- ¿Tú estás segura de que Yamato te ha dicho que ya dejan a Sora comer normal?

Andrew caminaba unos pasos por detrás de Haru, observándola entretenido al verla mirar hacia los lados de forma inquieta en busca del número de la habitación.

Había sido curioso la forma en la que habían llegado a aquel momento. Cuando el teléfono había sonado a mitad de la noche los había pillado completamente desprevenidos. Estaban pasando unos días en Los Ángeles aprovechando para visitar a su familia con los preparativos de la boda y cuando se habían ido a dormir ninguno de ellos hubiera podido imaginar aquello. El grito de Haru poco más y lo había matado del infarto. Estaba seguro de que no podía ser demasiado despertar de esa forma, y ni siquiera había sido capaz de saber de lo que le estaban hablando hasta pasado un buen rato.

Cuando había sido más persona y había sido capaz de entender que era Sora la que se había puesto de parto y que el histerismo de Haru era más que justificado no había podido evitar ponerse nervioso él también, especialmente después del susto que la pelirroja les había dado semanas atrás. Si a eso se le sumaba que habían tenido que ir de un extremo del mundo al otro, encontrando billetes e intentando dar las menos vueltas posibles… Aquello había sido un caos.

Posiblemente llegaran los últimos, pero también llegaban sabiendo que se iban a encontrar todo bien. Habían podido hablar con ellos y ver las fotos de la pequeña que les habían enviado. Haru se había empeñado a en parar nada más salir del aeropuerto en ir a buscarle algo a Sora para que pudiera comer algo que no fuera comida de hospital ya que ahora e habían dado permiso para comer con más libertad.

- ¡Esta es! – frenando en seco, se giró hacia él-. ¿No?

- Sí, es esta – llegando hasta su lado, asintió-. Ale, venga, corre, que me has arrastrado por varios aeropuertos casi sin darme tiempo a respirar, no vaya a ser que les haya dado por darle a la fuga y no dejarte ver a la niña.

- Quejica… ¿Llevas contigo las bolsas?

- Sí claro, jamás me atrevería a rondar a una Sora en un hospital sin llevarle comida… Quita, quita. Y eso que no te la cruzaste en época de exámenes… - murmuró por lo bajo antes de ver como aceleraba en dirección hacia la puerta.

Riéndose por lo bajo fue tras ella, teniendo cuidado de que no le cerrase en las narices por ir ella demasiado rápida.

- ¿Tan pronto has comprado a la niña para que decida venir a este mundo cuando estoy a miles de kilómetros de ella? – fue el saludo de ella quedándose mirando hacia Yamato, quien había dado un respingo al estar totalmente distraído mirando hacia Aiko en brazos de su madre.

- ¿De dónde sales tú exactamente? – girándose para mirar hacia la pareja, sonrió a modo de saludo.

- Del primer vuelo directo que ha encontrado en cuanto hemos sido libres de poder volver a Tokio – riéndose de la escena por lo bajo, Andrew se acercó también observándolos-. ¿Qué tal estás, Sora?

- Con unas ganas de irme para casa ya que no te lo puedes ni imaginar – sonriendo al verlos, no pudo más que esperar a que se acercaran hacia ella a sabiendas de que quien realmente les interesaba era la pequeña.

- Ya casi no te queda nada – le dijo rozándole con suavidad el brazo Yamato antes de ponerse en pie para poder acercarse a los recién llegados-. ¿Qué tal os ha ido el viaje?

- Bien, apenas acabamos de llegar a Tokio. Aquí la señorita se moría de ganas de venir a verlas a ellas antes de tan siquiera poder dejar las maletas… Y, sin que te parezca mal, creo que yo también – acercándose algo más hacia la pelirroja, Andrew hizo lo mismo que Haru observando así a la pequeña.

En aquellos momentos Aiko estaba despierta y aquel había sido el motivo por el que sus padres estaban observándola cuando ellos habían llegado. Y al notar que otras dos caras que nunca había visto se acercaban no pudo más que poder observarlos confusa pero fijamente unos segundos antes de empezar a mover lentamente sus brazos como si buscara acomodarse de nuevo contra su madre.

- ¿En serio? – Haru levantó la vista hacia Yamato directamente-. ¿Te has quedado a gusto? Porque madre mía ya te digo que ni aunque a Sora le diera por echarle la culpa a tu hermano…

- ¡Oye! – protestó la pelirroja antes de empezar a reírse-. Que no me puedo reír del todo en condiciones todavía…

- Pues… es que tiene toda la razón, ¿eh? Y te lo dice alguien que tiene a su hermana todavía enfadada con él por ser incapaz de sacarle parecido a la niña… ¿fue todo bien?

- Sí… Si la peor queja que tengo es la comida y que me empiezo a aburrir todo el día en la habitación. Pero por todo lo demás… todo el mundo se está portando de maravilla.

- Sí, el tema de la comida es el que peor lleva – riéndose todavía por el comentario de Haru Yamato se alejó unos pasos dejándoles su espacio para no agobiar con tantos alrededor a Sora.

- Bueno… Eso puede que tenga fácil solución – la castaña se quedó mirando hacia la pelirroja con una sonrisa-. ¿No me ha dicho una mentira, no? ¿Te dejan ya comer más normal?

- Sí… Más o menos. Evidentemente no me dejan comer cosas fuertes pero puedo ir comiendo con normali… ¡Haru! – sus ojos se fijaron rápidamente en la bolsa que tenía en sus manos en aquel momento reconociendo el logotipo.

- Te cambio esto por Aiko un ratito… - dejando la bolsa bien a la vista antes de reírse y dejársela encima de la cama con cuidado esperando que la dejara coger a la niña.

- Qué rápido ha vendido a la niña por comida… - Andrew se echó a reír cambiándose de lado para poder quedarse al lado de Haru y así poder ver a la pequeña mejor.

- No es una comida cualquiera, que yo los chantajes los hago con propiedad. A ver con qué clase de galletas crees tú que le hago los interrogatorios a la recién estrenada madre aquí… - colocando bien la mano bajo la cabecita de la niña la cogió contra ella sin querer hacer movimientos bruscos que pudieran hacerla llorar.

- A buen sitio vais vosotros dos chantajéandola con comida… - divertido por la reacción de Sora, Yamato observó la escena-. Ten cuidado no te vaya a doler luego el estómago que bastante delicada sueles ser tú ya para esas cosas.

- Que sí… Que no me las voy a comer todas… - poniendo casi la misma expresión que pondría un niño pequeño cuando se le pillaba a punto de hacer una trastada, Sora cogió la primera de las galletas llevándosela rápidamente a la boca.

Haru se quedó con Aiko en brazos, observando lo pequeñita que era y lo tranquila que parecía haberse quedado. Más bien parecía que no se hubiera enterado de haber cambiado de lugar y ahora permanecía con los ojos cerrados sin moverse apenas. Sonrió automáticamente observándola, viendo como Andrew se acercaba para rozarle la mano con suavidad.

- Pues no os queda nada mal… - apoyado contra la pared, el rubio sonrió a la pareja-. ¿Qué? No me mires así…

- Cállate, Yamato – notando como rápidamente se le subían los colores a la cara, Haru dejó fija la mirada en Aiko sin querer saber nada de los que la rodeaban-. Aiko, tú no le hagas caso al pesado de tu padre que me tiene manía y le gusta hacerme de rabiar.

- El sentimiento es mutuo… - empezando a reírse, volvió con Sora, dejando que los digimon fueran hacia donde estaban los otros dos.

- ¿Quieres? – girándose hacia él le ofreció la caja para que cogiera-. Venga, que como sigas viviendo también solo de la comida de la cafetería te va a acabar dando algo a ti también…

- ¿No se ha despegado de tu lado en todos estos días? – preguntó Andrew observándolos, dejando su mano al alcance de la pequeña.

- Qué preguntas más tontas que tienes – negando con la cabeza Haru siguió mirando hacia abajo-. ¡Mira!

Aiko abría de nuevo los ojos, observándolos atenta antes de decidir agarrarse a uno de los dedos de la mano de Andrew que habían quedado a su alcance, llamando así la atención de los dos.

- No, lleva pegado a mi lado todos estos días y no hay manera ni de que duerma en condiciones. Yo ya le he dicho que porque se vaya a casa a dormir estos días que ya estoy mejor no pasa nada peor no hay manera… - levantando la vista hacia sus amigos sonrió al ver la escena.

- Ya te he dicho que no me hace falta, que me arreglo bien… - cedió a pesar de todo, cogiendo una de las galletas antes de volver a mirar al frente y empezar a reírse por la cara que tenía puesta el otro chico-. Lo que ya decía yo, tened cuidado vosotros dos que así empecé yo con tanto sobrino rondándome…

Aquella vez no hubo respuestas al puñal que les había lanzado el rubio, ya que los dos estaban entretenidos con la pequeña quien parecía haberse quedado a gusto tal cual estaba con ellos dos.

- Yo creo que os ha escuchado demasiado rondándome estos meses y ahora tiene que saludaros en condiciones – dijo Sora prestándoles atención por fin, encantada por la mirada de cariño con la que estaban viendo a la pequeña-. Aunque Yamato tiene razón… No os queda nada, pero nada mal… ¿para cuándo me dais una fecha que apuntar en la agenda? ¿Eh? A mí con que me deis un poco de tiempo para estar repuesta del todo me vale, no es por meteros prisas…

- Oye, oye, oye, no te aproveches ahora de que la niña nos tiene distraídos para venir a atacarnos – Haru levantó la vista hacia ella-. O te quito las galletas.

- Con la de puñales que me has lanzado tú a mí mejor no entramos en discusiones sobre ese tema – sonrió, entretenida-. No, en serio. Porque yo tenía algo esperando en casa para enseñárselo a cierta señorita cuando volviera de Los Ángeles y creo que ahora vamos a tener que esperar un poco más.

- ¿Qué? – levantando la cabeza hacia ella de nuevo la miró sorprendida.

- Uy sí, ahora ponme cara de susto venga, que todavía me la creo. Y da gracias que no me he vengado… Y debería de haberlo hecho – señalándola con la galleta que tenía todavía en la mano no tardó demasiado en darle otro mordisco.

- Oye, yo no me dediqué a tocarte las narices nunca con ningún tema, hazme el favor de ahorrarte los puñales.

- Ah, y yo sí que me dedicaba a meterme con la gente y mira la de puñales gratuitos y encerronas que me lleve… ¿No sabes ya con quiénes te juntas? Que hace bastante tiempo que conoces el percal… Yo me libraba al principio porque Haru se ponía como un tomate cuando se cruzaba conmigo en casa, pero le duró poco.

- Así que piensa lo poco que te dura la fachada de serio – levantando la vista hacia su marido, Sora sonrió antes de tirar de él para poder usarlo como apoyo.


Horas más tarde, la enfermera acababa de irse llevándose a Aiko con ella para que la madre pudiera descansar tranquilamente. Los digimon se habían quedado en el sofá más cercano durmiendo. Ellos eran los que menos problema con todo aquello estaban teniendo, ya que se acomodaban en cualquier parte y hacía tiempo que dormían plácidamente.

- Ya creo que me las arreglo yo sola para poder ir al baño sin que tengas que estar tan pendiente de mí – le dijo Sora mientras que volvía hacia la cama cogida al brazo del rubio.

- Sí, como si a mí no me gustara precisamente estar pendiente de ti – se rio mientras que continuaba con su camino.

- Bueno… pero yo lo digo por cuando tengo que despertarte y…

- Y nada, venga… Que te ayudo a que te eches.

Llegando hasta uno de los laterales de la cama esperó a que ella se sentara para ayudarla mejor a colocarse y que no tuviera que estirarse para recuperar las sábanas.

- ¿Estás cómoda?

- No… - protestó.

- ¿Quieres otra almohada o algo?

- No… - se quedó observándolo-. ¿Por qué no te echas conmigo? Hay sitio de sobra para los dos y de verdad que tú tienes que descansar en condiciones.

- No quiero que te hagas daño al chocar conmigo – se encogió de hombros-. Y lo digo en serio, me arreglo bien.

- No, no te arreglas bien. Si no te quieres ir a casa a dormir por no dejarme sola al menos duerme en un sitio cómodo donde te puedas estirar.

- Sora…

- ¿Por favor? – le dedicó una mirada que esperaba que lo hiciera ceder-. No me gusta dormir sin ti…

Arqueó las cejas, dándose cuenta de que estaba tratando hacerle chantaje emocional teniendo que mirarla intentando hacerse el serio antes de empezar a reírse.

- Tienes una cara muy grande… Ya verás cómo lo aprenda de ti una que yo me sé… Pobre de mí… - dándose por vencido asintió, yéndose hacia el otro lado de la cama para que ella no tuviera que moverse y haciendo lo que ella le había pedido-. Pero haz el favor de tener cuidado que no quiero que te hagas daño…

- Que sí… que tengo cuidado – sonrió abiertamente al darse cuenta de lo que había conseguido girándose hacia él ligeramente, sin querer forzar la postura, para observarlo desde allí-. Gracias…


AnnaBolena04: Yamato intentando parecer serio y digno sin ser capaz de conseguirlo y con gente a la que no le puede vender esa fachada es una de mis cosas favoritas en este mundo. Y creo que de Hiroaki también jajaja Que tiene un hijo que le ha salido un poco especialito y no sabe ni terminar de abrocharse bien los botones de la camisa y le llega a casa de la forma más delatadora posible. Tiene que reírse de él sí o sí. Menos mal que no intentaba mantenerlo en secreto porque sino iba a ser el rey del disimulo.

Y ahora por fin han llegado Haru y Andrew a conocer a la nenita y parece ser que vienen con una bonita ofrenda de paz en forma de comida para Sora. Ya la tienen comprada para toda la eternidad con eso. Y parece que Andrew ha conseguido sobrevivir al infarto que le dieron esa noche. A ver si llega vivo a su propia boda...

¡Besitos de tortuguita!

Guest Vecina: supongo dónde te has podido liar jajaja En la boda de Taichi sí que es cierto que Sora se fue en taxi, peeeeeeeeeero Yamato volvió, se quedó con Takeru y Hikari y luego fue a dejarlos a casa. Cuando llegó su padre lo cazó de pleno llegando con cara de merluzo también y por eso está contado en el "presente" de la primera parte "Nuestra historia". Lo que os he subido ayer es a Yamato llegando precisamente después de esa primera noche en el estudio, de ahí que venga con unos pelos un poquito delatadores y que no haya acertado demasiado con los botones jajajajaja Supongo que lo que te habrá liado será el tema de ella yéndose.

Es que Hiroaki rejuvenece años cada vez que Yamato le viene con alguna de estas. Es lo que pasa con ese tipo de gente que intenta parecer serio y respetable, que luego cuando la lían se disfruta mucho más ver como se estresan. Esto es como cuando intento hacerme la seria y respetable yo para imponerme con las fieras y luego me entra la risa por alguna de sus cenutriadas y ya se me va a la porra.

Sí, hoy ha hecho todo el día sol aquí también. Empiezo a estar confusa, es como si el clima tramase algo. Pasear el paraguas solo por pasearlo no es algo a lo que esté demasiado acostumbrada yo, no, no xD

Penúltimo capítulo, vecina. ¡Penúltimo! Un bico enorme para ti y para las tartarugas que además mañana es viernes por fin.