Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Buenas, me he tardado un poco más de lo que tenía pensado. Pero acá esta recién salido del horno, el capítulo 6. ¡Espero que les guste!
Muchas gracias por los reviews, follows y favoritos ¡son lo mejor!
Capítulo 6
Bestia
Rojo. Ojos rojos. Inyectados con ira, con dolor. Buscaban devorarme, atraparme.
Garras. Garras afiladas, sangrantes, intentaban apresar mi garganta. Privarme de aire. No…
Lentamente mis ojos se fueron abriendo. Veía borroso. Recordaba haber vomitado esa cosa asquerosa, pero luego de eso, no recordaba nada. Era horrible, verdaderamente horrible. Un rápido vistazo a mi alrededor me dejó en claro que no me encontraba en mi habitación. Si mal no recordaba, me hallaba en una de las piezas del piso inferior.
Intente incorporarme lentamente. Todo mi cuerpo dolía, era como si todos mis músculos estuvieran siendo tensionados por alguien. Alguien que tiraba de un hilo y cada vez ponía más fuerza e ímpetu en hacerlo. Llevé mis manos a mi frente. Estaba perlada en sudor y ardiendo en fiebre. Mierda, esto está mal, muy, muy mal.
Un ligero quejido salió de mis labios, todo el esfuerzo que había puesto en hacer esas simples acciones me habían dejado sin aire. Por alguna razón, estaba sola. Completamente sola en esa habitación. Lo que me parecía muy extraño y a su vez, me aliviaba. Suficientemente humillante y vergonzoso había sido vomitar frente a toda esa muchedumbre. Suspiré.
Era un hecho, estaba totalmente aterrada. Nunca me habían drenado tanta energía como ahora. Me sentía muy débil. Inútil. Patética. No era digna del título de hija del Lord de las Tierras del Oeste. Era una completa vergüenza y decepción para los inuyōkai.
Un sollozo sordo salió de entre mis labios. Estúpidas lágrimas. Antes de que llegara al olfato de alguien, me las arranqué de un manotazo. Ahora que caía en cuenta, me encontraba muy sucia y sudorosa. Necesito un buen baño caliente.
Apretando mis puños me incorporé…Ughh, me duele todo.
Jadeante, me dirigí hacia la puerta. No había un alma. Mi ceño se frunció, esto estaba de la mar de extraño. Estaba segura de que por lo menos habría diez o quince guardias apostados afuera y que llamarían a mi padre ni bien me vieran salir. Tal vez está dando nuevas instrucciones o quien sabe. Decidí no darle muchas vueltas al asunto, sabía que de alguna manera me estaban vigilando. Levantando mis hombros, me encamine con mucho esfuerzo hacia la fuente de aguas termales que había a dos habitaciones de distancia. Supongo que es un beneficio de estar en la planta baja.
x-x-x-x
—¿Estás diciendo que es magia de un tengu?
—Exacto. Solo un tenguyōkai es capaz de hacer esta clase de hechizos. Van tomando control del cuerpo de la victima de a poco, enfermándolo y envenenándolo al mismo tiempo — Jaken llevo una de sus diminutas manitos a su frente, había estado preocupado desde que había dado con la clase de magia que era y mientras más iba revelando lo que había descubierto, más nervioso y preocupado se ponía— la característica principal es la falta de olor y…
—Continua, por favor — Expresó una Rin completamente angustiada. Todo lo dicho no auguraba nada más que desastres. Jaken suspiró, temiendo la reacción de los presentes.
—Ocasionan pesadillas. Unas muy vividas. La persona en cuestión se siente perseguida, ahogada.
Silencio.
Nadie mencionaba palabra. Mitzuki sufría de esas pesadillas desde muy pequeña, no habían sido provocadas a razón del accidente… El estallido de un aura de poder sumamente grande, fue el causante de que el pequeño informante terminara sudando…Y mucho.
—¿Estás diciéndome que estuvieron envenenando a mi hija bajo mi tutela, todo este tiempo? — Cuestionó Sesshomaru, fúrico.
—Etto…Es-esta clase de magia lleva años conjurarla y es sumamente difícil de hacer —Expresó atropelladamente el sapo — lo que nos lleva a otra cuestión —Ahora sí que venía la parte difícil. Sesshomaru clavó su gélida mirada en su sirviente, ese sapo si no soltaba todo de una en ese mismísimo instante, estaba seguro que lo mandaría de una patada al otro lado del palacio. —Es necesario tener al menos unos cuantos cabellos de la víctima, los suficientes como para crear una especia de trenza. Es la que se usa para hacer el hechizo. Si obtienen eso, tienen total control sobre su cuerpo.
Otro espeso silencio se extendió por la habitación. Impresión, sorpresa, dolor, preocupación, ira, impotencia era la tormenta de emociones que se sentía en el ambiente. Todos habían tomado de manera muy diferente aquella noticia. Ya que, el tomar tantos cabellos, solo significaba que…El sonido de dos cuerpos chocando resonó en la estancia. Rin se había desmayado de la impresión al comprender las palabras de su viejo amigo, causando que Sesshomaru corriera, al igual que sus hijos, para no dejarla caer contra el duro piso de cerámica. Akira pidió por agua a unas sirvientas que se encontraban fuera del recinto, mientras Sesshomaru depositaba suavemente a su esposa en el sillón más cercano. Hiroshi se acercó con un pergamino, usándolo de abanico para su madre. Si hubiese sido luna nueva, seguramente también se encontraría en el piso. Estaba plenamente aturdido.
Si se necesitaban cabellos y los habían conseguido… Eso significaba que… Realmente, había gente infiltrada en el castillo y al parecer, desde hacía mucho. Y se trataba de un plan sumamente elaborado. Un escalofrió recorrió su espalda. Sesshomaru estaba atónito, preocupado y muy, muy irritado. Estaba usando todo su autocontrol para no salir y degollar a cualquier que se hallara en su camino. Tenía que pensar en cómo proteger a su familia y en encontrar a los bastardos traicioneros que le juraban falsa fidelidad. Empezaría por interrogar sádicamente a todos sus sirvientes tengu. Malditos bastardos. Tocar lo más preciado para él, tenía un alto precio a pagar.
—¿Cuál es la cura?
La pregunta del millón fue hecha por Gentokka. Todas las miradas se dirigieron a él. El general estaba con cara estoica, pero sus puños blancos y los pequeños hilillos de sangre que brotaban de ellos, dejaban muy en claro que estaba sintiendo de todo, menos calma. El sapo suspiró.
—La flecha que sintió la princesa, fue la última dosis de magia que se necesita para completar el hechizo. Por eso no había ninguna marca…La única cura que se conoce, es encontrar la trenza y romperla por la mitad.
—Eso parece sencillo, la encontraremos —Expresó con seguridad Senshimaru, dirigiéndose hacia la salida, listo para encontrar al miserable que había ocasionado todo esto. Aunque dejara su vida, salvaría a su pequeña flor.
—¡Mocoso insolente, tienes que escuchar todo! ¡No he terminado aún! ¡Te lo he dicho un millón de veces! ¡No puedes simplemente lanzarte así porque si…
—Jaken— La voz gélida y afilada de su amo, acalló sus intentos por detener al príncipe. Jaken temió por su vida, pero era importante que tuvieran presente una sola cosa. Y era por Mitzuki que tomaría la valentía de, por una sola vez en su vida, contestarle a su amo.
—Amo bonito, si la trenza se rompe estando ella en estado inconsciente, la asesinará…— Al terminar de mencionar esas palabras, Senshimaru se detuvo instantáneamente —Tiene que estar completamente consciente de sus acciones.
—Ella está completamente consciente de quien es y de sus acciones, es el mejor momento para hacerlo, antes de que llegue más lejos— dijo Senshimaru fríamente. Akira levantó una ceja mientras colocaba agua en el cuello y muñeca de la Lady, tratando de recomponerla. Las últimas horas habían sido sumamente estresantes, no era raro que la situación sobrepasara a la pobre humana. Más teniendo en cuenta, que el quid de la cuestión era uno de sus hijos. Lo que más temía Rin, se había hecho realidad de una manera espeluznante.
—¿A qué te refieres con inconsciencia? — Preguntó suspicaz la nana.
—No lo sé, pero deben tener eso en cuenta para cuando se halle y se rompa la trenza — expresó Jaken, cansado y completamente estresado de tentar tanto su vida.
Dos hmn, dichos simultáneamente, fueron escuchados. El silencio se extendió de nuevo por la sala, sumiendo a cada uno en sus pensamientos. Hiroshi seguía abanicando a su madre.
—¿Y ahora qué? — Demandó Kentaro, totalmente desconcertado y preocupado. Es pregunta ocasiono un revuelo en la sala. Todos querían hacer algo, pero no sabían que.
—Takeshi, reúne a todos los soldados tengu. Akira, reúne a todos los sirvientes tengu. Los quiero en el salón principal en cinco minutos— Expresó Sesshomaru parcamente mientras emprendía su marcha del salón y los mencionados salían disparados a cumplir su encargo — Madre, espero que tu palacio reciba a mi familia, este lugar ya no es seguro. — Para nadie pasó desapercibido la sorpresa en el rostro de la antigua lady del Oeste, seguido por una mueca de fastidio.
—Por supuesto ¿por quién me tomas? Hijo ingrato, mis nietos están sobre cualquier otra cosa —Expresó con arrogancia. Hiroshi lo miró angustiado. Su padre hablaba de ellos, pero no de él.
—Padre…
—Empaca tus cosas y la de tus hermanos.
—Pero…
—Hiroshi.
El joven príncipe bajó su rostro ante la leve reprimenda.
—Sí, padre, me encargaré, puedes confiar en mí— Suspiró abatido. Era claro que su padre no deseaba escuchar nada en ese instante y mucho menos que se le contradiga. Lo intentaría más tarde. Su madre iba a sufrir mucho al estar lejos de su padre, al igual que todos. Delicadamente tomó a su inconsciente madre y se dirigió a sus aposentos. —Jaken, encárgate del equipaje de mamá y vigílala, mientras voy a empacar lo nuestro.
—Enseguida joven amo.
Gentokka y Kentaro se miraron entre ellos, al parecer, estaban de sobra allí, ya que Irasue también había desaparecido. Al parecer había ido a preparar su palacio. El último se encogió de hombros y partió primero de la habitación. Estaba cruzando la puerta cuando…
—No dejaré que te la quedes, yo la protegeré —Gentokka había sido tajante, directo y sonaba muy seguro. El tercer general imperial frenó de golpe y lo miró sobre su hombro. Una pequeña risilla se escapó de entre sus labios…
—Oh ¿en serio? Si no tuviste suficiente con lo que viste el otro día de metiche… Por qué no te preguntas a ti mismo, el por qué la princesa me prefirió a mí, antes que a ti en las guardias… Digo, eso debería darte alguna pista, niñito— expresó jocoso y sarcástico Kentaro, dejando sin palabras al joven general — Adiós, intento de hombre.
El tercer general desapareció por el pasillo, dejando a un Gentokka frustrado. La situación se había complicado y no había podido hablar con Mitzuki, pero estaba decidido a hablar con ella en cuanto tuviera la oportunidad. No quería aceptarlo, pero el idiota del general le había generado una gran duda. Y no iba a parar hasta saber la respuesta a esa pregunta.
x-x-x
El baño había sido completamente relajante y su cuerpo ya no se sentía tan dolorido. Sentía algo de paz, luego de tanto ajetreo.
Había terminado de cerrar su yukata y estaba por secar su cabello, cuando una punzada en su pecho le hizo perder el equilibrio y el aire.
—Mierda…
Algo empezó a resonar en mi pecho y mis oídos empezaron a timbrar, la vista se me volvió borrosa y lo último que sentí fue una voz, repitiendo una y otra vez: mátala.
x-x-x
Hiroshi se hallaba a dos pasos de alcanzar la habitación de su madre, cuando sintió una presencia detrás de él, sumamente peligrosa…y conocida. Frenó de golpe y giró en seco.
Allí, frente a él, estaba Mitzuki, completamente ida. Sus ojos estaban completamente rojos, no había ni una piza del dorado que siempre solía tener. Sus garras estaban más largas, las marcas en sus mejillas se habían distorsionado y en sus labios bailaba una sonrisa siniestra.
—Mitzuki…— susurró dolido, preocupado y sorprendido. Con que a esto se refería Jaken al estado inconsciente. Claramente, parecía no saber ni quien era ella. Y nunca pensó que verla en ese estado, le generara esta gran sensación de impotencia, debía ayudarla, a como diera lugar. Jaken estaba atónito y no omitía palabra alguna, pareció en estado de shock, como si estuviera pensando lo que el mismo estaba pensando segundos atrás. Sin pensarlo, Hiroshi se encaminó hacia ella, quería calmarla…
Un látigo verde cruzó la estancia y si no fuera por los rápidos reflejos del príncipe, Rin habría perdido la cabeza.
Hiroshi la miró entre atónito y encolerizado.
—¡¿Qué demonios crees que estás haciendo, idiota?! ¡Reacciona! ¡Es mamá!
—Joven príncipe— susurró Jaken colocándose delante de él, con su báculo listo y totalmente recuperado del shock inicial— corra…
Hiroshi lo miro un segundo y volvió a la vista a su hermana, que ya estaba preparando otro ataque. No había muchas opciones. En este momento, la vida de su madre era mucho más importante que el tratar de ayudar a su hermana. Esquivando otro latigazo, salió disparado hacia el lado contrario mientras Jaken lanzaba su fuego, sin lastimarla, pero haciéndola retroceder varios pasos.
Vio por el rabillo de sus ojos, como su hermana atravesaba a Jaken sin ningún miramiento y este caía en un charco, de su propia sangre. No podia salir de su asombro. Esto estaba muy muy mal y si no hacía algo pronto, todo terminaría en desastre. Y sin esperar otro segundo más, con toda la fuerza de sus pulmones, gritó lo primero que se le vino a la cabeza…
—¡PAPÁ!
Ya no corría, estaba directamente volando sobre los pasillos del palacio, sin embargo, su hermana le estaba pisando los talones. Al estar en estado salvaje, su fuerza, eficacia y velocidad aumentaban. En otras palabras, una perfecta máquina de matar.
—¡Quiero su sangre! ¡Su sangre! ¡Dulce, mía! ¡Su sangre! — La voz distorsionada de Mitzuki resonó por la estancia. Sonaba como una cazadora desquiciada por su presa. Un escalofrió recorrió su espalda. Era demasiado. Sus ojos se llenaron se lágrimas, por tristeza y por coraje, su hermana jamás diría una barbaridad semejante. Tampoco era una bestia sin corazón, si asesinaba a su madre o a cualquiera y volvía en si… Ella jamás se lo perdonaría, estaba seguro, se quitaría la vida. Sintió como algo impactaba por detrás de él, empujándolo hacia el suelo. Giró sobre él, para que su madre no sufriera el impacto y con todo el dolor de su alma, pateo a su hermana, mandándola varios metros hacia atrás.
En un rápido movimiento, colocó a Rin detrás de él, protegiéndola. Una risa macabra se dejó escuchar de los labios de Mitzuki, erizándole los vellos a Hiroshi. Espero que Jaken esté bien…
—Pobre pequeño cachorro… ¿Acaso no piensas detenerme? ¿Solo ese cariño piensas hacerme? — se escuchó de los labios de la princesa. Se estaba burlando, oh si, lo estaba provocando y de la peor manera. Apretó sus puños, protegería a su madre, no importaba el precio. Y no era una opción el lastimar a su hermana, al menos no de gravedad.
— Bueno, no tengo de otra que asesinarte también, te estas metiendo en el camino…
La mano derecha de Mitzuki se dirigió hacia su cintura. Sus ojos se abrieron de par en par cuando ella desenfundo la espada que portaba solo en las prácticas y en los viajes ocasionales. Esto era serio, tenía que hacer algo, inmediatamente…
Mitzuki se dirigió hacia él con una rapidez anormal y levanto la mano con la katana lista para cercenarle el cuello. Demasiado tarde, pensó Hiroshi cerrando los ojos.
El sonido de espadas chocando lo despabiló, provocando que sus ojos se abrieran de golpe. Su padre estaba allí, frente a él, protegiéndolo. Todo su cuerpo se relajó al instante. Y en un solo movimiento, la desarmó completamente.
Takeshi, Senshimaru y Akira aparecieron corriendo por diferentes corredores. La última soltó un jadeo al ver la escena. Sin esperar indicaciones, Hiroshi, tomó a su madre y se la entregó a Akira.
—Lejos, lo más lejos posible— dijo casi sin aliento. Está asintió y salió corriendo de allí. Hiroshi miró hacia su hermana por última vez y salió disparado a buscar a Jaken.
Mitzuki retrocedió un par de pasos y calló de rodillas, soltando múltiples quejidos. El olor a lagrimas inundó el lugar.
El Lord de las Tierras del Oeste estaba completamente angustiado, aunque no demostrara nada con sus expresiones. Su hija estaba sufriendo, lo notaba, pues tenía la leve sospecha de que no estaba totalmente inconsciente. Y en ese mismo instante, se sintió inútil. Si, el Gran Lord de las Tierras del Oeste, se sintió inútil.
Con pequeños pasos y enfundando su espada, intentó acercarse a su niña.
—Sesshomaru, espero que te guste la sorpresa— esa voz tan tenebrosa y oscura, salía de los labios de su pequeña, sin embargo, no detuvo su caminar —La pequeña flor delicada de la familia… ¡Asesinará a todo el mundo!¡Y tú, no podrás evitarlo! — gritó riendo, mientras levantaba de golpe su rostro, dejando ver una mueca totalmente deformada y un rio de lágrimas. Ese hecho, el que llorara, confirmaba sus sospechas, Mitzuki estaba luchando por no hacer lo que se le ordenaba. Y eso, lo llenó de orgullo.
Le pareció haber notado que su mano trataba de desempuñar su espada mientras la sostenía en alto. Por eso había sido capaz de desarmarla tan sencillamente. Cerró sus puños y la rabia aumentó en él.
—Sal del cuerpo de mi hija, escoria.
Senshimaru había dado la vuelta y se acercaba sigilosamente por detrás de Mitzuki, Takeshi estaba listo para frustrar cualquier escape por la izquierda e Irasue tenía listo un extracto de una flor capaz de hacer dormir a mil Sesshomaru. Pero, para sorpresa de todos, Mitzuki se había levantado y caminaba tranquilamente hacia Sesshomaru. Estando a solo un par de pasos de él se dejó caer nuevamente, los sollozos surgieron como una ola desbastadora para todos los presentes.
—Mátame, papá…Por favor, mátame…—susurraba con voz quebrada, agarrando con fuerza el hakama de su padre. Había vuelto en sí y sabia lo sucio que había jugado el equipo enemigo. Nadie se atrevería siquiera a lastimarla de gravedad. Y lo habían comprobado. Su padre ni siquiera le había apuntado con Bakusaiga. Ya todo estaba más que claro en su cabeza. Sesshomaru apretó los puños.
—No digas estupideces— dijo ácido y completamente molesto. No por ella, pues lo único que quería era abrazar a su hija y apartarla de todo este sufrimiento. Estaba molesto porque también confirmaba que su niña, estaba siendo un medio, para que alguien lograra su venganza para con él y eso lo enfurecía de sobremanera.
Además de que Mitzuki lo considerara capaz de asesinarla. Se cortaría un brazo antes que dañarla en lo más mínimo. Era algo que no entraba ni siquiera en consideración. Hasta su mano había temblado al desarmarla.
Sin embargo, su hija lo miró molesta y se levantó como un resorte.
—¡¿Estupideces?! ¡Casi asesino a mamá! ¡Tienes que…
—Suficiente.
Mitzuki lo miró y vio en el rostro de su padre determinación pura. Sus ojos se llenaron de lágrimas y antes de siquiera procesar lo que sentía, se encontraba sollozando totalmente afligida. Sesshomaru no dudó ni en segundo en rodear con sus brazos a su hija, escondiéndola en su pecho. Nunca soporto ver a Rin llorar y cuando su pequeña lo hacía, era aún más doloroso. Apretó la mandíbula al recordar la razón.
Takeshi se había retirado silenciosamente y Senshimaru miraba hacia el piso, tratando de controla su respiración y su corazón. Era insoportable. Verla en ese estado, fuera de sí para luego haberla escuchado suplicar por su muerte y terminar con un sollozo desconsolado…Ahora era él quien tenía sus ojos rojos. Rojos de ira y sedientos de sangre. Mataría al desgraciado que estaba jodiendo con su familia. Definitivamente lo destrozaría.
Sin decir una palabra, también se retiró lentamente, dejando que su padre mimara y consolara a su hermana por esta vez.
x-x-x
Una semana. Una maldita semana en la que estaba en el palacio de su suegra sin tener respuesta alguna. Su hija la evitaba como si tuviera la peste, sus hijos evadían cualquier pregunta que le hiciera sobre el tema y el estúpido, infeliz, orgulloso y arrogante de su esposo no le había querido dar muchos detalles. Solo la había mandado aquí con sus hijos y ya.
Ni siquiera la había despedido correctamente. Suspiró completamente angustiada. Esta situación se estaba tornando cada vez más frustrante, dejándola con una sensación de intranquilidad muy grande. Sabía lo que había sucedido, por boca de Irasue. Así que era consciente del porqué de la actitud de sus hijos.
Sin embargo, estaba empeñada en buscar la manera de alivianar un poco a sus pequeños. Como madre, quería que sufrieran lo menos posible. Y ya sabía la manera… Sonriendo a penas, se dirigió hacia el despacho de la Inu no Kami, al no ser su castillo, necesitaba un permiso especial. Y estaba segura…Su suegra seria su compinche. Además, Gentokka había decidido ser la guardia principal de Mitzuki y la había seguido hasta acá, para fastidio de Sesshomaru. Esperaba que el atolondrado general, pudiera ser el apoyo y la distracción que su hija estaba necesitando en estos momentos, ya que su plan tardaría un poco.
x-x-x
—Habla.
Sesshomaru aprisionaba fuertemente el cuello de la sirvienta. Luego de una semana de interrogaciones, había dado con una pista.
—L-l-lo siento — dijo sollozando la tengu — mi familia estaba siendo amenazada, los asesinarían si no le llevaba cada mes un cabello de la princesa… ¡No lo hubiese hecho si hubiese sabido que era para estos fines! ¡Lo lamento! Verdaderamente…
—Eres una maldita escoria — Escupió el Lord con desprecio, cortando el torrente de palabras que le estaban siendo dirigidas. Poco le importaban sus razones. Apretó más el cuello de la yōkai ave, para luego soltarla de golpe —Enciérrenla en el calabozo.
Tosiendo fuertemente, la sirvienta agradeció repetidas veces, el que se le dejara vivir.
—Me pregunto qué pensará Mitzuki al saber que has sido tú la causante de su malestar…— dijo Sesshomaru de repente. La pequeña yōkai levantó la vista vertiginosamente.
—No… Por favor— susurro sin aliento.
—Harumi, espero que disfrutes tu vida, sabiendo que traicionaste a alguien que te consideraba su amiga— dijo fríamente el Lord, clavando su mirada en ella. La chica largó otro fuerte sollozo.
—¡Lo siento! ¡Mitzuki! ¡Lo siento tanto! — su voz, saturada de angustia, se perdía mientras era arrastrada por dos guardias….
Sesshomaru no estaba sorprendido, después de todo, eran contados con los dedos de su mano en las personas que confiaba. Poco le importaba que su hija perdiera una mala amistad, si eso, le ayudaba a estar más cerca del malnacido que se había atrevido a tocarla.
Pronto, muy pronto, conocería quien había sido el bastardo. Y esperaba que el desgraciado haya tenido suficiente diversión, pues le esperaba un verdadero infierno.
x-x-x
Una semana, cinco días, ciento sesenta y ocho horas habían pasado desde que alguien había tomado control de su cuerpo. Se sentía sucia. Desanimada. Humillada. Si bien, no había vuelto a pasar, el solo hecho de saber que en cualquier momento podría perder la cordura y asesinar a alguien, era suficiente para estar intranquila las 24 horas del día.
Esa sensación de sofoco en su pecho, como un nudo que la aplastaba hasta dejarla sin aliento, era insoportable y dolorosa. Una lagrima traviesa volvió a deslizarse por su mejilla. No había dejado de llorar un solo segundo, por más que lo intentara. Por más que su madre tratara de hablar con ella, por más que sus hermanos buscaran animarla de cualquier manera y por más que el mismísimo Gentokka se ofreciera a ser oyente de los pesares de su alma, simplemente no podía descargarse de esta sensación de angustia. La estaba carcomiendo por dentro.
Y eso, sin contar que estaba sumamente confundida por la actitud que se traía el segundo general. Estaba de lo más raro, estaba siendo mucho más considerado y buscaba estar con ella el máximo de tiempo posible. Si es que sus hermanos no se daban cuenta, ya que, si lo hacían, lo cogían por el cuello y no lo veía por el resto del día. Esperaba que no lo estuvieran lastimando, aunque seguramente solo lo hacían de celosos.
Un suspiro abandono sus labios, no era momento para pensar en esas cosas. La noche estaba extrañamente cálida y el suave viento hacia danzar las flores de cerezo, en la arboleda en la cual se encontraba. Casi siempre estaba allí, o en la habitación que le había sido designada. Ni siquiera salía para almorzar o cenar, y la comida que le traían, la desechaba. No tenía ánimos ni para comer.
Otra suave brisa acaricio sus cabellos y cerró sus ojos. En ese momento respiraba tanta paz y tranquilidad que estaba pensando seriamente en pasar la noche allí. Claro, si cierto general que venía directo hacia ella no frustraba sus planes.
Cuando los pasos se detuvieron frente a ella, le fruncí el ceño sin abrir mis ojos y lo único que exclamé fue un parco:
—Vete — Sinceramente, no tenía ganas de romper la primera honda de paz que había sentido en toda la semana. Sin embargo, contra todo pronóstico, el general se sentó a su lado.
—La noche está bellísima— susurro quedamente — no seas egoísta y déjame disfrutarla también. Abrí mis ojos un poco sorprendida por la respuesta y lo miré sospechosamente.
—Puedes mirarla en cualquier parte de este gran palacio — respondí ácida. Gentokka se rio y me miro directamente a los ojos, atrapándome.
—No es lo mismo, si no estás tú— Cualquier respuesta ingeniosa que tuviera en mente, repentinamente se esfumo. Maldito embaucador. A esto era a lo que me refería con el cambio de su actitud. Miré al frente, completamente roja.
Un silencio raro se extendió entre nosotros, había algo que pululaba en el ambiente, pero no sabía definir con exactitud qué era. Había algo que me asombraba de toda esta situación… Nadie, absolutamente nadie, me temía. Por favor, casi asesino a mi propia a madre y Jaken se salvó por un palmo. La espinita de Jaken, apretó fuertemente contra mi corazón. El pobre había resultado gravemente herido. Papá y los demás insistían en que yo había intercedido para ello, pero lo dudaba mucho.
Simplemente sentía que todos me estaban sobreprotegiendo y nadie se tomaba verdaderamente en serio la situación. Era peligrosa, tenía que estar encerrada en algún lugar y no paseando por los jardines.
—¿Por qué? — le pregunté sin pensarlo mucho, verdaderamente me intrigaba. El instantáneamente me miró sin comprender.
—¿Por qué, que?
—¿Por qué no me tienen miedo? — dije completamente ofuscada y decidida a hacerle ver que no soy de fiar en estos momentos, que no puede estar tan tranquilamente a mi lado. Él se rascó la nuca.
—¿De qué hablas? — dijo totalmente perdido. Lo miré con la boca abierta. ¿Verdaderamente se iba hacer el idiota? Me retracto, seguía igual de esquivo que siempre. Me levanté de mi lugar, completamente enojada, frustrada y dolida. Adiós momento de paz. Empecé a caminar, adentrándome más a la arboleda. Enseguida escuché como se removía y me seguía —¡Oye, espera! — Seguí caminando, más rápido, adentrándome cada vez más y más en lo más profundo de la arboleda, hasta llegar a un claro, rodeado por los cerezos.
Iba a seguir caminando cuando una mano me tomo el brazo y me hizo girar. Gentokka me miraba con cara de pocos amigos.
—Te dije que esperaras… ¿A qué te referías con lo de antes?
¿En serio? ¿En serio me estaba preguntando aquello? ¿Acaso solo buscaba hacerme sentir mejor? ¿E ignorar el hecho de que podría enloquecer en cualquier momento? ¿Acaso me tenía lastima? Ese último pensamiento, fue la gota que rebalsó el vaso. Estaba harta de que hicieran como si no hubiese pasado nada.
—¡¿En serio lo preguntas?! ¡¿Es que acaso no tienes miedo de que te asesine?! ¡¿De que pierda la cordura en cualquier momento?! — Intenté alejarme de él, pero solo aumento su agarre.
—No digas pavadas, no te tengo miedo…— Lo miré totalmente colérica.
—¡¿Cómo puedes decir eso?! ¡Casi asesino a mi propia madre! ¡A mi propia madre! ¡¿Lo entiendes?! ¡¿Es que nadie lo entiende?! ¡Soy peligrosa! Yo…yo…— Un sollozo se escapó de mi garganta — ¿No lo ven? ¿Acaso es por lástima? — dije en un susurro completamente atormentada— Yo, tienen que encerrarme…
Gentokka se acercó lentamente y me rodeo con sus brazos apretándome contra él, contra su pecho, contra su corazón. Mis ojos se abrieron de par en par, pero, me di cuenta que necesitaba ese abrazo y cerrando mis ojos escondí mi cara en su cuello, disfrutando de su calidez. El acariciaba tiernamente mi cabello, desde mi coronilla hasta mi espalda.
—Tranquila, no digas esas cosas sin sentido. Todo el mundo sabe que no serias capaz de algo así. Has salvado a Jaken, aunque lo niegues.
—Pero…—me apretó más fuerte contra él, sacándome el aire.
—No— dijo tajante — no hay que encerrarte de ninguna forma y para nada eres peligrosa y mucho menos es por lástima. Simplemente, no fue tu culpa todo lo que sucedió y tu padre pronto acabara con ello. Si en algún momento pierdes la cordura, nosotros estaremos allí para ti— susurró quedamente.
Me dejé envolver por la dulzura de sus palabras o es lo que me hubiese gustado hacer, sabía bien cual era mi realidad. Yo era peligrosa. Pero por ese instante, por esa noche, tal vez, solo por unas horas, trataría de engañarme a mí misma y creería todas esas cosas. Me dejaría llevar, como hace tiempo no lo hacía. Y me dejaría consolar, como estaba sucediendo en ese instante. Las horas parecían pasar y ninguno se había movido un ápice, al parecer estábamos muy a gusto.
Un suspiro broto de los labios de Gentokka y esa fue la señal para que me apartara definitivamente de él. Bueno, fue lindo mientras duró. Lo miré a los ojos y le sonreí levemente, se lo merecía.
—Gracias…—le susurre un poco avergonzada. Él me sonrió de vuelta y asintió una sola vez. Un silencio tenso se extendió entre nosotros y noté cierta incomodidad en él. Suspiré — Si hay algo que quieres decirme, solo dilo— expresé. Estaba seguro que simplemente me diría que no malinterpretara las cosas. Sus ojos se clavaron en mí, primero con vacilación y luego completamente decididos.
—De hecho… Hay algo que quiero preguntarte…— Susurró. Parpadeé varias veces, bueno, eso… era algo inesperado. Asentí para que continuara, no me sentía capaz de responder verbalmente —Bueno… ¿Por qué escogiste a Kentaro como tu guardaespaldas?
Y ya la tenía que cagar. Rolé mis ojos y me di media vuelta, dispuesta a irme sin darle ninguna respuesta. Ese tonto. ¿Qué se cree? Desde que habíamos venido acá, todos los días, sin excepción me hacia la misma pregunta idiota y luego se ponía de malhumor cuando no le contestaba.
No entendía ese repentino interés por saber esa respuesta y ni loca le decía que era porque estaba dolida por su rechazo indirecto en la noche del ataque.
—¡Oi!¡Espera! — gritó y otra vez me tomo del brazo, haciéndome girar. Lucia enfadado— ¡Me has evitado la pregunta, toda la maldita semana! ¡Contéstame de una buena vez! ¡¿Por qué lo escogiste a él?! — Mi cabeza empezó a tronar. ¡¿Por qué mierda se había encajetado con esa tontera?! ¡Verdaderamente, estaba insufrible! No tenía pensado contestarle nada más, estaba a punto de zafarme, cuando volvió a la carga.
—¡No, no escapes! ¡Ya dime! ¡¿porque lo escogiste al?!— Y fue en ese punto en el que estallé. Ya no lo soportaba más.
—¡¿Por qué sigues diciendo que yo lo he escogido?!
—¡Por qué has dicho que estaba bien si era él! ¡Me rechazaste deliberadamente! — contrataco furioso.
—¡Y tu dijiste que era para enmendar un error!
Sus ojos se clavaron en los míos, dejándome completamente paralizada. Claramente, era algo que no pensaba decir. Simplemente se escapó de mis labios, sin ningún control. Aquellos mares verdosos estaban llenos de dolor, de ira y de algo más que no logré identificar, fueron solo unos segundos ya que desvió su mirada, nervioso.
—Quiero protegerte, no pude hacerlo la última vez— Fue su única respuesta. ¿A qué venia esa clase de respuesta? ¡No tenía sentido con lo que estábamos hablando! De pronto, sentí frio y busqué darme calor abrazándome a mí misma. Mi mirada se dirigió rápidamente hacia la luna. Tan hermosa y serena. Debía ser como ella, serenarme, pensar y actuar. No lo entendía, definitivamente no entendía su manera de proceder, ni de pensar. Tampoco entendía porque estaba actuando de esa manera tan posesiva, tan rara, tan idiota. Y mucho menos entendía porque y para que me estaba diciendo esto ahora. Suspirando volví mi vista a él. Me miraba fijamente, esperando una respuesta. Y yo sinceramente, no sabía que decirle. Estaba muy confundida y cansada. Abrí mi boca tratando de encontrar una respuesta que fuera diplomática. Pero volví a cerrarla inmediatamente, ser diplomática no serviría de nada. La verdad y solamente la verdad, resolvería toda esta situación. Y si tenía que ponerlo entre la espada y la pared para lograr hacerle decir aquello que no entendía, y que hace una semana le estaba dando vuelta, pues lo haría. Respirando profundo me preparé para lo siguiente.
—No te entiendo— Dije sin más. Al principio parecía no reaccionar, luego sus ojos se abrieron con sorpresa y lentamente la sorpresa inicial paso, dejando solo una mueca desconcertada. Se removió, incómodo.
—¿Disculpa?
—Lo que has oído. Simplemente no logro entenderte. Haz estado actuando como un verdadero tonto estos días. —Su mirada se endureció y sus puños se apretaron— Pero antes de eso, desde que cumplí los dieciséis, me has tratado distinto, poniendo un muro de hielo entre nosotros. No me has dado ninguna explicación de eso antes, ni tampoco me la has dado ahora— mi voz se iba elevando cada vez más, estaba enojándome y mucho. Por alguna razón, mi lengua parecía no querer parar sacando a relucir todo lo que me había estado molestando estos últimos años. A su vez, la distancia entre nosotros empezaba a acortarse, mi dedo se dirigió acusador hacia su pecho— Y ahora ¡simplemente decides romperlo!¡Porque si! ¡Sin ninguna explicación, exigiéndome, que yo te dé explicaciones de mi proceder!¡ De mis elecciones! ¡Que te diga cómo me siento! ¡Me buscas constantemente!¡Otra vez haz cambiado tu forma de actuar hacia mí de la noche a la mañana! ¡Y me haces confundir! ¡No entiendo lo que quieres!¡Ni tampoco lo que buscas con esa pregunta! —La sangre subía hacia mis mejillas al mismo tiempo que mis lágrimas comenzaban a emerger y descender. Si antes tenía frio, ahora estaba sintiendo calor, mucho, mucho calor. — ¡No tienes ni la más pálida idea de lo mucho que he sufrido por esa fría indiferencia tuya!¡Preguntándome porque mierda habías tomado esa actitud!¡Pensé que había hecho algo malo, ¿sabes?! —Mis lágrimas bajaban libres por mis mejillas y mis manos, hechas puño, chocaban contra su pecho. Toda la frustración que había sentido, la estaba descargando con creces y él, no soltaba palabra alguna, permanecía en silencio, con el rostro impávido, sin reacción aparente, lo que aumento mi furia—¡Reacciona!¡Dime algo!¡Eres un idiota!¡Un cobarde!¡Un...!
Sus labios se estrellaron contra los míos, acallándome y sorprendiéndome. En el instante en que caí en lo que estaba pasando, intenté alejarme de él, golpeándolo con más fuerza, intentado empujarlo lejos de mí. Pero sus brazos se cerraron alrededor de mi cintura y me apretaban fuerte contra su cuerpo, sin dejarme escapatoria, sin salida alguna. Y en lo más profundo de mi ser, sentí que allí es donde debería estar. Seguí luchando, tratando de liberarme de su agarre, en defensa, él intensificó el beso. Y fue en ese punto, fue en ese momento, en el que yo cedí. Cedí ante aquello que tanto había esperado y anhelado, hasta en mis sueños. Cedí ante el amor que me quemaba y bullía en todo mi ser. Ante el amor que le tenía a él. Y solamente a él. A mi Gentokka. Ya no había más que decir. Mis manos quedaron flácidas sobre su pecho mientras me dejaba hacer. Sus labios, suaves y dulces, dejaron los míos, solo para besar mis mejillas, limpiando mis lágrimas. Sus manos tomaron mi rostro, obligándome a mirarlo.
—Escúchame con atención— susurró, sus ojos verdes estaban fijos en los míos, su mirada era dulce, cálida, atrapante. Asentí. El suspiró, cerró sus ojos y luego los abrió. Parecía estar buscando las palabras adecuadas…
—Te amo.
Y mi mundo se detuvo.
—¿Qué…?
—Que te amo —Abrí mi boca para decirle que no jugara, pero me acallo, tapándola con su mano, mi mirada le debe de haberle mostrado que no iba a dejarlo pasar— Te pedí que me escucharas, ¿puedes hacerlo sin interrumpirme? ¿Quieres saber toda la verdad o no? Porque esto es solo el comienzo, es solo una parte… — Sus ojos se clavaron nuevamente en los míos, estaba siendo sincero y había una súplica muda en ellos. Suspiré mentalmente ante mi debilidad y asentí nuevamente— Bien—Dijo mientras retiraba su mano. Volvió a colocarla sobre mi mejilla —Mitzuki, llevo enamorado de ti, desde que tengo veinte años.
Ante tantas revelaciones, me aleje unos pasos de él. Sus manos abandonaron mi rostro, para tomar mis manos. Sus ojos buscaban continuamente los míos, queriendo ver más allá, ver como estaba recibiendo aquellas noticias. Queriendo, gritando, suplicando, que le creyera.
—He puesto distancia porque eras y sigues siendo una niña—Mi ceño se frunció ante aquello y una leve sonrisa pareció bailar en sus labios— Por lo menos, es lo que quería creer, pero no puedo seguir engañándome, diciéndome que te veo solo como una hermana pequeña, porque no es así. Desde hace mucho dejaste de serlo. Entiéndeme. Tenías doce años cuando empezaste a gustarme, cuando empezaste a atraerme y yo, para ese entonces ya era un soldado, entrenando para un cargo de segundo al mando. Al principio traté de actuar lo más normal que pude a tu alrededor, pero cada vez se hacía más difícil. A medida que pasaba el tiempo tú, te ponías mucho más hermosa y las cosas, se tornaron más complicadas cuando dejaste de ser una niña inocente...
Ni una gota de sangre estaba en mi cuerpo, toda había sido dirigida hacia mis mejillas y mi corazón parecía estar corriendo una extraña carrera. Nervioso, llevo sus manos hacia su nuca, rascándosela. Suspiró y miró hacia un costado…
—Y tú eras la hermana pequeña de mis mejores amigos, la hija del Lord de las Tierras del Oeste, la Princesa a la cual se suponía yo tendría que servir y proteger con mi vida ¿ya no era eso, bastante escalofriante? Sin tener en cuenta, lo mucho que te protegían y celaban esos hombres. Especialmente tu padre… ¿Tienes ideas de la cantidad de veces que quiso asesinarme, simplemente por estar cerca de ti? Sé que fui un reverendo idiota, pero no podía, lo lamento, en serio, a mí tampoco me gustaba estar lejos de ti y tratarte de esa manera, sabiendo lo mucho que eso te lastimaba… Y luego, tu tratabas constantemente de hacer derribar mis barreras y mucho peor, preguntándome el porqué.
Sin previo aviso sus brazos se cerraron alrededor de mi cintura, solté un grito ahogado ante la sorpresa. Sentía su mirada sobre mí, pero yo estaba muy concentrada en el entramado de su armadura, completamente avergonzada y sin poder creérmelo, evitando a toda costa su mirada. Con un chasquido de lengua, su mano derecha se dirigió debajo de mi mentón y me levanto el rostro. Nuestros ojos se chocaron nuevamente.
—He intentado olvidarte, enterrar lo que sentía por ti en lo más profundo de mi ser, pero…
Apoyé mi cabeza en su pecho y lo abracé. Verdaderamente, sonaba atormentado. Sentí sus labios en el tope de mi cabeza, y su otra mano se dirigió hacia mi cabello.
—¿Pero? —susurré muy bajito, tratando de mantener la magia que se sentía en el ambiente, parecía que una burbuja nos hubiese envuelto. Dejando fuera todo lo malo. Éramos solo él y yo. Solo Gentokka. Solo Mitzuki. Y eso…Me gustaba. Me gustaba en demasía. Gentokka me apretó contra su cuerpo. Su cálido aliento chocó contra mi oído.
—Pero no soporto la idea de perderte —Susurro cálidamente, y mis mejillas volvieron a encenderse como si fueran dos llamas vivas. Sentí como acariciaba mi cintura —No soporto que Kentaro te ronde, ni que te cortejen. No soporto que me ignores ni que me trates con indiferencia. No soporto pensar que alguien intente lastimarte, y que piense que puede salir impune de ello y tampoco soporto pensar…Que no soy especial para ti…
Un cómodo silencio se extendió sobre nosotros, mientras la noche nos rodeaba en todo su esplendor y la suave brisa mecía nuestros cabellos. Tímidamente, levante mi rostro hacia Gentokka, topándome con sus ojos. Eran cálidos, muy, muy cálidos, no había ni la más mínima barrera en ellos, estaban allí, expuestos, mostrándome su faceta más íntima. Y me perdí en ellos, dejándome llevar por mis emociones. Mis manos acariciaron su pecho, subiendo lentamente por su cuello, hasta toparse con sus mejillas. Gentokka cerró sus ojos ante el contacto, acaricié tiernamente su suave piel y sin pensarlo demasiado, me coloqué de puntillas… Para rozar sus labios en un beso suave, tierno, delicado e inocente, uno que transmitiera todo el amor que tenía. Me separe unos milímetros de él para susurrarle.
—Tonto, siempre has sido muy especial para mí... —Gentokka pego su frente contra la mía sonriendo levemente y suspirando a la vez, como si le hubiese quitado un gran peso de encima —Tampoco soportaría el perderte. Me he enamorado de ti y no hay nada que puedas hacer al respecto, general imbécil.
Su risa suave se dejó escuchar entre la noche y en ese momento, a pesar de lo que me estaba ocurriendo, a pesar de la inminente guerra, a pesar de que probablemente tendríamos problemas por la situación, me permití reírme también, sonriendo anchamente. La persona de la cual estaba profundamente enamorada, me habia confesado sus sentimientos, aclarando todas mis dudas. Aunque tal vez no habia elegido el mejor momento para hacerlo, lo habia hecho. Y estaba sumamente feliz. Esto significaba un oasis en el medio del desierto. Genttoka besó mi frente aun entre risas y me giro entre sus brazos, provocando más carcajadas. Si, estaba muy feliz.
—¿Qué demonios es esto?
Oh, oh.
