XCI. Siempre volveré a donde estés.

"Los hombres son crueles, pero el hombre es bueno"

Rabinadrath Tagore

En medio de investigaciones, ruedas de prensa y la mayor cantidad de papeleo que Hiroki había hecho en su vida, pasaron dos meses.

Habían días que sentía aún el ajetreo de la investigación, habían otros que se sentía muy lejana, y otros en los que la nostalgia le hacía sentirse más agradecido que nunca de estar vivo y de poder contar lo que había pasado.

En un principio, todo en torno al operativo en la mansión Usami estuvo lleno de misterio y hermetismo. Más de una vez observó a Miyagi tirar el teléfono con furia por la ausencia de un reporte que pudiera acelerar las investigaciones y por fin cerrar el caso. Incluso se atrevió a pensar que el mismo sistema obstruía la investigación para que no salieran a la luz todos los nombres de los colaboradores de Usami en altos cargos públicos e incluso en el gobierno.

Luego de salir del hospital, Kirishima les pidió reunirse antes de hacer cualquier otra cosa, inclusive ir a sus casas. Hiroki halló aquella conversación muy extraña, Zen les pidió reservarse cierta información con respecto al hijo del fiscal de distrito en consideración con las facilidades que éste les había ofrecido para atrapar a Akihiko Usami. De esa manera, en ningún informe se pudo mencionar la relación entre Seiichi Sumi y la corporación Usami.

Incluso el reporte forense de Usami y Takahashi se sintió algo escueto. Hiroki nunca supo el nombre del francotirador que había disparado ni a que precinto pertenecía. Y cuando intentó obtener esa información a fines de agregarla a la investigación, le dijeron que era secreto de estado y no podían otorgárselo.

Una semana después del operativo; el fiscal de distrito anunció su retiro. Y el nombre de Kirishima se asomó como fuerte candidato para reemplazarlo, en vez de seguir con su carrera en la magistratura. Miyagi estuvo de mal humor casi quince días a causa de las sospechas; y el mismo Hiroki debió admitir que su relación con él quedó bastante estropeada después de eso.

Luego hubo cartas de felicitación y reconocimientos por montones. Desde y hacia la policía, el gobernador, el ministerio de justicia, la fiscalía general e inclusive desde el despacho de asuntos nacionales del primer ministro. Hiroki habría cambiado todas las felicitaciones y reconocimientos por un perdón total hacia Nowaki; pero sabía que eso no podía ser. Y era lo que más le causaba angustia e impotencia.

Porque a pesar del misterio, del secretismo y de los pactos; igual Masamune Takano, Yoshiyuki Hatori y Nowaki Kusama debían ir a la cárcel por sus vínculos con Akihiko Usami.

Lo único que pudo prometerle Kirishima fue no ventilar información sobre sus nombres y su apariencia luego de cumplir condena en nombre de un "acuerdo" que tenía con el gobernador. Hiroki se llenó de rabia, porque sintió de repente que todo lo que había hecho, que casi dar la vida para acabar con todos sus vínculos y cumplir con su trabajo había sido en vano. Y a cambio de no armar un escándalo, le dieron el beneficio de visitarlo cuando quisiera y estar juntos hasta que el día llegara. Al ver la expresión de Ritsu luego de aquella reunión, supo que no estaba solo.

De hecho, contra todo pronóstico; Hiroki y Ritsu habían entablado una buena amistad y se reunían de vez en cuando para charlar de libros. Más de una vez en confidencia, Ritsu compartió con él la frustración que le causaba el saber que aún después de muerto, la influencia de Usami y sus negocios turbios solo debía permanecer silenciada para no incomodar a los poderosos.

— Me va a perdonar, Kamijô— dijo en una ocasión—, pero a veces pareciera que nadie quería que Usami fuese descubierto y pretenden enterrar todo esto con él.

Hiroki sabía que no solo Ritsu, sino Miyagi y el mismo Shinobu también lo sentían así. Y lo peor de todo, era tener que conformarse con lo que pudieron lograr.

Sin embargo, en medio del sabor agridulce de su trabajo; Hiroki encontraba en Nowaki un lugar donde sentirse acompañado y en paz. Al principio le preocupaba que en medio de la carrera contra el tiempo la ansiedad y la tristeza le ganasen, pero cada día resultaba un nuevo descubrimiento que les permitía acercarse más y reafirmar su decisión de que estar juntos había sido siempre la decisión correcta.

Le causaba mucha incomodidad preguntarle acerca de sus sentimientos con respecto a cómo terminaron las cosas y sentía que no valía la pena llenar el tiempo juntos con desazón o amargura. Sin embargo, el día menos esperado, Nowaki le abrió su corazón dejando salir sus preocupaciones con respecto al futuro.

— Creo que lo que más voy a extrañar será esa cabaña en el mar— dijo en un suspiro, como quien piensa en voz alta—; eso y la calidez de tu mano entre las mías cuando duermes.

Hiroki tuvo que morderse el labio para no llorar. Y el fin de semana siguiente lo llevó al mar, a esa cabaña donde hicieron el amor por primera vez.

Los días se le hicieron mucho más rápidos a Hiroki a partir del momento en que su separación de Nowaki se materializó con una fecha. Desde entonces pasaba menos tiempo en la oficina y más a su lado en casa. Leyendo o conversando; aunque fueran monólogos de Hiroki casi todo el tiempo mientras un atento Nowaki se maravillaba de todo lo que había visto y leído.

La última noche que estuvieron juntos, Hiroki no supo que decir. No quiso llenar los silencios de promesas huecas o de llantos incesantes; solo se acunó en su pecho y cerró los ojos para quemarse a fuego en la memoria la calidez de su piel, el ritmo de su corazón y el compás de su respiración para que no le hiciese tanta falta cuando ya no estuviese.

Nowaki hizo lo mismo al estrecharlo durante toda la noche, aunque ambos no pudiesen dormir.

La mañana que lo recibirían en recinto penitenciario se sintió como una roca enorme y pesada en la espalda de Hiroki. Con el rostro tenso subió al auto junto a Yamazaki y Miyagi, quienes debían acompañarlo durante su ingreso.

Todo el camino desde el tribunal, fueron tomados de la mano; como aquel día antes de entrar a la mansión. De vez en cuando lo sentía temblar, pero al enlazar sus dedos el sentimiento pasaba; como reafirmando que pasara lo que pasara estarían allí para sostenerse.

Escuchó sin prestar demasiada atención como el día anterior le había correspondido a Shinobu acompañar a Takano; y como Ritsu se apretaba las manos para no llorar antes de fracasar estrepitosamente en el estacionamiento al despedirse.

— Mañana debemos traer a Hatori— dijo sin apartar la vista del camino—. Intentamos ocultarlo de Yoshino, pero igual se enteró y no han salido de su habitación desde hace un par de días. La parte buena es que nunca habíamos escuchado a alguien reír tanto.

Hatori se recuperó rápido de sus heridas, pero el impacto emocional todavía era visible cuando permanecía en silencio por horas o admitía con un poco de vergüenza que le faltaba el aliento o no podía dormir a causa de las pesadillas. Tsumori diagnostico síndrome postraumático y Hiroki pensó que no había motivo para juzgarlo, pues todos sufrían un poco de eso.

— Llegamos— anunció Miyagi en un tono de voz compasivo—. Debes despedirte aquí, Kamijô.

Miró sus ojos y se sumergió en el azul que solía darle tanta paz antes de bajar del auto. Ambos quedaron frente a frente y más que hablar, trataron de imprimirse en la retina cada detalle del aspecto del otro para recordarse como en ese instante, con ese mismo amor, con esa misma intensidad.

— Avancemos para darles algo de espacio— le dijo Miyagi a Yamazaki y se movieron unos cuantos metros. Lo suficiente para que pudiesen hablar.

— Te amo— dijo Nowaki sin lograr contener el quiebre en su voz—. Gracias por todo lo que hiciste por mí.

Hiroki no quiso hablar, porque sabía que si lo hacía lo arruinaría. Rompería a llorar y le suplicaría que no se fuera, que se montara en ese auto y huyera a su lado o alguna otra tontería.

Solo apretó sus manos, tan fuerte como pudo y se mordió el labio para no llorar. Pero igualmente sintió las lágrimas en sus mejillas.

— No llores, Hiro— le dijo enjugándole las lágrimas con los dedos—. O no podré dejarte.

Hiroki sentía como el labio inferior le temblaba y sin poder contenerse se echó a llorar abrazándolo mientras se le iba la vida en ello.

Y todos sus recuerdos juntos pasaron por su memoria con vívido detalle. Desde aquella noche en el bar, hasta aquel día en la mansión cuando se arrojó sobre el para salvarle la vida.

— Te… amo— sollozó—. Vuelve a casa pronto.

— Siempre volveré a donde Hiro esté—. Sonrió y Hiroki notó como había lágrimas en sus ojos también.

— Nowaki, debemos irnos ya— dijo Yamazaki al acercarse. Hiroki se separó de él lentamente.

Debo ponerte esto también— enseñó unas esposas y luego miró a Hiroki con algo de pena—. Lo…

— No te preocupes, Yamazaki— Nowaki asintió extendiéndole las muñecas para que lo esposaran.

Mientras se lo llevaban, Hiroki sentía que no podía moverse o hablar. Algo le estrangulaba el corazón en un nudo tan apretado; que las pocas fuerzas que logró reunir solo le alcanzaron para abrir la boca y gritar desde lo más hondo del pecho.

— ¡Nowaki! — la garganta le ardía y las lágrimas corrían por su rostro— ¡Te esperaré! ¡Así sean años o toda la vida! ¡Juro que voy a esperar!

Sentía el corazón latiéndole en la sien cuando Nowaki se volvió a mirarle con una enorme sonrisa.

"Siempre volveré a donde estés…"

Fin.