Me disculpo por el retraso, pero esta historia es importante para mi por eso me ha tomado tiempo tener el capitulo listo.

Aquí el segundo cap... espero que les guste.

De nuevo ese molesto sonido; "ring ring ring" toda la habitación estaba en tinieblas, por lo general Kagura dejaba las cortinas abiertas por la noche, le gustaba estar iluminada por la luna, asi cada vez que quisiera podría verla.

Por eso en las mañanas el sol iluminaba la habitación avisando a Kagura del inicio de un nuevo día.

Pero ella había cerrado las cortinas, no quería ver nada, ni a nadie.

Desde la escena en el comedor con Naraku no salió de su habitación, incluso se había quedado dormida con la ropa puesta, bueno en realidad ni siquiera podría decirse que durmió, se la paso en vela, tramando la pronta muerte de su hermano mayor.

Quería quedarse en la cama todo el día, no quería salir, ni ver a nadie, mucho menos a Naraku no estaba de humor para nada, pero sabía que tendría que levantarse, y también sabía que aunque le gustara a no a la primera persona que vería esa mañana seria a…

-¡Levántate de una buena vez, no me hagas enojar por que no estoy de humor! –Grito Naraku a la vez que entraba ruidosamente al cuarto de Kagura.

-Ya voy. –Contesto la chica sin ganas, no se movió ni un poco lo cual Naraku interpreto como una provocación.

-Dije que te levantaras. –Y de un fuerte jalón despojo a Kagura de sus sabanas, y bueno ella termino en el piso con un fuerte dolor de espalda por la sorpresa.

-¡¿Qué demonios te pasa?! –Grito Kagura mientras se paraba para ver de frente a su hermano.

Naraku ese día estaba de un humor incluso peor que siempre, se la había pasado toda la noche planeando, ideando como quedarse con todo el dinero que sus padres les habían dejado y después de mucho meditarlo había llegado a la conclusión de que Kagura sería el mayor de los obstáculos y eso la convertía en la causa de su mal humor.

Solo fue un segundo, incluso menos. Kagura estaba gritándole enojada y de pronto el en un rápido movimiento la tomó del brazo izquierdo con fuerza atrayéndola hacia sí, mientras que con su mano libre la tomó del cuello de su blusa elevándola unos centímetros del suelo, logrando asi que quedaran justo a la misma altura.

Los ojos de Naraku destellaban rabia, ira, maldad… acerco su rostro hasta poder sentir la respiración uno del otro.

-Cuando yo diga algo tú lo haces en el momento sin protestar ¿entendiste? –Siseo mientras apretaba más su agarrare en su brazo izquierdo.

Kagura no sabía si sentir dolor por su brazo izquierdo o sentir furia por aquel trato tan indigno de parte de su hermano.

Sentía que lágrimas de coraje comenzarían a salir de un momento a otro, pero cerro los ojos con fuerza evitando que él las viera, no lloraría frente a él, no lloraría frente a nadie.

Viendo que Kagura no respondía comenzó a exasperarse más y zarandeándola como un trapo repitió;

-¿¡Entendiste!?

Kagura seguía sin responder, solo se limitaba a cerrar los ojos, no podía sentirse más indefensa, humillada, impotente.

Odiaba a su hermano y sabía de sobra que el sentimiento era mutuo, pero jamás había entendido el porqué del trato hacia ella, no lo entendía, desde pequeños había sido siempre igual, Naraku aprovechaba cada oportunidad para hacerle la vida miserable, cuando Kanna nació Kagura creyó que las cosas cambiarían, que ahora Naraku molestaría a su hermana menor, pero no fue asi, termino entendiendo que solo era contra ella, pero ¿Por qué?

Naraku cada vez estaba más molesto, el silencio de Kagura solo lo irritaba, no pudo contenerse más y en un momento de ira aventó a su hermana menor contra la cama, pensó que esta caería sobre el colchón, pero no fue asi, la cara de Kagura termino estampándose contra una de las esquinas de su mesita de noche.

El grito de Kagura fue desgarrador, no hubo rincón de la casa que no lo escuchara, de inmediato todo el personal fue a revisar que había ocurrido y en un abrir y cerrar de ojos la habitación estaba llena de empleados domésticos.

Todos se llevaron una gran sorpresa al darse cuenta de la situación, al principio nadie se atrevía a hablar, ver a Kagura en el piso sangrando no era algo bueno, y muchos menos si el único aparte de ella en la habitación era su hermano mayor.

No tenían que pensarlo mucho para saber qué era lo que había ocurrido.

-¿Oh mi niña que fue lo que te paso? –Pregunto preocupada Ume-san, una de las empleadas más viejas de la casa acercándose a Kagura, la cual estaba arrodillada en el suelo cubriéndose parte de la cara con sus manos.

-Se ha caído y se ha golpeado la cara. –Respondió cortante Naraku mientras salía de la habitación, directo al despacho.

Todas las miradas se posaron sobre él, sin embargo no hizo caso a ninguna de ellas y salió como si nada hubiera pasado.

Ume-san retiro con ternura las manos de Kagura dejando ver una fea herida.

Su pómulo derecho emanaba bastante sangre justo debajo del ojo.

-¡Santo cielo mi niña! –Ume-san se llevó las manos a la boca en señal de sorpresa. -¡Tenemos que llevarte al hospital de inmediato!

Diciendo esto ayudo a Kagura para que se levantara y con ayuda de otros empleados más la llevaron al hospital de la zona en el auto que regularmente usaban los empleados para hacer las compras.

Naraku estaba en su despacho mirando por la ventana como el auto de los empleados se alejaba.

No había sido su intención que Kagura se golpeara, solo fue un "desafortunado" accidente, no calculo bien, de haberlo hecho no hubiera sido solo un pequeño golpe. Pero bueno igual había sido solo un accidente.

Naraku sonrió, no lo había planeado pero lo sucedido le daba una buena idea, ahora sabia como deshacerse de aquel molesto obstáculo que lo separaba de una gran fortuna.

-Los accidentes suelen ocurrir. –Pensó mientras salía del despacho con una tétrica sonrisa en los labios.

El agua caía abundantemente por el cuerpo de Sesshomaru, es cierto que el prefería los baños largos y relajantes, pero en las mañanas no se podía dar ese lujo ya que no contaba con tanto tiempo.

La ducha aunque menos placentera era más práctica.

El vapor envolvía el baño, podía sentir cada gota cayendo sobre él, relajando poco a poco sus músculos.

Esa mañana no se había despertado de buen humor, por segunda vez Kagura había irrumpido en sus sueños, de nuevo lo mismo: el apunto de besarla y el despertador siendo tan oportuno como siempre, aunque esta vez se aseguró de no dormir en la orilla de la cama, lo que evito una segunda caída.

Aun asi había despertado tan abruptamente como la primera vez, lleno de sudor y respirando agitadamente, sin contar con el irregular y peligrosamente elevado ritmo cardiaco.

-¿Qué demonios me está pasando?

No podía entender que era lo que le ocurría ¿Por qué ella? Esa pregunta rondaba su cabeza insistentemente.

¿La conocía de antes?

Estaba casi seguro que no era asi, no recordaba haberla visto antes y eso era aún más confuso.

De pronto los gritos de las empleadas se escucharon por toda la casa sacándolo de sus pensamientos, suspiro molesto mientras cerraba la llave del agua y se disponía a salir del baño.

Sobre su cama se encontraba su uniforme perfectamente planchado, siendo alumno de segundo le tocaba llevar una camisa blanca junto con una corbata negra, sobre la camisa el saco también era negro al igual que sus pantalones, pero las costuras estaban hechas con hilo blanco por lo cual resaltaban. A decir verdad el uniforme le quedaba muy bien y que contrastaba con su blanca piel.

Por el contrario el uniforme de Inuyasha era blanco con las costuras y la camisa de color azul obscuro, y desde el primer día no había parado de quejarse por que, según el, aquel color no lo favorecía.

"Parezco idiota"

Seeshomaru no podía estar más de acuerdo con aquella afirmación, sin embargo se guardaba sus comentarios, de todas formas se quejara cuanto se quejara no se podía hacer nada, ese era el uniforme y no había nada que hacer.

Las mañanas en la casa Taisho eran un desastre, Inuyasha siempre se despertaba tarde, las pobres empleadas no sabían cómo hacer para que el "joven amo" se despertara. Tenía el sueño extremadamente pesado, asi que las empleadas tenían que hacer proezas para despertarlo, aunque casi nunca lograban hacerlo.

Esta mañana una de las más jóvenes había tenido el "honor" de despertarlo, había intentado llamándole, gritándole moderadamente, sacudiéndolo con suavidad, pero nada parecía funcionar y la joven no se atrevía a ser brusca con él pues eso podría significar el final de su estancia en la casa Taisho.

Intento sacudirlo con más fuerza pero no calculo muy bien y ejerciendo más fuerza en una de sus sacudidas provoco que las sabanas que cubrían a Inuyasha cayeran al suelo, dejando ver asi que el joven Taisho dormía completamente desnudo.

La cara de la joven estaba completamente enrojecida, sin más comenzó a gritar descontroladamente, lo cual ocasionó que el pobre Inuyasha despertara espantado por los gritos, y por la sorpresa cayera abruptamente de la cama, pensó que el golpe dolería mas pero en realidad esa mañana el suelo se sentía extrañamente cómodo y suavecito.

-¿Qué diablos es esto? –Inuyasha estaba demasiado entretenido sintiendo aquella cosa extremadamente suave y esponjosa en su mano derecha, que no se dio cuenta de sobre quien estaba. –Vaya realmente se siente bien.

De nuevo gritos ensordecedores se escucharon por toda la casa y pronto varios empleados estaban en la habitación de Inuyasha observando con los ojos completamente abiertos la escena.

Inuyasha estaba completamente desnudo sobre la joven empleada con una de sus manos en cierta parte de la anatomía de la chica que es mejor no mencionar.

Otra vez gritos, pero ahora de varias empleadas, todas horrorizadas y escandalizadas.

-Pervertido.

-Abusador.

-Cerdo.

-Maldito depravado.

-¡Castrémoslo!

Bien, eso ultimo lo espanto de sobremanera, no entendía nada.

Y varias preguntas comenzaron a llenar la mente del Taisho.

¿Por qué todos los empleados estaban en su habitación? ¿Por qué estaba en el suelo? ¿Por qué el suelo hoy se sentía extraño? Y lo más importante de todo ¿Por qué lo querían castrar?

Se dio cuenta (tarde) de muchas cosas que debió descubrir antes; de que no estaba exactamente en el suelo, de que había una joven debajo de él y no en una postura inocente, del por qué en su mano derecha sentía algo suavecito, del por qué recibiría una denuncia si no quitaba su mano de ahí y sobre todo del por qué su padre tenía razón al decirle que era mucho más sensato dormir con un poco de ropa.

Esa definitivamente no era una buena forma de empezar en día.

Después de aclarar ese penoso accidente Inuyasha bajo para desayunar, Sesshomaru ya estaba en la mesa tomando un poco de café.

El Taisho menor tomo asiento en aquella gran mesa justo frente a su hermano, mientras tomaba una tostada y le untaba un poco de mantequilla.

–¿De nuevo salió temprano? –Pregunto Inuyasha observando como la silla principal de la mesa estaba vacía.

Ese era el lugar de su padre.

–Si, ha tenido una emergencia. –Contesto con indiferencia el Taisho mayor.

Sesshomaru ya estaba acostumbrado a la ausencia de su progenitor y por eso no le tomaba mucha importancia.

Inuyasha por el contrario se sentía incómodo, no era normal para el desayunar solo, bueno prácticamente no estaba solo, pero la presencia de Sesshomaru no era mejor.

Antes siempre desayunaba junto con su madre, cuanto la echaba de menos.

Tan solo con recordarla Inuyasha cambiaba de ánimo y aunque el pensara totalmente lo contrario Sesshomaru lo notaba.

–Es mejor que te apresures, debemos llegar puntuales.

–¡Feh! Como sea.

Sesshomaru sabía que su hermano extrañaba a su madre y que en cierta forma le incomodaba la ausencia de su padre, pero él no podía entenderlo, a diferencia de Inuyasha, Sesshomaru no tenía ningún tipo de vínculo afectivo con su madre, por eso mismo cuando decidió abandonarlo a él y a su padre no le dio demasiada importancia, y su padre tampoco era muy cariñoso.

No es que sintiera pena por su hermano, la verdad le era indiferente su tristeza, pero le intrigaba saber por qué aunque su situación era similar, sus reacciones eran muy diferentes.

¿Qué tenía Inuyasha de lo que el careciera?

Por más que lo intentaba no podía encontrar la respuesta a esa pregunta y terminaba por quitarle importancia al tema.

Después de varios inconvenientes con los empleados, los Taisho por fin pudieron llegar a la escuela e Inuyasha agradeció poder seguir con todo su cuerpo completo y en su lugar.

Estaban bajando del auto cuando un convertible rojo llego a toda velocidad a su lado, y de él bajaron Naraku y Kanna, el primero con una sonrisa de lo más escalofriante y la menor con cara de indiferencia total.

Naraku a diferencia del primer día de clases llevaba el uniforme de tercero; azul obscuro con la camisa, la corbata y las costuras negras, mientras que Kanna llevaba el mismo uniforme que Inuyasha a diferencia de que ella llevaba una falda blanca plisada que le quedaba justo arriba de las rodillas, calcetas blancas a mitad del muslo y zapatos negros de correa.

Por alguna razón a los Taisho no les agradaba el moreno, tenía algo que simplemente hacia que lo quisieran tan lejos de ellos como fuera posible.

Sin embargo a Sesshomaru no le paso de ser percibido que faltaba Kagura, algo que intento ignorar, aunque aquella joven apareciera en sus sueños no comenzaría a darle importancia, suficiente con tenerla en la mente por las noches, no quería que fuera lo mismo con los días.

Sin más ambos hermanos se encaminaron hacia la entrada, ese día prometía ser largo.

Entre tanto en el hospital de la zona se encontraba Kagura, después de haber ingresado un doctor bastante joven la había atendido inmediatamente al ver la gravedad de su herida.

Después de revisar detenidamente la herida el doctor comenzó a desinfectarla y después a zurcirla con mucho cuidado.

–Solo no te muevas, ya casi acabo. –Dijo el doctor mientras terminaba de cortar el hilo con el que había cocido la herida. –Ya está, aunque hubo mucha sangre no fue tan grave.

–¿Está seguro que estará bien doctor? –Ume-san había estado al lado de Kagura todo ese tiempo, la había visto crecer y la apreciaba mucho, por lo cual no la había dejado sola ni un momento.

–No hay de qué preocuparse, la sangre es muy escandalosa pero en realidad no fue tan grave, en unos diez días podrá venir para quitarle las puntadas, aunque aconsejo que espero un poco más para estar seguros de que no se abrirá de nuevo.

Kagura estaba un poco aturdida, el doctor le había puesto inyecciones para no sentir dolor mientras la curaba, pero al ver que las inyecciones serian cerca de la herida casi se desmaya. Por suerte no dolió tanto como ella espero, pero ahora tenía media cara dormida.

–Lo importante ahora es que me digan cómo fue que ocurrió. Porque si fue intencional se tendrá que levantar un acta para castigar al culpable.

Kagura pudo comprender a la perfección lo que el doctor estaba diciendo, aunque aún se sintiera un poco mareada entendía bien lo grave del asunto.

Podía decir la verdad y asi Naraku no podría molestarla más, pero por otro lado sabía que esas cosas llevaban tiempo, tal vez lo necesario como para que Naraku se hiciera mayor y dispusiera del dinero que le correspondía, si era asi dudaba mucho que pudiera ganar un caso contra él y un abogado bien pagado.

Tenía que pensarlo muy bien, no es que le tuviera miedo a Naraku, bueno después de lo que había pasado tal vez si tomaría sus precauciones para con él, pero eso no quería decir que de verdad estaba asustada, al contrario ahora estaba más furiosa que nunca con él, no había persona a la que odiara más que a su hermano.

Estuvo a punto de decir algo pero se dio cuenta para vergüenza de ella, que no podía articular ni una sola palabra bien, aun no pasaba el efecto de la medicina y nadie podía entender lo que ella estaba tratando de decir.

Aunque al parecer Ume-san si entendió, pero por alguna extraña razón dijo exactamente lo opuesto a lo que Kagura decía.

–Solo fue un accidente doctor, en la mañana ella no se fijó y piso sus sabanas cuando se levantó y asi fue como termino con esa herida en la cara. –Contesto nerviosamente.

Kagura no podía creerlo, de todas las personas por que Ume-san mentía, sabía muy bien que ella conocía la verdad, que Naraku fue quien le causo aquello pero ¿Por qué ocultarlo? Mas importante ¿Por qué protegerlo?

–Entonces si fue asi no hay problema. Solo ten más cuidado la próxima vez. – Dijo el doctor sonriendo dirigiéndose a Kagura. –Ahora si me disculpan iré por las medicinas para el dolor.

El doctor salió del consultorio dejando a Kagura y a Ume-san solas.

–Creo saber qué es lo que estás pensando. – Comenzó Ume-san. –Solo fue un accidente querida, no puedes mandar a tu hermano a la cárcel, no lo hizo a propósito.

Ume-san intento acariciar la mejilla de la joven, pero esta se apartó bruscamente y la miro fijamente con el ceño fruncido.

–Entiende cariño, aunque parezca que te odia en el fondo sé que te quiere, eres su hermana y solo quiere lo mejor para ti, estoy segura que lo de hoy solo fue un accidente. – Ume-san estaba segura de eso ya que consideraba a Naraku un buen hermano, tal vez demasiado serio, pero no lo veía lastimando enserio a alguna de sus hermanas, no a propósito.

Justo en el momento en que Kagura comenzaba a gritar llego el doctor con cajas de pastillas en las manos.

Dejando a la joven sin poder refutar lo dicho por la anciana, sabía que ella estaba equivocada su hermano enserio la odiaba, ella lo sabía pero por el momento le seguiría la corriente a Ume-san después tendría tiempo de vengarse con sus propias manos, de eso estaba segura.

En el salón de Sesshomaru había un gran escándalo, los alumnos estaban hablando animadamente sobre cosas triviales algunas parejas estaban bastante ocupados en otras cosas y algunos solo jugaban y reían, hasta que llego la profesora de química tan seria como siempre. Cuando entró al aula el silencio reinó y todos ocuparon sus lugares.

–Bien, ahora les asignare sus asientos. –La maestra Kikyo estaba al frente de todos los alumnos, tenía planeado acomodarlos de tal manera que ninguno quedara cerca de sus amigos, no quería interrupciones en sus clases. –Solo déjenme decirles que no podrán haber cambios a menos que yo o cualquier otro profesor lo indique.

Tomó la lista de asistencia y mientras la revisaba pidió a todos tomar sus pertenencias.

–Salgan al pasillo, cuando escuchen su nombre entren ordenadamente y ocupen el asiento que yo les indique.

Aunque varios alumnos protestaron todos tomaron sus cosas y en silencio salieron al pasillo atentos a escuchar sus nombres.

Poco a poco la profesora los llamaba para después de meditarlo asignarles un lugar.

–Taisho, Sesshomaru Taisho.

El aludido al escuchar su nombre entró al salón donde ya había varios alumnos dentro ocupando sus respectivos asientos.

–Aquel será tu lugar. – Dijo Kikyo señalando con la mirada la tercera fila de asientos, la cual se encontraba casi llena a excepción de los últimos dos asientos.

Sesshomaru viendo esto supuso que debía ocupar el penúltimo lugar, asi que con un asentimiento se dirigió a su lugar, pero en cuanto se sentó la profesora negó levemente con la cabeza.

–No señor Taisho, usted ocupara el ultimo asiento, ese es el lugar de la señorita Onigumo Kagura.

El Taisho no pudo clasificar aquel sentimiento fugaz que lo recorrió al pensar en Kagura, y saber que de ahora en adelante estaría sentada tan cerca de él. Asi que mientras cambiaba de asiento se obligó a pensar que solo estaba molesto por aquel inconveniente, ¿Cómo podría dejar de pensar en ella si estaría más cerca que nunca?

En la casa de los Onigumo; Kagura acababa de llegar de ver al doctor, y no estaba muy feliz, el doctor le había dado también una pomada para después de quitarle los puntos, servía para que la cicatriz no fuera tan notoria, pero Kagura sabía que con pomada o no, aquella marca la seguiría de por vida, y todo gracias al imbécil de su hermano.

No es que Kagura fuera alguien realmente vanidosa, pero seguía siendo una adolescente y quisiera o no su aspecto le importaba lo suficiente como para no querer una horrible marca en su rostro. Ya se cobraría después, de esta no se escapaba su hermano definitivamente se las pagaría.

Auch! Pobre Kagura, seguro le queda una fea cicatriz, ¿Qué pasara ahora que estarán bastante juntos durante las clases? Esta historia apenas esta comenzando, espero que les haya gustado, no olviden dejar sus comentarios.