace unos días le estoy dando vueltas a una cosa…

- ¿Qué cosa?

- ¿Tú crees que la niña es capaz de reconocerte la voz?

- ¿Eh? – arqueó ambas cejas.

- Sí… La pequeña se supone que nos oye ya… Pero… ¿tú crees que sea capaz de saber cuándo estás hablando tú?

- Pues… - más confuso de lo que ya estaba, miró hacia Sora mientras que se revolvía el pelo-. ¿Por qué lo preguntas?

- Es que llevo días fijándome. Cuando llegas a casa es cuando más se mueve… Y antes, cada vez que hablabas la sentía moverse. Yo creo que te reconoce la voz, Yamato. Por eso te mandé callar, porque quería ver si dejaba de moverse cuando me iba al baño.

Los ojos de él bajaron de la cara de Sora hacia la barriga, como si esperara que alguna explicación fuera a venir de allí. ¿Podía ser? Él no tenía ni la más remota idea de bebés, no al menos en esos temas, aunque, no iba a negar que lo acababa de escuchar le gustaba.

Alargó la mano para coger la de ella, acercándosela así para tenerla de frente de pie.

- ¿De verdad lo crees?

- Es demasiada coincidencia que pase así siempre. La niña te reconoce – sonrió, bajando la vista hacia él- estoy segura de ello.

La miró unos segundos, acabando por volver a centrar su atención en el vientre de ella, llevando sus manos a él.

- ¿Me reconoces la voz? – empezaba a notar una sensación cálida y agradable que llevaba días sin notar apoderarse de él, relajándose incluso-. ¿Y no has tenido otra cosa mejor qué hacer todo este tiempo que reconocer la voz del pesado de tu padre?

- Debe de estar de acuerdo conmigo con eso de que nos gusta mucho tu voz – acabó por llevar las manos al cabello de él, jugando con los mechones.

Sonrió, simplemente quedándose así, centrándose en lo que acababa de decirle, decidiendo que le gustaba la idea de que Aiko fuera capaz de notar cuando hablaba él. Sin lugar a dudas, le gustaba mucho. Demasiado.

Carraspeó, intentando recuperar el habla, arrastrado las manos por la cintura de Sora, dejándolas en su espalda ahora, para acabar por acercar la cabeza del todo a ella, dejando un beso sobre la ropa.

- Entonces vamos a tener que empezar a tener serias conversaciones tú y yo sobre los sustos que me das, chiquitina – diciendo aquello, sin haber tenido tiempo a apartarse de ella del todo, notó automáticamente el movimiento de la niña, sacándole una sonrisa de oreja a oreja.

- Creo que eso significa que hagas es favor de no aburrirla dándole la charla…

Agradecía que Aiko estuviera colaboradora. Había visto a Yamato pasarlo muy mal aquellos días y que la niña se estuviera moviendo tanto aquella tarde parecía que había servido para que él se relajara. Cuando levantó la vista hacia ella pudo verla sonriendo, teniendo que hacerlo ella a su vez.


AnnaBolena04: primero pasa por papi, luego por la pelirroja y ale, Yamato durmiendo, porque claro, él no tenía sueño y todas esas cosas. Ha sido meterse en la cama con Sora y se ha quedado dormido al momento. Tanto protestar y tanto dar vueltas... Y solo necesitaba abrir la boca y cuatro mimos para caer dormido como un angelito.

Ahora parece que los días han pasado y que se lo toma todo con más calma, que el susto va quedando atrás y que pueden dedicarse a labores tales como fangirlear porque tienen una nenita preciosa en camino que da pataditas y que parece ser que se mueve más de la cuenta cuando es su padre el que le habla. Posiblemente eso fuera lo que Yamato necesitaba para salir de esa mala racha que, por suerte, solo ha quedado en un susto.

¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: anda mira, ¡si sigue viva! Pues mira, lo que importa es que te lo has quitado del medio y que te vas de vacaciones a Londres que te las has ganado. Yo prometo no liar ninguna desgracia, no vaya a ser que me tires algo de la que pasa el avión por la zona o algo.

Esos dos tienen el carácter para llevarse bien entre ellos, y, además, son las dos personas más cercanas a Yamato. Incluso, a estas alturas, pasando por encima de su hermano. Si ellos dos se llevan bien, es sencillo tener más control sobre el rubio cuando se pone cabezota o le entran paranoias de las suyas y si no lo pilla el uno lo pilla la otra y lo dejan metido en la cama durmiendo como un angelito hasta que se le pasa el susto.

Ahora a descansar, ¿eh? Y a hacer mucho turismo si no se te congela hasta la punta de la nariz, que se la que se viene para este fin de semana dicen que va a ser muy gorda... Así que supongo que más para el Norte todavía más. Abrígate, ¿eh? Y abrígame a las tartarugas no vayan a coger catarro. ¡Bicos muy grandes!