Disclaimer: inuyasha y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo 9
ResonanciaUn día semejante a cualquier otro, un rumor corrió entre los soldados de alto rango. De uno a otro se repetían que su princesa se casaría con el poderoso heredero de las Tierras del Oeste.
¿Por qué?
¿Para qué?
¿Cuál es su objetivo?
No entendía en su momento, porque su hermana había aceptado semejante humillación, atrocidad y semejante bajeza. Su padre había fallecido hace poco y era ella quien había aceptado el cargo, hasta que él tuviera la edad necesaria para heredarlo.
Era extraño, era chico, pero entendía que había algún enredo político entre medio, ya lo había sufrido. Los altos ministros, que nunca habían considerado que una mujer pudiera asumir el trono, solían encarnizarse y estigmatizar a su hermana. Cualquiera excusa era buena para hacerla sufrir. Era muchísima, la malicia de aquellos miserables.
¿Por qué? ¿Por qué? ¿¡Por qué ensucias el nombre de padre, hermana!?
Su Padre, el difunto Lord Takichiro, jamás hubiese permitido semejante alianza con el Oeste y mucho menos, hubiese entregado a su preciada hija como un trofeo al cual admirar.
¿Por qué?
¿Qué escondes?
Su pelo rojo ondeo con el movimiento violento de su cabeza. Una sonrisa triste se extendió por su joven rostro, sus ojos marrones inundados en la más profunda desolación y resignación. Era de noche y una tormenta feroz y avasallante azotaba contra el palacio del Este.
Una noche sombría y fría, como el palacio, luego de la defunción de sus progenitores.
— Hisoka…Ven pequeño, dormiremos juntos. — sus brazos se abrieron para él. Estaba seguro de que no le soltaría ni una palabra, ya se lo demostraba con esa actitud. Pero, sin embargo, antes de huir, enojado, corrió hacia ella y se refugió en su pecho, en su calor, en sus alas que lo abrazaban con absoluto cariño. Le costaría, sabía que le costaría mucho más que de costumbre el resignarse, el no saber y dejar que su hermana cargara con todo sola. Como fuera, estaba obligado a cargar con ello. Solo. Y supo, comprendió, que su hermana pasaba por lo mismo…
x-x-x-x
Lord Hisoka volvió de su recuerdo. Maldito Sesshomaru. Sonrío.
Que masacre.
Sangre, olor a muerte y devastación.
Piernas mutiladas, cuerpos partidos a la mitad, cabezas sin su cuerpo.
Gritos, alaridos y dolor, muchísimo dolor. Retorció sus manos. Un aullido, distinto, esclarecedor, traumante y chirriante resonó por todo el espacio, deteniendo el tiempo. El silencio fue alarmante y tensionado. La cara crispada de los soldados le decía lo presionados que se sentían ante su ataque. Todavía no entendían la razón de este.
Estaba complacido.
Sufre, maldita peste rastrera.
Una ráfaga de luz apareció ante él. Pelo blanco, medialuna en la frente, ojos rojos…Una risa estrambótica salió de sus labios.
—Irasue, Lady del Cielo, me honra con su presencia…
x-x-x-x
¿Soy yo?
¿Quieren destruirme?
¿Qué? Esto… esto es diferente. Se siente diferente.
Un chasquido sonoro, seco y discordante fue lo primero que escuchó hasta que lo sintió. Un dolor agudo, punzante y taladrante traspasándole la piel. Ardía, ardía como mil demonios. Se quedo sin aire, pasmada, esperando el siguiente espasmo, estaba segura, lo sentía… Y llegó. Cielos, se sentía sobre una nube, su cabeza se sentía pesada, su conciencia se obnubilaba y sabía.
Lo supo en el mismísimo instante que era diferente a otras posesiones. Y lo único que tenia en claro eran tres simples cosas:
Entraron al palacio.
La estaban torturando. Frente a sus padres. Frente a su padre.
Se desató el infierno.
Y con eso, su consciencia cedió. Su espíritu de guerrera se ahogaba en el mar. Como en el sueño.
Mierda.
x-x-x-x
Al mismo tiempo que los veo siento nauseas, arcadas y un odio visceral. Malditos tengus. aquí abajo el ruido de metales estrellando contra otros, saltaba ronroneando, como un cazador a su presa.
Tic. Tic. Tic. La sangre fluía a borbotones, lenta y ardientemente. El soldado que luchaba frente a ellos cayó desplomado en el suelo. Un tengu de aproximadamente dos metros de altura con alas negras, corpulento, cara angulosa acompañada de unos vibrantes ojos celestes. La sonrisa sádica que les dedicó, le erizó la piel.
Todo era un tremendo caos universal. Apenas se les había pasado el efecto de la droga, seguían un tanto embotados, pero no se podían permitir el lujo de recuperarse cuando se habían encontrado con esta situación en el palacio. A pesar de la lentitud de reacción por los efectos secundarios, eso no impidió que Senshimaru se adelantara a toda velocidad y partiera en dos al tengu, como si de un pan de manteca se tratara… Cayó de rodillas, jadeando. Bueno, como dije, todavía no estábamos completamente recuperados.
Haru, con su arco y kunai en mano, fue el primero en hablar.
—Debemos buscar al bastardo.
Como toda respuesta, apretamos nuestras armas y nos dirigimos al jardín este.
Era el ojo del huracán.
x-x-x-x
Su cuerpo se contorsionaba sin control, ya había perdido la cuenta de las veces que había escuchado crujir sus huesos y sus alaridos, cargados del más intenso dolor. Sudaba, muchísimo. La sangre se escapaba de sus labios cada vez que tosía y parecía que solo el respirar era un gran esfuerzo.
Desde la entrada precipitada del soldado, Kagome trataba de revertir el hechizo concentrando su poder espiritual para encontrar su raíz y poder purificarla. Todo esto, tratando por todos los medios de hacer caso omiso de las torturas a las que estaban sometiendo a su sobrina, y eso, no era poco. Hacia poco más de cuatro horas que seguía recitando el mismo mantra que Kaede le había enseñado, pero nada. Lo único que había conseguido era que tuviera breve periodos de conciencia, no más que eso.
Inuyasha custodiaba la entrada, eliminando al instante cualquier posible enemigo que osara traspasar la puerta. Sus nudillos blancos, demostraban lo difícil que se estaba tornando la situación. Sin contar, que quería ir a buscar a sus hijos, aunque presentía que estaban bien por el momento. Sus ojos volaron hasta su hermano, jamás lo había visto así.
Sesshomaru se encontraba en un estado total de shock, Tenseiga resonaba, inquieta, a la espera. Y eso no podía concebirlo. No. Toda la furia, la impotencia… Se sentía agobiado, sin mencionar la angustia que había estado creciendo durante todo este tiempo, el desánimo, estupor y sorpresa se concentraban en su pecho como una bola de fuego vivo, que arrasaba con fervor, dejándolo con una gran indignación. Indignación y cólera se entremezclaban, por su familia, porque osaron tocar lo más preciado para él. Y porque se habían tomado el atrevimiento de hacerlo sentir todo aquello que juró que nunca volvería a suceder luego de perder a su esposa en el inframundo.
Era tiempo de actuar. Y pobre del que haya estado detrás de todo esto.
—Rin. — Su esposa se encontraba cerca de su hija, arrodillada sobre su costado y cuando se quedaba lo suficientemente quieta, acariciaba su rostro y su pelo con una tranquilidad aparente. Sin embargo, la ternura y la calidez de su corazón se transmitían en cada caricia, estaba seguro de que su hija lo sentía. En cuanto sintió decir su nombre, volteó la mirada hacia su marido. Su fuerza, su valentía y su espíritu brillaron en sus ojos marrones.
Entendió en el instante en que sus miradas se conectaron.
—Esperaré aquí, apresúrate…—Fue la única y resquebrajada respuesta que obtuvo. Y era la única que necesitaba. Abrió las puertas del balcón y observó el jardín de su madre. Mientras caía hacia el centro de batalla, lo escuchó con claridad, fue rotundo, lleno de cólera y resentimiento contenido "asesínalo". No tienes que decirlo dos veces, Rin. Su mujer siempre se encargaba de demostrar, lo que él no dejaba entrever.
x-x-x-x
Era la quinta vez que intentaban asesinarlo en el lapso de diez minutos. La lucha estaba encarnizada, podía ver que los soldados de su abuela estaban teniendo un tiempo difícil, pero eso no era más que un simple hecho, las bajas de ambos bandos eran muchísimas. Escuchaba los gritos de su hermana y quería huir directamente hacia la habitación de sus padres. Desde que había vuelto de ese viaje, todo había sido un tremendo desastre, un tropiezo tras el otro… Si tan solo hubiese escuchado a su padre, si tan solo su orgullo de guerrero no se hubiese sobrepuesto a la sabiduría de su padre…Se sentía tremendamente culpable de todo lo que sucedía. Aunque su madre se lo haya negado un millón de veces, no podía evitar pensar de esa manera. Sus dientes se encastraron y apretó los puños, su látigo engarzó el cuello de un tengu que estaba por lastimar a su prima por la espalda y descuajo su cabeza de un solo saque. No había tiempo de arrepentirse ahora, era tiempo de encontrar al maldito infame. Sus horas estaban contadas. Y lo supo cuando vio a su padre descender en el medio del campo de batalla. Sus ojos se abrieron con admiración, su pecho se llenó de orgullo.
Con una delicadeza y destreza de años de entrenamiento, desenfundó a Bakusaiga, prueba irrefutable de que esto estaba por convertirse en un rio de sangre. Sonrió. Una sonrisa peligrosa y bestial. Su animal interior resonó con la anticipación.
Al levantar el metal de la katana, solo se podían escuchar las respiraciones, los jadeos, el golpeteo de los cascos y el chirrido de los metales al chocar. Tomó a Hiroshi del cuello de su yukata, y con su brazo libre tomó de la cintura a Izayoi.
—¡Daiki, Haru! — ambos se giraron a verlo —¡Retrocedan!
Apenas llegaron a cubrirse cuando un grito, esplendoroso, feroz y firme resonó.
—¡Bakusaiga! — la onda explosiva verde, cortó en pequeños pedazos a todos los tengus que estaban revoleteando por ese sector. Los soldados alertados por el olor de su amo y el rugido de su príncipe habían alcanzado a esquivarlo, cubriéndose. Sus enemigos se encontraban hechos polvos, viajando libremente por el viento. Su padre extendió su látigo hacia uno de los árboles de la zona, sustrayendo de allí un tengu más pequeño que los demás, temblaba en demasía…Sus orbes dorados se posaron con salvajismo y amenazadores ante él.
—¿Dónde está tu amo? — El pequeño estiró su mano hacia un punto en el cielo. Crack. El cuerpo del tengu cayó lánguido sobre el pasto. Su padre se dirigió donde su abuela y el tengu más grande que había visto se encontraban peleando.
—¿Cómo demonios no vimos eso antes? — Fue Haru el que exteriorizó la pregunta. Izayoi colocó sus manos sobre el brazo de Senshimaru, removiéndose y soltándose de su agarre. Hiroshi se reacomodó sus ropas.
—Tienen un campo de fuerza, debe ser magia tengu…— Analizó Izayoi. El aura que los rodeaba era roja y verde, no podías sentir su presencia ni oler su esencia, pero si mirabas estaban allí. Inteligente. En una batalla todos se movían mediante el olfato y leyendo auras. Su tío irrumpió en el campo de fuerza con una simple estocada.
—¡Ja! ¡Te llegó tu hora maldito! — Haru extendió su puño en señal de victoria. La expectación y la excitación se podían sentir en el aire. Nadie hablaba, pero el simple hecho de que esto pronto finalizaría era un gran motivo de alivio y relajación. Las respiraciones erráticas, el frenesí de la batalla, la frustración y el odio se arremolinaban a su alrededor como una cápsula que los engullía lentamente. Jamás habían participado en una batalla de semejante calibre. Y estaban seguros, que no se le asomaba ni a los talones a los sentimientos que debían exteriorizarse. Era como una llaga sangrante. Esto debía terminar.
Un nuevo grito resonó. Observó el ventanal de la pieza de sus padres, listo para marcharse hacia allí.
—¡TIO! — el grito de Izayoi estalló en sus oídos y se deslizó como agua helada en cada vertebra de su columna. Y lo supo, lo sintió…— ¡LA TRENZA! ¡LA TIENE, LA TIENE A…! — Fue como un zumbido, leve, suave como el murmullo de un río. Antes de que pudiera terminar la frase, una lluvia de flechas negras fantasmagóricas encendidas con un fuego rojo verdoso se dirigían sin control hacia ellos. Todo ocurrió en cámara lenta. Los ojos de su padre reconociéndolos y abriéndose de par en par, Daiki tomando a Izayoi entre sus brazos y girándose, Hiroshi empujando a Haru del camino…Sus brazos extendieron su katana, intentando a pocos segundos del impacto de generar un campo de fuerza.
—¡Viento cortante!
Woaw, estaban a salvo…Y no gracias a su velocidad, se habían relajado, habían roto la única regla sagrada en batalla. Nunca, jamás bajes la guardia. La decepción corrió por sus venas. Cada vez se encontraban más y más fallas en su haber. Debería reaccionar más rápido, ágil, veloz y feroz como su padre, imparable.
Su tío jadeaba, sus puños estaban verdaderamente apretados sobre Tessaiga, la misma temblaba por la fuerza empleada en ella.
—Pa…— Antes de que Haru pudiera terminar de mencionar su nombre, su tío giró con una violencia desmesurada, sus ojos estaban casi fuera de sus cuencas, haciendo que tanto Haru como Daiki retrocedieran tres pasos.
—¡¿Qué demonios piensan que están haciendo, mocosos?! ¡¿Eh?! ¡¿Acaso creen que esto es un maldito juego?! ¡Entren al maldito castillo! — El discurso de su tío estaba teñido de enojo y preocupación. Claramente, la situación estaba saliéndose de control. Al parecer, las cosas en el cuarto se estaban poniendo muy intensas.
—Papá, nos quedaremos, queremos ayudar. — Daiki hablo con firmeza y valentía. Inuyasha clavó sus orbes dorados en su hijo mayor, y sabia, por la posición de sus otros dos hijos y sus sobrinos…Que no iban a retroceder, pesara a quien le pesara, ya no era unos niños, pero esta situación era totalmente diferente. Un estruendo se escuchó arriba de ellos. Tenia segundos para decidir. Una mirada más hacia ese grupo y no le costó saber la decisión correcta.
— Escuchen…— Inuyasha suspiró —Retrocedan, aléjense del foco de la pelea, estén alertas, sus armas preparadas y —sus ojos se dirigieron hacia su hija, ella se encogió levemente — no llamen la atención sobre ustedes. Saben perfectamente o pueden tener una idea de cual es su objetivo.
Con un leve gesto de la cabeza, los guio dentro del castillo. Dentro se podían ver la devastación que había causado, telas y paredes hechos jirones, escombros, polvo…Y sangre, mucha sangre. Nunca se olvidarían del hedor, el hedor de la muerte. Era un olor difícil de olvidar. A medida que avanzamos, los gritos se hacían cada vez más y más fuertes, varios sirvientes y soldados estaban curando y rescatando a sus compañeros, corrían de acá para allá, con toallas y baldes rellenos con agua. Todo era un verdadero caos. Estaban a punto de preguntar que significaba aquello, ya que lo había dicho anteriormente, parecía que les había dado el permiso para estar allí.
Sin previo aviso, se detuvo ante una puerta. La de la habitación de sus padres. Todos contuvieron el aliento. ¿Qué pretendía su tío? Ya no iban a caer tan fácil en beber algo o aceptar cosas que pudieran contener algún fármaco sedante.
Un suspiro se deslizó entre sus labios.
— No les voy a mentir — dijo a modo de murmullo— lo que están a punto de ver, creo que es algo que no se sacarán más de sus memorias. — la seriedad y veracidad con la que hablaba eran ahogantes, casi sofocantes. Se giró y nos observó de hito en hito.
—Si están tan listos, como dicen estar, la máxima ayuda que pueden ofrecer es aquí — Hizo una pausa tocando la puerta, su espada apoyada sobre su espalda, sus orejas alertas a cualquier ruido— Su prima, hermana, los necesita y… Deben protegerlas — Era más que obvio de quienes estaba hablando, tenía toda la razón. Inuyasha avanzó hasta estar a un palmo de distancia de Daiki y Senshimaru, colocó una mano en el hombro de cada uno…—Se lo encargo.
Y antes de cualquier confirmación, salió disparado hacia el exterior.
La tensión se respiraba en el ambiente. Hiroshi avanzó sin bacilar, descorriendo las puertas de un solo tirón.
Cielos.
x-x-x-x
Irasue jadeaba, jamás se imaginó que su contrincante sería nada más, ni nada menos que el Lord del Este, Hisoka. Su hijo había interrumpido su pelea en un momento muy oportuno. No sabia que era lo que poseía ese Lord, pero estaba seguro de que tenía un encantamiento que, ante cada choque, absorbía un poco de energía y fuerza vital de su enemigo.
La pudo ver, gracias al grito de la niña. La trenza estaba en su muñeca, oculta en las mangas de su haori y la misma estaba rodeada de un fuego fantasmagórico totalmente negro. No despedía olor. Su forma era extraña, estaba trenzada de a cuatro hilos, zigzagueaba por su piel como si de un tatuaje se tratara. No sabia con certeza la dificultad que iba suponer quitársela, pero estaba segura de que el Lord tenia más de una artimaña bajo la manga.
La pregunta era… ¿Por qué? Después del matrimonio de Sesshomaru con su humana, sus tierras habían sido las menos afectadas, se habían mantenido los acuerdos de comercios y los intercambios mensuales de materia prima para la producción de armas, las vías de viaje y senderos de atajo se habían mantenido también, nada había cambiado. Ni siquiera se habían apropiado de una parte de su territorio, ya que los tengus eran bastante respetados en los cuatros reinos.
No podía localizar el incentivo o el motivo que tenía aquel pajarraco para orquestar semejante ataque. Eso sí, el odio y el rencor contenido dentro de él eran palpables.
El único contacto que habían tenido había sido hacia años, cuando todavía vivía aquella mujer que…Sus ojos se abrieron, brillando en compresión. Esto iba a ser más difícil e inesperado de lo que imaginó. Este plan estaba detalladamente planeado, iba a ser arduo hallar un punto flaco, pero seguro que lo tenía. Todo plan tiene uno. Sin esperar un minuto más, entró de nuevo en el campo de fuerza, su hijo estaba intentado sin ningún resultado tomar la trenza.
Además, no debía olvidarse de que, no podía romperla en cualquier momento. Observó el sol, este se estaba poniendo. Pronto comenzaría a oscurecer y esto parecía que no terminaría pronto. Seria una noche larga.
x-x-x-x
—¿Te gustó mi regalo Lord Sesshomaru? —Preguntó por enésima vez el asqueroso tengu frente a él, Lord Hisoka. El fastidio que sentía iba en aumento, con cada palabra que escupía aquel Lord, más enfurecido se sentía. Atacaba y esquivaba, atacaba y esquivaba…Era rápido y no podía matarlo. Necesitaba esa trenza y necesitaba que no estuviera controlando a Mitzuki para acabar con todo esto. Él lo sabia y su oponente también. Ambos estaban conscientes de aquello y estaba más que claro que quería sacarle todo el provecho posible a ello.
Una sonrisa despiadada se formó en sus labios. Sus uñas se clavaron en la trenza. Sesshomaru apretó sus dientes, escuchando el lamento de su hija.
—Oh, querido, que hermosas expresiones me muestras… Creí que no sentías— expresó melosamente, mientras esquivaba las garras envenenadas del Lord del Oeste. —¿Quieres que te cuente algo curioso? — dijo revoloteando sus alas y moviendo su otra mano encima de su muñeca, la trenza había sido revelado, así que no tenía más intenciones de ocultarlo. Después de todo, sabia de sobremano que el Lord no era estúpido. Ante toda respuesta ante la amenaza implícita de Hisoka, Sesshomaru quedó suspendido en el aire. Necesitaba pensar una manera, encontrar una grieta de su defensa para poder quitarle eso. El Lord del Este, se carcajeó… —Qué obediente te vuelves…—Sus ojos cambiaron radicalmente a unos amenazadores, vacíos. — Cada parte de la trenza —comenzó la explicación danzando suavemente sobre su pulsera — es una parte del cuerpo de tu hija, ¿a que es impresionante esta técnica ancestral? — Un gruñido fue la única respuesta a esa provocación. Y contra todo pronóstico, hincó con violencia sus uñas en una parte de la trenza. Sesshomaru se precipitó hacía él.
— Yo no haría eso si fuera tú…— Sesshomaru frenó a un palmo de él, sus dientes estaban apretados, su respiración era errática y sus ojos estaban completamente rojos, sus uñas estaban clavadas en sus palmas ante la impotencia…Le cortaría la mano para obtener esa detestable trenza. Levantó su brazo, revelando completamente la trenza, tenía un halo fantasmagórico y al girar su mano…Allí había algo latente, iba rápido, raudo, latía como si de un corazón se tratase. Sus ojos se abrieron y retrocedió. Si, el Lord del Oeste, retrocedió. Una risa estridente se escuchó.
—Te has dado cuenta más rápido de lo que pensaba…El corazón de tu hija es cálido…— Su dedo se presionó contra él, sentía el sudor bajar por su nuca…—Sería una lástima que, ante un paso en falso tuyo, desapareciera…
¿Qué demonios era todo esto? ¿Qué quería? ¿Sus tierras? ¿Su poder? ¿Su dinero? Se lo daría todo por esa simple trenza, no iba a poner resistencia. Sus ojos rojos se concentraron en los verdes de él. Determinación e irritación flameaban ante él.
—¿Qué es lo que quieres? — dijo entre dientes. Sintió el aura de su madre aparecer de nuevo en el campo, no gasto ni siquiera una mirada en ella. El rostro de Lord Hisoka quedo vació de toda expresión, era una máscara completa, la seriedad y la locura desbordaban por cada poro de su piel. Sus alas se extendieron en su máxima extensión y sus puños se apretaron, con una lentitud desequilibrante, arremangó las mangas de su kimono y ató lazos sobre su espalda para mantenerlos en su lugar. En sus brazos descubiertos, podían observarse diversas y diferentes tipos de quemaduras, su piel estaba chamuscada y algunas heridas presentaban grandes y deformados queloides. Al finalizar, lo observó de nuevo, clavando su mirada en sus ojos.
—¿En serio no tienes idea? — la respuesta lo descolocó y el tengu lo supo. Los dientes del pájaro castañearon por la presión y la fuerza que ejercía sobre su quijada. —Entiendo… ¡Fuimos menos que nada para ti! — Por primera vez en todo lo que iba de la lucha, el tengu estalló. ¿Qué? Lo único que decía solo lograba confundirlo cada vez más. Hisoka estaba por continuar cuando su madre habló.
—¿Todo esto es por Yukiko? — El Lord del Este la miró fúrico. ¿Yukiko? El Lord del Oeste estaba empezando a comprender…Pero antes de que pudiera hacer algo Hisoka se cubrió de un fuego negro con una expresión maniática en el rostro.
—Tú…— dijo señalando hacia ambos inuyōkai— ¡No tienes ningún derecho a pronunciar su nombre! ¡Asesinos! ¡Sufrirán lo mismo que yo! —exclamó y ante la mirada atenta de ambos, desapareció…
Ninguno de los dos tuvo que pensar mucho hacia donde se dirigía. Dos halos de luz surcaron la noche directo hacia los aposentos donde se encontraba Mitzuki.
x-x-x-x
Todo se encontraba en una calma aparente, hacía unos minutos que Mitzuki había dejado de retorcerse. Kagome e Izayoi estaban tratando juntas de deshacer o de debilitar el hechizo sobre ella. El esfuerzo provocaba que grandes charcos de sudor se formaron alrededor de ellas. Rin limpiaba junto con Akira la sangre y las heridas que iban apareciendo en el cuerpo de su hija. Ya habían contando más de 6 costillas rotas, su brazo estaba torcido, habían tenido que acomodar sus dedos más de una vez y en sus piernas aparecían cortadas y todo tipo de moretones. Su respiración era dificultosa y si no tuviera el poder de sanarse más rápido que un humano, ya estaría en el inframundo.
Hiroshi y Senshimaru estaban en silencio al lado de su hermana, verdaderamente no sabían que hacer en esta situación, verla había sido más chocante de lo que esperaban, más impresionante y horripilante que la última vez. Su espalda se arqueaba y sus manos se volvían puños, su respiración se entrecortaba, tosía sangre y… La peor parte era escuchar los crujidos y los alaridos. Sentir y escuchar sus sollozos. Sus ojos estaban abiertos, pero estaba como ida, solo estaba consciente cuando le rompían un hueso o retorcían su cuerpo como si de un trapo se tratara.
Daiki y Haru custodiaban las ventanas y las puertas, estaban alertas, sus nervios, los de todos, estaban al límite. No soportarían un alarido más. Rin observó por la ventana…Sesshomaru, apresúrate, tu hija no resistirá mucho más. Pensó angustiada observando la situación en la que se encontraba su pequeña.
Izayoi cayó sobre sus manos, jadeando. Jamás en toda su vida, había realizado tanto esfuerzo espiritual. Observó a su madre, su frente estaba perleada de sudor y pálida. Le haría una bebida energizante, se notaba que hacía horas que no paraba, se iba a desmayar y estaba segura, de que, sin ella, no iba a poder. Estaba levantándose para ir a buscar los elementos necesarios, cuando sucedió.
Un tengu enorme apareció en el medio de la habitación con la mirada más desquiciante y maniática que solo hubiese sido capaz de ver en sus más horribles pesadillas. Hiroshi y Senshimaru desenfundaron sus espadas, listos para atacar, pero unos tentáculos negros, con púas a su alrededor los envolvieron, apretándolos, inmovilizándolos…Daiki y Haru se precipitaron hacia él con un grito de guerra en sus gargantas, los mismos tentáculos los aplastaron contra una pared. Rin se abalanzó hacia su hija, cubriéndola. Kagome preparó su arco y se posicionó frente a Izayoi, Rin y Mitzuki, más sus brazos temblaban por el esfuerzo y energía ya gastados. Inuyasha apareció por detrás, levantó su katana listo para liberar a sus hijos y sus sobrinos de una estocada…
—Ni lo pienses hanyou asqueroso — fue la respuesta seca, irónica y cortante del Hisoka. Inmediatamente, levantó su brazo…La pulsera refulgió en la oscuridad. Inuyasha detuvo el movimiento a mitad de camino cuando observó la mano del Lord dirigirse hacia la misma. Había escuchado la conversación que había tenido con Sesshomaru e Irasue. No iba a tentar a la suerte con la vida de su sobrina como pérdida ante la apuesta.
Unos segundos más tarde, Sesshomaru e Irasue atravesaron el ventanal, encontrándose con esta escena. La cara de Hisoka cambió de una manera radical. Su sonrisa, maquiavélica volvió, observó a Sesshomaru.
—Ya que estamos todos aquí reunidos…Les contaré una pequeña historia— se detuvo un segundo para pensar y luego sonriendo — Bueno, será más interesante con otra interlocutora— Y antes de poder preverlo, Hisoka hizo chasquer sus dedos. Mitzuki desapareció de los brazos de su madre, para reaparecer al lado de Hisoka. Una ronda de jadeas y gemidos se escuchó por la estancia.
—¡Mitzuki! — Rin trató de correr hasta su hija, sus hijos y sobrinos trataban de safarse.
— ¡BASTA! —rugió el tengu, frenando cualquier movimiento. Mitzuki apenas podía mantenerse en pie — Atiende humana inmunda — Varios gruñidos resonaron por la estancia, ante esto, la sonrisa del Lord aumentó— la que va a sufrir las consecuencias si tu no te comportas y escuchas…— Mitzuki soltó un jade con unas cuantas lágrimas al sentir que su muñeca se retorcía y lo peor…El crujido del hueso rompiéndose. Cayo de rodillas, sosteniéndose la mano. Rin llevó las manos a su boca y también se arrodillo.
Miro al tengu con mucho odio.
—¿Por qué? ¿Por qué haces esto? ¡No te hemos hecho nada! — gritó eufórica. No media las consecuencias de su actuar, estaba cansada, su familia estaba totalmente a la merced de este horripilante y asqueroso Lord. Quería que acabara. Que acabara ya. Sesshomaru la observó desde la otra punta de la habitación con su mano lista en Bakusaiga.
El tengu la miró frio.
—¿Por qué?... Bueno, eso tendrás que preguntarle a tu marido…—Dirigió su mirada hasta él y lo señaló con el dedo —¡Pregúntale que le hizo a Yukiko! ¡A la heredera de las tierras del Este! — Su furia se dirigió contra el Lord del Oeste. —Diles, diles la asquerosa rata inmunda que eres — Sesshomaru lo observó, sabia que en el pasado había ganado varios enemigos, de algunos no se gastaba ni en saber el nombre. Y este parecía ser el caso, verdaderamente estaba perdido.
Irasue suspiró. Observó la ventana… La luna se estaba asomando. Mhhm…Observó de nuevo, la mano del tengu y a su nieta. Su corazón se apretujó. Ya tenia un plan.
—Yukiko — comenzó, llamando la atención de todos los presentes — era la heredera de las tierras del Este…Fue la primera mujer en heredar semejantes riquezas, porque su hermano, aquí presente —dijo señalándolo de arriba a abajo— era demasiado pequeño. — A medida que hipnotizaba a todos los presentes con sus movimientos, su voz, iba avanzando, ubicándose estratégicamente, esperando que su hijo comprendiera lo que estaba haciendo. Sesshomaru la observó atentamente. Debía mantener ocupado al tengu también, lo observó.
— ¿Me equivoco, Lord Hisoka? — la observó desconfiado, elevando su quijada, mirándola con desprecio.
— Continúa.
— Por ser la primera mujer, estuvo muy presionada. Tanto, que se vio obligada a aceptar un compromiso. — observó a Rin, había sido mucho tiempo antes de que ella apareciera o naciera siquiera, se giró hacia Sesshomaru— Él fue el elegido por los Ministros — silencio. Un profundo silencio. Rin lo buscó con la mirada. Sesshomaru observó a su madre…Recordando. Retrocedió un paso cuando lo hizo y sintió la mirada del tengu sobre él. — Era más chico que ella, sin duda, pero mi hijo, la rechazó completa y correctamente…
—¡¿Correctamente!? — Estalló el tengu y se adelantó hasta estar de frente con él —¡La humillo! Dijo que no estaba interesado en semejante mujerzuela y ante la insistencia de mi hermana…— el aura frente a él empezó a caldearse— ¡la asesino! Frente a toda nuestra nación. No le bastó solo con eso… ¡Quemó nuestro palacio!¡Mira! — gritó, extendiendo sus brazos, quemados y chamuscados — Todo hubiese aceptado… ¡Si no hubieses desposado a una humana! ¡A UNA DETESTEABLE Y ASQUEROSA HUMANA! — su grito resonó en la estancia, congelando el momento. Lo miró de frente con furia en sus ojos. Sin pensarlo dos veces, tomo a Mitzuki de sus cabellos…
—Ahmm…— Mitzuki trató de zafarse, pero estaba débil y con su muñeca rota a medio sanar, era inútil.
—Un movimiento en falso y…— dijo amenazando a cualquiera que hiciera un movimiento, apuntando a su muñequera…En donde latía el corazón de Mitzuki. Se acercó hasta Sesshomaru. Este ultimo estaba haciendo uso de todo su autocontrol para no arrebatarle a su hija de sus asquerosas manos. Toda la situación generaba impotencia… Estaban atados de manos y pies. Gruñó por su astucia e inteligencia. Lo que había contado era cierto… Pero faltaban partes. La peor parte.
— Tú —dijo señalando a Sesshomaru y levantando de los cabellos a la princesa. Sollozó. Apretó sus puños. — Me entregarás a tu hija, si quieres que viva, será mi esclava y unificarás los reinos. — ¿Qué mierdas esta diciendo? Los ojos de Sesshomaru se estaban tornando rojos…No estaba pudiendo soportarlo. ¿Osaba insinuarle que utilizaría a sus hijas con tales fines? Oh… no sabia en lo que se estaba metiendo.
Mitzuki observó a su padre.
—Ha- Házlo…— susurró. Quería que todo esto terminará. Observó a su hija como si le hubiese salido un tercer ojo. — Házlo, papá…— suplicó con lágrimas en los ojos. Hisoka sonrió, quebrarla había sido más fácil de lo que planeaba.
—¡¿Pero que mierdas estas diciendo, Mitzuki?! — Estalló Senshimaru, todos giraron a mirarlo, sorprendidos. —¡Cierra la maldita boca! — el mayor de los principes respiraba con dificultad y había pequeños tintes rojos en sus ojos. —¡Entiendo tu furia, pero no me parece una razón para semejante ataque! ¡Es una idiotez! —Gritó, rojo de cólera. Irasue observó a su nieto. Perfecto, increíble intervención no planeada. Hisoka lo observó iracundo, abrió su boca, listo para refutarle.
—Está enamorado de Sesshomaru— Irasue, dejó caer la bomba, en el momento oportuno — Él mismo asesinó a su hermana para que no se lo quitarán, aunque lo hace ver como si fuera su culpa…Y su gran amor, se desposó con una humana, simplemente, enloqueció— Hisoka extendió sus alas transformándose por el enojo. Irasue miró por la venta. Era tiempo.
—¡Hazlo ahora! — gritó. Sesshomaru tomó a su hija. Irasue contra el brazo de su enemigo. Algo que había pasado por alto, algo que los favorecía enormemente. Por la ventana, la luna se alzaba imponente.
Luna llena.
x-x-x-x-x-x-x-x
Hola, aquí de nuevo después de tanto tiempo. Uff, entramos en la recta final. Espero que les haya gustado y haya compensado un poco, la larga larga espera. Les pido perdón de todo corazón.
