Star POV.
El paisaje es monótono. Siempre el mismo atardecer... o amanecer, no estoy segura. El sol siempre en el mismo sitio, y alrededor, el mismo paisaje rocoso. Espero que no nos desviemos por accidente y perdamos el punto de viaje.
A pesar de regresar sin la mochila, el viaje se me hace más pesado. Es el ritmo... Los monstruos van demasiado lentos, pero despues de lo que han pasado, no me extraña.
Aún sigo dándole vueltas a cómo me transformé. No es como cuando viajé entre dimensiones, o como cuando luché contra meteora. No. Me sentí como mi primera vez, cuando regresé del reino de la magia. Era como si toda esa energía me poseyera. Por un momento, era otra persona.
Si hubiera tenido la varita... le habría hecho lo mismo que a Toffee. ¿Fue quizás mi conexión con ese recuerdo? ¿O con Toffee a través de su hermano?
Pero ahora no sentía nada. La sensación de antes, de que este lugar te quita la magia, me hace el viaje incluso más cansado. ¿De donde salió toda esa magia entonces? ¿Tengo alguna conexión que desconozco?
Y justo cuando venía pensando esto, sentí que el efecto de absorción del lugar disminuía a cada paso. Debíamos estar acercándonos al final. Y así era. El final del cañón se abría delante nuestro.
- ¡Maldita sea! Debería haber puesto una pista para regresar. El paisaje es demasiado parecido. - dijo Marco.
- No te preocupes... Puedo sentirlo. Vayamos hacia allí.
La magia crecía a cada paso.
- Prueba las tijeras, Marco. Creo que hay magia suficiente.
Y así fue.
- ¡Funciona! - dijo Marco mientras estiró el nuevo portal para hacerlo lo más grande posible, para que pudieran pasar varios a la vez.
Tocó esperar un buen tiempo. Eran muchos. Nosotros fuimos los últimos en cruzar, y luego Marco cerró bien el portal tras de sí.
Habíamos regresado a un punto cercano de donde se fueron. Los monstruos se juntaban por grupos hablando preocupadamente.
- ¿Va todo bien BuffFrog?
- ¿Por qué hemos vuelto a Mewni? - dijo otro monstruo que me sonaba pero del que no recordaba el nombre
- ¿Eh? MMmmmmm - la pregunta me había pillado por sorpresa. - ¿Porque es vuestro hogar?
- No... princesa - recalcó poniendo entonación indignada en mi título -. Decidimos irnos de aquí porque jamás nos han dado un trato digno. Nada ha cambiado.
- Pero... pero... ¡el reino de Butterfly os necesita!
- ¿Que? Jajajajaja - aquella risa sonó falsa y agresiva - ¿Nos necesita? ¿Cuantas veces nos habeis dicho que nos largáramos? ¿Donde estamos acaso? ¿En un acogedor castillo? ¿En una aceptable villa campesina? ¡No! ¡Estamos en el Bosque de la Muerte Segura! Nuestro... "hogar" - dijo entrecomillando con sus dedos
- Sé que las cosas no son justas. Pero quiero que eso cambie. Soy la reina en funciones... y si todo va bien seré regente... Puedo ayudaros...
- ¿Y qué es lo que hará? ¿Fiestas entre mewmanos y monstruos que nos recuerden lo mal que nos llebamos? - aquella referencia a mi último intento y fracaso era un golpe bajo
- ¿Le quitará tierras a su gente para devolvérnosla? Porque eso sería lo justo. A que no, ¿verdad?
Percibí que en algunos de ellos había un resentimiento acumulado de mucho tiempo. Por eso había respondido de una forma tan agresiva. ¡Y eso que les había salvado!
- No... No puedo hacer eso... Pero... ¿No podemos símplemente compartirlas?
- Amigo... Por favor - intervino BuffFrog -. Star nos ha salvado de la esclavitud. Lo menos que podemos hacer agradecérselo. Podemos darle una nueva oportunidad.
- No quiero parecer desconsiderado. Agradezco lo que ha hecho por nosotros. Y precísamente por eso lo mejor es que busquemos otro lugar... un lugar donde encajemos. Si nos quedamos, antes o despues la situación se repetirá. O aún peor, podemos acabar luchando entre nosotros.
- Desde que nos fuimos, todo ha ido de mal en peor. - insistió BuffFrog - Podemos tomarnos un descanso.
- Eres padre, BuffFrog... Y despues de lo que ha pasado... entiendo que no quieras más aventuras. Pero ¡por eso tenemos que irnos!. Quedaros los que querais. Los que estamos listos nos iremos y os avisaremos cuando encontremos un lugar adecuado.
Varios oyentes asintieron
- Dijimos que no nos separaríamos... ¿Recuerdas?
- Pero subestimamos los peligros de ahí fuera. Mewni no nos ofrece ningún futuro pero al menos es un lugar seguro en el que se puede sobrevivir. Quédate por ahora si quieres. Lo entiendo.
Veía a BuffFrog flaquear... Estaban aceptando dividirse. Pero eso no era lo correcto...
- Por favor - rogué - Pronto seré reina con plenas facultades... ¿Es que mi palabra no vale nada?
- Lo ha intentado, y se lo agradecemos. Siento si mis palabras le han parecido duras. De verdad que siempre se lo agradecemos. Pero subestima el problema. No es precísamente la primera Butterfly que intenta ayudarnos. Ni siquiera una reina puede acabar con ciertas cosas. Los prejuicios y las rencillas no se pueden eliminar a base de papeleo. Su corte se pondrá en contra... ya verá.
¿No era la primera Butterfly que lo intentaba? ¿Quien lo había hecho antes? ¿Eclipsa, quizás?
- BuffFrog... Si nos das las tijeras...
- Yo no tengo las tijeras. Los reptiles me las quitaron.
- Espera... ¿No tenemos las tijeras? ¿Cómo hemos venido hasta aquí?
- Con las mías - dijo Marco mientras las agitaba ligeramente en el aire
- Eres... ¿El amigo de la princesa?
- Su escudero.
- ¿Nadie más tiene tijeras? ¿GENTE? - gritó, pero nadie respondió
- Eeeehhh. ¿Podrías prestárnolas? - dijo el monstruo a Marco
- ¡Ni hablar! ¿Sabes lo que tuve que hacer para que Hekapoo me diera unas?
- Espera... ¿Tú obtuviste tus propias tijeras? ¿No son de la princesa?
- No... Hekapoo las hizo personalmente para mí. - dijo mientras las calentó al fuego - ¿Ves lo que pone? MARCO... Ese soy yo.
- Vaya - dijo el monstruo asombrado.
- Si necesitais ir a algún sitio, no tengo problemas en abriros un portal, pero...
- No... no... Lo más probable es que la siguiente dimensión tampoco sea adecuada... Necesitamos viajar hasta encontrar un lugar... Supongo que tendremos que lograr unas nuevas tijeras. ¡Diablos! ¡Son muy difíciles de conseguir!
- Dímelo a mí.
- Bueno... Al menos seguimos teniendo nuestros hogares - dijo BuffFrog con intención de irse a casa con los renacuajos
- No se vosotros, pero yo me muero de hambre - dijo otra monstruo.
- Sí, sí... - se unieron otro coro de voces.
- Yo creo que me vuelvo a casa. Guardé algunas cosas allí.
- Voy a cazar. -dijo otro
Diferentes monstruos tomaron diferentes decisiones. Muchos se iban definitivamente, mientras otros iban a buscar comida cerca.
- Mamá... Tengo hambreeeee... - protestó un pequeño ser de un sólo ojo
- Tranquilo cariño... Iré con los demás a ver si puedo cazar algo... Princesa... ¿le importaría cuidar de mi pequeño un momento?
- Claro... No hay problema...
Y la madre se fue corriendo a alcanzar otro grupo que ya estaba de caza...
- Así que... ¿eres una princesa?
- Ahora mismo... medio reina.
- ¿Vives en un castillo?
- ¡El más grande!
- ¿Comeis maíz? Mi madre me ha dicho que la gente del castillo comeis maíz.
- También comemos otras cosas. Pero sí... nos encanta el maíz.
- Una vez probé el maíz. ¡Estaba riquísimo!... Es una pena que no haya para nosotros... - dijo el pequeño haciendo pucheros
- Eeeeehhhh
Me sentí fatal. Sabía que muchos monstruos intentaban robarnos el maíz, pero a decir verdad, nosotros tenemos las mejores tierras... quizás las únicas que realmente valen de todo el reino para cultivarlo.
Era fácil imaginar que los monstruos eran criaturas malvadas, ladrones que siempre querían quitarnos lo nuestro. Poco a poco pude ver que las cosas eran complicadas... mucho más complicadas. Tanto que en muchas ocaciones, llegaba a pensar que nosotros eramos los malos.
- ¿Tienes una varita mágica? Mi madre me ha dicho que la princesa tiene una varita.
- La tenía... Pero ya no. Por suerte he aprendido a hacer magia sin ella... ¿Quieres ver un truco?
- ¡Claro!
- ¡Arcoiris de caramelo!
Un rayo de luz lleno de chuches salió de mi mano y recorrió varios metros. El chico puso su mano en medio, cogió varios y los probó.
- ¡Está dulce!
- Sí... Algunas cosas me salen bien. Lo malo es que la comida mágica no alimenta de verdad.
- Bueno... sabe bien. ¿Y maíz? ¿Podrías crear maíz?
- Mmmm... Nunca lo he hecho. Puedo probar.
En realidad, me reservé la complejidad de estas cosas. Se puede invocar o convocar algo. La invocación crea algo con magia, y su naturaleza es dependiente de esta. Es etérea. Cuando la magia desaparece, se esfuma. Por eso la comida invocada no alimenta.
También se puede convocar. Pero eso lo trae de otro sitio. Y claro, no es plan de convocar una mazorca y hacerle desaparecer a alguien la comida del plato. Me imagino la cara que pondría mi padre si desapareciera su comida. Pondría el castillo patas arriba.
Concentré mi pensamiento y dirigí mi magia hacia sus manos. Una apetitosa mazorca mágicamente apareció en ellas.
- ¡Viva! - dijo alegre mientras probó... cambiándole la cara al momento.
- No sabe como el maíz que recuerdo.
- ¿Me dejas probar?
Gran error dar un bocado habitual, llenando toda mi boca. Era como comer carne retrasada un mes, regurgitada por una cabra. Era increible que el pequeño fuera siquiera capaz de comer esta cosa.
- Puaaag... Es asqueroso... No. Definitivamente mi maíz es horrible. No te lo comas.
- Pero tengo hambre.
- Tampoco te calmará el hambre... Mira... quizás podríamos ir un momento al castillo y coger una mazorca de verdad. Eso te gustaría, ¿verdad?
- ¿UNA MAZORCA ENTERA? ¿PARA MÍ SÓLO?
Algunos ojos más lejanos se fijaron en nosotros cuando nos oyeron hablar.
- Marco... ¿Podrías llevarnos al castillo un momento? ¿Al comedor?
- Claro... - dijo abriendo un nuevo portal
Los tres, Marco, el pequeño monstruo y yo lo cruzamos.
- ¡Hala! ¡Que grande es! - dijo el pequeño asombrado
- Pues esto es sólo el comedor.
Unos guardias se personaron rápidamente.
- ¡Ah! ¡Princesa! Está... ¿usted bien? - dijo mientras miraba a intervalos entre mí y mi pequeño acompañante.
- Sí... Sólo veníamos a por un poco de comida.
- Claro... Majestad.
Caminamos hacia la zona de cocina. Normalmente siempre había algunos cocineros allí. Y en efecto... allí había un par de ellos, relajados. Era muy tarde así que era normal.
- ¡Majestad! - dijo uno de los cocineros al advertir mi presencia... También miró al pequeño con una mezcla de sorpresa y... ¿repugnancia?
- ¿Tenía hambre, majestad? ¿Podemos prepararle algo?
- Una mazorca de maíz, por favor.
- ¡Por supuesto! ¿Cómo la quiere? ¿Asada? ¿Tostada? ¿Con salsa de queso?
Miré al pequeño, redirigiéndole la pregunta.
- ¡Sin nada, por favor! - respondió con desparpajo.
El cocinero ignoró su respuesta, y siguió mirándome como esperando mi respuesta.
- ¿Algún problema?
- No, majestad... ¿Realmente quiere el maíz así?
Su comportamiento me pareció una impertinencia. ¿Acaso no habíamos tomado maíz crudo un montón de veces? ¿Cual era el problema? ¿Que el chico era un monstruo que no merecía la pena ser escuchado?
- Sí.
- Un momento...
El cocinero me ofreció la mazorca al par de segundos. No iba a dejar pasar su feo anterior así como así.
- La mazorca es para él.
- Aaaahhh. - el cocinero dudó, y le ofreció lentamente la comida al pequeño, con una mezcla de asco y temor.
- ¡Muchísimas gracias! - respondió.
Pocas veces había vivido esto, y nunca desde tan cerca. Recuerdo cuando en el mercado llamaron la atención de Tom, hasta que advirtieron quien era él. El trato que damos a los monstruos es denigrante. Con razón desean marcharse.
- ¡Vámonos! Tu madre podría llegar en cualquier momento. Podría llevarse un susto si no nos vé. - dije al pequeño
Marco reabrió el portal. En efecto, la madre ya estaba allí, preocupada.
- ¡Hijo! ¡Qué susto me has dado!
- ¡La princesa me ha llevado al castillo! - dijo alegre y despreocupado - ¡Y me han dado esta mazorca! ¡Pruébala, mamá! ¡Está riquísima!
- ¡Maíz!
Los monstruos de alrededor comenzaron a rodearnos.
- ¿Podemos probar?
- Sí... Todos tenemos hambre por aquí.
- ¡Dejad a mi niño en paz! - dijo la madre preocupada al ver que demasiados monstruos se situaban a su alrededor. Otros vinieron hacia mí.
- Princesa... ¿Podría traernos algo más de maíz? Todos tenemos hambre.
- Seis... Ocho... Diez... Sí, sí... creo que podré traer algo más sin problemas...
- Tengo una mala sensación con esto... - susurró Marco a mi lado.
- Vamos... No va a pasar nada por pedir un poco más en la cocina.
- No es eso exactamente lo que me preocupa.
- ¿Entonces?
- No importa... - dijo mientras abrió de nuevo el portal
Esta vez fuimos Marco y yo sólos.
- ¡Cocinero!
- ¿Sí majestad? ¿Quiere algo más?
- Mmm... ¿Podría prestarme un carrito de comida?
- No se preocupe... Díganos donde tenemos que llevarlo y nosotros lo haremos.
- Eeeehhh.. Me gustaría llevarlo personalmente.
- Como desee... ¿Le servimos algo en él?
- Maíz... maíz crudo. Todo el que entre...
- Como desee - dijo extrañado
En un par de minutos, el carrito estuvo lleno. Y volvimos a cruzar el portal.
Algunos monstruos seguían rogando al pequeño que compartiera un poco.
- Dejad al chico en paz... ¡Os he traido más...!
Pero en seguida me dí cuenta que había más y más monstruos. Comencé a repartir, y en seguida se acabó. Llegaban más y más.
Y comenzaban a discutir entre ellos.
- ¡Repartid el maíz! ¡No es sólo para vosotros!
- Si a tí no te ha tocado no es culpa mía. Es implosible repartir el maíz entre todos. No hay suficiente.
- ¡Tú lo que eres es un egoista! ¡Es un regalo para todos! ¿Verdad que sí, princesa?
- ¡No! ¡Me lo ha dado a mí!
- ¡Reparte!
La cosa se estaba poniendo muy tensa...
- ¡Parad! ¡Parad ya! Sólo quería que estuvierais bien... ¡Lo último que quería era que discutierais!
Los monstruos pararon un momento.
- Perdónenos... Es que... Tenemos tanta hambre... y tan pocas veces podemos comer maíz...
- Aaaaahhh... No se... Puedo intentar traer para todos... pero no se si...
- ¡Escuchad todos! - gritó uno de los monstruos - ¡No necesitamos pelearnos! ¡La princesa va a traer más maíz! ¡Maíz para todos!
El "podré" que iba a decir, se quedó dentro de mi boca.
La cara de Marco era de "Te lo dije".
- ¡Viva! - comenzaron a gritar algunos de ellos. Otros empezaron a aplaudir.
Marco ya viendo por donde iba el tema, abrió el portal.
Y comenzamos a repetir el proceso. Carrito va, carrito viene.
Cada vez que regresábamos había más vítores, pero también más monstruos. ¿Cuantas veces tendríamos que hacer eso?
- Star... ¿Te das cuenta que si sigue aumentando el número de monstruos, no vamos a acabar nunca? ¡Llegan más rápido que les llevamos el maíz!
- Ya... En fin... Nadie dijo que esto de convencer a los monstruos fuera fácil. Míralo como una de nuestras aventuras.
- Una con poca emoción y repetitiva... - agregó sin darle más importancia - Y tengo la sensación de que va a acabar mal.
- Siempre estás igual.
- Y casi siempre acierto.
- ¡Cocinero!
- ¿Otra vez?
- Sí, por favor.
- Esto... Me temo que sólo podremos llenarle el carrito a la mitad. Hemos terminado el maíz.
- ¿Cómo? ¡No podemos tener tan poco maíz en el castillo!
- No, no. Es el maíz de la cocina. En el almacén hay mucho más. A primera hora del día llenamos la cocina, y al final del día descartamos los restos y la comida que tiene demasiado tiempo. Normalmente hay comida de sobra... pero nunca nos habían pedido tanta de forma imprevista.. Y menos a estas horas.
- Ah... Vale... Os ahorraré el esfuerzo y entraré al almacén yo misma.
- Majestad... Eso no es nuestro trabajo... quiero decir... hay un responsable de almacén, que notifica al chambelán que lo tiene todo anotado. El almacén está cerrado. Ni siquiera tenemos la llave. Si espera un momento...
Cuando dijo "chambelán", me imaginé que se refería a Gaspar. De cara a afuera, quien no conocía los entresijos de palacio, creería que Mamfred es el Chambelán oficial. A fin de cuentas es él quien siempre hace los anuncios, figura y nos ayuda en las labores cotidianas sin importancia. Además tuvo el cargo oficialmente en su ausencia.
Pero en realidad, el verdadero Chambelán, es Gaspar. O como lo llaman los que sí saben de esto, "la sombra de la reina". Gaspar es quien realmente ha ayudado a mi madre en los entresijos del reinado.
Nunca nos habíamos llevado bien. Él es un estirado, y yo... bueno... digamos que soy lo opuesto. Gaspar se había ido cuando recibí la varita mágica. Decían que a tomarse un año sabático por un tema familiar que tuvo intención de hacer permanente, pero que dejó atrás cuando se enteró de la situación de mi madre.
Desde entonces, ha retomado su puesto, si bien nos evitamos mutuamente siempre que la situación lo permite. Él es feliz con sus números y sus tratos entre bambalinas, y yo soy feliz de no tener que encargarme de cosas tan mundanas. Limitamos nuestos encuentros a cuando es estrictamente necesario, lo cual, como mínimo, es en cada reunión semanal de organización del castillo.
No me hacía gracia hablar con él. Llevaba tiempo evitándole... pero como dijo mi padre, fue él quien recomendó el retorno de los monstruos. No debía haber problema.
Tardaba, y comencé a impacientarme, porque los monstruos estaban esperando. ¿Y si volvían a discutir?
Gaspar llegó uniformado pero con cara cansada. Probablemente le habían despertado.
- Princesa... ¿Qué está pasando aquí? Me están hablando de que está gastando todo el maíz... ¿Qué es todo esto?
- Ah. Mi padre me dijo que usted le había recomendado que intentara que los monstruos volviesen.
- ¿Ajá?
- Pues eso... Los he encontrado. Los habían tenido tiempo esclavizados. Los he ayudado... tenían hambre y... bueno... los estoy invitando a comer.
- ¿De cuandos monstruos estamos hablando?
- Mmmm... No estoy segura... Varios se han ido... pero si han vuelto por el maíz... ¿Trescientos? ¿Quinientos? ¿Mil? La verdad es que no lo se.
- ¿No cree que eso debería haberlo hablado conmigo? ¡Eso es mucha comida!
- Yaaaa... Ha sido todo muy precipitado y he tenido que improvisar.
- Pues siento decirle que no es posible.
- ¿Cómo? ¿No tenemos comida para mil personas aquí?
- En el castillo no llegamos a doscientos, y muchos comen en sus casas, no aquí.
- ¿No podríamos ver si hay suficientes alimentos en el almacén?
- Sé perfectamente cuanta comida hay en el almacén. Me encargo de ello. Y no es cuestión de si hay o no hay. Es cuestión de que la cantidad de comida de la que habla pondría en riesgo la reserva. La comida no se trae instantáneamente aquí. Hay unos procedimientos y por eso el almacén es necesario.
- ¿Y qué hago? ¿Falto a mi palabra como reina con los monstruos? ¿Les digo que se vayan? ¿Acaso no quería que se quedaran?
- Lo que le dije al rey era que la aportación de los monstruos era positiva, así que si ellos volvían de nuevo igual que antes, las cosas podrían ser mejores. Ahora bien... si hay que alimentarlos como a mewmanos, no llegarían ni a aportar lo suficiente para compensarlo. Los monstruos han logrado alimentarse por sí mismo del bosque. Lo que nos interesa es que ellos regresen a las mismas condiciones. Si no, es mejor que no vuelvan.
- ¡ ¿ ¡ ¿ CÓMO ? ! ? !
- Son matemáticas, princesa. Obviamente como reina podría empeñarse en alimentarlos adecuadamente, pero los mewmanos sufrirán una carga extra de trabajo por su culpa... y eso no les gustará. Y si eso es polémico de por sí, hacerlo cuando se juega una regencia es suicida.
No podía entender como Gaspar hablaba de estas cosas con tanta frialdad. ¡Hablamos de gente que pasa hambre!
- Mira... realmente eso lo pensaré en otro momento. Pero por esta vez, sólo por hoy, necesito llevarles comida. Y RÁPIDO.
- Lo siento, princesa, pero no le autorizo a usar el almacén. Este tema está zanjado.
¿Me estaba prohibiendo algo? ¿Con qué derecho? Sabía que le caía mal, pero esto era una falta de respeto.
- ¿ ¡ CÓMO QUE ESTÁ ZANJADO ! ? SOY LA REINA EN FUNCIONES. NO PUEDES DENEGARME ESTO. SOY TU REINA.
- No, princesa Star. Mi reina es Moon Butterfly. Y estoy bien versado en estas cuestiones. Como reina en funciones, no puede entrar en mis competencias. El almacén es cosa mía. Aunque también como consejero de la reina, porque también lo soy, tengo la obligación de decirle que dentro de sus competencias sí está el destituirme. Así podría colocar a alguien más dócil. Así que ... ¿desea sustituirme?
Dios... ¡Qué complicado es este hombre! ¿Me estaba echando un órdago? Podía destituirle, pero sabía que cuando mi madre se recupere jamás iba a perdonarme esto...
- No...
- Entonces me retiro ya. - dijo yéndose cansadamente en dirección a su habitación.
Trex POV
- No sé como pudiste trabajar para una Butterfly.
- Bueno... En realidad ni ella misma sabía que lo era. - respondió Rasticore. - Son tiempos complicados en Mewni para uno de los nuestros. No es fácil tener aliados y esa mujer... cuando era una mujer... bueno... me trataba aceptablemente. Tenía recursos y refugio, así que...
- Señor... - apuntó un guardia - Un espía ha vuelto.
- Ya veo - dije mientras señalaba para que se acercara.
- ¿Por qué has regresado, Fly?
- Señor... me encargó que les convenciera para que no se quedaran en Mewni...
- ¿Y bien?
- Esto... Sin unas tijeras, ¿cómo van a dejar el lugar?
- ¡Les dije que te dieran unas tijeras!
- Sí, señor... Me dieron un par... - dijo enseñando las antiguas tijeras de los monstruos - Pero... Si les doy estas tijeras... ¿Cómo voy a informarle de que he cumplido mi misión?
- ¿No se te ocurrió pensar en eso cuando te dieron la misión?
La mosca gigante voladora subió los hombros en señal de ignorancia.
- Estoy rodeado de idiotas. ¡Voy a enviar espias a Mewni y otras dimensiones! ¡Pide a ese guardia que te informe! Contacta con ellos cuando cumplas tu misión.
- Sí señor... Esto...
- ¿Y ahora qué?
- Estas tijeras son muy caras... Quiero decir... es muy tentador quedarse con ellas... si pudiera garantizar el justo pago por mi misión...
- Además de idiota, codicioso.
Saqué una bolsa con pepitas de oro recién extraidas de la mina.
- Esto cubrirá los gastos.
- ¡Es un placer servirle! - dijo mientras se fué a toda velocidad volando.
- No puedo creer que mi hermano trabajara con esta gente. Soy absolútamente ineptos.
- ¿Por qué le has pagado entonces? - preguntó confuso Rasticore - Yo le hubiera torturado.
- Mi experiencia me dice que la tortura y el miedo no funciona bien con los espías. Su trabajo es muy dado a la traición. Por eso lo reduzco a dos opciones. O sobornar generosamente, o la muerte. Por cierto, Rasticore... yo te veo como un espía.
- Esto... Me ganaré esas recompensas... te lo aseguro.
- Estoy seguro de ello.
Bueno... Un poco de miedo bien dirigido tampoco viene mal.
Marco POV
- El tema está zanjado. El tema está zanjado - decía Star con voz repipi -. ¡Cómo se atreve!
- Déjalo estar. Quizás sea mejor disculparnos con los monstruos y explicarles que ya no queda más maíz en la cocina. Lo entenderán.
- ¡Les decepcionaré, Marco! ¡Y se pondrán a discutir por mi culpa! Si no están discutiendo ya.
- No Star... No es culpa tuya. Has hecho lo que has podido.
- No... Puedo hacer más. Debería haber sido más fuerte con Gaspar. Además, estoy segura de que en el almacén hay comida de sobra. ¿Viste como evitó la pregunta?
- Pero ya está hecho... Qué vas a hacer... ¿robar tu propio maíz?
No debería haber dicho eso. Lo dije de forma retórica pero Star... Su cara se había iluminado...
- No, Star... Eso va a acabar mal.
- Míralo así, Marco. Puedo decepcionar a los monstruos o puedo hacer enfadar a Gaspar. ¿Decepcionar cientos de monstruos hambrientos o enfadar a un Mewmano que ni siquiera me cae bien? ¿Eh? ¿Eh? - dijo Star mientras hacía con las manos como una balanza, donde la que simbolizaba los monstruos bajaba mientras la otra subía.
- Pero ya le oiste... ¿Y si Gaspar dimite?
- No lo creo. En realidad, espera que mi madre se recupere. Ya ves... él ni siquiera me ve como una reina. No dimitirá por algo que he hecho yo, mientras mi madre pueda volver. Probablemente se enojará, se quejará a mi padre, que me dará una charla... Ya sabes... Lo habitual.
- No está bien, Star.
- Creí que ya lo habías superado, Marco. ¿Vuelve el chico seguridad? ¿El que siempre cumple todas las normas?
Sabía que Star lo hacía para picarme. Que lo de "chico seguridad" siempre me molestaba.
- Pero... esto es robar, Star. No es un peligro como tal. Ni siquiera es por desafiar una autoridad. Es que lo veo mal.
- No es robo si te lo quitas a tí mismo, ¿no? - dijo ella con voz malvada.
- Y está la sensación de que tengo de que cada vez nos metemos en un lío peor...
- Maaaarrrcooo... Veeeenga... - dijo mientras ponía ojos de cachorrito.
- Bueno... Allá tú. Pero que conste que lo voy a hacer como tu escudero, y si algo sale mál recalcaré que fuiste tú quien insistió en hacerlo.
- Me vale.
Abrí un portal hacia el almacén... para descubrir que el portal me echaba.
Star rió.
- No creerías que entrar en el almacén sería tan fácil, ¿verdad?
- ¿Qué diablos ha pasado?
- Protecciones mágicas, Marco. El castillo está lleno de ellas. No puedes usar las tijeras por aquí como si nada.
- ¿De qué hablas? ¡Las he usado muchas veces! Incluso en tu cuarto.
- Tus tijeras están registradas... autorizadas para usarse en muchos lugares del castillo. Otras tijeras no funcionarían. Pero ni siquiera con ellas puedes acceder a todos los sitios.
- ¿Eh? ¡Es la primera noticia que tengo!
- Piénsalo bien, Marco. ¿Te imaginas poder entrar en los aposentos de los reyes en mitad de la noche? ¡Los regicidios serían sencillísimos!
Lo pensé un poco... Sí... Tenía sentido.
- ¿Entonces cómo vamos a llevarnos el maíz? Porque a mano no ibamos a acabar nunca. ¿Forzaremos la cerradura?
- Voy a probar una cosa...
Star se transformó en su forma de mariposa, y abrió un portal con su magia. Desapareció por él.
Unos segundos despues apareció de nuevo asomando su cabeza.
- ¿A qué esperas? ¡Funciona! ¡Vamos!
Crucé el portal con el carrito. Era el almacén. Por lo visto, la protección, fuera la que fuera, no incluía los portales que podía hacer con su propia magia.
El lugar era enorme y estaba repleto de maíz.
Star volvió a su forma normal.
- ¡LO SABÍA! ¡Ese capullo estirado! No necesitamos ni la quinta parte de esto. ¡Hay comida de sobra para todos!
Cargamos el carrito y Star volvió a abrir otro portal, esta vez donde los monstruos.
La situación se había recrudecidos. Estaban todos discutiendo entre ellos.
- ¡La princesa ha vuelto! ¿Qué ha pasado, princesa?
- Se ha acabado el maiz de la cocina. Hemos tenido que ir al almacén...
Miré bien alrededor. No sólo estaban todos los mosntruos de antes. Parte de los que se habían ido a sus casas habían vuelto. Dentro de poco estarían todos aquí.
Los que estaban al lado, vaciaron el carrito en segundos. Los que estaban detrás miraban con recelo a los que se habían hecho con una mazorca. Alguno que había cogido más de una recibió un abucheo y comentarios groseros.
Regresamos por el portal.
- No podemos llevar el maiz así, Marco. Llevará toda la noche si es que no se ponen a pelear antes.
- Sí... Me he dado cuenta.
- Tengo una idea.
Star cerró el portal y abrió otro de nuevo en el techo.
- ¿Qué es lo que haces?
- Espera y verás... ¡Mystic Room Suck Transform!
Reconocí ese hechizo. Star lo usó en mi habitación el primer día que llegó. Un gigantesco torbellino absorvente apareció. Star lo había invocado por encima del portal, y como si de una aspiradora se tratara, empujaba al maiz hacia arriba. Estando el portal entre el torbellino y el maiz, las mazorcas cruzaban el portal en lugar de ser absorbidas por el torbellino.
- ¿Ves? En medio minuto está, deshago el hechizo y está hecho.
Pero algo iba mal.
- Star... ¡Cierralo ya!
- ¿Qué?
El torbellino parecía realimentarse con el portal, hasta que se fusionaron. Entonces en lugar del torbellino negro se transformó en un torbellino dorado furioso que movió el aire como un huracán.
Star, que seguía en su forma de mariposa y estaba volando, salió despedida contra una parez por el fuerte viento.
- ¡Star!
Estaba ligéramente conmocionada. Al chocar volvió a adquirir su forma normal.
El torbellino aspiraba todo a gran velocidad. Todos los alimentos del almacén, no sólo el maiz sino otras muchas cosas que había, estaban siendo absorbidas.
Star se recuperaba.
- ¿Qué? ¡ ¡ NO ! !
Se levantó de inmediato, recuperó su forma mágica y deshizo el torbellino, para descender de nuevo.
¡Todo el alimento había sido tragado por el torbellino mágico!
- Oh, no. NOnononononononononono...
Estuve tentado de decir "Te lo dije." Pero no era precísamente el momento de los reproches.
Sin decir nada más. Star abrió otro portal y cruzó por él. Yo la seguí.
Eran los monstruos. Habían pasado sólo unos pocos segundos, pero ya estaban todos recogiendos como locos el maiz y el alimento que había traspasado.
- ¡VIVA LA REINA STAR!
- ¡ ¡ VIVA ! ! ¡ ¡ VIVA ! !
BuffFrog había regresado.
- ¡Star! ¡Es increible lo que has hecho! - decía feliz - Si hicieras esto una vez a la semana, te aseguro que jamás nos iríamos de Mewni.
La cara de Star era de shock total. BuffFrog al verla pensaba que era por lo que había dicho.
- Bueno... Sí... Supongo que es mucha comida. ¿Una vez al mes?
- Eeeeeehhh - es lo único que alcanzó a decir Star.
- Ummm... Supongo que es un excepción... Bueno... Muchas gracias de todos modos.
La cara de Star no cambiaba.
- ¿Ocurre algo malo?
Al ver que Star no salía de su shock, decidí hablar por ella.
- Verás... Star quería enviaros una parte del almacén... pero su hechizo se descontroló un poco, y ha dejado el almacén vacío... Ahora no hay alimentos en el castillo.
- ¡Oh! - dijo BuffFrog con mirada preocupada.
Star habló por fin.
- ¿Se podría devolver una parte...? - dijo en voz baja. Sólo algunas voces alrededor parecieron oir y pusieron mala cara.
BuffFrog se tragó la mazorca que tenía en sus manos de un bocado, como si fueramos a arrebatársela.
- Oh... Star... No es buena idea. Míralos... Están todos felices... Pero gran parte de la comida ha acabado tirada por ahí. ¿No hay forma de conseguir comida en otro sitio? - dijo BuffFrog
- No lo van a devolver - susurré a Star
Abrí un portal con mis tijeras y arrastré a Star conmigo, lo cual no fue difícil porque seguía en parte en shock. Volvimos al comedor.
A pesar de las horas, había cierto revuelo.
- ¿Qué pasa? - pregunté a un guardia.
- ¡Han saltado las alarmas! No sabemos como ha pasado, pero han robado en el almacén. ¡Dicen que lo han vaciado por completo!
Star y yo nos miramos preocupados. Debía haber más protecciones en el almacén. Suficientes para enterarse de lo que había ocurrido.
Fuimos al almacén a pie. La puerta estaba abierta, algunos cocineros, guardias, y Gaspar estaban allí.
Este tipo, Gaspar, me impone respeto. Es como una versión mewmana y no malvada de Toffe.
Es inteligente. Seguro que intuía de sobra que había pasado y que esto no era un simple robo.
Cuando nos vió aparecer habló.
- ¿Podeis dejarme a solas un momento con la princesa, por favor? - dijo a cocineros y guardias
Se retiraron.
- ¿Qué puede decirme de esto?
Star bajó la mirada. Su cara lo decía todo.
- Estoy esperando.
Su voz sonaba como la de un padre regañando a su hija.
- Había comida de sobra... pero ... usé un hechizo para enviarla rápidamente y... se me fue un poco de las manos. No era mi intención...
- A pesar de lo que habíamos hablado.
- No podía decepcionarles... No...
- Pues ahora va a enfurecer a su propia gente. ¿Eso es mejor?
Star estaba destrozada.
El tipo calló un momento. Pensé que iba a decir algo así como "dimito", pero no dijo eso exáctamente, aunque no era tan diferente despues de todo.
- Bueno... Parece que despues de todo no va a tener que destituirme ni voy a tener que renunciar. Ya no importa. Sin comida no hay trabajadores, y sin trabajadores no hay reinado. Su única salida ahora es pedir ayuda a su familia y renunciar al trono.
