Estar de vuelta en casa era lo único agradable para Elisa dada la actual situación. Había llegado la tarde anterior, y cuando su padre regresó a casa unas horas después, se llevó una buena sorpresa al encontrarse ahí a su hija, quien tomando un poco del chocolate que éste había preparado, le explicó los motivos por los que había decidido ir a visitarle. Alfonso, por su parte, la miraba con expresión cada vez más seria según iba contando su historia, y una vez lo hubo finalizado, le dijo:
- Elisa, si esta mañana te he dicho que tuvieras mucho cuidado, ahora te lo digo con más motivo incluso que antes. Te has expuesto de forma inconsciente a un gran peligro, y por mucho que me duela decir esto, creo que lo mejor sería que te fueras de aquí, de España. Si ese hombre sospecha de ti y de lo que has visto, tarde o temprano dará contigo y no me gustaría que te hiciera nada malo.
Elisa suspiró recordando las palabras pronunciadas por su padre, y frunció el ceño al recordar que su respuesta ante ese breve sermón tan solo habían sido varios "No te preocupes" y "Estaré bien, ya lo verás". Pero lo cierto es que no podía negar que algo de lo que había dicho su padre le estaba dando que pensar, lo de irse fuera de España en el fondo no era una posibilidad que se pudiera descartar… sin embargo, con las fronteras cerradas, llevarla a cabo resultaría por el momento, de lo más complicado. Igualmente, comunicarse con el exterior también estaba siendo muy difícil, y si tampoco quería llamar la atención del Ministerio, consideró que lo mejor sería iniciar su investigación de manera poco convencional, al menos para un mago o bruja. De esa manera, se dirigió hacia el teléfono que descansaba sobre una de las mesas del salón, pensando en la única persona que podía ayudarla en una situación semejante.
Tras hablar con la operadora, ésta pasó su llamada a la persona que había solicitado, y apenas unos segundos después, pudo oír a través del auricular una voz más que conocida.
- ¿Elisa? ¿Eres tú? - preguntó extrañado su contacto.
- Sí, Marcos, soy yo.
- Vaya, ¡esto sí que es una sorpresa! - exclamó él- Aunque sospecho que no me has llamado para charlar sobre los últimos tiempos, ¿me equivoco?
- Pues me temo que no- contestó Elisa- la verdad es que necesito que hagas algo por mi, un favor.
- Por curiosidad, ¿esto tiene que ver con lo sucedido en el Ministerio?
Elisa suspiró, conocía a Marcos lo suficientemente bien como para saber que no era ningún tonto, a pesar de lo que otra gente pudiera pensar de él. Muchos magos y brujas se extrañaban de ver a un sinpo (gente nacida en el seno de familias mágicas, pero sin poderes) decidiendo vivir como si fuera un normalis más, trabajando en dicho mundo en lugar de hacerlo en el suyo propio. Pero Marcos, quien se había casado con una normalis, consideró que lo mejor sería hacer su vida de esa forma junto con su esposa. Sin embargo, eso no impedía que se enterase de todas y cada una de las noticias que afectaban al mundo mágico, y dado que trabajaba para el correos normalis, Elisa pudo contar con su ayuda en situaciones críticas, haciendo llegar cartas con información de gran relevancia a sus destinarios, todos magos y brujas, sin ningún percance. Por ello había pensado una vez más en él para ayudarla, pues no solo era eficiente en su trabajo, sino también de confianza.
- Marcos- le dijo Elisa al fin- tengo que pedirte un favor.
- Sí, eso ya me lo imaginaba… ¿Qué se supone que tengo que hacer?
- Enviar unas cartas al Ministerio de Magia de Francia, ¿sería eso posible?
- ¿Hace acaso falta que lo preguntes? ¡Pues claro que sí! - exclamó Marcos- Pero, ya sabes que todo tiene un precio, y ahora con todo lo que está pasando, en fin, tendrás que ofrecerme algo bueno a cambio.
Elisa sabía que Marcos iba a pedirle lo mismo de siempre: secretos. No dinero ni nada por el estilo, sino información referente a su misión o relacionada con el Ministerio. Ella no sabía exactamente como usaba luego todo lo que le contaba, pero teniendo en cuenta lo astuto que podía llegar a ser, no le sorprendía que luego Marcos la vendiera cara a ciertas personas. Lo curioso es que nunca se había metido en problemas por ello, y lo que es más, nunca había comprometido la confidencialidad de sus informantes, por lo que Elisa suponía que sabía elegir bien a quien venderle todo lo que decían a él.
- Sí- le respondió ella al fin- soy consciente de ello, y no te preocupes, te puedo contar un par de cosas que seguro que te parecerán… interesantes.
- Bien, pues siendo así, entonces hay trato. ¿Dónde y cuándo nos vemos?
- ¿Aún estás en Barcelona? Es que casualmente estoy en la ciudad, así que si te parece podíamos vernos mañana por la mañana.
- ¡Fantástico! ¿Nos vemos en el Gato Tuerto a las 11?
- Perfecto, ahí estaré.
Y dicho eso, Elisa colgó el aparato, y sin perder más tiempo, se dirigió a su habitación en busca de papel, pluma y tinta.
Su reloj de pulsera casi marcaba la hora acordada. Era el favorito de Elisa, su padre se lo había regalado hacía unos años por su cumpleaños y siempre lo llevaba consigo. En esos momentos Elisa lo miraba cada pocos segundos, al tiempo que observaba a su alrededor, buscando entre los rostros de la gente el de Marcos.
De repente, notó como una mano se posaba en su hombro sobresaltándola, y antes de que se diera cuenta, Marcos se sentaba en la silla de al lado.
- Vaya, esto está a rebosar como siempre ¿verdad?
- Pues sí- dijo Elisa incapaz de contestar otras cosa, al tiempo que trataba de tranquilizar los fuertes latidos de su pecho, casi le da una taquicardia.
- ¡Oh! Pareces un poco nerviosa, ¿te he asustado?
- Me gustaría decir que no, pero con todo este ruido y que de por si eres más silencioso que un muerto…- le contestó Elisa poniendo los ojos en blanco al tiempo que Marcos lanzaba una fuerte risotada.
- Menos mal que uno de los lemas del Ministerio es "siempre alerta"- contestó Marcos sonriendo socarronamente. - Por cierto, hay algo que quieres darme, ¿cierto?
Elisa, entonces, sacó rápidamente un sobre el cual su compañero agarró con la misma velocidad y se lo metió dentro de su abrigo.
- Bien- dijo Marcos- y ahora, ¿qué tienes para mi?
Elisa le miró seriamente, y tomando aire, le dijo:
- El cierre de las fronteras, la decisión para llevarlo a cabo ha sido cosa de los altos mandos, ninguno sabíamos nada más…
- ¿Y por qué crees que lo han hecho así? - preguntó Marcos intrigado.
- No estoy muy segura…- dijo Elisa, pero antes de que pudiera continuar, Marcos la interrumpió.
- Elisa, sé que no me dices la verdad, y lo entiendo, en serio, pero si quieres que esa carta llegue a su destino, tienes que confiar en mi. Esta información no se la vendo a cualquiera…
- Lo sé, pero el problema es que si te dijera esto, te pondría en un gran peligro, y tú no eres consciente de ello.
- Oh no, sí que lo soy, y si supieras quienes son algunos de mis clientes seguro que no tendrías tantos reparos en contármelo.
- Créeme Marcos, tal y como están las cosas, ahora mismo no me fío ni de mi propia sombra.
Marcos, la miró seriamente, analizando las palabras que la joven acababa de pronunciar, y pasados unos segundos, le dijo:
- Por qué será que algo me dice que no has venido a Barcelona justo ahora solo por casualidad...
Elisa suspiró, sabía que Marcos, a pesar de no ser mago, no era precisamente tonto, y que era cuestión de tiempo que llegara a esa conclusión.
- He tenido que irme por… motivos diversos- dijo ella no queriendo dar más información de la aconsejable.
- ¿Y esos motivos tiene que ver solo y exclusivamente con el Ministerio?
- Sí y no- reconoció ella- hay algo que necesito investigar, una… bueno, en realidad varias desapariciones. En concreto, la de un grupo de aurores enviados a Francia para ayudar con la captura de Grindelwald y los cuales aún no han vuelto.
- Bueno- asintió Marcos, conforme- eso está mucho mejor…
Y dicho eso, se pasó unos segundos meditando al tiempo que daba pequeños sorbos a la taza de café que un elfo doméstico había hecho aparecer hacía unos minutos. Elisa aprovechó ese momento para beber también de la suya, y unos segundos más tarde, Marcos volvió a hablar y dijo:
- Bien, creo que con eso es suficiente. Tu pago está saldado.
Elisa, a pesar de sentirse aliviada, no pudo evitar extrañarse de que el joven quisiera dejar ahí el interrogatorio, pero no se molestó en preguntar el motivo.
Una vez hubieron vaciado sus tazas, ambos se pusieron en pie y abandonaron el local con discreción.
- No te preocupes- le dijo Marcos al tiempo que se colocaba el sombrero- te prometo que esta carta llegará sin ningún percance a su destino, y en unos días, yo mismo seré el encargado de hacerte llegar la respuesta por correo normalis.
Elisa asintió, esperando que realmente tal respuesta se diera más pronto que tarde, y una vez el joven se hubo despedido de ella, se dirigió a un rincón en las sombras para aparecerse de nuevo en el apartamento de su padre donde no tendría más remedio que aguardar a que llegara la tan ansiada carta.
Habían transcurrido ya tres días desde que le había dado la carta a Marcos, y a pesar de que sabía que le llevaría un tiempo entregarla, Elisa comenzó a impacientarse mucho, y a preguntarse si la carta no se habría extraviado o si le habría pasado algo al propio Marcos. Su padre, por su parte, al ver a la joven tan preocupada, intentaba por todos los medios animarla y distraerla de tan oscuros pensamientos con anécdotas de sus hermanos, de la época con su madres antes de casarse, incluso de cómo se enteró de la existencia de la magia y su shock posterior, pero como la mayor parte del tiempo se encontraba fuera de casa, estos volvían a Elisa una vez se quedaba de nuevo sola.
Sin embargo, casi una semana después, justo cuando la joven comenzaba a replantearse seriamente el llamar a Marcos por si había ocurrido algo, llegó al correo una extraña carta la cual, a pesar de estar a nombre de su padre, el sello que lucía en el sobre indicaba que procedía de Francia. No podía decirlo a ciencia cierta, pero que ella supiera, su padre no tenía conocidos en tal país, y aún de ser así, era demasiada casualidad que le llegara a su padre una carta de dicho país, justo cuando ella misma estaba a la espera de recibir otra misiva del país vecino. Por ese motivo, y porque algo le decía que no se iba a equivocar, cogió el abrecartas, y con decisión rasgó el sobre para sacar el papel que se hallaba en su interior y leer su contenido.
Mi querida amiga,
De entre todas las cosas que me podían sorprender, tu carta ha sido lo que más. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez que nos vimos? Al menos cuatro años, eso seguro. Por eso me ha hecho muy feliz volver a saber de ti, aunque sea en estas graves circunstancias...
Elisa, no te puedo engañar, la situación en Francia ha sido muy complicada, e incluso ahora lo sigue siendo ya que desde que Grindelwald se escapó, han venido miles de personas para tratar de dar de nuevo con él, aunque, si te soy sincera, dudo mucho que lo encontremos pues, desgraciadamente, sabe esconderse bien.
Respecto a Luis y a ese grupo de aurores por el que me preguntas, lamento decírtelo, pero a pesar de que he preguntado a varias personas en el Ministerio para tratar de sonsacar algo de información, nadie me ha podido confirmar la presencia de españoles entre los aurores que se han dedicado a la búsqueda de Grindelwald. Lo único que te puedo decir es que han estado colaborando con nosotros aurores americanos e ingleses, y muchos de ellos aún continúan con su labor aquí mismo, en París. La verdad, no se puede decir que hayan avanzado mucho en sus pesquisas, incluso después de haber sufrido grandes pérdidas, pues tengo entendido que una aurora inglesa llegó a sacrificar su vida por salvar a los demás cuando Grindelwald trataba de acabar con ellos mientras huía. Fue una tragedia, ya que la joven estaba a punto de casarse con un joven y prometedor auror, uno de los mejores de Inglaterra, un tal Scamander.
En fin, creo que me he ido por las ramas, pero quería darte toda la información que sabía por si de alguna forma te podía ser útil. De verdad, lamento en el alma no saber más, pero ya sabes como funcionan las cosas en los Ministerios, te cuentan solo lo imprescindible, y a veces ni eso. Como tú bien decías, tan solo somos diminutos peones en este enorme tablero.
Espero que las cosas en España mejoren pronto, y estate tranquila, porque seguro que tarde o temprano recibirás noticias de Luis. De todas formas, si llego a enterarme de algo más, contactaré contigo de inmediato.
Tu amiga,
Angélique Dubois
P.D.: ha sido muy emocionante recibir y enviar una carta a través del correo de los 'non-magique', me ha recordado a cuando aún vivía con mis padres. Una forma muy inteligente la tuya de hacer frente a las restricciones del cierre de fronteras. Nunca dejarás de sorprenderme.
Cuando Elisa hubo finalizado la carta, apenas era capaz de reaccionar. Había leído y releído varias veces el mismo segmento de la carta, y lo único que no se podía sacar de la mente era el nombre que la buena de Angélique había mencionado… Scamander.
Sí, no podía tratarse de una casualidad, tenía que referirse al hermano de Newt. Elisa, dejando la carta sobre la mesa, se dirigió con decisión al escritorio.
"Si su hermano estuvo implicado en todo esto- pensó para si misma la joven- quizá Newt pueda saber algo, pueda ayudarme a recopilar más información".
Por ese motivo, escribió en la carta todo lo que había sucedido, incluyendo sus sospechas respecto a traidores en el Ministerio, algo que se había ahorrado con Angélique por temor a que esa carta fuera interceptada. Sin embargo, llegados a ese punto, a Elisa ya le daba igual todo, y lo único que quería era descubrir la verdad, por lo que, una vez terminada la carta, se levantó y se dirigió al teléfono con el objetivo de volver a contactar con la única persona capaz de hacer llegar esa misiva a Inglaterra.
