Capítulo extra: Consecuencias
Cuando se enteró de que a Shinoda le amputarían la pierna se encerró en su oficina y no quiso hablar con nadie.
"Esto es culpa tuya. Tú fuiste quien lo trajo de regreso". Sentía que le decían. Quizás no expresamente, pero si se lo gritaban sus gestos, la forma en que lo miraban, su tono de voz. Se lo reclamaban de manera mucho más dolorosa que los gritos. Se lo reprochaban constantemente y no iban a perdonárselo jamás.
Él tenía la culpa de lo que le había pasado en su oficina, era responsable de que casi murieran en esa explosión y ahora era la razón por la que Shinoda y Yuu estuviesen gravemente heridos, sin contar a oficiales que habían muerto durante el escape de Ijuuin.
Levantó la vista hacia el techo, apoyando la cabeza en el respaldo de la silla ¿Qué diría el Juez si lo hubiese visto hacer todo aquello?
El Juez Takatsuki para él fue como un padre. Fue quien aprobó su tesis y quien lo recibió cuando empezó sus pasantías y actuó de mediador para empezar a trabajar en el tribunal. De él aprendió como se aplicaba la ley, como se hacía respetar y cómo se debía ser intachable al momento de ejercerla.
¿Qué diría si supiera que en medio de sus desvaríos y obsesiones casi le arrebata la vida a su hijo?
Sintió como se le formaba un espeso nudo en la garganta. La expresión de Shinobu cuando le volteó la cara de un puñetazo con todas sus fuerzas le carcomía. Su frustración, su ira, su decepción.
"¡Si me hubiese dicho la verdad no habría tenido que decir todo lo que dije!"
Desde entonces, entablar una conversación con él oconKamijo, o el mismo Miyagi se había vuelto casi imposible. Sólo se limitaban a informarle lo que necesitara saber y se iban de su oficina. Incluso notaba como aún el más joven lo miraba con recelo, como si no le quedase más opción que informarle, aunque en el fondo no lo quisiera.
Maldijo el día que trajo a Ijuuin de vuelta.
Takafumi se lo había advertido, incluso Yasuda también le había dicho que de no tener cuidado, esa obsesión por Akihiko Usami lo transformaría en aquello que odiaba tanto. Lo transformaría en él.
"El precio de lo que deseas es muy alto, Kirishima"
— Debería ir a verlo al hospital— Susurró para sí, pero ¿Qué le diría? "Lo siento. Lamento que por mi culpa perdieras la pierna y a tus mejores hombres" ¿Cómo se dignaría a verlo a la cara? ¿Cómo podría confrontarlo?
Apretó los dedos enlazados.
— ¿Qué he hecho? — se preguntó. Y la desolación se apoderó de él. Como un peso enorme en la espalda que le oprimía el corazón. Sintió que le había fallado a todos: a sus mentores, a su familia, a Shinoda, a su hija, a Shinobu, a Miyagi, a Kamijo y a Takafumi.
— Le prometí que no me convertiría en él— pensó.
Y sin embargo…
"Tú y yo somos iguales…"
No, definitivamente no podían considerarse iguales. Él lo hizo todo por justicia, porque debía pagar lo que hizo, porque eso era lo que debía hacerse; justicia.
— Pero ¿Realmente el hacer justicia… justifica todo lo que he hecho?—
Volvió a pensar en Shinoda y en Yanase. Dos personas que jamás podrían volver a ser las mismas. De ahora en adelante enfrentarían al mundo de una manera diferente. Shinoda tendría que ser retirado de la policía… y tenía una hija, una de casi la misma edad de Hiyo.
— ¡Maldición! — se llevó ambas manos al rostro, peinándose los cabellos hacia atrás. No debió traerlo de vuelta nunca, sin embargo, lo hizo cegado por él, por la rabia de que de todo pudiese salir bien librado, de que pudiese ir por ahí haciendo daño sin que nadie lo detuviese.
Los ojos comenzaron a escocerle. Se sentía tan impotente, tan culpable.
Llamaron a la puerta con tres toques firmes. Ya sabía quién era.
— Pasa, Miyagi— respondió limpiándose el rostro con el dorso de la mano.
— Vine a decirte que Yamazaki es el nuevo jefe de la policía. Todo lo que solías tratar con Shinoda ahora debes informárselo a él.
— ¿Cómo está? — preguntó casi en un hilo de voz, volviéndose hacia él.
— Bueno, se recuperará— respondió— Después de un tiempo y con algunas terapias podrá usar una prótesis si así lo decide.
— Ya veo…
— Le darán de alta en unos días— dijo—, por si deseas ir a verlo.
— No podría verlo a la cara— confesó con el rostro compungido de tristeza—. Todo esto es mi culpa… yo… yo lo traje de vuelta.
— Kirishima… no…
— De tanto perseguirlo me convertí en él— se le quebró la voz al decirlo. Y Miyagi sintió que lo entendía.
— Creo que todos lo hemos hecho— dijo en un suspiro—. Nos comprometimos tanto a acabar con ellos que incluso comenzamos a pensar como ellos lo hacen sólo para poder ir a la par. No te lo voy a negar, yo tampoco sé cómo enfrentar a Shinoda. ¿Qué podría decirle? "Oye, lamento que perdieras la pierna" ¿Cómo podría entenderlo? No sé lo que se siente, ni siquiera tengo idea de cómo ayudarle a recuperarse.
Sin embargo, es lo que debo hacer— continuó con firmeza— como su amigo, como su compañero y como alguien que comparte la culpa por lo que le pasó.
Zen lo miró a los ojos. También estaban inflamados.
Lo que nos separa de Akihiko y Haruhiko Usami es que estamos dispuestos a enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones. Sólo dándole la cara a Shinoda podré acabar con este sentimiento de impotencia y sólo arrestando a los Usami podré disculparme como es debido. Las opciones que tienes son quedarte aquí, lamentándote por algo que no vas a poder deshacer, o llegar hasta las últimas consecuencias para poder darle la cara y hacerle saber que no fue en vano ¿Qué harás, Kirishima?
Miyagi tenía razón. No había lugar para lamentaciones; no en este punto. Lo único que le quedaba por hacer era enfrentar sus errores y responsabilizarse por sus decisiones. Sólo así podría en algún momento perdonarse a sí mismo, y pedirle perdón apropiadamente a aquellos que habían sufrido las consecuencias de su soberbia.
— Gracias, Miyagi— le dijo con media sonrisa—. También quisiera alguna vez poder redimirme contigo y con Takatsuki por lo que les hice pasar hace unos días.
— Bueno, con tal de que no traigas de regreso a nadie más que pueda resultar sospechoso… me conformaré. Y sé transparente por favor. Creo que ya hemos tenido suficientes complots por un tiempo.
— Sí. La verdad hemos tenido suficiente— río por lo bajo y Miyagi sonrió un poco.
— Vamos a atraparlos, Kirishima— le dijo decidido mientras le extendía la mano— ¿Cuento contigo?
— Absolutamente— se la estrechó de vuelta. Y aquello le hizo sentir un poco más tranquilo.
