1.

"Querida Rosie, espero que tu llegada a Hogwarts haya sido tan amena, como siempre. Aquí en casa con tu padre ya sentimos la ausencia tuya y de tu hermano, los extrañamos mucho. Ya te lo he dicho, pero la verdad que no hay palabras que demuestren lo orgullosa que estoy de ti, y obvio de Hugo. Últimamente no he podido estar tan atenta a ustedes, porque hubo muchos revuelos en el Ministerio, los cuales estoy tratando de solucionar junto a tu tío, Harry.

Trabaja duro, esfuérzate y da todo de ti. Y recuerda, lo que hagas, si no lo haces con el corazón, es como si no lo hubieras hecho nunca. Pronto volveré a escribirte cielo, tenlo por seguro. Te amo. Mamá"

Una ligera sonrisa se formó en los pequeños labios de la Weasley mientras volvía a doblar el papel que tenía entre sus manos. Las palabras de su madre siempre lograban levantarle el ánimo. Por más que adorara Hogwarts y siempre lo tuviera como un segundo hogar, siempre extrañaba la compañía de su familia.

—¿Estás lista para la primer clase? — la pelirroja alzó la vista, observando a una Alice en el otro extremo de la habitación, peinando su largo cabello oscuro.

Alice era poseedora de un rostro realmente privilegiado. Portaba unos ojos azules profundos, su tez blanca contrastaba a la perfección con su cabello negro como la noche, ondulado, mas no con rizos. Su figura era esbelta, delgada. Tal vez una de la más linda de la escuela. Rose sabía a la perfección que su hermano, Hugo, tenía una especie de enamoramiento hacia ella. Mas nunca tuvieron nada, a pesar de haberse dirigido alguna que otra palabra. Además, el año pasado, Alice mantuvo una especie de romance juvenil con su primo, James. No dudaron más de dos semanas, debido a que, además que era obvio que nunca tendrían un futuro, Alice era una amiga muy cercana a toda la familia Weasley-Potter, debido a que su padre, Neville Longbottom, mantenía una estrecha relación en su juventud con sus padres y su tío Harry.

Rose asintió, a la vez que se inclinaba y guardaba cuidadosamente la carta de su madre en su mesa de noche. Se levantó de su colchón, soltando un suspiro mientras cogía su uniforme que tenía previamente preparado desde la noche anterior.

—¿Olivia ya se fue? — inquirió Rose, enarcando sus cejas al notar la ausencia de su otra compañera de habitación, Olivia Patil. Alice se encogió sus hombros, a la vez que se colocaba la usual túnica gyffindoriana.

—Se ve que sí, estaba tan casada que ni la escuché mientras dormía — respondió la morena — Además sabes cómo es ella, no nos soporta mucho que digamos — Rose observó por unos instantes a su amiga, en silencio, para luego asentir y comenzar a sustituir su ropa de pijama, por el uniforme reglamentario.

2.

—Ahora debo volver a acostumbrarme las camas de Hogwarts — repuso Dean, quién soltó un profundo bostezo mientras estiraba sus brazos en un signo de pereza.

—Dudo que te cueste mucho, ayer te desmayaste cuando tu cara tocó la almohada — comentó Scorpius, mientras caminaba a su lado, en dirección al Gran Comedor.

—Todos los años me olvido de traer mi almohada, que pereza — los ojos del castaño recorrieron los pasillos con desinterés — ¡Potter! Hermano ¿Qué te cuenta la vida? — las palabras de Dean lograron llamar la atención del ojiazul, que se encontraba apoyado contra una pared, leyendo atentamente un libro.

— ¿Ya leyendo desde estas horas, Potter? — inquirió Dean, ralentizando su pasos para que el moreno los alcanzara, Scorpius no se molestó en hacerlo, siguió su camino, incluso aumentando la velocidad de sus pasos. Albus cerró su libro, mientras comenzaba a caminar junto al par de amigos.

—Es que la primera clase es de encantamientos, y la verdad que cada vez presto menos atención a las cosas — respondió Albus, adentrándose al gran comedor junto a ambos chicos. A lo lejos, pudo vislumbrar a sus primos, Rose, Fred, Lily, y Hugo sentados en su respectiva mesa, desayunando, junto a Alice y algunos más. Los cuales advirtieron su llegada, debido a que Rose fue la primera en alzar su mano y saludar a su primo desde la lejanía, siendo este el que le devolvía el saludo en una ancha sonrisa.

Scorpius le restó importancia a ello. Aun solía recordar cuando era mejor amigo de Albus, de más pequeños. Estaban todo el tiempo juntos, compartían todo. Era como el hermano que nunca tuvo. Mas su amistad se rompió, hace ya dos años. Y por decisión de Scorpius. Albus nunca supo el porqué, pero aceptó la decisión del rubio. Y si bien actualmente se llevaban medianamente bien, no se dirigían más de dos palabras.

—Nos vemos en clase — dijo Albus antes de dirigirle una fría mirada a Scorpius, el cual lo vio alejarse, yendo hasta la mesa de los leones, con su familia.

—Juro que la próxima vez que llames a Potter, te mato — aseguró Scorpius, sentándose en la mesa — ¿Sabes qué? Matarte sería poco, me tiro a tu hermana por decimoquinta vez.

Dean compuso una cara que se derivaba en el desagrado y el fastidio.

—No quiero tener imágenes indebidas de mi hermana en mi cabeza. Te agradecería que no volvieras a decir eso — Dean estiró su mano para coger un muffin de chocolate, para acto seguido darle un mordisco — Además, supéralo. Ya pasaron dos años, y es el único Weasley que me cae bien — agregó con la boca llena.

—Es Potter, esa es razón suficiente para negarme.

—¿Pueden dejar de hablar de esa familia? Desde ayer que están con eso, ya cansan — una Ash apareció en la conversación, sentándose junto a Dean, frente a Scorpius.

—Es Dean, creo que tiene una obsesión con ellos — dijo Scorpius, para después beber un poco de jugo de manzana verde.

—Como sea ¿se han enterado del cambio de clases? — preguntó la morena, ladeando su mirada hacia sus amigo.

Tanto Dean como Scorpius enarcaron sus cejas, intrigados.

—¿Cambio de clases? ¿Cambiaron los horarios? ¿O qué? — cuestionó Dean. Ash rodó sus ojos.

—No, idiota. Ya los slytherins no compartiremos clases con los hufflepuff como desde primer año, ni los de ravenclaw con los de gryffindor.

—No me gusta por donde va esto….— gruñó Dean.

—Mcgonagall anunció que a partir de ahora compartiremos clases con los leones, ta-da — confirmó la chica Zabini.

3.

—Parece una broma pesada de parte de Mcgonagall — dijo Fred, a la vez que entraba a la clase de encantamientos, junto a Rose — Parece que volvimos a los años de los dinosaurios, de cuando los gryffindors compartían clases con las serpientes estas.

Rose rodó los ojos en una risa, dándole un sutil empujón a su primo.

—Tienes que verle el lado positivo, Fred. Al menos tenemos a Albus — dijo la pelirroja con entusiasmo, aunque a ella tampoco le terminaba de agradar mucho la idea. Sabía bien que la rivalidad entre ambas casas llevaba latente desde décadas, y aunque Rose nunca la deseó fomentar, no podía negar que era evidente la tensión y el odio que había entre ellas.

Ni bien posó un pie en aquella clase, notó como un silencio, mesclado unos murmuros de cotilleo, llenaban la habitación. Los leones tenían su propio sector en el aula, al igual que los slytherins.

Rose tomó asiento junto a su primo, Fred teniendo detrás de ella a Alice charlando animadamente con Lean Finningan.

—Aquí va a haber una tercera guerra mágica, te lo puedo asegurar — susurró el pelirrojo. Rose inmediatamente notó el porqué de sus palabras. Dean Rosier, que estaba del otro lado de la habitación sentado junto a Scorpius, miraba con frialdad a Fred, casi asesinándolo con los ojos.

—Todavía sigo sin entender desde cuando tienes una rivalidad con Dean — cuestionó Rose, abriendo su libro de encantamientos.

—Desde que nació.

Al instante, ingresó la profesora, Erika Schneider, una antigua slytherin, haciendo que todas las voces del salón se silenciaras. Era una alemana de rostro frío y calculador. Su cabello rubio platino siempre estaba recogido en una firme coleta, en la cual no se le escapaba ni un pelo. Siempre llevaba tacones altos, y se vestía con polleras de tubo. Sus ojos grises parecían querer arrancarte el alma. Era verdaderamente tenebrosa. Pero sus clases eran geniales, porque, para bien o para mal, siempre aprendías y prestabas atención.

—Buenos días alumnos. Hoy aprenderán el encantamiento conocido como aguamenti. Espero quemuchos hayan leído el libro antes de venir porque no voy aceptar preguntas ridículas ¿de acuerdo?— anunció en una voz firme, sin tartamudear, mientras se sentaba arriba del escritorio, con sus largas piernas cruzadas, luego de haber escrito la palabra aguamenti en la pizarra en una elegante cursiva — Les voy a hacer una sencilla interrogante ¿en qué consiste este encantamiento?

Rose fue unas de las pocas personas en alzar su mano, dispuesta a responder. La profesora soltó un suspiro; era obvio que iba a ser ella.

—A ver, Weasley, dime….— dijo la profesora, señalándola.

—El hechizo de creación de agua, conocido también como el hechizo aguamenti es un encantamiento que conjura un chorro de agua limpia y pura, y la lanza desde la punta de la varita del mago o bruja — respondió Rose decidida.

—Perfecto, Weasley. Veinte puntos para Gyffindor — unos susurros se volvieron a hacer presentes, especialmente en el sector de slytherins — Sin embargo te faltó algo ¿aguamenti es solo un encantamiento?

La pelirroja se mantuvo en silencio, analizando su respuesta ¡pero claro que era un encantamiento! Su mente se mantuvo abstraída hasta que volvió a oir la voz de la profesora.

—Adelante, Malfoy, responde — Rose se volteó hacia donde se encontraba el rubio. Este se estaba balanceando sobre su silla, con la mirada impasible.

Aguamenti, además de ser un encantamiento, también puede ser clasificado como una conjuración, una forma avanzada de Transformación — su voz sonaba casi aburrida al decir eso. Desvió su vista hacia Rose, formando una socarrona sonrisa en sus labios rosados — Dependiendo de la concentración y las intenciones del mago o bruja, este encantamiento puede tomar la forma de un simple chorro de agua que puede llenar recipientes, hasta un potente chorro que es capaz de apagar grandes incendios.

—Magnifico, Malfoy. Veinte puntos para Slytherin, y otros veinte por añadir los efectos de aguamenti — ahora les tocaron a los leones murmurar con recelos. Rose apretó sus puños sobre su libro, desviando sus ojos de los de Scorpius, el cual aún la miraba de forma divertida — Cuarenta puntos para Slytherin.

—Que injusto. Seguro le sumó puntos por ser Jefa de esa casa de serpientes — murmuró Fred al oído de Rose.

—Eso no me interesa Fred ¿acaso has visto como me miró Scorpius? Como si fuera más que yo…

—Siempre lo ha hecho Rosie, desde primer año que siempre quiso superarte. No es una nueva noticia.

—Bueno, ya que fue decisión de la directora hacer un cambio en las clases yo haré otro, del cual no se pueden abstener, porque ya saben las consecuencias — Rose sabía bien esas consecuencias; puntos menos para las casas — Estoy por demás de segura que todos conocen a su compañero de asiento ¿no? Creo que a la perfección, como siempre, nunca salieron de su círculo de confort — Fred y Rose se miraron extrañados al oír a la profesora — Pues es hora de que salgan de eso, van a cambiar de compañeros de asiento.

—¿Pero qué chorrada es esa? Nunca nos hicieron hacer semejante estupidez — se quejó Dean desde su lugar. La profesora compuso una sonrisa sínica, para luego ladear su mirada.

—Oh, y para el deleite de su compañero Rosier, se mezclaran slytherins con gryffindors — miles de protestas comenzaron a llenar el salón, cargadas de disgusto ¿leones con serpientes? Nada podía salir bien de eso — Quiero que todos los que estén de este lado izquierdo de los pupitres…. — señaló el sector de los slytherins — y los que estén de este lado izquierdo…— esta vez señaló el sector de los de gryffindor — intercambien lugares ¡ya!

—¡Esto debe ser una broma! — el disgusto de Fred se hizo tangible — ¡Rose, si te vas note dirigiré la palabra, te lo puedo asegurar! — la pelirroja notó como su primo envolvía su muña con su mano, evitando que se marchara.

—Eres una nena, Fred. Si tantos huevos tienes demuestra que puedes sentarte con uno de slytherin — intervino Alice a la vez que recogía sus libros y los sostenía con una mano. Le guiñó un ojo a Rose. Debía cambiarse de lugar igual que ella.

—Tranquilo Fred, creo que podrás sobrevivir sin mí — una pequeña sonrisa se formó en la boca de Rose. Fred soltó un bufido y la dejó ir, librándose de su agarre.

La Weasley se volteó, directo a sentarse a donde debía ir. Notó como Dean Rosier pasaba por su lado, encaminadose directo hacia el mismo lugar donde estaba ella previamente…oh no. Lo peor no era que Dean iba a compartir lugar con Fred, si no con quién debía compartir lugar Rose…si es que estaba en lo correcto.

Dirigió su vista donde antes se encontraba sentado Dean y sus sospechas fueron confirmadas; Scorpius Malfoy seguía balanceándose en su silla, leyendo casi con desinterés el libro de encantamientos. Los ojos claros de Rose miraron el resto de las mesas, buscando escapatoria. Tal vez tenía suerte y Albus estaba disponible, u otra persona con la que podría llevarse mejor…pero fue en vano, porque notó como su primo ya estaba acompañado por Alice, y la mayoría de los lugares estaban ocupados.

Resignada, Rose caminó hasta el lugar, sentándose al lado del Malfoy. El chico ni se molestó en alzar la mirada ante la presencia de la pelirroja, ni pronunciar palabra alguna.

—Ahora, les daré a todos un pequeño recipiente, donde practicaran el encantamiento. Si tienen una duda, se la consultaran a su compañero de asiento, no a mí. Para algo los junte ¡vamos!

En cuanto Schneider dijo esas palabras, unos relucientes recipientes de vidrió aparecieron flotando en el aire, llegando uno a posarse frente a Rose, y otro frente a Scorpius. Ignorar al rubio se le iba a hacer fácil, ya que hasta el momento no le había dirigido la palabra.

Rose sacó su varita y comenzó a intentar invocar, aunque sea, un pequeño chorro de agua. En su mente aparecieron sin fines de imágenes del agua en casi todos sus estados. Imaginó como el hilo de agua emergía de la punta de su varita, llegó a imaginar una lluvia, mientras murmuraba la palabra aguamenti. Pero se le estaba haciendo complicado, específicamente por el hecho que la voz de su compañero de banco pronunciando esas palabras de manera alta la estaban desconcentrando.

La pelirroja volteó su rostro y compuso la sonrisa más amable que pudo.

—Disculpa ¿puedes tratar de no decirlo tan alto? Es que no me puedo concentrar — pidió con simpatía. El rubio ni volteó sus ojos hacia ella, ya que seguía pronunciando esas palabras de manera alta, incluso la pelirroja llegó a notar que había incrementado el tono de su voz. Se removió en su lugar, un tanto molesta — Oye, en serio te hablo. Necesito que no hables tan alto, me desconcentras — por primera vez en la clase, el muchacho la observó de reojo y negó por lo bajo — ¿No lo harás? — no obtuvo respuesta alguna — Escucha, Scorpius yo…

—Resulta que, curiosamente, si no pronuncio la palabra en ese tono no me concentro — una forzada y sarcástica surcó la boca del chico, mirando a la Weasley con desinterés — Si te molesta, puedes practicar en tu habitación.

La boca de Rose se movió formando una O, en signo de sorpresa.

—No se puede practicar magia fuera de clases…

—Exactamente por eso — la contestación del chico logró descolocarla por completo ¿cómo se atrevía a hablarle de esa forma? Y es que nunca tuvo la intención de ser amable si quiera.

Rose no deseó desatar una posible riña, por lo que fijó su vista en el recipiente y se aferró con firmeza a su varita. No iba a dejar que Scorpius se saliera con la suya. Iba a salir de esa clase con el encantamiento aprendido al pie de la letra.

"Aguamenti" pronunció las palabras suavemente, como si estuviera saboreándolas, retomando las imágenes que anteriormente tenía en su cabeza. Sin embargo, unos gritos del otro extremo del salón lograron desconcentrarla; Fred y Dean estaban discutiendo.

Por ello, con torpeza desvió su mirada, y notó como su varita se movía con ligereza ¡lo logró! ¡le había salido! Cuando volvió su vista al recipiente notó alto que la desconcertó…no había nada allí, ni una gota. Mas notó como alguien se removió con molestia a su lado.

El perfil y parte del cabello claro de Scorpius Malfoy estaba mojado, pequeñas gotas caían sobre su uniforme, mientras él apretaba uno de sus puños.

—Por Merlín, perdona yo no quise. Me desconcentré y no vi que…— comenzó a explicar torpemente la chica. Pero fue en vano, porque de la boca de Scorpius ya se había pronunciado "aguamenti" casi con rabia. Rose sintió como un gran chorro de agua empapaba su rostro y parte de su torso, humedeciendo su uniforme.

Una sonrisa de satisfacción curvó el rostro del slytherin, quién luego relamió sus labios, mirando a la Weasley con superioridad.

—¿Decías, Weasley? — ante las palabras del rubio, Rose se levantó de manera violenta de su asiento. Lo apuntó con su varita, y antes de que él pudiera accionar, repitió las palabras que más escuchó en todo el día.

Aguamenti.

Y en cuestión de segundos, el perfecto rostro de Scorpius Malfoy se vio empapado, al igual que parte de su cabello y uniforme. En ese instante, a la que le tocó sonreír fue a Rose. La pelirroja no era partidaria de crear ese tipo de conflictos, pero se lo merecía, él se lo merecía porque ella se había disculpado.

El salón enteró se quedó mudo ante aquel cómico panorama. Incluso Dean y Fred habían dejado de discutir por a quién le salía mejor el encantamiento.

—Vaya, veo que han aprendido a la perfección el encantamiento — al voltearse, Rose vio como la profesora estaba cruzada de brazos, con el mentón en alto y el ceño fruncido — No obstante, me extraña de ti Weasley, no me lo veía venir la verdad — resignada, Erika soltó un suspiro, negando con la cabeza.

—Pero profesora, él fue el que…— trató de excusarse Rose.

— Cincuenta puntos menos para ambas casas. Ahora retírense de mi clase y váyanse a secar — determinó Schneider señalando la puerta de salida.

La pelirroja miró a Scorpius con rabia. Él seguía sentando, con una expresión que se derivaba entre el asombro y la irritación., estaba paralizado por como Rose había tomado revancha de lo que él había hecho.

Decidida, Rose cogió sus libros y se marchó del salón, dejando en él a unos compañeros igual de sorprendidos que un Scorpius empapado, aún en su asiento.

3.

Luego de haberse cambiado de ropa, por otra muda del uniforme seca, Rose se dispuso a asistir el resto de las clases que le faltaban, posiciones y adivinación. Afortunadamente, los profesores no hicieron cambios de lugares como Erika Schneider. En esas clases, Rose se encargó de ignorar olímpicamente a Scorpius, como él hizo con ella….o eso pensaba.

Una vez que sus horarios culminaron, la Weasley decidió ir a la biblioteca a despejarse un poco junto a su hermano, Hugo. Se encontraba sumida en sus pensamientos mientras paseaba por los pasillos del castillo, mas sus ojos observando cómo algunos de gryffindors murmuraban entre ellos, como si estuvieran contilleando o algo así. Rose decidió restarle importancia. Hogwarts era peor que los libros de Rita Skeeter.

—Me enteré del revuelo en la clase de encantamientos Rosie — la pelirroja se encontraba de camino a la biblioteca cuando oyó la voz de su prima Roxanne próxima a ella. Soltó un suspiro a la vez que rodaba los ojos — Debió ser emocionante, a que sí.

—Te puedo asegurar que no, fue una verdadera molestia — afirmó Rose, mientras se adentraba a la biblioteca junto a su prima. Esta solía siempre actuar como su segunda habitación, como su lugar en el mundo. Allí podía relajarse y estar tranquila, nadie la molestaba mientras estaba sumida en su mundo.

—Ese Malfoy merece una buena patada en el culo — dijo Hugo, a la vez que se sentaba en un lugar libre, esperando a que su hermana cogiera los libros que necesitaban.

Rose se aproximó hacia las estanterías y comenzó a coger los libros que necesitaba, casi sin necesitar leer el lomo de estos, o ver su categoría. Ya se sabía la biblioteca de pies a cabeza.

—Seguro te mojó demasiado Malfoy ¿no? — las cejas de Roxanne se alzaron de manera sugerente, a lo que Rose respondió con una mueca de asco, arrugando su delicada nariz.

—Por Merlín, claro que no. Ni cerca de eso estuvo, ni lo va a estar — aseguró la pelirroja, sentándose en donde estaba su hermano, ya era el primer día y debía darle clases particulares. Roxanne la siguió, mientras dejaba sus anotaciones sobre la superficie de madera.

—Mira que a mí me cae mal Malfoy, pero no puedes negar que es ardiente — Rose negó por lo bajo, abriendo la primer página del libro Logro de Encantamientos. Scorpius sí era guapo. Aún Rose recordaba la forma en la que la había visto en el tren de camino a Hogwarts, y también en la cena de bienvenida, desde su mesa. Pero su personalidad del diablo lograba quitarle todos los puntos a favor. Desde su mal humor, hasta su actitud sobrada y despreocupada.

—Chicos, hola ¿puedo…? — los tres Weasley alzaron su mirada, notando la presencia de una rubia con una ancha sonrisa, cargando unos buenos libros con ella; Sky Delacour.

—Claro, Sky. Únete — respondió Roxanne, palpando el lugar a su lado, invitándola a sentarse. Sky iba a Ravenclaw y era un curso mal alto que Roxanne. Rose siempre llevó una linda relación con la chica, ya que Sky se asemejaba a ella con el tema estudios, por lo que siempre tuvieron encuentros en la biblioteca, como reuniones de estudios y así.

—Gracias, la verdad me gusta estudiar sola, pero las vi y me apeteció unirme — dijo la rubia mientras se sentaba junto a las dos Weasley — Me enteré lo de la clase de encantamientos…

—Joder…— gruñó Rose tapándose su rostro con sus dos manos. Como corrían los rumores.

—Rose es toda una chica mala. Este año se reveló — agregó Roxanne, jugando con la punta de su cabello negro.

—Hice justicia, eso es todo — atinó a decir Rose, mientras trataba de concentrar su mente en el libro, y no en lo ocurrido con Malfoy, que se le empezaba a ser imposible si se lo recordaban a cada rato.

—Y vaya que se la merecía….— gruñó Hugo, a la vez que de manera disimulada, sacaba una rana de chocolate del interior de su túnica y la llevaba a su boca.

—Como sea…¿no han visto que todos han estado actuando raro? — el comentario de Sky logró desconcentrar a Rose completamente del libro, llamando su atención a la perfección.

—¿A qué te refieres? — inquirió Rose, juntando sus cejas.

Sky se encogió de hombros, removiéndose inquieta en su asiento.

—No lo sé, en la sala común de Ravenclaw han estado hablando de algo que….— se mantuvo en silencio unos segundos — ¿Tú lo has escuchado Roxanne?

La actitud de la morena cambió completamente en cuanto la rubia se dirigió hacia ella. Se tensó en su lugar, y si bien trató de lucir despreocupada dirigiendo su mirada hacia su libro, le fue imposible.

—La verdad que no, he escuchado muy poco de eso — carraspeó su voz antes de seguir — Solo sé que hay un rumor, eso es todo.

Rose entrecerró sus ojos ¿a qué rumor se referiría? O estuvo muy concentrada en las clases para no prestarle atención a los alumnos, o no le interesaban los cotilleos.

De repente, Roxanne se incorporó de su lugar y cogió todas sus cosas, llamando la atención de los tres restantes que estaban allí.

—¿Qué haces….? — preguntó Hugo con la boca llena de rana de chocolate.

—Yo…recordé que debo hacer algo. Nos vemos luego — dijo nerviosamente, para luego salir precipitadamente de la biblioteca.

Rose se mantuvo estática en su lugar, sin dar crédito a la actitud de su prima. Ella nunca se comportaba así de nerviosa, y podía apostar que les había mentido con respecto a su repentina ida.

—¿Tú sabes algo de esos rumores Hugo? — inquirió Sky, hacia el hermano de Rose. Este se encogió de hombros.

—En la sala común de Gryffindor han estado hablando de que algo fuerte se va a montar en el colegio — respondió el chico — Algo que ya estaba organizado antes de que comiencen las clases.

—¿Cómo es posible que yo no estaba enterada de esto? — preguntó Rose cruzándose de brazos sobre su pecho, observando a su hermano.

—Porque apenas has pisado la sala común, Rosie. De todas formas, es lo único que sé — la pelirroja dirigió la vista a Sky, la cual se encontraba observando un punto en concreto, alejado de los dos Weasley.

—Debe ser algo en lo que están involucradas todas las casas, seguramente — apostó la rubia. Bajó su vista y apretó sus sienes con la punta de sus dedos, cerrando sus ojos — Supongo que nos enteraremos tarde o temprano de eso. Los chismes en este castillo no duran mucho.

4.

La vista de Rose estaba clavada en el techo de su habitación. Habían pasado dos horas desde que se había puesto el pijama, y se dispuso a intentar conciliar el sueño. Pero se le hacía completamente imposible. Miles de pensamientos rodeaban con su cabeza. Desde lo que había ocurrido con Malfoy en la clase de encantamientos, hasta la charla que mantuvo con Sky Delacour en la biblioteca, en la cual Roxanne actuó demasiado extraño.

Si algo fuerte se iba a armar en la escuela, ya hubiera salido a la luz, y ella inclusive se debería haber enterado, debido a que tenía a todos sus familiares. Tal vez era algo de lo que se necesitaba mucho disimulo, por lo que la pelirroja dudaba que fuera un simple chisme de niños, como una broma a un profesor o algo por el estilo.

Rose se incorporó de su cama, comenzando a caminar por toda la habitación dándole vuelta al tema. La misma se encontraba a oscuras, mientras que por el gran ventanal de la misma se colaba la blanca luz de la luna, traspasando las finas cortinas. La pelirroja pudo notar como su compañera de cuarto, Olivia Patil, ya se encontraba en el quinto sueño. Sin embargo, lo que más le extrañaba era la ausencia de Alice; eran la una de la madrugada y todavía no se encontraba en su cama.

De repente, sin querer, su vista se desvió hacia la mesa de noche de su amiga Alice. En ella había una clase de papel maltrecho, todo arrugado, hecho un bolló. Las cejas de Rose se enarcaron y lo que estaba por hacer no era propio de ella, pero algo en su interior le decía que debía hacerlo.

Se aproximó y cogió el papel, alisándolo sobre la mesa de noche. Estaba todo arrugado, pero en él aún se podía leer claramente su escritura:

" 12:00 a.m en séptimo piso en frente del tapiz de Bárnabas el Chiflado

O.M "

Sin dudarlo dos veces, Rose cogió un pequeño abrigo, se puso un calzado y tomó su varita. Salió de su habitación y con sigiló se encaminó las escalaras abajo. Iba a terminar con todo eso y averiguar lo que estaba ocurriendo. Estaba segura que Alice no necesitaba encontrarse con alguien a las 12:00 para darse el lote con alguna persona, y menos en un lugar tan secreto como el que ella estaba pensando.

En un murmullo pronunció lumos, haciendo que la punta de su varita se iluminara. La luz de la noche levemente lograban orientarla por los pasillos, pero no lo suficiente. Afortunadamente, se encontraba en el mismo piso donde debía ir, por lo que no tardaría en llegar. De repente un maullido hizo que su cuerpo se tensara por completo. Inmediatamente, hizo que la luz de su varita desapareciera y comenzó a mirar por los lados del pasillo, tratando de localizar que parte provenía. No era mucha ciencia; Flich y la señera Norris estaban cerca. A unos metros, notó como la sombra del conserje se iba acercando poco a poco, al igual que la de su gata complice.

Sintiendo el pulso en medio de su garganta, Rose comenzó a retroceder. Aferró sus dedos a su varita. Si la descubrían, estaba perdida, nunca la habían atrapado fuera del horario permitido, en realidad nunca se había escapado de su habitación.

—¿Quién anda ahí? — la rasposa voz de Flich llegó a los oídos de Rose. Se estaba acercando.

Si corría la iba a escuchar, incluso podía apostar que iba a lograr ver su sombra. Siguió retrocediendo, aumentando la velocidad de sus pasos sutilmente. Cuando de repente, sintió como alguien la cogía de la muñeca y la jalaba hacia atrás. Cerró sus ojos instintivamente, y notó como su cabeza chocaba contra una superficie dura, al igual que su espalda. Soltó un gruñido, que en cuento lo profirió notó como tapaban su boca, silenciándola.

Al instante, un aroma a menta y a césped recién cortado llegó a sus fosas nasales, embriagándola por completo. Una respiración entrecortada chocaba contra su oído, a la vez que sentía como un cuerpo se ceñía sobre ella. Poco a poco abrió sus ojos y lo primero que visualizó fueron unos grises profundos, semejantes a la frialdad del metal. Sobre ellos caían unos pequeños mechones rubios un tanto desordenados, pero que, Rose podía asegurar, eran suaves. Scorpius la tenía acorralada detrás de una columna. Su pecho estaba pegado al de ella, y si no fuera porque la palma de su mano estaba tapando los labios de la pelirroja, sus respiraciones podían fusionarse a la perfección.

Rose volvió a gruñir, pero esta vez no por el choque que tuvo en su cabeza y el sutil dolor que le causó, sino por la cercanía que ambos mantenían. No se sentía incomoda, se sentía intimidada, completamente abrumada.

—Sshhh…— susurró el rubio, observando a un costado de él, tratando de visualizar que Flich se estuviera alejando — Cállate, Rose.

La pelirroja sintió un cosquilleo por todo su cuerpo al escuchar su nombre ser pronunciado por los labios de Scorpius. Lo había dicho de una manera suave, silenciosa y casi delicada, completamente diferente a la forma en la que pronunciaba su apellido. Eso la desconcertó, a la vez que la cogió por sorpresa. Nunca la había llamado por su nombre, siempre por su apellido.

Un suspiro de alivio brotó de los labios del rubio; el conserje junto a su gata se habían marchado por fin. Sus ojos, ya relajados voltearon hacia Rose, mirándola directamente por primera vez en la noche. La pelirroja notó como el cuerpo de Scorpius se tensaba sobre el de ella, manteniendo su mirada prendada a la de ella por unos largos segundos. Fue una lucha de miradas, completamente distintas a las que habían tenido siempre. Lejos estaban de ser competitivas, cargadas de odio. Estas eran relajadas, con un ápice de tensión y nerviosismo. Pero un tanto….¿buenas?

Segura de que Flich se había ido, las manos de Rose se posaron sobre el pecho de Scorpius, empujándolo lejos de ella, haciendo que su cercanía y su contacto visual se rompiera.

—¿Qué crees que haces? — inquirió Rose, pasando una mano por su cabello naranja, el cual se había desordenado ligeramente.

Scorpius hizo lo mismo con el suyo, echándolo hacia atrás, para luego poner sus brazos en jarra, increpándola.

—Salvándote el culo ¿no es obvio? — respondió remojando sus labios y alzando sus cejas — Si no fuera por mí, ahora estarías dándole explicaciones estúpidas a Flich de por qué no estabas en tu habitación.

—¿Acaso tendría que agradecerte? — dijo la muchacha sarcástica, tratando de mantener el tono de su voz bajo.

—Deberías…— los ojos de Scorpius se desviaron del rostro de Rose, a todo su cuerpo, estudiándola. La chica enarcó sus cejas y bajó su vista a ella misma; la pequeña campera que había llevado ahora colgaba de un hombro, revelando su blusa de tirantes, rosa pastel, la cual combinaba con sus shorts de seda del mismo color. Lo peor no era que Scorpius Malfoy la estaba viendo en pijamas, si no que ella no llevaba sostén. Se había apresurado tanto en llegar a donde habían citado a Alice, que había olvidado el hecho de ponérselo.

Con sus manos, rápidamente pero de manera torpe, acomodó su abrigo, impidiendo que los ojos pudieran ir más allá. Rose pudo sentir como sus mejillas se enrojecían.

—¿Qué pasa con tus mejillas, Rose? ¿Tienes alergia? — preguntó el rubio con una sonrisa coqueta, revelando sus perfectos dientes blancos. Allí estaba otra vez, pronunciando su nombre.

—¿Se puede saber qué haces aquí? ¿Pasadas la media noche? — lo interrumpió la chica con nerviosismo, cruzándose de brazos sobre su torso. No iba a responder a esa pregunta estúpida.

Por segunda vez, Scorpius humedeció sus labios, pasando una mano por su nuca.

—Lo mismo podría preguntarte a ti ¿no, Weasley? — las cejas del rubio se alzaron con astucia, al tiempo que daba dos pasos hacia la bruja — ¿Qué haces aquí?

Rose se mantuvo firme en su lugar a pesar de notar como el rubio se acercaba a ella. No iba a lograr intimidarla.

—No es de tu incumbencia — respondió alzando su pequeño mentón.

—Entonces no es de tu incumbencia el que yo esté aquí — contraatacó el chico, en una sonrisa de lado, en la cual, la pelirroja, pudo apreciar un hoyuelo — Tranquilamente podría haberte dejado sola y que Flich te atrapara, por lo que me hiciste en la clase de encantamientos — un paso más hacia la chica. Rose se mantuvo estática.

—Te lo merecías.

Los ojos del rubio se mostraron incrédulos.

—Si fuiste tú la que me lanzó el primer chorro de agua.

—Fue sin querer, me había disculpado. Y tú ya te apresuraste a tomar revancha…— Rose tragó en seco. La cercanía que antes habían tenido, ahora la estaban volviendo a recuperar. Scorpius se estaba encargando de eso.

Otra sonrisa de lado, acompañada de unos ojos grises poniéndose en blanco apareció en el rostro del Malfoy.

—Me extraña que te haya sorprendido lo que había hecho…— una vez que estuvo lo suficientemente cerca de la Weasley, apoyó una mano en la pared, ladeando su rostro hacia ella, inclinando su cuerpo ligeramente —…nuestra relación siempre fue y será así, Weasley. Tú atacas, yo respondo, tú respondes, yo ataco. No lo olvides.

—No lo olvido, tenlo por seguro — la espalda de la joven se pegó contra la pared al notar como el contrario la volvía a acorralar. Nuevamente, el aroma de Scorpius volvía a embriagarla, poniendo su mente en blanco.

—Perfecto entonces — el rubio apretó su boca —Ten cuidado la próxima, tal vez no esté para salvarte. Ya hice mi buena acción del día — murmuró. Una mano de Scorpius se movió, y antes de que Rose pudiera hacer algo, los dedos agiles del contrario subieron la cremallera del abrigo de la pelirroja, rozando parte de la piel de su escote en el camino. Rose volvió a sentir como sus mejillas se enrojecían ante su tacto — Por cierto, te queda muy bien el rosa — susurró como última cosa el Malfoy, pegado al oído de gryffindoriana.

Se separó de ella, y dirigiéndole una última mirada, caminó hasta desaparecer por los pasillos del castillo. Dejando detrás a una Rose con la respiración entrecortada y la mente nublada.

¿Qué diablos había sido eso?