Yamato había vuelto acompañado de Taichi hasta la habitación solo para descubrir que la niña ya no estaba y que Sora se había quedado completamente dormida con los digimon a su lado. Sonriendo ante la escena, se acabó girando hacia su amigo para poder despedirse de él en el pasillo.
Cuando había vuelto a entrar, lo hizo intentando hacer el menor ruido posible, acercándose hasta ellos para colocar bien las sábanas que se habían caído ligeramente hacia uno de los lados antes de retroceder de nuevo. Sora tenía razón cuando le había dicho que apenas había pegado ojo desde hacía un par de días, pero, cuando tenía oportunidad de hacerlo, podía evitar quedarse pensando en sus cosas.
Retrocedió hasta quedarse sentado en el sofá, intentando acomodarse allí y hacerle caso a ella. Si no descansaba no iba a poder estar en buenas condiciones cuando ella necesitara ayuda o les llegaran visitas y, además, sí que se notaba cansando. Se acomodó, girándose para poder quedarse medio echado, dejando la vista encima de ella.
No pudo evitar quedarse observándola. Sonrió pensando en que ahora mismo estaba en una habitación de hospital porque acababan de ser padres. Padres, apenas unas semanas más tarde de haber podido celebrar su primer aniversario… Ellos dos, quienes habían tenido que dar tantas vueltas antes de poder llegar hasta aquel punto. Habían sido años, muchos años… Los últimos tiempos sí que habían acelerado más las cosas, pero habían necesitado darse demasiados cabezazos antes de arrancar de nuevo con el intento definitivo.
2015
Yamato se había puesto en pie para ir a buscar su teléfono, haciéndolo de forma bastante decidida hasta que lo tuvo en sus manos. Había sido ella la que se había ofrecido a ayudarlo ya que se había mudado hacía relativamente poco y tenía bastantes cosas todavía guardadas, pero… ¿estaría bien si le hablaba?
Todavía no sabía diferenciar si simplemente estaba siendo amable con él por cumplir o porque las cosas estaban algo mejor. Era Sora de quien estaba hablando y aparte de que anulaba totalmente sus capacidades mentales, cualquiera de las opciones anteriores era más que factible. En su cabeza seguía dándole vueltas todavía al hecho de que tan siquiera le hablara… aunque bien podría ser por el hecho de la boda de Taichi. Estaba demasiado cerca y posiblemente todo aquello fueran apariencias para que todo fuera bien ese día…
Era la idea más coherente a la que había llegado. Y quizás lo que le había dicho aquella tarde lo había hecho para quedar bien con él y nada más… Tristemente era lo que más lógico sonaba se mirase como se mirase. Dejó el teléfono de nuevo encima de la mesa y salió en dirección hacia la cocina buscando alguna excusa con la que entretenerse, aunque fuera el simple hecho de llenarse un vaso de agua.
- ¿Ya estás en casa? – la voz de su padre lo distrajo, agradeciéndolo interiormente.
- Sí, hacía demasiado calor en la calle para seguir dando vueltas – y no mentía.
- Lo sé, este verano vamos a acabar todos asados… ¿Qué hacías en la cocina? ¿Ibas a hacer la cena?
- Ehm… ¿Sí? – se encogió de hombros-. Acababa de dejar el teléfono y no tenía nada en mente…
Riéndose de él, terminó por dejar la chaqueta antes de volver a caminar hacia la cocina, quedándose apoyado en la mesa, observándolo.
- Pues ya puedes ir empezando que tengo hambre y así haces algo útil con tu vida más allá de dar vueltas por ahí – aprovechó para picotearlo, yendo a buscar algo de beber.
- Ya… - estaba distraído. Todavía estaba dándole vueltas al ofrecimiento que Sora le había hecho, sin ser capaz de decidir qué hacer.
Resoplando por lo bajo fue hacia la nevera buscando algo con lo que poder empezar a hacer la cena.
- ¿Te apetece algo?
- No, me da igual. Así que tú verás qué eres capaz de hacer entre resoplidos… ¿Te ha pasado algo?
- No, no me ha pasado nada – escondiendo la cabeza detrás de la puerta de la nevera pudo escuchar como si padre se reía por lo bajo.
- Seguro que no…
- Llevamos un buen rato buscando casas y no nos gusta ninguna – Gabumon se unió a la conversación-. Yamato, te has dejado el teléfono en la habitación.
- No, no me lo he dejado.
- Sí, fuiste corriendo a por él y luego lo dejaste encima de la mesa.
- Que te estoy diciendo que no me lo he dejado, deja de dar la lata. ¿Qué te apetece para cenar?
Dándose cuenta de que de verdad algo le pasaba a Yamato, Hiroaki siguió riéndose por lo bajo observando la escena, estudiándolo, no tardando demasiado en caer en la cuenta de lo que podía pasarse mientras que veía como el digimon se iba directo hacia el sofá ignorando completamente la pregunta de su compañero.
- ¿A quién no te atreves a llamar? Y yo pensando que esta etapa la habíamos pasado hace como unos ¿diez años?
- No es que no me… Bah, ¿sabes qué? Que ahora te vas a poner a hacer la cena tú por listo. Yo me voy a ir a darme una ducha – caminando hacia su habitación de nuevo cogió el teléfono para guardárselo en el bolsillo del pantalón.
- Vale… Ya pido yo algo de cena, pero… Yo creo que ya vamos teniendo unos añitos para no ser tan cobardicas.
Entrecerrando los ojos y aprovechando que aún no había deslizado el terminal dentro de su ropa, se dejó llevar por su propia cabezonería, abriendo la conversación que tanto le había impuesto minutos antes y tecleando casi sin pensar en ello.
- Míralo… Todo un adulto funcional que ahora cae con los picoteos de su padre…
- Déjame en paz – gruñó de nuevo antes de salir en dirección hacia la habitación.
Hiroaki lo siguió con la mirada riéndose de él, especialmente cuando lo vio quedarse congelado en la puerta, sacando a toda velocidad de nuevo el aparato y leyendo la respuesta que le habían dado.
- Ver para creer…
- Papá, ¿no tienes otra cosa mejor qué hacer con tu vida?
Sin poder evitarlo una sonrisa se formó en su cara. No solo le había contestado algo de su interés sino que lo había hecho rápido y aparecía en línea. Retomando la marcha hacia su habitación, cerró la puerta detrás de los otros dos cotillas antes de tirarse encima de la cama.
- ¡Yamato! ¡La cena!
Todavía con las cosas encima de la mesa esperó a que saliera de nuevo de la habitación quedándose mirando hacia él para ver la cara con la que le llegaba, empezando a reírse por lo bajo.
- Eso es que te ha contestado y no te han mandado a paseo, ¿no?
- Déjame en paz…
- Te dejo, te dejo… - viendo como saltaba como un resorte al sentir de nuevo la vibración del teléfono e iba poniendo caras al leer volvió a echarse a reír-. Anda, siéntate y ya te lo voy echando yo…
Tenía muy claras aquellas imágenes en su cabeza y entendía perfectamente que su padre se hubiera reído de él lo que hubiera querido y más. Cualquier que lo hubiera visto entonces y lo viera ahora en su situación seguramente pensara lo mismo que él. Las cosas habían cambiado demasiado en cuestión de ¿cinco años? ¿Ya habían pasado casi cinco años desde entonces? En realidad, lo único que habían necesito había sido ignorar todo lo demás. Se habían dado todas las circunstancias a la vez para que tuvieran medios y capacidad de salir de todas las complicaciones que se les habían puesto por delante.
Entrecerró los ojos ligeramente, acomodándose mejor, notando poco a poco como sus párpados empezaban a pesar, dándose cuenta de que estaba más cansando de que lo que él mismo se había percatado.
Se había empeñado en acompañar a Sora hasta que cogió un taxi para irse a su casa. No eran solas para que ella se diera semejante caminata hasta su casa y él, desgraciadamente tendría que dar demasiado rodeo para poder volver hasta casa de su padre si la acompañaba. No le hubiera importado, pero tampoco quería que ella pensara que buscaba nada más aquella noche.
¿Y qué otra cosa más podría llegar a querer?
Cuando abrió con cuidado de no hacer ruido y entró al recibidor todavía no era capaz de creerse lo que había pasado. No estaba demasiado seguro de no haberse quedado dormido y que todo fuera un producto de su imaginación. Lo cual, a aquellas alturas y viniendo bastante de vuelta de sus propias conclusiones, no le extrañaría.
Sonrió, distraído, dejando las llaves en el mueble de la entrada antes de avanzar hacia el interior.
Hiroaki se había girado nada más sentir la puerta abrirse, encontrándose a Yamato entrando sin tan siquiera enterarse de que la luz estaba encendida. Arqueó las cejar al verlo, notando su gesto completamente distraído y bastante lejos de donde se encontraba. El cabello revuelto terminaba de delatar que, posiblemente hubiera tenido una buena noche. Carraspeó, llamando su atención, teniendo que reírse ante la cara de susto que puso.
- No soy pelirrojo, pero creo que no me conservo tan mal para que te asustes.
- No te había visto… - llevándose la mano al pelo, lo revolvió todavía más, acercándose hacia él.
- Ya… Ni a mí, ni la luz encendida, ni nada de lo que tenías delante… ¿De dónde vienes?
- ¿Hm?
- Que de dónde vienes… - aprovechando que había calentado más agua de la cuenta sacó otra taza del armario-. ¿Quieres?
Asintió con la cabeza, todavía algo perdido en su propio pensamiento, acabando por dejarse caer en una de las sillas ante la atenta mirada de su padre.
- Creo que me voy a tomar esto como que todo está yendo perfectamente, ¿no?
- Mejor que perfectamente – contestó, asintiendo.
- Eso me parecía… No te pregunto si la cosa va en serio porque si estamos hablando de quién estamos hablando ya iba en serio hacía tiempo, pero nunca te había visto llegar con esa cara.
- Disfrutas con esto, ¿no? – se quedó mirando hacia él.
- No tanto como tú – esquivando el papel que le lanzó y echándose a reír por el comportamiento de él.
Aprovechando aquel momento para echar el agua en las dos tazas, colocando la bolsa de té en ellas volvió a girarse hacia su hijo.
- Pues mira, me alegro por ti y que las cosas vayan avanzando entre vosotros dos. Así que queda un poco cutre pero solo tengo esto a mano para celebrar…
- Papá… - dándose por vencido al final alargó la mano cogiendo la taza que le tendía.
- De papá nada, que con la cara de tonto que me traes hoy no hacen falta más aclaraciones.
- ¿Ahora tengo cara de tonto?
- Creo que es la vez más evidente… - tomó asiento a su lado-. Que no te digo nada, ¿cuánto te ha costado? ¿Más de una década?
- ¿Y a ti qué te importa? Creía que el cotilla de la familia era Takeru – acercó la taza a sus labios, soplándola con suavidad antes de dar un trago.
- No, si no necesito detalles, gracias. Pero… solo digo que ya iba siendo hora. Yo que tú aprovechaba para dormir bien hoy por la noche y olvidarte de salir mañana por la mañana temprano a correr.
- ¿Y eso?
- Libro, así que si quieres podemos ir a comer fuera… - principalmente lo que quería era comprobar su teoría sobre las pesadillas de su hijo y la influencia positiva que estaba teniendo la vuelta de Sora a su vida-. Si no tienes planes mejores que hacer caso al pesado de tu padre, claro…
- Claro que no, no digas tonterías… Me parece muy buena idea.
- ¿Vienes de la calle directamente? – preguntó tras unos segundos observándolo en silencio.
- ¿Por qué?
- No sé, creía que a tu edad ibas a ser capaz de abrocharte bien los botones de la camisa…
Bajando la vista, distraído, se dio cuenta de que a la altura del cuello se podía apreciar que no había acercado con algunos de los botones y los ojales…
- Mira… déjame en paz – sin duda había tenido otros lugares a los que mirar mientras que todavía terminaba de vestirse.
Acabó por unirse a la risa de su padre.
AnnaBolena04: este capítulo ha sido unos de esos antojos que me entran a mí para hacer de vez en cuándo y en él tenemos al rubio pensando en sus cosas y en lo mucho que ha cambiado su vida con el paso de los años. Que su nenita preciosa ahora está en brazos de su madre y hace una temporada se moría él solo varias veces de la vergüenza simplemente ante la idea de tener que hablarle. Muy adulto todo, evidentemente.
Y Hiroaki riéndose un poco del tontorrón de su hijo siempre es maravilloso, así que ale, un capítulo de FB para alegrarnos un poco que aparte de este os quedan dos capítulos y ¡terminamos!
¡Besitos de tortuguita!
Guest Vecina: bueno, te contesté ayer via comentario a lo de Koemi porque sabía que sino se me iba a olvidar porque aquí donde me veis tengo memoria de pez porque mis neuronas las pobres están ya muy fritas y solo estamos a mitad de curso... Aaains.
Además con Natsuko se quedaban todos los problemas solucionados porque absolutamente nadie iba a protestar porque fuera ella. Si hubiera sido Mimi posiblemente tampoco, peeero si hubieran sido Haru o Mai las elegidas los morros de Mimi iban a ser muy épicos. Así que así la abuela se queda contenta, ellos no tienen que aguantar dramas y, para encima, sirve como "tregua definitiva" entre madre e hijo. Que Natsuko todavía necesita detalles así para asegurarse de que todo vaya bien con él y poder actuar de forma más abierta. Y si de paso se va corriendo a buscar a su (ex)marido pues mejor que mejor para todos, sobretodo para él.
Ya, ya lo sé, pero bueno, es que en parte es mi vicio por las noches y con lo que desconecto un poquito de tanto mocoso odioso y números y demás. Pero bueno, poco a poco que tengo en mente muchas trastadas para hacer y solo por el mono de poder llegar a ellas no te sabes el mono que tengo jajaja Ahora solo falta dejar de llegar a casa a las 10 y pico de la noche todos los días desde por la mañana y ya sería perfecto, oye (ahora es cuando viene Anna a reñirme xDD)
Y sigue haciendo sol vecina, prepárate para lo peor porque esto en el norte empieza a ser siniestro. A ver cuánto nos dura y no viene una ciclogénesis llamada Takeru o algo por el estilo. ¡Un bico grande grande!
Epic Crystal Night: aaaaaaaaaaaaaaaanda que tú también❤❤❤ Me ha hecho mucha ilu lo que has puesto al final del capi de tu historia, que lo sepas ❤ Ahí estaba yo riéndome por semejante corte pensando en cuando me reñís a mí y de esto que sigo leyendo y OMG ❤❤❤❤ Si es que sois todos un solete xD
Gabumon ya amenazó al rubio hace tiempo con que iba a cambiarlo por la nenita. Y normal, es que nadie le podría decir que no tenga razón ni motivos para hacerlo, porque es como tener un miniYamato pero en versión adorable y con una madre que por mucho que la niña quisiera dar la lata no la dejaría llegar al nivel del padre. Es una apuesta segura que el rubio ya está mayorcito y tiene que saber cuidarse él solo.
¡Un beso enorme! Y gracias otra vez ❤
