- ¿Dónde vas?
Sora se quedó mirando hacia Yamato cuando lo vio pasar vestido, buscando entre los bolsillos de sus chaquetas las llaves de casa. Hacía un rato que lo había visto irse a la ducha, pero no había prestado más atención a lo que hacía o dejaba de hacer.
- He quedado con mis padres…
- ¿Con tus padres? – arqueó una ceja-. ¿Y dónde vais?
- Pues… por ahí – girándose hacia ella para dedicarle una sonrisa traviesa, no contestó a la pregunta.
Siguiéndole el juego entrecerró los ojos, intentando aparentar enfado porque no le quisiera decir a donde iba, cruzando los brazos sobre el pecho.
- Muy bonito… A saber a qué te andas dedicando tú por ahí… Menos mal que ya he buscado a quien me entretenga esta tarde.
- ¿Vas a tener visita? – arqueó una ceja, metiendo la mano por fin en el bolsillo adecuado y sacando las llaves.
- Sí, y creo que te va a venir bien estar aireándote con tu padre.
- Mimi… - murmuró por lo bajo, guardándose el objeto que había encontrado en la chaqueta-. Pues en ese caso con más motivo me voy a ir con mis padres.
- ¿Qué vais a hacer? – preguntó de nuevo, esperando que se colocara frente a él.
- No te lo voy a decir – llevó la mano hacia arriba, pudiendo así dar un ligero golpecito con su dedo en la punta de su nariz.
El gesto de él la hizo arrugar la nariz ligeramente poniendo una mueca que hizo que el rubio empezara a reírse unos segundos antes de dejar ahora sus dedos bajo su barbilla para levantar su rostro y acabar dándole un beso.
- ¿Me traerás algo? – dejó sus brazos en torno a su cuello, sin separarse demasiado de esa forma.
- Creo que de eso va la cosa… - riéndose, de inclinó de nuevo hacia ella para volver a alcanzar sus labios.
Dobló la esquina con paso rápido, directo hacia donde había quedado con sus padres, pudiendo verlos desde lejos, estudiando el comportamiento de ambos ahora que parecía que nadie estaba mirando. Realmente, a esas alturas de su vida debería de darle completamente igual lo que hicieran o dejaran de hacer, peor a la vez tampoco podía evitar darle vueltas a la cabeza.
Simplemente, si no los conociera, podría dar por supuesto que aquellos dos hacia los que se acercaba no eran más que otra pareja más, no dos personas que llevaban gran parte de su vida divorciados.
- Perdón… Alguien estaba intentando sonsacarme a dónde íbamos – reclamó la atención de ambos, apareciendo por detrás.
- Eso me parecía – girándose hacia él, su padre se quedó mirando hacia él-. ¿Qué tal está?
- Diciendo que más os vale pasaros por casa a la vuelta para cenar y que más me vale a mí llevarle algo…
- No suena mal, sobre todo la última parte – sonriendo a modo de saludo a su hijo, Natsuko se quedó mirando hacia él.
Echando a andar en dirección hacia donde les quedaban las tiendas que eran de su interés, no tardaron en verse rodeados de mucha más gente. Yamato esperaba poder dejar todo listo en casa antes de que terminara ese fin de semana. Al menos, con todo lo que necesitaba en casa podía dedicarse a dejarlo todo a su gusto sin tener que dejar a Sora sola.
- Oye tú – caminando a su lado, su padre reclamó su atención-. ¿Qué tal está?
- Mucho mejor. Ahora se entretiene riéndose de mí por las que lio cada vez que quiero cambiar algo en la habitación. Al menos he conseguido convencerla para no salga demasiado de casa.
- ¿Y cómo lo has hecho?
- Ha sido fácil… En realidad, creo que ya lo había decidido ella, que no podía seguir con el ritmo de vida normal en su estado y más después del susto que nos hemos llevado… Pero, principalmente, se cansa mucho más y creo que la cama la convence más por las mañanas que irse al estudio.
- Pues algo me dice que has tenido suerte porque Sora tiene pinta de cualquiera cosa menos de dejarse convencer para quedarse de brazos cruzados hasta que llegue la hora de tener a la niña… - metiéndose en la conversación, Natsuko se quedó mirando hacia ellos.
- Puede trabajar desde casa… A ver qué os pensáis. Aunque ahora está entretenida con el vestido de boda de su socia, que no hace demasiado que por fin se ha dignado a sentar cabeza.
- ¿Esa chica que suele andar detrás de ella por el estudio siempre? – preguntó Hiroaki.
- Esa misma – asintió-. Y ahora iba Mimi a verla, así que no se aburre, no…
- ¿Vais a hacer algo especial por el 27?
Giró la cabeza, observando a su madre tras la pregunta que le había hecho, sonriendo de forma delatadora. Tenía muy presente esta fecha y aunque se le ocurrían muchas formas en las que poder celebrarlo mucho mejor de lo que iba a poder, eso no quitaba que no tuviera tiempo más adelante para poder hacerlo.
- Espero que sí – sonrió.
- Eso, tú pon esa cara de bobo ahora que estás en tu primer aniversario, pero cuando vayas por el décimo me cuentas… - riéndose por lo bajo, su padre se quedó mirando divertido hacia su hijo.
- ¿Que te cuente exactamente el qué? – sin darle tiempo a contestar a Yamato, Natsuko lo hizo por él.
- Eh, eh… - alzó las manos en gesto de tregua-. ¿Por qué te das por aludida? Nosotros dos no llegamos a él, así que estaba diciendo nada de ¡ti! – protestó cuando recibió un buen manotazo en el brazo.
- Dale más fuerte, que se lo merece por gracioso.
- ¿Tú de qué parte estás, niño?
Mimi se quedó sentada en el sofá, revolviendo entre el montón de papeles que tenía Sora desperdigados por ahí, buscando entre ellos el cuaderno para mirar el dibujo que ella le había dicho. Cuando por fin dio con él, se quedó mirándolo antes de volver a buscar a su amiga con la mirada.
- ¿Te aburres eh?
- Un poco… - confesó antes de llegar de nuevo hasta donde ella-. ¿Qué te parece? ¿Crees que le va a gustar?
- Sora, hablamos de Haru. Si le dieras un saco para que se lo pusiera peor ese saco estuviera firmado por ti se lo pondría y pensaría que es el mejor saco que ha visto en toda su vida – asintió a sus propias palabras-. Esa chica te tiene en un pedestal… Y, aparte, creo que es precioso.
- Eso espero… - murmuró antes de posar las manos en su espalda, una a cada lado, estirándose ligeramente.
- ¿Estás bien?
- Sí, sí, tranquila… Pero es que esta señorita empieza a pesar mucho más de lo que estoy acostumbrada… - rodeó el sofá, para acabar sentándose al lado de Mimi.
- ¿No te ha vuelto a dar problemas? – observó como negaba con la cabeza-. Bien… Muy bien. Si es que solo se te ocurre a ti matarnos a todos del infarto de esa forma, señorita. Hija de tu padre tenías que ser – bajó la vista, dejando claro que no hablaba con Sora, sino con la niña-. ¿Qué tal todo?
- Estoy bien, Mimi – sonrió-. De verdad. Estoy todo lo cansada que debería de estar para estas fechas, tú deberías de saberlo ya… Y dentro de poco vas a estar igual que yo, así que… - sonrió, fijándose en que se le empezaba a notar a ella también-. ¿Ya sabéis qué será?
- No, ¿te parece normal? Se me está notando ya y todavía no hemos sido capaces de ver una ecografía lo suficientemente clara para saber si va a ser niño o niña… Aunque yo quiero que sea niña.
- ¿Niña?
- Sí, niña… Así puedo aterrorizar a ese rubio cascarrabias todo el tiempo que haga falta porque las dos niñas se lleven igual de bien que nosotras dos…
- No se lo digas dos veces, que es capaz de buscarse un trabajo fuera de Tokio aunque que no estoy tan atada al estudio… - riéndose, se quedó mirando hacia ella.
-En realidad… Sí, me gustaría que fuera niña. Ya tenemos a Hiro… No le vendría mal una hermanita…
Sin duda, con la plaga de niños que habían tenido en el grupo, Sora no podía más que estar de acuerdo con que otra niña no vendría mal. Y… sin duda, podía imaginarse perfectamente a Mimi intentando conseguir que fuera completamente igualita que ella… Sonrió ante esa idea antes de acabar por estirarse para coger el ordenador.
- Es verdad, que tú me has llamado para que te ayude a escoger entre todo lo que le ha mandado Hikari, ¿no? – fijándose en el movimiento de Sora, vio como asentía con la cabeza-. ¿Son muchas?
- Pues… hablamos de alguien que se ha pasado toda su vida pegada a la cámara de fotos y que para encima está casada con el ser más cotilla que conozco… Posiblemente haya cosas aquí que ni siquiera sea capaz de recordar…
- Tenlo por seguro… - acomodándose y quedando girada hacia la pelirroja para que ella no tuviera que moverse de dónde estaba, se quedó mirando hacia la pantalla.
Natsuko se alejó de los dos en busca del baño. Llevaban toda la tarde dando vueltas de un lado para el otro y finalmente habían encontrado todo lo que habían ido a buscar. Dejando todas las bolsas con Yamato y su padre, pidió que la esperaran mientras que ella se ausentaba unos minutos.
En el momento en el que su madre desapareció de su campo de visión, Yamato acabó por girarse hacia Hiroaki, observándolo.
- ¿Me vas a decir de una vez que os traéis vosotros dos?
- ¿Qué nos traemos? – arqueó una ceja.
- Papá… No soy tonto. De verdad que no, ya sé que me cuesta pillar las cosas de este tipo más tiempo y que no veo la evidencia donde la hay hasta que es muy grave la cosa… Así que imagínate a qué nivel habéis llegado de evidentes…
Lo miró en silencio unos segundos, acabando por coger aire lentamente y soltarlo antes de encogerse de hombros.
- No nos traemos nada…
- No me digas que no porque no cuela.
- No nos traemos nada nuevo – terminó entonces su frase-. Creo que tienes bastantes recuerdos como para saber cómo eran las cosas cuando nos separamos, ¿no?
- Ya, pero de eso hace mucho tiempo.
- Bueno, a lo mejor tengo delante de mí al ejemplo de que las cosas a veces por mucho tiempo que pase no se acaban dejando en el olvido – de nuevo, se encogió de hombros-. ¿Qué quieres que te diga? El trabajo ya no es un problema tanto en su vida como en la mía.
- ¿Y qué me quieres decir con eso, papá? – se puso algo más serio-. Yo no soy Takeru, no me voy a empezar a dar cabezazos… Creo. Solo me gustaría saber qué es lo que está pasando con vosotros dos después de tanto tiempo.
- Pues… Está pasando exactamente lo que tú crees que está pasando – acabó por contestarle, señalando con la cabeza hacia el pasillo, haciéndole entender que se acercaba de nuevo hacia ellos Natsuko-. Qué rápida…
- Estaban cerrados porque estaban limpiando… Y me da pereza buscar otro, así que me aguanto – negó con la cabeza-. ¿Queda algo por comprar? – se giró hacia Yamato-. ¿Eh? ¡Despierta!
Se había quedado con la vista fija en Hiroaki, procesando lo que le acababa de decir. En realidad, era una respuesta muy ambigua porque su padre no sabía lo que él pensaba sobre todo aquello, pero… ¿Qué acababa de decirle? ¿En serio? ¿Después de tanto tiempo?
- ¡Yamato! – la voz de su madre lo devolvió a la realidad.
- Ehm… Creo que no – se llevó una mano al pelo, revolviéndoselo-. Si seguro que el pesado este tiene la casa llega de peluches y demás para llevárselos en cuanto nazca… Si lo conoceré ya.
Sonriendo de forma delatadora y significativa, acabó por señalarles con la cabeza hacia la salida.
- Venga anda… Vamos antes de que nos terminen de cerras las tiendas.
- Pero si ya está todo, ¿no?
- Sí, ¿y tú crees que a este elemento lo van a dejar entrar en casa si llega sin algo para nuestra querida nuera?
AnnaBolena04: ay ay ay, ¿qué acaba de pasar aquí? ¿Qué se supone que le acaba de decir Hiroaki al nene grandote?
Si parece que el pobre Yamato se iba a mirar cosas de decoración para la habitación de la nenita y ha vuelto con información privilegiada. Aunque tampoco es que le haya dicho gran cosa y seguramente ahí esté la clave de todo, que está dejándolo creer lo que él quiera creer. Y así lo dejan tranquilo y puede el rubio montarse todas las paranoias que él quiera en su cabecita jajaja
Por el momento parece que ya está todo casi listo para que la habitación de Aiko esté terminada a falta de que llegue su ocupante. Tendrán que asegurarse de que la cunita es estable, peeeeeeeeeeeero más allá de eso yo creo que no queda más que meter a la nenita en su cunita y que se sienten todos a babear.
¡Besitos de tortuguita!
Natesgo: nada, meterán en la cunita a alguna víctima primero antes de meter a la pobre tortuguita. Cuando vaya Agumon de visita por casa lo meten a traición a ver si es segura y luego ya pueden darla como apta para Aiko jajajaja
Pedir ayuda a Natsuko, aparte de ser un detalle con ella seguro que es mucha mejor idea que pedírselo a Takeru y Taichi, sin lugar a dudas. Así queda todo perfectamente listo, decorado y seguro. Y para encima la abuela se baba entera jajajaja Y si se llevan al abuelo con ellos ya tienen hasta quien pague todo para su nieta. Que con lo que ha dado la lata con ella...
Y vamos a tenerle un poco de fe a Yamato, que es perfectamente capaz de subir sin liarla por las escaleras, que sino ya sabemos todos que no se atrevería de ninguna de las maneras a subir con Sora si no estuviera seguro de ello. Pobrecito jajaja ¡Un beso!
