LXXXIII. El rey gris: Confrontación.

"Todas las familias felices se parecen; son las infelices las que son desgraciadas a su manera"

Liev Tolstói- La guerra y la paz.

— A ver, a ver— Miyagi trató de poner en orden todo lo que había escuchado— ¿Estás diciéndome que Akihiko Usami pudo haber estado cerca de nosotros todo este tiempo?

— Onodera tiene la hipótesis de que para poder llegar a dejar la nota sin que nadie se percatara de su presencia, tiene que estar en una de las casas periféricas a esta— Shinobu le mostró la posición de su casa en el mapa—. Le pedí a Kirishima una orden de allanamiento para revisar ambas, pero es preferible saber quiénes son los dueños primero, para que en caso de que Akihiko Usami esté en una de ellas, no lo pongamos en sobre aviso.

— ¿Y las fotos que Nowaki recibió? — replicó—. Eso hace posible que alguien más tenga a Hatori.

— Señor Miyagi— Ritsu intervino esta vez— Mi teoría es que hay dos reinas negras, por eso están en todas partes. Las notas llegaron a la vez para que supiéramos que ambas cosas están relacionadas ¿Por qué nos habrían hecho llegar las fotos de Hatori y la nota precisamente a Chiaki?

— Porque son los que intentamos proteger— respondió Miyagi— Bien, Onodera; acepto tu teoría, pero si una de las reinas es Misaki ¿Quién es la otra?

— Tiene que ser una que pueda moverse— dijo Shinobu— Alguien que pueda ir libremente sin que los policías le detengan.

— Sumi— dijo Hiroki— El hijo del fiscal de distrito; Keiichi Sumi.

— ¿Qué te dijeron cuando preguntaste por él, Miyagi? — preguntó Shinobu.

— Que estaba de vacaciones. Dijo que después de lo que pasó con su padre necesitaba tiempo para pensar… Ya veo que ese tiempo era para sacar a Usami de la cárcel.

— Eso explicaría como pudieron llevarse a Hatori y a Usami al mismo tiempo— concluyó Shinobu.

— Si Sumi no tiene una coartada para el día que Usami escapó; podremos arrestarlo— dijo Hiroki. —Ahora debemos saber quiénes son los dueños de estas casas.

— Por la cercanía y facilidad de acceso, yo pondría especial atención en esta— Ritsu señaló la que estaba más al oriente, a unos 300 metros—, Masamune dice que Misaki está muy bien entrenado, no sería bueno subestimarlo.

— Nowaki— Hiroki le miró— ¿Podrías decirnos algo de Misaki Takahashi?

— Ya estaba en el clan cuando yo llegué. Y casi nunca coincidimos. Para mí es un misterio— respondió a modo de disculpa mirando a Masamune.

— Akihiko Usami lo entrenó en persona— dijo Masamune—. Jamás fue a misiones con nosotros y realmente qué habilidades tiene o cuáles son sus debilidades son, como dice Nowaki, un misterio, pero es peligroso— añadió mirándolos con seriedad e inquietud—. Está obsesionado con protegerlo a toda costa.

Hiroki sintió una ola de preocupación en el pecho. Que alguien así de peligroso hubiese estado cerca de Kirishima y de ellos todo el tiempo sin ser detectado era escalofriante.

— Ahora bien ¿Qué hacemos con Haruhiko Usami? — preguntó Miyagi.

— Tengo una teoría— dijo Shinobu—, pero sólo pensarla me da escalofríos.

— Te escucho.

— Si Akihiko Usami nos hizo llegar esta información para que fueran a verle— miró a Nowaki y a Masamune—. Lo más probable es que… También se la haya hecho llegar a su hermano.

— Pero eso es…— comenzó Miyagi.

— Una locura, lo sé; pero Akihiko Usami no es ningún tonto— respondió—. Este debe ser su todo o nada.

— El jaque— añadió Ritsu viendo el tablero de la mesa.

— Exactamente— Shinobu asintió.

Hiroki caminó sin detenerse hasta la habitación de Chiaki.

— Kamijô ¿A dónde vas? — Shinobu intentó detenerlo sin éxito— No podemos decirle nada a Yoshino…

— Venga conmigo— le ordenó a Tsumori sin vacilar—. Va a decirnos lo que sabe.

Tsumori le miró intrigado antes de levantarse del sofá.

— De acuerdo— asintió mirando hacia donde estaba Nowaki—, pero no armes escándalo. Tengo un paciente aquí.

Hiroki extendió el brazo invitándolo a salir de la recámara y le siguió hacia la sala.

— ¿De qué me perdí? — Preguntó Miyagi mientras Tsumori tomaba asiento frente a todos.

— ¿Qué quiere saber, fiscal? — le preguntó a Hiroki con cierto dejo de sarcasmo.

— Lo que nos contaste el día que apareciste— le ordenó— ¿Desde cuándo te acuestas con Haruhiko Usami?

— ¿Seguro que quieres que empiece por allí? — Preguntó con sorna— ¿O desde que Nowaki mató a mi madre?

Shinobu se dejó caer sobre el sofá. Era un muy mal momento para ese interrogatorio.

— Doctor Tsumori…— comenzó Miyagi tomando el control de las cosas antes de que se pusieran aún peor— ¿Si es doctor al menos?

— Por supuesto— respondió— de la Universidad de Tokio, como mi padre.

— ¿Cómo terminó envuelto en todo esto? — Preguntó Miyagi—. Sé que ya nos había contado sobre su relación con Haruhiko Usami, pero nunca ahondamos en detalles y creo que en este momento podrían sernos útiles.

— Mi madre fue fiscal del ministerio público— comenzó con un suspiro— incluso fue la mano derecha del fiscal de distrito, pero en realidad era una informante de Fuyuhiko Usami.

A medida que fue trabajando con él, fue inmiscuyéndose en asuntos cada vez más turbios hasta que mi padre comenzó a sospechar de ella… y terminó por asesinarlo. Le pidió a Fuyuhiko que la ayudase a esconder lo que había hecho, que dependía de él tanto como él dependía de que ella no hablase… Hasta que Akihiko Usami tomó las riendas de la corporación y… decidió deshacerse de ella— miró a Nowaki de reojo.

— ¿Su madre era Misato Tsumori? — preguntó Miyagi.

— ¿Sabe quién es? — preguntó Hiroki.

— Si, yo fui su reemplazo en cuanto la suspendieron por obstrucción de varias investigaciones que incluían a los Usami— respondió— Fue aprendiz del fiscal de distrito Sumi cuando aún estaba en la fiscalía pública. Cuando la asesinaron el caso quedó cerrado por falta de pruebas y nadie fue arrestado. Entonces sí fueron ellos…

Sin quererlo miró a Nowaki, quien le evadió la mirada mientras enlazaba los dedos apretándolos con fuerza, deseando que dejasen de verlo.

— ¿Cómo llegó a tener… esta relación con Haruhiko Usami? — preguntó Shinobu.

— Haruhiko me encontró algunos años después de que Akihiko intentara matarlo junto a su padre— relató—. Dijo que debía obedecerle a cambio de ayudarme a encontrar a alguien.

Hiroki apretó los dientes.

— Entonces… usted ¿Lo ama? — preguntó Shinobu. Tsumori sólo estalló en carcajadas.

— La gente joven es tan adorable— dijo entre risas—. No, joven Takatsuki. Lo que hacíamos era un juego de poder. Haruhiko lo hace para sentir que aún tiene el control sobre algo y yo, pues… simplemente le seguía el juego.

— Pero Aikawa…

— Aikawa era un peón— dijo encogiéndose de hombros— Haruhiko le hacía creer que sentía algo por ella para poder obtener información sobre Akihiko y todos ustedes; pero realmente sólo sintió algo así por alguien… que el mismo mató.

— Takahiro Takahashi— dijo Hiroki recordando el interrogatorio de Hatori. Tsumori hizo un ruido similar al de una campana.

— ¡Bingo! — respondió entusiasta.

— ¿Haruhiko Usami sabe todo sobre todos nosotros? — le preguntó Ritsu.

— Si, inclusive todo el tiempo supo que usted estaba vivo, Onodera.

— ¿Cómo es eso posible? — Ritsu miró a Masamune.

— Eso no es posible, Aikawa no supo que huimos…

— Aikawa sabía más de lo que todos ustedes podrían llegar a creer.

— ¿Por eso Akihiko la mató? — Miyagi retomó el control de las preguntas.

— Puede ser, pero el que Aikawa estuviese allí, fue decisión de Haruhiko.

— Una trampa— La teoría de Hiroki siempre fue correcta.

— Haruhiko pensó que Aikawa haría lo mismo que Asahina, estaba paranoico con la idea de que ella lo traicionara… Bueno, igual no pudo evitar que Yanase se entregara o que yo les esté contando todo lo que sé; o que Hatori pactara con ustedes.

— ¿El que usted fuese el médico de Yoshino era para vigilarlos?

— Y para matarlo si alguno de los dos hablaba— respondió un poco más sombrío. Shinobu le miró inquisitivamente.

— ¿Cómo se atreve si quiera a estar aquí? — Le reprochó poniéndose frente a él— Chiaki confió en usted, era su médico ¿Y sólo estaba esperando órdenes para matarlo?

— ¿Usted cree, joven Takatsuki que si hubiese querido obedecer habría traído a Chiaki hasta aquí? — Replicó en seguida— De la misma manera que ustedes se relacionaron con asesinos y pactaron con criminales porque ellos querían redención, yo pensé que podía acudir a ustedes para que lo protegieran porque nada tiene que ver con esto. El pobre muchacho sólo se equivocó al ser alguien importante para gente que Haruhiko pensó que podía manipular. Si lo traje aquí era porque jamás pensé en ejecutar una orden como esa.

Hiroki notó que Tsumori tomaba muy a la ligera incluso los pasajes más oscuros de su pasado; sin embargo se tomaba con mucha seriedad lo que tuviese que ver con Chiaki Yoshino, como si lo estimara.

— Hablemos de Ijuiin— exigió Hiroki.

— Está enfermo— respondió volviendo a su tono apático—. Ijuiin no persigue nada de esto más que mero entretenimiento. Ni siquiera Shizukuishi logró contenerlo. Es un demente.

— ¿Está con Haruhiko?

— Absolutamente— contestó sin vacilar—. Quiere saber cómo terminará todo esto, quiere ver quien mata a quien y cuánto le tomará al que sobreviva venir por nosotros. Y tiene muchas ganas de matar al tal Misaki… no sé por qué.

— Cuando nos dijo que Haruhiko Usami le ayudaría a encontrar a alguien… ¿Se refería a Nowaki? — le preguntó Miyagi. Tsumori asintió.

—Supongo que sabe que lo vamos a arrestar— añadió.

— Claro que sí, pero sé que cada arresto que han realizado termina en fallecimiento, o en secuestro o en escape… incluso Yanase terminó sordo. No les conviene arrestarme.

— Es usted bastante listo…. Doctor— Miyagi le miró inquisitivamente, algo indignado por sus comentarios.

— Alguien me ordenó que debía sobrevivir— de nuevo miró a Nowaki de soslayo—. Sólo estoy obedeciendo.

— Llamaron del departamento de hacienda— dijo Shinobu regresando a la sala con ellos— encontraron a los dueños de las casas. Uno es un extranjero; y la otra mansión pertenece a Misato Tsumori.


Ijuiin esperaba un poco ansioso el proximo paso de Haruhiko ahora que había decidido poner cara a su hermano.

Recordó cómo se incendiaban las oficinas donde se habían resguardado desde que habían iniciado su plan mientras se alejaban en un auto bastante discreto. Después de eso habían llegado a un hotel cercano donde nadie les hizo preguntas y ahora estaban en una suite desde hace varias horas, sin moverse y sin hablar.

Haitani había vuelto sin ninguna información de Tsumori o Yoshino Chiaki, y en lugar de molestarse, Haruhiko le hizo un gesto con la mano, como restándole importancia.

"Esperen mis instrucciones" — les dijo a ambos y salió de la suite. Y quedaron a la espera desde entonces.

Ijuiin sentía que no era el mismo desde que escapó del traslado. Ahora todo lo irritaba mucho más, estaba el doble de agresivo e impaciente, mucho más volátil y estaba desesperantemente aburrido de estar allí a la espera.

— Supe que tu amigo el rarito murió salvándote — comentó Haitani sirviendo un vaso de whisky, tratando de hacer conversación. Ijuiin le miró con el rabillo del ojo un poco extrañado.

Si lo que Haruhiko suponía era cierto, y Shizukuishi era como una especie de contenedor de su comportamiento sádico y peligroso; Ijuiin se alegraba un poco de que ya no estuviese cerca. No guardaba sentimientos por él más allá de todo el entretenimiento que su actitud pudo ofrecerle. A pesar de sentirse muy enojado cuando le vio morir y sin saber definir exactamente por qué, no tardó en entender que lo que le irritaba era que Ryô había terminado siendo como todos los demás. Con un sentido de sacrificio y humanidad que lo hacía aburrido, como el resto de la gente.

— Al final demostró ser como el resto de la gente estúpida— respondió—. Sacrificado y torpe.

Recordó como su madre se había interpuesto entre él y su padre para que no lo matara esa mañana.

Odio eso— chasqueó la lengua con notable irritación.

— Deberías mostrarte agradecido— dijo Haitani, también un poco indignado ante su respuesta—. Alguien se sacrifica por ti, muriendo para que puedas huir… ¿Y lo consideras torpe? ¿Tan malagradecido eres?

Ijuuin se levantó y se acercó a Haitani.

— La gente que se sacrifica por otros, que es "noble" y busca justicia es absurdamente predecible y tonta— respondió antes de acercarse a su rostro—. Igual que los que buscan venganza y terminan así… como tú.

Haitani no pudo contener más su indignación y desenvainando la espada desde su cintura intentó poner el filo en su cuello, pero Ijuiin se hizo a un lado sin que pudiese verlo y apareciendo desde debajo de él, colocó el filo de un cuchillo de cazador en su garganta.

— Matarte ahora sería demasiado predecible— susurró—. Además… me gusta el olor de tu miedo.

Haitani sentía que el corazón se le saldría del pecho igual que aquella vez cuando luchó contra Takano. Pensaba que los talentos de Ijuiin sólo se limitaban a manipular y a obtener información de la gente; pero estaba muy equivocado. Él era más que un simple policía de escritorio o un simple barista; era un monstruo.

— No te tengo miedo— masculló apartándose de él—. Eres desagradable.

Ijuiin se rio antes de lamer el filo del cuchillo y tomar el vaso que había servido. Haitani sintió algo caliente escurrirse por su cuello. Definitivamente pudo matarlo.

Haruihiko volvió a la habitación. La expresión de su cara era de satisfacción.

— Prepárense— ordenó mientras abría una maleta con una pistola y sus accesorios—. Los encontré.


— Bueno, si su madre es dueña de esa casa, lo más probable es que haya sido prestanombres de Fuyuhiko Usami— dijo Miyagi mirando a Tsumori—. Lo más probable es que Akihiko Usami esté allí.

— Ya solicité la orden de presentación para Sumi— dijo Shinobu—, pero siento que lo más probable es que esté con Akihiko Usami.

— Bueno, en ese caso debemos preparar un contingente que pueda contenerlos— expuso Miyagi—. Si su plan es reunirlos a todos para matarlos, lo más prudente es que la policía llegue primero y los detenga.

— Miyagi— Masamune le llamó—. Creo que es mejor que lo abordemos nosotros primero. Si se halla acorralado y decide matar a Hatori ese chico no va a perdonarnos.

Hiroki miró a Nowaki.

— Ese es nuestro plan— añadió Nowaki.

— La verdad no sé si eso sea prudente— Miyagi intentó hacerlos reflexionar— Si ha llegado al extremo de facilitar su ubicación para que podamos abordarlo es porque posiblemente esté preparado. Y desconociendo sus habilidades o las de Takahashi no creo que debamos tomarlo a la ligera. Además, Hatori es un rehén… existe un protocolo…

— Sí, sí… el protocolo— dijo Masamune con algo de tedio—, pero la última vez que ese "protocolo" se aplicó mataron a Yukina, así que ¿Por qué no intentar a nuestro modo?

— Masamune tiene razón— intervino Nowaki—. No podremos conocer todas las habilidades de Misaki, pero conocemos en parte a que nos enfrentamos. Por lo menos dennos algo de tiempo hasta que podamos sacar a Hatori con vida de allí.

— Supongo no hay otro modo— suspiró Miyagi antes de mirar a Hiroki— Kamijô, ¿tú qué opinas?

— Si les damos un margen de tiempo podríamos obtener mucha más información para procesar a ambos Usami— respondió—. De Haruhiko no sabemos nada más allá de lo que nos dijo Tsumori.

— De acuerdo. Tienen una hora— puntualizó Miyagi—. Si en esa hora no hay avances tendrá que intervenir la policía… no me arriesgaré a perder a más gente. Además… ustedes dos deberán ser procesados cuando regresen. Igual que Hatori.

Eso último le causó a Hiroki un peso en el corazón. Si todo salía mal, Nowaki podría morir… si todo salía bien… tendría que entregarse.

— Les daré las coordenadas de la casa— dijo Shinobu—. Eso al menos les dará un punto de partida para un plan. Sólo espero que todo salga bien.

Tsumori se levantó para volver junto a Chiaki cuando Nowaki le atajó.

— Lamento lo de su madre— dijo con sinceridad—. Yo… era otra persona. Sé que mis disculpas no pueden servir para repararlo todo, pero…

— Ahórratelas entonces— le detuvo con un gesto de la mano. Tsumori nunca podría poner en palabras lo que Nowaki le causaba. Quizás un poco de rencor, de curiosidad, de incertidumbre… una amalgama de sentimientos confusos que a veces le llevaban a desearlo, a querer desmenuzarlo para por fin poder entender cómo alguien como él estaba a punto de destruir a la corporación Usami—. Cuando regreses y tengamos que pagar por lo que hicimos, saldaremos cuentas… hasta entonces, asegúrate de volver con vida o a Kamijô seguro le dará algo.

Señaló hacia Hiroki que, aunque hablase con seguridad y aplomo, sentía sus manos temblar y como se iba formando de nuevo ese espeso nudo dentro de su garganta.

— Hiro…— susurró.

— Ten en cuenta que si decidiste cambiar tu vida y enfrentar lo que hiciste, por él— dijo Tsumori—; le debes tu regreso. Cumple con eso.

Y se volvió de nuevo hacia la habitación de Chiaki. Quizás pasaría mucho tiempo antes de que lograse descubrir por qué lo eligió a él para permanecer en este mundo, quizás le tomaría mucho tiempo de nuevo hallar un propósito, algo en la vida que lo retuviese de morir como tanto deseaba, pero… mientras hubiese alguien que lo necesitara, podría tomarse el tiempo que quisiera para encontrar respuestas.

Miró el rostro de Chiaki mientras dormía y sonrió un poco.


Colocó el cargador lleno de balas y retrajo la corredera para que estuviese lista para disparar.

Esa noche había luna llena, el cielo estaba claro. Estaba por finalizar el verano.

Misaki estaba junto a él y Sumi a su espalda. Solo quedaban ellos dos.

—¿Dónde está Hatori? —preguntó.

—Donde ordenaste—respondió Misaki

—¿Estás seguro de que esto es lo que quieres? — Preguntó Sumi—. Todavía podemos usar mis contactos para sacarte del país, mientras te recuperas…

Misaki lo miró con furia, como en una especie de amenaza para que se callara.

— Si no hago esto… no acabaremos jamás— respondió con aplomo. El legado de su padre moriría allí con todos ellos y podría seguir adelante.

— Estamos listos— susurró Misaki tomando su mano.

— Ya están aquí— dijo mientras miraba por la ventana. Un auto negro se detenía en la entrada y tres personas descendían de allí. Sumi sintió que de alguna manera aquello se estaba tornando más peligroso de lo que imaginaba y debía escapar.

Pero era ya muy tarde.

— ¡Akihiko!— llamó Haruhiko Usami una vez entró a la casa—. Es hora de ajustar cuentas.