• Autora: Tooru
• Palabras: 485
• Advertencias: Ooc descarado, posibles faltas de ortografía y gramática
• Prompt: Tittfucking | Lingerie
Midorima a veces no podía creer lo increíblemente insistente que podía ser Kazunari con ciertas cosas; siendo que, para empezar, el azabache había pasado por muchas cosas antes de, siquiera, llegar a ser su mejor amigo. Y si a eso le sumaba también todos los esfuerzos que el menor tuvo que hacer para volverse importante...de acuerdo, Midorima Shintarō debería estar más que acostumbrado a que Takao sea tan insistente con lo que quiere.
Así que no debería sorprenderle que, para variar, el azabache había logrado lo que quería; de la forma en la que lo quería, y no había puesto resistencia alguna porque, ¿cómo podría resistirse a él cuando es tan bueno y en el sexo siempre lo hace sentir tan bien?
¡Tendría que estar loco para oponerse! Y si bien su gran orgullo y actitud tsundere, como suele ser definido la mayor parte del tiempo, le impide ser más abierto con las cosas que quiere, pero de eso a negar que en verdad le gusta como Kazunari logra llevarle a su límite siempre que tienen sexo, hay una gran diferencia (y, por lo menos, unas cinco discusiones sobre cualquier cosa que el menor quiera experimentar).
Es por eso por lo que, tal vez, y después de tanta insistencia, Kazunari había logrado algo más que deseaba. Pero...en verdad, era mucho para Midorima el tratar con el menor y cada idea que se le metía en la cabeza.
Bien, había aceptado que el menor follara su pecho solo porque, gracias al ejercicio y en palabras de Takao, «Shin-chan, tus pectorales son igual de grandes que los pechos de una mujer», y bueno, en un principio se sintió ofendido (Takao, ¿qué demonios?), pero después pensó en que no era tan malo (¿qué demonios?); pero en su trato no estaba que Kazunari vistiera lencería femenina.
Más específicamente, lencería negra. Y, ugh, Midorima se odia —un poquito, casi nada— por pensar en que a Takao le quedan tan bien las medias altas y el liguero, aunque se ve un poco raro entre más subía la vista. Los pantis negros dejan entrever claramente un bulto que estira el elástico, y en lugar de algún elegante sostén de encaje, Kazunari usa un saco y una corbata a juego con el conjunto.
¿Lencería de oficinista? ¿En serio?
De cualquier forma, ya no hay vuelta a atrás con su decisión. Y Midorima admite que, de manera sorprendente, todo esto le emociona más de lo que está dispuesto a admitir –más por el hecho de que siempre pensó en que Takao le obligaría a usar lencería femenina en lugar de usarla él–.
Vaya que siempre es entretenido tener sexo con el azabache, porque no tiene miedo alguno a expresar sus fetiches, y mucho menos a experimentar diversas formas de experimentar y dar placer.
Y bueno, que ver la lencería caer descuidadamente sobre la cama es excitante. Midorima no es nadie para negar eso.
