LXXIX. La belle mort.

"A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en el mismo ataúd".

Alphonse de Lamartine.

Hiroki pudo ver como Nowaki tensaba los brazos mientras sostenía el bate. Apretó las manos entre ellas para dejar de temblar; algo en la presencia de ese hombre le resultaba conocido, y al mismo tiempo, perturbador.

Era la misma sensación que le causaba Yui, solo que ésta traía, además, un muy mal presentimiento.

— ¿Quién es usted? — Preguntó Nowaki en un gruñido. — ¿Qué quiere?

— Mi nombre es Tsumori. — Contestó aún parado en la puerta. Sin la mínima intención de moverse o irse. —Soy el médico que atiende, o, mejor dicho, atendía a Chiaki Yoshino.

— Creo que ese asunto debe tratarlo con Shino- Comenzó Hiroki, pero lo vio negar con la cabeza.

— Pero tú y yo nos conocemos desde mucho antes, Nowaki. — Le interrumpió Tsumori. — No sabes cuánto me costó encontrarte.

Hiroki notó como Nowaki se hacía un poco hacia atrás, protegiéndolo con su cuerpo y se sintió presa de un terrible presentimiento. Una corazonada que le agitaba el corazón y le impedía respirar.

Nowaki lo único que sabía es que, si ese tal Tsumori llegaba a intentar algo contra Hiroki, le asestaría un batazo en el hombro lo suficientemente fuerte para inmovilizarlo.

— Ambos pueden calmarse. No pienso intentar nada. — Dijo con tranquilidad mientras mostraba las manos frente a ellos. — Estoy desarmado y nadie me ha enviado.

— ¿Entonces que quiere? — preguntó Hiroki.

— Solo vine a que me mates, Nowaki. —Lo miró a los ojos con tanta seguridad que finalmente se convenció: Ese hombre realmente quería morir.

— ¿Y por qué tiene que ser él? — Preguntó con altanería. — No sé de dónde lo conozca, y realmente no me importa, pero Nowaki ya no hace ese tipo de trabajos. Desde hace mucho.

Lo último lo dijo para convencerse a sí mismo, más que para cualquier otra cosa.

Tsumori miró hacia Hiroki y de nuevo miró a Nowaki.

— Entonces explícame por qué me dejaste con vida cuando mataste a mi madre.

Nowaki exhaló un suspiro. Ya sabía quién era.

— Pasa por favor. —Dijo, abriéndole paso mientras guardaba el bate junto al resto de las sombrillas.

Tsumori entró y se sentó en el sofá de la sala. Nowaki sólo caminó hacia la cocina.

— ¿Qué es todo esto?— Preguntó Hiroki confundido después de seguirlo. Nowaki lo miró con los ojos tristes.

— La madre de Tsumori solía ser una fiscal en el ministerio público —comenzó sin querer verlo a la cara. — Como tu padre, Hiro.

Hiroki tomó aire y asintió para que continuara.

— Solía colaborar con Fuyuhiko Usami hace mucho tiempo, sin embargo, cuando el Sr. Usami tomó las riendas, ella… comenzó a querer chantajearlo igual que hacía con su padre. —Suspiró—. En palabras del mismo señor Usami, se había convertido en una molestia… y pues… ya sabes lo demás.

Hiroki asintió de nuevo.

— Hiro, la verdad yo… hice lo que hice porque pensé que así daría algo de equilibrio a las cosas, realmente yo no quiero que tú…-

— Este tipo de cosas en algún momento comenzarían a pasar. — Dijo tomando su mano. — Y la verdad… aunque suene enfermizo…estoy preparado Estamos juntos en esto ¿Cierto?

El otro sonrió tímidamente y cerró la mano en torno a la suya.

— Tórtolos, lamento interrumpirlos, pero es de muy mal gusto dejar a un visitante en la sala. — Espetó Tsumori. Hiroki se sintió algo descolocado.

— A ver — le preguntó sin aspavientos sentándose frente a él — ¿Por qué tienes tanto afán de morir?

— Desde la muerte de mi padre siempre he considerado que ese sería el fin de todas mis desgracias. — Respondió—. Mi madre solía decir que después de ella mi propósito era servir a los Usami hasta que no les hiciera falta, hasta que les resultara molesto y se deshicieran de mí. De la misma forma que se deshicieron de ella.

— Eso es…

— Terrible, sí—. Contestó Tsumori antes de tomar una taza de la mesita — ¿Té? Pensé que la carga emocional de esta reunión implicaría algo más… fuerte.

— No tenemos alcohol en la casa. —Respondió Nowaki seriamente. — Y en cuanto a tu petición tampoco puede cumplirse. Prometí no matar a nadie nunca más.

— Es una lástima— Dijo Tsumori—, pero no puedo tomar un no por respuesta. Si tú no lo haces, alguien más lo hará… y yo, honestamente prefiero que seas tú.

— Ya dije que mi respuesta es no.

— Entonces tendré que obligarte— Tsumori se levantó del sofá y desenfundó un arma que ocultaba en su chaqueta.

O me matas, o tu noviecito se muere— amenazó seriamente mientras le apuntaba a Hiroki en la cabeza.


— ¿Me explicas de nuevo el porqué de tu visita?— preguntó Shinobu— Sigue sin quedarme del todo claro.

— Quiero conocerlo, quiero hablar con él— Contestó Ritsu poniéndose una camisa con mucho cuidado. — Algo dentro de mí dice que si tengo una conversación con este hombre podré entender mejor como funciona Hatori y sus razones.

Shinobu se detuvo a pensar. Ayudar a Chiaki había sido parte de un acuerdo para obtener información de Hatori, pero ahora que éste estaba desaparecido, conversando con él podría conocer más de lo que había detrás de esa fachada irritante y aparentemente austera.

— Supongo está bien, pero… apenas acabas de salir del hospital ¿No te convendría descansar un poco?

— Joven Takatsuki— Le miró Ritsu— Mientras estamos conversando no hay solo uno, sino dos Usamis tratando de matarnos. Hay un psicópata que quiere eliminar a Masamune, Hatori está desaparecido y ustedes casi vuelan en pedazos. Créame, no tengo tiempo para eso, ni quiero descansar. Sé que soy meramente un periodista, pero puedo ser un excelente investigador y sé leer a la gente. Déjeme al menos hacer esto.

— De acuerdo. — Contestó Shinobu con media sonrisa. — Miyagi está esperándonos afuera.


— Nowaki sentía los músculos de sus hombros tensarse mientras Tsumori lo miraba, apúntandole a Hiroki.

—Nowaki no te precipi-

— La cosa es esta: Yo quiero morir, tú tienes que matarme. No quieres hacerlo. Tengo que obligarte. — dijo Tsumori—. Así que elige; es él o yo.

— Tsumori, esto que estás haciendo es completamente desquiciado— Hiroki alternaba la mirada del uno al otro atento a cualquier imprevisto. — Lamento mucho lo que ocurrió con tu madre, pero esto no tiene sentido.

Tsumori le quitó el seguro al arma con el pulgar.

— Lo siento— Respondió Nowaki—. Hice una promesa y no pienso romperla.

— Bueno, si así serán las cosas entonces— Tsumori se encogió de hombros y tiró del gatillo. Hiroki cerró los ojos.

Escuchó como el disparo daba hacia la esquina del sofá; a unos cuantos milímetros de él; y un golpe contra el suelo. Cuando abrió los ojos, Tsumori tenía el rostro mirando al piso y el brazo hacia la espalda mientras Nowaki lo sostenía con toda su fuerza.

Suspiró botando todo el aire de los pulmones. De nuevo estuvo cerca.


Ritsu sintió que estuvo en el auto más de dos horas. Cuando llegaron, vio una cabaña en medio de un enorme jardín. Estaban lejos de Tokio, de eso estaba seguro.

— Chiaki no sabe que Hatori está desaparecido— le dijo Shinobu mientras caminaban hacia la entrada— No le hemos dicho porque en su estado de salud es muy arriesgado alterarlo así, y prometí que lo mantendría con vida.

— También le pido por favor que desactive la localización en su celular— agregó mientras entraba a la casa—. Solo por si acaso.

Ritsu asintió y continuó caminando. En cuanto entraron a la casa se percató que no había casi nadie allí. Sólo un par de enfermeras y dos mucamas. Sintió un poco de melancolía.

No está detenido, pero es como si lo estuviera— pensó.

La habitación de Chiaki estaba al fondo de la cabaña. Cuando le abrieron la puerta, Ritsu vio a un chico delgado, muy pálido, con los pómulos un poco hundidos; pero aun así tenía unos ojos marrones enormes y vivaces.

— Joven Takatsuki ¿Cuándo voy a poder ver a Tori?— Preguntó caminando hacia Shinobu con paso débil, pero decidido.

— Aún no se puede, Chiaki— contestó Shinobu—, pero pronto. Sólo ten paciencia.

Chiaki suspiró y miró hacia Ritsu.

— ¿Quién es usted?

— Mi nombre es Ritsu Onodera— le contestó de inmediato.

— El periodista de Emerald—. Suspiró Chiaki— Yuu me habló de ti, pero… pensé que habías… muerto.

— Hubo un momento en el que hasta yo llegué a pensarlo— dejó escapar en una bocanada de aire mientras se llevaba la mano al pecho.

— Chiaki, Onodera quiere hablar contigo sobre Hatori— dijo Shinobu—. Cree que hablando contigo puede entenderlo… mejor.

— ¿Por qué? — Preguntó Chiaki a Ritsu.

— Porque la persona que amo también fue un asesino de Usami.


—Nowaki, la verdad es que pensé que moriría de un balazo. No de tedio— masculló Tsumori mientras se acomodaba en el sofá en medio de los amarres.

Después de someterlo, Nowaki y Hiroki decidieron que lo más prudente sería mantenerle contenido para que pudiera explicarles sus razones en mayor profundidad, pero Tsumori parecía empeñado únicamente en la idea de que Nowaki lo matase y solamente eso era de lo que estaba dispuesto a hablar.

— Tsumori, no sé si no has comprendido que Nowaki no va a matar a nadie más— le dijo Hiroki sentado frente a él—. Se prometió a sí mismo que cambiaría las cosas. Una petición como la tuya es egoísta y carece de sentido.

— Egoísta fue dejarme vivo cuando ese día debió matarme también junto a mi madre… de esa manera no…

— ¿No qué?

— No apliques psicología inversa conmigo, Kamijo. No soy un niño.

— Pero, es que no entiendo… las personas que perdieron a sus familias o que están involucradas de alguna manera con Usami quieren venganza, como Haitani.

— Haitani…— Murmuró Tsumori—. Es un idiota.

— ¿Conoces a Haitani?

Tsumori suspiró.

— Sí — respondió—. También a Ijuuin, a Yanase, a Aikawa y a Shizukuishi.

— ¿Pero cómo? ¿Por qué?

— Porque soy el amante de Haruhiko Usami.


Chiaki tomó asiento en un mullido sofá frente a Ritsu, quien sólo movió una silla del escritorio de la habitación. Cuando Ritsu lo veía tomando aire luego de hablar con mucha prisa, o tomarse el pecho de vez en cuando sin poder ocultar muy bien el dolor, sentía una profunda pena por él y entendía la fortaleza y estoicismo que sostenían la personalidad de Hatori… él tenía que ser fuerte por los dos.

Para estar en igualdad de condiciones, y obtener su confianza, Ritsu le contó todo lo vivido junto a Masamune. Inclusive ese tiempo que tuvieron que vivir huyendo para que Akihiko Usami no los alcanzara. Evitó hablarle de los grises y cómo Yuu Yanase se había involucrado con ellos. Sentía que al contarle eso, terminaría generándole aún más angustia.

— No tenía ni idea de la magnitud de todo esto— confesó Chiaki—. Es tan…

— Retorcido.

— Sí. Eso, retorcido. ¿Cómo alguien tiene tanto poder para hacer tanto daño?

— La verdad es que yo mismo me lo pregunto a veces también.

— Y Takano…. ¿Si llegó a matar a alguien?

Ritsu asintió.

— ¿Y cómo pudiste.…?

— ¿Perdonarlo?— Chiaki asintió.

— Supongo que algún día un psicólogo escuchará mi historia y la llamará un claro caso de Síndrome de Estocolmo, pero cuando veo a Masamune… veo a ese mismo chico frágil y taciturno que conocí en la escuela. Me cuesta aún convivir con la realidad de lo que hizo, sin embargo… creo que si lo quiero, si en verdad lo quiero… es parte de lo que debo aceptar, de lo que él es… es un pasado horrible, pero ahí está. No sé si me explico.

— Te entiendo— Respondió Chiaki con una sonrisa—. Mucha gente piensa que lo que siento por Tori es un profundo agradecimiento y eso lo confundo con amor, pero no es así. Yo sé lo que siento, sé cómo me siento cuando lo veo y sé cómo me cuesta respirar cuando no sé nada de él. Sé cuándo está bien y cuando está mal… y sé cuándo se pone a sí mismo en peligro con tal de no hacerme daño… Como ahora.

Ritsu asintió y acercó su silla un poco más a la suya. En lo profundo de sí sabía que Yoshino, Kamijo y él mismo tendrían una conexión entre ellos que nadie más podría entender. Quizás porque estaban locos, quizás porque estaban enamorados.

— Onodera—. Le llamó Chiaki en voz baja— Sé que el joven Takatsuki está mintiéndome. Sé que Tori está en peligro.

— Chiaki, sé que debes sentir algo de preocupación porque no has hablado con él, pero…

— No, no, lo sé, yo lo sé— insistió— Sé que nadie me dice nada por mi enfermedad, pero Tori está en peligro y quiero ir a salvarlo. Tienes que ayudarme a salir de aquí, antes de que Akihiko Usami le haga daño.

— ¿Akihiko Usami? ¿Chiaki de qué estás hablando?— Ritsu le preguntó confundido.

Chiaki colocó un trozo de papel en sus manos. Tenía un mensaje escrito con recortes de diarios.

"No pueden huir, o esconderse. La reina está en todos lados"


— Estás loco— fue lo único que Hiroki alcanzó a hilar luego de escuchar como Tsumori había llegado a manos de Haruhiko Usami—. Estás enfermo… y estás en mi casa…

— Kamijo, dudo que alguno de nosotros pueda decir que está completamente cuerdo al estar envuelto en algo como esto. Además, mi vida nunca ha sido mía desde que asesinaron a mi padre. Siempre fui un peón de los Usami, de cualquiera que fuese. Sólo quería morir… Y Nowaki me arrancó esa posibilidad.

— No. Nowaki te salvó. Tú… pudiste huir, cambiarte el nombre, empezar otra vida en otro lado.

— Qué iluso eres. No hay forma de huir de ellos, no hay forma de escapar de ellos. A donde vayas te encontrarán. Takano y Onodera volvieron porque lo sabían. Hatori les entregó a Chiaki porque también lo sabía. Nowaki trata de protegerte porque lo sabe. La única forma de escapar de ellos es la muerte. Es lo único que podemos elegir.

— No. Eso no es verdad. Estamos cerca…

— Estás donde él te quiere, Kamijo. Mira a tu alrededor ¿puedes confiar en alguien que no sea Nowaki? Ijuin entró a tu oficina sin que sospecharan de él, Shizukuishi pudo matarte en cualquier momento. Nuestra única vía de escape es morir ¿o tú crees que saldrás ileso, de la mano con Nowaki y ambos tendrán una vida perfecta? ¿Qué puedes salvar a Hatori y a Takano sin correr riesgos? ¿Y qué hay de Takatsuki y Miyagi? ¿Qué hay de Kirishima? ¿Por qué crees que eres tan especial?

Hiroki comenzaba a ponerse nervioso ¿Y si lo que decía era verdad? ¿Si su única escapatoria era morir?

— Tsumori ya basta— Nowaki se acercó a él—. El día que te dejé vivir lo hice porque no quería que pagaras por las decisiones de tu madre. Quería que dejaras de ser un peón y buscaras tu propia vida. Pensé que dejándote vivir podía darle a alguien más la oportunidad que no tuve. Y mirándote, francamente estoy decepcionado.

Tsumori vio ese resplandor en sus ojos azules. Ese que había cambiado tanto desde que lo conoció.

Ambos escucharon un vidrio romperse mientras un paquete cruzaba la ventana. Nowaki apuntó con el arma que le quitó a Tsumori y se acercó.

Era una esfera negra de plástico; una especie de juguete infantil que podía abrirse. Nowaki lo hizo con mucho cuidado

— Nowaki, déjame llamar a los de explosivos— Dijo Hiroki tomando el teléfono.

— No hace falta— Dijo con un gesto de la mano—. Creo saber qué es.

Cuando la abrió había una nota dentro con varias fotografías. Nowaki las revisó una a una.

Eran de Hatori.

"Te dije que los peones no se oponen al rey".