Capítulo 4

Nueve años después

LEAH POV

Despierto exaltada, me siento en la cama. Oigo unos gritos, me encuentro en la casa de mi hermana Bella hoy es 14 de febrero por suerte no tenía clase hoy en la Universidad. Ayer había decidido visitar a mi hermana y pasar un rato con ella, siempre los fines de semanas la venia a visitar, pero aproveche como al otro día no tenía clase por ser el día de los enamorados decidí pasarlo con mi hermana.

Me levanto de la cama, camino en puntilla hacia la puerta. Saco un poco la cabeza miro de un lado a otro todo estaba oscuro. Vuelvo a entrar en la habitación busco el celular y camino nuevamente hacia la puerta. Salgo enciendo la linterna, los gritos se hacía más fuerte, cuando llego a la sala no veo nada. Siento los gritos más fuertes, esta vez lo siento en la habitación de mi hermana Bella. La habitación de ella estaba al lado de la mía.

Abro la puerta lentamente, veo a Bella muy exaltada, escucho su voz llamando a mama y a papa.

Mama, papa, donde están, —decía ella.

Me acerco a la cama y trato de despertarla, —Bella, despierta — decía mientras le tocaba el brazo suavemente, pero era inútil, ella continuaba llamando a nuestros padres y pedía auxilio. Fue en ese instante que supe que estaba reviviendo el accidente de hace nueve año donde perdimos a nuestros padres y por poco a mi también. Cuando desperté en el hospital, ella estaba a mi lado sosteniéndome la mano. Por suerte ella solo había sufrido unos rasguños y un brazo partido. Cuando me dijo que me había operado y tuvieron que sacarme el páncreas porque la hemorragia no cesaba y para sálvame la vida tuvieron que sacarlo. Ahora soy una persona insulina dependiente para toda la vida.

Me siento a su lado tomo su mano para calmarla. Apenas toque su mano y ella despierta de un salto en la cama. En cuanto me vio que era yo me acerque a ella y la abracé para calmarla.

Tranquila Bella, ha sido una pesadilla, —decía mientras le daba unas palmaditas en la espalda para calmarla.

De nuevo la misma pesadilla de siempre, ¡no!, —dije mientras ella asentaba con la cabeza.

Le di otro abrazo y nos tumbamos en la cama. Me le quedé mirando y empezamos a conversar. Sus ojos se veían cada vez más cansado hasta que se quedó dormida. Me le quedé mirando y acaricie su mejilla, no podía imaginar cuanto debe haber sufrido en ese día. La pobre ha ido a varios psiquiatras, es verdad que la ayudaban a calmar sus miedos, sin embargo, la pesadilla continuaba ahí.

No sé cómo ella ha podido sobre llevar todo, desde que murieron nuestros padres ella estado ahí para cuidarme. Y cuando querían separarnos en la casa de socorro, Bella luchó hasta el final para que no nos separasen. Le debo todo a ella, mi carrera, mi vida, en fin todo. Bella tuvo que dejar la Universidad para ocuparse de una niña que estaba a punto de entran en la adolescencia. Trabajo muchísimo para que no me faltase nada. Y la única forma de agradecerle todo lo que ha hecho por mí, es estudiando y estudiando. Estaba en segundo año de Medicina y estaba haciendo las prácticas en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón en Madrid.

No sé en qué momento me quedé dormida, cuando reacciono no veo a mi hermana. Empiezo a llamarla, la busco en el baño, en la sala, pero nada. Cuando voy a la cocina veo la nota de ella diciéndome que iba a correr. Voy al baño me aseo y vuelvo a la cocina a preparar el desayuno. En ese momento siento la puerta abrirse, era ella estaba toda sudada, parecía que había corrido la maratón. La veo acercarse a mí, apenas vi sus brazos abrirse y puede ver cuales era sus intenciones,

No te atrevas acercarte así, estás toda sudada, ve a darte una ducha yo te esperaré para desayunar, —le dije mientras daba media vuelta y me decía de forma sarcástica

Síiii, mamá, —dijo mientras ambas nos reíamos, tenía cada ocurrencia esta Bella

Continué preparando el desayuno, coloco todo en la mesa. Me siento a esperarla, pero ya habían pasado media hora y todavía no se había aparecido. No pude aguantar más y empiezo sin ella. Cuando estaba ya terminado la veo a parecer, me mira y fruñe el ceño.

¡Wow!, me maravilla tu forma de esperar —dijo ella de forma burlona.

Claro que esté esperé, pero cada vez que entras al baño, tengo que esperar media hora, no me parece. Además acuérdate de mi condición, idiota, —dije con voz eufórica mientras ella cambiaba de actitud.

Es verdad, discúlpame, solo fue una broma, —dije mientras me sentaba a desayunar.

Mientras ella desayunaba le contaba un chiste que hizo que ambas nos empezamos a reír. También le comentaba cosas de la Universidad y puede ver en sus ojos lo orgullosa que estaba de mí. Ambas nos queríamos muchísimos, aunque a veces teníamos nuestros encontronazos siempre lo solucionábamos.

En ese momento ve la hora que es, terminado de tragarse el último bocado se levante se despide de mí y toma su bolso. Cuando termino de fregar la losa voy al cuarto me cambio y aprovecho que no tengo clase hoy y voy de compras al Centro Comercial.

Mientras caminaba muy entretenida escuchando música no me doy cuenta y choco con alguien. Voy a parar encima de él y cuando levanto la vista para ver quién era el idiota que no se dio cuenta de por dónde caminaba y decirle unas cuantos cosas, —Eres ciego no ves por…, —dije pero en cuanto vi su rostro me quedé en shock; ver aquellos ojos miel, que me miraban fijamente, esos brazos músculos que apenas quería soltar me dejaron sin palabras.

Se encuentra bien señorita, —dijo él con voz dulce.

Sí, —dije mientras rápidamente me separé de él.

Disculpe, no la vi pasa…, —dijo él mientras yo lo cortaba.

No, no, la culpa fue mía venía entretenida con la música que no miré por donde estaba caminando, —dije mientras el corazón latía a mil por hora.

Jamás me había puesto así por un hombre, pero él me revolvía todo. Pienso que a él le sucede lo mismo, porque no dejaba de mirarme, sin embargo, su rostro me resultaba familiar y no podía recordar de donde lo conocía. A mí nunca se me olvida un rostro, soy una persona muy fotogénica y nunca se me olvidaba un rostro, pero el rostro de él, por más que quisiera acordarme no podía recordar de donde lo conozco.

De casualidad nos conocemos, —dijo él mientras me miraba fijamente,

No, pero a mí también me pareces conocido de algún lugar, —le dije

De casualidad, trabajas o estudias en el Hospital General Universitario Gregorio Marañón, —dijo él con voz curiosa.

Estoy haciendo práctica ahí, estoy en segundo año de la carrera, ¿por qué? —dije mientras en ese momento en su rostro formulaba una sonrisa.

Ah! Me llamo Sam y soy cirujano de ese mismo hospital, —dijo él mientras me tendía la mano.

¡Wow!, que coincidencia, yo me llamo Leah, y soy una residente de allí, mucho gusto—dije mientras aceptaba su mano.

En ese momento una corriente eléctrica fluyó por nuestras manos, que tuve que quitar la mano enseguida. Él sintió lo mismo y ambos empezamos a reírnos. Nos quedamos mirando por unos segundos, su mirada penetrante provocaba que todo mi cuerpo estuviera tensionado. — ¡Wow!, nunca me había puesto así por nadie, —dije para dentro de mí. Hasta que él rompe el hielo y me dice:

¿Qué tal si en recompensación te invito a almorzar?, ¿Qué me dices? — decía él mientras no sabía que decir.

Que tal otro día, es que tengo que regresar al hospital, solo me dieron el día de hoy, pero mi vuelo sale dentro de cuatro horas, pero aquí tienes mi contacto, —dije mientras le escribía en un papel mi número de teléfono.

Pude ver en su rostro una tristeza, pero él supo entender mi situación. Él me dio su número de teléfono y nos despedimos. Ambos tomamos caminos diferentes, yo iba para la casa, tenía que recoger las cosas y todavía no me había despedido de mi hermana. Ya casi era mediodía y mi vuelo salía dentro dos horas y media. Mientras recogía mis cosas llamo a mi hermana Regina, después de dos timbrazos ella me responde.

Que me hay mi dulce hermanita, —dijo con voz alegre.

O no tienes mucho trabajo o te sucede algo para que estés feliz así, —dije mientras sentía lo feliz que estaba.

Si tengo mucho trabajo, pero es verdad que estoy feliz te acuerdas cuando te mencioné aquel muchacho que me cruce y empezamos a salir, —dijo ella muy feliz.

Sí, Sam, —dije mientras ella asentaba, —Y…—dije esperando una respuesta.

Te cuento que ya somos oficial novios, —dijo ella mientas di un grito de alegría.

Felicitaciones, mi hermana, espero que este valga la pena y no ese estúpido de Alec que te dejó colgada solo porque no tenías dinero, —dije.

Sé que al mencionar el nombre de su ex, le habrán venido viejos recuerdos y no bonitos. Ese estúpido solo estaba por ella por interés y cuando se enteró lo de nuestros padres y que teníamos que vivir en casa de acogida, le dio media vuelta y se marchó así como si nada. Sé que aquella época ambos eran muy jóvenes, pero — ¡joder! Eso no se le hace a nadie que uno quiere, —dije para dentro de mí.

Lo siento, mi hermana estaba tan feliz por contarte lo que estaba pasando que se me olvidó que me habías llamado. ¿A qué se debe tu llamada?, —decía ella con voz feliz.

En ese momento reaccionó, ya se me había olvidado que fui yo quien la llamó, — ¡Ay! Ya se me había olvidado, —dije también muy feliz. —Sabrás que conocí a alguien hoy, es guapo, más menos de 27 años, —dije mientras le describía aquel muchacho que conocí y le espeto que me había enamorado de él a primera vista.

Pero Leah si es mayor que tú, y apenas se conocen, como ya vas estar enamorada de él. —dijo ella mientras un silencio invadía el ambiente, hasta que espeto,

No empieces, con el plan mamá que no lo eres, —le decía a ella, sé que lo decía para protegerme, pero ya soy mayorcita.

Pero Leah…, —dijo ella cuando la corto y le digo —Descuida se cuidarme bien, ¡vale!, —dije para tranquilízala.

Cuando terminamos de hablar, termino de recoger, tomo mi bolso y me dirijo hacía la puerta. Me despido del Pedro el portero, una persona maravillosa. Salgo a la acera saco la mano para pedir un taxi. Al llegar al aeropuerto chequeo mi pasaje, por suerte todavía me quedaba una hora y media para que saliera mi vuelo, así que me dirijo hacia la cafetería, no había almorzado nada.

Pido un sándwich y un jugo de naranja, mientras me lo traen, me siento en una de las mesas pegada a la ventana a observar el panorama de los aviones despegando y aterrizando en la pista.

Solo han pasado media hora desde que llegué al aeropuerto. Me levanto de la silla y me encamino hacia la sala de espera a esperar que anuncien mi vuelo, ya faltaba poco. Cuando de pronto siento, por el intercomunicador, —Por favor los pasajeros del vuelo 1506, destino a Madrid, les informo que el vuelo estará retrasados unas horas, por favor sean paciente y disculpa las molestias ocasionadas,

¡Joder! y ahora qué hago—decía mientras repetían la información.,

Tome una revista que vi en una mesita y empecé a hojearla. Estuve mirando lo último en la moda, luego chisme de famosos, —Ostia que lo paparazzi no dejan vivir a los demás, — decía para dentro de mí.

Ya ha eran 5 y 30 de la tarde y nada del vuelo, temo que nunca saldrá y tendré que oír mañana al profesor guía alarme las oreja, pero culpa tengo sino salió el vuelo a tiempo. Vuelvo a hojear otra revista esta vez de pasarela, — ¡Wow! Que cuerpos tienen esos modelos, —decía para dentro de mí.

Pasaron 45 minutos ya eran las 6 y 15 de la tarde y nada del vuelo, sigo hojeado la revista hasta que levanto la vista y veo unos ojos de color miel, un cuerpo esbelto como el de los modelos de la revista, tampoco podemos compararlo con Bratt Pitt, ni con Kellan Lutz, pero tampoco tenía mal cuerpo, acercándose a mí. El corazón latía a mil por hora, — ¡wow!, no pesaba encontrármelo aquí, —dije para dentro de mí. Nuestros cuerpos estaban uno frente a otro. Su mirada penetrante, no dejaba de mirarme. Parecíamos unas estatuas sin saber que decir.