Disclaimer: inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 8
Frágil
Cuando recobró la conciencia y logró retomar un poco el control sobre su cuerpo, su mano ardía como si la hubiera sumergido en una fuente con lava hirviendo. Su mente se hallaba en un estado de letargo total, sus sentidos todavía estaban completamente dormidos. Lo sabía. Sabía que su visión estaba borrosa y que los sonidos… Se escuchaban tan distantes, como si estuviera sumergida bajo el agua. Había sido peor que la última vez que la poseyeron. Y tenía muy en claro que, tampoco sería la última.
Intento concentrarse en sentir su cuerpo para poder recuperar totalmente el control. Primero buscó su corazón y el latir de este…Desbocado, raudo. Luego, escuchó su respiración…Jadeante, entrecortada. Su mano estaba sosteniendo algo, se imaginó que sería una vela o el mango de la tetera dejada en su habitación, pero el patrón era parecido a…
Parpadeó sus ojos simultáneamente, tratando de enfocar su visión, para negar lo que su conciencia le indicaba que era lo que estaba sosteniendo. La silueta que estaba debajo de ella empezó a tomar forma y su mundo… Se desmoronó.
—No…No…
Su padre la miraba en completa calma, su brazo estaba estirado y su mano acariciaba su mejilla, cosa que antes no sentía… Bakusaiga relucía atravesada en el tatami del piso, junto al rostro de él, con su mejilla sangrando.
— Tranquila…Suelta la espada, te estas lastimando.
Jadeó. ¿Por qué mierda su padre estaba tan tranquilo? ¿Cómo carajos había hecho para sacarle esa espada a su padre? Momento… ¿Por qué su padre estaba allí? Oh no, esto tiene que ser otra pesadilla, si es eso, es otra pesadilla…
Una presión se ejerció sobre su mano y levanto su vista, todavía aturdida, su madre estaba allí también, mirándola con aflicción. ¿Qué eh hecho?
— Mitzuki, suelta…Vamos pequeña. — solo hasta ese momento, no había sido consciente de su alrededor. Sus hermanos estaban ahí, parados detrás de su madre, con sus espadas desenfundadas y una expresión indescifrable en su rostro. Su tío estaba apuntándola con Tessaiga por su espalda, mientras que su tía la observaba atentamente sobre su costado izquierdo, sus manos estaban en una posición muy rara, y como la guinda del pastel, sentía a sus primos y su abuela por detrás de ella. Vaya espectáculo.
Su mano aflojo el agarre sobre la espada y esta cayó resonando con un ruido metálico por la estancia. Otra vez sentía su cuerpo agarrotado y pesado, casi enfermo, pero eso no impidió que saliera de arriba de su padre tan rápido como pudo. Pero Sesshomaru tenía otros planes y tomó a su hija en sus brazos, acunándola en su pecho. Por primera vez en años, había vuelto a sentir verdadero miedo. Miedo de tener que lastimar a su hija, adrede. Mitzuki se revolvió entre sus brazos.
—¡Suéltame! ¡Te haré daño! — Sus manos se convirtieron en puños y golpeo el pecho de su padre — ¡Papá! Por favor… no quiero…— y como la última vez, rompió en llanto.
— Traigan los helechos, la salvia y el aloe que está en mi cuarto— Kagome pidió a sus hijos al observar la gran quemadura en la mano de su sobrina, iba a necesitar bastante tiempo para sanar y eso que contaba con la sanación extra que le proporcionaba ser un medio demonio. Sesshomaru suspiró sosteniendo más fuerte a su hija y mirando la estúpida cara que estaba poniendo Inuyasha, todavía con Tessaiga apuntándola, como si nunca lo hubiera visto dar muestras de afecto tanto para Rin como para sus hijos.
— Baja tu maldita espada, Inuyasha— su voz fue grave y sus ojos se tornaron rojos ante su amenaza. El mencionado retrocedió unos cuantos pasos, como si le hubieran dado una bofetada y la enfundó inmediatamente, totalmente anonadado con la escena que acababa de presenciar. Malditos tengus, nos la pagaran.
Rin se arrodilló al costado de su marido, observando el dolor por el que su hija estaba padeciendo, pero ya no iba a llorar, tenía la certeza de que todo acabaría bien, siempre encontraban la solución. Y esta iba a ser extremadamente sádica para el maldito que estuviera torturando a su pequeña mariposa de esta manera. Sin perder más tiempo acarició el cabello de su hija, que seguía contorsionándose para salir de la jaula protectora que era su padre.
— Calma, calma ya…
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— Es el momento de atacar. La transición está completa.
— Señor… ¿Está seguro?
Su mirada negra se posó sobre su sirviente.
— ¿Acaso me estas desafiando?
Se deleitó al ver la gota de sudor que resbaló sobre la frente de aquel que temblaba cual corderillo frente a él, el mismo que ahora se inclinaba a toda velocidad en una reverencia pronunciada.
—N..No Ssseñor, para nada.
— Alista las tropas. Atacaremos al amanecer. — ni un segundo después el sirviente salió a toda prisa.
Disfruta estas horas de regalo Sesshomaru, tu calvario empieza…YA. Por regalarme semejante expresión es que te las doy pensó Hisoka al recordar el rostro de su enemigo bajo el ataque de su propia hija y su impotencia al dejarse hacer. Después de todo, tener de infiltrada a la mismísima princesa del Oeste escuchando los planes y ejecuciones a llevar a cabo, le daban mucha, mucha ventaja.
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El silencio era incómodo y pesado en la habitación de Senshimaru. Todos habían presenciado aquel fatídico episodio y no sabían como reaccionar ante aquello. Mitzuki se encontraba en la habitación que estaban usando sus padres junto con su tío y tía, estaban tratando de sellar la herida grave que se había hecho en su mano al sostener tanto una espada que estaba constantemente rechazándola.
Haru fue el primero en romper el silencio.
— Así que…a esto se referían con el termino hechizada con magia tengu. — fue lo único que le ocurrió comentar en un momento como este. El resto de los presentes lo observó como si su comentario hubiese sido un completo disparate, lo que provocó un buen sonrojo en su rostro y la inmediata idea de salir a tomar aire al jardín… pero Hiroshi le respondió pacientemente, frenando su huida.
— Si, es esto.
Otro silencio se extendió por la habitación.
— Diablos…— frustrado, se dejo caer sobre el piso del tatami. ¿Y ahora qué? Pareciera que era la pregunta que todos se estaban haciendo, sumidos en sus propios pensamientos. Definitivamente ver a su prima y hermana en semejante estado no había sido algo que disfrutaran. Fue duro, la impotencia, la rabia, la tristeza y la angustia no eran buenas combinaciones. Mas si estas emociones tan fuertes eran compartidas con todas las personas presentes en el lugar, generándose ese torbellino estresante de tensión. La misma que eriza cada vello de tu cuerpo, la que puedes cortar con cuchillo, tensa tus manos en puños y sientes tus dientes encastrarse el uno con el otro.
Una verdadera porquería.
— Tenemos que hacer algo…
—¿Y que sugieres? — Izayoi apenas había empezado hablar cuando Senshimaru la corto en seco. Hielo y fuego en su mirada, extinguieron cualquier frase consiguiente.
Su prima lo observó en profundidad, sin ninguna expresión en su rostro, ya estaba más que acostumbrada a las contestaciones frías, ágiles y arrogantes del guerrero, pero, fue una muy buena llamada de atención. Era claro que el problema estaba poniendo de los nervios a su familia. Y como para no, Mitzuki parecía una salvaje, peor que cuando perdemos el control. Sin embargo, eso les quitaba cierta imparcialidad, necesaria para poder conseguir la estúpida trenza de cabello y eliminarla.
Un suspiro se deslizó de entre sus labios, también estaba el otro problema... Gentokka estaba en observación. Lo habían encontrado dos guardias con múltiples laceraciones en el pecho, espalda y sus dos brazos quebrados. Cuando Mitzuki lo supiera, le destrozaría el corazón, después de todo al recuperar la conciencia no había mencionado nada sobre el guerrero. Sus ojos se abrieron… ¿es esto un síntoma de que su hechizo se está haciendo mas profundo? Y la respuesta vino por si misma al recordar la parte más atemorizante y desconcertante del episodio.
Para comenzar, el olor de Mitzuki desapareció por completo, como si la tierra se la hubiese tragado. Nada, cero. Esto alertó inmediatamente a su tío Sesshomaru y su tía Rin, al igual que a sus primos. Lo siguiente que sabía era que estaba corriendo detrás de ellos al sentir el olor a sangre del General y luego… Mitzuki apareció a la mitad de la galería del jardín. Su figura estaba desgarbada, deformada en algo que parecía totalmente bestial, su cabello, salvaje y revuelto, caía en cascada sobre cara, haciendo un contraste tétrico con sus ojos completamente rojos.
Sin dudarlo, todos desenfundaron sus espadas. Todos, excepto su tío. Él se mantuvo sereno frente a su hija.
—Sal del cuerpo de mi hija, escoria— había dicho con parquedad, tratando de aparentar una serenidad que no tenía. Vamos, daba repelús observarla. Una sonrisa extremadamente grande y maniática surcó el rostro de su prima.
—Ohhhh, vamos Sesshomaru… ¿No quieres jugar un poco conmigo? —La voz era profunda, ronca y espectral, la había hecho retroceder al menos cinco pasos. Y la risa que le siguió, fue peor. — Estoy seguro de que te divertirás, tanto como yo, me gusta este bonito cuerpo…— Y sin aviso previo, contorneo la silueta de Mitzuki. Un chasquido seco se escuchó cuando su tío cerró sus fauces con más fuerza de lo debido.
—¿Quién eres? — fue su respuesta. Mierda, admiraba a su tío al poder mantener el tono de su voz, ella ya estaba cagándose del miedo que sentía, todo su cuerpo le gritaba que se alejara, sentía la sensación de peligro constante, todos sus sentidos estaban alerta.
Sin embargo, por única respuesta recibió otra espantosa sonrisa. Y luego…
—Jejeje… Tili Tili Bom… cierra tus ojos pronto, alguien ve a la ventana y toca la puerta — mis vellos se erizaron al escuchar el comienzo de esta tétrica canción, al igual que el de todos los demás, lo podía sentir. El miedo y el desconcierto de lo que sucedería a continuación. — Tili Tili Bom grita el pájaro nocturno…Ya está dentro de la casa —Mitzuki empezó a bailar de una manera totalmente raquítica, acercándose y alejándose de nosotros de una manera inquietante — ...Para visitar a los que no pueden dormir…El viene...Cerca. Tili Tili Bom ¿Escuchaste a alguien a tu lado? — Mitzuki se alejó hacia un poste y se ocultó detrás de él, solo sus manos reptantes sobre la columna y su cabeza, junto con su larga cabellera quedaron a la vista. Nadie decía palabra, completamente anonadados y, aunque lo negaran después, muertos de miedo…— Escondido en la esquina, Y viéndote directamente. Tili Tili Bom Toda la silenciosa noche se esconde. Para ti es robado, y va a capturarte. El camina...El viene...Cerca... —Mitzuki, se ocultaba y aparecía detrás de la columna, y en esa ultima frase simplemente se esfumó.
Si, como suena, se es-fu-mó en el maldito aire y reapareció detrás del tío Sesshomaru a una velocidad totalmente anormal. Tanto así, que este no pudo saber que estaba sucediendo hasta que Mitzuki blandió Bakusaiga contra él, sus manos reaccionaron de manera defensiva, frenando la espada que intentó decapitarlo echando chispas verdes por todo el lugar. Si hubiese sido otra persona, seguramente estaría plantando lirios en el cementerio en este preciso momento.
Que. Mierda. Acaba. De. Pasar. Ese era el gesto que todos teníamos. Mi padre hasta tenia la boca abierta de manera tal, que parecía que rozaría el piso en cualquier momento.
Jamás olvidaría la expresión del rostro de su tío, su boca estaba entreabierta jadeando por la sorpresa y la fuerza, sus ojos estaban extremadamente abiertos y oh, podían leerse cada una de sus emociones, impotencia, rabia, angustia. Claramente estaba muy preocupado por Mitzuki. Tio, te admiro, yo estoy cagada hasta las patas. Sin embargo, fue tan solo un momento fugaz, dado que enseguida recuperó la compostura y adoptó la mascara usual que suele llevar.
Empujo hacia atrás la espada, haciéndola retroceder unos pasos, la misma cayó flácida sobre el suelo. El brazo que lo sostenía lucia como si se trata del de un muñeco. Uno al cual hilos invisibles le daban vida para maniobrar. Lo mas preocupante era que el campo de fuerza que la rechazaba como su portadora ya se había generado, dañando más y más la mano, notándose ya largas ampollas que se extendían hacia su muñeca. Cualquiera en su sano juicio, hubiese soltado inmediatamente al sentir semejante dolor…Pero claro, esto era completamente distinto. Y Sesshomaru lo sabía.
—Rin.
Mi tía había intentado avanzar hacia su hija, completamente angustiada y preocupada, y había sido frenada en seco. Y no lo culpaba.
—Mitzuki, suelta la espada— dijo con voz clara, pero en pose defensiva. Esta miró la espada, luego a su padre repetidamente hasta que finalmente sonrió.
—Jejejeje, Sessssssshomaru… ¿No quieres jugar? — No termino de realizar la pregunta y volvió a esfumarse por el aire. Pasaban los minutos y nada sucedía, no había olor, no había rastros, no había nada. Era malditamente desconcertante y tenebroso. La tensión iba en aumento, podíamos sentir cada respiración, cada paso, cada latido…Nuestros sentidos estaban totalmente alertas, como nunca.
—¡¿DÓNDE DEMONIOS ESTA?! — había sido cuestión de tiempo para que mi padre estallara con Tessaiga en alto. Mi tío ni lo miró, pero mi madre si y era una clara mirada de "compórtate si no quieres un abajo". Si esto era la segunda vez que sucedía, no quería imaginarme lo que seria una tercera, ni una cuarta…
—Rin…Salgan de a…— Y reapareció sobre Sesshomaru, con Bakusaiga en alto y una mirada desquiciada. Si no fuera por la rapidez excepcional de un demonio como él, la historia hubiese sido otra, pero sus cuerpos dieron contra el suelo al mismo tiempo que varios jadeos y gemidos de sorpresa se dejaban escuchar, Mitzuki sostuvo la espada en alto y…
—¡MITZUKI! — mi tía grito a todo pulmón, jadeando. El filo rozó la mejilla derecha de mi tío, haciéndola sangrar…Fueron segundos, segundos de reacción en los que nos colocamos estratégicamente para quitarla de encima, pero… ¿Cómo hacerlo sin lastimarla? Ante toda respuesta Sesshomaru estiró la mano hacia la mejilla de su hija y eso pareció ser el fin de una posesión totalmente espeluznante y peligrosa.
Dioses, no quería volver a vivir algo así en su vida. Y menos con un familiar tan importante involucrado. Tan inmersa en sus pensamientos estaba, que no había escuchado a su madre y tía entrar, así como tampoco había sentido…Ni el tacto de su madre sosteniendo sus manos temblorosas y las lágrimas corriendo por sus mejillas. Tampoco notó que sus hermanos y primos la miraban preocupados. Pero si escuchó lo que su madre dijo.
—Vamos todos, es hora de que descansen. Mitzuki está bien, su mano sanará pronto, ¿sí? — y colocó entre sus manos una taza humeante de té. Olía muy raro. —Tómenlo todo, calmará sus nervios. — fue toda la explicación. Nadie sospechó nada, hasta la última gota. Ahí fue cuando todo se volvió confuso. Solo recuerdo a mi madre disculpándose y sumergirme en una profunda oscuridad. Oh, nos han drogado.
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—Kagome… ¿No habrá sido mucho haberlos hecho dormir? — la mencionada solo suspiró y la miró con una sonrisa triste.
—No, no hubiesen podido dormir y seguro empezarían a planear algo muy tonto…— Rin sonrió también, cansada. Era cierto, sus hijos y sobrinos solían meterse en muchos problemas cuando querían resolver algo por cuenta propia. Era divertido verlos de pequeños, pero ahora y con la vida no solo de su hija, sino la de todos en potencial riesgo…Era algo que preferían ahorrárselo. Una preocupación menos, por lo menos, por unas horas. Definitivamente no estaban preparadas, nadie estaba preparado para semejante carga emocional. Lo vivido hace un rato iba a ser una marca profunda en cada uno de los presentes. Lo trabajarían y superarían, por supuesto, pero no ahora y mucho menos, hoy.
Al terminar de acomodar a sus hijos de la mejor manera posible, volvieron al cuarto en donde Mitzuki descansaba, había caído inconsciente ni bien traspasaron el umbral de esa habitación y tanto Kagome como Rin habían aplicado todo lo aprendido con Kaede para curar de la mejor forma posible aquella enorme herida. Sesshomaru e Inuyasha se mantenían al margen, pero al contrario de otras ocasiones, se negaban a abandonar la habitación.
Irasue había llegado poco después de que terminaran de vendar la herida, con las terribles noticias sobre el ataque al General. Rin salió cuasi corriendo a visitarlo, después de todo se lo debía a su amiga, Akira y su papá adoptivo, Takeshi. Al parecer, los chicos ya se habían enterado, pero debido al ajetreo de curarla Irasue había esperado para comunicárselos.
El General estaba dormido, en pésimas condiciones. Su pronóstico era bueno, por suerte o tal vez, porque Mitzuki aun podía controlar una mínima parte de su conciencia, no había tocado ninguna arteria importante, ni ningún órgano vital. En una semana podría salir de allí, pero se lo notaba pálido y aun en sueños, la expresión de su rostro era de puro dolor.
Suspirando y derrotada, volvió a la habitación pensando como haría para transmitirle esa noticia a su hija. Estaba segura de que no sería una tarea fácil y mucho menos. Era algo extremadamente delicado, tanto por el estado en que había quedado su hija, tanto física como emocionalmente y por los sentimientos entrecruzados entre los involucrados. Suspiro una vez más, antes de descorrer la puerta.
Al entrar, una taza de té de jazmín humeante la esperaba sobre el suelo. Agradecida, la tomó y avanzó hacia el centro del dormitorio. Kagome e Inuyasha estaban acurrucados en una esquina, esta ultima se encontraba cabeceando sobre el hombro de su esposo, en cualquier momento quedaría rendida. Avanzó un poco hasta el futón en donde estaba descansando Mitzuki, se arrodilló y acarició levemente desde su frente hasta la mitad de sus suaves cabellos, besó su frente y susurró levemente…
—Buenas noches, mi niña… Se fuerte, podrás con esto — y sin pensarlo mucho, apoyó su frente sobre la de su hija, tratándole de transmitirle toda la fuerza que tenía. Luego de unos minutos, acarició su mejilla y se encaminó hacia su marido, quien tenia la mirada fija en ella desde que había entrado en la estancia.
Al pararse frente a él, le dedicó una sonrisa triste y resignada. Él, simplemente estiró su mano, invitándola. Rin se acomodó entre las piernas de su marido, sin importarle la audiencia que podría llegar a tener, después de todo, estaba cansada y estaba segura de que, todos, necesitaban una recarga con sus respectivas parejas. Sesshomaru, como respuesta, la envolvió con su mokomoko.
—Descansa.
Fue la única palabra que salió de entre sus labios, pero había sonado cálida, como una promesa de protección, como una promesa de que todo estaría bien. Y por ese instante, se permitió soltar algunas lágrimas. Nadie podía juzgarla, había vivido algo sumamente estresante, espeluznante y sumamente preocupante. Había vivido en carne propia lo que significaba que uno de sus mayores miedos, se volviera realidad. Y Sesshomaru estuvo allí con ella, dándole el apoyo que necesitaba. Que necesitaban, tan solo estando cerca el uno del otro. Inuyasha y Kagome hacían lo propio, era algo tan natural, que ni siquiera se molestaban al estar en una misma habitación.
Cuando logró desahogarse completamente, los primeros rayos del alba acariciaron su rostro casi de manera inverosímil. Y solo abrazada a su esposo, habiendo llorado y al sentir la calidez del sol, de un nuevo amanecer, de un nuevo día, de que podía volver a comenzar, solo en ese instante…Logró cerrar sus ojos y tratar de…Descansar.
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Corría, corría todo lo más rápido que le daban sus piernas, mientras esquivaba una, dos, cincuenta flechas prendidas fuego y que al impactar sobre el césped largaban un veneno tan fuerte que necesitó cubrir su boca para no ahogarse.
—¡Señor! ¡Señor Sesshomaru! — gritaba con todas sus fuerzas, pero sabia de buena fuente que este, estaba descansando después del mortal episodio de anoche. Avanzó unos metros más hasta la galería, movilizándose y esquivando cada pequeño dardo, flecha o trampa sospechosa que se le cruzara en el camino.
Corrió gritando y advirtiendo a cada sirviente del palacio que fueran al refugio mas cercano. Ya casi, solo dos pisos más, la tercera puerta a la derecha y estaría. Vamos, vamos, vamos…cruzó volando a sus compañeros que iban en dirección contraria a la suya, alertados por los sonidos. ¿Su Señor estaba tan dormido que no escuchaba nada del jaleo que se estaba armando fuera?
Tres puertas de distancia del destino…Descorrió la puerta y entró sin ningún permiso. Un estruendo desorbitante hizo retumbar todo el palacio. Se quedó estático al encontrar en semejante escena a su amo despertándose de manera sobresaltada, con la señora entre sus brazos, la joven princesa sobre el futón y la otra pareja acurrucada, pero en cuanto sus miradas se encontraron no dudó en gritar.
—¡Señor, estamos bajo ataque!
Y como si de un interruptor se tratara, la princesa se levantó de un jalón del futón. Y fue extraño porque sus ojos estaban…
Rojos.
