Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 7
Razones
Sin siquiera pensarlo dos veces, me solté del abrazo de Gentokka y corrí hacia los brazos que se mantenían abiertos hacia mí, listos para recibirme.
Y me lancé sobre ella.
—¡Iza-chan!¡¿Que estás haciendo aquí!?¡Te he extrañado muchísimo!
Una carcajada salió de entre sus labios mientras sus brazos se cerraban entorno a Mitzuki, estrechándola contra sí. Gentokka se rascó la nuca, confundido, jamás la había visto en su vida y parecían ser muy cercanas.
—¿En serio es lo primero que me dices? —Dijo divertida —Luego de encontrarte en tan comprometedora situación…
Sintió arder sus mejillas, pero no pudo esconder la sonrisa provocada por los recuerdos de las últimas horas. La nueva invitada se removió, alejándola de si para observar el rostro enrojecido de su prima favorita. Rojo, está totalmente rojo…pensó con diversión. Mitzuki al observar la sonrisa que se estaba extendiendo en el rostro de Izayoi, sintió un escalofrío.
—Etto…Verás, bueno…No, es que…
—Ya, no tienes que explicarme nada… ¡Oe! ¡Tú, soldado inútil! — Cuando Miztuki se corrió hacia un costado, dejando la figura a la que abrazaba expuesta, los ojos de Gentokka parecían salirse de sus cuencas al observar mejor a la fémina. Era una hanyou, con pelo oscuro, pero con ojos dorados. Claramente era parte de la familia Inuyokai. Y lo acababa de llamar soldado inútil… —¿Qué es lo que pretendes con mi pequeña prima? — ¡¿Eh?! ¡¿P-p-pri-pri-prima?! ¿Qué demo..? Gentokka estaba más y más confundido. Izayoi lo miró con una ceja alzada, parecía estar en estado de shock. Mitzuki río al ver al general totalmente sin palabras y en aprietos, su prima podía llegar a ser un poco bruta para comunicarse, no la culpaba, su tío, Inuyasha, era igual. Decidió ayudarlo un poco... Se colocó entre medios de los dos y con una sonrisa extendió una mano hacia su prima.
—Gentokka, te presento a mi prima Izayoi… Izayoi, te presento al Tercer General Imperial del Palacio del Oeste, Gentokka.
—¡¿GENERAL IMPERIAL?! Mierda, sí que tienes altos estándares Mitzuki…
Ugh, esta será una muy, muy larga noche.
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—Kagome, Inuyasha no sabes cuánto me alegra que hayan podido venir aquí…— Dijo una muy cansada Rin hacia sus dos invitados, ambos lucían completamente preocupados y consternados. La repentina invitación los había descolocado por completo.
—¡No hay problema Rin-chan! —Kagome sonrió cálidamente, la misma que siempre lograba tranquilizarla cuando se sentía sola en la aldea. La miko tomo la mano de su amiga entre las suyas y las apretó suavemente — Aquí nos tienes, para lo que necesites… ¿Verdad, Inuyasha?
El hanyou en cuestión observó atentamente a su cuñada y asintió, completamente serio. No es que hubiese cambiado mucho en estos últimos años, pero el ser padre, más unas dosis diarias de abajos, lo habían moldeado para comportarse… Al menos, en determinadas ocasiones.
Rin los observó y sus labios curvaron una sonrisa cansada.
— Lo sé y se los agradezco desde el fondo de mi corazón… Ha sido unos días bastantes agitados —Dijo suspirando la Lady.
—¿Qué es exactamente lo que está ocurriendo? — Preguntó directo Inuyasha — Fuiste misteriosa en la carta, estamos en el palacio del Cielo y no huelo el olor ni siento el youki de Sesshomaru cerca… Y déjame decirte que eso ya es demasiado extraño estando ustedes aquí…
Rin hizo un mohín, incomoda y nerviosa, no sabía si había hecho lo correcto al involucrarlos, pero necesitaba la mayor cantidad de aliados posibles y sabía que ellos no los dejarían solos. Ellos mismos jamás hubiesen rechazado el pedido de ayuda de su propia familia… Más, si el autor de los hechos seguía sin tener un nombre ni un rostro, necesitaban más gente, aunque confiara ciegamente en su señor. Decidió ser directa y breve, como se le había enseñado.
—Atacaron a Mitzuki —La sorpresa en el rostro de los presentes fue muy notaria, al igual que su consiguiente reacción, levantarse del asiento, Rin los frenó con un gesto —Ella está bien, es solo que… Utilizaron magia tengu
—¿Magia tengu? — Preguntó Kagome todavía más sorprendida. Inuyasha se rascó la nuca, incómodo, quería ver a su sobrina. Rin asintió.
— Es un tipo especial de magia, en efecto, causa pesadillas escalofriantes y vividas — Los presentes la observaron totalmente serios y preocupados, por cómo se venían desarrollando las cosas, esto no auguraba nada bueno — En las etapas finales toma control del cuerpo de su víctima, obligándolo a hacer los crímenes y barbaridades más atroces…— Kagome apretó la mano de Rin, mientras que Inuyasha apretaba sus puños...Esto no se oye para nada bien.
—Seguramente debe haber una cura Rin, no deb…
—La hay — Le cortó la frase a Kagome.
—Bien —Dijo la sacerdotisa —¡Te ayudaremos a encontrarla! Dime lo que necesitas y nosotros… ¿Rin?
Los ojos de la Lady se habían vuelto vidriosos y mordió sus labios, no podía llorar, no debía. ¿Por qué ahora? ¿Por qué frente a ellos? Sesshomaru, te necesito… La situación la había desbordado desde un principio, eso era claro pues ¡era su hija la que estaba sufriendo! ¿Qué madre en su sano juicio querría eso para su niña? Y allí estaba ella, sin siquiera poder acercarse, ni consolarla, no podía hacer absolutamente nada… Era un desastre, una mala…Un apretón fuerte en su hombro llamó su atención, Inuyasha la observaba.
—No pienses ninguna estupidez, estaremos aquí, así que tranquilízate y cuéntanos como se debe mujer, si no, no podremos ayudarte…— Rin mordió sus labios y se tragó sus lágrimas, ya lloraría después, su familia la necesitaba.
—Necesitamos romper la trenza que fue hecha a base de sus cabellos, pero ella tiene que estar plenamente consciente en ese momento, de lo contrario…Morirá— Kagome e Inuyasha vacilaron.
—¿Cabellos?
—Pero ¿cómo los consiguie...?
Un gruñido y un chasquido de lengua se dejaron ver, junto con los ceños arrugados de estos. No había nada más que agregar.
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Unos pasos resonaron hasta entrar al recinto, este se encontraba en un estado de completa oscuridad, solo iluminada por la luz de una débil vela, que se hallaba pronto a sucumbir ante las heladas ráfagas de viento que se colaban desde el ventanal.
—Mi…Mi Señor, esperamos sus órdenes.
Una risa maquiavélica se dejó recorrió cada rincón de la estancia.
—Kei, prepara a las tropas, en cinco días, atacaré el Palacio del Cielo… Pero antes, podré de los nervios a nuestro querido Sesshomaru.
—Si amo Hisoka, como desee.
En cuanto su sirviente se retiró de la estancia, se levantó y avanzó hasta el ventanal, cerrando las cortinas de un golpe. El lugar estaba frío, pero él no sentía. Hacía tiempo que había dejado de sentir. Lo único que lo mantenía vivo era sus ganas de ver sufrir a la rata asquerosa de aquel que se hacía llamar Lord del Oeste.
Se encaminó hacia su armario secreto y descorrió la puerta del compartimiento en el que se hallaba su querida hermana menor. Las flores y el incienso eran renovados todos los días. Las velas iluminaban levemente su último retrato, su pelo rojo resaltaba en conjunto con sus irises amarillas, sus alas negras se hallaban plenamente extendidas y una dulce sonrisa surcaba su esbelto y marcado rostro. Una belleza completamente exótica. Se arrodilló frente a ella y se sirvió sake en su tokki.
—Ya falta poco, Yukiko.
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Sesshomaru suspiró, el palacio imperial se hallaba tranquilo después de varias semanas. Todo se había resuelto de manera rápida y sencilla, sin derramar mucha sangre. Después de todo, la única espía dentro del palacio había sido esa escoria de Harumi. Sin embargo, a pesar de haber sido sometida a distintos tipos de tortura, ella alegaba que no recordaba quien se lo había dicho, no recordaba ni un nombre, ni una fecha, ni lugar específico, simplemente tenía en mente su tarea. Después de semanas de interrogatorios, estaba claro que la tori-yōkai estaba bajo la influencia de algún hechizo también, lo que provocaba sus obvias lagunas mentales.
Sus puños se apretaron y su quijada se tensó, haciendo chirriar sus colmillos. Nada, no se había acercado ni un poco a los malditos que se habían atrevido a realizar semejante osadía. Su aura se descontroló al recordar a su hija suplicando por su muerte. Debía apresurarse y seguir buscando, pero…Ya había pasado demasiado tiempo lejos de su familia, haría una visita rápida antes de seguir su camino hacia las tierras del Sur. Necesitaba verlos y verificar como estaban, sobre todo a ella, a su Rin. Se lo debía después de la despedida tan tosca que le había ofrecido. Sabía de antemano la situación en el palacio de su madre, recibía informes todos los días, cada tres horas. Si, tal vez demasiado, pero se estaba sintiendo más ansioso que de costumbre y eso no le estaba gustando ni una pizca, presentía que algo estaba pronto por ocurrir.
Pero él no permitiría que tocaran a su familia, no los dejaría llegar más lejos de lo que ya habían llegado. Le pondría un fin a esto muy, muy pronto. Se acercó hasta su balcón y observó la luna…Terminará pronto, yo Sesshomaru, no dejaré que toquen lo más preciado para mí.
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Durante la cena, el reencuentro tan esperado sucedió. Allí frente a ella estaban sus primos y sus tíos, sonriéndoles, hacía meses que no los veía. Otra sonrisa sincera se formó entre sus labios y a pesar de que se moría de ganas de abrazarlos, mantuvo sus distancias, había bajado la guardia con Izayoi y apenas lo recordó, se alejó completamente de ella. Lo que la sometió a un interrogatorio de horas hasta que una sirvienta se había acercado avisándole que la cena ya estaba servida y salvándola de la explicación. Eso provocó el enfurruñamiento de su prima mayor y en un silencio que duró hasta entrar al recinto. Gentokka se despidió con una reverencia.
Inuyasha notó como sus sobrinos se sorprendían al verlos, pero rápidamente ya se encontraban charlando con sus hijos, como siempre había sido. Quien diría que sus hijos y sus sobrinos se llevaran la mar de bien, bueno, después de todo, había como un acuerdo mutuo entre su hermano y él de quererse, pero jamás, bajo ningún punto de vista demostrarlo. Claramente, había sido un proceso de años y años de duración, pero aquí estaban, amando a dos humanas, un punto que los unía mucho, mucho más que antes.
Sin embargo, había algo que estaba fuera de lugar, ya que su adorada sobrina, no había saltado sobre él como era costumbre, al contrario, se hallaba arrinconada contra una esquina, con su cabeza gacha y una expresión tan triste, que su pecho se apretujó. Miró a su esposa y esta le devolvió una mirada cargada de preocupación. En un impulso quiso acercarse hasta ella, decidido a sacarle una de las tantas sonrisas que la caracterizaban, pero una mano lo retuvo y no fue la de Kagome.
Irasue lo observó sin ningún tipo de expresión en el rostro, cosa que le hizo erizar cada vello de su cuerpo, para luego dirigir la mirada a un pilar y soltar con voz monocorde y firme
— Cenemos.
Y sin agregar nada más, se sentó en la cabecera de la gran mesa, dispuesta a lo largo de la gran estancia. Ni un segundo había pasado, que ya todos se encontraban ubicados en sus respectivos lugares. Rin a la izquierda de la ex Lady del Oeste, seguido de sus dos hijos mayores y Mitzuki, mientras que Inuyasha y Kagome, junto con sus hijos, se hallaban a la derecha. Y la charla se reanudó amenamente, mientras la comida era servida por los sirvientes de palacio.
Mitzuki observó a sus primos, no habían cambiado en nada en estos últimos meses. Daisuke, el mayor, era una copia exacta de su padre, mismo cabello y mismos ojos, pero era mucho más responsable y educado, aunque también era muy juguetón y un glotón. Luego le seguía Izayoi, quien era una extraña combinación entre su tía y su tío, tenía el cabello azabache y los ojos dorados, con rasgos muy delicados tanto de su madre como de su padre, era muy bella. Lo único, había sacado la personalidad explosiva de su tío. Y, por último, Haru. Quien la estaba perforando con la mirada desde que había entrado al lugar. Haru tenía el pelo color azabache también y los ojos marrones, unas delgadas líneas azules surcaban sus mejillas, parecidas a las de su abuelo Inu No Taisho y era con el que más se sentía identificada, por dos simples razones. Una, al igual que ella, era el menor de la familia y aunque fuera varón, sus hermanos lo protegían como si de un bebé se tratase, situación parecida a la que vivía ella. Y la razón número dos, era que se llevaban un año de diferencia. Si, un mísero año.
Así que, de pequeños, cuando se juntaban, siempre jugaban juntos. Y obviamente, ella era su fiel compañera de travesuras. Y de ahí la razón, que la estuviera mirando como si le hubiese salido un cuerno de la frente. Bueno, había notada la mirada extrañada de todos, pero no quería lastimar a nadie, era mejor de esa manera, si se alejaba. Después de todo, era la única que no estaba charlando con ellos y la ponía verdaderamente enferma. Los había extrañado muchísimo. Y se sentiría muy mal, si por su culpa, los lastimaba.
Haru observaba atentamente a su prima, todos los demás parecían no querer notarlo o evadirlo apropósito, dado que estaban charlando entre ellos como era costumbre en sus reencuentros. Los adultos, con los adultos y… Bueno, eso, ya que, en su familia, todos menos Mitzuki y él, eran considerados adultos, rodó los ojos. Mitzuki seguía mirando hacia abajo, evitando hacer contacto con cualquiera en la mesa y sin tocar alimento, ni siquiera podía observar bien su rostro ya que lo tapaba llevando el cabello suelto. Y lo estaba frustrando.
¿En serio creería que nadie notaria el aura de tristeza absoluta que cargaba? ¿Qué nadie notaria que no llegaba corriendo a lanzarse sobre ellos, para arrancar con su tan conocida, rutina de abrazos y besos por los meses de no vernos? ¿En serio era tan tonta de creer eso? Podía observar que sus hermanos, estaban cuestionando con la mirada a sus primos mayores y estos negaban, realizando una seña con una promesa de explicar más tarde. ¿Qué? ¿La dejarían hundirse en su mierda? ¿Qué carajos? No tenía idea de qué era lo que pasaba, pero no iba a quedarse toda la cena callado, simplemente porque su prima parecía una muerta en vida, después de todo, no le gustaba ni medio lo que veía.
Alzando los hombros y dejando el cuenco de arroz, clavó su mirada en Mitzuki. ¿Y ahora qué? No se le ocurría que decir o que hacer, ya que era ella la que siempre hablaba y hablaba sin parar o tenía algo nuevo para contar. Tampoco podía ser brusco, no quería llamar demasiado la atención. Una idea le surcó por la mente. No lo hacían desde pequeños, pero era su manera de comunicarse cuando estaban castigados, por alguna travesura o en alguna reunión con otros lores, híper aburridas y tenían que mantener silencio.
Tomó su plato de arroz y escribió con algunas verduras "¿estás bien?". Mierda, se sentía muy idiota haciendo eso. Pero bueno. Con un leve rubor y teniendo el mayor cuidado posible, empujó el plato hasta que apareciera en la línea de visión de su prima. Y no le pasó desapercibido las miradas que sentía sobre él. Ay, carajo… Su rubor se intensificó. Se había dejado engañar, después de todo, estaban demasiado pendientes sobre ella.
Mitzuki observó el plato y le dieron ganas de llorar. Recuerdos de su infancia se colaban uno, tras uno. Sin querer llamar la atención, asintió levemente, pero no levantó su rostro.
Tch. Ay si y yo soy la princesa de un cuento de hadas…Pensó Haru. Sin ser paciente y un tanto brusco, tomó el plato de las manos de su prima. Reacomodó las verduras, "mentira". Esta vez, no hubo ningún movimiento. Se dejó caer hacia atrás, apoyando las manos sobre el tatami y observándola. Algo muy malo debía de haber pasado como para tenerla en ese estado y se estaba empezando a enojar por lo idiota que se estaba comportando, toda triste y sin siquiera hacer contacto visual con ellos. Se estaba enojando. Estaba por tomar el plato de arroz de nuevo, cuando Mitzuki se levantó sin previo aviso, sorprendiéndolo.
Sin decir una palabra, realizó una reverencia y se marchó. Que…Demonios…Fue…Eso. Se levantaron como un resorte, listo para molerla a golpes, cuando dos manos lo retuvieron por los hombros. Era su padre y se miraba serio, estaba por reclamarle que lo dejara en paz cuando su madre habló.
—Esto…Esto…
Su tía rompió en llanto, Hiroshi bajó la cabeza y Senshimaru miró hacia un costado. Irasue mantuvo su mirada al frente, pero se le notaba un dejo de tristeza en su mirada. Sus hermanos se hallaban igual de sorprendidos que él, pero sus padres parecían estar al tanto.
—¿Qué…es lo que esta sucediendo? —Pregunta Izayoi dubitativa.
—Mitzuki… Ella…— Empezó Hiroshi, sus manos se dirigieron sosteniendo su frente, debía ser difícil. Y me asustó. Algo en serio estaba pasando y mil ideas empezaron a danzar en mi cabeza, completamente angustiado. Mamá rompió en llanto junto con Rin y mi cabeza dio vueltas.
—¡Ya dilo! —Gritó Izayoi completamente histérica.
Y mis rodillas cedieron. Imposible.
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No podía frenarlas, salían sin control, mis lágrimas. Ya eran difíciles controlar. Había sido muy doloroso, ya no lo soportaba más. Estaba aterrada, no podía vivir en paz sabiendo que en cualquier momento podría dañar a alguien. La pequeña felicidad que había sentido durante la noche con Gentokka, había sido totalmente borrada al ver a sus tios y sus primos alli.
¿En que estaba pensando en su madre cuando los invito? ¿No sabían que se convertían en blancos? ¿Acaso no entendían lo peligrosa que se había vuelto? Pasando de largo a un muy preocupado general e ignorando sus llamados, se adentró en su habitación, encerrándose. No pensaba salir de allí hasta que todo estuviera solucionado. No pensaba poner a nadie en riesgo, ya basta. No podía estar con su familia, no podía ni quería ponerlos en riesgo. Con ese pensamiento en mente, se acostó en su futón, hecha un ovillo. Quería dormir, dormir hasta que todo esto se solucionara.
Por favor, papá, apurate…
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La cena luego de eso, no había sido muy linda. Todos se habían ido derecho a la cama, totalmente desechos y preocupados. Se sentían expuestos, como nunca antes. Y ya no sabía qué más hacer, pensó que, si invitaba a sus sobrinos, podrían distraer a sus niños y se reconfortarían mutuamente, pero no fue así. Su sorpresa resultó todo un desastre.
Sesshomaru, te necesito…Pensó mientras se descambiaba para irse o por lo menos intentar dormir. Nuevamente sus lágrimas acudieron a ella, pero las contuvo, había estado mal llorar frente a sus hijos de esa manera. Pero no pudo con la desilusión del momento. Irasue la reprendió fuertemente luego de eso. Se sentía una mala madre, que había fallado en todos los sentidos, como la Lady del Oeste, como compañera de Lord Sesshomaru, como protectora de sus pequeños.
Se dejó caer de costado en el amplio futón con sus cabellos sueltos, dándole la espalda al ventanal y abrazó con fuerza una almohada, mordiendo sus labios. ¿Qué es lo que debía hacer? Ni siquiera la dejaban participar de la investigación, estaba lejos de su hogar, esos no eran sus dominios y no tenía a su compañero para evacuar todas sus preocupaciones. Lo necesitaba como nunca antes. En serio, necesitaba verlo ya. Sus lágrimas se agolparon con mayor fuerza en sus ojos y mordió la almohada evitando llorar. Ya no sabía qué hacer, estaba hecha un desastre.
De pronto sintió como se hundía el futón tras de ella. Pensando que era alguno de sus hijos que habían venido a verla, se giró, sentándose sobre sus rodillas, con una sonrisa totalmente falsa, con sus ojos cerrados. No deseaba preocuparlos más.
—¡Ya estoy bien! Disculpen que mamá haya perdido los nervios…
—Rin.
Sus ojos se abrieron de golpe, al igual que su boca, frente a ella estaba… estaba… nada más ni nada menos que él. Y no lo resistió por mucho más tiempo, sus ojos se aguaron y el llanto sobrevino con mucha más potencia que antes.
—Sessh…Sesshomaru —Hipó. Y sus brazos la envolvieron como había estado deseando todo este tiempo, fuertes, cálidos, protectores, amorosos. Sintió que recomponía cada parte de su cuerpo, como si estuviera rearmando un rompecabezas. Sus brazos no tardaron en envolverlo también. Asfixiante. Esa era la mejor descripción de ese abrazo, un abrazo que ambos estaban necesitando, se sostuvieron el uno del otro como si su vida dependiera de ello. Después de todo, así era.
Sesshomaru hundió su nariz en el cabello de su mujer, oliendo su aroma y tratando de borrar la imagen del rostro de Rin que había presenciado hace algunos segundos. Le había producido escalofríos. Y él, sufría con ella. Sentía cada uno de sus sollozos en carne viva y se encontró arrepintiéndose de haberla dejado ir sin una mejor explicación. Demonios, solo Rin lo hacía arrepentirse de sus acciones. La abrazó con más fuerza. Estaba a punto de hablar cuando…
—Ss…soy un..a mmm…ala… madre, no mmmm…erezco ni siquiera eess…to— ¿Qué? Una ráfaga de furia, como si algo hubiera explotado dentro de él se encendió. Y sin delicadeza alguna, siendo totalmente brusco, tomó el rostro de su mujer y la observó. Su esposa traba de evitarle la mirada y eso, no lo iba a permitir.
—No digas sandeces — Fue directo y frio —Mírame —le ordenó, Rin siguió mirando hacia abajo y tratando de zafarse, su furia rozó niveles insospechados, pero no dirigida a ella, jamás estaría dirigía a ella. Era por su incompetencia, por su inutilidad de proteger a su propia familia y hacer sufrir y decir semejante barbaridad a su compañera de vida
—¡MIRAME! —Bramó, totalmente ido. Rin levantó sus ojos con sorpresa. Nunca, en todo este tiempo le había levantado la voz de esa manera y lo observó. Oh sí que lo observó, toda mascara había desaparecido. Podía ver y sentir cada emoción que surcaba el rostro de su marido. —No vuelvas a decir semejante blasfemia, si hay alguien que ha fallado en su deber, ese eh sido yo— afirmó totalmente dolido y enojado. Rin lo observó con todo el amor que tenía y sentía por él. Lenta y delicadamente tomó el rostro de su esposo entre sus manos, acariciándolo levemente, podía sentir su respiración agitada y como la situación lo estaba llevando a su límite. Sus ojos rojos no se separaron de su mirada chocolate.
—No —susurró Rin —No ha sido tu culpa, tú, de entre todos, eres el que menos ha fallado —Acercó su rostro al de Sesshomaru y besó su nariz, tratando de calmarlo, después de todo, era la segunda vez que lo veía tan mal y no iba a dejarlo así. Ambos se necesitaban, lo sentía. Sesshomaru cerró sus ojos, dejándose acariciar por Rin, tratando de recobrar la poca compostura que sentía en ese momento. — Siempre nos has protegido y nos amas, más que nada en este mundo, lo demuestras todo el tiempo, cariño— No se sorprendió por el apelativo, lo usaban, o más bien, Rin lo usaba en la intimidad y su pecho se llenaba de una extraña calidez cada vez que lo escuchaba de sus labios. Sus manos acariciaron las mejillas de su mujer y su frente se dirigió a la de ella, sintió su aliento.
—Tú me has enseñado a amar— fue su única respuesta para todo, y era la simple y pura verdad. Sin ella, él no era nada. Rin se sorprendió, estaba acostumbrada a las muestras de afectos del daiyokai, pero no era normal que lo expresará verbalmente. Después de todo, nunca fue muy adepto a las palabras. Y lo entendió, en el momento que sus labios se encontraron y comenzaron un suave vaivén… No era culpa de nadie. Pero al ser padres, sentían que no habían dado lo suficiente, que no habían sido lo suficientemente buenos y a los ojos del otro, eso no era así. Y por eso, simplemente por eso, debían apoyarse, como siempre lo habían hecho, pero debían hacerlo ahora, más que nunca.
Sintió sus telas deslizarse y lo supo, lo supo con certeza. Todo iba a estar bien. Porque estaban juntos y eran sus hijos. Porque tenía a su familia con ella y encontrarían la solución a este problema. Porque su hija era fuerte, sus hijos eran fuertes y su marido lo era aún más. Todo estaría bien. Vamos a hacer picadillo a los idiotas que osaran tocar a su bebé y lastimar tan profundo a su Sesshomaru. Luego de eso, sus pensamientos solo se llenaron de su esposo, amándola hasta el cansancio.
—Te amo, Sesshomaru…
—Rin…
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Sentía calor en todo su cuerpo, su menta estaba en un estado de revolución caótico. Todo a su alrededor daba vueltas y su pecho punzaba.
Trató de levantarse, pero su cuerpo se iba, tirando varios objetos en el proceso. Solo logró estabilizarse cuando se agarró de su tocador. Rojo. Fue lo que le devolvió su reflejo, su vista nublándose y lo único que distinguió, fueron sus ojos rojos…No.
No.
¡NO!
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¡Hola! Lamento tanto, tanto la tardanza, pero tuve un tiempo muy difícil, diagnosticaron a mi mama con cáncer. Ya está todo bien, pero no tenía inspiración en ese momento, tampoco tiempo, tenía que hacerme cargo de mis hermanos y estoy en el último año de facultad. Verdaderamente se me hizo imposible… Pero ¡no iba a abandonar esta historia! Mil perdones por la espera, espero que esto sea de su agrado y haya compensado un poco.
No suelo hacer esto, pero quiero agradecerle a todos los que dejaron un review, follow o favorito. Y en especial a Skyler Streat y leslymishel05…¡Muchas gracias!
Mil perdones de nuevo y ¡nos veremos pronto!
Un beso y abrazo enorme.
Yumi.
