Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 5
Silencio
—Senshimaru.
—Hm.
—Sigamos.
Una tenue sonrisa se extendió por mi rostro, seguido de un leve asentimiento de mi parte hacia mi padre. Habíamos extendido nuestro viaje, para poder recolectar la mayor cantidad de fresas para madre. Y allí estábamos, con más de quince cajones repletos de estos frutos dulces. Un poco exagerado para mi gusto, pero bueno, era la extraña manera que tenía papá de transmitir sus sentimientos. Ah-Un, por favor, resiste, por lo que más quieras… El pobre dragón parecía a punto de colapsar con semejante carga. Habíamos tenido que parar varias veces para que el animal descanse, lo que me parecía completamente justo. Aunque no veía lejano el hecho de que terminara transportando algunos cajones también, a pedido de su padre.
Ya solo estaban a unas horas de su hogar. Y por más que lo escondiera muy bien, sabía que su padre desde que puso un pie fuera del castillo, estaba ansioso por volver. Después de todo, el gran y temido Lord de las Tierras del Oeste, no podía estar mucho tiempo sin estar rodeado de su mujer y sus hijos. Y ya no tenía problemas en demostrarlo abiertamente. Claro, en su justa medida y dentro del margen de su estoica personalidad.
Nuestras salidas eran así, silenciosas. Era de nuestro agrado era cómodo y de cierta manera familiar. No había nada que decir y eso estaba bien. Y verdaderamente, después de lo que sucedió en el Sur, era un milagro que su padre estuviera de "buen humor".
Había sido un desastre. Un total y completo desastre. Había llegado al Oeste una correspondencia que dictaba que se requería con urgencia la presencia de Lord Sesshomaru y su primogénito, Senshimaru, específicamente. Resulta que unos onis habían estado causando estragos en las Tierras del Sur por orden mía y exigían explicaciones sobre mi comportamiento. Yo jamás necesitaría ni entablaría relación con seres tan bajos, inútiles y pestilentes como aquellos. Si requería de algo, lo haría por mis propios medios. Y padre lo sabía. Así que, no quedó de otra que ir a aclarar este malentendido personalmente y de paso realizar un exhaustivo interrogatorio a esos onis. Durante todo el viaje de ida, fui pensando mil y una formas de hacerlos hablar. Todas las ideas terminaban con ellos cortados en diminutos pedacitos. Malditos, se habían atrevido a manchar mi nombre.
Pero al llegar, resulta que nadie esperaba una visita nuestra. Lo que era equivalente a mil guardias rodeándonos, lo que hizo que mi padre empezara a fruncir su entrecejo. Cuando logramos, o más bien, logré explicar la situación y nuestra razón de estar allí, el mismo Lord se nos presentó y nos invitó a pasar. Al mostrarle la dichosa carta al Lord del Sur, este se mostró desconcertado. Alegó que no le habían informado de nada de lo escrito y que no sabía cómo carajo había llegado su sello imperial en el dichoso papel. Lo que desembocó en la búsqueda del infiltrado.
Con nuestra ayuda, el mismo fue encontrado a la mañana siguiente. Era un demonio salamandra, que juraba y perjuraba que el jamás había entrado a la Cámara de Guerra del Lord. Al parecer, presentaba un caso extremo de amnesia. A estas alturas, mi padre poseía el ceño fruncido como su cara oficial. Verdaderamente, habíamos ejercitado un poco más su paciencia.
Cuando empezamos a presionar sobre la salamandra y esta comenzó a recordar retazos de lo que parecía un encuentro con alguien, esta simplemente explotó. Si, así como si nada. Puff. Desapareció dentro de un mar de sangre y tripas. Asqueroso.
En el mismo instante que sucedió, mi padre estaba dando media vuelta para volver al castillo. Ni siquiera saludo al Lord. Claramente, el objetivo del quien fuere estuviera detrás de todo esto, había sido sacarnos de palacio ¿para qué? No lo sabía, pero si era muy sospechoso. Sin embargo, no habíamos recibido nada, ninguna noticia de ataque inminente, ni de ningún percance grave que haya sucedido.
Sabía que eso había aliviado a su padre. No completamente, pero si en gran. Ya habíamos perdido dos días y medio en ese castillo y la recolección nos había llevado medio día, más las paradas de Ah-Un, aquí estábamos, volviendo a casa después de tres días. Si seguíamos así, llegaríamos para al amanecer.
x-x-x
Una especie de brea negra me envolvía y me ahogaba. No podía respirar. Era densa, espesa, ácida.
La sentía cubriendo todo mi cuerpo, en mis pulmones, bajando lenta y tortuosamente por mi tráquea, buscando dañarme de la manera más lenta y dolorosamente posible. Mis manos se dirigieron a mi garganta, rascándome, tratando de alivianar ese dolor. Pero en poco tiempo lo único que sentía, eran mis garras rasguñando mi piel, desquiciadamente.
Me estaba lastimando.
Lo sabía.
Pero no podía parar, no tenía control sobre mi misma.
¡Para!¡Ya para! Me repetía una y otra vez. No podía ver nada. La oscuridad me envolvía otra vez, pero era consciente de cada rincón de mi cuerpo siendo engullido por esa brea. Sentí la sangre. Mi sangre, deslizándose por mis manos. No podía confirmarlo, pero lo sabía.
Y en ese mismo instante, sentí que mi estómago se llenaba de algo. Y pujaba. Pujaba una y otra vez. Algo quería salir de mi cuerpo. ¿Qué demonios es? Era tenebroso. La punzada de dolor se agitó dentro de mi cuerpo… y algo atravesó mi pecho, de nuevo…
Me levanté como un resorte y sin reparar en nada, corrí hacia el baño. No llegué a mi objetivo, que era la bañadera y terminé desechando en el lavabo lo que subía por mi estómago. Era espeso y prendió fuego todo su esófago, tráquea y boca.
Me petrifique. No,no,no,no. Debo estar soñando, eso debe ser. Si. Me giré y di tres vueltas completas al baño, sin saber qué hacer, totalmente desorientada y en shock. Me terminé pellizcando y volviendo al lavabo.
Jodida. Estoy muy, muy jodida. Ahora sabia porque todos estos días había sentido esa opresión en el pecho, ese preludio a la tormenta. ¿Y ahora qué? Había vomitado negro. N-E-G-R-O. Y esa cosa, no tenía buen aspecto. Para nada. Mierda, ahora sí que tengo que hablar. Me dejé caer lentamente al suelo, atraje mis rodillas sobre mí y escondí mi cabeza entre ellas, tratando de normalizar mi respiración. Dioses. Eso había sido espantoso. Y no era estúpida, eso era consecuencia de algo, que sabía estaba infinitamente relacionado con el ataque. No tenía pinta de veneno. Ni siquiera olía como tal. Y se sentía normal, salvo por la horrible sensación que tenía y el dolo previo al vomito. No sentía nada.
Mis ojos se abrieron como platos al darme cuenta de lo que más debía llamarme la atención. No olía a veneno, pero tampoco olía a cualquier otra cosa, directamente no tenía olor alguno. Mis manos comenzaron a temblar, que no oliera a nada era increíblemente mucho más escalofriante de lo que imaginé.
Me quedé en esa posición por lo que me parecieron horas, totalmente en blanco ¿qué hacer? Prometí que, si esto se iba de mis manos, hablaría. Pero…No había pasado nada en extremo grave, ¿no?
Bueno, sacando el hecho de lo que claramente estaba en su lavabo no era algo normal, dentro de todo, era algo que podía seguir manejando. O eso quería pensar. ¡No avanzaba nada!¡Estaba tanto o más perdida que al comienzo! Suspiré y supe lo que tenía que hacer. Tendría que hablar. No estaba yendo ni para atrás, ni para adelante si seguía sin decir nada. Aunque, eso significaba admitir que había mentido desde el comienzo… Cerré mis ojos.
Me levanté con todo mi cuerpo entumecido. Me quedé allí parada, observando esa cosa asquerosa. Y sin esperar un segundo más, tomé el agua que se encontraba a un costado en una jarra y la dejé correr, limpiándolo. A pesar de su apariencia, al tomar contacto con el agua, la cosa esa se había diluido como si fuese una especie de arena. Interesante. Torcí el gesto. Interesante a la vez que es extraño y completamente aterrador.
Cuando no quedaron ni rastros de lo sucedido, junte mis palmas y tome agua de un cubo, limpiando mi rostro. Tratando de relajarme. Suspirando, me dirigí al vestidor. Me pondría la yukata para dormir.
Al terminar, me dirigí a mi futón y cerré mis ojos, tratando de dormir nuevamente, iba a necesitar energías para mañana. Mañana. Mañana sería un día muuuuy largo. Como venían siéndolo últimamente…
x-x-x
Había escuchado cada movimiento, cada roce, cada respiración de Mitzuki. Y suponía, no, estaba completamente seguro que había tenido una pesadilla. Y una muy terrorífica por la cadencia de su respiración y lo acelerado de su corazón. Iba a entrar cuando la sintió correr por la habitación y se detuvo al escuchar un ruido líquido. Y luego de un par de minutos, el sonido del agua corriendo.
Por segunda vez en la noche, retiro su mano de la ranura para deslizar el tatami. Después de todo, lo que menos quería era encontrarla realizando sus necesidades. Y menos que menos, molestarla. Anotó otra cosa más a su lista para hacer mañana por la mañana. Primero que nada, preguntaría que clase de pesadilla había tenido y si podía confortarla de alguna manera. Y segundo, tenía que decirle la verdad.
Suspiró por decimoquinta vez, volviendo a repasar la manera en que se lo diría, sin llegar a decidirse por ninguna. Todo sonaba demasiado estúpido o ingenuo en su mente.
x-x-x
—¡¿Qué hizo que!?
—Bueno, esto…Se le declaró.
Después de lo dicho por su abuela, no había podido retirarse a sus aposentos. Se había dirigido inmediatamente a la Cámara de Guerra, específicamente al área de informes.
Buscando y rebuscando los papeles de admisión e historial del general Kentaro. Revisando cada información, cada ínfima parte, buscando algo que le dijera más. Necesitaba saber, necesitaba mantener segura a su hermana. Necesitaba llegar al fondo de todo esto. Sentía que estaba descubriendo la punta de un iceberg gigante.
En ese estado se hallaba cuando apareció Harumi por la puerta. Entro por que le había resultado extraño ver la luz encendida a estas horas de la noche, en ausencia del Lord. Y pensó que algún curioso había entrado. Al verme allí, se había relajado notablemente.
Sin embargo, parecía no querer retirarse. Y cuando la miré para preguntarle si sucedía algo, me dijo sin advertencia de ningún tipo, que Kentaro había estado cortejando a mi Mitzuki, a nuestra pequeña. Estaba que echaba humo por las orejas. No estaba molesto. Estaba MUY molesto.
Definitivamente, ese toro de cuarta ya no haría guardia. Lo quería lejos, muy lejos de ella. Si, estaba decidido. Lo degradaría a jardinero. Estúpido infeliz. Le arrancaría los ojos. Y los cuernos. Sí, eso haría. Cuando su padre y Senshimaru se enteraran… Una sonrisa malévola se extendió por mi rostro. Ja. Iba a estar en primera fila.
—Esto…—Harumi volvió a llamar su atención, totalmente sonrojada. Estaba tan inmerso en sus pensamientos que había olvidado quien le había dado la noticia — Me pareció que debía informárselo, porque sé que la princesa no se ha presentado a cenar y se lo mucho que gusta comer. Espero que ambos hechos no estén relacionados y si lo están, por favor, tome cartas en el asunto. — Aunque creo que ya lo había decidido antes de que lo mencionara… pensó la pequeña yōkai.
La miré de nueva cuenta y le di una sonrisa, junto con un asentimiento. Harumi era amiga de Mitzuki y verdaderamente le gustaba que se preocupara por ella, al grado de estar atenta a estos detalles. Detalles que a él se le escapaban. Le parecía sumamente tierno lo que la yōkai ave estaba haciendo. Y claramente, demostraba su lealtad para con su hermana.
—Quédate tranquila, lo haré, Harumi— le respondí sonriendo. Pareció relajarse en ese mismo instante. Iba a agradecerle, cuando volvió a tensarse y hablar.
—Además, me parece muy inapropiado que lo haga, justamente cuando el Lord se encuentra ausente. Ni siquiera le ha pedido permiso a usted. Disculpe mi atrevimiento, pero no es un accionar normal para un General. Y mucho menos para con la Princesa.
Los ojos de Hiroshi se abrieron, impactado. Tenía razón. Tenía muchísima razón. ¿Qué mierda estaba planeando Kentaro? Esto olía mal, muy, muy mal. Si, definitivamente lo quería lejos de su hermana. Pero antes de decidir qué haría, observo a Harumi completamente serio.
—Gracias, has sido de mucha ayuda. Puedes retirarte. — La yōkai asintió y realizo una reverencia, antes de salir, despedida a sus aposentos.
Me dejé caer en la silla más cercana. Totalmente cansado.
Esto se estaba poniendo cada vez peor. Y cada vez, se estaba enmarañando más. No sabía que se traía entre manos ese toro, pero lo averiguaría. Lo primero que haría, era relevarlo de sus guardias como quien no quiere la cosa. Tendría que buscar una buena excusa, una muy buena. Debía alejarlo a como diera lugar, de su hermana. Y a eso, tenía que sumarle, un muy extenso interrogatorio a Gentokka. Había mentido… ¿Por qué? Suspiró, era consciente de los sentimientos de este hacia Mitzuki, no podía negarlos por más tiempo, no era que le encantara que el idiota la rondara. Pero era un poco más de su agrado, que el maldito toro. Era tolerable. Lo conocía muy bien como para saber que antes de hacerle algo a su hermana, se cortaría un brazo. Aunque, el problema allí, era que Senshimaru no se había percatado todavía. Creo que él y su padre eran los únicos. Roló los ojos, los dos témpanos de nieve de la familia. Y lo decía con mucho cariño.
Me levante de mi asiento con un respingo. Están aquí… Se había olvidado completamente de que…
—¿Qué haces despierto?
Oh, oh.
—Padre, Senshimaru bienvenidos — dije casi sin aliento —¡Han vuelto muy temprano! No los esperábamos, pensé que volvieran un poco más tarde. Es de madrugada. —Genial, Hiroshi, resalta lo obvio, sigue así y pensaran que asesinaste a alguien.
Senshimaru me miró divertido y papá levantó una ceja.
—¿Demasiado trabajo hermanito? ¿Estás tan agotado que no pudiste percibir nuestras auras y aromas acercándose? — Se acercó hasta mí, con una sonrisa arrogante y sus brazos en su cintura. Rolé mis ojos, lo que ocasionó que Senshimaru se lanzara sobre mi cuello, abrazándolo. —¿Qué escondes? ¿Eh? ¿Estabas haciendo cosas indebidas? — Bueno, ahora sí, estaba casi estrangulándome. ¡Qué osadía! Levanté mi puño, listo para encajárselo en su arrogante imbécil rostro, cuando la mano de mi padre me detuvo y antes de poder realizar movimiento alguno nos separó.
Mierda resonó en la cabeza de los dos príncipes. Su padre siempre permitía esas pequeñas peleas, pues eran más jugando que otra cosa. Que lo impidiera, significaba dos cosas estaba molesto o estaba muy molesto.
—Compórtense. —Frio, seco, directo. Ambos bajamos nuestras cabezas. —Hiroshi, habla. —demandó. Levante mi rostro y lo miré. No había ninguna expresión extraña, era la misma expresión estoica de siempre. Pero ¿era posible que supiera algo de lo que estaba pasando? No había mandado ningún aviso, porque era demasiado reciente y esto estaba cada vez más confuso. Ante mi mutismo, mi padre enarcó una ceja. —¿Acaso no he sido claro?
Senshimaru me empujó levemente. Mirándome con recelo y un poco de preocupación en sus ojos.
—Tonto, dale los reportes a padre— Pestañee varias veces al entender a lo que se refería. Estaba quemado, estaba muy sobrepasado con el tema. Pero, habían llegado en el momento justo. Era hora de que el Lord de las Tierras del Oeste supiera que se estaba enfrentando a un posible ataque. Hecho por gente de su propio castillo. Esto no le gustaría nada. Suspiré y los observé a ambos.
—Siéntense, han pasado varias cosas…
Mi padre me miró con los ojos entrecerrados. Senshimaru se encogió de hombros, no había sido tan perspicaz como papá. Antes de poder realizar cualquier movimiento…
—Habla. — Exigió mi padre, completamente serio.
—Pero…
—AHORA— Exclamó, completamente molesto, perdiendo el temple… Pero ¿qué? Ambos, nos quedamos congelados al escucharlo. Jamás se había dirigido hacia nosotros de esa manera. Y ya sabía por qué. Padre intuía que algo andaba mal, increíble. Lo miré a los ojos.
—Algo o alguien lastimó a Mitzuki.
El mundo se detuvo. Ambos parecían completamente pintados al óleo. Los miré de hito en hito, esperando que el shock inicial pasara, para poder proseguir. Pero sin previo aviso una luz me cegó y lo siguiente que vi fue que ambos habían desaparecido de la habitación. Corrí detrás de ellos, pero ya era tarde. Llegarían a la habitación de ella antes de que pudiera siquiera detenerlos. Tal vez, debería haber medido mis palabras…
x-x-x
Al entrar a palacio una sensación de ansiedad me invadió. Tenía un muy mal presentimiento desde que esa salamandra había explotado enfrente suyo y uno muy fuerte cuando su hijo se había quedado mudo al pedirle los reportes. La carta le había parecido lo suficientemente sospechosa de por si, por eso habían ido. A investigar.
Había algo en esta guerra que no le cerraba. Algo que le molestaba desde que habían comenzado las amenazas. Estaba seguro que alguien estaba detrás de todo este entramado, ya que se había desatado el infierno por una serie de malentendidos entre tierras. Y obvio, algunos inútiles pensaban que era un momento oportuno para intentar derrocarlo. Pobres idiotas.
Sin embargo, cuando escucho de boca de su hijo que definitivamente algo había pasado, todo lo que estaba pasando por su mente frenó. Como si alguien cortara el flujo de un rio. Y antes de que pudiera razonar, se encontraba enfrente de la habitación de su hija. Sintió la presencia del segundo General, y su sorpresa, pero no le importó. No le importaba nada más que ver a su hija en este instante.
—Milord, espere…— escucho decir al muchacho. Pero antes de que pudiera seguir, le cerró la puerta en la cara. Siguió derecho hasta el futón de su hija. Estaba completamente dormida, envuelta en sabanas y con su largo cabello plateado regado por la almohada y el futón.
A simple vista no veía ni olía ninguna herida, nada era anormal en ella. Seguía teniendo ese aroma a miel, almendras y manzanilla que tanta paz le traía. Al igual que su madre. Rin…Si su hija había sido herida, conociendo a su mujer, lo más lógico es que estuviera pegada como lapa a su pequeña. ¿Porque no estaba allí? Mientras apoyaba una rodilla en el suelo, al costado de su niña, frunció el ceño, completamente contrariado. Sintió la presencia de sus hijos y a los pocos segundos, los sintió entrar a la habitación.
Senshimaru se lanzó prácticamente al costado de su hermana, lo veía mover sus ojos y nariz frenéticamente, buscando lo mismo que había hecho yo hace unos segundos atrás. Despegué mi vista de él, para enfocarla en Mitzuki, para posteriormente levantarme…. Y enfrentar a Hiroshi, que me miraba expectante.
—Explica. —demandé, necesitaba escuchar explicaciones, ahora.
Él suspiró, rascando su nuca.
—Les dije que debían sentarse ¿Acaso creen que estaría tan tranquilo si ella estuviera herida de gravedad? — cuestionó ofendido. Por el rabillo de ojo observé como Senshimaru acariciaba la mejilla de su hermana con ternura.
—Entonces, mide tus palabras, imbécil— respondió este ácido, alejándose de Mitzuki, listo para pelear con su hermano. Hiroshi lo miró con dagas en los ojos, listo para defenderse. No estaba para inmadureces de sus cachorros. Y tenía unas ganas inmensas de estar con su mujer y comprobar que ella estuviera bien, así que cortaría por lo sano. Antes de que este último replicara, le volví a llamar la atención.
—Hiroshi.
Este me miró de nuevo y asintió.
—Aquí no — Expresó decidido. —Vayamos a la Cámara de Guerra, necesitamos un poco de privacidad y no podemos arriesgarnos a que Mitzuki se despierte — Pasé rápido por su lado, saliendo primero del cuarto. Necesitaba explicaciones inmediatamente. O alguien perdería la cabeza.
x-x-x
Me había levantado exageradamente temprano, todavía me sentía inquieta. Ya me había bañado y me había cambiado. Estaba perfectamente lista. Había decidido en el transcurso de la mañana que no iba a dejar que esto ensombreciera su humor, trataría de ser como siempre. Y también había ensayado como unas veinte veces, como iba a decir lo que tenía que confesar. Me miré en el espejo y apreté mis mejillas entre mis manos.
—¡Bien!¡Ánimos! — me dije a mi misma y me regalé una sonrisa. En ese mismo instante Akira entraba, ya refunfuñando.
—¡Niña! Más te vale que…— Se frenó en medio de la habitación, mirándome como si me hubiese salido un tercer ojo. Me reí abiertamente de su expresión.
—¿Que, qué nana? — Dije arrogante. Antes de que pudiera agregar algo más, sentí una de sus manos tomándome la muñeca y la otra en la frente.
—¿Te encuentras bien? ¿Te duele algo? ¿No sientes nada extraño? ¿No tienes fiebre acaso? — La miré con una ceja alzada. ¿En serio? Me levanto temprano, estoy lista y… ¿esto es lo primero que me dice? Al observarla vi en sus ojos cierto deje de burla. Enfurruñada, me crucé de brazos y decidí seguirle el juego…
—Eres mala nana, ya soy toda una mujer madura ¿no ves?
Ella me miró de arriba a abajo para finalmente largar una carcajada.
—Ya — dijo entre risas, le saqué la lengua, al mismo tiempo que dejaba bailar una sonrisa entre mis labios. Akira me miró con dulzura para luego abrazarme y besar mi mejilla —Entonces "mujer madura" vete a desayunar ya…
La miré sonriendo y la abracé.
—Te quiero mucho nana…— le susurré contra su pecho. Oh, me olvide de mencionar algo…Estaba híper sensible. Ella se tensó un poco, para luego relajarse, abrazarme y acariciar mi cabello lentamente.
—Y yo a ti preciosura…— susurró sonriendo. —¿Segura que no te pico un bicho raro por la noche? — volvió a preguntar risueña. Me reí y me separé de ella. Llegué hasta la puerta y la abrí. Lista mi ruta de escape…
—Por supuesto, vieja loca— y así fue como abandone mi cuarto como si de una maratón se tratase.
—¡MITZUKI! —Se escuchó a lo lejos, lo que causó que me riera a carcajadas. Seguí corriendo, sin importar que los sirvientes me miraran. Frené a unos cuantos metros del comedor, sin embargo, eso no fue impedimento para ver como los guardias abrían los ojos como platos al verme llegar temprano. Solté una risilla.
Me sentía como una niña de cinco años, haciendo una travesura. En cuanto estuve frente a la puerta, reparé en algo que había pasado por alto por la corrida. La ausencia de ambos generales.
Me encogí de hombros, ya vendrán… Pensé. Por ahora, aprovecharía su ausencia. Ambos guardias me hicieron su ya característica reverencia y yo les sonreí e incliné mi cabeza. Ambos abrieron la puerta y entre en el recinto.
Mis pies se quedaron estancados en la entrada al ver quienes estaban en el interior. Mamá sonreía mientras tenía el brazo enganchado en el de papá, su otro brazo estaba ocupado acariciando la mejilla de Senshimaru, dándole la bienvenida. Los tres se giraron hacia la puerta, dos de ellos con sorpresa y mamá, divertida. Verdaderamente, llegar tarde al desayuno es mi marca. Previendo lo que iba a hacer, mi madre desenganchó el brazo de padre y se alejó unos cuantos pasos sonriendo, este la miró con reproche en sus ojos.
Ambos abrieron la boca para preguntar el porqué de su comportamiento, pero ya me había arrojado a mi padre, abrazándolo fuertemente.
—¡Papá, bienvenido! —le dije sonriendo, con mi cara contra su pecho, totalmente feliz de verlo —¡te extrañé mucho!¡Mucho! — Si, parezco una niña pequeña ¿y qué? Los había extrañado en serio. Sentí como se relajaba y apoyaba su mano sobre mi cabeza, acariciando mi cabello, segundos después sentí un beso sobre mi coronilla.
—Mitzuki— susurró cálidamente, antes de abrazarme completamente. Era su forma de decir que también me había extrañado. Lancé otra risilla y levantándome de puntillas besé su mejilla.
—Oye, yo también me fui de viaje ¿sabes? — Mi padre gruño levemente ante la actitud celosa de Senshimaru. Me reí, soltándome de papá, para lanzarme a los brazos de mi hermano mayor. Este me atrapó entre sus brazos y me apretó fuerte contra él.
—¡Bienvenido Aru! También te extrañé — dije riendo contra su cuello. Besé su mejilla y me alejé. —¿Y Hiroshi? —Pregunté intrigada. Mamá se acercó sonriendo, la miré sonriendo también y la abracé.
—Buenos días, pequeña mariposita… —Susurró. Me sorprendí, hace mucho que no me decía así, sonreí levemente. — Debe estar por llegar…
—Buenos días, mamá hada— le respondí riendo.
—Dioses, parece que fue anteayer que jugábamos de ese modo— dijo melancólicamente. Nos alejamos y nos sonreímos la una a la otra, luego su expresión se tornó seria — Al terminar el desayuno, quiero que me acompañes. Tenemos que hablar.
La miré extrañada, observé a mi padre a mi hermano en busca de pistas, pero al parecer lucían igual de intrigados que yo. Bueno, solo Senshimaru. Regresé mi vista a ella y asentí. Luego de unos minutos, Hiroshi hizo acto de presencia. El desayuno pasó sin ningún contratiempo, degustamos las deliciosas fresas que habían traído y escuchamos todo lo que tenían que contar. Siempre era alegre el momento del reencuentro. Se sentía mucho si alguno faltaba.
Al terminar, mi madre me llevó a la misma banca de siempre, a la que usamos tanto para conversaciones importantes como para disfrutar la compañía de la otra. Sin embargo, nos estiramos sobre el pasto, en el medio de prado de flores.
Estaba nerviosa. No sabía con qué podría salir mi madre, era demasiado suspicaz a veces. La miré de costado, estaba armando una coronilla de flores con jazmines y nardos, bellísimo. Sonreí, relajándome tomando las mismas flores y empezando a armar otra.
—Mitzuki…— empezó sin dejar de mirar el entramado que estaba realizando. Yo detuve el mío para observarla. Esperé, pero no continuó. Suspiré.
—¿Si, mamá?
Sin previo aviso, levanto la vista y sus orbes chocolates se fijaron en mis orbes doradas. Me miraba muy intensamente. Me estaba incomodando, me sentía desnuda, sentía que estaba viendo a través de mi como si de un cristal se tratara. Tragué pesado. De repente, sonrió dulcemente. Carajo, me va a dar un ataque al corazón…
—Sabes que siempre estoy aquí para escuchar y que puedes confiar en mi… lo sabes, ¿verdad? — Bueno, claramente, esperaba de todo menos esto.
—Etto…Si, lo se mamá, gracias— dije con una sonrisa nerviosa, no sabía que decir. Ella suspiró y dejó su trabajo.
—Entonces… ¿Por qué no confías en mí? — Su mirada volvió a estar sobre mí y mi coronilla se deslizo por mis manos. Escuché el ruido de algo romperse dentro del palacio, pero no investigue más. Estaba aturdida. Que dijera eso, me hizo sentir la peor escoria del mundo. Claro que confiaba en ella, pero lo había hecho para protegerla.
Algo húmedo mojó mis manos y me di cuenta que… era yo. Estaba llorando. Mi madre abrió los ojos con sorpresa y se apresuró a limpiar mis lágrimas.
—Lo siento— dije entre hipidos. Sus brazos me rodearon, confortándome, acariciando mi espalda lentamente.
—Tranquila, no pasa nada, shh— trataba de calmarme — Cielos, cariño ¿Qué es lo que ocurre? Solo estaba tratando de hacer que hablaras, que dijeras tus preocupaciones, no que te sintieras mal…— dijo totalmente preocupada ahora. La abracé con fuerzas, escondiéndome en su pecho. Lo cierto era, que estaba asustada. No sabía lo que habían hecho y no tenía ni idea del porque había vomitado esa cosa. De lo único que estaba segura era que lo enfrentaría, sea lo que sea, pero por ahora, la incertidumbre la mataba.
—Mamá…—dije entre hipidos— estoy asustada…
—¿De qué estas asustada? — La voz de mi padre resonó en el jardín, firme, avasallante. Mi madre me apretó con fuerzas.
—Sesshomaru creo que…
—Rin, silencio.
Me escondí más en el pecho de mi madre, ahora podía sentir la presencia de mis hermanos. Estaban allí también. Mamá seguía acariciando mi espalda con sus manos, apretándome contra ella. ¿Por qué tenía que haber explotado justamente en ese momento? Sentí la mano de mi padre tomarme del brazo y arrancarme del abrazo de mi madre sin ninguna delicadeza.
—¡Sesshomaru! —Mamá sonaba verdaderamente enojada— ¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡Es tu hija! — Exclamó levantándose también. Jamás había visto a mi madre gritarle a mi padre de esa manera y podía ver como mis hermanos estaban igual de impresionados.
—Rin, calla — Papá me seguía sosteniendo con fuerza del brazo, obligándome a estar parada. Su voz había sonado amenazante, mamá estaba a punto de replicar de nueva cuenta, pero no soportaría otro grito más entre ellos. Nunca los había visto pelear de esa manera y no planeaba seguir viéndolos. Y mucho menos por mi culpa.
—¡No peleen! —Suplique con la voz rota, entre lágrimas. Ambos se detuvieron y giraron sus rostros hacia mí. Senshimaru y Hiroshi se acercaron lentamente a mamá.
—¿De qué estas asustada? —Volvió a repetir mi padre. Intenté alejar mis lágrimas con mi mano libre.
—N-no lo vas a entender— dije mirando hacia el suelo. Él no había estado en el ataque y no sabía si su hermano lo había puesto al corriente o no. Después de todo, ella había confirmado que había sido solo una pesadilla. Intenté zafarme de su agarre, ya no quería estar allí. Hiroshi se adelantó.
—Lo sabe— Fue lo único que dijo, dejé de forcejear y lo miré — Habla Mitzuki, estamos preocupados ¿acaso sucedió algo? Gentokka y Kentaro —escupió el nombre con acidez— no han reportado nada extraño, pero no lo sé… Tal vez se les pasó algo.
Todos parecían comprender. Todos, excepto mi madre, que parecía no entender un carajo de lo que estaba sucediendo allí.
—¿De qué están hablando? — Dijo recelosa. La miré raro y no fui la única.
—¿Eh? ¿A qué te referías con lo de recién mamá? — Preguntó Hiroshi con el ceño fruncido— O sea, parecías estar al corriente de todo y solo estabas tratando de sacar información. Siempre has sido muy perspicaz, pero no pensé que lo fueras tanto.
—¡¿Todo esto es una escena de celos?!— Cuestionó encolerizada. ¿Qué ella había dicho, qué? La miré como si se hubiese vuelto loca y de nuevo, no fui la única. Hasta mi padre aflojo el agarre en mi brazo.
—Rin— llamó, mi madre lo miró con Troya ardiendo en sus ojos —¿Qué es lo que querías que Mitzuki te confiara?
—Pues sus sentimientos con respecto a los generales. Escuché que Kentaro la estuvo cortejando y se ha peleado con Gentokka— Oh, vamos. ¿Alguien quiere atravesarme con una espada? ¿Nadie? ¡Por favor! ¡Voy a morir de la vergüenza! ¡Mamá! ¡¿Cómo mierda se te ocurren esos temas?!
—¡¿Qué Kentaro hizo qué?! — Senshimaru estaba que echaba chispas y papá… Oh, papá tenía los ojos rojos y parecía a punto de ir a matar a alguien. Santa mierda, mátenme ahora. Ambos giraron su vista hacia Hiroshi, que también lucia verdaderamente enfadado.
—Era el siguiente tema a tratar— dijo con voz claramente contenida.
—¿No lo sabían? Entonces… ¿Por qué han venido así de repente los tres? ¿Acaso no van a dejar que Mitzuki pueda enamo…
—¡Están hablando del ataque mamá, por los Dioses! —Grité totalmente avergonzada. Grave error, cuatro pares de ojos se clavaron en mí, exigiendo explicaciones. Suspiré. Ella me miró sin entender al principio, pero parcialmente su cara de iba empalideciendo.
—Dime que no mentiste…— susurró con la voz en hilo —Mitzuki, dime que no mentiste.
Bajé mi vista avergonzada, las lágrimas acudieron a mis ojos de nuevo y otro rio estaba corriendo por mis mejillas.
—Lo siento, lo siento, lo siento— dije sollozando — Lo siento tanto, mamá, lo siento…
Mis rodillas cedieron y me hubiese ido de cara al piso si mi padre no me hubiese sostenido de la cintura. Instintivamente me refugie en su pecho, sollozando.
—Cielos…— escuche susurrar a mi madre.
El silencio se extendió mientras mi padre seguía abrazándome en su pecho. Nadie me estaba exigiendo nada en ese momento, pero sabía que estaban esperando una respuesta. Ahora sentía la presencia de todos, de Takeshi, Akira, Gentokka, y unos cuantos sirvientes y soldados.
—Y-y-o —intenté empezar a hablar — Y-y-o tuve una p-pesadilla anoche, me ahogaba en b-b-brea negra y cuando desperté… Yo…Yo…—no pude continuar, el miedo me embargo. ¿Y si eso era dañino para alguien de mi familia? ¿Y si mataba alguien? ¿Y si me estaba muriendo? ¡Haría sufrir a su familia y eso es algo que no quería! ¿Y si mejor…
Mi torrente mental fue frenado en cuanto sentí la leve caricia de mi padre en mi espalda, confortándome. Seguido de un beso en mi mejilla libre de parte de mi madre.
—Todo está bien— susurro suavemente —Tranquila, respira, calma— siguió acariciando levemente sus mejillas. Luego de unos segundos que tomé para volver a tranquilizarme, cuando un retorcijón fuerte en mi estómago me sacó el aire por completo. Y antes de que pudiera separarme completamente de mi padre, otro espasmo me recorrió haciendo que soltara un gemido y me doblara sobre mi misma. No, aca no, no ahora, por favor…
—¡Mitzuki!
Y allí, sin poder evitarlo volví a desechar esa sustancia negra. Sentí como mi padre me sostenía de los hombros, evitando que me fuera de lleno contra lo que estaba vomitando y las manos de mi madre evitaban que mi cabello se ensuciara. Tosí, tratando de recuperarme. Aquella cosa asquerosa, ahora parecía mucho más concisa que la de noche y me había dolido muchísimo, muchísimo más. Pero esta vez, había algo que no había visto la vez anterior. Esta vez, había sangre en ella.
—¡Traigan agua! ¡Ahora! —Escuchaba bramar a Akira.
—Sesshomaru…—levante la vista al escuchar la voz quebrada de mi madre. Ella lloraba con una expresión de puro terror en su rostro, mi padre tenía sus ojos bien abiertos y la boca ligeramente abierta. Es la primera vez que veo su rostro tan deformado. Miré hacia adelante, Hiroshi lloraba también, estaba de rodillas en el pasto con una mano en su corazón. Senshimaru estaba con los ojos abiertos como platos. Y antes de poder decir algo, todo se volvió oscuro.
x-x-x
—¿Qué demonios fue eso? — La voz de Takeshi rompió el silencio dentro de la cámara de Guerra.
Luego del shock inicial, habían llevado a Mitzuki a un cuarto del primer piso. Le habían tomado la fiebre, limpiado y cambiado de ropa. Todavía seguía inconsciente, pero seguía respirando. Nadie había hablado desde entonces. Rin seguía llorando silenciosamente, se culpaba por no estar atenta a su niña.
Sesshomaru miraba por la ventana, nunca, en sus doscientos setenta y pico de años había visto algo como eso. Lo más desconcertante era la falta de olor. Es como si no hubiera nada allí. No olía a veneno, no sabía a veneno. Tampoco olía o sabia a algo conocido. Era nada, la nada misma. Es lo que más preocupados tenía a todos. Apretó sus puños, su pequeña sufría y él no tenía ni la más remota idea de que hacer… Pero de algo estaba seguro, encontraría al culpable y lo haría pagar. Haría que se arrepienta de haberse metido con su familia. Y estaba seguro sus hijos y hasta la mismísima Rin, ayudaría en la tortura para el pobre infeliz que oso si quiera tocarla.
—Jamás vi algo así…—susurro Akira levemente, ella también lloraba.
—Mami… ¿Mitty ta malita? — preguntó con inocencia Haruka. Akira no habia querido soltar a su niña después de ver lo que había pasado con Mitsuki. Gentokka miro hacia un costado.
—Si cariño— susurro muy bajito. Haruka se revolvió en los brazos de su madre y se dirigió hacia Gentokka, le estiro los brazos, este la acogió entre los suyos, abrazándola fuertemente. ¿Esa niña ya conocía tan bien a su hermano como para saber que necesita un abrazo? Akira sonrió muy levemente.
Otro espeso silencio cubrió la sala.
—¿Dónde carajos esta Kentaro? —Pregunto precipitadamente Hiroshi.
—Aquí… ¿Me perdí de algo?
Todas las cabezas si giraron hacia su dirección y lo primero que sintió el tori-yōkai fue la furia del Lord de las Tierras del Oeste, apresando su cuello, con un poco de su veneno.
—Mi…Lo..rd…
Sesshomaru tenía los ojos rojos, sus marcas estaban desfiguradas y sus caninos resaltaban.
—Dime la cura, ahora.
Kentaro tenía su mano sobre la de su Lord, si bien no trataba de salirse del agarre, ya que sería de idiota intentar eso, si buscaba aflojarlo. En cuanto este menciono eso, lo miro sin comprender.
—La cura… ¿de qué? — preguntó con esfuerzo. Sesshomaru gruñó, alejo el cuerpo del general de la pared para volverlo a estrellar con fuerza. Kentaro empezó a toser.
—No jueges conmigo, habla si no quieres morir— Kentaro se empezó a desesperar, su Lord hablaba en serio y la no tenía la más pálida idea de que es lo que estaba pasando. Creía que ese arranque se debía a que había cortejado a Mitzuki sin su permiso, sabía que obraba mal, pero no lo había podido evitar. Por eso se había retirado unos días a pasear por el bosque norte, tratando de despejarse. Después de todo, había sido un hombre rechazado y con su orgullo un poco herido.
—S-s-eñor-r S-s-s-essho-o-o-maru-u n-no t-t-tengo id-d-dea de l-o-o que me e-e-está hablando— Dijo con mucho esfuerzo.
—Envenenaste a mi hija — siseo el Lord. Los ojos de Kentaro se abrieron de par en par ¿Qué el había hecho que cosa? ¿Eh? Definitivamente, no entendía nada. Sesshomaru vio el desconcierto en sus ojos y la preocupación. Lentamente fue aflojando su agarre, hasta soltarlo totalmente. Kentaro tosió fuertemente, tratando de recuperar el aire.
—Padre…
—Él no fue— dijo sin más —¿Dónde estabas?
—¡Cielos! ¿Qué mierda sucede? Estaba en el bosque norte, decidí ir a despejarme un poco por…— se cortó abruptamente. Solo bastó una mirada de Sesshomaru, una que decía "continua o te arranco la cabeza de un tajo". Suspiró, lo iba a asesinar de todas formas, luego de que le confesara esto. Pero si había sobrevivido a ese estrangulamiento repentino, tal vez podría sobrevivir a esto —Pido perdón previamente por mi atrevimiento, pero no pude resistirme...Le dije a Mitzuki lo que sentía por ella… —Expresó el general. Sesshomaru rechinó los dientes y sentía cada uno de sus músculos en tensión — Sin embargo, me rechazó al instante —Dijo mirando a todos los presentes. Esa noticia causó sorpresa en algunos de los presentes, sobre todo en Gentokka y Senshimaru — Solo quería dar una vuelta, para despejarme de todo esto…
—¿Qué me dices de que tú la encontraste en el jardín Este, cuando tu turno de vigilancia es en el jardín Oeste? —Dijo receloso Hiroshi. Todas las miradas de los presentes se dirigieron a él. Un rubor coloreo el rostro del general.
—Este…Esto…Bueno, verán, es que allí, bueno, están las demonizas, que pueden, esto…
Sesshomaru levantó su mano, haciéndolo callar. Ya todos habían entendido que el pobre general, solo estaba satisfaciendo sus "necesidades" y al parecer, su único delito fue hacerlo durante su turno.
—Esto nos deja en cero de nuevo…— suspiró Senshimaru. Sesshomaru gruñó y arrugó su nariz, todos giraron a verlo. ¿Ahora qué le sucedía al Lord?
—Qué hijo tan insolente e ingrato, esa no es manera de recibir a tu madre —La Inu no Kami, se abría paso entre los sorprendidos presentes. Detrás de ella venia Jaken con cara de pocos amigos— Pequeño yōkai…
—Jaken, Señora…— volvió a repetir el pobre sapo, totalmente deprimido.
—Como sea— restó importancia la Ex Lady de las Tierras del Oeste — Diles lo que descubriste…
x-x-x
—Te dije que sufrirías Sesshomaru… Y esto es solo el comienzo.
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¿Cómo están? ¡Espero que bien! ¿Cómo les parece que va la historia? ¿Hay algo que les gustaría que agregue/escriba o cambie? Escucho críticas, me parecen que ayudan a crecer un montón.
La verdad estoy muy contenta, gracias por los review, los follows y los favoritos
¡El capítulo 6 está casi terminado, lo tendrán muy pronto!
Un beso enorme y abrazo de oso a todos.
