Yamato había permanecido con la niña en brazos hasta que habían terminado de coser la herida de Sora, acercándosela por fin a Sora para poder dejarla sobre ella y que pudiera cogerla, siempre teniendo el máximo cuidado con los movimientos bruscos que pudiera hacer. Se había apartado automáticamente cuando una de las enfermeras se había acercado para ayudarla y explicarle lo que debía de hacer y cómo colocar a la niña.

Se quedó simplemente a la escucha, atendiendo él también a todas las explicaciones que pudieran darle, intentando centrarse y dedicarse a algo más que mirar hacia ella totalmente ensimismado. Todavía no estaba demasiado seguro de que aquello estuviera pasando, que hubieran podido llegar a aquel punto por fin.

- Vamos a llevar a la madre con la niña a la sala de control – la voz de la doctora lo sacó de su ensimismamiento-. Ahí solo tiene permitido el paso el personal del hospital y los propios pacientes… Lo siento. Así que puedes despedirte de ellas, dentro de un par de horas a más tardar las llevarán a la habitación. Y tranquilo, la niña parece estar bien y con la madre no hemos tenido problemas. El mayor riesgo que existía era que pudiera tener una hemorragia por culpa de lo que le pasó hace un mes o así, y la pérdida de sangre ha sido la normal.

- Muchas gracias – contestó, asintiendo.

- Despídete y luego te acompañará una de las enfermeras fuera – haciéndole un gesto con la cabeza se alejó de él para poder coger una carpeta y hacer unas anotaciones en ella-. Ah, Sora, ya sé que puede parecer complicado, pero intenta no hablar hasta que te llevemos a la habitación a no ser que no sea por necesidad. Ya te explicaré luego por qué.

Pudo ver como asentía justo antes de apartarse del todo dejando que fuera Yamato el que se acercara hacia ella y a la pequeña, la cual se había quedado echada encima de Sora, aprovechando la posición de la pelirroja y alejada de las zonas sensible por la herida. Volviendo a colocarse a su lado, sonrió.

- Ya te vale, dos horas desaparecida con Aiko y a mí me dejas con las fieras que tenemos ahí fuera… - se inclinó, dejando un beso en su frente y luego, volviendo a rozar con sumo cuidado el rostro de la niña con su mano, no queriendo poder molestar a Sora al acercarse más-. Te espero en la habitación – dijo, desviando la vista hacia ella de nuevo-. Te quiero.

No pudo más que sonreírle a modo de respuesta. Le daba igual estar todavía hecha un manojo de nervios y en un vaivén emocional demasiado complicado como para poder entenderlo. Tener a la niña encima de ella, poder sentirla contra su piel le servía para simplemente seguir respirando, no necesitaba absolutamente nada más en aquel momento. Antes de que Yamato se apartara, lo último que vio Sora antes de que salieran con ella fueron sus ojos azules, esos que siempre habían gustado tanto.

Intentando todavía reaccionar, se quedó mirando hacia el punto donde hasta hacía unos segundos habían estado Sora y la niña. Estaba en un estado en el que todavía no sabía si estaba pasando de verdad o simplemente era un producto de su imaginación. La voz de una enfermera lo devolvió a la realidad, haciendo que girase la cabeza hacia ella, asintiendo y acompañándola hacia el exterior.

No tenía demasiado claro tampoco si iba a ser capaz de llegar hasta donde estaban los demás, pero… ¿De verdad había pasado aquello ya? ¿De verdad había tenido a su hija en brazos hacía apenas unos minutos? Esa simple idea hizo que sonriera quedándose en mitad del pasillo parado sin haber echado a andar.

Sacudió la cabeza, intentando centrarse, decidiendo que podía ser buen momento para ir al baño y lavarse la cara a ver si de esa forma era capaz de despejarse. Buscó la señal que indicara la ubicación de los servicios, encontrándola sin problema y entrando. Fue directo hacia el lavamanos, abriendo el agua fría y dejándola correr.

Levantó la vista hacia el espejo, observando sus reflejos unos segundos, lo justo para ver que aún seguía con la misma sonrisa que se le había quedado cuando le habían dejado coger a la niña. Su niña… Amplió todavía más el gesto, terminando por agachar la cabeza y poder aclararse la cara.

Cuando volvió a salir del baño buscó en los carteles de los pasillos el que indicara el camino hacia la sala de espera, encaminándose rápidamente hacia ella. Llegó sin que se dieran cuenta de su presencia, encontrándose rápidamente con la escena. Sus suegros estaban sentados en una de las esquinas, posiblemente hablando entre ellos algo que no alcanzaba a escuchar, no demasiado lejos de ellos estaba Hikari, con Takeru mirando fijamente hacia otro punto poniendo caras raras. No le hizo falta llegar a ver lo que su hermano estaba vigilando, suponiendo que serían sus padres en actitud algo más cercana, como pudo comprobar cuando dio un paso más hacia la entrada.

- ¿Se puede saber de dónde has salido tú? – la voz de Taichi a su espalda con su teléfono todavía en la mano.

- Acabo de llegar – anunció, delatando así con su voz su presencia y provocando que la mirada de todos quedara fija en él.

- ¡Yamato! – la voz de Toshiko, mientras que se ponía en pie prácticamente que de un brinco sonó mientras que se acercaba hacia él.

- Tranquila… Están perfectamente las dos – sonrió-. Se las han llevado para poder comprobar que todo esté bien con Sora. Cuando la lleven a la habitación nos avisaran. Ha ido todo muy bien…

- Ha venido Jou antes por aquí a contarnos de qué iba la cosa – le contestó el profesor, quien había seguido los pasos de su mujer.

- Pues… no creo que os pueda contar algo más yo de lo que ya os habrá dicho él… Solo que es preciosa – amplió la sonrisa sin poder evitarlo.

- ¿Tú qué vas a decir? – la voz de su padre, acercándose hacia él hizo que girase la cabeza-. ¿Cómo es?

- Si te digo la verdad…

- Papá, ¿no ves con qué ojos nos viene? Este te digo yo que no ha sido capaz de mirar directamente a la niña todavía.

Ni siquiera el propio Yamato se molestó en contradecir las palabras de su hermano pequeño. Tenía toda la razón del mundo. No se había fijado en gran cosa, estaba demasiado abrumado en aquel momento. Sabía que la niña tenía algún mechón de cabello más claro, pero no podía decir con seguridad del color exacto que era, al haberla cogido entre las mantas y todavía sin limpiar del todo. Pero, realmente, le daba exactamente igual. Era perfecta y no habías más, ni mejor descripción que pudiera dar.

- Sora estaba perfectamente – consiguió seguir hablando-. No hubo problemas con la operación, al menos mientras que yo estuve allí y la doctora dijo que todo estaba bien. Estaba tranquila. No pude hablar con ella porque le han recomendado que no hable hasta dentro de un rato, aunque no tengo muy claro por qué.

- ¿Que no hable? – preguntó Toshiko.

- Sí – se encogió de hombros-. Me pidieron que saliera antes de poder preguntar nada más y… no se me ocurrió hacerlo tampoco – se llevó la mano al cabello, revolviéndoselo.

- Bah, seguro que es por cualquier tontería – acercándose hacia Yamato, Hiroaki finalmente adelantó sus pasos, rodeando los hombros de su hijo con el brazo-. ¿Qué tal se siente el ser padre? ¿Eh?

- Pues… que más me vale que la niña tenga menos afición a matarme del infarto como la que tenía yo contigo – asintió mientras que volvía a sonreír.

- No te diría que eso no te viniera bien para que supieras lo que se siente – riéndose, apretó algo más a su hijo-. Enhorabuena.


Sora se había quedado dormida sin darse cuenta durante el tiempo que le habían dejado en la sala de recuperación. No se había enterado de cuando se habían llevado a Aiko para poder lavarla bien y volver a traerla a su lado. Abrió los ojos lentamente cuando sintió movimiento encima de la ella, encontrándose con la enfermera dejando al bebé de nuevo sobre su madre.

- Vamos a esperar un poco antes de dejarte hablar – le dijo antes de que pudiera decir nada-. Contéstame con movimientos de la cabeza, ¿de acuerdo? – esperó a verla asentir-. Bien… ¿Puedes mover las piernas? Hazlo con cuidado que la herida está fresca y seguramente te duela – se quedó mirando hacia la pelirroja, atenta a sus movimientos, observando ella misma cómo podía hacer lo que ella le pedía-. Perfecto… Ya casi han pasado los efectos de la anestesia más o menos. Luego se pasará la doctora para informarte mejor, ¿de acuerdo? – asintió-. Vamos a llevarte a la habitación dentro de nada, pero la niña tiene que comer ya.

Lo ojos de Sora se quedaron fijos en la enfermera. Al haberse quedado adormilada debido a toda la situación, no había caído en la cuenta de que aquello solía hacerse al poco tiempo de haber dado a luz, y ella ni siquiera sabía el tiempo que había pasado desde que había salido de la sala de cirugía.

- Voy a ayudarte, ¿de acuerdo? Tienes que tener especial cuidado estos primeros días para que el bebé no se coloque encima de los puntos. Al igual que lo mejor será que permanezcas tumbada, al menos hasta mañana… - se acercó a ella, cogiendo a Aiko para poder ayudar mejor a Sora a colocarse-. Tranquila – dijo al ver como intentaba moverse para poder bajarse la bata sin tropezar con la vía – ya lo hago yo.

Ayudándola con la ropa, observó las caras de la recién estrenada madre en todo momento en busca de cualquier signo de dolor. Al asegurarse de que no parecía molestarle nada, volvió a coger a la niña, dejándola ahora en brazos de su madre.

- No te preocupes, ella sola sabrá exactamente cómo hacer – dijo incluso antes de darse cuenta de la mirada interrogante de la mujer-. Voy a ver a otros pacientes de la sala, volveré dentro de un rato. Cualquier cosa me avisas…

Sora asintió, dejando que se fuera, devolviendo entonces la mirada hacia la niña, quien parecía estar empezando a moverse, girándose bien hasta que, finalmente, su capaz de acertar con el pecho de su madre. La sorpresa apareció en la cara de la pelirroja, siendo la primera vez que realizaba aquello, tardando unos segundos en asimilar la situación y en acostumbrarse a ella. En el mismo momento en el que pudo ver una de las manitas de Aiko posarse sobre su piel para agarrarse mejor a ella, sonrió.

No podía apartar los ojos de ella. Todavía no se podía creer que hubiera pasado aquello de verdad. Recordaba la sorpresa que se había llevado al ir al baño y notar aquella extraña sensación antes de darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Había tenido a su bebé, por fin la tenía con ella. Aprovechó para estudiar los rasgos de la niña, dándose cuenta de que tenía la piel todavía sonrosada pero de un tono más pálido que el de ella y que se podían apreciar un par de mechones de color rubio.

No se lo había imaginado en la sala de partos. La niña parecía haber salido rubia… Exactamente como su padre. Esa simple idea no podía gustarle más. Se lo había dicho al propio Yamato, a ella le hacía ilusión que pudiera parecerse a él y… Exactamente eso era lo que había pasado. Retiró la mirada del cabello de la niña, justo en el momento en el que parecía empezar a gesticular, poco a poco, gesticulando mínimamente hasta que, de repente, la mirada canela de Sora se cruzó con…

Aquella era la última imagen que tenía antes de haberse quedado dormida casi, Yamato separándose de su lado y ella dejando sus ojos fijos en los de él. Los de él de ese azul tan poco común en aquel lugar del mundo y que siempre la habían fascinado tanto… Y esos mismos ojos que estaban queriendo abrirse por primera vez. No pudo hacer nada por evitarlo, y se echó a llorar.

Su pequeña tenía exactamente los mismos rasgos que su padre. Sobre todo sus ojos… Hizo un esfuerzo por calmarse y no seguir llorando, no queriendo asustar al personal y especialmente porque no sabía si sería bueno o no, pero no podía evitarlo. Aiko era idéntica a Yamato. No podía ser más perfecta a ojos de su madre en aquellos momentos. Hipnotizada, se quedó observando cómo la pequeña seguía comiendo.


AnnaBolena04: Yamato sabe que ha cogido a la niña de pura casualidad, que si lo dejan yo creo que se piensa que lo que tiene son un montón de mantas y ya. Que no enfoca y no sabe ni lo que ha visto entre los nervios y la situación. Que si le preguntan hace un añitos que si se imaginaba en esa situación seguro que ni se lo imaginaba ni echándole toda la imaginación del mundo. Que tiene a su nenita idéntica a él y con su pelirroja. Pues ya está tiene para fangirlear como si no hubiera mañana.

Y ahora la mami ha descubierto que la nenita es idéntica a su rubio y claro, ahí la tenemos, montando el drama porque tiene una cosita preciosa con ella. ¡Besitos de tortuguita!

Natesgo: se van a ir quedando unos detrás de otros atontados porque tenían todos demasiado mono de que los Srs Tortuga les dieran por fin la nenita para poder fangirlear todo con ella. Que llevan mucho tiempo esperando a que sienten cabeza y ahora que por fin han tenido a Aiko pues solo toca ir haciendo cola para ver quién se muere más del fangirleo.

La competencia es alta, sobretodo entre los que están esperando en la sala de espera en el hospital. Que entre los abuelos y el tito de verdad y el tito postizo van a tener complicada la cosa, eso si el padre consigue llegar vivo a ver de verdad a la niña, que hasta él tiene sus dudas. A ver si salen todos de una pieza del hospital.

¡Un beso!

Guest Vecina: eeeh, vecina, no me remolonees ahora que al final no te has mojado con quién va a ser la madrina jajajaja Dato: yo ya lo tengo escrito desde ayer, incluídas las posteriores reacciones.

Jou sabe que tiene que ir él a poner orden que la tropa que tiene en la sala de espera es demasiado latosa como para poder dejarlo solos, que los más adultos están histéricos también. Así que nada si tiene que ir a azuzarles a las enfermeras con inyecciones para todos para que se comporten de una vez, ya sabemos que va y así de paso aprovecha y reparte algunas collejas.

Los baberos van a ser una pieza importante para todos los presentes a la vez que los pañuelos. Ahora que se aclaren entre ellos a ver quién quiere el primer puesto de montar más el drama de todos ellos y ver si se sale con la suya. y ahora voy a ver si me muero un rarito en alguna parte de la casa porque parezco parte del séquito del hospital porque me han empezado a llorar los ojos que ni veo ahora mismo xDD ¡Un bico grande vecina!