Marco POV

- Espera un momento, Star

Estábamos demasiado lejos. Por suerte, creí haber guardado la herramienta adecuada. Dentro de los trastos que cogí de Hekapoo había una especie de catalejo plegable. Me recordaba a esos de las películas de piratas. Era el momento de probarlo.

No me decepcionó. Funcionaban tan bien como mis prismáticos de casa, en la Tierra, salvo por ser de un sólo ojo. Pero el pequeño espacio que ocupaba en mi equipaje y su ligereza lo hacían merecedor de ser parte de mi equipo.

Observé el terreno con más ciudado. En efecto, aquel tipo se parecía muchísimo a Toffee, pero había algo que parecía diferente. Lo más obvio era su peinado, pero claro, eso podía ser un simple cambio de look. Pero su mandíbula parecía algo más ancha, y había algo diferente en su mirada.

- No estoy seguro de que sea él, Star.
- A ver... Déjame - dijo mientras me arrebató el catalejo.
- ¿Lo dices por el peinado?
- Y la mandíbula... y, no sé... ¿más corpulento?. Se parece mucho pero no estoy seguro de que sea él.
- Eso no importa. Lo que importa es que los monstruos están esclavizados. ¡Tenemos que liberarlos!
- Necesitamos un plan, Star.

Star volvió a poner el catalejo en mi mano y comenzó a desmontar su mochila, revisando todas sus armas. Fue dejándolas esparcidas mientras las miraba sin estar convencida.

- No necesitas cien armas, Star. Cuando luches sólo podrás usar una o dos. Y un pequeño cuchillo oculto puede darte una segunda oportunidad si te detienen y pasa desapercibido. Pero yo que tú no intentaría usar un arco y un lucero del alba a la vez. Especialmente ESE.

Ya había visto a Star usar de estas. La primera vez en la tierra, cuando su malentendido cultural le hizo pensar que el fútbol se trataba de algún tipo de batalla campal.
La que había cogido de Hekapoo era incluso más grande.

- Puede que tengas razón. Esta maza es más que suficiente.

- Hay muchos soldados... Un arma más ágil es mejor si te enfrentas a muchos a la vez.
- ¿No estarás pretendiendo darme lecciones de lucha, verdad? Me han entrenado los mejores capitanes de Mewni.

No le hice mucho caso a las palabras de Star. Seguía mirando el panorama desde nuestra posición oculta. Me llamó la atención algunos detalles.

- Star... ¿Te has fijado de que la mayor parte de los soldados de ahí abajo son septarians, como Toffee?

- ¿Eh?- Star se asomó para confirmar lo que le dije. - Tiene sentido. Según mi madre, Toffee era su lider cuando ellos mataron a mi abuela y se coronó reina. Siempre me pregunté que habría sido de ellos. Por lo visto debieron venir aquí.

- También hay un par de ellos encadenados y trabajando, como un esclavo más.
- ¿Rebeldes, quizás? Quizás no todos estén de acuerdo con esto. - dijo Star sin mirar mientras seguía revisando su mochila.
- Puede. Ahí abajo hay mucha gente. Creo que muchos de esos monstruos no son de Mewni.

Star continuaba poniéndose material. Casco, malla... creo que sólo le faltaban sus pegatinas para esconder los corazones de sus mejillas con pegatinas de calaveras para tener su clásico aspecto de batalla.
Yo, mientras, observaba el lugar intentando idear una estrategia. Eran demasiados, pero había una posible ventaja. Aún siendo muchos guardias, los esclavos parecían superarlos con creces.

- ¡PARA, PARA! - se oyó a lo lejos, pero con claridad.

Unos gritos provenían de uno de los túneles por los que entraban los esclavos. Un monstruo rojo, con dos cabezas, salía arrastrándose pesadamente mientras estaba encadenado a un pesado vagón con material extraido.
Le conocía. No recordaba su nombre, pero era uno de esos monstruos que antes trabajaba para Ludo, pero que en el fondo no era mal tipo. Como BuffFrog.

Detrás, un guardian septarian estaba dándole latigazos.

- ¡NO, NO, NOOOO!

El pobre parecía no poder más. Se había dejado caer en el suelo y se protegía como podía contra el látigo del reptil, que sonaba con un chasquido tremendo a cada latigazo.

- ¿Pero qué? - dijo Star mientras se asomó.

Ví la cara de Star. Se puso roja de ira. Por un segundo imaginé lo que iba a pasar pero no fuí lo suficientemente rápido.

Star dió un salto gigantesco dejando nuestro escondite y se abalanzó a toda velocidad contra el guardia. El problema era que él estaba abajo, donde todo estaba a la vista. Había destruido nuestra ventaja. Pero no podía culparla. Supongo que ver torturar a sus amigos es demasiado.

Me moví de allí, ya que imaginé que mirarían hacia donde salió la chica, mientras escuchaba los ruidos de lucha. Cuando miré desde mi nueva posición, confiando en que sería lo suficientemente discreta, veía como los lagartos volaban de un lado a otro.

Jamás había visto a Star más motivada. A fin de cuentas, salvo unas pocas veces, no recuerdo otros momentos donde Star no usaran la varita, y desde luego no en una batalla tan seria como esta. Pero debo decir que era sorprendente... y brutal.
Viéndola con su antigua vestimenta y su apariencia fina, uno jamás hubiera imaginado con qué fuerza y rapidez podía llegar a mover esa arma gigante.
A veces la chocaba contra el suelo generando una onda expansiva que apartaba a los lagartos. El problema era que los caídos rápidamente se recuperaban. Star podría luchar con ellos fácilmente por el momento, pero era cuestión de tiempo que la abrumaran con su número o símplemente la cansaran. Los lagartos parecían invencibles. Su caída era sólo temporal recuperándose al poco tiempo.

Dadas las circunstancias, tenía que dejar de planear cada caso minuciosamente y escoger un movimiento rápido. La clave, tal y como estaba estudiando antes, era la superioridad numérica de los esclavos. La solución, por tanto, era una revuelta.

Había una zona donde habían sacado y llevado esclavos con grilletes más fuertes. Supuse que allí habría cárceles o jaulas. Por suerte, del material que Star había sacado de su mochila y desperdigado por la zona, había una cizalla de apariencia robusta. Fue una buena elección despues de todo.

La cogí y me moví por el perímetro a escondidas hacia el lugar. Por suerte buena parte de los soldados abandonaban su posición para luchar contra Star que se estaba desquitando contra ellos.

Toffee... o quien fuera aquel tipo, examinaba a Star con intriga, pero no se dignaba a levantarse. Puede que sí fuera él despues de todo. Era su clásica frialdad.

Cogí una piedra de alrededor y noqueé al guardia que quedaba en el sitio, aprovechando que estaba distraido mirando la lucha. Pero sabía que estos tipos se recuperaban rápido. No había tiempo que perder.

Entré y el lugar era como me figuré. Una cárcel lúgubre, húmeda y oscura, llena de lamentos. Muchos de los esclavos estaban en celdas encadenados, a veces a la pared, otras veces sólo de pies y manos.

- ¡Hey... karateboy!
- ¡BuffFrog!... ¡Hemos venido a sacaros de aquí!
- Rápido chico... Las llaves están ahí colgadas.

Tenía razón... A bastante distancia, en una mesa donde probablemente estarían sentados haciendo guardia en otro momento, habían colgadas frente a la pared un juego de llaves grandes.

Por suerte eran fáciles de reconocer cada cerradura. Fuí abriendo las puertas. Con la cizalla les solté los grilletes.

- ¿Sabes si tienen armas, BuffFrog?
- Aquí no... pero hay herramientas. Los picos servirán.

Estaba soltando a gente, y ya se oyeron voces cerca de la entrada. El guardia debía haberse recuperado y avisado a más.

Algunos nos fuimos a la salida. Comenzaban a taparla y luchamos. Poco a poco ganamos terreno, abriendo espacio para que más esclavos pudieran salir. Otros debían estar ayudándo a soltar a más compañeros, porque más y más gente salía, hasta que comenzábamos a superarlos en número.

Los soldados comenzaron a retroceder y reagruparse, colocándose en formación, protegiéndose los unos a los otros. Estaban preparados y sabían como enfrentarse a un número más numeroso pero desorganizado.

Yo no conocía a los esclavos, y ellos tampoco parecían preparados. Probablemente muchos de ellos ni siquiera se metieran habitualmente en peleas. Comenzaron a perder la confianza y el ímpetu tan rápido como los lagartos mostraban la confianza en sus dotes.

- ¡CERRAD EL PORTÓN! - gritó uno de ellos.

Estábamos a bastante distancia, pero el lugar era, como había observado antes, una especie de caldera o valle. La salida sólo podía ser por el portón o escalando. Y probablemente muchos de estos esclavos no fueran buenos escaladores, y mucho menos con la mala salud que aparentaban.

Pude observar como Star seguía básicamente en el mismo sitio, azotando lagartos a uno y otro lado, pero el cansancio físico comanzaba a pasarle factura. De vez en cuando alguno de ellos la golpeaba, aunque ella respondía con un duro golpe. Si fuera contra tipos normales, ya habría acabado con todos. Pero estos se levantaban una y otra vez. Era una batalla imposible.

Nuestra única esperanza era seguir una técnica parecida a la suya. Formar un pelotón para defendernos juntos, ganar terreno hacia el portón, abrirlo por la fuerza y huir. Seguíamos teniendo la ventaja del número, pero los nuestros no se levantarían una vez caídos. El tiempo jugaba en nuestra contra.

Lo primero era cubrir a Star. No podíamos abandonarla.

- ¡Conmigo! - grité mientras me dirigí a ella y derribé a un par de septarians. A uno de ellos le dí un corte mortal. No lo hubiera hecho con otro, pero sabía que para ellos esto no era el fín, sino tan sólo un impedimento un poco más prolongado.

No me siguiero, hasta que BuffFrog dijo de nuevo.
- ¡LIBERTAD! y siguió detrás de mí.

Entonces sí... buena parte de sus antiguos compañeros le siguieron como si fuera su líder.

Quedamos alrededor de Star.

- ¿Donde te has metido, Marco?
- Invitando a unos amigos a la fiesta.
- ¡Hola BuffFrog!
- Hola, princesa.

Extraña conversación que hacíamos entre puñetazos.

Toffee por fín se levantó, y comenzó a dar señas a los suyos. Los soldados abandonaron su formación grupan y se esparcieron para rodearnos. Otros comenzaron a correr alrededor y llevarles lanzas, que comenzaron a cambiar por sus espadas.

- ¡Moveos! ¡Todos juntos! ¡Hacia el portón! - grité

y la gente comenzó a hacerlo... o intentarlo. La gente que tenía que avanzar apenas dió unos pasos. No se atrevían a avanzar con esas lanzas.
El grupo estaba atascado.

Toffee volvió a hacer gestos, y los que antes repartieron lanzas comenzaron a lanzar redes desde el otro lado al que estábamos situados.

Cuando las redes cayeron sobre ellos, comenzaron a chillar de dolor. Algo debían tener. Quizás estaban electrificadas. El grupo comenzaba a ponerse nervioso y algunos comenzaron a correr entre lanceros rompiendo la formación.

Al separarnos, perdimos la superioridad numérica en el grupo principal. Toffee hizo otro gesto, y un pequeño grupo fue diréctamente a por Star. Fuí a correr a luchar a su lado, pero una de las redes cayó encima de mí.

Supongo que era electricidad, pero se sentía como si el fuego envolviera todo mi cuerpo. El dolor era insoportable, y grité.

- ¡ ¡ ¡ MARCO ! ! ! - gritó Star

El dolor que provocaba la red parecía disminuir, pero estaba agotado y me impedía moverme.

Pude ver como Star se puso una vez más roja de furia... El aire comenzó a moverse turbulentamente a su alrededor. Incluso yo, que soy humano, podía percibir que aquel viento estaba cargado de magia.

Y Star se transformó. Su cuerpo se cargó de luz, sus alas crecieron, otros dos pares de brazos aparecieron en su cuerpo y su pelo parecía cobrar vida y nueva forma.

- ¡ ¡ ¡ Butterfly ! ! ! - gritaron varios de los soldados. Muchos de ellos tenían cara de pavor.

Star lanzó una onda de energía. Jamás había sentido algo igual. Los soldados que nos rodeaban salieron volando casi cien metros cada uno.

- ¿Quieres la revancha, Toffee? - dijo Star con su voz tenebrosa que sólo había escuchado en su anterior encuentro.

Un par de bolas sujetadas por una cuerda y dando vueltas salió de nuestra espalda directos contra Star, que no podía verlas desde su posición.

Cuando las bolas chocaron contra ella, se cerraron a su cuerpo dando vueltas. Y cuando entraron en contacto apareció una gran chispa energética.
Star dió un grito tremendo y cayó a plomo. Su transformación desapareció.

Pude salir por fin de la red que me aprisionaba y fuí magullado a ayudar a Star, mientras lentamente Toffee iba hacia nosotros.

- Star, Star... Despierta... vamos... levanta. - dije mientras la liberaba de aquella extraña arma.
- ¿Eh? ¿Donde estoy? - dijo aturdida.
- ¡Vamos!... Arriba...

Star se levantó apoyándose en mi hombro. Pero era demasiado tarde. Estábamos rodeados de aquellos lagartos, que sólo dejaban sitio ante su lider que estaba ya a pocos metros de distancia.

- ¿Conoces a Toffee? - dijo el lagarto
- Tú eres... ¿Toffee?
- Sí le conoces... pero no lo suficiente. Dime... ¿sabes donde está?
- Está muerto... como lo estarás tú si no me dejas libre.

El lagarto puso una mueca de disgusto.

- Así que mataron a mi hermanito despues de todo. Lástima.
- ¿Hermano?
- Y tú eres una Butterlfy, supongo. Ha sido impresionante verte transformarte aquí.
- Soy Star. Star Butterfly.
- Oh... ¿La hija de Moon? ¿La heredera? He oído hablar de tí. ¿No deberías tener la varita mágica real contigo?

Star me miró por un segundo. Tuvimos un pequeño momento de comunicación no verbal. Parecía que este tipo, como quiera que se llamase, no estaba demasiado al día de lo sucedido en Mewni.

- No la necesito para patear una banda de matones.

El lagarto rió entre dientes.

- Bueno... Como puedes ver, nosotros no somos una simple banda de matones, y no estás en tu posición más ventajosa... princesa.

El resto de lagartos alrededor rieron con los comentarios de su jefe.

- A estas alturas, ya deben estar enterados de donde estamos. Si no volvemos, antes o despues vendrán a buscarnos. Y no te gustará.

El lagarto la miraba fijamente, como si pudiera deducir de sus gestos corporales si mentía o decía la verdad.

- Y dime... ¿cómo está la vieja reina?
- Lo suficientemente fuerte para patearos el culo.

El reptil seguía mirando a Star de la misma forma, y como su hubiera podido leer palabras no dichas en sus gestos, dijo...

- Interesante... - mientras sonrió malévolamente.

Se dió la vuelta y dijo...

- Pues dále recuerdos de mi parte... - y comenzó a alejarse.

Los reptiles comenzaron a avanzar con sus lanzas, dispuestos a ensartarnos.

Cogí la lanza de uno, arrastrándole hacia mí y le golpeé en la cara.
Los soldados comenzaron a mover las lanzas contra mí, pero me movía esquivándolas con éxito.

El lagarto se dió media vuelta.

- ¿Pero qué haceis? - dijo confundido.

Los soldados se detuvieron.

- Usted señor ha dicho que deben reunirse con la reina... Ella... está muerta, ¿no?
- ¡No idiotas! ¡Está viva!
- Espere... ¿Está diciendo que la liberemos?
- ¿2 y 2 son cuatro? SÍ. ESTOY DICIENDO QUE LA LIBEREIS.
- Pero señor... es la hija de Moon...

La mirada de aquel lagarto se tornó dura y fría.

- Sí señor...

Star y yo nos miramos también algo sorprendidos.

- Y bien... ¿Qué esperais? Ya sabeis donde está la salida.
- Yo no me voy a ningún sitio sin mis amigos. - dijo Star volviendo a su papel de reina
- No estás en posición de exigir.
- Siempre estamos a tiempo de volver a pelear - dijo andando hacia la maza que había quedado algo más lejos.

- Está bien... ¡Tus subditos y nada más! ¡Liberad la última hornada de esclavos!

Un montón de cuchicheos de sorpresa recorrió los guardias.

- Y desaparece de aquí antes de que me arrepienta. Los Mewmanos no pintais nada en esta dimensión.

- Algún día, esclavista... tus propios esclavos acabarán contigo. - dijo Star desafiante.

El lagarto quedó sorprendido un momento por las duras palabras de Star, para reir inmediatamente a carcajada...

- ¡Una butterfly dando lecciones de moral! ¡Qué cosa más graciosa!. Mira, jovencita. Sí... somos esclavistas, pero al menos lo hacemos a cara descubierta. Vuestra familia ha estado esclavizando a los monstruos privándoles de toda forma de ganarse el sustento, y cuando lo retomaban por justicia, los llamaban ladrones y malvados. Nosotros al menos reconocemos que lo hacemos por provecho propio. Vosotros haceis lo mismo pero os mentís a vosotros mismos otorgándoos una legitimidad inexistente y haciéndoles cargar a ellos con vuestros propios pecados.
Los butterfly sois tan esclavistas como nosotros. Pero vosotros, además de esclavistas, sois hipócritas. Y si aún no te has dado cuenta de ello, ya lo harás, jovencita.

La cara de Star había cambiado, de desafiante a culpable. Miró atrás y vió a muchos de los mostruos con miradas tristes, porque en el fondo sentían que había verdad en las palabras del lagarto.

El lagarto hizo señas y varios de sus soldados abrieron el portón, mientras los otros iban seleccionando que esclavos podían ir y quienes no.

- Dale un mensaje a Moon de mi parte, princesa. Dile que Trex, emperador de los septarian le envía saludos, y les recuerda que NO son bienvenidos aquí.

Y se alejó lentamente nuevamente hacia su trono.

Comenzamos a caminar a la salida. Los monstruos que conocíamos formaron un grupo alrededor y juntos comenzamos a salir. Muchos de ellos miraron tristes a sus nuevos compañeros de desdicha, que seguirían aprisionados y ahora tendrían que trabajar extra para cubrir su ausencia.

Tras caminar un poco, el portón se cerró detrás nuestro y nos enfrentamos, una vez más, al eterno atardecer de esa extraña dimensión.

- Gracias por rescatarnos, princesa. - dijo BuffFrog
- No hay de qué. De haberlo sabido, habríamos venido antes y hubiera traido a todo el ejército.
- Aún deberías hacerlo de todos modos. - dijo BuffFrog dedicando una mirada atrás.
- Puede... pero ahora es un momento muy difícil en Mewni. De hecho, venía a veros para hablar de ello.
- Ahora lo que quiero... lo que queremos todos, es abandonar este lugar infernal.
- Claro, claro... ¿Donde están los pequeños?
BuffFrog señaló un pequeño carromato, que llevaba un amigo suyo, más corpulento, casi a su lado.

Star se acercó y abrió las puertecillas.

- ¡Hola, chicos!

Los renacuajos, aún más crecidos y con pequeñas orejas y algo de cuerpo saludaron desganados a Star.

- Hola, Star.
- ¿Chicos?... ¿Y los demás? ¿Donde está Katrina?...

Los renacuajos miraron abajo. BuffFrog se acercó y cerró suavemente la puerta del carromato.
- ¿BuffFrog? ¿Donde...?

BuffFrog desvió la mirada. Sus ojos estaban llorosos.
- BuffFrog... No me digas... No...
- Ese maldito reptil me las va a pagar. ... Tiene que pagarlo, Star. No puede salirse con la suya.


Trex POV

Los murmullos crecían a medida que los monstruos de Mewni abandonaban la plaza.

- Una explicación no estaría de más. - dijo una voz tras el trono.
- Fue un buen disparo, Rasticore. Me ahorraste algo de tiempo con la princesa.
- Te la debía, por ayudarme mientras me regeneraba. -dijo el reptil cazarrecompensas
- Supongo que estamos en paz... ¿Me vas a contar que te pasó?
- Es curioso, porque está indirectamente relacionado con las Butterfly. Por lo que he visto, estás fuera de honda.
- Tengo asuntos de negocios aquí, como puedes ver.
- Pues acabas de revelar tu posición. ¿Se puede saber por qué la has dejado huir?
- ¿Acaso habeis olvidado todos ya lo que pasó? ¿De qué os sirve ser inmortales si olvidais el pasado tan fácilmente? - le reproché, aunque indirectamente me dirigía a todos mis secuaces.
- No. Olvidar no. Cansados de esperar. Supongo que deseamos poder devolvérsela.
- Pues una guerra abierta no es la mejor idea del mundo.
- Pero aquí a duras penas pueden usar la magia.
- ¿Acaso la necesitan? ¿Debo recordarte como perdiste el ojo y el brazo?

Rasticor gruñó. El recuerdo no era para menos. Incluso tras la retirada inicial de nuestro ejército tras constatar que la magia negra podía dañarnos, muchos no nos dejamos amedrentar por la situación y nos reagrupamos. Esa magia sólo parecía poder hacerla la reina. No podría contra todos.
De hecho, tras la primera demostración, ella se refugió en el castillo y se movilizaron las tropas.

Pensamos que sería fácil tras nuestros poderes aumentados de regeneración. Y al principio así fue, hasta que se sumaron a la batalla los mewmanos del reino de las arañas. Tenían un veneno mortal, de la peor de sus arañas. Y aquel veneno era comparable al peor de los hechizos de la, por aquel entonces, joven reina.

- Además... No es sólo cosa de los Butterfly. Son todos los reinos de Mewni. Todos participaron de nuestra persecución.
Esta vez seremos más sutiles. Usaremos la riqueza que tanto codician para sembrar la discordia.

Rasticore sonrió.

- Entonces, tengo información fresca que querrás conocer.