LXXXVII. El último de pie
"¿Se alinearán las estrellas?
¿Intervendrá el cielo?
¿Nos salvará de nuestros pecados?
¿Lo hará?
Porque mi casa se mantendrá firme"
Natural- Imagine Dragons
Misaki sentía que comenzaba a perder el tiempo con Ijuiin mientras Akihiko necesitaba de su ayuda.
Comenzaba a cansarse y sus heridas; aunque sentía que no eran graves, comenzaban a restarle velocidad y fuerza. Siempre pensó que gozaba de una gran resistencia, pero no tanta como para perderla con Ijuiin mientras decenas de policías podían entrar en cualquier momento. Y si quería proteger a Usagi, a su Usagi; debía guardar fuerzas para eliminar a tantos policías hiciese falta.
— ¿Ya te cansaste?— preguntó Ijuiin al verlo jadear con los cuchillos en las manos. Él también estaba un poco cansado, pero sabía que no había escapatoria al entrar a esa casa, era matar o morir. Y él sería el último de pie.
— Ya no estoy para perder el tiempo contigo— le respondió Misaki con altivez, moviendo la cabeza hacia ambos lados, soltando la tensión en sus músculos. Ijuiin notó en su voz algo distinto, como si algo que estuviese intentando contener hubiese logrado liberarse.
Misaki sabía que si hacía uso de ese recurso quedaría aún más débil para enfrentarse a la policía, pero estaba dispuesto a sacrificarse. Tenía que hacerlo si quería sacar a Akihiko con vida de esa casa.
Soltó uno de los cuchillos y haciendo acopio de todas las fuerzas que le quedaban corrió hacia Ijuiin, quien solo sonrió divertido.
— Oh, vamos Misaki… ya ese ataque lo he vist-
Ijuiin sintió como un montón de líquido caliente comenzaba a derramarse desde su cuello hacia su pecho, mientras se iba al suelo de rodillas a causa de la debilidad.
Misaki lo vio carcajear mientras se llevaba las manos al cuello, solo para quedarse embobado viéndose las palmas llenas de su sangre que seguía derramándose hasta su torso, empapando el lado derecho de su ropa.
— Eso si me sorprendió— jadeó en un suspiro al caer sobre su espalda— pero no esperaba menos de mi Misaki.
Quizás por morbo, quizás por miedo de que pudiese sobrevivir; Misaki se quedó mirando desde arriba como la herida seguía desangrándose sobre la alfombra del despacho mientras el rostro de Ijuiin con esa enfermiza sonrisa iba perdiendo el color hasta que murió.
Sin cambiar su expresión, salió del despacho rumbo al sótano. Debía advertirle a Akihiko sobre la cantidad de policías afuera y pensar en alguna estrategia para poder salir de la casa vivos y sin que nadie pudiese atraparlos.
Encontró a Sumi hecho un manojo de nervios al salir. Misaki no solo le tenía una inmensa desconfianza, sino que sabía que en el fondo era un cobarde, por mucho que se atreviese a presumir que estaba dispuesto a cualquier cosa por Usagi.
— Debemos salir de aquí— le dijo sin dejar de temblar—. Esto ya se ha vuelto demasiado peligroso ¿has visto cuantos policías nos rodean? No hay forma de que salgamos de aquí si no muertos, o arrestados…. Y yo no puedo ir a la cárcel, Misaki… me harían picadillo.
Misaki lo miraba con indiferencia, casi con asco. Sumi solamente era un niño mimado que veía a Usagi como un capricho, como una manera de rebelarse ante su padre.
— No podemos irnos— susurró guardando uno de los cuchillos en su pantalón para cambiarlo por una pistola automática—. Usagi nos necesita.
— ¡Olvida eso! — Exclamó con expresión desesperada— ¡Estamos rodeados, Misaki! Quizás… si les entregamos a Akihiko nos dejen ir… Eso. Debemos negociar con ellos, darles a Akihiko a cambio de inmunidad total… es a él a quien buscan, nosotros solo somos… víctimas… podemos decir que nos manipuló.
Que Sumi dijese eso le resultó simplemente aberrante y le irritó hasta lo indecible.
— Tu no mereces a Usagi— susurró antes de apuntarle a la cabeza y disparar.
Nowaki tomaba y dejaba salir el aire para mantener sus nervios a raya mientras evadía la mirada de Hatori al no tener ni la más remota idea de cómo liberarlo.
— Deja de hacer eso— le ordenó Hatori en un tono de voz bajo, pero visiblemente irritado—. Estás desesperándome.
Volvió a bajar la mirada sin saber que responder. Akihiko había destruido el micrófono que tenía luego de decirle a Shinobu acerca de la bomba y eso los dejaba prácticamente incomunicados. Pensó en ir por Masamune, pero temía que durante su ausencia Hatori se pusiera peor.
Sentía como le temblaban las manos ante la impotencia de no tener respuestas, de no dar el primer paso, de sentir que había pasado por tantas cosas y perder tanto para estar a punto de morir cuando todo estaba por terminar.
— Nowaki… vete.
— ¿Qué cosa?
— Vete. Déjame aquí— insistió Hatori—. En cierto modo, me lo merezco.
— ¿Por qué dices eso?
— ¡¿Por qué?! — Subió la voz solo un poco antes de contraer el rostro de dolor—. Todo lo que he hecho es alinearme con mis intereses, nunca fui leal a absolutamente nada. He actuado como un cobarde… morir abandonado en esta casa antes de volar en pedazos es el final que merezco. Usami tiene razón.
Nowaki sintió que en medio de su desesperación, que dijera eso le llenaba de rabia ¿Cómo podía rendirse así? ¿Acaso no anhelaba una vida allá afuera?
— ¿Acaso no piensas en que te están esperando? — Hatori desvió la mirada esta vez y ambos se quedaron callados un momento.
Tenemos que salir de aquí— Nowaki rompió el silencio decidido a no entregarse—. Tenemos que volver a casa.
Se sentó frente a él y levantó con cuidado su brazo. Buscando donde podía haber colocado Akihiko el sensor para que pudiera leer su peso y su pulso.
Habia un cable delgado de color verde conectado a una vía en su muñeca izquierda, subía por todo su brazo y bajaba por su espalda hasta la cintura y desde allí se dividía en dos hasta ocultarse debajo del piso donde estaba sentado.
— Debe ser similar a la que colocaron en la oficina de Kirishima cuando murió aquella muchacha— le dijo tratando de entender el mecanismo en el que lo habían enredado—. Tiene que haber un sensor en alguna parte ¿Podrás resistir?
— Me duele todo el cuerpo y posiblemente tenga hemorragias internas ¿Qué clase de pregunta es esa?
— Lo siento, es que necesito moverte un poco… por eso pregunto— le miró compasivo— la munición de la bomba puede estar debajo de ti, por eso el detonador se activaría si te mueves.
— Si me muevo la harás estallar, idiota. He dicho que te vayas.
— Hatori— le miró a los ojos— la única forma de salir de aquí es desarmándola. No me voy a ir sin ti, no te voy a abandonar aquí. Voy a sacarte y volverás a ver a Chiaki. Eso es lo que quieres ¿Cierto?
— Definitivamente eres un idiota— respondió Hatori tratando de ocultar que estaba conmovido.
Shinobu corría de un lado al otro con la noticia de la bomba entre las manos sin saber que había pasado después.
— El micrófono está muerto— le dijo Iida—. Los perdimos en cuanto Usami terminó de hablar.
— Maldición— exclamó apretando las manos con impotencia. No tenía idea del alcance de esa bomba; si además de matar a las personas dentro de la casa, su radio pudiese afectar a quienes estuvieran fuera de ella. Pensó en Nowaki, en Chiaki que esperaba que Hatori volviese sano y salvo, en Masamune y Ritsu, en Hiroki… y en Miyagi.
Tomó el auricular y se lo colocó en el oído. Tenía que advertirles.
Miyagi, perdimos a Nowaki y a Hatori— lamentó—. Usami destruyó el micrófono y no sabemos nada más de la bomba.
— Maldita sea— masculló Miyagi— Alguna información del estado de Hatori.
— no demasiada. Sabemos que está mal, pero no que tanto.
— Shinobu… vamos a tener que entrar— dijo con voz baja—. Es lo único que se me ocurre para sacarlos de allí.
— ¡No! — Exclamó— La bomba. No sabemos… Es peligroso.
— Lo sé, pero es nuestra única oportunidad. Si Akihiko Usami huye aprovechándose de esta situación… jamás podremos atraparlo.
Shinobu sintió como sus uñas arañaron la mesa cuando contrajo las manos. Sabía que no habían otras opciones, pero no dejaba de causarle tanto miedo la posibilidad de que detonara esa bomba con todos adentro; perdiendo a Usami y a Miyagi.
— Está bien— soltó en un suspiro—; prepárense para cercar la casa. Recuerden que la prioridad es extraer a todos con vida.
— Yamazaki, prepare a sus hombres— ordenó Miyagi con firmeza—. Vamos a entrar a la casa.
Masamune sentía que estaba agotado y que de continuar peleando no duraría mucho más. Pero sabía que al tenerlo al frente no había forma de evitar un enfrentamiento.
— Debí matarte cuando pude— espetó Misaki al retraer la corredera del arma. Masamune pudo notar todo su desprecio en medio de su escalofriante estado.
— Eres demasiado seguro— dejó escapar un poco de su arrogancia de antaño mientras preparaba su espada— ¿Qué te hace pensar que me dejaría eliminar tan fácilmente?
Misaki sonrió con mucha más altivez.
— Me gustaría mucho probarte lo contrario, pero no tengo demasiado tiempo— apuntó hacia su cabeza como lo había hecho con Haitani—. Así que esto será rápido.
Disparó, pero a diferencia de Haitani, Masamune pudo evadir el disparo con algo de esfuerzo, consiguiendo que solo le rozara la cabeza, cortándole algunos cabellos.
— ¿Tendrás suficientes balas, Misaki? — Lo provocó antes de colocarse en posición de ataque, aunque en el fondo de sí mismo sabía que no podía prolongar esa pelea por demasiado tiempo; solo el suficiente para que Nowaki encontrase a Hatori y lo pusiera en un lugar seguro.
— Con las que restan alcanzará para eliminarte, traidor— espetó antes de volver a disparar.
Llevaban casi una hora intentando descifrar cómo funcionaba el mecanismo de la bomba que Akihiko había colocado debajo de Hatori y Nowaki luchaba contra su propia ansiedad.
Con cada minuto que pasaba viendo a Hatori resistir sus propias heridas con tal de no desmayarse mientras le ayudaba a encontrar una solución se sentía más y más desesperado.
Hatori trataba de resistir el cansancio y el dolor para concentrar las pocas energías que le quedaban en salir de semejante aprieto. Miraba con toda la atención que podía la vía que salía de su brazo hacia los cables intentando que algo hiciera clic en su cerebro y le revelara una epifanía que les permitiese salir de allí.
Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos un momento. Se sentía tan cansado.
— ¿Hatori? — Nowaki le llamó y solo frunció el ceño en respuesta.
— Dame… solo… dos minutos…— respondió sintiendo como su cuerpo se hacía más ligero, como se iba desvaneciendo. Ya casi no dolía, solo sentía… calma.
Siempre me pregunté cómo sería volver a tener una vida normal— susurró débilmente—. Imaginé que podría volver a estudiar… o retirarme con Chiaki a un pueblo muy lejos de aquí… donde pudiera respirar aire puro… empezar de cero…
Nowaki escuchó pitidos muy cerca de donde estaba el núcleo de la bomba; Hatori había quedado inconsciente.
— ¡Hatori! ¡Hatori!— Nowaki trató de reanimarlo, pero no respondía y su pulso disminuyó hasta casi hacerse imperceptible de no ser por los incesantes pitidos del detonador—. Hatori, por favor ¡Reacciona!
Yoshiyuki sentía que todo en su cuerpo se hacía más liviano a medida que disminuía su dolor. Era como un sueño profundo y reparador donde sabía que no debía preocuparse por nada más que descansar.
Con que así se siente morir ¿eh? — pensó mientras sentía que flotaba.
Recordó su habitación, llena de libros de astronomía que luego sustituyó por libros de anatomía después de conocer el delicado estado de Chiaki. Recordó cuando leía hasta altas horas de la noche, inclusive después que su madre apagaba las luces; con una pequeña linterna bajo las sábanas.
También recordó el día que murió el padre de Chiaki, y las grullas. Revivió la forma en que lo vio llorar desesperado mientras las rompía y decía que no habían podido salvarlo como tampoco podrían sanar su corazón. Y como se había jurado a sí mismo hacer todo lo posible para que estuviese bien.
Luego quedó rodeado de oscuridad y una luz tenue al final de la sala iluminaba solo a una figura que le daba la espalda. A Hatori se le hacía conocida, pero no podía llamarlo o hablar con él, todo su cuerpo se sentía pesado a pesar de estar allí despierto.
— Todavía no, Hatori— le dijo la voz sin volverse a mirarlo— Aun tienes mucho que hacer.
Hatori se sentía decepcionado, quería descansar. Nadie que sintiese el mismo dolor que sentía en ese momento estaría dispuesto a seguir soportándolo; sin embargo recordó que del otro lado Nowaki y Masamune dependían de que se mantuviese vivo, de que resistiera un poco más. Solo así podría enmendar lo poco que les había ayudado.
—Chiaki está esperándome también…— susurró y abrió los ojos lentamente. Nowaki estaba blanco como un papel mientras tomaba su pulso.
— Gracias al cielo— dejó escapar en un suspiro de alivio—. Pensé que te perdíamos.
Junto a él había alguien más con un maletín lleno de herramientas y un casco. Hatori notó que había varios electrodos en su pecho
— Policías…— susurró de nuevo, ya le dolía hasta hablar.
— Si— Nowaki respondió tranquilamente—. Son un escuadrón antiexplosivos. Ellos desarmarán la bomba.
— Que alivio… Qué alivio— susurró antes de cerrar los ojos de nuevo, pero manteniéndose consciente, pues sabía no podía irse aún.
Hiroki entró en la última avanzada, por la puerta principal; junto a varios policías.
Sabía que entrar a la casa no iba a ser sencillo para nadie, no obstante se sintió incluso más tenso cuando Miyagi decidió enviarlo en el último escuadrón, el que le guardaría la espalda y a Yamazaki, quienes iban en las primeras avanzadas por los flancos de la casa.
Notó un auto estacionado afuera, supuso era de Haruhiko Usami. El que no escuchasen más que algunos disparos desde donde estaban significaba que podía ser una trampa y que ambos hermanos habrían decidido aliarse para acabar con toda la policía de una vez por todas.
Cuando entró a la casa apenas había solo algunas luces encendidas. Todo parecía parte de la estrategia de Akihiko Usami para mantenerlos a todos nerviosos y así poder atacarlos por sorpresa, por lo que Hiroki sabía que cada paso debía ser dado cuidadosamente y confiando en sus compañeros, pero sin bajar demasiado la guardia.
Cerca del despacho vio a alguien tirado en el suelo y al acercarse supo que ya el encuentro había cobrado sus primeras víctimas. Con mucho cuidado rodeo el cadáver para poder identificarlo.
— Takatsuki, encontré a alguien— dijo a la radio mientras apuntaba con la linterna al rostro del occiso, sin poder evitar impresionarse.
— ¿Qué encontraste, Kamijô? — Preguntó Shinobu— ¿Quién es?
— De acuerdo a la descripción que nos dio Tsumori es… Haruhiko Usami.
— ¡Kamijô! — le llamó uno de los oficiales desde el despacho— Encontramos a Ijuiin.
Hiroki corrió hacia el despacho con la vaga esperanza de encontrarlo al menos mal herido y que pudiese darle alguna información que les permitiera esclarecer porqué Haruhiko Usami estaba muerto, pero cuando llegó se le erizó la piel mientras apretó más las manos en torno a la pistola para contener los escalofríos.
— Kamijô ¿Qué ocurre? — preguntó Shinobu.
— Ijuiin está muerto, Shinobu… Y Keiichi Sumi también.
— ¿De verdad solo pretendes defenderte hasta que llegué la policía, Takano? — preguntó Misaki mientras se acercaba apuntándole.
Masamune tomó aire haciendo fuerza con las plantas de sus pies para apoyarse en el suelo y tomó el mango de la espada con ambas manos. No estaba dispuesto a renunciar a su vida tampoco, y si tenía que defenderse sin duda lo haría hasta el final.
Misaki le dedicó media sonrisa antes de disparar.
Sus sentidos respondieron y recordando su duro entrenamiento logró desenvainar a tiempo para desviar la bala que fue a dar a la pared tras él. Eso le dio un poco más de confianza, sin embargo sabía que a medida que lo fuese cercando, le costaría más defenderse usando esa técnica.
— Sé que no hay forma de hacerte cambiar de opinión— dijo Masamune tratando de mantenerse firme, mientras sentía como sus piernas comenzaban a flaquear—, pero quizás tu puedes convencerlo de entregarse… están rodeados de policías, Misaki. Es el final.
— ¡No! — Exclamó indignado mientras volvía a disparar— No permitiré que se lo lleven. No lo voy a dejar pudrirse en una cárcel.
La única forma en que nos sacarán de aquí— gruñó entre dientes, como una fiera— es con los pies por delante.
Masamune intentó cubrirse de los disparos con su espada a la mayor velocidad que pudo, pero uno de ellos lo tomó casi desprevenido y al evadirlo la bala partió el filo de la espada casi a la mitad.
— Mierda, mierda, mierda, mierda— bufó buscando con la mirada posibles escondites mientras Misaki se acercaba.
— Se acabó, Takano— lo cercó contra una pared, solo los separaba una brazada—. Te dije que no lo permitiría.
Masamune apretó los puños en torno a la espada. Ya no podría cubrirse de un disparo a esa distancia, ni siquiera estaba seguro si podría responder a tiempo.
— Misaki Takahashi baja el arma, estas rodeado— Miyagi le apuntaba desde la espalda junto a otros policías que les rodeaban.
