Disclaimer: Todos los personajes mencionados son propiedad de Capcom, excepto los OC. Y cada título es propiedad de la banda musical nombrada.
Este capítulo está dedicado a mi adorada amiga Nicky, o Jill Filth. Aunque hay otro que también es tuyo, este tiene un significado especial y estoy segura de que sabes a qué me refiero xD ¡te amo amiga! Odio la distancia pero adoro que sigamos unidas a pesar de todo.
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Are you lonesome tonight? – Elvis Presley
No se había dado cuenta de lo mucho que disfrutaba estar cerca de él, simplemente porque estaba demasiado ocupada manteniendo a raya su miedo a morir. No solo la habían secuestrado cuando volvía de la universidad, además la habían tratado como si fuera poco más que un perro, alimentándola en cuencos indignos dos veces al día y dejándola en una habitación que tenía una letrina indecente al lado de la colchoneta donde se vio obligada a dormir… Un infierno por donde lo mirara. Encima de todo, no les bastó con torturarla sicológicamente, sino que también le inocularon aquel parásito contra su voluntad, poniéndola en peligro mortal, temerosa siempre de convertirse en uno más de los sirvientes de Saddler… Con todo aquello en mente, ¿cómo se iba a dar cuenta de que le fascinaba Leon Kennedy, su héroe personal, antes de saber que se encontraba a salvo?
Por eso no tuvo miedo de preguntarle si podía quedarse con ella más tiempo del que le tocaba por la misión.
A modo de respuesta, Leon sonrió torcido y se giró para mirarla a su espalda.
—Lo siento —dijo con dulzura. Y era cierto, en verdad lo lamentaba, porque no quería añadir una pena más a Ashley tras todo lo que ya había sufrido.
—De alguna forma intuía que dirías eso, pero… no hace daño preguntar, ¿sabes? —se apresuró a contestar, para que Leon no se diera cuenta de que la negativa le había dolido. Luego añadió en tono informal: —Así que… ¿quién era la mujer de rojo?
—¿Por qué preguntas? —murmuró a la defensiva. Tal parecía que no tenía derecho a la privacidad.
—¡Oh, vamos… dime!
—Ella es como una parte de mí que no puedo dejar ir… Y dejémoslo ahí —suspiró resignado.
Ashley meditó sobre esa frase el resto del viaje. La cabeza le daba vueltas porque no conseguía dimensionar la real magnitud que alcanzaban las palabras de Leon. Finalmente, tras mucho devanarse los sesos, concluyó que el agente se encontraba, de alguna manera, atado de por vida a la mujer de rojo. ¿Por qué? No tenía como saberlo. Solo continuaba sintiendo en la piel aquella dolorosa tensión sexual que percibió con claridad diáfana el día que los vio juntos… Algo que le parecía imposible de olvidar. No obstante, tras haber sido devuelta a su hogar, Ashley decidió enterrar todos sus traumas en lo más hondo y volver a ser quien todos recordaban: una muchacha simple, alegre y amante de Victoria Secret.
Sin embargo, el destino volvería a juntarla con su héroe, casi como si quisiera jugarle una broma nada divertida.
Transcurridos cerca de tres meses desde que Ashley fuera capturada por Los Iluminados, su padre debió asistir a una importante reunión en la que todos los invitados eran valiosos miembros de la política mundial. No solo Estados Unidos se hacía presente, también se encontraban allí representantes de: Canadá, Alemania, Francia, Inglaterra, México, Brasil, entre varios otros. Ashley no tenía ninguna intención de participar en aquella reunión, principalmente porque se aburría como una ostra, pero su padre la convenció prometiéndole una tarde completa en Gucci, sin restricciones.
Aquello era algo a lo que Ashley jamás en su vida podría negarse, y papi lo sabía muy bien.
La muchacha pasó unas cuantas horas eligiendo el atuendo que vestiría para la elegante ocasión. Tras mucho deliberar, optó por un sexy vestido color perlado —todos decía que ese tono resaltaba sus orbes de miel— que tenía la gracia de ser formal, pero con un leve toque picante, algo que iba muy acorde a su edad. Sus grandes senos parecían fundirse con el escote del vestido, la cintura bien ceñida a la ancha cinta que caía hacia atrás como si volara, los brazos enguantados hasta casi los hombros —también en tono perlado—, y muchas joyas de oro que tintineaban al compás de su dulce vaivén andante. Había decidido recogerse el cabello en un refinado moño que dejaba su rostro completamente descubierto… incluyendo sus orejas.
«Malditas sean mis orejas» había pensado la chica un millón de veces en su vida. En honor a la verdad, eran bastante grandes, y la pobre Ashley había tratado de esconderlas de muchas maneras, mas esa noche pensó en dejarlas libres pero adornadas con largos aros que parecían cadenitas entrelazadas con rubíes. De esa forma, la gente estaría más dispuesta a mirar las piedras preciosas colgando de sus lóbulos que a dilucidar cuál era el diámetro de sus orejas.
De alguna manera, la estrategia de Ashley funcionó. Acompañó a su padre cogida de su brazo y ambos deslumbraron a los presentes con sus maneras suaves y distinguidas. Más tarde, mientras el presidente Graham cumplía con todos los protocolos propios de su cargo, la chica deambuló por el gran salón visiblemente aburrida. Aquellos viejos estirados no eran nada de su gusto, y ninguna de sus amigas había asistido. Suspiró dando pequeños sorbos a su ponche cuando divisó a alguien que rompía con todo el blanco y negro que reinaba en su visión: Leon.
¡Leon Kennedy estaba a tan solo unos pasos de distancia!
—¡Leon! —exclamó la chica sin poder contener el volumen de voz.
El agente se giró hacia atrás, respondiendo al llamado con una ligera sonrisa torcida. Estaba guapísimo con su traje de tres piezas en color azul oscuro decorado con líneas blancas casi imperceptibles; eran apenas un toque de luz que le otorgaba un efecto lleno de elegancia y sobriedad. Camisa blanca, corbata oscura a tono con el traje, y gemelos plateados que destellaban en todas direcciones, reflejando la luz de una hermosa lámpara de lágrimas que colgaba justo arriba de su cabeza.
Ashley lo alcanzó rápidamente y le besó en la mejilla. Al agente, ese gesto le pareció gracioso.
—¿Cómo estás? —inquirió él mientras cogía una copa de champaña de la bandeja de un mesero que pasó cerca.
—¡Puf! Aburridísima —Ashley bufó con ganas—, todos estos ancianos flemáticos me ponen de los nervios. No saben otra cosa que hablar de sí mismos y de lo bien que les va en sus finanzas. Y si no es eso, me preguntan que si ya me he recuperado del secuestro que estoy tratando de olvidar desde que ocurrió. ¡In-so-por-ta-ble! —terminó casi gritando de pura frustración, pronunciando cada sílaba de la última palabra con toda la rabia que la consumía.
Leon se rió de ella sin malicia.
—Me ha quedado clarísimo —dijo, aún divertido.
—¿Y tú, cómo estás?
—Con mucho trabajo; lo de siempre. Estoy echando de menos cuidar de una chiquilla como tú.
Ashley digirió la frase con disgusto. No era una niña, era una mujer en toda la regla, pero tal parecía que Leon se negaba a verla como tal, a pesar del traje carísimo y sexy que llevaba sobre el cuerpo.
Apretó los labios para luego lamerse el inferior con lentitud. El rosado brillante que lo teñía no se vio afectado por el gesto, pero el agente sí, que se preguntó el por qué de aquella postura a la defensiva. ¿Se habría ofendido por su comentario? En el mundo de Leon las mujeres eran un absoluto misterio.
—He vuelto a la universidad —Ashley murmuró esas palabras con inusitada timidez. Era un motivo de orgullo para ella, ya que marcaba el hecho de que ya podía desplazarse por las calles de Nueva York sin el miedo que le atenazaba el vientre las semanas posteriores a su rescate.
—Felicidades, cariño. Estoy muy orgulloso de ti.
Ashley volvió a bufar con el tono fraternal que ocupó el agente.
«Sinceramente, ¿qué estás esperando? ¿Qué agarre tu cara con pasión y te devore la boca a besos? Deja de soñar. Él nunca haría algo como eso… No a mí, al menos», pensó la chica con tristeza, fijando sus ojos miel en la boca de Leon sin proponérselo. Por desgracia, el agente leyó el anhelo en su mirada y dio un paso atrás.
—¿Quieres bailar? —La música ya estaba sonando bien alto en el salón; el siglo pasado envolvía el ambiente y les hacía sentir como si estuvieran en los años sesenta.
La chica tendió una mano a Leon, quien tras tomarla la guió suavemente por el salón hasta llegar a la pista de baile. Una vez allí, Ashley desplegó toda su experiencia adquirida en las clases de protocolo que recibió prácticamente desde que nació. Sus padres siempre pertenecieron a la socialité, por lo que se encontraba completamente a gusto en el ambiente. Pero Leon tenía un origen humilde; todo eso de las luces y los famosos no le desagradaba, pero tampoco terminaba de gustarle. Lo tomaba como uno de los puntos bajos de cumplir su trabajo.
No obstante, Ashley se encargó de quitarle la incomodidad. Puso una mano en su hombro mientras él la correspondía deslizando la mano libre por su cintura, quemándole la piel a través de la seda. Empezaron a moverse suavemente al compás de Elvis Presley y su interpretación de «Are you lonesome tonight?»; la chica apoyó su cara en el hombro de Leon y cerró los ojos, dejándose llevar por la seductora voz del Rey del Rock.
—I wonder if you're lonesome tonight… —murmuró Leon en tono divertido, provocando que Ashley sonriera sin querer.
—Bailas bien.
—Esto no es bailar, es desplazarse con elegancia. —Ahora sí, Ashley rio con ganas.
—Qué bueno que estás aquí…
—Y no pensaba venir, pero me encomendaron vigilar al presidente y a ti, solo por si acaso —el cuerpo de la rubia se tensó de inmediato—. Tranquila, es únicamente precaución; relájate.
—A… A veces despierto sintiendo que aún estoy con ellos. Hace frío, todo está oscuro…, sus voces me…, y me da miedo que…
—No volverá a pasar. Los Iluminados son historia.
Ashley escondió la cara en el pecho del agente, ocultando así el temblor que dominaba su barbilla. Era difícil superar un trauma como aquel sin sufrir consecuencias posteriores… ¡y ella pensaba que lo había estado enfrentando tan bien!
Leon le dio un momento para que se calmara, acariciándole la espalda de arriba a abajo. Se sorprendió de la firmeza que tenía su piel —la seda no ocultaba ese detalle— y, sin darse cuenta, le pellizcó ligeramente la cadera. Ella alzó un poco la cara, luego otro poco… finalmente terminó viéndolo con cierta ansia.
Pero la canción terminó. La voz de Elvis se perdió en los últimos compases de aquella dulce melodía y alguien más tomó su lugar. Leon tragó saliva, apartándose con delicadeza.
—Voy a pedirle a mi chófer que me lleve a casa —dijo Ashley; su voz sonó llena de tristeza. Él simplemente asintió—. Adiós, Leon. Me gustó verte de nuevo.
—Y a mí.
La chica se puso de puntillas con la intención de darle un nuevo beso en la mejilla, pero a medio camino cambió de idea. Rápidamente, posó sus gruesos labios en la boca del agente y apretó; un beso casto que pareció extenderse varios segundos. Tenía claro que Leon no iba a responderle, pero se quedó conforme con que no la rechazara. Pronto, tras apartarse unos pasos, le sonrió inclinando un poco la cabeza hacia un costado para luego encaminarse definitivamente hacia la salida.
Mientras caminaba se sintió orgullosa de sí misma: había conseguido probar la boca de Leon. Sabía a alcohol y a masculinidad, tal como lo había imaginado. Pero él no la veía como una mujer, y eso echaba por tierra cualquier intención de algo más.
No obstante, al llegar a la gran puerta principal, sintió que alguien aprisionaba una de sus muñecas, arrastrándola hacia un rincón. Su reciente trauma la hizo temer lo peor y se preparó para golpear con su cartera a quien fuera que la estaba secuestrando, mas no alcanzó a cumplir su cometido pues era Leon quien la estaba reteniendo. Antes de preguntar qué rayos ocurría, él se inclinó con fiereza contra su cuerpo y la obligó a abrir la boca, para luego consumirla con un beso tan despiadadamente sensual que Ashley pudo notar como se le humedecía hasta la ropa interior.
No pudo respirar. Los labios de Leon se movían sobre ella, exigentes, reclamando pasión, y su lengua jugueteaba incesante, amenazando con dejarla sin aliento en cualquier momento.
Pero eventualmente aquel dulce instante terminó, y ambos concluyeron el ósculo jadeando como si hubieran corrido una maratón.
—No preguntes —acezó el agente, marchándose segundos después.
«¿Qué… diablos acaba de pasar?»
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¡Muchas gracias por leer! :) perdón por saltarme el domingo pasado, pero me quedé viendo la segunda temporada completa de Better call Saul, y después el lunes que pensaba subir el cap tuve una jaqueca asquerosa que me duró varios días. Después, se me olvidó :P
Sí, ¿qué diablos haces, Leon Kennedy? Maldito playboy xD jajajajajajaja, mira que jugar con la orejona de mierda xDDDDDDD
Ashley me cae muy mal, como a la mayoría de quienes hemos jugado el Resident Evil 4. Pero igual quise hacer algo por ella en su momento; darle un pequeño momento de placer :P ¿lo conseguí? Es que la tipa me parece una amargada XD le falta un poco de miembro viril, a decir verdad.
Jenni: ¡Qué bueno que te gustó el Leon x Amy, amiga querida! Esos dos me encantan :D y me imagino muchas cosas con ellos xD
Yuna - Tidus - Love: ¡Muchas gracias por tu comentario del cap anterior! :D
Ary: Amiga querida 3 me encanta tenerte por aquí, y más aún si disfrutaste tu capítulo. No puedo escribir Shake sin pensar en ti xD ah, pronto vendrá un pequeño Leonholt XD sé que echas de menos a la alemana loca, y francamente yo también extraño un poco sus locuras jajajajaj. ¡Te adoro!
Scath K Wolff: Como siempre, ¡muchas gracias por leerme! :D
Nicky: ¡Amiga mía de mí! Te adoro muchísimo. Gracias por leerme, y espero que disfrutaras este capítulo que es para ti :D jajajajajaja, la venganza de la orejona de mierda xD jajajajajaja, igual tenemos que hacer nuestra colaboración algún día xD ¡te amo!
¡Nos vemos el próximo domingo!
