LXXXII. Jaque.
"Si crees que esto tendrá un final feliz… es que no has estado prestando atención"
Ramsay Bolton- Juego de Tronos.
Cuando Masamune y Ritsu volvieron a la sala encontraron a Nowaki en el sofá. Contrario a sus expresiones en los últimos días – incluso meses–, esta vez parecía decidido.
—Estuve pensando en lo que dijiste— comenzó—. Y tienes razón.
Masamune parecía confundido.
—Tengo… ¿Razón?
—Si continuamos esperando el plan perfecto más personas seguirán pagando por las decisiones que toma-, que tomé. Igual que Asahina… igual que Kou y que Yui.
— ¿Entonces…?
—Hiro va a matarme por esto— susurró—. Pero iremos a confrontar a Akihiko Usami. Como debimos haber hecho desde un principio.
Ritsu sintió de repente que todo aquello era una mala idea.
—No, no, no— comenzó colocándose entre los dos—. De ningún modo. Absolutamente de ninguna manera irán a enfrentarlo solos… primero ¿a dónde irán a buscarlo?
—Entre las fotos de Hatori debe haber una pista de dónde encontrarlo. Quiere que vayamos todos para tenernos en el mismo sitio— dijo Masamune.
—De esa manera se librará de todos de una vez— completó Nowaki.
—¿Y si es una trampa? — preguntó Ritsu antes de mirar a Takano—. Masamune, no… por favor.
—No podemos prolongar más esto, Ritsu. Si no vamos ahora Hatori puede morir y después seguiremos nosotros.
Ritsu se sintió contrariado, por un lado, sentía que si dejaba ir a Masamune podría no volver a verlo, pero por el otro sabía que el momento en que se enfrentarían llegaría tarde o temprano. Sin que él pudiese hacer nada al respecto.
Tomó su mano y la apretó con fuerza, con tanta fuerza como pudo. Y luego la dejó ir.
—Está bien— dijo en un hilo de voz, como a quien se le va la vida, para luego retomar su enfoque en su investigación. Necesitaba mostrarles que confiaba en ellos —. Muéstrenme las fotos. Los ayudaré a buscar.
Masamune colocó su puño sobre su cabeza y le sonrío.
—Voy a volver en una pieza. No te será tan fácil deshacerte de mí.
—Éstas son las fotografías— dijo Nowaki entregándole un sobre en blanco.
—Bien, pongamos manos a la obra— sentenció Ritsu dejando su preocupación de lado un segundo antes de sentarse en la mesa a trabajar.
Chiaki escuchó gritos del otro lado de la sala y después… nada.
Por alguna extraña razón el silencio le ponía más tenso que el escándalo, éste era al menos un indicio de algo, pero el silencio significaba que algo había pasado o que habían decidido irse sin él. Y ambas posibilidades le rompían el corazón.
Le exasperaba ser tan inútil, le daba mucha impotencia no hacer nada más que estar allí y esperar. Sabía que Hatori lo necesitaba, sabía que corría peligro, que algo grave estaba pasando… porque de lo contrario no se habría hecho ese silencio tan ensordecedor, tan inquietante.
Y para terminar de poner peor las cosas seguía sin saber de Yuu, si estaba bien, si seguía enojado por lo que le dijo.
—Chiaki, ¿Qué pasa? — le preguntó Tsumori bajando su libro.
—Dime que está pasando— exigió resuelto—. Y no mientas o salgas con evasivas porque ya estoy harto.
—¿Qué está pasando de qué?
—Con Tori. Lo tiene Usami ¿Cierto?
—Chiaki, hemos hablado de esto— Tsumori cerró el libro y le miró como un padre mira a un niño— Hatori está bien, pero no puede comunicarse contigo porque-
—Porque está secuestrado, ¿Verdad? Lo tiene quien me mandó esa nota ¿No es cierto? Akihiko Usami.
—Chiaki no te exaltes, te hace mal.
—¡ESTOY HARTO DE QUE USES ESO COMO EXCUSA PARA OCULTAR LA VERDAD! — terminó por estallar. Sentía las lágrimas bajar por su cara y sus manos cerrarse en torno a las sábanas de la cama con tanta fuerza que tenía pálidos los nudillos. Su respiración se agitaba y tenía los ojos furibundos clavados en él.
Tsumori por un momento se sintió como un hipócrita. Le había reprochado a Nowaki no enfrentarse a Usami y él había caído en lo mismo. Negarle la verdad a Chiaki aunque en el fondo de sí mismo lo supiese era también por miedo a confrontarlo, que el impacto que causase la noticia en el muchacho terminase por matarlo. Llevándose consigo lo poco que le quedaba de humanidad.
—Si— dijo después de tomar aire—. Al parecer Usami tiene a Hatori. Todavía está vivo, pero no sabemos en qué estado se encuentra o por cuanto tiempo lo retengan.
Chiaki se llevó la mano al pecho. Tsumori se levantó del sofá y fue hacia él rápidamente.
—¿Lo ves? — dijo preparando una inyección— por eso no queríamos contarte nada. Vas a empeorar.
—No— dijo tomando aire. Sostuvo la mano de Tsumori para que no le pusiera el medicamento— Tenía que saberlo, yo… tengo que empezar a enfrentar la realidad.
Tsumori se incorporó poniendo la jeringa de nuevo sobre la mesa.
¿Qué sabes de Yuu? — preguntó.
— Chiaki, fue suficiente por un día ¿No crees tú? — le increpó Tsumori— Está bien que quieras enfrentar las cosas, pero no tientes tu suerte.
—Entonces… ¿También Yuu está en peligro? — Le miró nervioso. Tsumori tomó aire de nuevo.
—Está en el hospital— respondió—. Intentaron trasladar a unos reos y pues… hubo una fuga y él intentó salvar al jefe de la policía y resultó herido. Está estable, pero…
—Pero…
—Recibió quemaduras muy graves en la espalda y pues… su oído, literalmente estalló.
Chiaki se sintió abrumado ¿Cuántas cosas estaban pasando a sus espaldas? ¿De cuántas cosas intentaron protegerlo? ¿De cuantas verdades dolorosas lo estaban escondiendo?
—Bueno, fue suficiente por hoy— dijo Tsumori colocándole dos pastillas en la mano y ofreciéndole un vaso de agua con la otra—. Mañana u otro día seguirán las historias de terror, por ahora toma esto y duerme un rato.
Chiaki obedeció, todavía consternado, y tomó las pastillas, sintiendo como su cuerpo se iba relajando y su respiración comenzaba a hacerse más pausada y tranquila.
—Doctor Tsumori— habló— ¿Podrá todo esto terminar bien?
—No lo sé, Chiaki— respondió—. Quizás no para todos.
Poco a poco fue sintiendo los párpados pesados hasta que por fin se durmió.
—¡No, claro que no! — exclamó Hiroki— De ninguna manera lo pienso permitir.
Nowaki sabía que esa iba a ser su respuesta. Sin embargo, decidió contarles a él y a Miyagi lo que harían, puesto que se estaban quedando ya sin opciones, y el tiempo apremiaba.
—Hiro…-
—Lo que se les ha ocurrido es imprudente, peligroso y absurdo— continuó—. ¡Miyagi, di algo!
—Francamente a estas alturas me parece ya el único plan plausible— contestó Miyagi sin inmutarse—. Es verdad lo que dicen: el tiempo corre y Usami puede llegar a precipitarse y matar a Hatori. Esta puede ser la única oportunidad que tenemos para recuperarlo.
Hiroki se sentía desfallecer. Sí, lo sabía, ésta podía ser la última oportunidad que tendrían, pero el riesgo era muy alto.
—Podrían matarlos— susurró.
—Hiro— Nowaki tomó su mano—. Esto es algo que debo hacer por mí mismo. Durante meses expuse al peligro a tantas personas y algunas de ellas no están por mi culpa, por mis decisiones. Es lo que debí hacer desde un principio. De otra forma…
—Lo sé, lo sé— dijo, llevándose la mano a la cabeza.
—Los dejaré solos un momento¬ para que discutan esto— dijo Miyagi antes de salir de la oficina.
—¿Cómo se te ocurre decidir esto sin consultarme? — reprochó Hiroki.
—Hiro. Ya te he dicho que debo hacer esto por mí mismo; pero siempre algo se había interpuesto y cuando me di cuenta… ya era demasiado tarde para enfrentarlo.
—Pues un poco tarde para decidir enfrentarte a él tú solo ¿No crees?
—Precisamente porque ya se han perdido demasiadas cosas, arruinado demasiadas vidas es que lo hago ahora ¿Qué pretendes qué haga? ¿Esperar a que un día amanezca y se rinda? ¿A que el próximo muerto seas tú?
—¿Y si haciendo esto el próximo muerto eres tú? ¿Qué pasará entonces? — le increpó. Ambos guardaron silencio un momento.
—Hiro, esto ya no se trata de ti. Se trata de mi— respondió—, de mi responsabilidad.
—¿Responsabilidad? ¿Qué vayas a que te maten es cuestión de responsabilidad?
Hiroki en el fondo entendía qué perseguía Nowaki con todo esto. Ya no era sólo la idea de pararse junto a él como un igual, sino enfrentarse a sí mismo, a lo que hizo. Sólo encontrándose de frente con Akihiko Usami podría no solamente enfrentarse a aquel que le causó tanto daño, si no a sí mismo, a lo que él había causado.
"Aquel que te hace el amor siempre será un asesino"
Siempre has sido tú el que ha dado la cara— le tomó las manos—. Apoyándome, protegiéndome, escondiéndome incluso. Pusiste en riesgo tu carrera, tu vida para darme una oportunidad de demostrar que hay mucho más en mí que un mercenario. Lo único que te pido ahora es que me dejes enfrentar lo que una vez fui para poder estar contigo sin que mi pasado me avergüence… por favor.
Hiroki sintió un enorme nudo en la garganta. No podía retenerlo por más tiempo, no podía ser tan egoísta.
—Siempre te las arreglas para convencerme— suspiró y devolvió el agarre de sus manos, sintiendo su calor, temiendo dejarlo ir para siempre—, pero… recuerda que prometiste volver a mí. Siempre.
—Y no fallaré a mi promesa. Nunca— besó sus manos antes de sonreírle.
Ritsu sentía que los ojos le escocían de tanto buscar detalles y la cabeza le dolía de tanto pensar.
Después de analizar cada recoveco de la foto, cada pista, cada posible detalle que estuviesen pasando por alto aún no daban con la ubicación del escondite de Akihiko Usami. A pesar de que los estaba invitando, no podían dar con él y sentían más que nunca la presión del tiempo sobre sus espaldas al no saber cómo se encontraba Hatori.
Cerró los ojos tratando de armar un rompecabezas en su mente. De encajar cada pieza, cada imagen con algún recuerdo en su memoria, de relacionarlo con algo que ya hubiese visto durante sus investigaciones.
—Tuvo que haber dejado algo allí, algo para que lo encontráramos— dijo Masamune frustrado como él.
— La reina está en todas partes— Ritsu repitió lo que decía la nota y volvió a las fotos. — "La reina está en todas partes…"
—Si pudo dejarle esta nota a Chiaki sin que nadie supiese quien es, es porque nadie sabe quién es— masculló para sí. Masamune lo miró confundido.
No puede andar en auto porque la huella de los neumáticos lo delataría— continuó— Tampoco puede entrar por el frente, nadie entra o sale sin que el joven Takatsuki se entere. Tiene que estar cerca de aquí…
—Ritsu, estás asustándome— Masamune comenzaba a verlo mascullar mientras pasaba la mirada de la nota a las fotos y sacaba conjeturas.
—Mapa… necesito un mapa de este lugar— tomó su celular activando el geolocalizador. Con la dirección se movió rápidamente a su computador personal y encontró un mapa de la zona residencial donde estaban. Era un condominio de lujo, espacioso y boscoso. Cerca del sitio donde estaban sólo había dos casas más.
Akihiko Usami está en una de ellas— concluyó.
— ¿Pero cómo explicas qué las fotos llegaron a Nowaki que estaba del otro lado de la ciudad? — Le preguntó Masamune tratando de comprender su monólogo.
—Dos…— respondió— Son dos reinas… Y las dos están junto a Usami.
Shinobu reflexionaba acerca de la repentina decisión de Masamune y Nowaki de ir a enfrentar a Akihiko Usami cuando sintió que llamaban a la puerta. Era Kirishima.
No habían tenido la oportunidad de hablar desde que los liberaron y pudieron arrestar a Ijuiin; y con todo y eso su última interacción no había sido muy amistosa que se diga. Shinobu aún seguía enojado con él por utilizarlos para sus propósitos que no eran del todo claros, pero que, si de algo estaba seguro, no se trataban meramente de hacer justicia.
—Si necesita hablar con Miyagi, está visitando a Shinoda— le respondió sin darle oportunidad de hablar y siguió con la vista clavada a la pantalla de la computadora. Había demasiado que hacer y muy poco tiempo para perder.
—En realidad, quiero hablar contigo, Shinobu— le respondió- ¿Puedo pasar?
—¿Qué más da? — respondió— Igual no se irá si le digo que no quiero verlo.
Zen tomó asiento frente a él y dudó un momento. No sabía por dónde empezar.
—Quería… Quiero decir que lo siento— comenzó— No sé realmente en qué momento me dejé llevar por todo esto… Tenía tantas ganas de atraparlo, de poner fin a todo esto que… hice cosas que no debí hacer. Como traer a Ijuiin hasta aquí y ponernos a todos en peligro. Además de perder la confianza que todos habían puesto en mí; principalmente tú. Jamás podré disculparme lo suficiente.
Shinobu lo miró con el ceño fruncido. Tenía muchas cosas que reclamarle, sin embargo, él mismo no sentía que pudiese ser quien lanzara la primera piedra. Cuando estuvo al fin de frente a Akihiko Usami e incluso cuando tuvo a Fujikawa frente a él y pensó en dispararle; también tuvo esa sensación de querer acabar con todo.
—Hubo momentos— comenzó— que sentí que si no hacíamos trampa jamás llegaríamos a atraparle, pero ¿sabe qué me detuvo cada vez?
Kirishima negó con la cabeza.
—El recuerdo de mi padre— Zen sintió como la cara se le podía caer de vergüenza.
Hallo tan incomprensible que siendo su estudiante usted no lo hubiese recordado— le reprochó—. Y que… haya utilizado todos nuestros recursos, todo nuestro tiempo, nuestras ganas, nuestra confianza y nos haya puesto en peligro así...
Apretó las manos sobre el escritorio.
—Yo no sé si pueda volver a confiar en usted, señor Kirishima— se sinceró—, pero le entiendo. También me sentí como usted. Ciego de rabia.
Zen sintió que por lo menos el que le entendiese era un punto de partida. Estuvo a punto de decir algo, pero el teléfono de Shinobu comenzó a vibrar en el escritorio de manera constante.
—Permítame— se excusó al tomarlo y notó que eran mensajes de Ritsu. Todos con fotografías de mapas. Eran las casas cercanas a la casa de su familia donde Chiaki y el resto estaban escondidos.
Señor Kirishima— le llamó un poco avergonzado por pedirle un favor luego de semejante confesión— Necesito que haga algo por mí.
—Lo que necesites.
—Deme una orden para catear estas casas.
—Está todo listo— le dijo a su espalda mientras miraba por la ventana.
—Sólo queda esperar a que lleguen— contestó y sintió una mano temblorosa asirse a la suya.
—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? — preguntó, mirándolo a los ojos.
—Ya no podemos mantenernos ocultos mucho tiempo, Misaki— respondió apesadumbrado—. Este es el jaque. Prepárate.
La mirada de Misaki se tornó más sombría mientras empuñaba una pistola con fuerza.
