XC. Una pesada carga sobre sus hombros
"Y si sucumbo, acude a mí con tu brazo fuerte.
¡Y dame la paz, y dame la guerra!"
Hacia la paz interior- Rabinadrath Tagore
Cuando confirmaron la muerte de Akihiko Usami, Kirishima se sintió muy extraño.
— Felicidades, Kirishima— sintió que le palmearon el hombro—. Esto le hará mucho bien a su carrera.
Sintió como su pecho se llenaba de un vacío inexplicable. Aquello no había sido una victoria, y si lo había sido, no se sentía como una.
No sentía algarabía u orgullo. Ni siquiera la sensación de haber hecho justicia. Solo… vacío.
Miró hacia la mesa de la sala. Había un tablero de ajedrez. Enfoco la vista en el rey blanco.
— Entonces así se siente ganar la guerra— susurró.
— ¿Dijo usted algo? — le preguntó el gobernador quien apenas escuchó que Akihiko Usami había sido abatido en un operativo policial; se acercó a la casa de Shinobu antes de que llegaran los periodistas o inclusive los mismos policías que habían participado en el operativo.
— No, solo pensé en voz alta— respondió sin relajar la expresión.
— Bueno— le dijo el gobernador aun dudando de su respuesta—. El fiscal de distrito y yo necesitamos reunirnos con usted antes de… de que se cierren las investigaciones.
— Está bien— respondió Zen—. Déjeme llamar a Takatsuki y-
El gobernador le interrumpió con un gesto de la mano.
— Preferiría que no— comentó en voz baja—. Lo que quiero conversar con usted debe hacerse en privado. Ya después pondremos al tanto a los fiscales.
La sospecha de que algo muy raro estaba ocurriendo se anidó en el corazón de Zen, pero solo siguió al gobernador y al fiscal de distrito hacia una sala apartada del resto.
Cuando Takafumi intento entrar, uno de los escoltas del gobernador le impidió el paso.
— Señor gobernador— dijo en un tono un poco altivo—. Yokozawa es alguien de mi entera confianza y me ha salvado la vida en varias ocasiones. Si tiene algo que decirme, él también puede escucharlo.
El gobernador hizo un gesto con la mano y el hombre lo dejó entrar antes de cerrar la puerta.
— Tenemos entendido que Akihiko Usami resultó abatido en la operación de rescate del Fiscal Miyagi y del Fiscal Kamijô ¿Es eso correcto?
—Si— respondió Kirishima—. Sin embargo creo que puede haber algo más aquí. Propongo investigar más a fondo lo que pasó… No recuerdo que a nadie se le diese la orden de disparar. Y menos que se hayan autorizado francotiradores para este operativo.
— Kirishima— comenzó el gobernador— ¿a usted le interesa la política?
— No entiendo a qué se refiere.
— La política— insistió— ¿Aspira usted a algún cargo público? ¿Juez de la suprema corte? ¿Senador? ¿Ministro, quizás?
— Por supuesto— respondió Zen—. Desde que entré a la universidad he querido trabajar por la gente, pero no entiendo dónde cabe eso en este caso.
— Tiene mucho que ver— dijo mirándolo a la cara—. La política en este país depende en gran manera de cómo nos ve la comunidad. De cómo somos un reflejo de esta; de cómo funcionamos en unidad con rectitud y disciplina. Y Akihiko Usami es un símbolo de todo lo que está mal en el sistema.
— Precisamente por eso debíamos capturarlo vivo, señor— respondió Zen—. Que haya muerto representa un fracaso. No va a presentarse ante la justicia, no va a responder por sus actos; no va a-
— ¿Sabe usted cuantos funcionarios del gobierno se verían perjudicados si Akihiko Usami hubiese testificado en un juicio público? — Preguntó el gobernador—. La prensa nos comería vivos. El fracaso de nuestras políticas anticorrupción serían cuestionados duramente. Para la nación nos convertiríamos en un chiste.
— ¿Está usted diciéndome qué todo esto debe morir en cuanto entregue el cadáver de Usami a la morgue? — Preguntó incrédulo antes de mirar al fiscal de distrito—. No puede estar hablándome en serio.
— Kirishima— intervino por primera vez el fiscal de distrito—. Tu visión del mundo es la misma que tenían Kamijô y el Juez Takatsuki en su época más productiva ¿Sabes dónde están ahora? Muertos.
— ¡Pero no tiene sentido! — Exclamó furioso— Se supone que todo este caso representaría que depuraríamos el sistema. Que toda esta maraña de corrupción terminaría… que podríamos hacerle justicia a la gente. Hiroki Kamijô y Shinobu Takatsuki esperan justicia por sus padres.
— Y la tendrán— dijo el gobernador—, solo que de una forma más… discreta.
— Usted no puede pedirme que guarde silencio al respecto y que entierre todo esto con el cuerpo de Usami para que unos cuantos nombres no se vean manchados. Es obstrucción de la justicia.
— ¿Quién quiere justicia para la lacra de Akihiko Usami, Kirishima? — Preguntó el fiscal de distrito.
— Yo la quiero— respondió Zen levantándose de la mesa—. Quiero saber en qué punto del trayecto elegimos matarlo en lugar de darle un juicio y que cayera quien tuviese que caer.
— ¿Elegimos matarlo? — preguntó el gobernador.
—Si— insistió Kirishima—. Porque lo que me piden y la muerte de Usami se me hacen demasiadas casualidades juntas.
— Cuidado con tus conclusiones, Kirishima— le dijo el fiscal de distrito, aunque Zen lo sintió como una amenaza.
—Kirishima— intervino el gobernador tratando de calmar las aguas—. El sujeto era un delincuente y nadie va a llorar por un delincuente o preguntar quién lo mató o porqué. Déjale ese trabajo a los conspiradores de internet. El nuestro es preservar la seguridad de este país; aunque eso incluya cubrir unas cuantas espaldas que se retirarán del poder sin mayor escándalo.
Zen sintió que la bilis se le acumulaba en la garganta del asco.
— Imposible—. Respondió decidido—. No haré eso.
El gobernador suspiró reclinándose en la silla. Por un momento Zen pensó que sacaría un arma de su espalda y lo mataría.
— Hablemos de los hombres de Usami que colaboraron con el caso—. Dijo mirándolo— Takano, Hatori y Kusama ¿son sus nombres cierto?
De nuevo Zen sintió como el estómago se le apretaba en un nudo.
— Si— contestó.
— Bien— y asuntos internos nos habló de una acusación muy delicada que hizo la esposa del fiscal en torno a Miyagi y a Takatsuki teniendo una relación… mucho más estrecha de lo socialmente aceptable.
Zen sintió que lo habían arrinconado. Por un lado estaba su deseo de hacer justicia, de hacer las cosas correctamente como sus mentores le habían enseñado y en el otro, las carreras y las vidas de personas cuyo único error había sido no ser socialmente aceptables.
— ¿qué quiere? — preguntó Zen sentándose de nuevo en la mesa.
— No estoy diciéndote que los vínculos de altos funcionarios con Usami serán dejados así sin castigar; nada más lejos de la verdad. Solo que serán enfrentados de manera discreta, sin escándalos que pudiesen llegar a la gente y afectar el orden público—. Le dijo el gobernador en una posición más conciliadora—. A cambio, pues… los hombres de Usami tendrán condenas más flexibles y sus identidades, junto con la relación de Miyagi con Takatsuki serán mantenidas en la más absoluta discreción sin que eso afecte sus prominentes carreras en la fiscalía.
Zen se llevó las manos al rostro, peinándose los cabellos hacia atrás sin saber cómo reaccionar.
— Kirishima— le dijo el fiscal de distrito—. Sabemos que es un hombre honesto e intachable en su proceder. Pero al mismo tiempo es sensato y conoce como funciona este sistema. Puede convertirse en el próximo fiscal de distrito y cambiar el sistema desde adentro o puede arruinar tantas carreras en este momento incluyendo la suya. Usted decide.
— Dos meses— dijo Kirishima—. En dos meses todos los colaboradores de Usami deben ser destituidos o retirarse. De lo contario reabriré la investigación.
El fiscal estuvo a punto de hablar, pero el gobernador lo interrumpió.
— Muy bien— asintió— ¿Algo más?
— Kamijô debe poder visitar a Kusama en la cárcel cada vez que quiera. Y el asunto de Miyagi debe desaparecer por completo.
— De acuerdo.
— Y otra cosa— añadió Zen— la información de Hatori, Takano y Kusama no debe ser revelada al público. Este asunto se muere con Akihiko y Haruhiko Usami.
— Está bien, Kirishima— el gobernador se levantó del asiento y le extendió la mano—. Tenemos un pacto.
Zen se la estrechó de vuelta, sintiéndose asqueado; pero al mismo tiempo sabiendo que no podría haber sido de otra forma.
— Muy bien— sonrió el gobernador—. Veamos entonces a la prensa y condecoremos a algunos oficiales.
Salió de la oficina seguido de sus escoltas y el fiscal de distrito, que no dejó de mirar a Kirishima como si su tortura solo acabara de empezar.
— Debes estar tan avergonzado de mí en este momento— susurró en cuanto se quedó a solas con Takafumi—. Y no te lo reprocho. No tengo cara para verme en el espejo.
— Eres muy duro contigo mismo— respondió Takafumi—. Hiciste todo lo que podías hacer. Lamentablemente es un sistema que ya está infectado; no puede cambiarse de la noche a la mañana.
— Y por eso me he hecho parte de él infectándome también.
— ¿sabes lo que puedes hacer en lugar de seguir lamentándote?
— ¿Qué?
— Toma esta oportunidad y úsala en su contra— colocó la palma en su hombro y le miró a los ojos—. Sé la cura, Zen.
Kirishima le sonrió un poco.
— Cada vez que dices mi nombre me ganas—. Apoyó su mano en las suyas—. Promete que me acompañarás, porque si pretendemos hacer esto, me quedaré muy solo.
— Aquí me tendrás siempre que me necesites—. Le sonrió.
— Vamos a llamarlos—. Se levantó de la mesa—. Necesito darles instrucciones.
Salió de la oficina con Takafumi detrás de él. Y sintió que llevaba una enorme carga sobre los hombros, pero con la certeza de que a la larga, sería el clavo en la tumba del sistema que había permitido a la corporación Usami controlarlo a su voluntad.
