Yamato notó que Sora llevaba sin abrir la boca desde hacía unos minutos mientras que volvían de camino a casa. Girando ligeramente la cabeza hacia ella se dio cuenta rápidamente del motivo, viendo como, todavía con su chaqueta puesta por encima, se había quedado dormida en el asiento del copiloto.
Sonrió, devolviendo la mirada hacia el frente, continuando el camino hacia casa. No era demasiado tarde, pero no era de extrañar que hubiera acabado quedándose dormida. Solía irse a la cama mucho más temprano desde incluso antes del susto que se habían llevado y ahora que estaba menos acostumbrada a salir a todas horas, era totalmente comprensible.
Él también tenía ganas de llegar a casa, pero por motivos totalmente diferentes. Había esperado hasta a aquel día para poder enseñarle la habitación terminada. Sabía que no había estado cotilleando incluso cuando estaba sola en casa, simplemente se fiaba de ella, de manera que podía usarlo a modo de sorpresa. No había sido únicamente cosa de él, claro estaba, había contado con la ayuda de más gente, pero ya entraría en detalles después de ella la viera.
Cuando llegaron finalmente a su destino, se giró, quitándose el cinturón para poder hacerlo con más facilidad, observando a Sora unos segundos antes de reclamar su atención pasando su mano sobre su brazo.
- Sora – no alzó demasiado la voz para aquello-. Despierta...
- Hmm….
- Venga… Que ya hemos llegado a casa – insistió, aprovechando para quitar las llaves y metérselas en el bolsillo antes de salir, yendo hacia la otra puerta para abrirla y volver a intentarlo desde el otro lado, inclinándose hacia ella-. Despierta, preciosa…
Se fijó en como poco a poco abría los ojos encontrándose totalmente desorientada hasta que lo enfocó a él de nuevo, quedándose adormilada todavía mirando hacia sus azules ojos antes de terminar por reaccionar.
- ¿Me he quedado dormida?
- Casi después de haberte sentado – sonrió, cogiendo la chaqueta cuando se la pasó, no tardando en tenderle la mano para ayudarla a ponerse en pie.
- Lo siento – se disculpó una vez que consiguió colocarse a su lado, aprovechando para alisar los pliegues del vestido antes de notar cómo le dejaba la chaqueta de nuevo, solo que posara encima de sus hombros otra vez.
- Ya, vergüenza debería de darte – bromeó antes de dejar un ligero beso en su mejilla, aprovechando para cerrar la puerta y darle al botón de cierre con la llave-. Venga anda, que no sé yo si me las arreglaría bien para subirte si te me quedas dormida otra vez de pie, ¿eh?
Cortando el bostezo que tenía a medio hacer, acabó por reírse, mirando para Yamato y asintiendo, echando a caminar a su lado de camino hacia casa. Cuando llegaron hasta el ascensor y el rubio tocó la tecla para llamarlo, no pudo evitar abrazarlo desde la espalda, apoyando su cabeza en su hombro.
- Me ha gustado mucho la idea que has tenido de ir al planetario – murmuró, tomándose unos segundos antes de estirarse para poder alcanzar hasta su cuello, dejando un beso en él notando como cerraba sus manos en torno a las suyas.
- Pienso reciclar mis planes para cuando puedas hacer vida totalmente normal, avisada estás – cerró los ojos los segundos que notó el contacto de los labios de ella en su cuello-. Estoy seguro que podré adaptarlos a tres en vez de a dos…
- Di mejor cinco – se rio suavemente, quedándose abrazada a él hasta que las puertas se abrieron, permitiéndoles el paso.
Abrió la puerta de casa, encendiendo al luz mientras que dejaba pasar a la pelirroja primero, empezando a dejar todas las cosas en la entrada y cerrando por dentro a sabiendas de que ninguno de ellos dos saldría hasta el día siguiente ya.
Cuando se giró, enfocó a la pelirroja, la cual estaba sonriéndole con una ligera expresión traviesa en la cara y las manos unidas en su espalda.
- Qué poco me fio yo de esa cara… - le dijo finalmente, terminando de dejar el calzado en su sitio.
- ¿Por qué? – arrastrando ligeramente las palabras, amplió más su sonrisa-. Tengo una co…
- No – le hizo un gesto-. Ni hablar. Me he ganado empezar yo.
Sora arqueó las cejas, entretenida por sus palabras y la forma de decirlas, acabando por asentir concediéndole aquello sin protestar. Fue directo hacia ella para cogerla de la mano y tirar de la pelirroja para que caminara a su lado hasta dejarla finalmente delante de la puerta de la habitación. Notó la sorpresa aparecer en la cara de Sor automáticamente.
- ¿En serio? ¿Hoy?
- ¿Por qué no? Terminamos todo hace unos días y… Este era el mejor momento que se me ocurría. Aparte de esos dos inútiles, también ha tenido que ver mis padres. Sobre todo… Natsuko.
Asintió a aquello, no le estaba diciendo nada nuevo. Le gustaba el hecho de que hubiera recurrido a su madre para los detalles finales, eso decía bastante de que la situación entre ellos dos cada vez estaba mucho mejor. Empezó a reírse cuando notó como colocaba su mano encima de sus ojos, no dejándola ver lo que había por delante de ella antes de alargar la mano hacia el pomo y abriendo.
Esperó unos segundos tras haber encendido la luz, despejando poco a poco la vista de Sora para que pudiera ver lo que había en el interior, quedándose detrás de ella, nervioso. Estaba mucho más nervioso con aquello de lo que cabría esperar, aunque se dijera a sí mismo que era una tontería.
Sora parpadeó un par veces, adaptándose unos segundos a la luz antes de poder enfocar finalmente hacia lo que tenía delante. Su primera reacción fue llevarse las manos a los labios, en un gesto de sorpresa mirando hacia la imagen que había delante de ella. Ni siquiera se dio cuenta de que en una de las esquinas, sobre una pequeña alfombra habiendo llevado hasta allí unos cojines, se habían quedado dormidos los digimon de ambos.
La habitación estaba decorada en colores claros, respetando el resto de la decoración de la casa. Conocía perfectamente a Sora para saber que prefería que todas las partes de la casa siguieran con la misma temática. En donde un día hubiera estado la cama, ahora estaba aquella cuna que tanto trabajo les había costado montar, completamente terminada y con la ropa de cama colocada. Las paredes de un color verde muy claro, contrastaban con el blanco del resto de los armarios y estanterías que habían podido aprovechar. No había un gran cambio en cuanto al mobiliario salvo por la ausencia de la cama. Lo que eran nuevo eran los colores y, especialmente la decoración. Colocadas por las estanterías, estaban todas las cosas que habían ido comprando para la niña, tanto ellos como todos sus familiares y amigos. En una esquina, cerca de la ventana, estaba colocado el cambiador, en dónde también había dejado las cosas que, cuando por fin estuviera con ellos, la niña usaría para cambiarse y asearse. Peluches y juguetes estaban también colocados por las estanterías, decorando por completo todo el lugar.
- Te he dejado toda la ropa que hemos ido comprándole sin colocar para que podamos ir poniéndolo todo como tú quieras, aunque también sería buena idea dejarlo listo para cuando tengamos que ir al hospital – empezó a parlotear, sin saber muy bien dónde dejar los brazos-. Y… las cosas para la cama y… Todo eso, pues… en realidad se empeñaron mis padres en pagarlas cuando les pedí ayuda para escogerlas… - al ver que no le contestaba, no fue capaz de guardar silencio-. Si no te gusta algo o cómo están colocadas las cosas… Solo tienes que decírmelo y lo pondré a tu gusto. Ya sé que querías decorarlo tú… Y que seguro que habría quedado mucho más bonito, pero…
- ¿Pero? – se giró hacia él-. Yamato… Es perfecta para Aiko – simplemente por la ilusión con la que se había puesto a dejar todo patas arriba y preparar la habitación sería perfecta ya, pero, más allá de eso, no sabría sacarle ni una sola pega.
- ¿Te gusta?
- Es perfecta – repitió de nuevo, antes de volver a girarse, continuando con la inspección.
No tardó en notar como volvía a abrazarla por la espalda, sonriendo, apoyando su peso en él, sin dejar de mirar hacia todas partes, estudiando lo detalles de todo lo que se cruzaba en su campo visual.
- Dentro de poco la tendremos aquí – posó las manos sobre el vientre de su esposa-. Quería que todo estuviera listo y perfecto para ella.
- Y lo está – llevó sus manos encima de las de él-. Te lo digo sinceramente. Es preciosa.
- Entonces eso se lo puedes decir a mi madre cuando la veas, porque yo solo he hecho la parte menos… bonita.
- Ya… Ahora no te quites mérito – sonrió girándose hacia él, apoyando su frente contra su cuello, dejando los ojos cerrados unos segundos-. Es el mejor regalo que podrías haberme hecho.
Tragó saliva, dedicándose simplemente a escucharla. Todos los dolores de cabeza que le había dado intentar que no se le cayeran los muebles encima de la cama ya merecían la pena simplemente por saber para quién lo estaba haciendo, pero, ahora que escuchaba a Sora hablar, todavía podía reafirmarlo más. Sonrió, de una forma que quizás fuera más extraño verle, cerrando algo mejor sus brazos en torno a su esposa.
- Pues… - dijo al cabo de unos segundos cuando fue capaz de hablar de nuevo-, ¿qué hago con el regalo que de verdad te he comprado para ti?
Abrió los ojos, sorprendida, levantando la cabeza hacia Yamato parpadeando varias veces.
- ¿Qué?
- Lo que has oído – divertido por su reacción, la soltó ligeramente, haciéndole un gesto para salir, aprovechando que los digimon seguía completamente dormidos.
- ¿De verdad? ¿Te parece poco?
- Sí – se encogió de hombros, dejándola seguirlo -. Contigo sí… Espera aquí, ahora vengo – le dijo nada más salir ambos de la habitación.
Todavía confusa, lo siguió con la mirada, viendo como desaparecía hacia el interior del vestidor. Giró la cabeza hacia la puerta, aún sin poder creerse lo bien que había quedado todo. Sí que había tenido él razón cuando había dicho que le hubiera gustado decorar la habitación a ella, pero, dada la situación, no había estado para esas cosas. Sonrió, dejando de lado el gesto de sorpresa, notando los pasos de él acercarse de nuevo.
- ¿Qué te dije cuando estábamos en París?
- Je ne sais pas – sonrió de medio lado-. Eso me recuerda a que la semana que viene ha avisado mi abuelo de que lo tendremos por aquí rondando…
Sí, sí, ahora no me cambies de tema – no tardó en ver como dejaba en su campo de visión una cajita-. ¿Qué voy a tener que hacer contigo?
- Abrirlo y dejar de protestar – dejó que la cogiera.
Negando con la cabeza, empezó a hacer lo que le decía, no tardando en descubrir en su interior una pulsera de la cual pendían unos colgantitos. Cogiendo entre sus dedos la pieza central, la alzó, dejándolo a él coger la caja, observando que no era simples adornos. Sonrió automáticamente.
- Tengo intención de poder ir añadiendo más a medida que pase el tiempo – le dijo, estudiando sus reacciones.
Sonrió, escuchando lo que le decía mientras que miraba los detalles. Una pequeña pluma de color rosa, una luna con una inscripción no alcanzaba a leer en aquel momento a causa de que no podía evitar que se le hubiera nublado la vista de nuevo teniendo que secarse los ojos de nuevo, una torre Eiffel…
- Mira… por una vez no le voy a echar la culpa a las hormonas – comentó, echándose a reír cuando vio que entre los colgantes había una tortuga -. ¿Y esto como tengo que interpretarlo? – sabía perfectamente lo que significaba, aunque hubiera hecho la pregunta.
- No lo sé, tú verás lo que haces en zonas conocidas por el tránsito de esos animales… - adivinó en la expresión de ella que la aclaración no era necesaria, pero la hizo igualmente-. ¿Te gusta?
- No tanto como la habitación pero… Me encanta. No tendrías que haberme comprado nada después del trabajo que te has pegado, Yamato.
- Lo he hecho porque me ha apetecido. Te lo dije en París… Simplemente me llamó la atención y me acordé de ti – posó su dedo sobre el colgante de la luna, el cual pudo leer Sora finalmente "I love you to the moon and back".
No voy a poder renegar más de nada de lo relacionado con tu trabajo… - volvió a posar la pulsera en el interior de la caja-. Menos mal que me aburro lo suficiente como para conspirar cuando te vas con tus padres a enredar…
- No te entiendo… - arqueó una ceja, quedándose mirando hacia ella.
- Yo también tengo algo para ti – admitió, dando unos pasos hacia atrás para dejar la cajita encima de la mesa más cercana.
- ¿Cuándo…
- No, tranquilo, no me he escapado a tus espaldas para hacer nada, no hace falta que me des la charla. No necesito irme por ahí… Ahora vengo – dio unos pasos, girándose hacia él-. Vente a sentarte, ahora mismo vuelvo.
AnnaBolena04: la verdad es que es para darle una colleja por ser capaz de ponerse nervioso por esas cosas a estas alturas con Sora, pero bueno, es parte del encanto del personaje y ya poco más vamos a poder hacer con él más allá de adorarlo por las tonterías que tiene de vez en cuando. Cuando lo que vaya cogido de la mano del rubio sea una Aiko de unos pocos añitos que quiere ir a ver de cerca a lo que se dedica papi pues claro, el pobre se va a pasar fangirleando dos o tres semanas hasta que se le pase y sea capaz de llevarla de verdad.
Y... ¡al final está terminada la habitación de la nenita! Solo queda terminar de colocar su ropita pero de eso se va a encargar también la mami. ¿Qué le irá a regalar la pelirroja al tontorrón de Yamato de regalo de aniversario? ¡Besitos de tortuguita!
Natesgo: me parece a mí que la parte en la que no hablan del todo en serio y que bromean te la has perdido ya desde hace bastante, ¿no? jajajajajaja Evidentemente que siendo como es ella sí que se ha interesado por la vida laboral de él y que la conversación que tienen no es 100% en serio. Es Sora de quien hablamos, aunque solo fuera por cumplir, evidentemente que habría estado pendiente. Otra cosa es que sean temas de los que no tiene demasiada idea aquí la señorita tras el teclado y no hay conversaciones entre ellos dos tratando esos temas ni de una cosa ni de otra xD
Parece que la habitación ya es apta para su uso después de la que liaron los tres mosqueteros, ,así que a ver si de verdad se atreven a meter en la cunita a la niña cuando les llegue. ¡Un beso!
Guest vecina: vale, totalmente cierto. Te veo viniendo a por mí en máquina quitanieves si es necesario para proteger la integridad de los Srs Tartauga y su tartaruguita rubia jajajajajaja Si es que no las pienso cuando las digo. Pues nada, a seguir portándome bien...
Baaaah, no necesitan los pobres que la niña les naciera tan prematura. Que sí, que con ocho meses no hay muchos peligros y la cosa suele ir bien, pero de verdad que no creo que necesiten otro susto tan sumamente gordo como ese. Pobre Yamato que lo necesitamos de una pieza y no que le acaben por dar muchos infartos a la vez, que si nos deja viuda a la pobre pelirroja a ver de dónde le sacamos el repuesto.
No se acordaba él, no te acordabas tú, si me apuras casi no me acordaba yo y la propia Sora tampoco jajajajaja Además, no le hace falta, tiene al rubio en casa y las noticias que de verdad le interesen seguro que se las cuenta él. Además, estoy segura de que todo eso fue uno de los primeros trabajos que se le encargaron a Haru cuando empezó a trabajar en el estudio, así, por coincidencia de fechas jajajaa
Que se ponga nerviosito a estas alturas es para ir a achucharlo un buen rato, sí que no está la cosa para que le dé cosita compartir esas cosas con la futura madre de su nena persona que según fuentes - fiables cofcofcof - lleva con él desde los catorce jajaja Pero bueno, ha sido capaz de conseguir que la tortuguita tenga habitación. A ver si no se desarma nada...
¡Un bico grande!
