Emma Swan
_ Pero… tienes que ayudarme. Un poco de compasión._ Insistí.
Hermione alzó una ceja, inflexible ante mis palabras. Más que conseguir hacer frenar un poco esa convicción parecía que había hecho justo lo contrario. Estaba inflexible.
_ Emma, si te hago los deberes no vas a aprender nunca. Tienes que arreglártelas por ti misma._ Me dijo, mientras cruzaba los brazos.
_ ¿Vas a dejar que suspenda, Herms?_ Le pregunté, mientras ponía ojos de cordero degollado._ ¿Tú, qué eres mi mejor amiga? No te digo que me hagas los deberes, sólo que me ayudes a entender todo esto.
_ Te resultaría más fácil si no te durmieses en clase._ Se quejó, mientras tomaba asiento a mi lado._ No vas a poder vivir siempre de las pociones, ¿Sabes? Si tu sueño es ser un Auror no vas a conseguir sólo con eso. Necesitas defensa contra las artes oscuras.
Sabía que tenía razón, pero esa asignatura se me resistía a pesar de que no me quedaba más remedio que seguir intentándolo. Aunque lo cierto es que sentía que defensa contra las artes oscuras no era lo mío. Si la profesora Williams no hubiera sido tan indulgente ni tan siquiera tendría derecho a estudiar su asignatura. Con mi "Aceptable", no habría llegado muy lejos con otro profesor.
_ Bueno, espero que tu ayuda me baste. Ya sabes lo que pasó el año pasado en el ED. Fui la única que no consiguió hacer un Patronus.
No quería esforzarme en pensar en el año anterior. Había sido horrible. Los castigos que había ejecutado la profesora Umbridge sobre mí habían sido innombrables, especialmente desde que Regina me había cogido fijación y había ido a la brigada inquisitorial con todos mis chismes. No había estado con ellos, eso requería demasiada dedicación para esa sabionda, pero no se había cortado para que me hicieran pasar malos ratos.
Aún estaba enfadada por cómo se había atrevido a besarme. No dejaba de tener… pesadillas, con aquel beso. Regina no había vuelto a acercarse a mí desde entonces más que para insultarme cuando nos tropezábamos por los pasillos y para torpedearme en las clases.
Todo parecía haber vuelto a su perspectiva habitual. Su mirada volvía a ser igual de fría, y sin embargo, yo no podía olvidar de la noche a la mañana lo que me había dicho entonces… cómo me lo había dicho… y aquella mirada que me había dedicado.
_ ¡Emma!_ Hermione me sacó de mi ensoñación._ Primero me pides que te ayude y luego te quedas en chupilandia.
_ Oh, perdona, Herms. Estaba pensando en tonterías._ Dije, mirando el libro de texto._ ¿Podemos repasar los usos de la sangre de dragón? Siempre se me olvidan dos o tres.
_ Eres un caso._ Dijo Hermione, negando con la cabeza.
Esa frase me hizo sonreír, aunque no sabía por qué.
Regina Mills
El temario del ÉXTASIS era muy interesante. Difícil, como un gran desafío. No era el tipo de cosa que uno se preparaba en el último minuto. Quería estar preparada lo antes posible. Apenas empezaba el sexto curso, eso era cierto, pero sentía que el final del séptimo ya estaba a la vuelta de la esquina. La media de Excelente de los TIMOS era agradable, así como poder asistir a todos los cursos que quería, pero eso no me aseguraba la excelencia.
Relajarse no entraba en mis planes. Así que estaba estudiando en el dormitorio cuando sentí unas manos rodear mi cintura y unos labios que, suavemente, besaban mi nueva. Pansy me acarició la espalda y yo no pude evitar sonreír.
_ Sabes perfectamente que estoy estudiando, Pansyta._ Le recriminé, seguido de un ronroneo._ No me hagas esto…
_ Oh, qué pasa… ¿Crees que te pierden mis labios, reina?_ Comentó mientras me tomaba de la cintura._ Ya te tengo donde yo quería…
_ No es justo, Pansyta..._ La miré._ ¿Estás intentando que mis notas bajen?
_ Estoy intentando tener un momento con mi chica._ Me besó en los labios lentamente._ Y creo que lo he conseguido.
_ Eres diabólica..._ La miré a los ojos.
_ ¿Acaso no me quieres por eso?_ Me puso la mano en el cuello y me estremecí._ Regina, no sabes cuantas noches soñé contigo hasta que me aceptaste…
_ Oh… no empieces con eso._ Le dije, mirándola._ No uses la pena… está feo.
Dio un bocado justo frente a mis labios, yo le devolví el gesto.
Athenea Williams
Los pasos que se escuchaban en la sala me sacaron de mi ensimismamiento. Alguien había entrado en mi dormitorio sin avisar. Me puse en pie, varita en ristre y apunté a aquella mujer directamente a los ojos con la varita.
_ Buena varita… ¿Nervio de dragón?_ Preguntó, como si tal cosa.
_ Pluma de fénix, y no se escaquee. ¿Quién es usted y por qué se presenta aquí sin avisar?
_ Mi nombre es Morgana Karkarov.
Encendí las luces de la habitación y, efectivamente, me encontré con la directora del colegio Durmstrang, vestida con el clásico uniforme de la institución. Instintivamente bajé la varita al verla. No tenía nada que temer de aquella mujer.
_ Disculpe mi intromisión._ Habló con educación._ Tengo cierto interés en conocer al profesorado. Mi tiempo es limitado y el Jet lag ha hecho cierta mella en mí.
_ Mi nombre es Athenea Williams._ Dije, estrechandole la mano._ Es un placer.
Estaba muy preocupada por estar en pijama ante aquella mujer… no entendía el motivo, era culpa suya, después de todo. Era ella la que se había presentado. sin avisar.
_ Supongo que no se ha llevado una gran impresión.
_ ¿Usted cree?_ Morgana sonrió._ Ha demostrado unos increíbles reflejos y ha sabido justo dónde apuntar, en mi flanco más vulnerable. Usted sabe lo que se hace. Es una lástima que esté aquí y no en mi colegio.
_ ¿Es imprudente preguntar el motivo por el que está usted aquí y no en su colegio?_ Pregunté, sincera.
_ Oh, no se preocupe, se trata de unos asuntos de cooperación internacional._ Le dijo, con cierta parsimonia._ Nada de lo que deba preocuparse aún.
_ Entendido._ Athenea suspiró._ ¿Podríamos continuar esta conversación mañana? Se lo ruego, estoy muy cansada.
_ Está bien. Gracias por su tiempo, de todas formas._ Sonrió, hizo una leve inclinación y salió fuera.
Morgana Karkarov
Aquella joven me había dado una buena impresión. Cuando había escuchado que Hogwarts había contratado a una chiquilla me había reído, pero al verla tan de cerca no parecía tan gracioso. Se veía a una mujer aplicada y con talento.
_ ¿Ha terminado, señorita Karkarov?
La voz tímida de aquella mujer me sacó de mi ensimismamiento. Alcé una ceja, mirándola a los ojos. Era mi nueva ayudante, una mujer aplicada y dedicada, sin duda. Hija de un hombre muy importante. Pero la perdían sus sentimientos.
_ Scamander._ La llamé._ ¿Sería posible que me dejase a solas con mis pensamientos unos segundos?
_ Ah… sí, por supuesto.
Anduvimos en silencio por los pasillos. No me apetecía hablar con el profesor Dumbledore aún sobre el asunto que me traía al castillo. La charla con la directora de Beaxbatons, dada nuestra avinagrada relación, no había sido fácil. Y el director de Hogwarts tampoco contaba con mi simpatía particular.
_ Scamander, ojalá pudiese encargarte a ti estos menesteres._ Dije, en voz alta._ Es tedioso. ¿Lo sabías?
_ Lo imagino, señorita Karkarov._ Me miró._ Trabaja usted demasiado.
Sonreí un poco ante la forma que tenía de subirme el ego. Mis pasos se detuvieron frente a un gran grifo, que bloqueaba una entrada.
_ Leta..._ La llamé por su nombre._ Deseame suerte.
_ Yo siempre le deseo suerte, señorita Karkarov.
_ Helado de fresa._ Exclamé, mirando al grifo, que se apartó para dejarme pasar.
Emma Swan
Había llegado el día. Finalmente volvería el quidditch. Había estado entrenando todo el verano para poder conseguir estar en mi mejor forma y darle una paliza a Regina y a su equipo. No sabía por qué, pero estaba especialmente ilusionada con la idea de hacerla papilla.
Mi gozo, sin embargo, acabó en un pozo. Junto a la entrada del gran comedor había un anuncio, un pequeño pergamino que anunciaba que el quidditch había sido suspendido por motivos que serían explicados más adelante. Me destrozó la mañana.
_ Vaya, parece que te ha molestado._ La voz de Regina me ponía todavía de peor humor._ Y yo que pensaba que te alegrarías de que suspendieran aquello en lo que te se te da mejor ser una segundona.
Crují el puño y me acerqué con intención de darle un puñetazo… y a Pansy, que estaba cogiéndola de la cintura, quizá le diese otro. Pero Hermione me retuvo.
_ No merece la pena, Emma._ Me dijo.
_ Sí, Hermione tiene razón._ Regina sonrió._ No merece la pena… así que es mejor que no te molestes en intentarlo… mira, justo como el quidditch.
_ Te odio.
_ Ya lo sé, Emma. Ya lo sé._ Regina sonrió y entró en el comedor.
_ Herms, te juro que un día de estos la mato. Te lo juro._ Le dije, golpeando la pared. Me hice daño.
_ Te creo, Emma._ Me respondió, mirándome._ Pero no sería buena idea meterse con ella. Ya lo tienes complicado sin tener a la mejor de la promoción detrás de ti.
_ Tú eres la mejor de la promoción._ Le dije.
_ Sólo a ratos, Emma._ Me recordó._ Escucha. Regina es el menor de tus problemas ahora. Ponte a estudiar, aprovecha tu tiempo libre. No hay mal que por bien no venga. Ya bastante voy a tener que aguantar con Harry y Ron…
_ Vas a hacer que parezca madura y responsable si te hago caso, Herms.
_ ¿Tan malo sería eso?_ Me preguntó.
_ No, supongo que no._ Dije, suspirando lentamente.
Regina Mills
_ Meterse con Emma casi compensa el fastidio que es quedarme sin quidditch._ Dije, mientras cogía una tostada._ ¿Alguna idea de por qué lo han quitado?
Pansy negó algo afectada.
_ No, mi reina._ Dijo, acurrucándose._ Mis padres no me han dicho nada. ¿Saben algo los tuyos?
_ Ni mis padres ni mi hermana parecen tener idea._ Reconocí, frustrada._ Debe ser algo que llevan muy en secreto o me lo habrían dicho.
Me puse a darle vueltas al asunto, pensando en qué podría ser. Dudaba que nos hicieran esperar demasiado, pero mi curiosidad no era demasiado sana. Si lo descarté fue porque estaba muy preocupada por las clases. Me encontraba extraña, últimamente. Me costaba concentrarme. Estaba pensando en todo menos en las explicaciones del profesor Snape.
Aquel día Emma hizo mejor su poción que yo. Me molestó mucho tener que pasar por aquello. Pero aquella vez no le dije nada. Me encontraba extrañamente triste. Cuando llegué a mi dormitorio, me tiré directamente en la cama, llevando mis dedos debajo de la almohada. Noté algo y saqué la mano, repentinamente asustada ante la idea de que fuera un ratón.
Pero no lo era. Era una bufanda echa a mano. Me quedé mirándola un momento y sonreí sin saber muy bien por qué. No hacía demasiado frío, pero me la puse alrededor del cuello. Lo encontraba reconfortante.
Como ya era una costumbre, Pansy se colocó a mi lado y me rodeó con sus brazos, mirándome a los ojos. Yo le di un beso en la frente.
_ Me encanta la bufanda._ Le comenté.
_ ¿La bufanda?_ Preguntó.
_ Sí, esta._ Se la señalé._ ¿No es un regalo tuyo?
_ No._ Dijo, chistando la lengua._ Yo no te compraría algo así. Parece que no me conoces.
_ Bueno… dejarme un detalle bonito entre las sábanas te pega mucho._ La abracé por la espalda y le di un beso en el cuello._ Siempre haces esas cosas.
