||AUTORA: EAGLE QUEEN||

DISCLAIMER: °LOS PERSONAJES Y LOS ESCENARIOS AQUÍ NOMBRADOS SON PROPIEDAD DE MASAMI KURUMADA Y TOEI ANIMATION°

CAPITULO 5

CASTIGO.

CAMARA DEL PATRIARCA.

El patriarca impostor del santuario se encontraba tomando un baño dentro de la pileta con aguas termales mientras sus doncellas colocaban aceite de naranjo por su ancha espalda y su masculino torso dándole un suave masaje, Saga necesitaba relajarse y pensar con lucidez en un castigo que pudiera darles un escarmiento a dos de sus mejores guerreras, le habían reportado conflictos entre ellas y tenía que solucionarlo antes de que todo se le saliera de las manos.

Después de veinte minutos Gigas tocó la puerta para avisar a su ilustrísima que llevaba consigo a las amazonas del águila y ofiuco, la doncella que aguardaba por ellos entró a los aposentos del patriarca repentinamente e interrumpió sus pensamientos avisándole que las guerreras que había mandado a llamar ya esperaban por él junto a Gigas afuera de la cámara patriarcal.

Saga se paró de la pileta e hizo de señas a dos doncellas quienes rápidamente se acercaron a él para secar su cuerpo con toallas de lino finamente bordadas y finalmente colocaron su ropaje habitual. Salió de aquel cuarto acompañado por tres doncellas y tomó su lugar en el trono patriarcal.

-Háganle saber a Gigas que las amazonas pueden pasar, mientras tanto ustedes retírense-

-Como usted diga- respondieron las mujeres haciendo una pequeña reverencia al salir.

Las dos guerreras entraron al templo papal hincándose sobre una rodilla y bajando levente la cabeza en señal de respeto.

-Gigas nos ha informado que solicitaba nuestra presencia con urgencia- dijo la pelirroja.

-Levántense- ordenó el patriarca –Se me ha informado que al parecer una de ustedes tiene problemas de conducta, caballero de ofiuco, Aioria de leo reportó esta mañana tu agresión hacía el caballero del águila, ¿Qué tienes que decir al respecto?-Preguntó aseverando el tono en su voz.

El rostro de Marín se tensó bajo la máscara. ¿Aioria de nuevo en sus asuntos? ¡Eso no era posible!- ¿Por qué insistes en meterte donde no te llaman Aioria?- pensó ella, soltando un casi inaudible suspiro.

De forma repentina Shaina irrumpió sus pensamientos tomando la palabra –Pero, su ilustrísima ¿Qué veracidad pueden tener las palabras del hermano de un traidor?- preguntó la amazona queriendo poner en duda la veracidad de las palabras de Aioria.

-¡Silencio!- dijo azotando las manos en su trono. -Aioria solicitó un par de doncellas para que curaran a Marín y ellas confirmaron que estuvieron en su cabaña. Además las ordenes aquí las pongo yo, mientras yo no ordene nada no tienes por qué atacar a tus compañeros, ¿entendido?- dijo el patriarca mientras observaba las heridas en los brazos de Marín, los puños de la cobra emblanquecían y a regañadientes asintió las palabras del patriarca.

-Las dos tendrán un castigo… usted caballero del águila por no reportar la agresión sufrida y usted caballero de ofiuco por agresión a sus compañeros. Lo he pensado bien y creo que el castigo justo es que ambas convivan día y noche por una semana en la cabaña de Marín-

-Pe, pe, pero, ¡su ilustrísima!- replicó Shaina al escuchar el castigo.

-¡Pero nada Shaina! ¿No te gustó? Entonces, para que te guste las rondas nocturnas las harán juntas y espero aprendan a llevarse mejor, de lo contrario la próxima vez el castigo no será piadoso- Saga sonreía bajo la máscara al leer las expresiones corporales de la amazona de ofiuco, sabía que su castigo parecía piadoso, pero en verdad le estaba dando a Shaina un castigo peor que encerrarla en las legendarias mazmorras del santuario.

Shaina calló esta vez y después ambas amazonas asintieron con la cabeza.

-Pueden retirarse y por su bien espero que no hayan más conflictos entre ustedes, ¿entendieron?-

-Sí su ilustrísima- respondió la pelirroja.

-Shaina, no te escucho-

-Sí…su ilustrísima- las uñas de Shaina lastimaban cada vez más sus puños de la fuerza que hacía, pero no le quedaba otra opción que obedecer… al menos delante del patriarca.

Ambas amazonas cruzaron miradas para después salir de la cámara patriarcal. Era bien conocido por todos en el santuario que el patriarca podía ser piadoso en ocasiones, pero nadie debía tentar a su suerte, inclusive ni sus mejores guerreros.

-¡Maldito gato con botas me las pagará! Esta humillación frente al patriarca no puede quedarse así, ya llegará mi tiempo de vengarme, Y tu japonesita cuídate… No creas que ese nuevo defensor te salvará de una buena golpiza. Te espero esta tarde en el coliseo para entrenar- dijo la cobra mientras se alejaba del lugar soltando una risa malvada.


Después de pensarlo mucho Marín acudió al coliseo para su encuentro con Shaina y tal como lo esperaba el entrenamiento de ese día iba a terminar desatando la furia de la cobra, se vio orillada a utilizar más energía y fuerza para evitar terminar abatida en la arena del coliseo, la descarga de energías fue tanta que al terminar el entrenamiento buscó un árbol cercano para recargarse en él y descansar un poco.

-¡Por Athena!, se abrieron las heridas de ayer- dijo al verse las heridas de los brazos y las piernas sangrar nuevamente, de pronto sintió un cálido cosmos aproximándose a ella.

-¿Qué haces aquí?- preguntó mientras se paraba con dificultad para encarar al dueño de aquella energía que extrañamente se sentía acogedora.

-Me enteré de que nuevamente te enfrentaste a Shaina en el coliseo, supuse que estarías por aquí y quise venir a ver como estabas- dijo el león esperando una buena reacción por parte de la amazona, pero contrario a eso, Marín lo miró a los ojos para después soltarle una bofetada que Aioria ni siquiera vio venir por estar bajó el efecto casi hipnótico que le provocaba el dulce olor a vainilla que venía de la amazona.

-¿Qué te pasa? ¿Estás loca?- preguntó Aioria mientras tomaba fuertemente de ambas muñecas a Marín.

-Suééééél…tame- dijo la pelirroja doliéndose un poco al forcejear para soltarse del agarre del león.

-Es lo menos que te mereces por ir a contarle al patriarca lo que ocurrió ayer en el coliseo- dijo ella, cuando por fin pudo soltarse dio dos pasos hacia atrás.

-¿Es por eso? ¿Estás molesta porque le conté al patriarca que Shaina casi te mata a golpes?- cuestionó el león con el ceño fruncido, su enojo era evidente y es que no entendía como Marín podía seguir aguantando el acoso y los maltratos de Shaina y sus secuaces.

-No tenías por que meterte, nadie te lo pidió. Ya déjame en paz Aioria de leo, no te metas más en mis asuntos- dijo Marín señalándolo con su dedo índice.

Aioria ya había visualizado las diversas heridas sangrantes que Marín tenía por todo el cuerpo, así que la jaló de la mano repentinamente atrayéndola hacia su cuerpo quedando frente a frente, con sus fornidos brazos rodeo la pequeña cintura de Marín y tomó con fuerza ambas manos de la amazona por detrás de ella para evitar que se soltara. Ella pudo sentir la cálida respiración de Aioria golpeando suavemente su máscara y por un instante sintió que su razón la abandonaba lentamente, estaba inmersa en ese par de esmeraldas que la miraban intensamente como queriendo penetrar el frío metal de su máscara plateada.

Transcurrieron unos minutos que realmente para ambos se hicieron eternos, Aioria sintió como la amazona relajaba su cuerpo y no tuvo que utilizar más su fuerza por que ella parecía haber cedido. Marín negó con la cabeza y se soltó hábilmente del agarre del león para abofetearlo por segunda vez, con la poca fuerza de voluntad que tenía lo empujó para alejarlo de ella.

Aioria se llevó la mano a la mejilla derecha para sobarla mientras la veía alejarse.

-¿Qué tiene esa mujer que me atrae tanto? No es una más de mis conquistas, lo sé; puedo sentirlo claramente en la forma que me hace sentir su sola presencia- pensaba el león quien sin darse cuenta sonreía.

Marín caminaba desconcertada rumbo a su cabaña, no entendía que le había sucedido y tampoco deseaba ahondar en el tema, lo cierto es que después de tantos años de evitar el contacto directo con Aioria poco a poco este iba penetrando más en su vida, con esa maraña de pensamientos abrió su cabaña y se percató de que Shaina estaba sentada en una silla de madera con los pies sobre la mesa limándose tranquilamente las uñas de las manos.

-¿Qué haces aquí?- preguntó alarmada la amazona del águila.

-¿Ya lo olvidaste a caso? El patriarca ordenó que debemos convivir una semana en tu cabaña- respondió la cobra.

-Es cierto, con tantas cosas se me olvidó por completo- susurró Marín.

-Será un placer hacerte la vida de cuadritos- dijo Shaina lanzando una mirada de advertencia para Marín, pero la pelirroja ignoró por completo a la amazona de ofiuco, cogió un botiquín de primeros auxilios y se sentó en la orilla de su cama para comenzar a curar las heridas que seguían sangrando.

Shaina se acercó y apretó el brazo de la amazona del águila para ver si ella sentía dolor alguno por los golpes pero ni una sola mueca de dolor apareció en ella, Marín observó extrañada el comportamiento de su compañera mientras se formaba un silencio incómodo entre ellas.

–Ese inútil traidor hizo bien su trabajo- dijo al fin Shaina.

-¿Qué dices?- preguntó Marín asombrada ante el comentario de la cobra e inmediatamente tocó todas las heridas de su cuerpo percatándose de que no había dolor por ningún lado.

-Ingenua- dijo Shaina soltando una carcajada. –De camino a tu cabaña, vi como el hermano del traidor te abrazaba cubriéndote con su cosmos, eso fue hizo que hizo cesar tu dolor y es una lástima que su poder no sea suficiente para cerrar tus heridas por que con el entrenamiento de mañana se abrirán de nuevo- terminó de decir Shaina mientras se metía al baño para darse una refrescante ducha.

Marín se quedó pensando en lo que la amazona de ofiuco le había dicho y recordó como sintió la calidez del cosmos de Aioria rodear su cuerpo entero, no lo notó en el momento, pero el león había quitado los dolores provocados por las heridas abiertas.


El caballero de leo descansaba sentado debajo del árbol donde encontró a la amazona del águila, tenía la espalda recargada sobre el tronco y los ojos cerrados, el fresco aire del atardecer mecía sus cabellos castaños de forma tan pasiva que por un momento parecían haberlo arrullado hasta dejarlo dormido, mientras tanto en sus pensamientos la misma pregunta seguía dando vueltas una y otra vez sin descifrar una respuesta concreta y es que desde hace tiempo atrás se había vuelto una persona totalmente seria, sin algún tipo de sentimientos en su corazón que no fueran la amargura y el coraje por tener que cargar con la etiqueta de "traidor" y después de conocer a Marín algo en el estaba cambiando hasta el punto de hacer que sus labios se curvaran cada vez que la veía.

Negándose a aceptar la evidente respuesta a su pregunta se dispuso a levantarse para caminar dirigiéndose a su templo, cuando al dar unos pasos se percató de que algo brillaba entre el verde pasto, se agachó para descubrir el objeto que destellaba ese brillo y grande fue su sorpresa al descubrir que era el collar que Marín llevaba puesto el día que la conoció, el collar se había desprendido del cuello de la amazona y ella seguramente no se había percatado de ello.

-Volverás a verme quieras o no, Marín de águila- susurró mientras una amplia sonrisa se dibujaba en sus labios.


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