Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.

IMPORTANTE: Buenas tardes, disculpen la tardanza, la universidad me consumió. Antes de que empiecen a leer el capítulo 4, he reeditado el capítulo 3, agregándole una escena que al releerla me pareció importante agregar para el desarrollo de la historia. Mil disculpas, sin más preámbulos, el cap.

Espero que lo disfruten.

Capítulo 4

¿Qué cosa?

—¡Paren de una maldita vez!

Mi grito resonó por las paredes del castillo, al mismo tiempo, las voces se detuvieron junto con el roce de las armaduras. Al parecer toda la actividad dentro de palacio se detuvo por medio minuto. Sentí la mirada de ambos sobre mí y el cuchicheo de los sirvientes. Era algo muy anormal que elevara la voz. Mucho más que lo hiciera con un vocabulario tan impropio. Pero era la quinta. a. La quinta vez que aquellos dos discutían sin razón aparente en los diez minutos que llevaban juntos. Por lo menos, en lo que a mí respecta, estaban insufribles. Masajeé mis sienes tratando de alivianar el incipiente dolor de cabeza que tenía y seguí caminando, dispuesta a poner la mayor distancia posible entre ellos y yo. Sus pasos se reanudaron rápidamente detrás de mí, y los leves empujones volvieron a su curso normal. Bufé por lo bajo y rolando mis ojos me giré a enfrentarlos, al parecer mi grito no fue lo suficientemente claro. Ambos frenaron de golpe al verme, uno con curiosidad y el otro sudando la gota gorda, conocedor de que no era bueno que yo me enojara.

—¡Compórtense acorde a sus puestos! Parecen dos críos peleándose por un juguete y no los GRANDES-nótese el sarcasmo- generales de las Tierras del Oeste. Me están avergonzando con esta actitud tan infantil. Nuevamente, compórtense.

Si las miradas matasen, la mía los hubiese prendido fuego en el lugar en el que estaban. Me giré dispuesta a seguir mi camino, ignorándolos olímpicamente.

—Creo que esta de mal humor…

Frené de golpe y me giré violentamente, con el puño en alto, estampé al idiota de Kentaro en la pared más cercana. Gentokka empezó a descostillarse de la risa, lo que provocó que terminara tirado al lado de su compañero. Ambos lucían consternados, como si no pudieran creer lo que la dulce Mitzuki, había hecho. Estaba por retarlos de nueva cuenta, cuando gritaron mi nombre.

—¡Mitzuki! ¡Mitzuki!

Por el corredor Norte, cruzando todo el jardín, venia corriendo Harumi, una demonio ave, muy hermosa, sirviente y muy amiga mía. Me adelanté unos pasos, parecía muy agitada. Llego ante mí, con el aliento en la garganta, se agachó colocando sus manos en las rodillas, tratando de recuperar el aire. Preocupada, me acerqué a ella y coloqué una mano en su espalda, acariciándola levemente.

—Harumi ¿qué sucede? ¿Estás bien? —Pregunté sumamente preocupada. Ella levantó la mano, pidiendo un tiempo, para poder recuperarse. Ambos generales ya estaban levantados y se limpiaban los restos de escombros de sus ropas.

—T-Tienes que ir a la s-sala de t-té— Expresó casi sin aire Harumi. —Te requieren allí.

La miré extrañada, si me necesitaban en la sala de té, era porque había una visita importante. ¿Quién sería? En tiempos de guerra, nadie visitaba a nadie, a menos que sean aliados potenciales. Y los más interesante… ¿Por qué me necesitaban a mí? Si era alguien verdaderamente importante, tendrían que recurrir a Hiroshi.

—¿Por qué necesitan a Mitzuki? —Cuestionó con voz grave Gentokka. Harumi lo miró y luego levantó una ceja al ver su estado.

—No dejan de molestarla, ¿eh? —Dijo disgustada Harumi, le había contado, más bien quejado sobre ellos. Kentaro y Gentokka, gruñeron en respuesta y ambos desviaron la vista, totalmente molestos. Idiotas. Harumi llamó mi atención. —No sé por qué te requieren allí, Hiroshi solo me dijo que tenías que ir a la sala de té y que era urgente. Perdón, no logré dar contigo antes, te busqué por todo el palacio.

Coloqué una mano en su hombro y le sonreí levemente.

—Está bien Harumi, gracias, iré de inmediato. —Harumi me sonrió, luego con gesto asqueado se dirigió a los generales.

—Pórtense bien y no hagan enojar a Mitzuki, para de zánganos.

Ambos con gestos molestos e irritados, dieron un leve asentimiento. Creo que fue más que nada por mi mirada.

—Bien, me retiro, con su permiso— Y en un santiamén, desapareció por corredor, corriendo a quien sabe dónde. Genial…Este día iba de mal en peor. Y tenía que controlar a las dos bestias que estaban detrás. Los últimos tres días habían sido un verdadero suplicio. Gentokka y Kentaro no dejaban de pelear ni un segundo, además de no dejarme sola ni cinco minutos. El momento de infierno se desataba en el instante que debían cambiar la guardia. Los turnos constaban de doce horas completas, así lo había resuelto Hiroshi. Y el único que estaba fuera de lugar en este momento, para mi mala suerte, era Gentokka, su turno era en 5 horas.

Al parecer esos dos siempre se habían llevado como los mil demonios y ahora, que se cruzaban más seguido, resurgían las pequeñas zarcillas, terminando yo en medio de ellas. Suspirando, me giré y los miré, tenía que dejar en claro lo obvio. Genial, simplemente genial, es lo que necesitaba… pensé con sarcasmo.

—Tú— dije señalando a Gentokka— Tu turno es de noche, así que, largo.

El mencionada abrió los ojos como platos, no esperando semejante reacción de mi parte.

—Pero…

—Pero nada— le corté, endureciendo la mirada, me respondió con el ceño fruncido y una mirada helada. —Tu turno es de noche, respétalo. Y tú— señalé a Kentaro, que parecía estarse regodeando en la victoria— compórtate como un adulto, si Gentokka quiere venir a hablar conmigo o cualquier otra persona, no puedes ponerte así de pesado. —Kentaro se cruzó de brazos y bajo la vista como un niño regañado. —Ahora, andando.

Cerré mis ojos y apreté el paso, dirigiéndome al salón del té. No estaba muy lejos, solo tenía que pasar tres habitaciones más, y doblar a la izquierda en el corredor, al final de este, se hallaba mi objetivo. Sentí la presencia de Gentokka tomar el camino contrario, en completo silencio. Parecía herido, pero no me dejó otra opción, me estaban sacando de mi eje verdaderamente. Kentaro caminaba varios pasos detrás de mí, sin mencionar palabra alguna.

Sin proponérmelo, empecé a darle vueltas al hecho de hace unos días, tratando de recordar todo, algo tendría que haber pasado por alto. Algo tendría que darme un poco más de explicaciones. Luego de ese día, no había pasado nada extraordinario, ni siquiera me sentía mal. No había tenido ni una pesadilla desde ese día y eso me tenía mucho más preocupada. Se sentía como la calma anterior a la tormenta. Pero como si de un rayo se tratara, una frase del general Kentaro resonó en mi mente "Estaba en el jardín Este…" Me frené de golpe antes de tener que girar sobre el corredor.

¿Cómo?

—¿Sucede algo? — Preguntó Kentaro. Lo miré sobre el hombro y sonreí levemente.

—No, no es nada. Me acordé de algo.

—Oh, está bien.

Reanudé mi marcha, adentrándome en el corredor. Indudablemente, yo me encontraba en el jardín Oeste. ¿Cómo mierda había hecho para parar al otro lado del palacio, si estaba inconsciente? Esto se estaba poniendo cada vez peor. Después de darle vuelta al asunto unos minutos, solo encontraba tres opciones lógicas. La primera y la más escalofriante, era que la misma persona que me había atacado, me había movido de lugar, pero ¿con que fin? Mis vellos se erizaron de solo pensarlo. La segunda y menos probable, era que el general simplemente se haya confundido por el estado crítico de la situación, aunque lo dudaba mucho. Y la última, la más descabellada, era que el general había mentido, pero ¿con que razón? Negué varias veces con mi cabeza, para sacudirme esa idea. Seguramente el general haya sido el que frustró sea lo que sea, lo que el intruso quería hacer llevándome al jardín Este. Si, si, seguramente. Además, ahora había otro tema que me preocupaba ¿quién era la extraña visita?

—Princesa…— Me sobresalté. Kentaro me observaba preocupado— Verdaderamente… ¿se encuentra bien? Se ha quedado mirando el picaporte.

—S-si, lo siento. Me he perdido en mis pensamientos— dije sonriendo, un tanto avergonzada y nerviosa.

—Creo que no debe hacer esperar más a la persona…—Empezó Kentaro, suavemente, como si estuviera esperando que lo asesinara de un momento a otro. Lo miré y asentí. Extendí mi mano y empujé la puerta. Empalidecí al ver quien se encontraba dentro.

—Sigues igual de insolente que tu madre, niña.

Que alguien me salve.

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Un gemido se escapó de sus labios. Era la tercera vez que tenía que reescribir la carta. Nunca en su corta vida, le había tocado escribir una carta de rechazo nupcial. Carajo, que eso de los matrimonios por conveniencia eran una porquería, ni siquiera su padre estaba de acuerdo en estos puntos y mucho menos la romántica de su madre.

—¿Frustrado, pequeño cachorro? Tal vez, deberías de aceptar…

—Cállate, infeliz.

Takeshi largo una carcajada sonara y Hiroshi se ruborizó hasta los pies. Estaba seguro que deseaba rechazarlo, pero en serio, le daba pena. Se sentía mal. No tenía ni idea como su padre respondía a esto. Tal vez, lo dejaría para más tarde, cuando se serenara.

Los últimos días, habían sido extrañamente tranquilos y su padre volvería mañana por la mañana, así que no había de qué preocuparse. Bueno, si lo había, Jaken todavía no había vuelto de su expedición y por el momento no había encontrado nada que le fuera de utilidad, su hermana había actuado normal y los reportes de los generales sobre su cuidado, no demostraban algo inusual en su comportamiento. Aunque, se notaba que era cada vez más frecuente verla sumida en sus pensamientos. Suspiró, decidido, esa cara la contestaría su padre y ya.

—¿No deberías estas con madre? En vez de estar comiéndote todos los bocadillos que Akira prepara para mí — Musite con reproche, mirándolo. Takeshi levanto la vista con la boca llena de dulces, con cara de no estar haciendo nada malo. Role mis ojos. ¿En serio esa persona se consideraba como mi abuelo? Se comportaba como un verdadero niño, yo debería estar haciendo eso y no él. Intentó hablar, escupiendo varias migas en el proceso, lo que provocó que me riera. Este sonrió como pudo y trago. Todos los dulces. De un solo bocado. Era un cerdo.

—Está tomando un baño y se encuentra con Akira, le dije que la vigilara hasta que terminara y cuando lo hiciera que viniera directo conmigo. A menos que quieras que yo la ayude con el baño…

—¡No sigas! — Le grité molesto. El volvió de nueva cuenta a reír.

—En cuanto a los dulces, son deliciosos y Akira se niega a prepararlos a menos que a algunos de nuestros hijos o ustedes lo pidan. Dice que es mi castigo por mis chistes. — Se encogió de hombros y sonrió pícaro. — Siempre consigo que alguien lo pida para poder comerlos, a escondidas, aprende de tu sensei, cuando estés casado lo entenderás. —Me guiño el ojo y yo sonreí con malicia.

—¿En serio, General Takeshi? —Se escuchó la voz enfadada de Akira —¿Qué otros grandes consejos tienes para mi pequeño?

El plato que contenía los dulces resbaló de sus manos y un escalofrió recorrió la espalda del general. Se giró lentamente, como si quisiera retrasar la muerte que le esperaba. Allí, en la entrada hecha una furia se encontraba Akira con los brazos en jarra y a su lado, su madre con el ceño fruncido y de brazos cruzados. Ahogue una risa al verlo sudar la gota gorda.

—Prosiga general, quiero escucharlo— dijo mi madre seriamente, clavándole la mirada, lo que provoco otro escalofrío, muy notorio, en el sudado general. Nervioso, comenzó a acomodarse y reacomodarse la armadura del cuello.

—Sí sensei, no puedo vivir sin tus consejos— dije divertido. Takeshi me dirigió una mirada furibunda, totalmente nervioso y no pude contenerme más, me carcajeé libremente, como no lo había hecho desde el accidente, tanto que tuve que tomarme del estómago. Las féminas al verme reír, se relajaron considerablemente. Mamá sonrió suavemente. — Ya, déjenlo, solo quería tus dulces nana— dije suavemente. Takeshi me miro como si fuera su salvador.

Akira se acercó lentamente hasta él, con su fuego en su mirada. Dos cosas pasaron por mi cabeza, la primera era que quien diría que la simple mirada de su esposa, pondría a un general milenario y rudo como Takeshi, nervioso hasta la medula, hasta hacerlo sudar. Y segundo, no me gustaría estar en sus zapatos. Akira levanto un dedo acusador contra su marido.

—Tú y yo, discutiremos esto más tarde— No, definitivamente, no me gustaría estar en sus zapatos. El mencionado tragó con dificultad antes de musitar un leve Si, cariño. Luego, con una mirada dulce se dirigió hacia mí —¿Quieres más dulces, corazón?

Le sonreí dulcemente y negué con la cabeza. Me pareció oír como la mandíbula de Takeshi tocaba el suelo y mascullar alguna que otra ofensa contra la bipolaridad de su mujer.

—Gracias nana, pero estoy bien. Estaban excelentes, como siempre— Me sonrió y asintió. Se giró nuevamente hacia su marido con el ceño fruncido.

—Traje a Rin, como me lo pediste. Ahora, si me disculpan, me retiro. — Akira se retiró a paso ligero, vaya a saber uno donde y un espeso silencio cubrió el ambiente.

—Has metido la pata hasta el fondo.

—Ya, Rin.

Nuestras miradas se cruzaron y las risas no tardaron en llegar.

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—Entiendo— Dijo la InunoKami. —Así que sólo de una pesadilla se trataba.

—Así es abuela— respondí por tercera vez, mirando mi taza de té, evitando su analítica mirada. Quién diría que la visita tan importante, era ni más ni menos, que su querida abuela Irasue. De alguna manera, se había enterado del ataque. Casi se muere al ver que la había hecho esperar, su abuela no era muy paciente y sobre todo eso, la extrañaba y necesitaba hablar con ella. Irasue la observó detenidamente mientras tomaba el té.

—Mocoso— expresó dirigiéndose a Kentaro. Este la miró con una ceja alzada, era el General por todos los cielos y le decía mocoso. Siempre le había resultado divertido la manera de ser y de desenvolverse de la InunoKami, más cuando buscaba fastidiar a su padre, era algo digno de ver. Ahogue una risita. —Retírate— Dijo fríamente. La miré sin comprender, era cierto que era molesto tener un oyente no deseado, pero no es que Kentaro interrumpiera o hiciera mucho.

—No puedo, son ordenes de Hiroshi. —dijo entre solemne y fastidiado. Mi abuela le clavó la mirada. Decidí no intervenir, liberarme por unas horas de mi guardaespalda no sería tan malo, es más lo deseaba. Kentaro buscó mi mirada, yo solo miré para un costado, dándole a entender que estaba de acuerdo con mi abuela.

—No lo repetiré, retírate. Estará más a salvo conmigo, que con un general tan torpe.

Kentaro contuvo un gruñido y realizó una reverencia, retirándose de la estancia.

—Qué insolente, ni modo— dijo exageradamente Irasue, yo seguía mirando para un costado. Silenciosamente mi abuela se acercó a mí, retirándome la taza de té de las manos y sostuvo mi mirada.

—La verdad. — Mencionó y mis ojos se abrieron de par en par, sintiéndome descubierta. Me ruboricé, no sabía que contestar. Mi abuela vio mi vacilación y chasqueó la lengua. — Niña, si no me lo dices en este instante, no podré ayudarte. A menos que quieras morir.

¿Morir? ¿Qué? La mire sin comprender y un tanto asustada.

—Abuela, no creo que…

—No tienes ni idea de lo que te han hecho ¿verdad? — dijo mirándome fijo. Un frio me recorrió la espalda.

—Yo no he dicho tal— dije nerviosa. Mi abuela roló los ojos, fastidiada y yo me mordí los labios.

—Entonces habla, cachorra, no dispongo de mucho tiempo. — Suspiré, debatiéndome internamente si debía o no contarle todo. Ella se levantó y se dirigió hacia la salida. Mis ojos se abrieron angustiados y en un impulso, corrí a abrazarla por la espalda.

—Espera…— musité con los ojos cerrados.

—Es claro que no confías en mí, no veo el sentido de perder el tiempo—dijo fría.

—¡No es eso! Es que… Es que…

—Es que ¿qué, niña? Se clara, no balbucees — dijo de nueva cuenta fastidiada, alejando la mano de la puerta. En respuesta apreté el agarra en su cintura.

—Es confuso, no sé qué pensar— dije rendida. Sinceramente, necesitaba hablar del tema con alguien. Ella se deshizo de mi abrazo y se dirigió a los sillones, con parsimonia se sentó en uno de ellos y palmeó el lugar a su lado.

—Estoy dispuesta a escuchar— Con un suspiro, me dirigí hacia el asiento que me indicaba y me senté. Me miró expectante y antes de que me diera cuenta, había soltado toda la sopa, de punta a punta, sin saltearme ningún detalle, sin dejar de lado lo que sentía y mis últimas suposiciones. En ningún momento me interrumpió, ni siquiera cambio en algo su gesto estoico. En cuanto terminé, la miré a la espera de que dijera algo. Irasue simplemente saco de entre las mangas de su kimono su adorado abanico y lo abrió y cerró constantemente, mirando hacia ningún punto en particular.

—Interesante…—musitó luego de lo que parecieron horas en silencio — De acuerdo, veré que puedo hacer— dijo sin más. ¿Eh? ¿Acaso me perdí de algo? La miré sin comprender. Ella se levantó de su asiento, con la finura y elegancia tan característica de la ex Lady del Oeste. Me apuré a levantarme de mi asiento y seguirla.

—Esto… ¿Me perdí de algo? —dije tímidamente. Ella frenó de golpe y dio la media vuelta observándome. El rubor se hizo presente en mis mejillas y baje mi cabeza avergonzada, en serio, no estaba entendiendo nada y odiaba parecer estúpida frente a ella. Una risilla suave se escuchó y sentí una caricia entre mis orejas.

—¿Alguien más sabe acerca de todo esto? —Me respondió en cambio, la miré frenéticamente, casi olvidaba pedírselo.

—No…— dije en un susurro— por eso te agradecería que no se lo dijeras a nadie, ni siquiera a padre, y mucho menos a madre— mi abuela me miro con una ceja alzada, esperando una explicación más a su gusto. Empecé a retorcer mis dedos entre mis cabellos —Hasta que no encuentre algo en concreto, no quiero preocupar a nadie, además como te he dicho, no ha sucedido nada más. Si empiezo a sentir algún cambio o que algo está fuera de su lugar, lo diré. Lo prometo— dije solemne, mirándola a los ojos. Ella me sostuvo la mirada y yo seguí retorciendo mi cabello, nerviosa, muy nerviosa, esperando su veredicto.

Ella cerró los ojos y negó, masculló algo ininteligible y luego se dirigió hacia la puerta, la empujó con la intención de salir del recinto, pero se detuvo en el marco de la puerta y me miró sobre su hombro.

—No es mi problema tu falta de honestidad para con tu familia, nos veremos en la cena— ¿Acepto? ¿En serio? Eso, eso había sido fácil, demasiado fácil, estaba lista para suplicar y suplicar, pero por lo visto, había dejado el tema estar. Me dejé caer en el sillón, hundiéndome en él. ¿Por dónde empezar? Ni siquiera tenía una mínima pista y mi abuela no había sido de mucha ayuda, ni siquiera me dio una opinión en concreto sobre lo que pensaba del tema. Suspiré y tapé mis ojos con mis manos, necesitaba descansar un poco. Toda la visitaba había sido tensa, por lo menos en esta ocasión.

Luego de unos minutos en el que dejé mi mente divagar a sus anchas, sentí unos pasos entrando al recinto, no necesitaba retirar las manos de mis ojos, pues sabía que se trataba de Kentaro. Si tenía que ser sincera, se estaba arrepintiendo de no haber dejado que Gentokka pasara las veinticuatro horas del día junto con ella, pero bueno, debía agradecérselo a su estúpido orgullo de mujer idiota.

—Mitzuki ¿te encuentras bien? —preguntó preocupado —¿Acaso ha dicho algo que te lastimó? — Aquello me molesto de sobremanera, siempre tendían a malinterpretar a mi abuela y a mi padre. Retiré las manos de mis ojos lentamente y lo observé con furia. Él se encogió, pero seguía esperando una respuesta. Me levanté y caminé hasta quedar a su lado, luego lo miré.

—No seas estúpido, jamás haría algo para dañarme, no vuelvas si quiera a mencionar una cosa como esa. Simplemente me estaba relajando ¿o es que acaso no puedo? — El desvió la mirada hacia un costado.

—Lo lamento, solo me preocupo por ti— Se excusó, cansado. Yo también ya estaba cansada, no tenía más ganas de discutir, yo no me comportaba normalmente de esta manera y era un tanto estresante. Así que queriendo limar un poco las asperezas y empezar de nuevo, suspiré y le regalé una sonrisa.

—No tienes por qué— el me observaba fijo, sin comprender que era lo que estaba sucediendo, le extendí la mano— empecemos de nuevo, trataré de no estar tan cascarrabias y tu trata de no pelear tanto con Gentokka y de preocuparte menos por mi ¿sí? —Él tomó mi mano, y me empujó hacia él, envolviéndome en un abrazo, un quejido de sorpresa salió de mis labios. ¿Qué le pasaba ahora?

—Lo lamento de nuevo, Mitzuki, pero no podré dejar de preocuparme por ti, ni en mil años. Y sobre ese dragón de pacotilla —torcí el gesto al ver como hablaba de Gentokka— no puedo no ponerme celoso si te ronda como un cazador a su presa — su agarre se intensificó y el rubor en mis mejillas no se hizo esperar. Quería creer que lo que estaba diciendo era solo como un padre a una hija, vamos, era un general milenario, casi como Takeshi, no es que importara eso, pero era raro. Me reí nerviosa.

—Sé que te preocupas como si fuera tu hija…—Su mano tapo mi boca y lo miré sorprendida. ¿Qué se traía Kentaro? Lo miré y este lucia exasperado.

—¿Tan difícil te es creer que te estoy cortejando? —Mis ojos se abrieron como platos y retrocedí unos cuantos pasos, alejándome de él. Bueno, eso fue… Inesperado. Verdaderamente inesperado. Mierda, ¿qué hago? ¿qué hago? Era la primera vez que alguien se me declaraba y…y… y no era la persona que yo quería. Estaba perdida ¿qué demonios se supone que diga ahora? ¡Vamos reacciona! Lo mejor era dejar en claro esto de una vez. Abrí mi boca para contestarle, pero él me acallo con un gesto —Sé que puede resultar extraño, pero solo piénsalo, ¿sí? Esperaré tu respuesta— dijo antes de ofrecerme su brazo. Lo tomé por inercia, sinceramente no sabía que decir. Mi mente era un caos.

Empezamos a caminar, seguramente dirigiéndonos al salón para la cena. EL silencio era espeso, incómodo, cada uno estaba sumido en sus propios pensamientos. ¿Podría sentir amor por él? Veamos Kentaro era divertido, guapo y muy protector… Intenté imaginarme emparejada con él, pero me era imposible. Lo quería, sí, pero como a un amigo o a un tío, eso era lo que sentía por él. Nada más, ni nada menos. Había un nombre que quería salir a la superficie mientras estaba pensando en potenciales parejas y amor, inmediatamente lo hundí en lo más profundo de mi ser. Reprimí un suspiro, definitivamente no lo veía como potencial pareja, más bien lo veía como un tío.

Lo miré y supe que tendría que aclarar esto lo más pronto posible. Otra vez, mis manos se enroscaron en mi cabello, nerviosa. Inspiré hondo y detuve el paso, me giré hacia él. Estábamos demasiado cerca. Él me miró, esperando a que dijera algo. Mi vista viajó hacia mis pies…

—Yo, esto…Lo lamento—susurré —pero no te veo de e-esa forma. Eres más como un tío p-para mí— expresé totalmente avergonzada. Escuché un suspiro. No me atreví a levantar la vista.

—Lo supuse, pero tenía que decirte mis sentimientos. Uno nunca sabe que sorpresa le tiene preparado el destino— dijo suavemente.

—Lo siento— volví a repetir, verdaderamente no sabía que más decir, era incómodo. Sentí su mano debajo de mi barbilla, levantando mi rostro. Tenía una leve sonrisa en su rostro y yo estaba completamente roja.

—No te disculpes, está bien, gracias por ser sincera— le sonreí levemente y asentí dos veces. Él me sonrió suave y sus ojos violetas, se tornaron cálidos.

—Permítame…—susurró y antes de que pudiera preguntar qué, sus labios rozaron mi mejilla. Oh. —Disculpe mi atrevimiento, no volverá a suceder.

Todavía media ida por los recientes eventos, asentí, totalmente ruborizada.

—¿Interrumpo algo?

Esa voz… Me separé como si Kentaro tuviera la peste y bajé mi mirada, no queriendo enfrentarlo. Su tono había sido totalmente furioso y ácido.

—No lo haces…— susurré sin saber que más decir y por qué sentía esta urgencia de aclarárselo inmediatamente, el ambiente estaba un poco tenso nuevamente. ¿Qué tanto había visto? Mierda y… ¿si solo había visto lo último? Por Kami, esto, era muy incómodo. Nadie mencionaba palabra, hasta que Kentaro lanzó un quejido.

—Aggh, estoy muy cansado, te dejó el relevo unas horas antes —Lo miré directamente. ¿Qué se proponía? Mire a Gentokka tratando de ver si él tenía una pista de lo que se traía entre manos, pero lucia igual de consternado que yo.

—Toro irresponsable— siseó Gentokka, estaba furioso y yo lo miré tratando de que no empezara una pelea. Kentaro lo miró sin expresión alguna en los ojos y se giró dirigiéndose a los dormitorios, levanto una mano y le restó importancia.

—Como digas, dragoncito— Gentokka se embaló, para arremeter contra Kentaro, pero interpuse en el camino, colocándole ambas manos en el pecho.

—Ya, déjalo, se hace tarde para cenar— Sin decir palabra, se giró y empezó a caminar en dirección al salón. El camino estaba siendo silencio, acompañado con los desplantes del segundo general al mando, quien de vez en cuando, mascullaba alguna mala palabra en contra del tori-yōkai. De pronto, Gentokka se detuvo, intenté seguir caminando, pero él me retuvo de la manga.

—¿Qué quieres? — Lo miré molesta ya, con la actitud que se traía.

—¿De que estaban hablando? —Directo al grano…pensé. Ughh. Sus ojos me miraban como dos fuegos verdes, encendidos, con furia, con exigencia y… no me pareció justo. Mi ceño se frunció.

—¿A ti que te importa, lo que hable con los demás? — Él me miro asombrado, pero sin perder ninguna de las otras emociones.

—Dime la verdad, ¿te gusta? —Exigió, totalmente enfadado. Bueno, este día parecía interminable, se le estaban agotando todas las reservas de "momentos inesperados", seguramente había cubierto la cuota como para dos años.

—¿Eh? ¿De qué hablas? — Quise hacerme la tonta, no me parecía correcto hablar de esto justamente con él. Apretó su agarre en mi brazo, lastimándome un poco.

—No te hagas la idiota, vi cuando te besaba en la mejilla. ¿Por qué lo dejaste? ¿Qué se traen? — ¡Oh, por Kami! ¡¿Qué mierda había hecho para merecer esto?! Gentokka parecía fuera de sí. Suspiré y de un movimiento brusco retiré mi brazo de su agarre. Era un maldito hipócrita, por años había evitado darme respuestas a las interrogantes que yo tenía y ¿él se creía con el derecho de exigirme respuestas a mí? Entrecerré mis ojos, de acuerdo, si así quería jugar, le daría una probada de su propia medicina.

—Eso a ti no te incumbe, ubícate en tu posición— solté mordazmente y me arrepentí al segundo de haberlo dicho. Su semblante se tornó sombrío, y dejó caer su cabello, ocultando sus ojos. Pude ver como sus nudillos se tornaban blancos de la fuerza que ejercía en ellos. Miré hacia el cielo, exasperada, angustiada y dolida.

Carajo ¿desde cuándo una salida de mi padre y hermano significaba vía libre para todo? ¿Desde cuándo, perdía el temple con tanta facilidad? Cielos, todavía no podía creer lo que le estaba pasando, nunca, jamás, había pasado por tantas emociones como hoy. Lo único que quería, era acostarse en su cama, dormir y fingir que nada de esto había pasado. Miré a Gentokka, que seguía en la misma posición, como si no pudiera salir del shock.

—No cenaré— dije en un susurro— por favor, excúsame frente a los demás— supliqué. Sin esperar respuesta, corrí a toda velocidad hacia mi cuarto. Hui como diablo que lleva el alma, como la cobarde que era en esos momentos. Abrí y cerré el tatami con tanta furia que estas temblaron, sin siquiera cambiarme, me lancé al futón y hundí mi rostro sobre la almohada. Dejé salir un grito contra la misma y me cubrí con todas las mantas. No quería ver a nadie. No quería saber más nada con nadie. No quería nada. Solo dormir y así lo haría.

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—¿No se presentará para cenar?

—No, Lady Rin.

—¿Se encuentra descompuesta? ¿Le sucedió algo? — Rin se estaba levantando, pero un gesto del segundo general, la detuvo.

—Estaba cansada y quiso ir a dormir, dijo que los vería en la mañana— mintió Gentokka, por ella, solo por ella haría una cosa así. Rin lo observó, no le creía nada. Su hija no era de tomar decisiones tan precipitadas, y generalmente tomaba responsabilidad sobre las mismas, pero dado el semblante del joven, podía suponer que habían tenido algún tipo de altercado y no quiso indagar. Más tarde pasaría por el cuarto de su hija.

La InunoKami suspiro, todos los generales aquí, eran idiotas. ¿En serio se atrevía a mentir tan descaradamente frente a dos Inu- yōkai? Suspiró, cansada. Realmente imbécil. Igualmente, sus pensamientos siguieron la misma línea que Rin. Hiroshi lo miró entrecerrando los ojos, era débil, pero lo había sentido, el olor a la mentira e iba a replicar, cuando su madre lo acalló con un gesto.

—De acuerdo— Dijo Rin.

—Pero madre…—Empezó Hiroshi y miró acusadoramente a Gentokka. Este se encogió, sabía que lo olería, pero ya no importaba. Esperaría su castigo y ya.

—Basta, Hiroshi— Exclamo Rin, sorprendiendo a todos los presentes— He dicho que está bien, cenemos en paz, por favor —Hiroshi bajo la cabeza, podría estar a cargo, pero su madre seguía teniendo más poder que él. Irasue miró a la humana con una sonrisa arrogante. Cada día se convencía que su hijo había elegido bien. No creyó que fuera capaz de leer la situación tan rápido, espléndida, verdaderamente espléndida. Rin se giró hacia Gentokka y le sonrió — Muchas gracias pequeño, puedes retirarte—Gentokka realizó una reverencia y se retiró.

La cena pasó en silencio y entre una que otra conversación banal. Al finalizar, Rin se dirigió, algo apresurada, a los aposentos de Mitzuki. Pero al llegar, se encontró con que esta, estaba profundamente dormida. Suspirando y sonriendo por la maraña de sabanas y cabellos que era su hija, se arrodillo a su lado, le acaricio los cabellos y le besó su frente con extrema dulzura.

—Buenas noches, mi pequeña mariposita— susurró sonriendo. Mañana hablaría seriamente con ella, hoy no habían tenido casi tiempo para hablar y sinceramente, le preocupaba. Al salir, se encontró con Gentokka que realizaba su guardia, parado al lado de la puerta, con la cabeza gacha. Le causaba un poco de gracia. Desde pequeños, se les notaba a leguas el amor con el que se miraban y realmente pensó, al igual que Akira, que su pequeña terminaría emparejada con el amable y sonriente Gentokka. Tanto Rin como Akira y hasta el mismo Takeshi estaban fascinados con la idea, pero el peli-plateado rehuía a la idea, alegando que no entregaría a su niña sin haber pasado por lo menos un milenio. El comentario causaba una ronda de risas, que causaban un ataque de furia de parte de su querido esposo.

Pero algo paso, no sabía cuándo, ni por qué, pero algo había cambiado entre ellos, se habían distanciado. Su hija jamás le había confirmado sus sentimientos, ni tampoco expresado que hubiese un problema y tampoco pretendía que lo hiciera, a menos que ella quisiera. Ella siempre iba a estar para cuando necesitara hablar, jamás la obligaría a hacerlo. Mañana se lo haría saber a su Mitzuki y estaba segura, algo bueno saldría de esa charla.

Esperanzada por el pensamiento, se acercó sonriendo al joven soldado y acaricio su cabeza, como cuando era pequeño y jugaba con sus cachorros. Gentokka la miró sorprendido, pero luego su mirada se tornó triste y bajo la cabeza nuevamente.

—No merezco su caricia, Lady Rin— dijo en un murmullo. Rin sonrió más ampliamente…Ya sabía yo, que algún tipo de pelea tuvieron estos dos.

—Claro que si…No te preocupes, sea lo que sea lo que haya pasado, pronto se solucionará— Le dijo en un susurro, como si se tratara de un secreto.

Gentokka levanto la vista frenéticamente y observo a Rin. Esta le guiño un ojo y un extenso rubor se extendió sobre sus mejillas, así que no había conseguido engañarla ni un poco, seguramente que a los otros dos tampoco… Largó un suspiro. Ni modo. Miró de reojo a la que consideraba como su tía, por más que su padre dijera que fuese su hija.

—¿E-e-estas segura? — preguntó tímidamente. Rin soltó una risilla suave y una idea cruzó por su mente.

—Si hablas con la verdad, seguramente si, pequeño…Descansa— le susurro y besó su mejilla. Gentokka sonrió levemente, tal vez su tía, tenía algo de razón…

—Gracias tía Rin, buenas noches— dijo realizando una reverencia. Rin río y se despidió con la mano, mientras se adentraba a su habitación. Había hecho un movimiento y esperaba que el atolondrado soldado, lo captara.

La verdad… Pensó Gentokka. Era consciente de que se había extralimitado esta tarde, pero en serio, le había hervido la sangre ver esa escena. Bien, si eso es lo que tenía que hacer para solucionar las cosas, se lo diría y lo haría en ese mismo instante. Toda la impulsividad y la determinación que sentía, se fue por un tubo cuando estuvo frente a la puerta de la habitación de Mitzuki, con la mano extendida en la ranura para deslizar el tatami. ¿Qué creía que estaba haciendo? Primero entrar en la habitación de Mitzuki, sin su permiso, de noche y estando ellos dos solos… Otro rubor se hizo presente en sus mejillas y sacudió su cabeza. No, no, no, era demasiado… indecente. Un gruñido bajo se escapó de su garganta. Y estaba el segundo problemilla y era que ella estaba más dormida que un tronco, seguramente se ganaría una piña en el medio de su rostro por parte de la oji-dorada. Resignado, se dio media vuelta y planeo como iba a decírselo y en qué momento del día de mañana. Después de todo, la decisión de decirle, absolutamente toda, toda la verdad y resolver este problema, ya estaba tomada.

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Abuela y nieto, ajenos al volcán de sentimientos y emociones que se estaban desarrollando en las habitaciones, se encontraban en un silencio cómodo y disfrutando del sake que les había sido servido recientemente.

No había nada de qué hablar, los asuntos menores y de administración de las tierras, habían sido tratados durante la cena. Así que simplemente se limitaban a disfrutar de la compañía.

En cuanto se terminaron las bebidas de los tokkuri, ambos se levantaron, dispuestos a retirarse a sus respectivos aposentos.

—No fue una pesadilla— dijo de repente la Inu no Kami.

—¿Eh? — dijo Hiroshi, totalmente desconcertado. Irasue lo miró en silencio, esperando a que su nieta saliera de la neblina en la que se hallaba, no era tan tonto. Como si un interruptor se encendiera en su cabeza, Hiroshi se dio cuenta del tema que trataba. La miró con los ojos entrecerrados —¿Cómo lo sabes?

—Tengo mis métodos—respondió sonriendo la mayor, mientras acariciaba su piedra Meidou. Hiroshi suspiro, que su abuela lo supiera, suponía una fuente extra de información.

—¿Tienes alguna…

—¿No te llama la atención, que haya sido él precisamente el que la haya encontrado y no un guardia? Después de todo, tengo entendido que esa no es su zona de patrulla— Ignorando totalmente a su nieto, su pregunta fue hecha mientras observaba sus uñas.

—Hablas… de… ¿Kentaro? —Dijo confundido Hiroshi. La Inu no Kami, suspiro y se agitó teatralmente.

—Mis nietos, tan desprotegidos, dejados por el idiota de su padre…— Hiroshi frunció el ceño.

—Abuela…—empezó.

—Solo te digo, que a veces, las personas que más cerca de ti están, más daño pueden hacerte. Mantente alerta y no seas ingenuo, Hiroshi— exclamó repentinamente seria y mirándolo fijo, lo que le ocasionó un escalofrío. Su abuela repentinamente volvió a sonreír y le acaricio la mejilla—Buenas noches, tesoro.

Hiroshi había quedado de piedra. ¿Acaso… Kentaro tenía algo que ver con el ataque? ¿Pero qué? Su cabeza estaba funcionando a mil, buscando y revisando todos los posibles entramados.

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Una sonrisa diabólica se extendió por todo su rostro. La misma haría estragos en cualquier guerrero valiente. Una risa gutural resonó por la estancia.

—Esto se está volviendo interesante.

—Milord… el enlace está completo— susurro su sirviente. Al instante la cabeza del mismo se encontraba entre sus manos y su cuerpo, decapitado, en el medio de las escaleras. Soltó otras de sus risas enfermizas.

—Basta de jueguitos Sesshomaru, empecemos con la verdadera acción.