Risas, comida, ponche, y demás acompañaban el ameno ambiente esa noche. Era 25 de diciembre, y muchas cercanos se habían reunido en aquella casa a celebrar el habitual intercambio de regalos o amigo secreto.

Sus ojos azules miraron a todos lados y sonrío abiertamente.

— ¡Es hora del amigo secreto! — exclama alegre —. Iré por el mio, ya vuelvo — si se fue escalera arriba.

Todos asintieron y empezaron a dar sus regalos, entre risas, sonrojos y uno que otro nerviosismo.

Miro su regalo, él, de apariencia débil y tímida. Miro hacia el grupo y luego miró hacia la escalera, donde la persona que le había tocado ese año darle un regalo había desaparecido un momento. Sus mejillas se sonrojaron.

— No puedo hacerlo —y sale desanimado, llegando a un bonito jardín cubierto de una moderada capa de nieve. Acomodó bien su abrigó y bufanda y se sentó solitariamente en aquel banco.

Miro su regalo, de un papel azul y lazó verde.

— Soy tan cobarde.

— ¡Tamaki-kun!

Se tensa y alza la cabeza al escuchar su nombre de aquellos labios. Su cabello azulado ondeaba en su espalda mientras corría junto a su bufanda. Ella llegó frente a él y sonrío extendiendo un paquete decorado.

— Espero te guste —sonríe y el se sorprende de que ella fuera su amigo secreto—. Vamos tómalo, espero te guste, casi ni hablamos así que no conozco muy de cerca tus gustos, pero Mirio me guío un poco — Tamaki noto sus mejillas sonrojadas en medio de ese rostro alegre.

Extendió una mano y tomo el paquete de un azul marino.

Su corazón latió apresuramente.

— Bueno, nos vemos a dentro — dice ella dándose la vuelta, él la miro ansioso recordando tenía que darle también su regalo, sacando valor dentro de si mismo la toma con delicadeza de su abrigó

—Nejire, yo, toma, este es mi regalo para ti —pronuncia bajamente, pero ella le escucha perfectamente.

—Así que tu eres mi amigo secreto — toma el regalo alegre — ¡Que concidencia!

El solo sonríe de manera mínima, pero feliz de ver esa expresión en ella. Fue de repente que sintió unos labios en su mejilla. Sus ojos se abrieron como canicas y su rostro de un rojo chillón. Para luego separarse y decirle lo esperaba adentró para seguir compartiendo todos juntos. Él solo quedó ahí clavado, procesando aun lo que había ocurrido.

Nejire, le había dado un beso.

Y con ello no pudo evitar pensar...

¿Qué mejor intercambio que ese?

...