Sora acabó de preparar la mesa, dejando las cosas de la cena sobre ella, entretenida todavía con los ruidos que se escuchaban de fondo. En el fondo prefería tener prohibida la entrada a la habitación, sabía que era por el bien de su salud, porque estaba segura de que se iba a poner a hiperventilar con la que tendrían liada.
- Biyomon… - se acercó hacia ella-. Dile a esos tres que si siguen vivos y tienen hambre pueden venir a cenar que yo no pienso esperarlos…
Quedándose apoyada en la mesa todavía siguiente los movimientos de su compañera, no tardando en ver como iba tras ella también el otro digimon, se quedó a la espera. Si alguno de ellos aparecía con el mismo aspecto que si se hubiera caído rodando por las escaleras tampoco le extrañaría demasiado, a fin de cuentas, había escuchado ruidos que sonaban bastante parecidos.
- ¿Qué? ¿Alguno se ha roto algo? ¿Tengo que llamar a Jou?
- Pues… no te diría yo que no sería buena idea – acercándose hacia la pelirroja, Taichi fue lentamente guardando las distancias con Yamato-. Y dile a ese con el que te has casado que si no fuera tan desastre las cosas saldrían mejor.
- Mira… no me hables, es que no me hables – pasando por su lado, prefirió ignorarlo y simplemente pasar de largo, subiendo las escaleras directo a la habitación.
- ¿Qué le habéis hecho ya a tu hermano? – divertida, siguiendo con la mirada los movimientos de él, acabó por hablarle a Takeru.
- ¿Yo? Ha sido tu querido Taichi… - la miró unos segundos-. ¿Te has terminado el helado ya?
- No… Me he dejado algo para luego – giró la cabeza, mirando hacia él con la mejor de sus sonrisas-. Supongo que si os pregunto no me vais a decir qué lleváis haciendo toda la tarde, ¿verdad?
- Pues mira – sentándose en una de las sillas altas al lado de la encima, el embajador habló con tono cansado – lo que viene siendo nada, porque te digo yo que el inútil de Yamato ha liado algo… Y no hemos podido hacer nada.
- ¿De verdad? ¿Con el escándalo que lleváis montando toda la tarde no habéis hecho absolutamente nada de nada?
- Básicamente – se encogió de hombros.
- Si con razón nos iban las cosas cómo nos iban cuando la cosa dependía de vosotros dos… - riéndose, volvió a levantar la vista hacia las escaleras, viendo como el rubio volvía a bajar.
- ¿Siguen aquí?
- Claro que siguen aquí, la cena es para todos… Y no me vale ninguna excusa, que además, Taichi, tú eres capaz de cenar perfectamente dos veces aunque no hayas avisado a Koemi.
Abrió la boca para decir que realmente, sí que había avisado de que iba a tardar en volver, pero prefirió sin más hacerle burla antes de quedarse mirando hacia la mesa. No se iba a quejar de tener que quedarse a cenar con ellos, aunque tuviera el riesgo de que Yamato acabara por tirarle algo a la cabeza, pero el riesgo también era divertido.
- Venga, que tengo hambre… - protestó ella, acercándose hacia la mesa.
- ¿No has estado comiendo el helado que te trajo mi hermano? – colocándose a su lado para posar su mano en su cintura y caminar a la vez para ayudarla a sentarse, la miró sorprendido.
- ¿Y? – sonriendo, se quedó mirando hacia él consiguiendo que se echara a reír.
- ¿Ya estás muchísimo mejor, no? – colocándose al otro lado de su cuñada, se quedó mirándola, sonriendo.
- Sí… sus dolores de cabeza le está costando al pobre de tu hermano – se sentó, levantando la vista hacia Yamato, sonriéndole a modo de agradecimiento.
- Bastante tiempo que llevas aguantándolo tú como para que ahora pensara en protestar – acabó por decir Taichi, mirando hacia ellos.
- Pues piensa que llevo más años sufriéndote a ti… Yo creo que me debo de haber inmunizado ya a todos los males de este mundo…
Se quedó mirando hacia ella, con la mejor de sus caras de falsa ofensa ante las palabras de su amiga acabando por ver como le sonreía antes de dejar de hacerles caso y empezar a echarse la cena.
Cuando Yamato cerró la puerta para que se fueran tanto su hermano como Taichi, habían pasado ya varias horas desde que habían terminado de cenar. No habiendo querido rendirse, no habían dejado la cuna para otro día y finalmente habían conseguido montarla. Con ello se terminaba toda la parte más complicada de la remodelación de la habitación.
Quizás lo que tocaba fuera mejor que lo dejara de mano de Sora, pero… Por algún motivo, le hacía especial ilusión que no lo viera hasta el final. Una idea cruzó su mente, pensando en que quizás podría ser una buena excusa para tener algo más en cuenta a Natsuko en todo aquello.
- ¿Se ha quedado dormida? – preguntó hacia los digimon cuando se acercó de nuevo hacia el sofá donde se había quedado Sora.
- Sí, hace un rato ya, pero no queríamos molestarla – asintió Biyomon, quedándose mirando hacia él.
- Vale… Id si queréis a dormir, ya termino de recoger yo y cuando termine ya… veo cómo hago con ella. Venga, fuera, que es tarde ya…
Haciéndole caso, no tardaron en buscar su lugar en el vestidor. Hacía algunos días que habían dejado de dormir con ellos en la habitación. Sora solía despertarse varias veces en la noche por culpa de la niña y les había dicho que prefería que estuvieran donde no pudiera molestarlos. Había sido una discusión que había durado varios días, pero, al final había conseguido convencerlos.
Cuando terminó de recogerlo todo, se quedó mirando hacia la pelirroja unos segundos, pensando en que le daba pena despertarla. Se acercó, dándose cuenta de que tenía el cuaderno de dibujo entre sus manos todavía junto con su estuche de trabajo al otro lado. Retirándolo, lo dejó encima de la mesa, dándose cuenta de lo que había dibujado, sonriendo ligeramente. No entendía demasiado del mundo de la moda, pero estaba seguro de que aquello estaba relacionado con Haru.
- Sora – murmuró, no queriendo asustarla, agachándose-. Despierta.
Contestándole con un ligero sonido de protesta, no dio señales de hacerle caso, continuando dormida sacándole una sonrisa. El cansancio que arrastraba con ella en los últimos días no tenía que ver ya con el susto que habían tenido, sino con que, realmente, el embarazo estaba lo suficientemente avanzado como para agotarla con facilidad.
- Sora… - volvió a intentarla, acercándose algo más para rozar con suavidad su brazo, sin conseguir que le hiciera caso.
Era más tarde de lo normal para ella desde hacía una temporada, posiblemente se hubiera quedado completamente dormida. Le daba pena tener que despertarla de forma más brusca, de manera que, simplemente se giró, buscando la luz para apagarla, asegurándose de que todo quedaba apagado antes de volver a acercarse a ella.
Sin hacer movimientos bruscos, pasó un brazo bajo sus piernas, colando el otro como pudo tras su espalda, cogiéndola contra él. En otras condiciones no habría dudado tanto antes de hacerlo, pero, la idea de subir las escaleras no le entusiasmaba demasiado. Diciéndose a sí mismo que era una tontería ponerse a emparanoiarse con que podría tropezar y provocar que cayeran, la cogió mejor antes de subir con ella hasta la habitación.
Entrando en la habitación sin encender la luz siquiera, la posó encima de la cama, de nuevo teniendo cuidado con no despertarla, viendo como, automáticamente se giraba, acomodándose para seguir durmiendo. Ese gesto le sacó una sonrisa, dejándola tranquila antes de ir él a cambiarse de ropa.
Por suerte, ella se había quedado con su pijama desde que habían llegado por la tarde las visitas, por lo que no había tenido que intentar cambiarla de ropa sin despertarla. Ni siquiera se preocupó por meterla entre las sábanas, sabía lo que había… Y eso sería perder el tiempo. Tras haberse cambiado fue a echarse con ella. Realmente estaba cansado… Nunca se le había ocurrido que un simple e inocente objeto como aquel fuera a darles tanto la lata, pero lo había hecho… Y habían sido tres los que lo habían intentado. Normal que Sora se hubiera estado riendo de ellos lo que hubiera querido y más.
Giró la cabeza ella al sentirla moverse, no tardando en notar como lentamente iba pasando su mano en torno a él, quedándose abrazada, aún sin ser consciente de nada. Sonrió, dejándola acomodarse.
- ¿Acabo de escuchar la voz de mamá? – paseándose por el salón de casa, Yamato tenía el teléfono sujeto con un brazo mientras que con el otro cogía el mando de la televisión para quitarle el sonido. Sin duda, no necesitaba escuchar la estridente voz de Mimi de fondo, por muy mal que lo estuvieran mirando los digimon.
- Sí, ¿por qué? – contestó al otro lado de la línea su padre.
- ¿Cómo que por qué? ¿Otra vez?
- … - hizo una pausa-. ¿Y a ti qué más te da?
- Pues… bastante más me da… - puso los ojos en blanco-. Da igual, pásamela.
- ¿Para qué?
- ¿Y a ti qué más te da? - usando exactamente sus mismas palabras, acabó por esbozar una sonrisa de medio lado dándose cuenta de que su padre no contestaba, entendiendo que le estaba pasando el teléfono a ella.
- ¿Yamato? – efectivamente, la voz de su madre sonó al otro lado.
- ¿Qué haces?
- ¿Por qué?
- No… preguntaba por si estabais cuidado a Dai y Reiji… - intentó no sonar demasiado irónico con ella.
- Pues… ¿por qué lo preguntas?
- Porque quiero pedirte un favor… - giró la cabeza, escuchando todavía el ruido de la caldera que indica que Sora seguía duchándose-. ¿Quieres ayudarme a terminar de decorar la habitación de Aiko? Ya nos las hemos arreglado para tener los muebles y la pintura y todo… Solo queda decorarla y – habiendo dejado ya el mando sobre la mesa, se llevó esa mano al pelo, revolviéndoselo -… Y había pensado que quizás te gustaría ayudarme.
La mujer se quedó paralizada cuando escuchó las palabras de su hijo, deteniendo los pasos que había estado dando distraída por la calle. A pesar de que su relación con Yamato había mejorado de manera exponencial, detalles como aquellos todavía le chocaban y le costaba procesarlos con normalidad.
La mirada interrogante de Hiroaki se cruzó con la suya, haciéndola agitar suavemente la cabeza, haciéndole un gesto para que no se preocupara.
- Claro… Claro que me encantaría – sonrió ampliamente sin poder evitarlo-. ¿Qué quieres que te lleve algo?
- No, había pensado en que podías acompañarme a mirar algunas tiendas para buscar lo que nos falta y darme ideas… Hubiera querido poder hacer esto con Sora, pero como al final quiero darle la sorpresa, no sé, me pareció buena idea pedirte ayuda a ti.
- Cuando quieras… Podemos ir cuando quieras.
- ¿Puedes hoy de tarde? Quiero terminarla pronto para poder enseñársela cuanto antes… No creo que le vaya a venir mal la sorpresa.
- Claro que puedo – asintió a pesar de que no podía verla-. Tú solo dime la hora y paso a buscarte.
- Luego te mando un mensaje… Ah, y dile a papá que si quiere puede venir. Que así puede usarme a mí de excusa para que Takeru no empiece a tirarse de los pelos si se entera de que andáis por ahí solos.
Arqueando una ceja, la mujer se quedó unos segundos en silencio antes de alargar el brazo y pasarle el teléfono a Hiroaki, quien, sin entender demasiado, lo cogió.
- ¿Qué te le has dicho a tu madre ya?
- Nada… - empezó a reírse-. Os veo de tarde, que te cuente ella que para eso te andas paseando por ahí con ella. Ah, y por cierto, si esto va a seguir así yo que vosotros dejaba de fingir que no pasa nada y empezaba a ir con las cosas por delante.
- ¿Eh?
- Hasta luego, papá – no esperando a obtener respuesta de su padre, colgó el telefono.
Arrugando el ceño guardó el aparato en su bolsillo, girándose a mirar hacia Natsuko.
- ¿Qué quería?
- Pues… Que lo acompañe a comprar las cosas que le hacen falta para decorar la habitación de la niña – y una sonrisa completamente sincera acompañó esas palabras.
- ¿Y por qué dice que nos ve luego? – sonriendo él también al darse cuenta de la reacción de ella, no pudo evitar preguntar.
- Porque dice que puedes venir tú también. No sé, igual está del suficiente buen humor para dejarte estrenarte como abuelo consentidor… ¿Tú crees que ha sido cosa de Sora?
- ¿El qué? ¿Tenerte en cuenta? No… Créeme que no – se quedó mirando hacia ella unos segundos, estudiando su gesto-. Anda… Vamos… - alargó el brazo, dejándolo sobre los hombros de ella-. En lo que sí que ha tenido que ver es en que por fin reconozca que no está tan enfadado contigo como le gusta aparentar…
AnnaBolena04: jajajajajajaaja si es que no hay que preocuparse con ellos tres al cargo de la situación, sin lugar a dudas. Porque la pobre Sora no está para esas cosas, que sino les arreglaba ella el problema de la cunita y luego los dejaba castigados en el rincón mientras que se comía el helado que Takeru le ha traído. Y todo eso sin despeinarse jajajaja Pero bueno, parece que al final han conseguido terminar la cunita... Esperemos que no haya que lamentar ningún susto con ella. Ya tienen entretenimiento los peluches, comprobar que sea completamente segura.
Ahora parece que toca tarde de Yamato y sus padres... A ver si eso acaba de forma más pacífica jajajaja Que estará Natsuko presente para imponer orden. ¡Besitos de tortuguita!
Ace Cornell: shhh no le digas nada de app del mal que últimamente no está haciendo cosas demasiado siniestras, no vaya a ser que se lo tome como algún tipo de motivación.
Es que capaces eran de tirarle algo a la cabeza cuando la culpa era totalmente de ellos tres, así que él se fue a la parte segura de la casa. Es decir, a esconderse detrás de Sora que además estaba haciendo la cena y seguro que le caía algo extra. Ahora van a tener que mirar a ver si se fían o no de que esa cuna sea algo seguro, porque con esos tres implicados en el asunto no estaría yo demasiado convencida.
¡Un beso!
Natesgo: es que normal partirse de risa con la que tienen montada. Aunque ella no los vea, los conoce más que de sobra para saber las caras que están poniendo solo con lo que le llega de fondo, así que prefiere no saber qué le están haciendo a la cuna y ella seguir feliz y ajena a todo en la cocina. Que al menos unas buenas risas se las está echando a costa de esos tres adultos poco funcionales para la vida del día a día.
¡Un beso!
