Disclaimer: Todos los personajes mencionados son propiedad de Capcom, excepto los OC. Y cada título es propiedad de la banda musical nombrada.
Dedicado a la excelente escritora Ary Lee. ¡Te quiero mucho!
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Heat of the night – Bryan Adams
La verdad es que no tengo idea por qué estoy escribiendo esto. O sí. Es que ella lo vale todo, cada palabra, cada pensamiento… Me he vuelto un marica, maldita sea. Nadie me dijo que el amor me iba a poner tan niñita, y sin embargo aquí estoy, escribiendo como rayos fue que me conquistó. Lo más extraño es que no hizo ninguna proeza extraordinaria; no fueron sus súper poderes o su…, no, nada de eso. Solo fue Sherry.
Soy pésimo redactando, no me gusta, pero supongo que para todo hay una primera vez. Veamos qué tal sale esto.
No me costó mucho darme cuenta que estaba enamorado hasta los huesos de esa chica. El problema fue convencerla de que lo merecíamos, de que valía la pena intentarlo a pesar de quien soy yo y de quien es ella. Vale, soy un jodido mercenario, ya está. Soy el producto de un hijo de puta y una pobre mujer que, bendita sea, cayó en sus jodidas redes. No hay nada en mi historia familiar que valga la pena; durante años estuve convencido de que mi progenitor era un asno malparido que nos abandonó a nuestra suerte, pero cuando supe quién era… me enfurecí con todo el mundo. Con Sherry, con mi madre por haber llegado tan lejos —muy injusto de mi parte, ¿qué culpa tenía la pobre?—, conmigo mismo por ser su hijo biológico… Con el puto universo. Y hubiera seguido regodeándome en mi asquerosa autocompasión de no haberla conocido. Sherry consiguió que mi mundo recuperara su eje; hasta entonces había vivido el día a día, aceptando trabajos por la cantidad correcta de dinero, sin preocuparme de nada más. Cuando mi madre murió, pues… fui un poco peor. Ya no tenía la motivación inicial, que era cuidar de ella. Mamá lleva muerta varios años… Si tan solo mi sangre hubiera sido útil y la hubiera salvado, pues… no sé. Trato de no pensar mucho en eso porque ya no queda nada por hacer.
Malditos sean Wesker y sus experimentos de mierda que lo jodieron todo. Por su culpa hasta Sherry perdió lo único que…, no podría odiarlo más…, vale, no estoy aquí para hablar de él.
Sherry. Mi supergirl.
Habían transcurrido varios meses de aquel desastre en China y nos juntamos a beber un trago. Viajé a Estados Unidos solo para verla; sabía que estaba muy ocupada, pero igual me las arreglé para hacer un trabajito por esos lares y la busqué de inmediato. Recuerdo lo asustada que se veía la primera vez que le insinué que deberíamos estar juntos, fue tanto que casi me arrepentí.
—Jake, ¿acaso no te das cuenta de cómo me siento? —musitó.
—¿Halagada? —bromeé mientras masticaba la aceituna de mi Martini. Ella solo me dedicó una mueca.
—Preocupada diría yo. ¿Cómo podríamos compatibilizar una relación?
—¿Es por mi trabajo? —No se me había ocurrido hasta ese minuto que pudiera ser un problema.
—Sí y no. —Dio un sorbo a su Tom Collins antes de continuar—. Soy un empleado del gobierno. Prácticamente no cuento con tiempo libre; a veces ni siquiera puedo ver a Leon o a Claire… —vaciló—, casi no pude estar con Chris para apoyarlo en su pérdida… —rechiné los dientes sin querer cuando mencionó a ese imbécil. Ella no hizo caso de mi reacción—; como ves no es fácil. Y que tú seas un mercenario, bueno, no es algo que me entusiasme.
—Y sin embargo me quieres, ¿no? —Sabía la respuesta. Simplemente intenté que se diera cuenta de que se estaba ahogando en un vaso de agua.
Pero Sherry me quedó mirando de esa forma tan… Solo ella me ha observado así, como si rasgara dentro de mi pecho para ver mi alma. Entonces, sin previo aviso, comenzó a llorar y casi me dio un ataque. No resisto las lágrimas; me recuerdan a la impotencia que sentía cuando mamá lloraba por mí, viéndome trabajar como mercenario para pagar las cuentas de la casa…
Sherry sacudió la cabeza. Me pregunté si siempre había sido tan autosuficiente, actuando como si no necesitara a nadie. Sé que es por imitar al héroe y a Claire Redfield, pero…
—Te quiero, Jake… —balbuceó con voz quebrada. Me caló hasta el fondo—. Te quiero muchísimo, pero eso no supone ninguna diferencia al final.
—¿Al final? —Hice una mueca, bebiéndome toda la copa de un solo trago. ¿Al final de qué? Me sentía irracionalmente molesto, supongo que como reacción a las lágrimas que no sabía enfrentar.
—No creo que podamos estar juntos.
—Cobarde —escupí entre dientes. Sherry apretó los labios, mostrándose claramente indecisa.
—No quiero que terminemos heridos si esto resulta mal.
—Supergirl —dije con suavidad, notando que todavía le corrían ríos de lágrimas por el rostro.
—Déjalo, Jake —habló al ver mi expresión llena de estupor.
—A ver —me acerqué y le limpié la cara con las manos, sosteniéndola firmemente para que no escapara a mis preguntas—. ¿Por qué tienes miedo?
—No es eso. Tú y yo…, somos…, tú… —respiró entrecortado—, no sé qué hacer…
—Calla. —Busqué inspiración en los alrededores. No eran palabras fáciles de pronunciar—. Te quiero Sherry, ¿vale? Así me siento —le solté la cara—, y creo que estás preocupada por nada. ¿Cómo puedes estar segura de que esto será un fracaso si ni siquiera lo hemos intentado? Piensa en eso.
—Lo he analizado hasta el cansancio y aun así…
—¡Deja de pensar y siente! —exclamé en voz baja, cogiendo nuevamente su rostro y estampando mis labios en los suyos. Ya no aguantaba más, eso estaba claro, pero mi reacción nos cogió a ambos por sorpresa.
Sherry apoyó las manos en mis hombros y empujó para apartarme, mas sus dudas duraron solo un segundo. Al instante después, había enrollado sus brazos en torno a mi cuello y me besaba con más rudeza que yo, lo cual ayudó a quitarme un poco de culpabilidad. Creí que estaba siendo muy brusco, pero ver que me deseaba con tanta intensidad reavivó la chispa que amenazaba consumirme.
Tras un rato besándonos sin prestar atención a nuestro alrededor, mi supergirl se apartó rápidamente y me clavó los ojos, revelando su profundo desamparo. Acto seguido, corrió el taburete, se bajó de él y salió corriendo del bar.
Me quedé mirando en dirección a la puerta un buen rato, sin poder creerlo. ¿Qué diablos había pasado recién? Nos besamos y luego arrancó como si yo tuviera lepra. Me agarré la cabeza en un intento de comprenderla. ¿La asusté? No, ella no es ese tipo de chica. Maldije mucho rato, en todos los idiomas que conozco, hasta que me rendí y me fui de vuelta al hotel. Las cosas habían ido de mal en peor. Ella no me contestaba el teléfono, por lo que transcurridos unos días le envié un mensaje avisándole de la fecha en que salía mi vuelo de vuelta a Europa, para presionarla a tomar una decisión. Si se rendía, o decidía luchar conmigo, tendría que decírmelo antes de irme.
Por suerte todo se resolvió mucho mejor de lo que esperaba. Sherry decidió hacerme una visita sorpresa y pudimos concretar nuestra relación. ¡Por fin! Estaba a punto de perderlo si no resultaba bien. Tiempo después, ella confesó que una profunda conversación con el héroe fue lo que le dio la valentía suficiente como para enfrentarse a todos sus miedos y erradicarlos por mí. No sé si estarle agradecido, todos saben que no es santo de mi devoción, pero desde ese día lo acepté un poco mejor. Tal vez no era tan imbécil como parece.
Los meses transcurrieron con relativa tranquilidad. Sherry y yo estábamos consiguiendo cierto equilibrio que nos ayudaba a soportar nuestras rutinas sin que afectaran nuestra relación de pareja. Estaba resultando mejor de lo que esperaba, por lo que pronto me di cuenta que el siguiente paso era… el matrimonio. Quería atarla a mí de todas las formas posibles; firmar un mísero papel no parecía tan importante, sin embargo… Algo de ñoñería se me había metido en el pecho. Es culpa de ella.
Tenía el anillo comprado y listo para ponérselo apenas tuviera la oportunidad, no obstante ¡me resultó un infierno! Por más que lo intentaba, nunca aparecía el maldito momento perfecto. Hasta que una tarde las palabras se me arrancaron como si tuvieran vida propia.
—¡Sherry, maldita sea, te vas a casar conmigo aunque sea lo último que…! —exploté como un tanque de combustible. Sherry me miró con los ojos desorbitados, por lo que tuve que continuar—. De verdad que no aguanto más. Casémonos. —Saqué el anillo que había escogido para ella, pero cuando vi su cara me di cuenta que lo odiaba.
—Esto… —lo tomó y esbozó una sonrisa, pero le salió tan mal que pareció una mueca.
—Te pusiste verde. Dámelo, lo voy a cambiar.
—¡Es mío! —protestó con suavidad. No me convenció para nada.
—Olvídalo, es mío mientras no lo deslice en tu dedo. —Se lo quité rápidamente y pude ver un destello de alivio en su dulce rostro. Mierda. —Nos vamos a casar igual, supergirl. No respires tan profundo todavía.
—No pareces aquel tipo de hombre que desea atarse a nadie —bromeó, sin duda para distender el ambiente.
—Eres la culpable de haberme vuelto un marica. Ahora acepta tu responsabilidad y di que sí.
Sherry agachó la mirada escondiendo su evidente rubor. Avanzó un paso y apoyó su cabeza en mi pecho, susurrando "sí" en voz baja pero firme. Había aceptado ser mi esposa, y tendría que buscar un anillo que le gustara, todo un reto para alguien como yo. Por un instante se me pasó por la cabeza pedirle a la chica Redfield que me ayudara, considerando su muy larga amistad con Sherry y sabiendo de antemano que, sin duda, ella sería su dama de honor. Más tarde lo descarté, y al día siguiente me tragué el orgullo y la contacté. Resultó ser una mujer tan maternal como la había descrito mi chica, lo que me hizo sentir un poco culpable. Su hermano era como un grano en el trasero para mí, pero ella era otra cosa. Además, gracias a su intervención en Raccoon City me iba a convertir en un hombre casado… Le debía agradecimiento. O al menos, respeto.
Claire hizo su parte con creces, por lo que unos días después de nuestro compromiso llegué con un anillo decente para Sherry. Esta vez pude ver en su rostro que realmente le había gustado. Tomé el diamante y lo deslicé por su dedo, oficializando nuestro status.
Todo salió a la perfección a partir de entonces. Casi nada ha cambiado, pues ella utiliza su apellido, pero eso no me importa. Lleva mi alianza, y yo llevo la suya. Eso es lo que realmente vale al final del día.
Vale, vale. Si sigo escribiendo eso más de alguno va a necesitar un choque de insulina. Terminaré esta narración confesando que jamás pensé que conseguiría tanta paz; yo, un jodido mercenario con una vida también jodida. No creí que hubiera redención posible; recibí más de lo que jamás esperé. Ella compensa todas mis carencias. Es mi foco personal, y no permitiré que se apague nunca. De algo que valga haber sobrevivido a tantos holocaustos.
Que se jodan todos. Soy feliz.
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¡Muchas gracias por leer! :) este one-shot está relacionado con mi fic "Hearts on fire", en donde Sherry narra en POV cómo se unió finalmente a Jake.
Jenni: Amiga querida, ¡me encantó tu review! XD me hiciste reír muchísimo, como siempre, y también me diste una buena idea (también como siempre jajaja). Leon y Ada son todo un caso sin resolver. Tal vez debamos darle una buena conclusión XD. ¡Te quiero muchísimo!
Ary: Amiga querida :) me puse muy feliz de leer tu review. Sé que muchas veces lees sin comentar (yo tb hago lo mismo xD se me olvida dejar el review jajaja), pero para mí es suficiente saber que disfrutaste mi historia. La gente suele conformarse con malos escritores, por eso nosotras estamos en las sombras, pero da igual. Mientras sigamos conservando nuestra calidad, el resto no importa. Sé que te encanta Jake, así que quise dedicarte este one-shot :)
Scath K Wolff: ¡Muchas gracias por tus comentarios! Espero que este one-shot también sea de tu agrado :D sobre Leon y Ada, yo también he tenido siempre la sospecha de que mantienen encuentros casuales por ahí, pero sin concretar la relación jamás. Sería bueno un día que los de Crapcom se decidieran a hacer algo definitivo, pero eso es pedir demasiado xD ¡un abrazo!
¡Nos vemos el próximo domingo!
