Cuando entró en la habitación que hacía las funciones de su despacho en aquel pequeño estudio alejado del centro de Tokio, no lo pudo hacer con la peor de sus expresiones. Hacía tiempo que Sora no pasaba tanto tiempo con el ceño fruncido, pero estaba segura de que el mundo conspiraba en su contra.

Faltaba tan solo un mensaje más en su teléfono haciendo la misma pregunta para que se pusiera de estado que obviamente sí que había visto las noticias. Solo había una persona que no se había atrevido a preguntarle nada, y probablemente porque sabía dónde vivía. No esperaba que a Taichi se le ocurriera decirle ni media palabra, aunque ya había hablado con él aquella mañana y sabía que la había llamado solo para indagar sobre el tema.

No había mejorado la cosa cuando había parado en la cafetería de todos los días a coger su café, ya que lo primero que había visto nada más posar la vista en la prensa había sido otra vez la misma cara, con la misma noticia, y además, el nombre bien en grande por si no se había dado cuenta. Había más gente en la imagen, claro, pero su cabeza parecía tener un radar.

Daba igual donde fuera, o lo distraída que fingiera estar, que de alguna forma u otra acababa escuchando algo relacionado con el tema, o incluso viendo las noticias de alguna tienda de electrónica sin querer. Solo le faltaba que apareciera en las pantallas gigantes de Ginza… Y no estaba segura de que no hubiera posibilidades de que eso pasara, de manera que no pensaba ir a comprobarlo.

- Buenos días – saludó la voz de Haru nada más verla.

Girando la cabeza con gesto serio hacia ella, no pudo más que saludar con un gesto de cabeza antes de ir directa hacia donde tenía la mesa de trabajo, posando todo lo que traía en las manos sin demasiadas buenas formas. Pensaba dejar el teléfono en silencio y centrarse en su trabajo fuera como fuera.

Desde su rincón, Haru la observó unos segundos en silencio, sin saber si decirle algo o no, no parecía querer que se la molestara y ella no tenía la confianza para preguntarle nada, de manera que únicamente esperó en silencio a que ella le dijera algo.

- Madre mía… Cómo estamos hoy – Andrew salió, dejándole la puerta cerrada a Sora antes de darse cuenta de que no estaba solo.

- Lo siento… No quería escuchar…

- No te preocupes – contestó, mirando hacia los lados de una forma ligeramente nerviosa-. ¿Tienes idea de qué le pasa?

- No… Ya estaba así cuando llegué.

- Y no te ha hecho caso, ¿verdad? Tranquila… No suele ser así, pero no sé qué bicho le ha picado hoy. Hazme caso, no es buena idea rondarla cuando se pone así – aunque era cierto que hacía mucho tiempo que no veía a Sora tan enfadada-. ¿No tienes nada qué hacer?

La chica negó con la cabeza, atreviéndose por fin a observarlo de forma más directa. Lo recordaba del día que había ido a llevar los papeles. No solía ser demasiado buena con las caras, pero, por algún motivo, se le había quedado la de él.

- Ven, que te enseño yo el lugar para que sepas dónde están las cosas… - le hizo un gesto para que lo siguiera-. Soy Andrew, por cierto.

- Lo sé, lo dijo Sora el día que vine…

- Qué buena memoria… - sonrió ligeramente antes de echar a andar.

- Yo soy Haru – dijo dándose cuenta y haciendo lo mismo que él.

- Sí, yo también me acordaba.

Sora, mientras tanto, se había quedado con la vista fija en su cuaderno de trabajo. A pesar del humor de perros que se gastaba, había sido capaz de concentrarse y hacer unos cuantos bocetos que realmente le gustaban. Si cuando Andrew se había acercado a ella a saludarlo lo había echado de malas maneras era porque la había desconcentrado.

Chasqueó la lengua, molesta. No sabía ya el número de veces que había hecho aquel gesto o bufado, pero sin más, no lo podía evitar. Estaba enfadada consigo mismo por la forma en la que se estaba comportando. Sí, había visto a Yamato en las noticias, ¿y qué? Era parte del pasado. Y punto.

¿Qué hacía años que no había sabido nada de él? No era nada nuevo. Verlo en las noticias son debería de afectarle. Aunque lo hubiera escuchado es que se iba como parte del primer equipo que iba a tomar tierra en Marte. Aunque hubiera salido estúpidamente atractivo en pantalla mientras que ella intentaba cenar con su pareja actual al lado.

Molesta por el pensamiento que había cruzado su cabeza, se puso en pie, dejando tiradas sus cosas en la mesa. Lo que le faltaba, es que realmente aquello era lo último que le faltaba. Dio unos pasos por la sala hasta coger su teléfono, comprobando que no tuviera ninguna llamada de trabajo importante. Había algunos correos electrónicos de su interés y, entre todo lo demás, varias notificaciones de que sus amigos habían estado hablando por el grupo que tenían entre todos.

Lo abrió, casi de forma automática, no esperando encontrarse que el último mensaje fuera de Koushiro y que, precisamente, hiciera la pregunta que llevaba esquivando todo el día.

- Pues claro que he visto las noticias, pedazo de idiota – farfulló por lo bajo antes de bloquear la pantalla y guardar de nuevo el terminal.

Horas más tarde, cuando ya estaba en su casa, había pasado de largo, inventándose la peor de las excusas para evitar cenar con su madre, llevándose con ella a Biyomon a la habitación. No había abierto la boca, no tenía ganas de hablar ni siquiera con su compañera… la cual esperaba que no hubiera estado viendo la televisión también y le fuera a hacer la pregunta.

- Buenas noches – le dijo cuando finalmente se metió en la cama.

No esperó a que la digimon dijera nada simplemente apagó la luz y se giró, mirando hacia la pared. Esperaba dormirse rápido y evitar seguir dándole vueltas a lo mismo… O al menos poder dedicar sus ideas a los planes que en teoría había dicho que iba a hace para el fin de semana. Fin de semana que empezaría al día siguiente y… en los cuales no había vuelto a pensar hasta aquel momento.

Un horrible sentimiento de culpa la invadió antes de sentarse y volver a encender la luz.

- Sora, ¿qué haces? – preguntó Biyomon.

- Tengo que mirar una cosa… - poniéndose en pie cogió el ordenador encendiéndolo-. ¿Te apetece conocer algún sitio cercano este fin de semana?

- ¿Por qué?

- Porque Ryo no trabaja y vamos a irnos por ahí…

- Ah… No, y si os vais vosotros por ahí yo me quedo con Toshiko el fin de semana.

- ¿Por qué? – la siguió con la mirada al ver que se levantaba-. Eh, ¿dónde vas?

- ¿No has visto las noticias o qué?

Abrió los ojos de par en par con la respuesta que ella le había dado. Fue a decirle algo, pero no lo consiguió, yéndose el ave más rápido de la habitación de lo que ella era capaz de reaccionar. Sin duda, era lo último que le faltaba.

- ¿Y qué tendrá que ver que haya visto las noticias con que no pueda irme el fin de semana? – gruñó, levantando la tapa, abriendo el buscador para investigar acerca de algunos sitios que tenía como marcados de interés.

Quizás fuera el sentimiento de culpa, pero no tardó en hace una reservar a su nombre en un pequeño pueblo de la costa no demasiado lejos de Tokio. Prefirió dejarlo pagado para así darle la sorpresa a él buscando así también excusarse por su comportamiento la otra noche. Un fin de semana lejos de todo lo relacionado con la ciudad iba a serle de utilidad.

Quería creer que todo aquello estaba siendo motivado por la sorpresa. Por el shock de no haber sabido absolutamente nada en todo aquel tiempo y ahora… Ahora tenía hasta miedo de mirar más allá de la página de reservas porque era bastante probable que se encontrara con alguna noticia relacionada con Yamato.

Se distrajo al ver aparecer un mensaje en la pantalla del ordenador, sonriendo por fin al leer el remitente y descubrir que era Taichi. Finalmente, la pregunta que nadie le había hecho en todo lo que llevaba de semana.

"¿Todo bien?"

Sonrió ligeramente pensando en que, evidentemente, tenía que venir de él esa pregunta. Abrió rápidamente la zona de respuesta.

"Todo bien. Tranquilo… Te espero el lunes, que tienes que presentarme a alguien…"

Aquello hizo que su cabeza dejara de pensar en lo mismo que llevaba pensando varios días, recordando que sí, que efectivamente Taichi tenía que presentarle a alguien. Llevaba una temporada hablándole de una compañera de trabajo y, por fin había conseguido convencerlo para que se la presentara. Koemi se llamaba… Y hacía mucho tiempo que no había visto a su amigo hablarle tan entusiasmado de alguien… Incluso se atrevería a decir que era la primera vez que lo hacía. Era muy diferente la forma en la que hablaba de ella… Y la cara que se le quedaba cuando lo hacía.

"Vete a dormir de una vez. Takenouchi"

La respuesta de su amigo hizo que se riera ya sin poder evitarlo, bajando la tapa del ordenador y decidiendo que lo mejor que podía hacer era darle la razón e irse a dormir. Seguro que, al día siguiente, tranquila, lejos de la ciudad y con Ryo… lo vería todo con otros ojos.

Apagó la luz de nuevo, quedándose echada en la cama. Sí… Estaba segura de que lo vería con otros ojos.


Cerró los ojos, incapaz de mantenerlos abiertos, dejando la cabeza hacia atrás apoyada sobre la almohada. Hacía ya rato que lo único que había sido capaz de hacer era cerrar sus manos con fuerza sobre las sábanas. Sin poder evitar arquearse más, permaneció en esa posición hasta que fue capaz de controlar de nuevo sus propios sentidos, quedándose unos segundos relajada antes de ser capaz de rodear con sus manos el cuello de él, acercándolo.

- Sora… - susurró su nombre al ceder, acercándose a ella hasta poder rozar su oído al hacerlo antes de buscar sus labios para dedicarle un beso.

Sonrió cuando se separó, enredando sus manos en su cabello, dejándolo alejarse mínimamente de ella lo justo para poder dejar sus ojos fijos en los de él mientras que continuaba llevando el control de la situación. Mantuvo su mirada, mordiéndose el labio mientras que no podía evitar que en su mente se formara el pensamiento de lo mucho que le gustaba el color azul de los ojos de él.

Azul intenso, contrastando especialmente con la piel mucho más pálida que la de ella. Azul y no gris… Brillando de forma intensa entre los revueltos mechones de cabello rubio que caían sobre ellos debido a la situación.


Despertó de golpe, prácticamente como si acabara de tener una pesadilla, con los ojos abiertos de par en par y las pulsaciones a una velocidad que estaba segura de que no era la más segura para un corazón humano.

Se quedó sentada en la cama, confusa, con el ceño fruncido y los labios entreabiertos. ¿Qué acababa de pasar en su cabeza? Miró hacia los lados, comprobando que estaba completamente sora, que ni siquiera Biyomon había vuelto a la habitación.

- ¿Pero qué narices te pasa? – le dijo a sí misma, encogiendo las rodillas contra ella antes de usarlas para apoyar sus codos y así poder hundir las manos en su cabello.

Sin duda aquello era lo que le faltaba para terminar de volverse loca aquella semana. ¿Por qué? ¿Por qué ahora se la estaba jugando de aquella forma su cabeza? ¿No había tenido bastante años atrás? Solo había visto las noticias, nada más. Ni siquiera se debía todo aquello a que se lo hubiera encontrado de vuelta en la ciudad o… No, no quería saber lo que pasaría en su cabeza si se lo hubiera encontrado de frente en el patio del edificio.

Enfadada, se puso en pie, saliendo de entre las sábanas, buscando la hora en el reloj que tenía en el escritorio. Ni siquiera habían dado las cinco de la madrugada… Pero, sin lugar a dudas no tenía demasiada intención de volver a dormirse. Notaba como le ardía la cara. La sola idea del sueño que acababa de tener provocaba en ella vergüenza, enfado, incomprensión… Y… culpa. Mucha culpa.

Cerró los ojos, punzándolos así con sus dedos, permaneciendo en la misma postura durante unos segundos.

- ¿Qué me está pasando?

No era capaz de entenderlo. No fingía, ella estaba bien con su vida. No se había vuelto a acordar de Yamato en mucho tiempo, no al menos en la forma en la que acababa de hacerlo. Lo cual la hacía pensar de dónde narices se había sacado la traidora de su cabeza tanta información para que el maldito sueña hubiera sido tan realista si ellos dos nunca jamás habían llegado a nada tan serio ni tan siquiera que se le pareciera.

Giró la cabeza, dejando los ojos fijos en la foto que ocupaba un marco que ella misma había decorado en la que salía con la mejor de sus sonrisas acompañada de su actual pareja, Ryo. Llevaban juntos ya tres años y aunque habían empezado con bastantes problemas… No podía estar mejor con él. Le había costado empezar una relación con él no por culpa del motivo de sus dolores de cabeza de los últimos días, sino que, cuando finalmente se había decidido dar el paso, Mimi se había encargado de que se pasara de la cuenta con la bebida y despertara a la mañana siguiente acompañada de alguien que… No era precisamente él.

Pero todo aquello había quedado atrás. Estaban bien… ¿Por qué ahora? Chasqueando la lengua, enfadada, encendió la luz, sacando el cuaderno de trabajo. No pensaba volver a dormir en lo que le quedaba de día.


Veréis, tengo que confesar, si todo esto viene de me empecé a imaginar esta escena, de Sora despertándose odiando al mundo por tener semejante sueño jajaajaja Me estuve riendo yo sola un día por la mañana en la cama entre que decidía si levantarme y no y principalmente por escribir este capi es por lo que se me olvidó hacer la intro del de ayer jajaja

AnnaBolena04: si sé que lo estás disfrutando jajaja Yo es que me imagino a Sora con un sentimiento de culpa horroroso mezclado con una vergüenza horrorosa porque su cabeza suena con cosas que una señorita como ella no debería de soñar JAJAJAJA Al menos no se cruzó al rubio de frente en aquella época porque yo creo que sería capaz de emitir radiación de lo que iba a brillar en la oscuridad.

Por una vez está bien sacar de paseo al pobrecito Ryo y no tener al raptor amenazándome desde la retaguardia. ¡Besitos de tortuguita!

Epic Crystal Night: era algo que merecía ser explicado, así como el primer momento en que se cruzaron Andrew y Haru. En teoría, la introducción que nunca escribí serían ellos en el presente hablando como se conocieron ellos dos. Así aprovecho para irme atrás en el tiempo y poder hacer el mal. Si es que Haru como poco se pensaría que Sora o bien estaba loca y menuda borde estaba hecha jajaja Este FB debo confesar que ha sido improvisado, se me ocurrió sobre la marcha y aquí lo tenéis. Yo me he reído mucho escribiendo esta parte. Sora estresada es muy graciosa.

¡Un beso!