Regina Mills
Emma hizo todo lo que pudo… pero no había forma humana de que le saliese un patronus hecho y derecho. Apenas un escudo de luz… bastante pequeño. Estaba sudando y le costaba respirar después de todos aquellos intentos.
_ Genial… ya estoy metiendo la pata otra vez._ Bufé.
Athenea pareció oírla, porque se acercó y le dedicó una cálida sonrisa que ella correspondió, aunque se notaba de forma algo forzada.
_ No sea tan dura consigo misma, señorita Swan. Tan sólo la señorita Granger, la señorita Mills y el señor Potter han sido capaces de lograr un patronus corpóreo. Le diré lo mismo que al resto de sus compañeros. Siga practicando.
_ Sí, profesora. Muchas gracias._ Bajó la mirada._ Pero no me gusta fallar.
_ Esa competitividad es buena._ Sonrió._ Pero no deje que la agobie. Es un buen conjuro para alguien tan joven.
Se aclaró la garganta, llamando la atención del resto de alumnos.
_ Podemos dar la clase terminada por hoy. Acercaos antes de la salida por favor.
La profesora se quedó junto a la salida y nos dio una onza de chocolate a cada uno. La lección había sido breve, pero estaba claro, como ella misma había dicho, que la usaba para probarnos. Yo me sentía orgullosa de haber superado la prueba… pero Emma. Emma estaba ofuscada.
_ ¿Qué te pasa?_ Le pregunté, poniéndole la mano en el hombro.
_ No me gusta esa mujer._ Dijo, bufando como un animal furioso._ Me mira con condescendencia. Como si diera por sentado que no valgo nada.
_ ¿Qué dices, Emma?_ Le rodeé la cintura con la mano mientras bajábamos escaleras abajo._ Yo no he visto nada de eso… parecía que se preocupaba. Es todo. Ya te gustaría que a Snape le importase tanto animarte.
_ No sé… hay algo en cómo me mira… no me gusta.
Habíamos llegado frente al aula de pociones, y no éramos las únicas que cuchicheábamos. Era poco habitual que la profesora Mcgonagall se retrasase.
_ Emma… de verdad. A mí me ha gustado mucho la clase… creo que te preocupas en vano._ Le susurré, escuchando los pasos de la profesora._ Debo irme, tengo clase con los de Hufflepuff.
_ Nos vemos en el descanso._ Me dijo, en voz baja._ Te quiero.
_ Y yo a ti._ Le dije antes de perderme por los pasillos.
Emma Swan
Transformaciones tampoco fue la asignatura que me animó. Quizá Regina no estuviera allí demostrando que podía convertir una mesa en una bandada de pájaros con un sólo toque de la varita, pero Hermione tenía espacio para lucirse. Yo estaba intentando esconderme detrás de una pila de libros.
Se nos había pedido que comenzaremos con los hechizos no verbales. Lo cual era mucho más complejo de lo que parecía en un principio. A viva voz era bien capaz de convertir aquella rata en una copa de cristal. Había sido capaz de que tenía doce años. Pero en aquel instante, hacerlo sin pronunciar palabra… hacerlo sólo con el pensamiento…
Era muchísimo más difícil que cuando no sabía hacer magia. Aprender los conjuros, quería decir. Ahora sentía que para mí era como tratar de desaprender, en lugar de aprender algo nuevo.
_ Herms, no puedo con esto... Soy lo peor._ Murmuré.
_ No eres lo peor… mira eso._ Me dijo, en un susurro, dándome un codazo.
Tenía una sonrisa pícara que no le pegaba. Eso se le había pegado de Pansy, de eso estaba segura. Aunque era gracioso, para qué negarlo. De alguna forma, Ron había acabado flotando cabeza abajo en mitad del aula, con unas enormes orejas de burro… que estaban completamente coloradas.
_ Pobre… no deberíamos reírnos._ Dije, intentando contener una carcajada._ Lo está pasando mal. Es uno de tus mejores amigos… ¿No te da pena?
_ Claro que me da pena._ Murmuró, dando un suave golpe con la varita.
Ron bajó lentamente al suelo y nos miró con cara de pocos amigos mientras la profesora se acercaba a devolverle a las orejas su tamaño original.
Regina Mills
Estaba tumbada sobre el césped. Los últimos coletazos del verano aún se hacían notar, y era un día cálido. Me había despojado de la capa y la había dejado a un lado. Empezaba a sentir cierta modorra. Después de lo mal que había dormido la noche anterior estaba cansada.
Tenía los ojos cerrados, pero aún así pude notar cómo se me tapaba la vista. Abrí los ojos, sintiendo el impulso inmediato de entrecerrarlos, cuando vi aquel rostro enmarcado por una melena rubia. Sonreí un poco.
_ ¿Quieres que te dé un beso de buenas noches?_ Preguntó Emma, coqueta.
_ Quizá prefiera un beso de buenos días._ Le dije, siguiendo su juego.
Se tumbó sobre mí y me dio un beso en la frente.
_ ¿Qué tal tu clase…?_ Preguntó._ Tienes barro en los zapatos… ¿Herbología?
_ Premio, señorita Swan._ Le dije._ Es de tus favoritas, ¿Cierto?
_ Sólo porque se me da bien… como pociones._ Dijo, sin dejar de mirarme._ ¿A ti hay algo que se te dé mal?
_ Pues… estudios muggles, la verdad._ Confesé._ Una vez leí uno de los libros de texto y… puff. No pude soportarlo.
_ Sigues siendo una Slytherin odia muggles en alguna parte._ Dramatizó.
_ ¿Qué? ¡No! Tus padres son muggles y me caen muy bien.
_ Te caen bien tus suegros… ¿Ves? Ningún muggle diría eso jamás._ Se separó y se sentó a mi lado. Yo me incorporé.
_ Oye, ¿No es esa Morgana?_ Emma miraba a un punto ligeramente distante.
Pero lo cierto es que sería difícil no distinguirla. Su porte la hacía destacar, así como sus ropas de abrigo, y en especial el escudo de Durmstrang sobre el pecho. Me puse en pie lentamente y me dirigí hacia ella. En cuanto se percató de mi presencia, se detuvo y me dedicó una larga sonrisa.
_ Morgana, ¿Qué te trae por aquí?_ Pregunté._ Me alegro de verte, por cierto.
_ Oh, nada importante. La profesora Mcgonagall necesitaba que verificase algunas referencias._ Se cruzó de brazos._ ¿Qué tal vuestro primer día? ¿Hogwarts os lo pone demasiado fácil?
_ Ni por asomo._ Se quejó Emma._ Los hechizos no verbales son un infierno.
Morgana sonrió de oreja a oreja.
_ Eso es temario de quinto en Durmstrang._ Dijo, orgullosa._ Regina ya los ha estado practicando este verano.
_ ¡Eh!_ Se quejó Emma._ ¡Se supone que no puedes practicar en vacaciones!
_ Para ser justa tenía dos tutoras especializadas._ Reconocí.
_ ¿Y traías ese patronus practicado de casa?_ Se cruzó de brazos.
_ Por supuesto, Emma. Una no coge la varita y hace un patronus corpóreo de buenas a primeras._ Le dije.
_ ¡Eres una tramposa!_ Me acusó, llenando los carrillos.
_ Emma… ¿Habrías practicado de haber podido?_ Me crucé de brazos.
_ No pero… ¡No es justo!
_ Te pones muy mona cuando te enfadas, Swanie._ Noté cómo se le desinflaba el enfado.
_ No juegues así conmigo, jo.
_ Bueno… debería dejaros, pareja._ Morgana sonrió._ Pero… mandadme una lechuza si queréis tomar algo en una de esas visitas a Hogsmeade que os dejan hacer.
_ Lo haremos.
Morgana se despidió con la mano y yo la imité.
_ Mi madre dice que debo estrechar lazos con ella._ Me crucé de brazos._ Pero es difícil.
_ ¿Difícil? Difíciles eran tus otros padres._ Dijo Emma._ ¿Qué tiene de difícil Morgana?
_ Que me recuerda demasiado a mi madre… y a mí misma. Es una Karkarov… es la cara de Durmstrang y…
_ Entiendo. Perdona si he tocado una fibra sensible._ Me cogió la mano.
_ Estoy bien. No tenéis que preocuparos tanto por mí._ Me pasé la mano por la nuca._ Anda, vamos a pociones. Snape nos matará si llegamos tarde.
Y en parte no me faltaba razón, porque si Emma se había mostrado molesta aquella mañana, cuando Snape entró en el aula, unos minutos tarde, algo que, por cierto, no era para nada habitual en él, parecía un terremoto. Estaba claro que estaba genuinamente furioso.
Dudaba que si Emma hacía alguno de sus chistes fuese a salir indemne en aquella ocasión. Me senté junto a Pansy y empecé a ojear mi libro.
_ Ya te echaba en falta._ Dijo, mientras repasaba el suyo._ No creo que Snape vaya a ponérnoslo fácil… si supieras lo que he oído.
_ ¿Has vuelto a los chismes, Pansy?_ Le pregunté, alzando una ceja.
_ Esto es serio, Regina._ Dijo, sacando su material._ Dicen que Snape ha discutido con Williams. Que iba a…
_ Si lo que tiene que compartir con la señorita Mills es tan importante supongo que no le importará contárselo al resto de la clase.
La voz de Snape, como de costumbre, fría y profunda, hizo que un escalofrío me recorriese la espalda. Por supuesto que nos había oído. ¡Maldita sea el ansia de cotilleos!
_ Profesor… no creo que sea una buena idea que yo…
_ No, insisto._ Intervino él._ Por favor, cuéntaselo a todos. Estoy seguro de que se mueren de curiosidad.
Pansy se habría metido dentro del caldero si no se hubiera quedado helada por la mirada de Snape. Sí, a pesar del fluido hirviente que había tras ella.
_ Me contaron qué…
_ ¿Quién se lo contó?
_ Zabini, profesor..._ Dijo, apartando la mirada del chico, que se vio vendido por ella._ Me contó que usted y la profesora Williams discutieron… sobre el puesto de profesor de Defensa contra las artes oscuras… al parecer usted iba a ejercerlo este curso hasta que ella se presentó.
Snape se puso rojo de ira. Nunca le había visto tan enfadado. ¿Cómo de grave podía haber sido todo aquello?
Unas horas antes
Narrado en tercera persona
Athenea no había tenido tiempo a adaptarse a su despacho, a su dormitorio. Era escueto, pero práctico. No tardaría demasiado en recibir su primera visita. El profesor Snape entró, moviéndose de tal forma que parecía un murciélago.
_ Osea que usted es la señorita Williams._ Snape no estaba de buen humor.
Pero era por buenas razones. Hasta la noche del día siguiente, que él supiese, enseñaría defensa contra las artes Oscuras. Había preparado su material para la asignatura y ahora no podría impartirla porque, en última instancia, había parecido aquella mujer.
Poco más que una niña. Eso era lo que vería cualquiera. Y Snape no fue una excepción en ese caso. No podía creerse que aquella jovencita le hubiera robado su legítimo puesto.
_ Supuse que vendrías, Severus._ Le miró a los ojos._ Deberías tranquilizarte un poco. ¿Quieres un té?
_ No, no quiero té. Lo que quisiera es una explicación._ Dijo, mirándola._ Hasta ayer ni tan siquiera sabíamos de su existencia, y hoy llega y se queda con mi puesto.
_ Profesor… tan sólo he venido a cubrir una vacante._ Suspiró._ Ya es bastante difícil prepararme sin estas insinuaciones. Como sabrá, es la primera vez que doy clase.
_ No tiene experiencia y…
_ Profesor Snape, con todo el respeto que puedo profesarle en estos momentos… debo decirle que si continúa con esa frase le demostraré yo misma si tengo o no lo requerido para enseñar esta asignatura.
Pansy Parkinson
_ Debo deducir entonces que Zabini debía estar en la sala contigua escuchando. Por tanto. Os restaré cinco puntos a cada uno y los tres estáis castigados mañana por la noche.
_ ¿Los tres?_ Pregunté, tensa.
_ Usted, el señor Zabina y la señorita Mills._ Dijo Snape, con ligereza._ Así aprenderán a no espiar ni a cuchichear en mi clase.
Me llevé las manos al rostro. Había hecho que castigaran a Regina por mi culpa. La morena, sin embargo, sólo suspiró y asintió, comenzando a preparar la poción, el filtro de muertos en vida.
_ ¿No vas a protestar?_ Comenté._ Ni siquiera has hecho nada…
_ No te preocupes._ Dijo ella, sin perder el hilo._ Puedo aplazar las pruebas un día más… Sólo espero que aquí el demonio rubio no me coja demasiada ventaja.
