Disculpa la demora. Y muchas gracias por seguirme
Han pasado ya dos meses y mi relación con Sam va viento en popa. Mi hermana Leah sigue haciendo disparate, pero ya la dejo hacer lo que le dé la gana, ella es mayorcita de edad y sabe lo que hace. Desde que conoció a ese Doctor que no me acuerdo como se llama, está un poco distraída o más bien enamorada nunca la he visto así. Ahora va pocas veces a la casa, siempre tiene una excusa, pero no importa la sigo queriendo igual.
Me despierto bruscamente siento mi móvil sonar rápidamente lo busco pensando que es mi hermana, contestó sin mirar quien es,
—Hola, —dije medio dormida.
—Bella, buenos días, lamento despertarte, —dijo aquella voz.
Caigo enseguida que no se trata de mi hermana sino que es Jacob, aparto el móvil y veo que son las 6 de la mañana.
—Descuida Jacob, que pasa,
—Sé que es tú día libre, pero puedes venir hoy, —me decía todo apenada.
—Claro, pero que pasó, Jessica no fue, —espeto.
—El problema que está enferma y me llamó que no podía venir, y estoy solo, no se a quien más acudir, lo siento de verdad, —murmuraba.
—Descuida voy enseguida para allá.
—Gracias, —y colgamos voy rápido al baño y me alisto rápidamente
Le tecleo a mi amigo James, le digo que esta vez no puedo ir con él de compra, que tengo que ir a la cafetería. Me monto en mi coche y no tarda un segundo y James me llama, le contestó,
—Por qué tienes que ir a la Cafetería, es tu día libre, —gritó James todo furioso.
—Puedes calmarte, —espeto mientras siento un suspiro del otro lado de la línea.
—Ok, desembucha,
—Jessica está enferma, y Jacob me pidió el favor, que fuera, —le explicaba mientras él se sentía apenado.
—Voy yo también, allá nos vemos, —no me da tiempo a decirle que no es necesario pero me cuelga.
No tardo ni media hora y ya estoy en la cafetería, parqueo en el mismo lugar de siempre. Casi van a dar la 7 de la mañana y falta poco para que la cafetería se abra.
Al entrar veo a Jacob limpiando quitando muebles. Levanta la vista y esboza una gran sonrisa, y corre hacia donde estoy yo,
—Bella viniste, —dice mientras me da un fuerte abrazo.
—A mí también, pero no sé si esa alegría tuya es por qué vine a darte una mano o porque de verdad te alegras de verme, —solté con una sonrisa.
—Ambos, se puede decir, —murmuró mientras le daba un puñetazo suave en el hombro.
Lo ayudo a limpiar y acomodar los muebles, aún faltaba media hora para que abriera la cafetería. Luego que termino de limpiar voy hacia la caja chica y empiezo a contar el dinero que hay en ella. Pocos minutos después veo que Jacob se coloca al lado mío y me ayuda.
—Vaya, vaya, quien lo diría parecen unos tortolitos, —anuncia James
No nos habíamos percatado estábamos tan concentrado contando el dinero que no oímos cuando ese loco entró.
—Si quieren me voy y los dejo, —comenta mi buen amigo,
—Déjate de tontería y mueve tu culo hacia acá, —digo mientras le dirijo una mirada asesina.
—Uy!, solo era una broma mujer, no te pongas así, —decía mi bromista amigo.
Se acerca y abraza a Jacob tan fuerte que, no puede contener la risa,
— ¿Qué es tan gracioso?, —pregunta Jacob separándose rápidamente de James.
—Nada, —respondo aún con una sonrisa de oreja a oreja.
—Creo que Isa, está celosa y solo lo demuestra así —dice mi buen amigo James, —Descuida querida que no te lo pienso quitar, pero tienes que saber compartir o acaso lo quieres para ti solo, eh!, —ahora dirige sus ojos oscuros hacia mí.
—Pero este, de que va, —comento para dentro de mí, —Y quien te dijo que estoy celosa, no seas ridículo Jacob es un buen amigo, —respondo rápidamente.
Miro con el rabillo a Jacob que está rojo como un tomate. El pobre no sabe dónde meter la cabeza. Me imagino que quiere estrangular a James por sus estúpidos comentarios.
—Ja, Jacob enamorado de mí, es una locura, —decía para dentro de mí. Aunque mirándolo bien es un chico buen mozo, pero somos amigos, y nunca se lo miraría con otros ojos.
—Chicos vamos, que estamos a punto de abrir, —ordena Jacob mientras se iba hacia a su despacho, pero antes le da una mirada asesina a mi amigo James y desaparece de nuestra vista.
Todo transcurre de lo más tranquilo, no hay muchos clientes hoy, lo que me da tiempo de pasarle un mensaje a Sam.
Como estas, amor, todo bien, aquí extrañándote muchísimo no veo la hora de verte de nuevo,
Besos B.
No tarda en responder y me dice
Igual yo te extraño, estoy aquí cogido voy entrar a una operación y no sé cuánto tarde, te llamo luego.
Besos para ti, S
Después de leer su mensaje una y otra vez, continúo mi trabajo. Veo como un cliente le alza la voz a James y me encamino hacia allá.
—Todo bien señor, —pregunto colocándome al lado de James,
—Por supuesto que no Señorita, —grita el cliente, —Como voy a estar bien con este hombre, bueno mujercita aquí presente, —espeta con voz prejuiciosa.
Cuando escucho es comentario quería estrangularlo por prejuicioso y falta de respecto, pero no debo perder mi compostura por estas personas.
—Que tiene señor, le hizo algo, —digo de forma incrédula. Miro a mi amigo que tiene la mirada hacia abajo. El pobre debe estar pasándolo mal.
—De hacerme no hizo nada, pero no quiero que me atienda él o ella como sea, —contesta el cliente.
—Per…. —iba a decirle una cuantas verdades, pero me corta una voz de tras de mí. Me volteo y veo que es Jacob.
—Sino quiere ser atendido por James, por favor retírese, como ves no hay más nadie aquí, y mi empleada está ocupada en la caja, —dice Jacob mientras se acercaba a nosotros,
—Pero no pueden intercambiar lugares, —pregunta el cliente fastidioso.
—Por supuesto que lo pueden hacer, los dos tan competente en cualquier lugar que lo ponga, pero el problema es que no me da la gana, —responde Jacob con voz enojada.
—Y se puede saber por qué, —gruñe el cliente, yo quería darle una bofetada y todavía pregunta porque, no puedo con estas personas prejuiciosa. Iba a decirle algo pero me Jacob me sostiene el brazo y me lanza una mirada que estuviera quieta que él se encargaba.
—Mire señor, el problemas que no necesito clientes que vengan a mi establecimiento que se fijen más en el aspecto de mis empleados y no por nuestros servicios, así que sería tan amable de retirarse, —suelta Jacob señalando a la puerta.
Bien por mi amigo-jefe, yo no lo hubiera dicho mejor, tal vez hubiéramos terminado en la estación de policía. Veo que el cliente se levanta protestando y yo esbozo una sonrisa y lo acompaño a la salida.
—Gracias, a los dos, —murmura James.
—Nada de gracias, no necesito clientes así, tú eres más valioso y un buena persona. El que no lo vea así no es bienvenido aquí, —comenta Jacob colocándole una mano en el hombro de James y yo no pudiera estar más de acuerdo.
Durante el transcurso del día todo vuelve a la normalidad, para el mediodía ya había bastantes clientes. James y yo no parábamos de anotar pedidos. Jacob tuvo que sumarse para echarnos una mano. Éramos todo un equipazo. Voy un momento hacia el almacén, ya casi no teníamos polvo para hacer café, cuando vuelvo veo unos ojos oscuros como los míos, piel blanca y pelo castaño, la reconozco enseguida es mi hermana Leah. Corro hacía ella, cuando ella me visualiza hace los mismo, nos damos un abrazo que parecía que hace años no nos veíamos.
—Y tú que haces aquí, —pregunto.
—Nada quería darte la sorpresa, pero quería llegar antes aquí y luego iba a tu casa, —contesta ella muy feliz —Pero tu día de descanso no es hoy, — pregunta un poco confundida.
—Sí, pero las otras muchachas no pudieron venir, —contesto mientras la vuelvo abrazar.
—Sabes, traje al alguien conmigo, y quiero presentártelo, —dice ella toda emocionada.
—Así quien, —ya pico mi curiosidad.
—No seas impaciente, ya lo verás, —decía mientras me halaba del brazo.
Cuando estamos llegando hacia las mesas, veo a Jacob y James petrificados y muy sorprendido, me miran no saben qué hacer o mejor dicho no sabe que decirme, me pongo nerviosa. Por qué están así, cuando miro hacia adelante no podía creer lo que tenía delante de mí,
—No, no puede ser él, me niego a creer, —digo para dentro de mí.
