- ¿Tú crees que puede pasar, mamá? - tomando asiento al lado de su madre, observando, entretenida cómo terminaba de hacer unos arreglos, Sora se quedó mirando hacia ella.
- Claro que sí – cogiendo una de las floras que ella le tendía se quedó mirando hacia su hija-. La niña oye todo lo que tú desde hace una temporada ya, y Yamato se pasa el día detrás de ti cuando está en casa. ¿Cómo no lo va a reconocer?
Sonrió, teniendo que darle la razón a la mujer. Tenía su lógica, y, fuera posible o no, la simple idea de que eso pudiera ser un hecho, había servido para que el pobre se llevara una alegría el otro día. Lo cual era algo que ya necesitaba con urgencia. Tanto él como ella, porque era plenamente consciente de que a pesar de que todos los ponían buena cara, todavía estaban igual de preocupados que ella, o incluso más. A fin de cuenta, su preocupación se limitaba a la pequeña y que estuviera perfectamente y, los demás, también se preocupaban por ella.
Amplió algo más su sonrisa unos segundos ante sus propios pensamientos antes de volver la vista a su madre.
- Yo creo que sí, que lo reconoce. Y sino… tampoco se lo vamos a poder preguntar, así que me quedo con mi teoría.
- Pues ya está – riéndose de las conclusiones de su hija, volvió a centrar su atención en el arreglo-. ¿Qué tal está? No lo veo nada más que cuando nos ponemos a pelearnos cuando llega sobre si me quedo a comer con vosotros o no…
- Y lo va a seguir intentando, que lo sepas. Ya te hemos dicho muchas veces que papá puede venirse también y así no tienes que…
- Sora, deja al pobre Yamato comer tranquilamente en casa sin tenernos a todas horas.
- No creo que lo diga por quedar bien con vosotros…
- Ya, pero… Déjalo tranquilo, que aproveche un rato tranquilamente contigo a solas…
Negando con la cabeza, fue a decirle algo más a su madre, no llegando a hacerlo al escuchar el sonido de la puerta. Se puso en pie lentamente y con cuidado antes de ir hacia ella, posando la mano en el hombro de Toshiko para que no se levantara. Sabía perfectamente quien era, y por eso, cuando abrió y se encontró al otro lado a Haru, ya la esperaba con la mejor de sus caras a modo de saludo.
- Mira quién aparece por aquí… - se apartó para dejarla pasar.
- ¿A que no sabes a quién he dejado haciendo de nosotras sentado fingiendo seriedad en el estudio? – fue lo primero que dijo, entrando, teniendo especial cuidado con lo que llevaba entre las manos.
- Pobrecito… Ni que no tuviera bastante con tener que aguantarte a todas horas como para que lo dejes de niñero.
Realmente, no podía tener queja alguna ni de Haru ni de Andrew. Especialmente de él, ya que Haru se estaba haciendo cargo de todo en su ausencia, pero a fin de cuentas era su socia… Sin embargo, él se había ofrecido a ayudar, a sabiendas de que tenía sus propios asuntos en el otro extremo del mundo.
- Pero bueno, ¿y esta visita? – dando por terminado el arreglo, se incorporó, quedándose mirando hacia la recién llegada-. ¿Qué tal todo?
- Muy bien, gracias – sonrió a la mujer, yendo directa hacia la mesa para poder dejar las cosas.
- ¿Lo has traído todo?
- Sí claro… Me dijiste que lo trajera por si acaso, así que yo lo he traído todo.
- Perfecto…
- ¿De qué se supone que estáis hablando vosotras dos? – mirando a ambas diseñadoras, se acabó por acercar hacia ellas.
- ¿Recuerdas que te dije que quería enseñarte una cosa que tenía en el estudio? – se quedó mirando hacia su madre.
- ¿Cuándo? Yo no me acuerdo de eso…
Tuvo que sonreír, encogiéndose de hombros sin querer ponerse a decirle cuándo había querido llevarla con ella al estudio para enseñarle algo, sin tener ganas de recordarle aquella horrorosa tarde.
- Da igual… Pero ya que no hemos podido ir nosotras hasta allí he tenido que decirle a esta señorita que nos hiciera el favor ahora que ya está todo completamente terminado.
- ¿El qué se supone que está terminado? – volvió a mirar de una a otra, acabando por observar más detenidamente a la menor de las dos-. ¿Contigo no funciona lo de que toda la ciudad me tenga miedo por culpa de los paranoicos de mi yerno y marido?
- No… - empezó a reírse, dejando que fuera Sora la que revolviera en la caja-. Yo no me dejo influenciar por el rubio ese, ni cuando intenta chantajearme...
- Ya se lo diré ya…
- ¿Y qué te crees que te va a decir? – mirando hacia la pelirroja, terminó por colocarse al lado de la madre de ella-. Que menuda novedad le has ido a contar…
Sin poder más que darle la razón a su amiga, cogió finalmente la caja que ella le había traído, acercándose hacia donde acababan de sentarse ambas.
- Yo creo que es justo que la primera que tenga algo así… Hecho completamente en el estudio y sin que ningún socio del otro extremo del mundo me esté vuelto loca seas tú, mamá. Y que conste en acta que esto lo tenía preparado tiempo antes de estas semanas, así no es nada en agradecimiento a que hayas estado de niñera… Solo quería dártelo porque sí.
- ¿Darme? ¿El qué?
Le tendió la caja, esperando a que la cogiera para volver a tomar asiento, apoyándose con cuidado en el reposabrazos. A aquellas alturas le costaba moverse con la fluidez normal y, además, había extremado el cuidado después del susto que se había llevado.
Dejando de mirar hacia la pelirroja, bajó la mirada hacia la caja que ella le había dado, decidiendo que sería mejor abrirla y luego intentar entender de lo que hablaban las otras dos. Mientras que habría el paquete, Haru aprovechó para cambiarse de sitio, quedándose sentada al lado de Sora, acabando por inclinarse hacia ella.
- Hola enana - posando la mano unos segundos sobre la barriga de ella, se quedó a la espera, terminando por fruncir el ceño-. Te digo yo que esta niña me tiene manía. Y es culpa del padre que seguro que se dedica a ponerla en mi contra.
- Tenlo por seguro… - riéndose, asintió a la vez que hablaba-. Deja la mano ahí, verás cómo acabas notando algo.
Últimamente la pequeña cada vez se movía con más frecuencia. Finalmente había llegado a entender lo que era que la despertara en mitad de la noche. Pero… prefería que las cosas fueran a sí. No le importaba que la despertara todas las veces que quisiera, tampoco tenía otra cosa mejor qué hacer durante el día que recuperar el sueño perdido…
- Oh… - la voz de Toshiko reclamó la atención de ambas.
Finalmente habría abierto aquello que le habían dado, descubriendo entre algunos papeles protectores un trozo de tela, del que acababa de tirar para ver lo que realmente era. Delante de ella, cogido entre sus manos había un kimono de color azul oscuro, con colores dibujadas todo a lo largo de su extensión en tonos verdes oscuros, claros y algunas de ellas en un vivo color coral que destacan la atención sobre el resto.
Lo estiró del todo, pudiendo fijarse así más en los detalles y dibujos que había en él, fijándose en los bordes, del mismo color que el fondo de la prenda, pero de tela algo más brillante, al igual que el cinturón y los demás elementos necesarios para mantenerlo en su lugar.
- Es la primera vez que absolutamente todo está hecho aquí… He tenido tiempo durante los meses pasados de dar con algunos buenos proveedores de telas para estas cosas y… El diseño es mío. Me traje muchos bocetos de cuando estuve en el Sur con Yamato… Así que ya iba siendo hora de que saliera a la luz.
Continuó revisando la prenda, no con ojo crítico, sino completamente sorprendida de lo que tenía entre las manos. Escuchaba hablar a su hija de fondo, atendiendo a sus explicaciones antes de acabar levantar la cabeza hacia ella.
- Pero… ¿esto es para mí? Si lo habéis hecho en el estudio tiene que haberos costado mucho y…
- Mamá… Si tengo un estudio y quiero empezar a dedicarme a estas cosas, ¿qué mejor forma de hacerlo que contigo? No… No ha costado mucho, no lo que debería de costar simplemente por el hecho de ser un regalo para ti. ¿Te gusta?
- ¿Que si me gusta? Me gusta tanto que me va a dar hasta pena estrenarlo… - escuchó como se reía su hija, volviendo a mirar hacia el kimono.
- Venga, pruébatelo, mamá… Que creo que es de tu talla, pero si hay que hacer algunos arreglos puedo hacerlos yo misma y así tengo entretenimiento… Y así luego se lo enseñas a papá y ya lo tenemos otra vez protestando por los rincones con que somos un par de indecentes que no hacemos más que conspirar en su contra. Mira, ya sé cómo puedes estrenarlos… Os vais los dos a celebrar que ya está instalado en Tokio de una vez…
Toshiko la miró mientras que parloteaba, sin hacerle todavía demasiado caso antes de volver a mirar hacia el kimono. Cosas como aquella la hacían volver demasiado atrás en el tiempo. Hacían que recordara aquellas épocas en las que jamás habría podido llegar a imaginar que su Sora fuera a seguir aquel camino en su vida.
La hubiera apoyado quisiera hacer lo que quisiera hacer, a pesar de su aparente forma de ser tan estricta con ella. Nunca se había metido en sus decisiones, y, aunque quizás le hubiera gustado que prestara más interés en la tradición familiar, no podía haberla obligado a ello. Ahora, sin lugar a dudas, no podía estar más orgullosa de hasta dónde había llegado.
- Vete al vestidor y cámbiate allí tranquilamente, que quiero que te lo pruebes bien… Que para eso he traído a Haru, que si hay que hacer algún arreglo es mejor que lo marque ella, que yo ya no me muevo tan bien como antes…
Asintió, todavía distraída en sus pensamientos, cambiando la dirección de sus pasos para poder ir hacia donde ella le había dicho y hacer lo que le había pedido.
- ¡Se ha movido! ¡Se ha movido! – la voz de Haru sobresaltó a la mujer todavía antes de que se fuera.
Había permanecido con la mano donde Sora le había dicho hasta que de repente había notado el movimiento bajo sus dedos, dando un brinco sobre sí misma, no pudiendo evitar asustar a las otras dos con sus palabras.
- ¡La he sentido moverse por fin!
- ¿No la había sentido todavía? – preguntó desde mitad del camino hacia el vestidor Toshiko.
- No, parecía que Aiko se la tenía algo jurada a Haru… - se rió, mirando hacia su amiga.
- ¡Pero mira cómo se mueve! ¡Ayyy!
Sacándole una risa más exagerada a la pelirroja ante sus reacciones, ésta pudo ver como su madre finalmente iba a probarse la prenda antes de volver a prestarle atención a su amiga.
- Mírate… Si hasta te hace ilusión sentir como se mueve la niña…
- ¡Claro que sí! ¡Mira qué pataditas da! – había posado ambas manos.
- Pues nada… Ya sabes… Aunque… ahora que me acuerdo, alguien tiene que empezar a preparar algunas cosas para dentro de unos meses, ¿no? – sonrió-. ¿Qué? ¿Damos por sentado que ya que no tengo nada mejor qué hacer tengo permiso para ir haciendo bocetos de vestidos o me dedico a fingir que no lo voy a hacer yo y a arrastrarte por todas y cada una de las tiendas diciéndote lo mal que te quedan todos?
Las palabras de la pelirroja hicieron que la mirara, riéndose por lo bajo.
- No sé de lo que me estás hablando…
AnnaBolena04: je, sí, te entiendo. Si es que al rubio le hacía falta una dosis de moral y ha sido cortesía de la nenita. Si es que está claro que Aiko va a ser el remedio de todos los males de su padre. Probablemente también sea el foco de muchos de sus males cuando el problema sea que quiere ir al cine con un amigo, entonces verás tú el drama jajajajaja
Pero bueno, parece que la vida poco a poco vuelve a la normalidad para todos y volvemos a tener a Haru rondando por ahí junto con Toshiko haciendo de vigilantes a la pelirroja. A ver si puede el pobrecito reponerse de los nervios antes de que una tortuguita venga a saludar y se lo cargue el susto jajajaa
¡Besitos de tortuguita!
Ace Cornell: y la niña todavía no ha nacido jajajajaja Contando el afecto que le tienen todos a la madre e incluso al señor rubio por muy cabezota que se ponga, era de esperar que Aiko fuera bastante querida. Eso y que no se quedara contenta sin causarle unos cuantos infartos a todo el mundo. Sino le quitan el carnet de Ishida.
Y al pobre Yamato ya le tocaba un poquito de fangirleo que ha estado pasando unos dias muy complicados, se merece que Sora le cuente su teoría de la niña se mueve cuando lo escucha hablar, pobrecillo él jajaja
¡Un beso!
Guest vecina: espero que te estés tomando el té con las tartarugas por tierras británicas, vecina.
Sí, yo creo que queda claro que esa va a ser una relación de papitis/nenitis aguditis entre esos dos. Que además, seguro que por motivos laborales Yamato tiene que irse temporadas largas de casa y luego hay que aprovechar mucho a papi cuando está por allí. No se le va a despegar de encima ya verás jajajaja Y al pobre hombre pues le viene bien que aparte de querer matarlo de un infarto lo haga también lo haga con monerías de este tipo, que lleva unos días que seguro que verle con cara de tonto es complicado.
Pues mira que yo no he tenido vacaciones ni nada, pero esta semana que vuelvo a tener las clases de última hora estoy ya que no puedo con la vida. Mañana es viernes y de verdad que veo complicado llegar con las neuronas de una pieza. Yo no sé qué pasa, pero vamos, que me está costando hasta redactar las respuestas a las review hoy. No doy ni para eso...
¡Un bico grande, vecina!
