LXXXIX. Final

"A todos nos llega el final; sé que no hay excepciones. Sin embargo, Dios mío, a veces el pasillo de la muerte parece tan largo…"

The Green Mile- Stephen King.

Cuando las luces se fueron Nowaki se sintió preso de un terrible presentimiento.

— Ya estoy por terminar— dijo el oficial de explosivos al encender una linterna—. Por favor resista.

— Nowaki…— gimió Hatori— Ve. Ve por Kamijô.

Sintió un débil agarre en la muñeca y la tenue luz de la linterna mostró su expresión de preocupación.

está desquiciado— gimió de nuevo antes de tragar en seco—. Sácalo de aquí.

Lo que le dijo solo hacia su corazonada mucho más fuerte y comenzaba a llenarse de angustia.

— Enviaré a Masamune por ti— le prometió con firmeza antes de levantarse y buscar a Hiroki.


Zen se frotaba las manos incesantemente sin saber cómo dar la noticia al fiscal de distrito.

— Kirishima, hable de una vez. Me pone nervioso— le reprochó el hombre desde el sofá. Estaba sentado en el borde del asiento casi en el aire.

Zen miró hacia Takafumi y hacia un Shinobu frenético en la sala de controles antes de tomar aire.

— Encontramos a su hijo… Aún no sabemos cómo, pero…

No halló como completar la frase. Desde su posición de padre simplemente no pudo.

— Santo cielo— el fiscal pareció entender y se dejó caer en el fondo del mullido sofá mientras se llevaba las manos a la cabeza— ¿Cómo se lo diré a su madre?

Zen no pudo evitar exhalar otro largo suspiro al ver su abatimiento. Por más que Keiichi Sumi fuese un delincuente, darle la noticia a su padre no era algo que pudiese considerar agradable.

— Usami tiene como rehenes aun al Fiscal Miyagi y suponemos que a Kamijô también—Trató de explicar—. Sé que es muy difícil pedirle esto ahora, pero necesito autorización para enviar refuerzos a la casa, de lo contrario…

— Tome los hombres que necesite del escuadrón de policía, Kirishima— le respondió el fiscal mientras enjugaba sus lágrimas— Tire esa casa abajo si es necesario. Yo me entenderé con el gobernador.

Zen agradeció su disposición a ayudar, sin embargo la rabia en su respuesta daba más a entender que era una venganza personal que una misión de rescate.

Traigame a Akihiko Usami, Kirishima— ordenó mirándole a los ojos, estaban inyectados de furia e impotencia—. Vivo o muerto.


Ritsu había decidido alejarse de todos al sentir que ya no había nada más en ese salón que pudiese hacer.

— ¿No tendrá una de esas para mí? — le preguntó a Tsumori al ver al Chiaki dormir plácidamente. Totalmente abstraído de lo que ocurría con Hatori.

— Conociendo a Chiaki como lo conozco, preferiría estar despierto como usted para saber lo que está pasando— respondió Tsumori alcanzándole un vaso con un líquido marrón claro. Cuando Ritsu lo olfateó supo que era alcohol.

beba eso— le instó al verlo dudar de recibirlo—. No es una pastilla, pero surte el mismo efecto.

Ritsu tomó el vaso y lo bebió de un tirón. El líquido le quemó la garganta, pero por alguna extraña razón sentía que podía llevar mejor lo que estaba pasando.

— ¿Tiene usted miedo? — le preguntó mirando al fondo del vaso vacío. Tsumori se sorprendió un poco— Quiero decir ¿Qué pasará después? ¿No le da miedo?

— Después…— permaneció en silencio mientras se servía otro vaso de licor—. Francamente no pensé que llegaría vivo a estas instancias, pero sí. Supongo tengo un poco de ansiedad al no saber qué pasará conmigo…, pero es parte de mi renovada fe por vivir ¿Usted, Onodera? ¿Tiene miedo?

Ritsu soltó una risa irónica por la nariz.

— Es el sentimiento con el que vivo desde que Usami decidió matarme, Doctor— respondió—, pero siempre había tenido alguien que me sostuviese. Es la primera vez que lidio con tanto miedo yo solo.

— Es una mierda— completó Tsumori. Ritsu carcajeó.

— Sin duda lo es—Le alcanzó el vaso de cristal—. Sírvame otro.


Cuando volvieron las luces, Masamune sintió la desesperada necesidad de buscar la salida, pero sabía que no podía irse aun.

Misaki había decidido llevarse a Miyagi y eso solo dejaba en claro una cosa. Estaba dispuesto a ir por todas; y eso eran terribles noticias.

— Terminó de desquiciarse— susurró para sí. Siempre había sentido que en algún lugar de su mente, Akihiko Usami encerraba algo oscuro y desesperado. Mientras sus acciones siempre parecían calculadas con precisión casi matemática, sabía que eso que trataba de mantener a raya solo estaba movido por el miedo a perderlo todo.

"La desesperación lleva a la locura" — recordó que lo dijo una vez e hizo que se preguntase, quizás por primera vez qué tenía en la cabeza cuando decidió unirse a ellos.

Miró su espada, estaba demasiado estropeada luego de pelear con Misaki, no resistiría otro combate. Ni él tampoco.

Escuchó pasos corriendo hacia él y se puso en alerta. Quizás no podría combatir por mucho tiempo, pero daría una buena pelea e incluso ganaría si tenía que. Había prometido volver.

Nowaki se acercó a él desde el pasillo y entendió por su rostro de agitación que ambos habían tenido el mismo presentimiento.

— ¿Qué pasó con Hatori? — fue lo primero que se le ocurrió preguntarle. Tenía que admitir que le preocupaba que muriese de una forma tan humillante después de todo lo que había hecho por redimirse.

— Está bien— contestó Nowaki aliviado, pero visiblemente agitado— Necesito que vayas por él y lo saques de aquí.

— Misaki tiene a Miyagi— le dijo sin aspavientos—. Lo más probable es que tengan a Kamijô también. Terminó de enloquecer, Nowaki.

— Se va a matar y a llevarnos a todos con él— concluyó mirando hacia el segundo piso—. Ve por Hatori y salgan de aquí… yo me encargo del resto.

— ¿Te volviste loco? — Le increpó—. Misaki está con él. No vas a poder solo.

— Con tus heridas tampoco me eres de mucha ayuda— replicó—. Además, es algo que tengo que resolver. Dame tu arma.

— No más Miss Universo— sonrió—. Me agrada.

— Solo es en caso de que algo pase— le miró con reproche—. Ve al sótano. Hatori está allí.

— Regresa vivo— le ordenó antes de irse. Nowaki tomó con firmeza el arma entre las manos.

— Resiste, Hiro— susurró antes de subir las escaleras.


Hiroki trataba de contener el temblor en sus manos enlazándolas con fuerza mientras Usami seguía apuntándole desde el escritorio.

— Esto es una tontería, Usami— le dijo Miyagi desde la puerta. Misaki seguía apuntándole a la espalda— Mataste a tu único boleto de salida. El fiscal de distrito debe querer tu cabeza ahora.

Akihiko miró a Misaki sin entender de qué hablaba.

— No dejaba de molestar— respondió Misaki en voz baja—. Lo siento.

— No importa— Akihiko le sonrió dulcemente—. De igual forma nunca pensé en negociar. Como ya le mencioné todos moriremos aquí.

Se levantó de la silla y les dio la espalda para mirar por la ventana.

— Cuando los Samuráis le fallaban a sus amos solían suicidarse— comenzó en un tono melancólico—. Lo que nadie sabe es que los amos solían suicidarse antes de entregar sus tierras, cuando todos sus guerreros hubiesen perdido. Es un poco deshonroso, porque yo no perdí a mis guerreros, me traicionaron.

— No podría pretender que durara para siempre—. Increpó Hiroki—. Usted no es ningún señor. Es un delincuente.

Akihiko se volvió para mirarlo y le sonrió.

— Delincuente, dice— Sacó del escritorio una botella y sirvió el contenido en un vaso antes de beberlo—. Verás, Hiroki… nacimos en circunstancias diferentes. Las tuyas te hicieron un hombre de ley… las mías… un delincuente.

Verás, tu padre era un hombre de ley, el mío tuvo que adquirir poder para proteger a los suyos… quizás en su momento no lo vi, pero ahora si lo veo— miró a Misaki con expresión dulce—. Si quería conservar junto a mi aquello que me era importante, debía conservar ese poder por todos los medios ¿No es en lo que siempre se ha centrado la humanidad? ¿En proteger lo que le importa? Eres valioso para Nowaki y por eso emprendió esta guerra por protegerte… me desafió porque de otra manera no tendría el poder para cuidar de ti.

— No intentes romantizar esto con verborrea, Usami— intervino Miyagi—. No eres un mártir.

— El desbalance de este mundo no se va a corregir con tus buenas intenciones, Kamijô— dijo Akihiko esta vez sin bajarle la mirada—. Ni con las ganas de Nowaki de redimirse aun después de lo que ha hecho. Esa marca quedará sobre todos ellos para siempre; como los asesinos que me sirvieron. A nadie le va a importar por qué o como intenten resarcirse después.

Hiroki recordó las palabras de Yui;

"Siempre será un asesino"

— En fin— hizo un gesto de la mano como para finalizar su explicación—, no voy a explayarme en explicaciones como un villano de película; mejor a lo que vinimos.

Extendió la mano y Hiroki notó en sus ojos un poco de tristeza, como si tuviese que decirle adiós a algo muy querido y aun no estuviese listo.

Mi padre construyó esta fortaleza por si algún día se veía cercado por la policía— susurró Akihiko con algo de resentimiento—. Lo sé porque yo mismo tuve que ayudarlo a construirla.

— Se acercan más policías— le dijo Misaki.

— Estamos listos— respondió en un tono de voz frío que a Hiroki le causó escalofríos—. Que vengan.


Nowaki corría escaleras arriba cuando escuchó un estruendo en la puerta, seguido de una docena de policías armados hasta los dientes que entraban a la casa y la recorrían.

Por un momento se sintió culpable. Conociendo a Akihiko, estaba seguro que no se rendiría ni que negociaría. Aquello ya se había convertido en una misión suicida y se llevaría a tantos como pudiese.

Se devolvió acercándose a uno de los oficiales.

— Deben volver— le dijo— es peligroso que estén aquí.

— ¿Quién es usted? — Preguntó apuntándole con un arma— ponga las manos donde pueda verlas.

— Mi nombre es Nowaki. Dígale al fiscal Takatsuki que es una locura que entren aquí… Akihiko está dispuesto a morir. No va a negociar.

El oficial le miró confundido y dijo algo al micrófono en la solapa de su uniforme.

— No podemos retroceder— dijo después de unos segundos— tenemos ordenes de entrar.

— Haga caso a este hombre, Nakamura— escuchó a Yamazaki a sus espaldas—. Sea lo que sea que este tramando Usami no es conveniente que hayamos tantos aquí mientras lo descubrimos.

— pero, sargento.

— Ya que están aquí ocúpense de sacar a los heridos y cuidar el perímetro, pero dígale a Iida y a Takatsuki que no sabemos que hay aquí. Y que no es conveniente que envíen más personas a morir.

— Entendido, señor— contestó el oficial antes de repartir a los policías en búsqueda de heridos para sacarlos de allí.

— ¿Ibas a subir? — le preguntó Yamazaki a Nowaki.

— Si— contestó mirando de nuevo al segundo piso—. Deben estar allí.

— ¿Qué pretende?

— Nada bueno— respondió—. No si decidió quedarse aquí.

— iré contigo.

— Es peligroso.

— Soy un oficial de policía, Nowaki— le respondió con altivez mientras le ponía una carga más de balas al arma—. Y no le perdonaré a ese hijo de perra haber matado a mis compañeros. Si cree que muriéndose va a salir de esto no se lo pondré fácil.

— Está bien— suspiró antes de comenzar a subir las escaleras con el corazón en la garganta.


Masamune regresaba del sótano con Hatori a las espaldas y el oficial anti explosivos cuando lo abordaron algunos policías para sacarlos de la casa.

Si el presentimiento que tenía era correcto, no era mucho lo que podía hacer ya, demasiadas personas dentro de la mansión solo representaba más peligro fuese cual fuese el movimiento de Akihiko o Misaki después.

Mirando sus heridas y con un poco de impotencia debió asumir que era más un estorbo que algo que pudiese ser de provecho para sacar a los demás.

Acompañó a los policías a la salida y vio como subían a Hatori en una ambulancia para llevárselo al hospital. Quisieron hacer lo mismo con él, pero se negó. Sentía que hasta el último minuto no podría salir de allí. No hasta que los viera salir con vida y sacar a Akihiko Usami esposado.

Solo así iba a poder quedarse tranquilo.


Nowaki y Yamazaki se acercaban a la oficina en el segundo piso cuando escucharon pasos que corrían por las escaleras rumbo hacia ellos, seguido de explosiones que retumbaban desde los cimientos de la casa.

— Explosivos— susurró Yamazaki— Que el detonador estuviese con Hatori era una distracción para que entráramos. Están en toda la casa.

Nowaki tomó aire antes de apretar con más fuerza el arma y seguir caminando con Yamazaki tras él.

Hiroki escuchó las primeras explosiones y sintió como temblaba la casa con ellos dentro.

— Usaste a Hatori como cebo para emboscarnos— le dijo—. Incluso a tu hermano…

— No espero que entiendas porque estoy haciendo esto, Kamijô— le dijo tomando al rey negro del tablero sobre la mesa—. De todas formas, los muertos no deben entender nada.

Otra explosión, cerca de ellos volvió a retumbar en sus oídos cuando escuchó que corrían hacia la puerta de la oficina. Hiroki arriesgo todo siguiendo la corazonada que sintió en ese momento.

— ¡Nowaki estoy aquí! — gritó con todas sus fuerzas y espero que fuese él quien estuviera buscándolo. Nowaki abrió la puerta a empujones.

— Por favor deténgase—trató de negociar con él apenas entró. Apelando a su humanidad, si le quedaba alguna—. Esto es una locura.

— Entrégate, Usami— dijo Miyagi—. Podremos darte un juicio justo. Aún puedes resarcir esto.

— ¿Resarcirme? — Preguntó incrédulo— ¿Mientras me pudro en una cárcel? Prefiero verlos a todos muertos.

Estiró la mano para apretar el botón del ultimo detonador cuando un disparo atravesó su pecho desde su espalda, haciéndolo caer de bruces sobre el escritorio.

— ¡USAGI! — el grito desgarrador de Misaki se calaría en los huesos de Hiroki desde entonces.

Sintió como alguien se lanzaba sobre él y en medio de la confusión escuchó gritos, vidrios rompiéndose y el estruendoso sonido de unas aspas cerca de la ventana.

— ¡Salgan de aquí rápido! — escuchó que Miyagi ordenaba mientras más policías entraban por la ventana desde el techo para sacarlos. No pudo volverse a mirar con atención, pero logró ver la mano de Misaki extendiéndose hacia el rostro inerte de Akihiko Usami que tendía sin vida sobre el escritorio.

Casi en piloto automático corrió por el pasillo hasta la terraza, donde lograron sacarlos en helicóptero antes de que la casa colapsara. Agradeció al cielo que durante su escape Nowaki permaneció a su lado todo el tiempo.

— Salimos— susurró levantando las manos para cerrarlas sobre su espalda, abrazándolo con fuerza—. Salimos vivos.

— Lo logramos, Hiro— le abrazó de vuelta, aunque Hiroki escuchó la tristeza en su voz.

Los minutos que duró el viaje de regreso fueron muy confusos para Hiroki. Con la muerte de Akihiko Usami sentía que todo había terminado, pero la persona responsable de tantas tragedias se había salido con la suya. Al morir, ninguno de los Usami enfrentaría a la justicia por lo que hizo, sino que lo harían Nowaki, Masamune y Hatori; precisamente quienes habían ayudado a la policía a desenmascararlo.

Hiroki se miró las palmas de las manos y se sintió lleno de impotencia. Como si el plan de Akihiko hubiese sido siempre ese; morirse para no pagar las consecuencias de sus actos.

— No has dicho nada desde que salimos— Miyagi se sentó frente a él mientras esperaban el alta en el hospital.

— Todo fue… demasiado rápido— masculló.

— Fue un error de los francotiradores— Miyagi respondió también un poco desalentado—, mañana lanzarán una disculpa oficial desde la comisaría, pero nada me saca de la cabeza que…

Hiroki asintió entendiendo perfectamente lo que quiso decir.

— ¿Takahashi? — preguntó. Miyagi negó con la cabeza.

— Hizo lo mismo que Kisa— dijo en un suspiro—. Cuando lo atraparon se necesitaron varios policías para contenerlo y en medio de la confusión… se inyecto algo con una jeringa. Pensé que podía ser una trampa como cuando me atraparon, pero no. Lo declararon sin signos vitales cuando llegamos.

— Al final logró lo que quería— Hiroki dejó salir sin contener la rabia—. Al final no pagará por nada de lo que hizo.

— Kamijô… la documentación que tenemos es suficiente para destituir a mucha gente que colaboraba con él. Y a desmantelar muchas cosas, y a resolver cientos de otros casos que… permitirán a muchas familias por fin descansar; los padres de An, por ejemplo.

Hiroki volvió de nuevo a mirar las palmas de sus manos.

Entiendo cómo te sientes— Miyagi colocó la palma en su hombro—, sin embargo. Nuestro trabajo no termina con la muerte de Akihiko Usami, ni con el cierre de este caso. Nuestro trabajo apenas empieza, Kamijô.

Señalo a Nowaki que estaba en la ventana dándoles la espalda.

Tenemos tres personas vivas a las que hay que devolverles su libertad. Ese es nuestro caso ahora.

Por fin logro que Hiroki levantara la mirada hacia él.

— Gracias, Miyagi— dijo con media sonrisa.

— Llamaré a Shinobu— le dijo al levantarse—. Tú puedes encargarte de tu caso desde ahora.

Con un poco de timidez, Hiroki se fue acercando a la ventana.

— Comienza a preocuparme un poco que nuestros encuentros terminen siempre en un hospital, Nowaki— dijo intentando relajar el ambiente. Nowaki lucía triste.

— Hasta el último momento estuvo dispuesto a matarnos— murmuró con pesar—, pensé que cambiaría, que reflexionaría… soy un tonto.

— Tener fe en las personas no te hace ningún tonto, Nowaki. Si no hubieses tenido fe en mí ese día que te conocí no estaríamos aquí. Tu obstinación y tu fe fue lo que hizo que Kô encontrase la respuesta, incluso Hatori decidió ayudarnos porque creíste en él.

Nowaki dejó escapar un suspiro.

También estoy enojado porque siento que Akihiko Usami se fue sin hacerse responsable de todo el mal que causó, pero ahora hay cosas más importantes.

— ¿Cosas más importantes? — Preguntó— ¿Cómo cuáles?

— La recuperación de Hatori, tu libertad y…— Hiroki titubeó un poco— Nuestro… futuro— añadió en voz baja mientras comenzaba a sonrojarse. Nowaki no pudo evitar sonreír.

— Nuestro futuro— repitió tomando su mano—. Espero no incluya más visitas al hospital.

Ambos comenzaron a reír en voz baja.