LXXXV. El principio del fin.

"Has estado esperando tu día de suerte…

¡Pues aquí está tu día de suerte!"

The Universal- Blur

Con cada paso que daba sentía como se excitaba mucho más.

Llevaba el cuchillo en la mano, atento a cualquier movimiento a su espalda o a su alrededor, no quería que lo tomase desprevenido, pero ansiaba el enfrentamiento. Desde que supo de su existencia lo anhelaba, deseaba por fin estar en frente de la persona que deseaba proteger a Akihiko Usami más que a nada en el mundo.

Este es Misaki, Ijuiin— le dijo Haruhiko cuando se unió a él—. Es la mano derecha de Akihiko. La reina negra. Nadie ha logrado escapar de él con vida.

Ijuiin quería ser el primero… y quería ser quien lo matase.

Cuando entró al despacho sintió como una ráfaga pasaba por su costado deteniendo un filo en su cuello. Sus ojos verdes brillaban en la oscuridad.

Al fin solos, MisakiSonrío antes de encorvar la espalda hacia atrás. Lanzando el cuchillo hacia su pecho. Escuchó como lograba evadir su ataque haciéndose a un lado para intentar colocarse a su espalda, pero leía sus movimientos como un libro.

Esto será muy divertidosusurró empuñando otro cuchillo a su izquierda.


En la entrada principal comenzaban a aglomerarse los autos de la policía. A medida que se iban deteniendo frente al portón de la entrada, Hiroki veía las luces rojas y azules de las patrullas y ambulancias. Había un escuadrón antimotines detrás de ellos e incluso un escuadrón antibombas porque "Nadie sabía lo que los Usami eran capaces de hacer".

Asido de la mano de Nowaki con fuerza, Hiroki sintió que el corazón se le saldría por la garganta. Cuando la patrulla donde iban se detuvo, pensó que se saldría de su pecho y correría a donde Usami no pudiese alcanzarlo; pero colocándose la mano libre tomó respiraciones profundas; tratando de serenarse.

Esta es la última oportunidad pensó Es el final

La mano que le sostenía también trataba de poner freno a su propio nerviosismo. Aunque decidido, Nowaki debía admitir que no sabía con qué precisamente se encontrarían dentro de esa casa. Desconocía las habilidades de Misaki, desconocía el plan de Akihiko Usami, desconocía cómo estaba Hatori o qué tan buenos podían ser los aliados de Haruhiko Usami.

Llevaba un arma a la cintura; solo para protegerse. Estaba decidido a no matar, pero si su vida o la de sus compañeros dependía de un disparo ¿Podría dar ese paso?

Llegamos escuchó a Miyagi en una voz muy seria. Llevaba también chaleco antibalas y su arma de reglamento a la cintura.

Ambos se miraron y enlazaron los dedos con fuerza, no sabiendo si sería la última vez. Y sintió como lentamente la mano de Hiroki se soltó antes de bajar del auto.

Estamos en la entrada dijo Miyagi deteniéndose frente al portal.

Desde aquí prestaremos apoyo en lo que haga falta—. La voz de Shinobu retumbó en sus oídos y eso le tranquilizó. Saberlo en donde podía estar a salvo le daba a Miyagi un poco de consuelo en medio de sus propios nervios. Ni siquiera en sus tiempos con la policía había llevado a cabo un rescate con tal nivel de peligrosidad. Sin querer evitarlo se llevó un cigarrillo a la boca y lo encendió dándole una larga calada antes de tirarlo al suelo.

Muy bien señores ¡A trabajar!exclamó para concentrarse al tiempo que ponía a todos en sus puestos.

Masamune estiraba los brazos y movía el cuello de un lado al otro para destensar los músculos mientras esperaba instrucciones.

Jamás pudo haberse imaginado recibiendo instrucciones de los policías y menos colaborando con ellos, pero aquél espíritu de Nowaki definitivamente lo había contagiado. No era tanto como que necesitaba redimirse igual que él, pero desde hacía un tiempo sentía que Ritsu merecía una mejor vida que estar huyendo y escondiéndose; y él también merecía un poco de normalidad.

Ya no quiero tener miedo susurró para sí mismo mientras se colocaba junto a Nowaki en donde Shinobu les indicó que podían entrar sin ser detectados. Lo miraba temblar un poco mientras apretaba los puños para darse algo de valor. Ninguno de los dos sabía que les deparaba entrar a esa casa. Separó un poco la espada de la vaina con el pulgar y la volvió a envainar.

Vamos a entrar indicó Nowaki dando el primer paso al frente. Y solo le siguió.


Volvió a deslizarse hacia atrás con el cuchillo entre los dientes sin separar sus ojos de aquel verde furioso que intentaba matarle.

Desde que lo había encontrado; Misaki hacía gala de una rapidez casi sobrehumana. Nunca podría imaginarse al entrenamiento al que pudo ser sometido para lograr tal puntería, tal velocidad, tal voracidad.

Todos sus movimientos parecían calculados matemáticamente a gran velocidad. Y eso lejos de asustarle, le excitaba aún más.

Miró el cuchillo de cazador a su mano izquierda. Solo había logrado hacerle un par de rasguños mientras Misaki había alcanzado su pierna derecha y casi lo apuñala en el costado. Lo miraba con curiosidad, pero al mismo tiempo con furia, el hecho de que hubiese venido con Haruhiko Usami representaba que era una amenaza para su amo y eso era una razón válida para exterminarlo.

Oye, Misaki le dijo con una voz rasposa, casi jadeante ¿Por qué alguien como tú se relaciona con Akihiko Usami?

El otro no pareció responderle. No cedía ante sus provocaciones y eso a Ijuuin solo hacía que le pareciera más fascinante.

Ya veo empuñó de nuevo ambos cuchillos en sus manos—. Supongo sacaré las respuestas de tus entrañas.

Y se lanzó de nuevo contra él usando toda la velocidad y el peso de su cuerpo.

Misaki notaba que su oponente era uno de los más rápidos que le había tocado enfrentar, pero su ofensiva era impulsiva y un poco torpe. Parecía ser de esas personas que mataba por puro gusto como Mino—, y sabía que eso le restaba mucho valor a su forma de atacar.

— Matar no es algo que se deba hacer porque sí, Misaki— le dijo Akihiko una vez, cuando se preparaban para exterminar a Fuyuhiko—. Esto es algo que hacemos porque solo así podremos protegernos el uno al otro… solo así nadie se atreverá a separarnos.

En el fondo de sí mismo, Misaki sabía que cargaba con demasiados pecados en su consciencia. Sabía que matar no estaba bien y que si su hermano estuviese vivo estaría muy decepcionado de sus acciones, pero… su debilidad no pudo proteger a Takahiro de aquellos que eran poderosos y por eso, debía proteger a lo único que le quedaba en el mundo. Así estuviesen condenados ambos al infierno.

Observó como Ijuiin volvía a atacarlo de frente con un poco más de velocidad, pero sus movimientos seguían siendo predecibles; como si buscara herirse a propósito.

El filo de su cuchillo intentaba darle de lleno en el flanco derecho, por lo que Misaki se volvió sobre su pierna izquierda y girando sobre su espalda, enterró el filo por completo del suyo en el omóplato. Ijuuin cayó de bruces al suelo, comenzando a perder sangre rápidamente, pero parecía no importarle.

Que divertido decía con una sonrisa de oreja a oreja mientras sacaba el cuchillo de su espalda; lamiéndolo después—. Que divertido, que divertido, que divertido.

Fue la primera vez que Misaki sintió un poco de miedo desde que había comenzado a proteger a Usami. Nunca, ninguna de sus víctimas había mostrado esa expresión de entretenimiento, de fascinación… de locura.

Déjame hacerlo a mi ahorasonrío mostrando las orbes marrones con un brillo violento antes de volver a correr hacia él con el mismo ataque de hacía un rato; pero Misaki volvió a evadirlo girando su pierna, solo que esta vez, en vez de darle la espalda, Ijuuin apareció debajo de él, guiando su puño hacia su barbilla.

Misaki sintió como su mandíbula se contorsionó y la fuerza del impacto lo hizo caer de espaldas sobre la mesa. Algo tiró con fuerza de su brazo hasta incorporarlo y luego un golpe en el estómago que le hizo escupir un poco de sangre y bilis.

Así que también sangras… interesantesu voz rasposa mientras le halaba de los cabellos muy cerca de su rostro le hizo sentir incómodo. Odiaba la cercanía de otros; solo a Akihiko le permitía acercarse a él.

Agitó la mano derecha y clavó una pequeña daga en su hombro, haciendo que lo soltara.

No tanto como tú empezarás a hacerlosentenció limpiándose los labios con el dorso de la mano.

Con una herida en la espalda y una en el hombro; Ijuuin comenzaba a percibir las consecuencias de su impulsividad, pero no quería detenerse. Sentía que había esperado demasiado tiempo por ese encuentro, por tenerlo en frente.

— ¿Por qué te causa tanta curiosidad? — Le preguntó Haruhiko una vez; cuando notó como se quedaba mirando los reportes de Shizukuishi sobre Misaki Takahashi, la reina negra.

— La curiosidad no debe tener siempre una razón de ser, Haruhiko— respondió con simplismo—. Simplemente lo hallo fascinante. Su fachada de amabilidad, su talento para pasar desapercibido pero aun así ser tan valioso para alguien como Akihiko Usami… Como puede estar tan bien oculto que el día que lo quiera puede matar a quien le represente una amenaza sin pensarlo…

Hace que simplemente desee matarlo completó como en aquella ocasión y se volvió hacia él una vez más. Misaki lo esperaba con la daga en una mano y el cuchillo que había recuperado de su hombro en la otra.


Masamune y Nowaki habían logrado entrar a la casa por la parte posterior sin ningún contratiempo y eso era preocupante.

Masamune reconocía que el que esta vez Nowaki se mostrara menos beligerante a llevar un arma le hizo sentirse un poco más tranquilo, pero no sabía si en algún momento sería capaz de disparar. Quería contar con que al menos sería capaz de defenderse a sí mismo o a Hatori si la situación así lo requería.

¿Deberíamos buscar por separado?Nowaki preguntó cauteloso.

No creo que sea una buena idea respondió mirando en todas las direcciones por si percibía algo fuera de lo normal. Si Misaki nos aborda no es una situación que pudiésemos enfrentar por separado si no buscamos matarlo.

Nowaki asintió y ambos siguieron caminando por el largo pasillo que llevaba al despacho, la cocina y la biblioteca. Por un momento se sintieron en un laberinto, sin saber siquiera donde empezar a buscar a Hatori sin encontrarse con Akihiko, Misaki o algún otro enemigo.

Cerca del comedor miraron a una figura apoyada en la pared, esperando.

Ya habías tardado demasiado… Takano.

En medio de las cicatrices en su rostro y su mano aun envuelta en vendas, Masamune sintió la misma llamarada furiosa en las venas que la última vez que lo vio.

Haitani gruñó rabioso. Nowaki se sintió confundido y se interpuso entre los dos.

Nowaki Kusama. Que sepas no eres mi enemigoHaitani le señaló mirándolo a la cara. Pero si insistes en proteger al asesino detrás de ti no me queda más opción que matarte.

Nowaki halló su declaración en exceso arrogante, pero miró como Masamune aceptaba el desafío de Haitani y se colocaba frente a él.

Ve por Hatori le ordenó—. Yo me encargo de él.

Masamune… Nowaki le susurró—. Dijiste que…

Sé lo que dijele miró con irritación—, pero Haitani no va a dejarme pasar y no tenemos tiempo que perder. Ve por Hatori.

Nowaki asintió aun un poco dubitativo y se apartó de los dos.

Saldemos cuentas al fin… Takanomusitó Haitani antes de desenvainar la espada lanzándose hacia él.


Nowaki siguió corriendo sin dirección esperando no encontrar a nadie más que a Hatori.

Comenzaba a sentir que haber ido hasta allí sin conocer exactamente dónde estaba había sido una táctica torpe, pero no contaba con que la casa fuese tan grande y llena de salas.

Recurrió al único recurso que le podía quedar.

Joven Takatsukidijo a la radio en su oídonecesito me ayude a encontrar a Hatori.

— En eso estoy, Nowaki— respondió Shinobu tecleando rápidamente en la computadora y viendo los detectores de calor— Sé cuántas personas hay, pero no sé quiénes son exactamente.

Dígame las salas donde haya solo una o dospidió. Así podría descartar algunas.

— Nowaki, eso es ponerte en riesgo— respondió. No sabemos en cuál de ellas esté Akihiko o Haruhiko Usami.

¡Pero es mejor que seguir buscando al azar!exclamó ya frustrado de no encontrar nadaSabré defenderme… solo dígame.

Shinobu tomó aire.

En el despacho parece haber alguien dijo y en el sótano.

En el sótano repitió Iré allí primero. Gracias.

Ten mucho cuidado, por favor pidió Shinobu en algo que casi fue una súplica.

Nowaki corrió a toda velocidad hacia el sótano mientras empuñaba la pistola en un lugar donde pudiese apuntar de ser necesario. Encontró una puerta entreabierta y una luz tenue encendida. Algo parecía moverse adentro.

Entró con cautela y lo encontró en un rincón. Amarrado a una silla y amordazado. A pesar de su penoso estado seguía con vida y eso le aliviaba un poco.

Cuando comenzó a acercarse, Hatori miraba hacia su espalda aterrado, como advirtiéndole de algo que Nowaki no pudo entender.

Voy a sacarte de aquí susurró, pero cuando comenzó a desatarlo algo se apoyó en la parte posterior de su cabeza, causándole escalofríos.

Bienvenido a la reunión… Nowaki.