LXXVIII. Ellos eran perfectos
La aguja va perforando…
El pinchazo que ya es familiar…
Intento acabar con todo,
Pero termino recordándolo…
Hurt- Jhonny Cash
El Doctor Tsumori solía ser un prominente médico. Uno de los mejores en su área si se podía decir: era dedicado, preocupado por sus pacientes, comprometido a mantenerse actualizado con todo lo que concerniese a su profesión y responsable con sus colegas. Era brillante; cuando no entendía qué podía estar pasando investigaba hasta el último libro de su biblioteca y no descansaba hasta encontrarlo.
Todos lo respetaban y admiraban. Sus pacientes lo amaban y sus colegas lo tenían en alta estima. Decían que era un profesional perfecto.
Pero, a puerta cerrada, la vida del Doctor era diferente. Su esposa; una sobresaliente y talentosa fiscal, vivía trabajando todo el tiempo al igual que él. Juntos tenían un hijo…. Más que por amor, por cumplir con el rol social del matrimonio, el siguiente paso y por intentar remediar soledades individuales con un humano en común.
A diferencia del Doctor, la esposa de éste era mezquina, no sonreía ante los temblorosos condenados, no se preocupaba por sus casos y ni siquiera leía los expedientes. Su interés era otro: necesitaba escalar, necesitaba llegar a donde ninguna otra había llegado antes, quería mandar y ser obedecida, quería ser respetada y temida. Quería poder para intimidar.
La esposa del doctor era corrupta. La única forma de que sonriera o se mostrara satisfecha era escuchar un maletín lleno de billetes abrirse frente a ella. Lo que hubiesen hecho no importaba mientras pudiesen pagar. Para ella la inocencia era costosa y la libertad era cara.
Odió estar embarazada. Esos meses fuera del tribunal representaron la pérdida de grandes sumas de dinero. Odiaba a ese niño, odiaba atenderlo, odiaba oírlo llorar a cada momento. Pero si quería mantener su estatus social perfecto, con su esposo perfecto… era un sacrificio que debía hacer.
Apenas el niño pudo valerse por sí mismo comenzó a trabajar como antes. Pero cuando volvió había algo distinto. Había una nueva autoridad a cargo, y cuando puso un pie en su oficina para ella fue como ver a un dios, a un genio que la volvería poderosa como jamás se imaginó llegar a ser.
— Buenos días, fiscal— le dijo en una voz segura. Ni muy alta ni muy baja. Era una voz autoritaria, firme y sin vacilaciones. La voz del poder.
— Buenos días— respondió ella disimulando su turbación— ¿En qué puedo ayudarle, Señor….?
— Usami— contestó— Fuyuhiko Usami. Haría bien en recordarlo porque le seré de mucha ayuda, mientras usted pueda apoyarme.
Fuyuhiko Usami era su nombre. Apenas comenzaba sus negocios, pero su seguridad en sí mismo y su porte eran arrolladores. Sintió como un calor subía de la planta de sus pies a su vientre y se alojaba allí solo con verle o respirar su perfume. Ella podía jurar que ni su esposo el doctor en sus mejores momentos transmitía tanta seguridad como él cuando le vio la primera vez.
Fue como una avalancha, y para cuando se dio cuenta no podía volver. Fuyuhiko era como una serpiente que iba envolviendo a sus víctimas hasta que no pudiesen respirar. Y lo peor de todo es que a ella le gustaba esa sensación de poder, de seguridad que transmitía. Él era el dueño del mundo y ella le creía. Y le daría todo lo que hiciese falta para mantenerlo en la cima, porque al hacerlo ella también se mantendría allí.
A medida que comenzó a ayudarlo, sintió que podía darse la vida que siempre había merecido tener. Fuyuhiko Usami se convirtió en más que un aliado estratégico, se convirtió en un benefactor, en un trampolín político, en un apoyo importante.
En cuanto más se adentraba en su mundo, mayor era su fascinación por él. No importaba cuán difícil fuese, siempre encontraba una forma de salirse con la suya. Su poder era innegable, incontrovertible.
A veces se asustaba de sí misma, las cosas que sabía, las que ocultaba podrían ponerla en grave peligro, pero al verlo sus miedos se desvanecían. Un hombre tan inteligente como Fuyuhiko Usami no podría ser atrapado nunca. Estaba más allá de la ley.
Incluso le ayudaba a escalar posiciones. En un año pasó de ser una simple fiscal de casos menores, a casos de corrupción (a Fuyuhiko le convenía que estuviese allí) y luego, después de un año, era la segunda al mando en la fiscalía de distrito. Nada llegaba a las manos del fiscal de distrito sin pasar por las suyas primero.
Las denuncias por drogas, lavado de dinero o tráfico de armas desaparecían en sus manos como arte de magia. Si se veían demasiado acorralados recurrían a un chivo expiatorio y ella se las arreglaba para hundirlo hasta el cuello. Durante un par de años fue su pieza más importante en la fiscalía.
Su esposo el doctor la miraba con sospecha. Su esposa se transformó ante sus ojos en un ente misterioso. Llamadas en la madrugada, viajes repentinos sin decir a donde iba, autos, joyas… lujos que con sus salarios era muy difícil que pudiesen tener.
— Estoy preocupado por ti— dijo un día en medio de la cena. Su hijo estaba sentado entre los dos.
— Eso sería una sorpresa— contestó— ¿Por qué motivo?
— ¿Todo está bien en el trabajo?
— Si, nada fuera de lo normal ¿Por qué preguntas?
— He escuchado rumores…
— ¿Puedes ir al grano?— dejó de comer y lo miró a la cara con el ceño fruncido— Odio tus rodeos.
— ¿Estás relacionada con los Usami, Misato?— preguntó sin titubear mientras colocaba un ejemplar del diario Esmeralda con su rostro en la portada, debajo del titular "Misato Tsumori…. La defensora de los asesinos"
— ¿Quieres dejar de leer esos diarios amarillistas?— exclamó indignada mientras tomaba el periódico— Los Usami son empresarios, como cualquier otro de este país. Han llegado muchas denuncias en su contra, pero nada comprobable o que al menos merezca un arresto preventivo. Si quieres cosas confiables ve directo a la fuente. Y no dudes de mí. Me irrita.
— Últimamente actúas muy extraño. Y todas estas cosas que no podríamos llegar a tener… de repente…
— ¿Qué es lo que te molesta?— preguntó— ¿Qué no sea una mediocre doctora de barrio como tú? ¿Qué yo pueda darnos la vida que merecemos?
— Me preocupa que un día te arresten— dijo sin subir la voz— o termines muerta.
— ¡Ah por favor!— se levantó de la mesa— Tú no te preocupas por mí, te preocupa que lo que haga pueda mancharte… Cuando, si me lo pides, podrías ser el director de ese hospital en el que trabajas… o mejor, secretario de salud ¿No te gustaría? ¿Tener poder? ¿Dinero? ¿Una posición social?
— Si tengo que volverme un esbirro de Fuyuhiko Usami para conseguir todo eso… prefiero no hacerlo.
— Es porque te gusta vivir en la mediocridad.
— Es porque prefiero vivir con la conciencia tranquila, Misato ¿Acaso te estás escuchando? ¿Has visto las noticias al menos? ¿Sabes en lo que toda esa gente está involucrada? Es peligroso ¡Piensa en tu hijo!
Misato miró a su hijo cabizbajo en la mesa, ocultando su rostro para que no viera sus lágrimas. Recordó cuando lloraba a cada momento de bebé y sintió la hiel agolparse en su garganta.
— Olvídalo. No voy a tener esta discusión contigo, no cuando no tienes otra prueba que un periodicucho de tercera.
Y tomó su abrigo y salió de la casa. A ver a Fuyuhiko.
A ese titular le siguieron muchos más, acusándola, investigándola. El fiscal de distrito incluso comenzó a sospechar de sus buenos oficios. Comenzó a llenarse de miedos, se sentía rodeada de enemigos, de personas que en cualquier momento podrían abrir la boca; pero ella sabía que si lo hacían él los quitaría del camino. Y todos tenían precio, todos estaban comprados. Si ella caía, caerían todos. De eso estaba segura….
Hasta que llegó él. Era demasiado perspicaz y honesto. Cualidades que le enfermaban porque le recordaban a su esposo y la realidad inevitable de que en cualquier momento sería descubierta.
Un día llegó a su oficina un expediente diferente al resto. Era una investigación en torno a ella y su gestión. En cuanto lo vio entró en pánico; sintió que todo lo que había logrado se desmoronaba con un escándalo en la que nadie la defendería porque todos estaban por su cuenta.
Al pie de su nombre estaba su firma; Takao Kamijō. El fiscal que ella tenía que hacer desaparecer.
— Sabe demasiado, Fuyuhiko— decía al teléfono mientras aplastaba el cigarrillo contra el cenicero— Debiste ver el expediente…. ¡Maldita sea, lo sabe todo! ¡Tienes que respaldarme, no puedes dejarme sola en esto!
— Cálmate, Misato— le dijo con su voz parsimoniosa e inmutable— Yo me encargaré de ello. Tú solamente cálmate y no cometas ninguna tontería.
Misato respiró y confió en su omnipotente señor Usami. Y fiel a su palabra el problema fue resuelto un par de días después. Antes de que la investigación fuese entregada a alguien más.
Misato pensó que con Kamijō fuera de su camino no habría más problemas, pero su esposo comenzó a convertirse en una molestia cada vez más pesada. Sus sospechas aumentaron después de la misteriosa muerte de ese fiscal que investigaba a su esposa, sabía que estaba envuelta en cosas muy raras, cosas que hicieron que le perdiera el respeto, la confianza… el amor.
— Quiero el divorcio— le dijo tranquilamente mientras la veía servirse una copa. Ella sólo se encogió de hombros.
Voy a pelear por la custodia de nuestro hijo— completó la frase y sus alarmas se dispararon. Si llegaban a tribunales por la custodia del niño se abriría una investigación para comprobar si era una madre adecuada. La paranoia de nuevo se apoderó de ella.
— Quédate con él— se volvió hacia su esposo— no es necesario que lleguemos a tribunales por esto, puedes conservarlo.
— Sabes que eso no es así de sencillo— Negó con la cabeza— ¿Tan asustada estás de que te descubran, Misato? ¿Tan podrida está tu conciencia?
— ¡Cállate!— exclamó asaltada por la paranoia— No puedes probar nada ¡Nadie puede probar nada!
— Porque quien iba a demostrarlo está muerto— Respondió él antes de mirarla incrédulo— Tú…. Tienes algo que ver, Misato….
— No, no…. ¡Claro que no! ¡Yo no tuve que ver! ¡Fue un accidente! ¿De dónde sacas eso?
— Porque él llamó hace unos días, hizo algunas preguntas… incluso fue a buscarme al hospital…
— ¿Qué le dijiste?— preguntó tomándolo de la solapa— No hablaste de más ¿Verdad? ¡Dime qué rayos le dijiste!
El doctor Tsumori la miró sin conocer realmente a quien tenía al frente. Pasó de ser una mujer preparada e inteligente a convertirse en un manojo de nervios constante por la ambición. Cualquiera era un enemigo, un posible soplón, un obstáculo.
— Te desconozco— Dijo— Te creía capaz de lo que fuese, pero…. ¿Matar, Misato?
— ¡Yo no lo hice!— Gritó— ¡soy tu esposa! ¡Tienes que creerme!
— Hace tiempo dejaste de serlo, mírate— extendió los brazos hacia ella— Mira lo que te han hecho, Misato…
Indignado se volvió hacia el teléfono y lo tomó.
— ¿Qué haces?— preguntó ella.
— Llamo a la policía— dijo valientemente— Misato, por favor… hazlo por tu hijo ¿No te duele ni un poco verlo? ¿Qué clase de madre eres para él? Voy a acabar con esto de una vez.
Misato se halló de nuevo abrumada ante un escenario desastroso. Ese donde era descubierta y se pudría sola en una cárcel.
No iba a permitirlo, no iba a permitirlo jamás.
Tomó una lámpara de la mesa y la rompió en su cabeza dejándolo inconsciente sobre el suelo. Eso solucionaría el problema de momento.
Pero pasaban los minutos y el doctor no volvía en sí, su cabeza sangraba sin parar y sus manos se tornaban pálidas y frías. Misato se encontró frente a su sentencia en la forma más cruda: había matado a su marido.
Sus manos comenzaron a temblar mientras lloraba desesperada, no porque lo amase, sino porque ahora sí estaba perdida. Iría a la cárcel, sería investigada y todo lo que había hecho para Fuyuhiko saldría a la luz acabando para siempre con ella.
Fuyuhiko, esa era la respuesta. Él la salvaría, a él tendría que acudir para salvarla.
Tomó el teléfono con las manos aún temblorosas y esperó que atendiese.
— Fuyuhiko… debes ayudarme— suplicó desesperada.
— ¿Qué pasa, Misato?— preguntó sin alarmarse demasiado.
— Yo lo maté…. Maté a mi esposo…
Diez años después de la muerte de su padre, el Doctor Tsumori se hacía cargo de un paciente en su primer día como médico de emergencias.
Al igual que su padre, el Doctor Tsumori era educado y gentil con sus pacientes, era dedicado y comprometido, responsable y entregado a su oficio. Un poco coqueto con las mujeres, pero de buen corazón. Era, para muchos de sus compañeros, el doctor perfecto.
Pero a puertas cerradas, el Doctor Tsumori tenía una obsesión. Y es que había visto como su madre mató a su padre. Y años después miró como ésta era asesinada por mercenarios, mercenarios del hombre que la había contratado.
Días después de la muerte de su padre, su madre finalmente reparó en su existencia, pero no de la mejor manera. El Doctor Tsumori no podía tener amigos en la escuela, no podía hablar con nadie, no podía salir de su casa.
Su madre temía que dijera a todos la verdad: Que la mano derecha del fiscal de distrito trabajaba para Fuyuhiko Usami y había matado a su padre.
El Doctor Tsumori sabía que había nacido para morir en el momento que le estorbara demasiado a su madre o interfiriera con sus planes. Ella misma se lo recordaba a cada momento, con cada interrogatorio, incluso el día que lo sacó de la escuela para que "no hablara demás", para que con sus amigos no confesara los horrores que había vivido u oído de su madre; quien cada vez dependía más de Fuyuhiko Usami y su benevolencia.
El Doctor Tsumori recordaba, al cerrar los ojos, el relámpago azul que lo salvó de la muerte. Recuerda sus manos fuertes, su voz autoritaria, pero al mismo tiempo, la calidez de su pecho. Recuerda el momento de los disparos, el cadáver de su madre tendido en el suelo, la huida en medio del desconcierto.
— No te muevas— le dijo la voz. Los ojos azules mirándolo fijamente para que no gritara, con las manos sobre su boca, conteniendo sus lágrimas de espanto e incertidumbre. Esos ojos se marcaron en su alma, pues fueron la primera muestra de humanidad que el doctor había recibido en mucho tiempo ¿Enfermizo? Sí, pero desde entonces solamente vivía para encontrarlos de nuevo, para preguntarles porqué lo salvaron ese día que estaba destinado a morir.
Años después, el Doctor Tsumori conoció a alguien llamado Kyō Ijuiin en un bar. Él le dijo que podía encontrar a los ojos azules que tanto buscaba. Pero los ojos que encontró eran fríos, distantes, idénticos en color, pero opuestos. Los ojos de Haruhiko Usami no tenían vida, no tenían calor como aquellos que lo arrastraron a la vida como un tifón.
Nowaki, ese era su nombre. Él día que lo supo su obsesión tomó nombre. Y el Doctor Tsumori se sintió rebasado por sentimientos conflictivos. Pero era muy tarde para huir, de nuevo, un Usami lo había arrastrado a sus dominios… y el sentía miedo de morir sin ver de nuevo los ojos de Nowaki, sin preguntarle por qué lo había salvado ese día.
Cuando lo vio en el hospital y supo que era él, el Doctor Tsumori se sintió rebasado por un frenesí extraño. Pero debía mantener la compostura; era respetuoso de su trabajo, de las vidas que atendía en el hospital. Por ende, no era el momento adecuado para que su reencuentro se diese a plenitud y Nowaki cumpliese su propósito.
El Doctor Tsumori era de los que se dejaba llevar por los demás; pues sentía que eso era, alguien sin propósito claro destinado a vivir a merced de otros. Haruhiko le pidió volverse el médico de Chiaki para vigilar a Hatori… luego incluyó a un Yuu desesperado por salvar a su amigo. Haruhiko le pidió guiar a Eri a la trampa, pues podía traicionarlo… y cuando Haruhiko le pidió su cuerpo simplemente cerró los ojos e imaginaba al relámpago azul acabar con su desdicha de un plumazo, como debió haber sido ese día.
Y ahora, en medio de una noche oscura… El Doctor Tsumori se hallaba frente al tifón, esperando que por fin cumpliera con su propósito… acabando con su desdicha como debió hacerlo ese día.
— Te encontré, Nowaki. He venido a que me mates.
¡Hola chicos! Espero que todos estèn bien, he estado muy, muy, MUY ausente por varias razones, la mas importante de ellas es que me mudè (de venezuela a Chile) y el proceso de adaptación ha sido complicado y muy extenuante a nivel emocional y pues eso ha tenido un impacto en mi forma y ganas de escribir. Es por ello -y porque no quiero faltarles el respeto ausentándome sin que sepan nada- que he decidido colocar la historia en hiatus indefinido. Obviamente seguiré escribiendo (cuando esté de animo), pero publicar periodicamente ya será cuando tenga un volumen importante de capítulos avanzados e inclusive puede tomarse hasta que haya terminado todo el fic.
Les agradezco muchísimo su apoyo con cada lectura, con cada review y con cada mensaje, pero de momento esto esta tomando toda mi energía y quiero mantenerme cuerda y fuerte, para poder continuar.
Los quiero un montón. Besos!
Kuro!
