Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 2
Juguemos a las escondidas
Desayuno, que tedioso momento. No porque fuera malo el comer, amaba comer. El problema, era levantarse ni bien los rayos del sol se colaban por el ventanal. Quiero dormir pensé lastimosamente, mientras dejaba escapar un gimoteo bajo al mismo tiempo que apretaba con mis puños las suaves sábanas blancas. Los calidos rayos del sol volvieron a acariciar mi rostro y una pequeña sonrisa se formó en mis labios. El lado positivo era que la noche había sido dejada atrás y había recuperado mi habitual forma. Levanté mis manos, ahora provistas de garras y trate de atrapar los finos y delicados rayos. Seria asombroso si los rayos pudieran ser tomados, para poder guardarlos en un frasco y poder utilizarlos cuando se los necesite. Por ejemplo, en algunos momentos de completa oscuridad, como en mi sueño, me hubiese venido la mar de bien tenerlo.
Al recordarlo, mi pequeña sonrisa se disminuyó. Verdaderamente, esa pesadilla era algo que venía atormentándome desde el inicio de las amenazas. Mi sonrisa se ensancho, al recordar como mis miedos y dudas fueron disipados por mi más grande héroe y protector. Papá. Estaba haciendo un gran esfuerzo por demostrarnos un poco más sus emociones en este último tiempo, aunque ahora, estaba más ocupado que nunca. Cerré mis manos sobre los rayos, y un pinchazo de tristeza me traspaso, cuando un pensamiento, que últimamente era muy recurrente volvió a surgir dentro de mí. A veces, pareciera que se estuviera despidiendo, tratando de generar momentos más dulces o como los de ayer, buscando más contacto. Cerré mis ojos y baje mis manos. No tenía caso pensar en eso ahora, además, pobre de aquel infeliz que osó atravesarse por el camino de su padre. Suspiré, será mejor que me levante antes de que Akira venga a…
—¡¿Todavía no te has levantado?! — Mis manos se dirigieron rápidamente a mis oídos. Pero que pulmones… Tan ensimismada estaba en mis pensamientos que no la escuche acercarse y mucho menos entrar. Ni siquiera sentí su youki. Una de dos o estaba muy dormida o estaba muy dormida. — ¿Sigues así? ¡Levántate ya, llegarás tarde!—
—Ya vo…— Traté de responderle, mientras me sentaba sobre el futón, dejando que las mantas se resbalaran por mi cuerpo. Sin darme tiempo para replicar, me tomo del brazo y me levantó como si de una pluma se tratase. —¡¿Pero qué carajos Akira?! — Grité sorprendida. Su ceño se frunció.
—Cuida tu vocabulario jovencita, esa no es la boca de una dama— Me reprocho, mientras me señalaba con un dedo. Me cruce de brazos y le saque la lengua. — Que madura Mitzuki, ahora, ¡vete a duchar!¡Llegaras tarde, no me hagas repetirlo! — Volvió a gritar mientras me empujaba levemente hacia el cuarto del baño.
—Ya, ya nana— Dije mientras me giraba y caminaba hacia el baño. Al llegar a la puerta, me pare en seco, y sonreí. Una idea se cruzó por mi cabeza. Podía ser mi sentencia de muerte, pero iba a valer la pena.
Lentamente me giré y la vi recogiendo mis libros desperdigados por el suelo, mientras seguía despotricando contra mi "holgazanería". Vamos, solo habré estado 15 minutos más acostada.
—Akira— La llamé, me empecé a reír mentalmente por lo que iba a hacer, sabía que la volvería, literalmente loca y que era una niñería. Pero dicen que no hay que perder el niño interior. Ella levantó la vista rápidamente y poniendo los brazos en jarra me observó con una ceja alzada.
— ¿Sigues aquí? Mitzuki debes…—
—Vieja loca— La corté. Y ocurrió lo que esperaba. Los libros cayeron de sus brazos y sus ojos flamearon. Mis carcajadas no tardaron en llegar.
—¡¿Cómo me has dicho?! — Exclamó.
—Vieja loca— repetí entre risas.
— ¡Ya verás! — Me reí y corrí dentro del baño, con Akira pisándome los talones —¡Ven aquí, enana del demonio! — Me dolía la panza de tanto reírme. Sin previo aviso me lancé a la tina, empapándola en el proceso.
— ¡Aghh!¡Mitzuki! — Otra carcajada abandonó mis labios y un cepillo aterrizó en mi cabeza, que hizo que mis risas aumentaran. —Eres incorregible— Dijo Akira con una media sonrisa bailando entre sus labios. Aunque no lo dijera, le gustaba jugar de esta manera conmigo, le hacían recordar viejos tiempos. Deje entrever un falso puchero, mientras llevaba mis brazos hacia la zona del impacto.
—Auch, eso me ha dolido Aki— No pude aguantar mucho tiempo y volví a reírme, y las risas de Akira me acompañaron.
Al cabo de media hora, ya estaba aseada, vestida y peinada. Me observe en el espejo, una última repasadita antes de salir, nada podía estar fuera de lugar en la Princesa del Oeste. Mi cabello plateado, largo hasta las rodillas, caía en cascada con suaves ondas al final, me había recogido la parte superior de la cabeza con un broche de oro en forma de flores de cerezo –regalo de mi padre, por mi cumpleaños número cinco, era mi objeto más preciado- y mi flequillo caía suave, enmarcando los costados de mi cara por mis mejillas. Estas estaban rojizas por el vapor del baño. Además de que, sobresalían en ellas, las marcas de los Inuyōkai. Una simple franja morada, una línea rosada sobre los párpados y la luna menguante sobre mi frente.
Hermosa, la luna era hermosa. Era algo que portaba con mucho orgullo. Una sonrisa se dibujó en mis labios, mi humor luego del baño, había mejorado considerablemente rayando niveles insospechados, después de todo había sido un muy lindo despertar. El rosa pálido de su yukata, contrastaba con el color cereza que tenía su obi, dándole un aspecto fantástico. Genial, genial, después de todo no ha empezado tan mal el día…Di media vuelta y me apresuré a salir en dirección al comedor.
Al llegar allí, dos guardias me recibieron con una reverencia. Rolé los ojos. Me ven todas las malditas mañanas y siguen haciéndolo, suspiré. Bueno, después de todo es su deber. Les sonreí e incline mi cabeza. Luego de eso, prosiguieron a abrir las puertas.
Dentro del recinto ya se encontraban todos sentados. Al verme llegar, todas las miradas se dirigieron a mí. Y déjenme decirles, que no eran para nada amistosas. Sonreí, tratando de aguantarme el repentino ataque de risa. Claramente, provocado por los nervios y el exagerado buen humor que me cargaba hoy.
—Buenos días— Dije sonriendo anchamente y realizando una reverencia. Un coro de "buenos días, cariño" "llegas tarde, eres una insolente" "Mitzuki, eres una despistada" llego a mis oídos. Una risilla se escapó de entre mis labios, era lo mismo todas las mañanas. Verdaderamente, debería tomar el consejo de Akira y levantarme más temprano.
—Siéntate— se escuchó la voz potente de mi padre y como si de un director de orquesta se tratase, el aluvión de saludos frenó. Le sonreí y me dirigí a mi sitio habitual, al lado de mi madre. Esta me recibió con una sonrisa y una caricia en la mejilla. Le sonreí y en un rápido movimiento besé su mejilla. Sin prisa ni calma, el sonido de los cubiertos al moverse por la mesa, comenzó. Y como todas las mañanas levante mi vista para observar a mi familia.
Mi padre, sentado en la cabecera de la mesa, se encontraba con la misma expresión estoica de siempre. Casi ni tocaba alimento, pero si tomaba como religión, su fuerte y amargo té verde. Sentada en el lado derecho se encontraba mi madre, con su eterna sonrisa y dulce mirar, se hallaba degustando su fruta favorita: las frutillas. Son tan diferentes y a la misma vez tan complementarios. Sonreí disimuladamente mientras sorbía de mi dulce té de jazmín. Sí, estoy enamorada de la pareja que formaban mis padres, mátenme por eso.
Al frente nuestro, se encontraban mis dos hermanos mayores. Ambos eran gemelos, pero eran dos gotas de agua totalmente distintas.
Senshimaru, sentado a la izquierda de mi padre, tomando lo mismo que él. Su nombre significaba "guerrero perfecto", cosa que lo era al ser una copia exacta de mi padre, no solo en lo físico, si no en la personalidad. Era estoico, frio y calculador. Lo único que lo diferenciaba de él, era su larga cabellera caoba, como la de mi madre y la falta de luna menguante sobre su frente. Aunque, debo contarles un secreto, Senshimaru o Aru como le solía decir de pequeña, posee una sonrisa preciosa, resplandeciente, como la de mi madre. Pero bueno, es un fenómeno muy raro, pero ocurre de vez en cuando.
Y sentado a su lado, se encontraba Hiroshi, este se encontraba degustando un pastelillo de limón con una tierna sonrisa en su rostro. Si, dije tierna. Sonreí involuntariamente. A él también le faltaba la luna menguante para ser una copia exacta al carbón de mi padre, más que Senshimaru, ya que Hiroshi, al igual que yo, era dueño de su característica cabellera plateada. Sin embargo, su personalidad era como la de mi madre. Sonreía en todo momento, expresaba libremente sus sentimientos y siempre tenía una dulce expresión en su rostro. Era mi fiel compinche para las travesuras. Su nombre, lo decía todo -"generosidad"- era lo que poseía en exceso y lo que todo su ser proclamaba.
Ambos, al igual que yo, poseíamos el signo inequívoco de la unión entre una humana y un yōkai. Coronando nuestras cabezas, portábamos las mismas orejas que mi tío Inuyasha. Y las portábamos con orgullo. Somos verdaderamente muy unidos entre nosotros, claro que siempre había alguna que otra discusión –como en toda familia- pero nos amábamos mucho.
—Madre, hoy traeré más de esos frutos del sur que tanto te gustan— informó de pronto Senshimaru. Siempre taan formal. Mamá lo miro con sorpresa.
—No es necesario, pequeño— Le sonrió mi madre con dulzura y mi hermano se sonrojó por el apodo. Bobo. Quise reír por su reacción, pero me contuve, no quería morir joven. —No quiero que vayas tan lejos, solo por un capricho mío cariño, prefiero que te quedes aquí— Concluyó mi madre.
—Pero, mamá…—Trató de replicar Senshimaru, pero Hiroshi lo retuvo.
—Senshimaru, no queremos perderte pequeño— Hiroshi le tomo una mejilla y se la apretó, tomándole el pelo por su reacción ante los apodos de mi madre. Mis ojos se abrieron y me reí, escupiendo parte de mi té en el proceso. Gracias Hiroshi…
—Cierto, cariño—Le seguí el juego y la carcajada limpia de Hiroshi resonó fuerte y por el rabillo del ojo vi a mi padre realizar una mueca muy parecida a una sonrisa. Mi madre parecía no comprender que estábamos gastándolo. Senshimaru rojo como un tomate, se quitó de un golpe la mano de Hiroshi.
—¡Cállense, par de tontos! —Estaba hecho una furia, lo que causaba más risa. Sin embargo, una sonrisa se dejaba entrever entre sus labios, después de todo no podía negar que se comportaba como un niño mimado con mamá. Con un suspiro, Senshimaru se dirigió a mamá que seguía confundida con lo sucedido. —Está bien, debo realizar una misión de reconocimiento por esa zona—Anunció y al instante su expresión cambió. Había dicho algo, que no tenía que decir. Silencio.
Mi madre se angustio ipso facto, al igual que Hiroshi y por supuesto, yo, pero no mencionamos nada al respecto. Papá endureció el gesto, tampoco estaba muy de acuerdo, es más parecía molesto. De un momento a otro, el ambiente se volvió tenso y cargado. Se había vuelto muy riesgoso salir.
—No me han informado de tal— dijo severo mi padre, observándolo fijamente. Reproche oculto en su voz. Senshimaru le devolvió la mirada, claramente lo último se le había escapado y no había planeado decirlo hasta último momento.
—Padre…— comenzó.
—Creí haberte dicho que no tomaras ninguna misión. Lo discutiremos luego— Le cortó serio, amenazador, frio. Ni rastro de la mueca que hace unos minutos estaba allí. No había dudas, Senshimaru iba a ser regañado y sería un milagro o de verdadera urgencia si lograba salir de misión. Suprimí un suspiro, a veces se la daba de valiente y se exponía mucho. Entendía que le gustaba demostrar que era un buen guerro y que le gustara que papa lo felicitara, pero no que ponga su vida en riesgo por ello.
—Pero debo…— Mi padre clavo su vista sobre él, callándolo.
—Luego— ordenó.
—Cuídate mucho Senshimaru, por favor— le susurro mamá angustiada. Claramente era un "no hagas nada imprudente, por favor" Hiroshi observo a mi madre con compresión. Mi mandíbula se tensionó, no me gustaba que mi madre hablara con ese tono. Senshimaru bajo la cabeza, consiente del ambiente generado.
—Sí, mamá— le susurro, arrepentido por haber causado malestar en ella. Mamá trato de sonreír y asintió dos veces con la cabeza. Desde que las amenazas empezaron en las horas de comida, siempre alguien realizaba algún comentario imprudente, sin mala intención, pero que desembocaban en estas situaciones. Empezaban con un comentario cotidiano, pero se volvían verdaderamente tensas y cargadas de angustia. Una porquería y totalmente incómodo. Dirigí mi mirada hacia mi padre. Sus ojos estaban fijos en mi madre. Claramente charlarían después.
Luego de esa conversación, se dio por finalizado el desayuno. Cado uno se dirigió a sus labores. Yo tenía clases de Historia, Hiroshi debía entrenar. Senshimaru y papá se dirigieron a la cámara de guerra, un escalofrió recorrió mi espalda. No me gustaría estar en sus zapatos en este momento. Suspiré, mis hermanos contaban con 28 primaveras recién cumplidas, mientras que yo contaba con solo 20 primaveras.
Y ya estábamos inmiscuidos en tema de guerras, política y sobre como gobernar. No era que me quejara, pero éramos jóvenes en comparación a los otros demonios dentro de palacio. Demasiado jóvenes. Estaba demasiada sumida en mis pensamientos caminando hacia la biblioteca, cuando una mano sobre mi hombro me saco de mi ensoñación, activando todas mis alarmas. Me giré con violencia, lista para luchar. Mis ojos se abrieron de golpe al encontrar a mi madre con una pequeña sonrisa en sus labios y una mueca que decía que estaba a punto de realizar una travesura. Sigue siendo una niña pequeña, a veces. La situación del desayuno, me había dejado más tensa y preocupada de lo que pensaba.
—Me has asustado, mamá— replique con diversión.
—Lo siento— dijo riendo— No era mi intención hacerlo— Me observo y añadió con expresión picara— ¿Quieres acompañarme al jardín y saltearte una solitaria clase de historia? — Mis ojos se abrieron por segunda vez con sorpresa y la risa broto de mis labios.
—Mamá, tú eres la adulta aquí, ¿lo sabes, no? — Dije con la diversión bailando en mi voz — Papá me asesinara— agregue riendo suavemente.
—Tu padre no dirá nada si yo estoy allí— dijo con total confianza — Será nuestro pequeño secreto, ¿qué dices?— susurró colocándose un dedo en los labios y guiñándome un ojo. Me reí silenciosamente y negué con mi cabeza. Verdaderamente, mi madre era alguien excepcional y única. El complemento perfecto para mi padre. No lo pensé mucho más, era mejor estar en el jardín disfrutando del hermoso día, que encerrada leyendo las miles de batallas libradas en el reino.
—Yo hago lo que me digas— Dije sonriendo, mientras enroscaba mi brazo con el de mi madre y caminábamos hacia los majestuosos jardines de palacio. Los que eran cuidados enteramente por ella y amados por todo el palacio. Mi madre roló los ojos.
—Ya, debes hacer mas caso Mitzuki— Oh, oh, alerta, indirecta, indirecta de violación de normas. La observé mientras nos dirigíamos al jardín norte. Dirigí mi vista hacia el frente. Me resultaba imposible esconderle algo, éramos las únicas mujeres en la familia y siempre nos habíamos apoyado. Más al tener que lidiar con tres hombres súper celosos y protectores.
—Fue por una pesadilla— Susurré y bajé mi vista, un tanto avergonzada. Ella acaricio mi palma, reconfortándome.
— ¿Quieres contarme de que iba? — Por alguna extraña razón, no quise mencionársela. Era demasiado abrumadora y aterradora. Sin contar que incluía un horrible lobo en ella y ya bastante se había angustiado en el desayuno. Miré hacia un costado, no quería mentirle, pero tampoco quería preocuparla.
—No recuerdo muy bien de que iba mamá, solo sé que fue muy horrible— Los ojos chocolates de mi madre se posaron en mi rostro y supe que estaba siendo analizada. Seguí observando el piso. Un suspiro abandono los labios de mi madre.
—Cuando estés lista, escucharé— Fue su única respuesta y sonrió. Como pensaba, no logré engañarla, me conocía demasiado bien. Pero jamás me presionaba para hablar de algo si no quería y eso era algo que agradecía enormemente. Le sonreí de vuelta.
—Dalo por hecho mamá— El resto del trayecto fue en silencio, ya estábamos cerca. Llegamos a la entrada del jardín, y cruzamos directo hacia nuestra banca favorita. Una que estaba cerca de una cascada artificial rodeada de árboles de cerezos y flores de varios colores.
— ¿Has visto como han florecido las flores de cerezo? — Me cuestionó sonriendo mientras nos sentábamos. Sonreí y nos enfrascamos de lleno en la naturaleza y de disfrutar de la compañía de la otra.
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Luz, aves cantando, sonrisas sin fin, conversaciones infinitas y los dulces aromas de las flores. Ese sería un gran resumen para nuestro día.
Odio que deba agregarle la palabra preocupación. Luego de la cena, despedimos a Senshimaru y a mi padre. Al parecer, verdaderamente requerían su presencia inmediata por allí y con mucha urgencia. No quería pensar que es lo que estaba sucediendo, no dieron mucha explicación. Estarían de vuelta mañana por la mañana. Suspiré por decimoquinta vez.
—Si sigues suspirando, te vas a desinflar— Hiroshi me abrazó por detrás, y apoyo su mentón en mi hombro derecho. Como era costumbre sonreía — Descuida, estarán bien— Me giro en sus brazos y besó mi frente y acarició la coronilla de mi cabeza. Tal como lo hacía papá, logrando serenarme. Le sonreí.
—Gracias, Oshi— le susurré mientras me escondía en su pecho. Él se rio suavemente.
—Para eso estoy— Luego deshizo mi abrazo, y palmeo mi cabeza, su rosto se tornó serio.
—Debo hacerme cargo de los deberes de papá y Senshimaru junto con mamá. Tú ve a dormir— dijo con seriedad y se giró para dirigirse a la maldita cámara de guerras. Resignada, me dirigí hacia mi habitación. Siempre me dejaban fuera sobre temas del reino. Todavía no decidía si eso era bueno o malo.
En el trayecto trate de dejar mi mente en blanco y relajarme. Salude algún que otro guardia y sirviente de palacio. La noche se tornaba más movidas, dado que habían aumentado hace poco el número de las guardias.
Llegué a destino completamente relajada. Corrí lentamente las puertas de mi habitación, y me disponía a entrar cuando me quede de piedra en la entrada, percibía algo extraño. Estaba todo revuelto como si un tornado hubiese pasado por allí. Estaba a punto llamar a Hiroshi o Akira cuando, de pronto, una mata de pelos azulados se lanzó sobre mí, llevándome al suelo junto con ella.
-¡Mitty! ¡Mitty! — Haruka reía sin parar entre mis brazos mientras toqueteaba mi cara. Suspiré, era el segundo susto en el día. Debía estar un poco más atenta, por lo menos usar más el olfato y el oído. Riéndome la abracé, disfrutando de sus torpes caricias, no la había visto en todo el día. Su cabello estaba suelto y enredado, pero seguía siendo una digna herencia de su padre.
—Hola torbellino, ¿estás sola? — Le pregunté. Era muy raro que la dejaran vagar por el palacio sola, considerando que solo tenía dos años.
La niña me miro con sus ojos color violáceos, los mismos ojos que su madre y sonrió pícaramente mientras se colocaba las dos manitos sobre sus ojos.
—Didas, con Tokka— Traducción, estaba jugando a las escondidas con Gentokka. Me reí. Seguramente debe estar preocupado buscándola por todos lados. Gentokka era el segundo comandante del ejército e hijo del primer comandante, Takeshi y mi dulce –nótese la ironía- nana Akira. Y esta preciosura era su hermanita menor. Seguramente Akira está ocupada con mamá y le pidió a su primer hijo que la ayudara. Pero evidentemente se le habían dificultado un poco las cosas. Me reí, seguramente estaría hechando humo y murmurando "soy un general, un soldado, no un maldito niñero". Tambien debería estar muy preocupado. Mientras la niña se disponía a bajar, la tome de la cintura y la alce sobre mi cabeza sonriendo. Ella rio y trato de alcanzar mi rostro.
—¡Mitty!¡Mitty!¡Jugar! — Gritaba emocionada y reía. Le sonreí y besé su pancita, provocando una nueva ronda de carcajadas.
—Haruka, cariño ¿te parece buscar a Tokka por allí? — Señalé fuera de mi habitación — Creo que está perdido— le dije con un puchero y acercándola a mi pecho. Su boquita formó una perfecta O y sus manitas se dirigieron a sus mejillas.
— ¡Rescatar Tokka! ¡Vamos, vamos!— Se removió inquieta entre mis brazos. Otra risilla se me escapo de entre mis labios.
—Ya, ya, tranquila, estamos yendo— Dije intentando de contenerla, y encaminándome hacia el jardín oeste. Allí jugábamos siempre y tenía la corazonada de que Gentokka estaba allí con el alma en vilo— ¡Tengo una idea! ¿Lo sorprendemos? — Mencione mirándola emocionada. Ella rio y aplaudió con sus manitas. Cosita preciosa que es…Tomé aquello como una afirmación. Rápidamente trote hasta el jardín, mientras hacía morisquetas y jugaba con la niña.
En cuanto puse un pie en el jardín, se confirmaron mis sospechas. Allí como león enjaulado estaba Gentokka, con su largo cabello rubio (el mismo que posee su madre) anudado en una coleta alta, con rebeldes mechones cayendo por su frente. Estaba usando su típica armadura y por lo más hermoso en este mundo, que no podía lucir más perfecto. Por lo menos, a mis ojos. Movía su nariz de un lado a otro, tratando de captar el aroma de Haruka.
—¿Dónde mierda te has metido? Enana del demonio—Mascullaba por lo bajo. Tal y como pensaba… Le hice señas a Haruka para que se mantuviera callada y ella asintió. Bajando mi nivel de youki al minimo, intente acercarme a él lo más sigilosa y lentamente posible. Rogaba para que no se volteara y nos descubriera. Antes de que pudiera predecirlo Haruka y yo saltamos sobre él.
—¡Bu! — Grité. Mientras caíamos los tres al suelo. Las risas de Haruka no tardaron en llegar y las mías llegaron al ver la cara de desconcierto de un Gentokka derrotado.
—¡Bu!¡Bu!¡Bu, Tokka! — Reía Haruka. Sus ojos se dirigieron hacia la niña y pareció comprender lo sucedido, hubiese hecho algún chiste sobre generales despistados, pero su cara estaba pasando de la preocupación al alivio, del alivio al enojo. Oh, oh… —Haruka— En su voz había advertencia y la niña dejo de reír para esconderse en mi cuello. Debilidad, oh, maldita debilidad mía por esta niña… En un rápido movimiento lo tenía frente a mí, de rodillas, estirando sus brazos, pidiéndome a la niña. Largue un suspiro y me senté en el suelo más convenientemente. ¿Es que se había olvidado de cómo sonreír?
—Lo siento, la he retenido en mi habitación— Sus ojos verdes, chocaron con mis ojos dorados. Claramente no esperaba que le diera esa información y menos que saltara defendiendo a la niña. Mierda, ¡di algo! — Estábamos jugando— Concluí. El me miró y sonrió. Morí, ¿verdad? Porque estoy en el puto cielo. Después de todo, si sabias. Tonto.
—Gracias, pero no sirve de nada intentar de excusarla — Murmuró por lo bajo, nuevamente serio. Suspiré. Su sonrisa no había durado ni dos minutos. Me miro y extendió sus brazos hacia Haruka. La niña se aferró más a mi cuello—Vamos Haruka, deja a la Princesa en paz, ya has jugado con ella— ordenó.
La niña salió del escondite de mi cuello y al ver a su hermano con semblante afable y no con la expresión de enfado que tenía hacia unos segundos, sonrió y estiro sus brazos hacia él. La recibió de lleno en sus brazos y la abrazo con fuerza entre ellos. Después de todo, era un hermano mayor preocupado, dijera lo que dijera. La escena me estaba haciendo hiperventilar de lo enternecedora que era. Un soldado, con un porte magnifico y duro, aferrándose a una pequeña con adoración y afecto. Sonreí ante la imagen frente a mí.
—No vuelvas a hacer eso—le susurro en su oído a la pequeña—me has dado un susto de muerte— La pequeña asintió y beso la mejilla de su hermano. Gentokka levantó la vista de Haruka y volvió a posar sus orbes sobre mí. Ya… En un mismo movimiento bajo a la niña y se acarició su cabeza, le mantuvo la mirada— Entra a palacio, mamá te espera en la cocina, ¿lo has entendido? — La niña rio y corrió adentro. Gentokka se levantó y me miro de nuevo. Extendió su mano, pero la rechace, me quedaría sentada en el pasto unos segundos más. No había visto la hermosa noche que había y quería disfrutarla un rato más. Cerró sus ojos y susurró:
—Lamento si ha causado alguna molestia, pe…—
—No es molestia en absoluto, Gentokka, Haruka es una niña muy dulce y divertida, me gusta mucho pasar tiempo con ella y lo sabes— No deje que terminara la frase y lo corte. El me miro de nuevo y asintió.
—Vuelva a palacio, por favor, es muy tarde para andar rondando por la zona— Agregó con severidad. Yo suspiré, arrancando mi vista del cielo nocturno y posándola en el.
—No me trates de usted. Ya te lo he dicho. Somos amigos desde pequeños tienes el derecho a llamarme y tratarme como plazcas— Dije un poco enfadada por esa actitud que se estaba cargando estos últimos años.
—Eres la princesa, debo tratarte como tal— Me respondió, cansado ya, del mismo reproche. Su mirada se dirigió hacia la noche. No quería pelear, así que haría un movimiento arriesgado.
—Siéntate un rato a mi lado, la noche esta preciosa— Le susurré sonriendo —Como en los viejos tiempos— concluí. Mi miro con la duda bailando en sus ojos, pero luego suspiró. Y una pequeña sonrisa se formó en sus labios. ¡W-O-A-W, dos en un día! Todo un record…
—Solo por hoy— Y se sentó a mi lado, muy cerca, rozando nuestros brazos. Mi corazón explotó. Sonreí y apoyé mi cabeza en su hombro.
—Gracias—Susurré y cerré mis ojos. No hubo respuesta de su parte.
—Si cierras los ojos, no verás las estrellas y yo no pienso llevarte dormida, pesas mucho— bromeó. Levanté y giré mi rostro hacia él para contestarle, pero no noté lo cerca que estaba. Milímetros, era lo que separaban su boca de la mía y fue peor cuando nuestras miradas se prendieron. Me estaba fundiendo en ese mar verde y sin querer me acerque un poco más por inercia. Mis ojos se fueron cerrando de a poco, al igual que los de él y cada vez la distancia era menor hasta que el ruido del recambio de guardias rompió el mágico momento.
Se separó rápidamente de mí, como si mi contacto quemara. Mientras yo parpadeaba sin saber muy bien que era lo que lo hacía correr de esa forma. Y antes de que pudiera decir algo, ya estaba de pie.
—No te quedes mucho tiempo fuera, es peligroso a pesar de las guardias— Dijo dado vuelta, sin mirarme. Odiaba cuando hacia eso. Parecía que nos íbamos a besar hace segundos y ahora se portaba como un verdadero idiota. Enojada, miré hacia el frente, ni siquiera quería verle la espalda en este preciso momento.
—De acuerdo— dije a secas, con un tono totalmente ofendido y dolido. El asintió con la cabeza.
—Buenas noches— Terco. Idiota. No le respondí, si lo hacía era para gritarle un púdrete o golpearlo en sus partes pudientes. Menudo imbécil. Él se dirigió a la entrada del jardín y desapareció por el inmenso castillo.
Gentokka… Me acosté con violencia en el pasto, tenía ganas de gritar y patalear. En conclusión, realizar un completo berrinche. Forme mis manos en puños y golpee el pasto, dejando un leve pozo alli. No lo iba a negar, llevaba enamorada de Gentokka más de lo que me gustaría admitir, básicamente desde sus tiernos 13 años. Gentokka tiene la misma edad que mis hermanos y de pequeños jugábamos mucho juntos. Pero cuando cumplí 16, todo eso cambio y rara vez me dirige una sonrisa o me trata con informalidad como hace un rato. Se ha vuelto mucho más serio conmigo. Suspiré. Todavía no se la razón de ese distanciamiento, pero sí sé que cuando estamos solos, surgen este tipo de situaciones y ya no soy una niña pequeña. Evidentemente algo pasa entre nosotros, lo que no entiendo es porque él no quiere dejar que ocurra. Eso me frustra y me duele. Se lo he sacado a colación incontables veces, pero evita o esquiva el tema. Maldito infeliz.
Mis ojos se nublaron, no quería llorar. No por este motivo de nuevo. Pero antes de que pudiera entristecerme de verdad, algo llamo mi atención. Me paré de un salto, como si algo me hubiese impulsado desde el suelo, me sentía observada. Demasiado, como si alguien estuviera apuntándome. Fue de repente y todos mis sentidos se pusieron alerta. Mi mano se dirigió a la empuñadura de mi espada. Vaya momento para no tener mi alabarda, esta estaba recibiendo los últimos retoques con Totosai. Maldije mi mala suerte, por lo menos me defendería. No sentía ningún aroma, salvo de los que comúnmente rondan en el palacio, no había ningún ruido fuera de lugar, no había nada. La nada misma. Y a su vez, eso era aterrador. Mucho más aterrador. Todos mis músculos se tensaron, mi instinto me decía que huyera. Apenas pude reaccionar, ya que sin previo aviso una flecha fantasmagórica salió disparada de entre los árboles. Y todo se volvió negro.
¡Hola, buenas noches! Soy nueva, nuevita por acá. Hace mucho que rondo por Fan Fiction, pero nunca me había animado a subir una historia. Espero que sea de su agrado y cualquier crítica ¡es muy bien recibida! Gracias a los que leyeron mi historia y a todas las alertas, favoritos y follows J
Un saludo enorme desde Argentina!
