LXXX. Caminando detrás de ti.
"Si te alejas de mí, caminaré detrás de ti…"
Walking after you- Foo Fighters.
Ritsu sintió que sus manos comenzaban a temblar en una mezcla entre desesperación e ira.
Lo sabían, todo el tiempo lo supieron. La sensación de seguridad, de que no podrían encontrarlos era falsa. El que Hatori les entregara a Chiaki para protegerlo, el que pensara que no corría peligro escondido donde estaba, el que Shinobu no se lo dijera a nadie; todo fue en vano.
Ritsu sentía que la sangre le hervía por dentro y apretó los dientes para que su frustración no llegara hasta Chiaki.
— Todo fue en vano, ¿Verdad? — dijo Chiaki leyendo su expresión—. Todo el tiempo él ha llevado la ventaja.
Bajó la mirada con resignación. Le dolía el pecho, sí, pero no sabía ya si era a causa de su enfermedad o de la tristeza de hallarse casi sin esperanzas. El macabro juego de Usami había sido injusto desde el principio, siempre llevó la delantera y ahora no tenía reparo en restregarlo en sus caras.
— Tenemos que decírselo al joven Takatsuki— dijo Ritsu.
— ¿Estás seguro? — preguntó Chiaki.
— A estas alturas es lo único que se me ocurre. Hemos ocultado cuanto hemos podido y siempre terminamos así— Extendió los brazos, frustrado—. Quizás si hacemos las cosas diferente…
— ¿Tú confías en Takatsuki y en Miyagi?— le preguntó seriamente sosteniéndole la mirada.
— Sí— Respondió con seguridad—. De todas maneras ¿Qué otra alternativa tenemos?
Hiroki, Nowaki y Tsumori miraban la nota con las fotografías en el centro de la mesa. Nowaki sentía que algo en su estómago se revolvía en medio de la ira, la desesperación, el miedo y la impotencia.
— Ya no le tiene miedo a nada— Dijo Hiroki paseando la mirada entre todas las fotografías. Las instantáneas mostraban a Hatori amarrado a una silla, con la boca llena de sangre, con magulladuras de ataduras en ambas muñecas, inconsciente, con los ojos inflamados con evidentes moretones y el rostro casi irreconocible, al borde de la desfiguración—. Sabe dónde estamos, y en vez de atacarnos de frente hace esto… está tan seguro de sí mismo que no le importa quedar al descubierto… es todo un maldito…
— Un cobarde— completó Nowaki levantándose del sofá y caminando hacia la ventana.
— Nowaki, aléjate de las ventanas— le ordenó Tsumori—. No sabemos si hay algún francotirador allá afuera.
— No sabía que ahora eras nuestro aliado.
— Bueno, para alguien que ha hecho todo lo posible para no morir, el asomarse por esa ventana en un momento como este; es la forma más estúpida de entregarse; pero haz lo que quieras— Tsumori ladeó el rostro, restándole importancia a lo que decidiera hacer a continuación. Nowaki simplemente tomó asiento junto a Hiroki.
— Tsumori… Tú…—comenzó Hiroki.
— No es Haruhiko quien envió esas fotos— Respondió, conociendo la pregunta—. Él también está buscándolo; y no le conviene que ustedes sepan dónde está. Al parecer Hatori tiene información muy valiosa que necesitan ambos para poder acabar con el otro.
— Los documentos de Asahina— susurró Hiroki.
— ¿Cómo sabemos qué el que estés aquí no es una trampa?— Preguntó Nowaki mirándolo inquisitivamente.
— Les entregué a Chiaki. Chiaki era la garantía de que Hatori no huiría. Haruhiko debe querer mi cabeza en un plato en este momento— respondió sin vacilaciones—. Claro, que si es una trampa y lo compruebas… puedes matarme sin dudarlo. Sería todo un placer.
Hiroki se sintió muy incómodo de repente. La obsesión de Tsumori en que fuese Nowaki precisamente quien pusiera fin a su vida le parecía enfermizo. Pero que hallara placer en la idea de que realmente lo llevase a cabo le causaba escalofríos.
La variedad de gente con la que la familia Usami estaba involucrada era realmente perturbadora.
Hiroki sintió el teléfono vibrar entre sus manos. Era Shinobu.
— Takatsuki, estaba a punto de llamarte— Le dijo al contestar— recibimos una nota.
— ¿Ustedes también?— preguntó Shinobu sin demasiada impresión. En algún punto dedujo venir algo así.
— ¿También?
— Kamijô, nos vemos en veinte minutos— dijo Shinobu sin extenderse demasiado— No hables por teléfono a menos que sea necesario. Podrían estar intervenidos también.
— De acuerdo— Hiroki asintió antes de colgar—. Debemos irnos. Shinobu y Miyagi recibieron una nota igual al parecer.
— ¿Y qué harán conmigo?— preguntó Tsumori— ¿Van a dejarme aquí?
— No nos conviene— expresó Hiroki mirando a Nowaki— Tendrás que venir con nosotros. Así también podrás decirnos lo que sabes.
Despertó con un intenso dolor en ambos brazos, en el cuello y con el pecho contraído. No sabía si de la paliza o de la angustia.
Todo a su alrededor estaba oscuro, excepto por una lámpara en medio del techo cuya luz era tan tenue como para iluminar todo el lugar, pero al mismo tiempo era suficiente para hacerle saber que estaba encerrado.
Suspiró entrecortadamente. Sentía un inmenso dolor en el costado cuando inhalaba mucho aire, por ello tenía que respirar con cautela. No lo iban a dejar morirse, eso era seguro, pero tampoco lo llevarían a un hospital precisamente.
Con las manos amarradas a la espalda y el hombro escociéndole por la posición le era difícil escoger que dolor era menos insoportable. Uno de los ojos estaba cerrado de la inflamación, lo sabía porque no veía bien con él y le ardía el pómulo, pero al menos el labio le había dejado de sangrar.
"Vas a cumplir un último trabajo para mí…"
Por eso no lo habían matado. Sí, él era experto en esas cosas, él sabía cómo darle a los demás un atisbo de esperanza, una luz muy vaporosa que les hacía creer que todo saldría bien, que podrían escapar de él, que a pesar de todos los sacrificios podrían lograrlo.
Pero luego acababa con esa esperanza de manera rápida y despiadada. Terminabas no sabiendo exactamente lo que había pasado, pero lo que si sabias era que todo estaba perdido, que todo había sido en vano.
La sensación era devastadora, se preguntó si en sus últimos momentos, Asahina la había sentido también.
— Chiaki…— suspiró cerrando el único ojo que aún sentía que servía. Recordando su piel pálida, su sonrisa gentil y su presencia cálida—. Quiero volver a verte…
Y sintió como algo cálido rodaba por su mejilla en medio de su encierro.
— ¿Estamos seguros de que ambas son de Akihiko Usami?— preguntó Miyagi— Porque pueden ser del otro.
— Haruhiko no lastimaría así a Hatori— intervino Tsumori— es su garantía de obtener los documentos de Asahina.
— ¿Y usted es…?
— El Doctor Tsumori, era quien estaba a cargo de Chiaki en el hospital… también trabaja para los grises— susurró Hiroki junto a Miyagi.
— Muy bien…— respondió intrigado— ¿Algo más que deba saber?
— Mi madre mató a mi padre por orden de Fuyuhiko Usami, Nowaki mató a mi madre dejándome con vida y tengo más de un año acostándome con Haruhiko Usami; no sé para qué le pueda servir eso último, pero ahí está.
Miyagi quedó boquiabierto por unos segundos.
— Sólo empeoran ¿No es así?— comentó en un soplido mientras tomaba la taza de café.
— Pensé que Aikawa era la amante de Haruhiko Usami— Intervino Shinobu, quien al parecer tenía mejor estómago para esas cosas.
— También— respondió Tsumori—. Claro que el término "amante" es una forma de adornarlo, de ponerle tintes románticos. Haruhiko no amaba a nadie, sólo nos follaba para demostrar que podía hacerlo. Le gusta controlar todo, incluso la forma en que la gente se relaciona con él.
Hiroki sintió un poco de pena por él.
— Doctor Tsumori, espero que entienda que basándose en lo que nos está diciendo tendré que interrogarlo— dijo Miyagi.
— Si no hay de otra—se encogió de hombros antes de golpear con el dedo la mesa donde estaban las notas y las fotos—, pero creo que esto es algo más apremiante ahora que hacerle preguntas a un simple peón. Claro, si es que quieren encontrar a Hatori vivo.
— Miyagi, tiene razón. Además… Haruhiko o Akihiko Usami pueden saber dónde está Yoshino.
— De acuerdo, de acuerdo— respondió tratando de enfocarse— ¿Estamos seguros que Akihiko Usami pudo haber mandado ambas notas?
— Si utilizamos la lógica, no existe ninguna forma en que Haruhiko Usami se beneficie al decirnos que tiene a Hatori — Comenzó Hiroki— Ciertamente a él le conviene recuperar a Ijuuin y a Shizukuishi a su lado. En cuanto a saber porqué le interesaría Yoshino…
— ¿Estamos seguros que la nota iba dirigida a Chiaki Yoshino?— Preguntó Shinobu.
— ¿Por qué lo dices?— devolvió Miyagi.
— ¿Y si la nota era para nosotros y sólo está utilizando a Chiaki de conducto?
— ¿Para nosotros?— dijo Hiroki— Entonces pudo enviarla directamente aquí o a nuestras casas.
— No. La nota era para que supiéramos que no importa dónde estemos, igual nos encontrará— dijo Shinobu— Creí que donde estaba Chiaki jamás lo encontraría, que no había forma de que supiera que estaba allí.
— Y hasta allí llegó la nota— Dijo Hiroki—. De las manos de quien menos creeríamos recibirla.
— El muy hijo de perra quiere que sepamos que nos vigila— masculló Miyagi—. Que siempre nos tuvo donde nos quería.
— Llamaré a Shinoda, el traslado de Ijuuin puede estar en riesgo— dijo Hiroki y tomó el teléfono.
— Yo hablaré con Kirishima— dijo Miyagi—. Tiene que estar al tanto de esto.
Tsumori aprovechó la distracción de todos para abordar a Nowaki quien esperaba sentado en un sofá en la sala de espera del tribunal.
— Yo pienso que la idea de que finalmente puedas permanecer con este hombre y ser feliz después de todo lo que hiciste es egoísta— soltó deteniéndose junto a él, mientras miraba por la ventana.
Nowaki sólo le miró de reojo antes de volver a sus pensamientos.
Encima es fiscal— rio con ironía—. Debo reconocer que tienes bastante seguridad en ti mismo.
— Lamento lo que ocurrió con tu madre — dijo Nowaki con sinceridad—. Créeme que si en alguna forma pudiese revertirlo-
— ¿Qué cosa?— interrumpió— ¿La muerte de mi madre? En lo absoluto, yo no la quiero, nunca la quise… y definitivamente no la quiero de vuelta. Lo que le pasó fueron las consecuencias de sus actos.
— ¿Entonces qué es lo que quieres?
— Francamente, quisiera poder ponerle un nombre a lo que me causas— caminó hasta detenerse frente a él—. Escalofríos, terror, ansiedad, pánico… curiosidad.
Nowaki se levantó del sofá; Tsumori lo ponía incómodo.
¿Lo que te incomoda de mí es que te recuerda quién eres?— le atajó. Nowaki simplemente negó con la cabeza e intentó retomar la marcha, pero Tsumori lo tomó del brazo.
— Ya te dije. Lo que me pides no va a pasar— Le dijo con firmeza— en cuanto a lo que te causo debes respondértelo tú mismo. Yo no tengo lugar ahí.
Tsumori no soltó su brazo, al contrario. Su agarre se deslizó lentamente hacia arriba, sintiendo los músculos de sus brazos mientras paseaba embelesado la mirada desde su pecho a su garganta. Nowaki se sentía incómodo, nervioso. Aquel movimiento se parecía al abrazo de una serpiente.
— Son los mismos brazos, las mismas manos que me encerraron aquél día— dijo en un hilo de voz— El tifón…
— Basta— Nowaki se soltó de su agarre y lo hizo a un lado; saliendo de la sala.
Tsumori sintió como se agitaba su respiración y algo en su estómago se tensaba hasta llegar a su vientre.
— Deseo— susurró mirándose las manos antes de cerrarlas alrededor de su cuello cerrando los ojos.
— Entiendo— respondió Kirishima—, doblaremos la seguridad alrededor de la casa. Enviaré a Hiyori donde sus abuelos… aunque no estoy del todo seguro si eso pueda evitar algo. Quiero que esté tranquila, al menos.
Yokozawa lo veía sentado en el sofá con el ceño fruncido y supo de qué se trataba. Sabía que mientras ese hombre estuviera allí afuera, que estuvieran tranquilos era sólo una fantasía. La calma antes de la tormenta.
— Lo tendré en cuenta— dijo—. Por favor habla con Shinoda. El traslado de Ijuuin y Shizukuishi es mañana y Haruhiko Usami podría meter las manos allí. Gracias por avisarme, Miyagi.
Yokozawa lo vio peinarse los rubios cabellos con las manos antes de mirar hacia él.
— No tiene fin— Suspiró echando la cabeza hacia atrás. Yokozawa se sentó a su lado y con algo de timidez colocó su mano sobre la suya, en sus rodillas.
— Si lo tiene— le dijo—. Sólo debemos seguir avanzando.
Zen tomó su mano y la besó antes de asentir.
Ritsu miraba el fondo de la taza sin mirar realmente.
De tantas emociones encontradas, sentía que todas estas se anulaban dentro de él y lo dejaban vacío y seco.
Y lo peor de todo era que con cada decepción, en cada revés, en cada plan fallido, la sensación de agotamiento se hacía más intensa, más negra. Se preguntó si de sentir tanta rabia ya se había resignado y había renunciado a ese rayito de esperanza que quedaba en el fondo de sí mismo, pues cada vez se le hacía más difícil encontrarlo.
No sabía si era a causa de la ansiedad, pero sentía que la vida se le estaba yendo en medio de la cacería, entre huir, regresar, confiar y esperar. Habían pasado ya dos años… ¿Cuánto más hacía falta? ¿Cuánto más iba a esperar?
Extrañó su trabajo, extrañó su vida previa a este desastre, extrañó la normalidad. Y en ese momento se sintió abismalmente solo. Pero ¿Por qué? Él aún estaba vivo, aún Masamune estaba a su lado. Sin duda era más afortunado que muchos otros, pero por más que se lo repetía no amainaba la sensación de desespero, de vacío.
Sintió como se armaba el nudo en la garganta, ¿por qué? ¿Para qué iba a llorar?... Él… él había hecho cuánto había podido. Todos habían dado su mayor esfuerzo; Kamijô, Miyagi, Takatsuki, el mismo Masamune… Sólo quedaba… esperar.
— ¿Cuánto más?— susurró en medio del llanto — ¿Cuánto más voy a esperar?
Masamune lo encontró con el rostro lleno de lágrimas, mirando la taza de té como si mirara hacia un abismo a punto de saltar.
— Ritsu…
— ¿Cuánto? ¿Cuánto más va a durar? ¿Cuánto más tenemos que esperar?
Masamune bajó la mirada incapaz de responderle. Cuánto daría por darle una fecha, una certeza… algo que le devolviera la tranquilidad, pero él mismo comenzaba a desesperarse, porque cada vez que se sentían más cerca…. Estaban más lejos.
— Lo lamento— fue lo único que alcanzó a decir—. Lamento que tengas que pasar por todo esto.
Ritsu se hizo de su mano apretándola con toda la fuerza que tenía. Cuando fue a ver a Chiaki se sentía tan decidido, ahora se sentía tan débil, tan desesperado.
Sintió como Masamune lo abrazó y comenzó a llorar dejando salir toda su frustración.
— ¿Estás listo? — le digo Shizukuishi en una especie de código de señas que tenían desde hacía un tiempo. Era discreta y con más aire de ser movimientos de manos al azar que cualquier otra cosa. Eso era precisamente lo que le hacía tan útil.
Ijuuin pestañó lentamente y Shizukuishi entendió que asentía, así que sacó de debajo de su asiento en el convoy de la cárcel distrital un cilindro pequeño como una batería y lo colocó con cuidado a los pies de Ijuuin.
Después de que Hiroki le advirtiera lo que podía suceder, Shinoda decidió cambiar el traslado de Ijuuin, Shizukuishi y Yanase para esa misma noche, durante la madrugada, para que nadie pudiese sabotear la operación y ayudarles a escapar.
Yuu viajaba en el segundo convoy junto con Shinoda y sus hombres. Su ex superior tuvo ese gesto a manera de agradecimiento con él por salvarle la vida deteniendo la explosión, sin embargo algo entre los dos permanecía tenso, incómodo, herido.
Desde que inició el viaje, Yuu sentía una opresión en el pecho. Él, que no creía en los presentimientos, sin embargo el que Ijuuin y Shizukuishi cooperaran con tanta obediencia le parecía demasiado extraño, sabía que algo no estaba bien.
— C-Comisario— llamó a Shinoda con timidez— no le parece… extraño que-
Una explosión del convoy que viajaba frente a ellos interrumpió lo que decía.
— ¿Qué demo-?— expresó Shinoda— ¡Yanase dime que tú-!
— ¡En lo absoluto, señor! No tengo nada que ver con esto!— respondió sin lugar a dudas. Shinoda y sus hombres pararon al hombrillo de la carretera y bajaron armados hasta los dientes.
— ¡Quédate aquí!— ordenó Shinoda antes de bajar del convoy, pero dejando un rifle y un casco extra donde pudiera alcanzarlos por si se veía en problemas.
Una nube de humo no permitía ver la magnitud del accidente con claridad. Además, el auto había impactado contra un poste de luz para evitar magnificar el accidente.
— ¡Arriba las manos y si tienen armas, suéltenlas!— ordenó Shinoda con otros 4 policías tras él, pero nadie respondió ni bajó del convoy.
Ijuuin… te lo advierto— volvió a ordenar apuntando hacia la nube de humo y polvo. Lo único que recibieron de vuelta fue un cilindro pequeño, del tamaño de una batería que lanzaron en medio de ellos.
Shinoda tuvo un mal presentimiento.
— ¡Dispérsense! ¡AHORA! — alcanzó a gritar segundos antes de la explosión— Shinoda sintió un tirón en la pierna derecha seguida de un ardor incontrolable como si estuviese en carne viva.
Escuchó tres disparos de rifle seguidos de pasos que se acercaban lentamente hacia él.
— Me divertí mucho, Shinoda… de verdad— le dijo Ijuuin—, pero no voy a permitir que me lleves a una cárcel estatal. No es un sitio para alguien como yo y quiero ver como todo esto termina.
Shinoda aún sentía el ardor en la pierna derecha y sabía que el casco no aguantaría un disparo de rifle a quemarropa.
— Maldición— masculló entre dientes. Y pensó en su esposa y en su hija.
Otro disparo de rifle lo sacó del trance.
— Baja. El. Arma. Ijuuin. — escuchó a Yanase advertirle mientras se acercaba a ellos.
— ¿Yanase? — preguntó en tono burlón — ¿Tú? ¿Qué puedes hacer tú?
— Volarte la cabeza si es necesario. Baja el arma.
No había una sola duda en su voz y en medio de todo Shinoda se sentía aliviado.
— Última advertencia, Ijuuin— cargó el arma — baja el arma y entrégate.
— Creo que eso no va a poder ser— negó con la cabeza y lanzó otro cilindro hacia Yuu.
— ¡Yanase, corre! — le gritó Shinoda, pero Yuu alcanzó a disparar antes de la explosión.
No supo a ciencia cierta cuánto tiempo estuvo inconsciente. Pero cuando volvió en sí se percató de que la herida en su pierna era mucho más grave de lo que había imaginado.
— No te muevas, Shinoda — escuchó a Miyagi junto a él— vamos a un hospital.
Llevaba una mascarilla de oxígeno y una vía en la muñeca. Escuchaba pitidos cada uno o dos segundos.
— Miyagi…— alcanzó a decir— Ijuuin…
— No te preocupes por eso— respondió Miyagi tratando de disimular su angustia— Trata de calmarte.
Shinoda sabía que algo había salido mal y sintió una enorme impotencia agolparse en su pecho. Algo se lo decía muy dentro de sí mismo.
— Perdí a todos mis muchachos, Miyagi— masculló tratando de contener los sollozos dentro de la mascarilla.
