Yahoo! Disculpen por la tardanza, espero este capítulo les guste tanto leerlo como a mí me gusto escribirlo.
Disclaimer: Todos los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi
Después de una muy incomoda noche Kagura no había despertado de muy buen humor ¡Y mucho menos luego de que fuera el mismo Naraku quien la despertara!
Decidió meterse a bañar pues sabia que si no se daba prisa el idiota de su hermano la molestaría de nuevo y quería ahorrarse aquello. Así que con maldiciones saliendo de su boca cada 10 segundos se metió al baño esperando que eso la relajara un poco.
Cuando termino se vio en su espejo.
—¡Oh por Dios! —Casi se pone a llorar, aquella horrible herida se veía asquerosa.
No quería ir así a la escuela, sabía bien cual seria la reacción de todos, (y no es que fuera popular, de hecho casi nadie hablaba con ella por temor a su hermano mayor)
Sería el centro de atención, en cualquier otra situación le habría dado lo mismo, pero justo ahora no quería que nadie supiera como se había hecho esa herida. Aun sabiendo que no lograría mucho tapando la herida con una pequeña gasa decidió que era mucho mejor a estar exhibiendo esas puntadas.
Entre tanto en la sala Naraku había llamado a Kanna, no quería que nadie de la escuela supiera la verdad detrás de la herida de Kagura, sabia que muchos curiosos preguntarían en cuanto vieran a la Onigumo y sus feas puntadas, aunque conocía muy bien a su hermana como para saber que por cubrir su orgullo seria capaz de ocultar el hecho de que el había sido el causante de todo, no quería arriesgarse. A pesar de que nadie se atrevería a preguntárselo a el mismo por la mala reputación que tenia, su pequeña hermana estaría vulnerable y todos le preguntarían a ella, por eso es que quería darle algunas indicaciones antes de ir a la escuela para que no se supiera la verdad por que de lo contrario podía verse envuelto en muchos problemas.
—Escucha Kanna, cuando alguien te pregunte sobre el golpe de Kagura asegúrate de dejar en claro que solo fue un accidente que ella misma se ocasionó, no quiero que des detalles innecesarios, si alguien dice lo contrario o duda de ti dímelo inmediatamente ¿Entendiste?
Kanna lo observaba fijamente a los ojos sin decir una sola palabra, sabia por que Naraku tomaba tantas medidas pero no hizo ningún comentario respecto a lo que pensaba y simplemente respondió lo que Naraku deseaba.
—Si, Naraku entendí.
El mayor se sintió satisfecho con esa simple pero concreta respuesta, sabia que la albina era de fiar por eso siempre la consideraba como alguien de utilidad y con una sonrisa torcida le indico a Kanna que comenzara a desayunar.
Al poco tiempo se escucharon pasos provenientes de las escaleras, era Kagura quien venia bajando, lista para desayunar.
Naraku había seguido a su hermana con la mirada y cuando esta tomo asiento con intenciones de tomar un vaso de jugo de naranja lo tomo el rápidamente y de un solo trago vacío su contenido en su garganta, y con una sonrisa fingida se dirigió a Kagura.
—Ya era hora, mas te vale apurarte que en un momento nos iremos, querida.
El Onigumo había arrastrado las palabras mientras que la ultima la había dicho como si fuera un insulto y Kagura sabia perfectamente que esa era un provocación, pero decidió que aquel día el no iba a molestarla.
—Como sea. —Contesto con desgana, apenas era el desayuno y a Kagura ya comenzaba a dolerle la cabeza, pero sabia que si le seguía el juego a su hermano el tendría una excusa para volver a hacerle daño y ella no le daría el gusto pero como siempre tuvo que desayunar a medias ya que según Naraku se les haría tarde.
En casa de los Taisho; el menor estaba bajando las escaleras dispuesto a desayunar, al llegar al comedor solo pudo ver a Sesshomaru tomando café mientras leía un libro, busco fugazmente con la mirada, pero no encontró a nadie más en la habitación y tratando de sonar lo mas desinteresado posible de dirigió a Sesshomaru.
— ¿No desayunara con nosotros? —Tomó asiento al momento de terminar su pregunta agarrando una tostada para ponerle un poco de mantequilla.
El mayor miro a Inuyasha por un segundo para de nuevo continuar con su lectura.
—Se fue ayer. —Aquella había sido su única respuesta y mientras tomaba un sorbo de su café daba por terminada aquella inútil conversación.
Entendiendo que Sesshomaru no daría mas detalles acerca de la ausencia de su padre decido terminar de desayunar en silencio, pensando que de todas formas su padre no pasaba mucho tiempo con ellos.
Pero aunque no lo pareciera Sesshomaru había percibido la decepción en los ojos de Inuyasha y por alguna razón aquello lo irritaba bastante, pero como siempre decidió ignorar todo lo referente a su inútil hermano y volvió a darle un sorbo a su café
El deportivo rojo freno ruidosamente frente a la entrada del instituto, y de no ser por el cinturón de seguridad Kagura hubiera chocado contra el parabrisas, pero siguió sin quejarse, ni siquiera una de sus típicas muecas de molestia que tanto detestaba Naraku.
Kana notó enseguida aquel extraño comportamiento de su hermana, pero como siempre no hizo ningún comentario, Naraku también lo hubiera notado pero en ese momento la profesora Kikyo estaba estacionando su auto y el Onigumo mayor tenia varios asuntos pendientes con aquella maestra por lo que decidió que seria un buen momento para "charlar" los dos solos.
—Bájense de una vez, tengo que ir a estacionar el auto.
Sin decir nada las dos hermanas obedecieron y cuando Kagura cerraba la puerta de su lado después de bajar Naraku arranco para rápidamente dirigirse a la parte posterior del instituto.
Cuando las Onigumo se disponían a entrar varios alumnos comenzaron a mirarlas y susurrar, Kagura ya se imaginaba lo que querían y estuvo tentada a seguir su camino e ignorarlos, de todas formas le importaba muy poco lo que esos entrometidos pensaran de ella, pero cuando se disponía a entrar se dio cuenta de que su pequeña hermana no la seguía, intrigada regresó y vio que varios alumnos comenzaban a rodear a Kanna supo entonces que a quien estaban interrogando era a su hermana, por un momento se sintió salvada pues tenia la certeza de que Kanna jamás diría una sola palabra siendo como era, pero se dio cuenta de que estaba completamente equivocada pues al parecer la albina estaba totalmente dispuesta a disipar todas las dudas de aquellos irritantes curiosos.
Los ojos de Kagura casi se salen de sus orbitas, estaba realmente sorprendida de que Kanna estuviera hablando con personas totalmente desconocidas para ella, si ya era difícil que hablara estando con sus hermanos parecía algo imposible que hablara con extraños, pero ahí estaba y de pronto toda sorpresa se disipo para darle lugar a una gran preocupación, si Kanna contaba lo que ocurrió el orgullo de Kagura quedaría por los suelos y seria vista como una débil contra su hermano, por supuesto que no dejaría que eso pasara.
Abriéndose paso entre la gente logro llegar hasta donde se encontraba su hermana y luego de taparle la boca con su mano comenzó a contar ella misma lo que había pasado, claro que ocultando que había sido culpa de alguien mas que ella se hiciera esa herida, al final todos habían aceptado lo que Kagura les había dicho y solo lo vieron como un desafortunado accidente.
Suspiro pesadamente para luego volverse hacia Kanna enojada.
— ¿Se puede saber que es lo que te pasa? Nunca hablas con nadie y ahora por alguna razón te dan ganas de hablar, pero lo peor es que vienes y cuentas cosas que no tienen nada que ver contigo, nunca pensé que fueras tan entrometida. —Kagura dio media vuelta y entro a la escuela.
Tal vez había sido un poco cruel con Kanna pero realmente estaba de malas, había decidido que no se enojaría en todo el día, pero no había aguantado y todo su enojo lo descargo en Kanna, así que sintiéndose culpable regreso sobre sus pasos viendo que la albina no se había movido. Kagura suspiro nuevamente, no era una experta siendo amable, pero era su hermana pequeña y de una u otra forma la quería (Aunque no lo demostrara muy seguido) por eso se acerco a ella lentamente y tratando de sonar lo mas amable posible volvió a preguntar. — ¿Por qué Kanna? Tú no eres así.
La albina la miro a los ojos, que su hermana momentos antes la acusara de entrometida le había molestado, o tal vez la definición correcta seria "dolido", pero solo un poco.
Ella también sentía cariño por Kagura aunque jamás lo mencionara, ella la quería mas de lo que se podría imaginar, y como para ella lo ultimo que había dicho su hermana sonaba casi como una disculpa considero (puesto que Naraku no le había prohibido decirle a Kagura o para ser más exactos había olvidado prohibirlo) que estaría bien que su hermana supiera la verdad.
—Naraku me lo ordeno. —Contesto Kanna.
La boca y ojos de Kagura se abrieron desmesuradamente, no podía entender por que su hermano le ordenaría tal cosa a Kanna… o talvez después de pensarlo un poco si podía entenderlo. —Ya veo, con que eso fue lo que paso. —Dijo Kagura mientras se daba la vuelta y comenzaba a caminar. —Vamos Kanna, tenemos que entrar.
—Si, Kagura. —Contesto la albina siguiendo a su hermana mayor.
Kagura caminaba pensando que su hermano era bastante astuto, pero no tanto como para ganarle a ella.
Ella y la albina siguieron caminando hacia sus respectivos salones, hoy sería un buen día, o por lo menos, uno interesante.
Kagura tenía su primera clase con la profesora Kikyo y sabia que ella no toleraba las charlas por lo que se alivio al saber que ahí podría estar a salvo, por lo menos por un rato, ya que con aquella profesora nadie se atrevería a preguntarle acerca de su herida, no mientras estuvieran en clase, aunque de todas formas no era como si sus compañeros tuvieran tanta confianza como para preguntarle, pero estaba segura de que la curiosidad seria más fuerte que el "temor" que le tenían a la hermana menor de Naraku, solo por el hecho de ser su hermana.
Cuando entro encontró el salón casi vacío, aun era muy temprano y aunque la profesora aun no había llegado todos estaban concentrados en sus cosas y nadie pareció reparar en la presencia de la Onigumo por lo que con un suspiro de alivio tomo su asiento usual junto a la ventana, ya que aun no le habían dicho sobre el cambio de asientos.
Momentos después apareció la profesora y al ver que Kagura había tomado el asiento incorrecto se acerco a ella, la Onigumo aun no se había percatado de la presencia de la profesora, por lo que siguió con sus pensamientos.
Kikyo no pudo evitar ver aquella gasa, cubriendo la famosa herida de la que Naraku le había hablado en la mañana e irremediablemente recordó su conversación con el.
Kikyo estaba bajando de su auto cuando escucho unas ruedas rechinar y al girar vio a Naraku acercándose a ella, realmente estaba harta de sus constantes acosos, pero más que nada estaba preocupada de que alguien los viera, no era como si estuvieran haciendo algo malo pero, era mejor prevenir.
Ya no sabía cómo hacer para que el dejara de seguirla, pensaba que aquello se lo había dejado bastante claro cuando él en su primer año en la escuela le había confesado sus "sentimientos" si es que se podía decir que una persona como el los tuviera.
Ella simplemente había hecho su trabajo como profesora al saber lo que había ocurrido con sus padres, pero al parecer alguien como el halla malinterpretado la ayuda de la profesora y ahora no la dejaba ni un momento.
—Kikyo, espera tengo que hablar contigo, es importante. —Grito Naraku al ver que la profesora estaba a punto de entrar a la escuela.
—Te he dicho que no puedes hablarle así a una profesora, y no tengo tiempo, justo ahora tengo clase con tu hermana y no es mi estilo llegar tarde, así que por favor ve a clases. —Había intentado sonar lo mas cortante posible, Y no es que en realidad fuera así, aunque por fuera ella parecía un persona fría y calculadora, en el fondo gustaba de ayudar a sus alumnos, pero eso justamente era lo que la había metido en aquel problema con un alumno tan problemático como Naraku.
—Solo será un momento, es sobre mi hermana—Realmente no había querido hablar de su hermana, pero al ver que la profesora tenía intenciones de irse el decidió retenerla, no podía creer que aun no se diera cuenta que el era el mejor candidato para estar con ella, y aun si era por las malas el se lo haría ver.
Kikyo se sorprendió un poco, ya que sabia cual era la relación de los Onigumo, y no se esperaba que Naraku quisiera hablar sobre su hermana, por eso decidió quedarse a escuchar lo que tenía que decirle, si era algo sin importancia se iría inmediatamente, no estaba dispuesta a perder el tiempo.
—Te escucho.
Naraku sonrió internamente, era demasiado sencillo tener a las personas donde las quería, solo era cuestión de usar un poco el cerebro. Ahora lo único que tenía que hacer era que Kikyo se preocupara por su hermana, le haría creer lo que a todos; que había sido solo un accidente y que necesitaba de su ayuda, así ella no podría negarse a estar más tiempo con él. Aun si era corto el tiempo que pasaban juntos le ayudaría para hacer entrar en razón a Kikyo y que de una vez por todas aceptara lo que él le ofrecía.
—Ella tuvo un accidente ayer en la mañana, por eso tuvo que faltar a la escuela, ahora ya está mejor y realmente no fue tan grave pero estoy un poco preocupado por ella, no debe sentirse muy bien y tal vez tenga algunos mareos por lo tanto no puede hacer demasiado esfuerzo— Naraku intento parecer lo más sincero posible, lo cual no le era nada difícil ya que esa era su mejor forma de engañar a los demás pero para su mala suerte Kikyo no era como los demás.
Ella de inmediato supo que el estaba mintiendo, por lo menos al decir que estaba preocupado por su hermana, el nunca se preocuparía por nadie más que por él, y eso ella lo sabía muy bien, sin embargo decidió hacerle creer que le creía aunque sonara bastante irónico. Más que cosa ella quería averiguar lo que tenía planeado Naraku con todo eso.
— ¿Qué fue lo que le paso? ¿Realmente se encuentra bien? —No tuvo que fingir tanto, ya que en realidad si le preocupaba un poco lo que le hubiera podido ocurrir a Kagura, después de todo ella no tenía nada que ver con las instigaciones de su hermano mayor.
Naraku pensó que ya tenía a Kikyo, un poco más y estaría en sus manos.
—No ha sido nada, solo un pequeño golpe en la cabeza, aunque ha sido más sangre que otra cosa, la llevamos al doctor y el dijo que todo está bien, que no deberíamos estar preocupados, pero ha tenido que suturar y le ha mandado algunos medicamentos, también nos ha dado algunas indicaciones para que su estado no empeore.
— ¿Y por qué me lo dices a mi? Deberías decírselo a la directora, para que ella informe a todos. —Kikyo entonces se pregunto el por qué de aquel golpe, rápidamente saco una conclusión de cómo pudieron ocurrir los hechos, pero intento no pensar en eso. —"Ni alguien como él sería capaz de algo así" —Pensó.
—Porque Kagura no quiere que esto se haga muy público, a ella no le gusta ser el centro de atención, por eso es que te pido discreción al respecto.
Después de eso ella había ingresado al plantel, pensando en todas las posibles razones de aquella charla, si algo tenía muy en cuenta es que Naraku nunca era de fiar.
Y ahora en el salón de clases podía ver con sus propios ojos que era verdad lo que Naraku le había dicho, estuvo tentada a preguntarle a la misma Kagura su versión de los hechos, pero prefirió guardar sus dudas y averiguar ella misma que es lo que había pasado.
Por ahora solo le indico a Kagura su nuevo asiento, ya después ella tendría que hacer algunas investigaciones.
Mientras tanto por los pasillos del colegio dos albinos daban grandes zancadas, ninguno parecía de muy buen humor, y no era para menos si habían llegado tarde, todo por un accidente automovilístico cerca de su casa.
A Sesshomaru no le agradaba la idea de llegar tarde, para el la impuntualidad no era algo de lo cual el se diera lujo, sin embargo a Inuyasha no parecía importarle mucho, lo cual molestaba aun mas a su hermano mayor, que no entendía como Inuyasha podía ser tan poco responsable.
Cuando llegaron a una intersección ambos tomaron caminos opuestos sin siquiera despedirse o incluso mirarse.
Sesshomaru entró al salón después de que la profesora se lo indicara, estaba pasando asistencia, pero al parecer aun no lo había nombrado a él.
Camino hasta su asiento con tan poca atención hacia su alrededor que no se percato de que un par de ojos brillantes y rojos como dos rubíes lo miraban atentamente.
Kagura había estado mucho más atenta a él de lo que le hubiera gustado aceptar, desde que este entro al aula, incluso cuando paso junto a ella sin siquiera mirarla, la Onigumo pudo oler una colonia bastante agradable emanar de él, incluso pudo escuchar cuando tomo asiento justo detrás de ella, aquel albino era como un imán para los ojos de Kagura y eso no le hacía ninguna gracia, al contrario, aquello comenzaba a irritarla de sobremanera. Era la primera vez que alguien lograba captar su atención de aquella forma y tan rápidamente. ¿Cuánto tiempo tenia de conocerlo? ¿Dos días? Eso no podía ser normal, pero ahora no tenia tiempo para tantas "ridiculeces", ella debía concentrarse en su venganza contra Naraku, esta vez le haría pagar por todo lo que le había hecho.
Mientras Kagura tenía algunas batallas internas, Kikyo había acabado de tomar asistencia y comenzó la clase.
Fue ahí cuando Sesshomaru se percato al mirar al frente de un sutil y dulce aroma, fue como si en su mente se dispararan imágenes de un campo lleno de flores blancas, y en el centro de aquel jardín una joven sonreía y giraba alegremente. Era exactamente el lugar con el cual soñaba, y esa joven era Kagura, no había duda y ese aroma…
–"¡No puede ser!"–Pensó Sesshomaru bastante sorprendido.
Al fin noto la presencia de Kagura frente a él y era claramente de ella de quien emanaba aquella fragancia, eso solo hizo que se sorprendiera aun mas pues la situación del Taisho no podía ser peor ya que esta nueva revelación solo podía significar que no solamente la recordaba de vista, sino que incluso su aroma le era familiar, entendió que eso ya no podía ser una coincidencia, ¿Entonces realmente ya la conocía de antes? Era imposible que eso estuviera pasando, no podía recordar cómo es que la conocía, pero de alguna u otra forma él lo averiguaría.
Aquella mañana justo en ese mismo momento se encontraba una pequeña albina en la biblioteca de la escuela, al parecer su primer profesor no había asistido al instituto, por eso ella ahora tenía una hora libre, la cual aprovecharía en aquel solitario lugar.
Había tomado un libro bastante grande y ahora lo leía en una de las mesas más alejadas, aun cuando parecía concentrada en su lectura, realmente estaba pensando en los recientes acontecimientos, sabía muy bien cuáles eran los planes de Naraku, lo sabía todo, incluso lo de la herencia ya que ella siempre observaba todo a su alrededor y en contra de todo pronóstico ella también pensaba tomar parte de ello, a su modo y para sus propios propósitos. Pero por ahora solo seguiría la corriente de su hermano, cuando el momento llegara tendría que tomar una gran decisión.
Cerró de repente el libro y lo guardo en su lugar.
En clase de Naraku todos estaban en silencio atentos a la clase, el también parecía estar escuchando al viejo profesor Myoga pero lo que realmente estaba haciendo era algo totalmente distinto.
Con su celular en mano estaba mandando un mensaje a un viejo "amigo" suyo, cuando la pantalla mostro el cartel "mensaje enviado" una sonrisa torcida se formo en su rostro.
—Joven Onigumo ¿Podría seguir con la lectura? — Pregunto el profesor desde su lugar frente a la clase.
—Con gusto —Contesto el joven mientras tomaba su libro y se levantaba de su asiento leyendo lo que el profesor le solicitaba sin ningún problema, a pesar de no haber seguido la lectura en toda la clase. A veces aquello de ser un genio tenía sus ventajas en los momentos menos esperados.
Mientras tanto en una clase diferente un celular vibraba en el bolsillo de un estudiante quien si importarle si el profesor lo reprendía miro despreocupadamente el mensaje que le había llegado. Al terminar de leerlo una gran sonrisa apareció en su cara mostrando todos sus blancos dientes.
—Esto parece interesante.
Al fin la campana para el descanso, ahora todos los estudiantes tenían el tiempo suficiente para comer tranquilamente o simplemente descansar un poco de sus clases.
Kagura estaba por salir como siempre al jardín trasero de la escuela, era su sitio preferido ya que había muy poca gente ahí y siempre encontraba un buen lugar bajo algún árbol donde sentarse a sentir la ligera brisa en su rostro.
Estaba por salir cuando al buscar su almuerzo se dio cuenta de que no estaba.
— ¡Maldición! —Ahora se daba cuenta de que con todo lo que recientemente estaba pasando había olvidado por completo su almuerzo— ¿Ahora qué debo hacer?
Lo único en lo que pudo pensar fue en ir a comprar algo, pero aquello a estas alturas era imposible, había tardado bastante y ahora seguramente estaba lleno de jóvenes locos por comprar.
Pensar en aquella multitud de gente hizo que decidiera, solo por ese día tendría que quedarse sin comer, de todas formas no era algo tan grave, por una vez no pasaría nada.
O por lo menos trato de convencerse de eso ya que su estomago comenzaba a dolerle y a emitir unos extraños ruidos, y es que Kagura era alguien de buen comer lo cual hacia que de vez en cuando Naraku la reprendiera alegando que eso no era lo que una dama debía ser, pero a ella le importaba un carajo lo que su hermano considerara correcto o incorrecto, ella era humana y no podía ser como las demás "damas" anoréxicas a las que su hermano se refería, ella si tenía hambre comía, así de simple.
Aun cuando solo habían pasado un par de minutos ella sentía que estaba muriendo de hambre. Al parecer tendría que ir a la batalla que se desarrollaba todos los días en la cafetería y pelear como todos los demás por comida.
Aquello sonaba bastante lamentable, pero había sido un error dejar su comida olvidada, ahora debería hacer algo para conseguir comida o simplemente morir de hambre.
Decidida emprendió el viaje a la cafetería aunque por fuera pareciera estar bien, por dentro estaba bastante contrariada. Realmente no quería ir, pero no había nada que pudiera hacer ya que no pensaba estar todo lo que restaba del día con aquel dolor de estomago, y mucho menos con esos ruidos tan desagradables que salían de su estomago. Y entonces se imagino en clase; todos atentos a la clase, el silencio reinando y de pronto… ¡Un gran rugido! Todos sorprendidos girarían sus rostros para mirar a Kagura, la causante de aquel sonido tan poco refinado que había salido de su pobre y hambriento estomago. Todos aquellos compañeros de clase mirándola incrédulos y de pronto unos ojos ámbar aparecieron entre todos los demás, mirándola fijamente.
Aquella imagen había dejado a Kagura helada, por ningún motivo permitiría que eso pasara. Tan entretenida en sus pensamientos estaba que ni siquiera se había dado cuenta de que ya había llegado al tan temido campo de batalla.
Todo ese bullicio logro que Kagura retrocediera unos pasos, estaba aterrada y dispuesta a abortar la misión cuando sintió que su espalda chocaba contra algo bastante duro.
Al darse vuelta unos ojos ámbar le devolvieron la mirada, se sorprendió tanto que dio un paso hacia atrás, pero lamentablemente estando tan nerviosa no había sido cuidadosa y su tobillo se doblo ligeramente sin poder soportar su peso. La caída era inminente y lo sabia así que solo pudo cerrar sus ojos fuertemente y lamentarse por su estupidez y torpeza.
Pero de pronto sintió como alguien la jalaba hacia sí y ponía una mano en su cintura evitando su caída.
Levanto la mirada aun pegada al pecho de su salvador, aquellos ojos ámbar no eran los que ella había pensado en un principio y no supo si sentirse aliviada o decepcionada.
Inuyasha aun sujetaba fuertemente a Kagura por la cintura, aquello lo había sorprendido bastante pero por suerte había reaccionado a tiempo.
— ¿Te encuentras bien? —Pregunto a la Onigumo sin soltarla.
Kagura por su parte estaba bastante más sorprendida que su salvador ¿Cómo había podido confundir a Sesshomaru con Inuyasha? Si bueno, eran bastante parecidos pero sus ojos aun siendo exactamente del mismo color tenían una gran diferencia, Kagura aun no podía decir exactamente cuál era esa diferencia, pero desde el primer día que los conoció se dio cuenta de eso.
De nuevo se había metido bastante en sus pensamientos, tanto que se había olvidado por completo de la situación en la que se encontraba, por lo menos hasta que una voz la hizo regresar a la realidad.
—Realmente creo que deberías revisarte el tobillo si no puedes mantenerte e pie por ti misma. —Inuyasha no estaba para nada incomodo con aquella linda chica entre sus brazos, pero estaba comenzando a preocuparse por todas las miradas indiscretas.
Kagura que al fin se había dado cuenta de lo que estaba pasando, roja como un tomate intento deshacerse de los brazos del Taisho tratando de empujarlo, pero en el proceso se dio cuenta de que lo de su tobillo era un poco más grave de lo que había pensado.
Con un pequeño gemido de dolor y una mueca por parte de la Onigumo Inuyasha se dio cuenta de que no podría caminar por si sola.
— ¡Ahh! —Kagura lanzo un grito mientras sentía como unos fuertes brazos la alzaban. Inuyasha la había tomado como si de un costal de papas se tratara llevándola sobre su hombro. — ¡Bájame! ¡No puedes hacer esto! ¡Puedo caminar sola! —Kagura pasaba ahora por todos los tonos de rojos posibles mientras pataleaba y forcejeaba con todas sus fuerzas, aunque al parecer apenas y el Taisho lo sentía.
—Deberías dejar de hacer escándalo. —Dijo por fin Inuyasha un poco irritado por los chillidos de la Onigumo.
Aquel comentario logro que Kagura se calmara al notar que varios chicos la estaban mirando y susurrando. Todo eso era realmente irritante, como odiaba a todos esos metiches. Fue así como Kagura al fin decidió aceptar (más de fuerzas que de ganas) la ayuda que el albino le ofrecía, también por que ya era suficiente con su herida en la cara como para que aquella bola de idiotas tuviera otra cosa de la que hablar sobre ella.
De lo que ninguno de los dos se dio cuenta fue que otros ojos ámbar habían presenciado toda la escena con el ceño fruncido.
Después de un rato llegaron a la enfermería la cual al parecer se encontraba vacía.
—Puedes dejarme aquí, yo esperare a la enfermera sola. —Dijo Kagura un poco molesta.
—Al menos podrías darme las gracias. —Contesto de igual modo Inuyasha.
— ¿Pero quién te crees? ¿Después de aquel ridículo que me hiciste pasar quieres que te agradezca?
— ¡Feh! "señorita malos modos" si no fuera por mi ahora seguramente seguirías en el suelo, evite tu caída y luego te traje hasta aquí a pesar de tus berrinches. ¿Acaso eso no amerita un "gracias"?
— ¡Yo no te pedí que me ayudaras, eso debes tenerlo bien claro!
—Bueno deberás comprender que no podía dejar a alguien con tanta torpeza ahí tirada, al menos uno de los dos tiene un poco de educación, la suficiente como para ayudar a una "dama" en apuros. —Inuyasha había hecho paréntesis con sus manos al decir la palabra dama, lo cual no hizo ninguna gracia a Kagura.
— ¿Qué quieres decir con "dama" —Pregunto Kagura haciendo la misma seña que Inuyasha —¿Acaso estas intentando hacerme enojar?
Inuyasha prefirió guardarse el comentario que tenía pensado, aun después de todo seguía siendo un caballero.
— ¿Acaso siempre eres así con las personas que intentan ayudarte?
—Solo con los entrometidos a quienes nadie les pidió su ayuda. —Contesto Kagura bastante enojada ¿Pero qué diablos la pasaba a ese tipo?
Inuyasha también estaba en su límite, no podía creer que hubiera alguien con tan poca amabilidad como ella.
Entonces los dos se miraron directamente a los ojos en una guerra silenciosa, la cual estaba bastante pareja, no podía ser cierto lo parecidos que eran entre ellos, ambos tan orgullosos como ellos mismos indispuestos a perder el uno frente al otro. La tensión podía sentirse en el aire, aquello parecía realmente serio y de pronto… ¡El gran rugido!
Ambos abrieron los ojos tanto como les fue posible, Kagura no podía estar más avergonzada, su temor se había hecho realidad, aquel maldito sonido había provenido de su estomago, recordándole que aun tenía hambre.
Mientras tanto Inuyasha estaba tratando con todas sus fuerzas de no reírse, de nuevo se recordaba lo que era ser un caballero, o al menos lo intentaba, aunque al parecer no había sido suficiente porque de un momento a otro rompió en una estrepitosa carcajada.
Mientras Kagura quería que la tierra se abriera y se la tragara.
— ¡Cállate! —Grito como último recurso mientras aun conservaba el tono rojizo en su rostro.
Inuyasha lo noto y entonces como una revelación entendió la razón por la que Kagura se encontraba en la cafetería, aun faltaban 10 minutos para que acabara el descanso por lo que decidió una vez más ayudar a aquella "señorita malos modos" (apodo con el cual la había rebautizado)
—Te traeré comida, así que espera aquí.
—No te lo he pedido, no necesito de tu ayuda. —Pero para mala suerte de Kagura al finalizar la frase de nuevo aquel rugido se dejo escuchar, haciendo que de nuevo su rostro enrojeciera violentamente.
Inuyasha solo sonrió, tal vez pudiera ser una grosera mal agradecida pero, de algún modo aquella mal criada le agradaba, tal vez por lo parecido que eran, simplemente no podía dejarla morirse de hambre, aunque era tentador.
—No seas necia, tienes hambre, si no comes algo podrías enfermar, espera aquí, te traeré algo. —Y diciendo esto Inuyasha salió de la enfermería corriendo esperando que aun hubiera comida en la cafetería.
Por su lado Kagura estaba bastante contrariada, aquel tipo la había tratado bien después de todo, bueno excepto por los insultos, pero de todas formas le había ayudado mucho y ella realmente se había comportado de la peor manera. Sabía que había estado mal pero no le gustaba tener que depender de los demás y sentirse débil e inútil.
De nuevo se escucho el grito de desesperación de su estomago, con un cansado suspiro pego sus rodillas a su pecho y con sus manos abrazo sus piernas metiendo la cabeza en el hueco que quedaba. Realmente tenía hambre, esperaba que Inuyasha no tardara mucho, y esta vez se aseguraría de darle las gracias.
Por su parte Inuyasha estaba pagando lo que había logrado comprar. Dos sándwiches y una botella de agua, aunque pareciera poco era realmente un logro que merecía una condecoración, y es que entrar en la lucha por comida de la cafetería y salir vivo era una hazaña digna de un héroe.
Ahora se dirigía con la cabeza en alto, muy orgulloso de si mismo a la enfermería, aunque de camino la idea de no recibir ni las gracias de nuevo le hizo fruncir sus labios, realmente no le gustaba como lo trataba aquella "señorita" pero aun con su mal humor Inuyasha parecía divertido con todo aquello y es que nunca había encontrado a alguien con un carácter tan parecido al de él, pensar en eso hizo que una sonrisa divertida apareciera en su rostro.
—Aquí tienes. —Inuyasha había puesto frente a Kagura los alimentos que había conseguido. Había intentado llamarla varias veces, pero al parecer Kagura no lo escuchaba
La Onigumo abrió los ojos sorprendida, de nuevo había estado demasiado metida en sus pensamientos. Miro lo que estaba frente a ella y luego dirigió su vista a Inuyasha quien estaba mirando hacia otro lado fingiendo indiferencia.
—Gracias.
El Taisho realmente no se había esperado eso, y pensando que lo que había escuchado había sido debido a su imaginación miro a Kagura.
— ¿Qué has dicho? —Pregunto un tanto sorprendido.
Kagura solo se limito a contestarle de mala gana.
—Si no lo has oído es cosa tuya. —Y dicho esto le dio una gran mordida a uno de los sándwiches.
Entonces una casi imperceptible sonrisa apareció en el rostro de ambos.
Afuera de la enfermería recargado en la pared de enfrente alguien miraba hacia adentro con una enigmática sonrisa.
—Esto apenas empieza y ya me estoy divirtiendo. —Rió secamente y emprendió el camino hacia afuera, aquello no hacía más que empezar.
