Takeru se sentó en la cama observando desde allí a Aiko, la cual estaba tumbada a su lado mientras que sus padres terminaban de preparar todas las cosas para poder irse a casa con tranquilidad. Por fin le habían dado el alta a Sora y no había perdido el tiempo para poder salir corriendo en dirección a casa.

Habiéndose quedado con la pequeña, sonreía mientras que la observaba. Estaba despierta y miraba hacia los lados como si intentara saber lo que pasaba a su alrededor. Entretenido acercó su mano hasta ella, posándola sobre su torso, haciéndole unas ligeras cosquillas a la altura de la barriga.

- Aiko, tienes que decirle a tu padre que haga el favor de asegurarse bien de que la cuna no se va a desarmar contigo dentro. Sí, contigo dentro, no me mires así – movió de nuevo sus dedos sobre ella escuchándola hacer unos ligeros ruiditos. Sonriendo de oreja a oreja con lo que tenía delante.

Se había ofrecido a ayudarlos a volver a casa aquel día para que pudieran ir con más calma y más cómodos, especialmente Sora. Habían sido muchos los que se habían pasado por allí para verlos y poder traerles detalles para la pequeña y seguramente iban a necesitar un par de brazos más ya que ninguno de los pensaba dejar que la pelirroja llevase nada de nada, ni siquiera a la niña, ya que aún era pronto para ella. Le había faltado tiempo para ofrecer su ayuda.

- ¿Sabes? Les gusta mucho tocarme las narices con estas cosas – recordando que le había traído un gorrito a la pequeña, lo sacó de su bolsillo – pero a tu madre le gustaban tanto como a mí. Ya verás qué guapa estás con él puesto.

Como si hubiera entendido lo que le estaba diciendo lo observó atenta, dejando sus ojos fijos en él mientras que le ponía la prenda. Takeru sonrió cuando terminó, cogiendo a su sobrina en brazos para poder caminar con ella por la habitación acercándose hacia los tres digimon que estaban en la habitación.

- Venga, sedme sinceros, ¿alguno de vosotros pensaba ver esto algún día?

- Yo sí – Gabumon levantó la cabeza, observándolos.

- ¿Tú? Si tú eres el que más tiempo llevas aguantando al insufrible de mi hermano…

- Pues por eso – se encogió de hombros, dejando la vista en Aiko.

El digimon sabía perfectamente que iba a ver aquello algún día o que simplemente no lo llegaría a ver. Esas sus dos opciones ya que siempre había estado seguro de que en caso de que Yamato llegara a tal punto en su vida sería exactamente de la forma en la que lo había hecho y con quién lo había hecho. La otra opción que tenían era simplemente que se quedara solo y cascarrabias lo que le quedaba de vida.

Al menos había demostrado ser algo más listo de lo que se empeñaba en aparentar.

- Pues yo tenía mis dudas, fíjate tú… Tienes un padre muy cabezota. No se te ocurra parecerte a él que ya lo hemos padecido bastante tiempo a él, ¿eh? – posando uno de sus dedos en la pequeña nariz de Aiko le dio un ligero toquecito antes de ver la puerta del baño abrirse.

Yamato salía llevando en sus manos las cosas de Sora, dejándolas encima de la mesa más cercana para volver a girarse hacia ella.

- No seas pesado, ya te he dicho que puedo yo – le contestó riéndose por lo bajo apagando la luz del baño-. Uy, ¿y esta señorita de dónde ha sacado ese gorrito con el que está tan guapa?

- ¿A que sí? Intento meterla bien en nuestras tradiciones familiares – girándose con ella en brazos para acercársela a su cuñada le enseñó a la pequeña.

- ¿Qué le has hecho a la pobre Aiko ya?

- ¿Cómo que qué le he hecho? Nada, asegurarme de que cuando salga de la habitación lo haga lo más cómoda posible que ya bastante tiene con mudarse contigo…

Riéndose de las tonterías de Takeru, Yamato se giró buscando cualquier cosa que hubiera podido quedar olvidada y sin recoger para poder guardarla, especialmente las cosas de Sora ya que todos los regalos para la pequeña estaban en sus cajas.

- ¿Lo tenemos todo? – preguntó la pelirroja.

- Yo creo que sí. ¿Cómo hacemos? ¿Bajo a dejar todos los papeleos que haya que dejar hechos y vengo luego a por vosotros?

- Pues… ¿Cómo quieras?

- Vete – contestó Takeru por ella-. Que tú llevas unos cuántos días casi sin poder salir de la habitación y seguro que estás mejor aquí mientras que a él lo marean. Podemos aprovechar para despedirnos de Jou mientras tanto.

- Me sirve – asintió Sora a las palabras de su cuñado-. ¿Necesitas algo?

- Que yo sepa no, pero sino ya me lo mandas via el pesado algo este, así hace algo con su vida aparte de babear con su sobrina.

Sonriendo se acercó a la mesa a coger algunas cosas antes de salir de la habitación ante la atenta mirada de su hermano quien terminó por dejar a Aiko de nuevo encima de la cama para poder ayudar a Sora a guardar lo que pudiera quedar.

- ¿Qué tal vas?

- Muy bien, solo me duele cuando hago movimientos bruscos. La doctora dice que todo tiene muy buena pinta y que por eso me dejan irme antes a casa, sabe que voy a estar bien vigilada.

- Me refería de ánimos – sonriendo vio como Patamon se acercaba al bebé, observándola.

- ¿De ánimos?

- Sí, es un gran cambio y…

- Y yo no puedo estar más contenta… Solo me falta poder comer comida de verdad y dormir en mi cama y seré la persona más feliz del mundo… - enrojeciendo ligeramente al confesar aquello, en especial el tema de la comida-. Si lo dices porque está… mal visto no tener a la niña de forma natural ya te digo que no me puede importar menos.

- No, preguntaba en general, pero el saber que ya veo a mi hermano con el delantal ese que tiene en la cocina nada más llegar no es mala idea…

- No, es una de las mejores. Aunque supongo que tampoco puedo emocionarme mucho porque tengo que tener cuidado, pero bueno, poco a poco.

Riéndose de la cara de resignación que puso ella, se giró al sentir el sonido de la puerta reconociendo a Jou nada más verlo asomar.

- ¿Ya has cambiado a un rubio por otro? – dijo a modo de saludo al darse cuenta de que Sora no estaba sola.

- ¿Tú crees que alguien se dará cuenta?

- Como mucho Hikari que empezará a notar la cosa demasiado tranquilita… Me han dicho que os vais ya, ¿necesitas algo?

- No, Jou… Además, tú ya has hecho bastante todos estos días.

- Es mi…

- No, no es tu trabajo. Para eso tengo a mi doctora.

Encogiéndose de hombros, sonrió antes de dirigir sus pasos hacia donde estaba la pequeña, observándola, teniendo que reírse al darse cuenta de que tenía puesto un pequeño gorrito levantando la vista hacia el menor de los rubios.

- Pronto empiezas… ¿Ya se te ha pasado la pataleta de tus padres?

- ¿Pataleta? – Sora se quedó mirándolos.

- Mientras que estabas en quirófano aquí este elemento se pudo más paranoico de la cuenta porque Natsuko y Hiroaki se comportaban…

- ¿En serio? – cortó la explicación a media frase girando la cabeza hacia Takeru-. ¿Se puede saber qué problema tienes tú con eso? Vale que me pasé emparanoiándote yo desde la boda meses solo por aburrimiento y para vengarme por los puñales que le has soltado a Taichi que me involucraban pero esto ya es pasarse...

La cara de Takeru fue de sorpresa absoluta ante las palabras de su cuñada, mirándola como si no terminara de creerse lo que le había dicho.

- No me mires así, te lo merecías, pero… ¿Y qué más da? Osea, yo también tengo ojos y creo que eres mayorcito para dejar a tus padres a su aire… Ya estaba así en la cena antes de que me pusiera de parto – le explicó finalmente al médico.

- Pues… No es… No es que esté tan pendiente porque esté en contra de la idea, pero me preocupa. Eso es todo…

- Que no te preocupe tanto que no creo que la cosa vaya a ser para mal. Tú mejor dedícate a centrarte en malcriar a tu sobrina, que seguro que se te da de maravilla…

- Si ya lo sé, pero lo que me toca las narices es no saber nada seguro. Son mis padres, no dos desconocidos, Sora.

- A lo mejor por todo el drama que llevas montando todos estos meses es precisamente por lo que nadie te ha dicho nada.

- Lo dices como si mi hermano estuviera pue… ¿Yamato sabe algo?

- Yamato sabe lo mismo que saben hasta mis padres, Takeru… - mintió ligeramente para evitarle dramas al pobre-. Es evidente y salta a la vista.

Caminó para colocarse al lado de Jou ya que tenía a la niña en brazos, observándola desde allí.

- Tengo unas ganas de poder ser yo la que la tenga en brazos todo el tiempo que quiera que no te lo puedes ni imaginar…

- En una semana seguro que podrás hacerlo sin problemas, ya lo verás – le dijo asintiendo-. Y sino ya sabes que estamos los demás haciendo cola para poder cogerla nosotros.

- Lo sé – sonrió, levantando la vista hacia él.

- Espera, ¿cómo que tú te dedicabas a emparanoiarme? – la voz de Takeru reclamó la atención de ambos.

- Sí, con la ayuda de Taichi – sonriendo de la forma más exagerada que sabía se giró hacia él para mirarlo empezando a oír de fondo las risas del otro presente.

Habiéndole dejado a la niña a su tío, por fin avanzaban por la recepción del hospital, acompañados todavía por el médico.

- Muchísimas gracias por todos estos días – le dijo Yamato girándose hacia él,

- Sabes que no me las tienes que dar. ¿Cómo no estar pendiente de vosotros tres? Me alegro muchísimo de que al final no hayáis tenido ninguna complicación después del susto aquel.

Asintiendo, se quedó mirando hacia él, no pudiendo decir nada más esbozando así una sonrisa.

- Tienes que venir un día por casa a cenar con nosotros, ¿de acuerdo?

- Tú preocúpate por ahora de la cena que vas a tener que hacer hoy que creo que tienen intenciones de echarte para la cocina según lleguéis a casa.

- Eso ya me lo dijo el primer día… A ver si te crees tú que esa declaración de intenciones es nueva – riéndose, asintió-. Acuérdate, cuando tengas una noche libre os venís.

- Tenlo por seguro – girándose hacia Sora, se acercó hasta ella para poder despedirte-. Fíjate que nunca pensé que tendría ganas de perderte de vista, pero, ¿sabes qué? Espero no tener que verte por aquí para nada de nada salvo para la próxima revisión.

- ¿Es una amenaza? – le contestó divertida.

- De las serias – asintió-. Venga, fuera de aquí que debes de tener más ganas de llegar a tu casa que yo cuando termino una guardia.

- No te lo puedes ni imaginar – se adelantó un paso, para abrazarlo con suavidad-. Gracias.

- No me las des – repitiendo lo mismo que le había dado a Taichi se inclinó algo más dejando así un beso en la mejilla de su amiga-. Ya me pasaré a ver a la pequeña, ¿de acuerdo?

Retrocedió, quedándose al lado de Yamato, quien había cogido todas las cosas para que ella no tuviera que llevar nada, dejándole a su hermano a la pequeña. Tras despedirse del médico los tres, por fin salieron del hospital en dirección a casa.


Y se acabó, polluelos. Oficialmente se han ido a casa con la niña... Y a empezar una nueva etapa en sus vidas... A ver qué tal se les da ser padres primerizos y cómo van volviendo poco a poco a la rutina. Posiblemente a lo largo de este fin de semana os suba el primer capítulo de la continuación, que todavía tengo que terminar de organizarme y buscarle nombre tan siquiera. Pero bueno, ya veremos. Posiblemente no os salga en la lista de historias publicadas - a no ser que busquéis dentro de las que tienen el rating M ya que por prevenir ya se lo pongo por defecto -, así que vecina, especialmente tú que no te saldrá la alerta... Echa un ojito xD

Como siempre... ¿qué os voy a decir? Muchísimas gracias por leer y por estar ahí pendientes para dejarme una review, que ya sabéis que me hacen mucha ilusión y que todas son bienvenidas, tanto para lo bueno como para lo malo. Y para los que todavía dudaban que no fuera a liar alguna trastada antes de terminar por aquí... Me he portado bien, no he liado ninguna en el momento del parto, así que me declaro inocente de todas las acusaciones.

Espero leeros en la nueva parte... Mil gracias de nuevo y, ¡un beso enorme!

AnnaBolena04: y con el tito siendo tirado de las orejas por dar la lata más de la cuenta, Jou haciendo el adorable y los recién estrenados padres llevándose a la pequeña a casa, acaba esta historia. Creo que hemos cubierto un montón de fases en la vida de estos dos. Desde que por fin empezaban a hacer los planes para la famosa boda hasta que se han ido a casa con la pequeña. ¡Y Yamato ha sobrevivido a todo ello! ¿A que nadie lo pensaba? Jajajaja

Como siempre, señorita, ¿qué te voy a decir? Muchas gracias por tu eterna constancia aunque a veces me lleguen amenazas de todos los tipos y colores por las que lío yo sola mientras que me río aquí sentada delante de mi ordenador. Los raptores siempre son bienvenidos, ya lo sabes, y volverán a ser necesarios porque ya sabes que me gusta hacerles pequeñas maldades que luego acaban teniendo solución por suerte, aunque me lleve unos días de darme cabezazos que se me ocurra - cofcofcofLondrescofcofcof -. Mil gracias por leer y un besazo de tortuguita enorme.

Guest Vecina: lo sé, me di cuenta según te leí, por eso caía rápidamente en la cuenta. Como no tengo a Sora ubicada en el espacio en cuanto distancia entre su estudio y su casa, en mi cabeza suele ir dando un paseo, salvo cuando sale a horas demasiado indecentes. Así que ese día como volvió a las horas que volvió seguro que cierto rubio se empeñó casi que en hasta acompañarla y al no conseguirlo pues ya se fue cuando la vio subirse al taxi. Si estando Takeru en casa resulta que llega Yamato así lo perdemos. Hikari se nos queda viuda de tal ataque de risa que le entra al minirubio.

La pobre Sora seguro que considera que está sufriendo tortura. Que no ha sido comida de hospital solo, ha sido comida para alguien que tiene delicado el estómago tras una intervención. La pobre cuando vio las galletas seguro que tuvo hasta ganas de llorar. Y sí, los puñales van a ir todos ahora enfocados hacia los futuros Srs. Haru porque se lo han buscado y como se han quedado para los últimos son el nuevo blanco de todos.

Y vecina, ya te lo he dicho arriba, que tú como no tienes cuenta vas a tener que estar un poquito pendiente porque no te llegará la alerta, pero yo creo que el sentido tortuguil nos arreglará la cosa. Hoy no nos ha llovido, dicen que lo feo viene mañana, así que nada... A empezar el fin de semana bajo el agua para no variar. Han sido demasiados días con clima decente como para tan siquiera quejarse. Muchas gracias como siempre por leer, por estar ahí y por tus amenazas que me llegan desde tan cerquita, ya sabes que yo siempre las tengo en cuenta jajaja ¡Un beso enorme! Y otro para las tartarugas, claro.