• Autora: Tooru
• Palabras: 619
• Advertencias: OoC que roza lo descarado, posibles faltas de ortografía y gramática.
• Promtp: Hate sex/Angry sex


Midorima Shintarō no soporta, en lo absoluto, al actual capitán y escolta de Yosen por razones que no termina de comprender. Sabe que el sentimiento es mutuo porque siempre que ambos están cerca, nunca faltan los comentarios sarcásticos y llenos de malicia por parte del mayor que, a pesar de ser casi diez centímetros más bajo y tener menor masa muscular, logra imponerse con su aura llena de confianza en sí mismo y esa sonrisa falsa que tanto odia y quiere destrozar en cada partido que tiene contra él.

Himuro Tatsuya tampoco soporta la presencia del menor, su talento natural para hacer tiros perfectos desde el otro lado de la cancha le parece odioso y entiende la razón detrás del porqué Taiga tampoco lo soporta. Tatsuya odia la forma en la que se deja llevar por sus supersticiones carentes de sentido alguno y sus estúpidos hábitos en los que también ha arrastrado al pobre Kazunari que le tiene una paciencia eterna.

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Los besos son demasiado agresivos, carentes de algún sentimiento diferente a la lujuria y el deseo por destrozar al contrario de todas las formas posibles.

Hay roces descarados por aquí y por allá, largos suspiros y gemidos roncos generados por la constante fricción de ambos cuerpos aún con la ropa siendo una barrera.

Midorima es el primero en separarse del beso para inhalar la mayor cantidad de aire que le sea posible antes de pasar sus labios por la sensible y pálida piel del mayor.

Es curioso cómo dentro y fuera de la cancha se odian por ser tan similares, pero se complementan de esa manera tan irónica cuando se trata del sexo. Y ambos se odian por disfrutar cada encuentro que tienen solo para bajarse la calentura y tolerar el estrés que conlleva el ser deportistas de alto rendimiento.

Himuro suelta un largo gemido cuando siente los dientes de Midorima morder con fuerza el hueco entre su cabeza y su hombro en un intento por marcarlo como parte de su propiedad, y la simple acción le da risa porque ninguno de los dos se pertenece, simplemente tienen sexo porque no hay sentimientos involucrados al final de cada sesión.

La ropa no tarda en salir prácticamente volando por encima de sus cabezas, cayendo en algún punto de la habitación que no les interesa en ese momento. Los besos no se detienen, las mordidas no tardan en aparecer como tampoco los roncos suspiros y palabras sucias llenas de malicia.

Se odian, tanto que no logran comprender por qué siguen haciendo esto. Y es curioso cómo sus encuentros terminan siendo cada vez más frecuentes, conforme su relación se vuelve mucho más tensa por culpa de Himuro y su forma tan poco saludable de lidiar con el estrés de ser un buen capitán para el Yosen, tener calificaciones excelentes que le permitan tener también una beca académica para la universidad, y el estudiar para los exámenes de admisión que deberá presentar en unos meses.

—Idiota… —suelta Midorima entre dientes, con la voz entrecortada y molesto por sentir como Tatsuya le deja un chupetón en su cuello que será visible por, al menos, una semana.

—Para que no me olvides —la sonrisa del pelinegro no expresa absolutamente nada bueno, y eso provoca que Shintarō vuelva a morder el cuello del contrario con más fuerza que antes.

Himuro solo le responde con un falso gemido a pesar de que se siente demasiado bien que su piel sea marcada con tanto desprecio.

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Fuck me, Shintarō… —susurra Tatsuya cerca del oído del más alto, con voz seductora y soltando quejidos de placer conforme la fricción de sus miembros se vuelve cada vez más frenética—. Fuck me like if you really hate me…