Lamento de verdad todo el tiempo en el que esta historia estuvo en hiatus, en todo este tiempo estuve teniendo ciertos problemas personales con los cuales tuve que lidiar, por lo que ya no tenia ganas de escribir, pero ahora todo esta mucho mejor, por lo que decidí continuar con esta historia, mas que nada por los comentarios que me dejaron, de verdad muchas gracias por todo, sus comentarios me hacen muy feliz y me motivan a seguir la historia. Esta vez voy a tratar de tener un poco mas de consistencia al subir los capítulos no prometo que sea rápido debido a que estoy en la universidad y es un poco pesado, pero voy a hacer mi mayor esfuerzo.
Sin mas los dejo con el capitulo 4, en el cual me esforcé bastante e hice un poco mas largo que los anteriores, espero que lo disfruten y me dejen sus comentarios para saber si les gusto. :)
Disclaimer: Todos los personajes son propiedad de Rumiko Takahashi
Recuerdos dolorosos
Después de aquel incidente en la enfermería y de que Kagura terminara su sándwich la encargada llegó, por lo que Inuyasha decidió regresar a su salón, para no llegar tarde a su siguiente clase, sin embargo, Kagura debió quedarse a que la enfermera revisara su tobillo.
—No es nada grave, solo necesita un poco de pomada para calmar el dolor y bajar la hinchazón, de todas formas, procura no esforzarte mucho si no quieres que esto se vuelva peor, por lo mientras pondré un vendaje para cubrir.
—Lo tendré en cuenta, muchas gracias— Contesto Kagura de forma distraída mientras bajaba de la camilla de la enfermería para dirigirse a su clase, habían pasado unos minutos desde que el timbre había sonado, aunque el profesor Totosai no era especialmente exigente a la hora de la puntualidad, por lo que decidió hacer caso a la enfermera y caminar de forma lenta tomándose su tiempo, ajena a un par de ojos que la miraban desde una esquina.
El día paso sin mayores contratiempos para Kagura, inclusive gracias a que Naraku estaba muy ocupado en algunos asuntos que prefirió no especificarle, dejo a sus dos hermanas cenando sin su compañía, lo que la mayor agradeció, pues comer a su lado era una verdadera molestia y con los acontecimientos recientes la tensión era cada vez mayor cuando los dos estaban juntos, y siendo sincera, Kagura no se sentía muy segura cerca de él.
Al finalizar la cena, Kagura subió a su habitación pues quería apresurarse y terminar la tarea que le habían dejado, este tipo de cosas le parecían completamente molestas, pero sabía que debía hacerlo y más le valía terminarlas antes de que se acumularan ya que algunos profesores eran mucho más exigentes que otros.
Mientras Kagura estaba inmersa en su tarea de biología, Naraku dejo los papeles que momentos antes estaba revisando y salió de su estudio para dirigirse al aparcamiento, ya que había quedado con alguien y aunque le importaba poco hacer esperar a las personas también odiaba ser impuntual. Pero en el camino al garaje se topó con la menor de los Onigumo, la cual con su característica voz y su cara de indiferencia pregunto.
—¿Saldrás?
Aunque para Kagura, Kanna fuera la favorita de Naraku, este solo la mantenía cerca de él por qué la consideraba de utilidad, pero en ningún momento albergó algún sentimiento hacia la albina, por lo que no se sentía con la obligación de darle ningún tipo de explicaciones, además de que esa noche no se encontraba de buen humor.
—No te metas en mis asuntos— Contesto sin siquiera mirarla, saliendo por la puerta.
Kanna ni se inmuto por aquel trato, ya estaba acostumbrada a este tipo de conversaciones con su hermano mayor, lo conocía muy bien pues lo había estado observando prácticamente toda su vida, por lo que estaba segura de que tramaba algo y ella averiguaría que era, sabía que esto tenía que ver con su hermana mayor, y por ningún motivo permitiría que Naraku le hiciese algo, no si ella podía impedirlo. Para Kanna no había persona más importante en su vida que su hermana mayor Kagura.
Después de unos minutos conduciendo, Naraku aparco el coche afuera de lo que parecía ser un bar, bastante modesto para su gusto, pero era ahí donde había quedado con Byakuga un viejo "amigo", sobra decir que Naraku jamás consideraría a alguien como su amigo, para él las personas solo podían dividirse en dos; las personas que le servían y las que no, pero llevaba conociendo a Byakuga desde los cinco años, debido a que sus padres eran socios en varios negocios por lo que desde temprana edad se veían seguido y algunas veces cuando Naraku estaba especialmente benévolo salían a tomar algo, pero esto no era suficiente para que Naraku tuviera cierta consideración con el joven, como siempre, solo se trataba de quien podía servirle y en esos momentos Byakuga era el indicado.
Sin muchas ganas entro al bar, el lugar no era malo en sí, obviamente no era uno de los lujosos y exclusivos lugares a los que él estaba acostumbrado, pero el ambiente era ciertamente ameno y no había mucha gente por lo que el lugar parecía tranquilo y perfecto para tener una charla, con luces tenues y un cuarteto que tocaba una suave pieza de jazz, busco con la mirada en el lugar y cuando estaba por ir a la barra alguien toco su hombro con cierta brusquedad para hacerlo girar.
—Ya era hora de que llegaras Naraku— Dijo un apuesto joven de ojos azules, con cabello negro y largo amarrado en una coleta alta mientras sonreía de oreja a oreja.
—Byakuga— Contestó Naraku en tono frio mientras de un manotazo se quitaba de su hombro la mano del joven.
—Vamos, vamos, deja de ser tan enojón, si sigues así envejecerás más rápido, y cuando menos te des cuenta, serás una pasa. Aunque bueno, tampoco es que tu apariencia ahora sea la mejor— Dijo riendo mientras se dirigía a una mesa cercana.
—Escucha Byakuga, más te vale no hablarme de esa forma, no te tomes libertades que no te he dado— Siseo el Onigumo detrás de él.
Cualquiera se hubiera intimidado con aquella amenaza, pero Byakuga era diferente, el haber estado tanto tiempo cerca de Naraku lo había dotado de cierta inmunidad ante lo que el solía llamar como su "veneno" por lo que ni se inmuto ante tal advertencia y simplemente tomo asiento despreocupadamente.
—Y dime Naraku, ¿Qué necesitas de mí esta vez? —Pregunto sonriendo de lado mientras ponía sus codos en la mesa y recargaba su barbilla sobre sus manos entrelazadas.
Al Onigumo le molestaba de sobremanera esa forma de ser tan osada que tanto caracterizaba a Byakuga sin embargo se recordó a si mismo que esta vez realmente necesitaba de él, y aunque le costara aceptarlo sabía muy a su pesar que era un tipo del cual cuidarse, aunque no lo pareciera aquel imbécil que estaba sentado frente a él con esa sonrisa estúpida que Naraku tanto odiaba no era lo que aparentaba, para muchos podía parecer un estúpido que jamás se tomaba nada enserio, pero Naraku sabía que era astuto, cauteloso y debido a su cercanía sabia también que Byakuga no confiaba en él de ninguna manera, por lo cual tenía la certeza de que si daba un paso en falso podría comprometer todo su plan. Tenía que ser mucho más cuidadoso con sus palabras para obtener lo que buscaba de Byakuga.
—Como sabrás, pronto cumpliré la mayoría de edad, por lo que podre tener acceso a la tercera parte de la herencia de mis padres, no es nada fuera de lo común soy una persona con la inteligencia suficiente para manejarlo todo—Se acomodó en la silla que estaba justo frente a Byakuga y guardo silencio un momento mientras media las reacciones de su interlocutor. –Sin embargo, la que me preocupa es Kagura, o para ser más exactos… me molesta— Esto último lo dijo casi como un gruñido, lo que no pasó desapercibido por su compañero aunque él conocía a la perfección la relación entre Naraku y sus hermanas, para ser justos no era diferente de la relación que el mayor de los Onigumo tenía con casi cualquier otra persona, Naraku creía firmemente que todos eran solo un estorbo para cumplir sus objetivos incluido Byakuga mientras estos no le fueran de ninguna utilidad, pero si jugaba bien sus cartas, todo esto de la herencia podía traerle muchos beneficios y si conocía lo suficiente al moreno ya podía ir haciéndose una idea de a donde quería llegar con esta conversación.
—Bueno, supongo que ahora si has captado mi atención, ciertamente creo saber a dónde quieres llegar Naraku—Byakuga se enderezo en su asiento mientras una sonrisa ladina se formaba en su rostro.
Naraku sabía que el sentía "algo" por su hermana desde que eran niños, aunque solo de pensarlo de daban ganas de vomitar, ¿Cómo alguien podía siquiera fijarse en el esperpento que tenía como hermana? Sin embargo, tenía la fuerte convicción de que Byakuga solo buscaba una cosa de Kagura, pero no podía importarle menos, utilizaría aquello para convencer a su "amigo" de ayudarlo
—Pues bien, entiendo que cuando ella cumpla la mayoría de edad tendrá que hacerse cargo de una fuerte suma de dinero, entre otras pertenencias y empresas que le han pertenecido a la familia, y aunque me avergüence aceptar que tengo de idiota a una hermana, tengo que admitir que la posibilidad de que algún maldito aprovechado al hablarle bonito pudiese aprovecharse de su estupidez es muy alta y no me gustaría que todas estas posesiones llegasen a manos equivocadas. Por lo que decidí que la mejor opción era impedir de cualquier forma que aquello llegase a pasar. —Si eso no era una mentira en toda regla entonces el infierno podía congelarse en ese mismo instante, pues las intenciones de Naraku eran completamente diferentes.
—¿Y cómo planeas impedirlo? —La sonrisa de Byakuga se ensancho mientras hacia la pregunta, aunque en el fondo ya sabía la respuesta y eso solo hizo que sonriera aún más.
—Casándola contigo
En la casa de los Taisho Inuyasha se encontraba en el estudio, lugar donde su hermano mayor pasaba gran parte de su tiempo leyendo algún libro de su interés, pero esta vez era el menor quien estaba tratando de encontrar un libro de química básica que una de sus profesoras le había pedido que leyera.
—¿En dónde mierda estará? — Se pregunto mientras rascaba su cabeza y revisaba por segunda vez el mismo librero. Estaba seguro de que había visto ese libro alguna vez en la casa, aunque eso había sido cuando era muy pequeño en una de sus breves visitas a esa misma casa con su madre. Aquellos recuerdos solo lo irritaron más, tenía que comenzar a leer ese libro para poder tener terminado el ensayo en la semana.
Debía admitir que si no fuera porque la profesora Kykio había sido quien dejo la tarea, él no se estaría molestando tanto en cumplirla, no quería admitirlo, pero aquella profesora le atraía, y no solo por su apariencia. Aunque claro tratar de adivinar que ropa interior estaría usando bajo su ropa no era para nada un mal pasatiempo muy a su pesar sabía que no solo era algo físico, había algo en aquella mujer que hacía que el Taisho contuviera la respiración cada vez que veía como la profesora lo miraba tan fija e intensamente que en ocasiones podía jurar que ella tenía pensamientos similares acerca de él, aunque al principio intentaba volver a la tierra recordando que aun cuando él era todo un galán, había personas que estaban completamente fuera de su alcance.
Así continuo por un rato, alternándose entre los pensamientos sobre su profesora de química y en buscar el dichoso libro entre los estantes de los grandes libreros que ocupaban prácticamente la mitad de la habitación, estaba tan concentrado en su tarea que no pudo escuchar cuando la puerta del estudio se abrió.
Sesshomaru noto al instante como su molestia menor estaba completamente concentrado en algo que sinceramente a él no podía importarle menos, quería un momento tranquilo para leer aquel libro que no había podido terminar por lo que había pensado en ir a relajarse a su lugar favorito, pero al verlo invadido por su hermano menor decidió que por esta ocasión leería en su habitación.
Estaba cruzando la puerta cuando Inuyasha al girar pudo notar su presencia, y sin pensárselo mucho le hablo.
—¡Hey! –Bien, había logrado captar la atención de su hermano mayor, ¿y ahora qué? No es como si a Inuyasha le encantara la idea de pedirle ayuda a su hermano mayor, solo una vez en su vida lo había hecho, y se había arrepentido. Pero esto y lo otro no tenía nada que ver, además no era necesario pedirle ayuda del todo, quizá solo debía preguntar por el libro, eso no era considerado pedir ayuda ¿O sí?
Mientras en la cabeza de Inuyasha se llevaba a cabo una lucha sobre como debía abordar el tema, Sesshomaru aguardaba en la puerta impaciente, solo bastaba con ver la expresión de su hermano menor para darse cuenta de que las últimas dos neuronas que tenia se estaban muriendo, con ese pensamiento el mayor no pudo evitar preguntarse como es que eran realmente hermanos, recargado en el umbral de la puerta suspiro con hastió antes de darse media vuelta dispuesto a irse por donde había llegado.
—¡Espera! Hay un libro que necesito para una tarea que me han dejado, recuerdo haberlo visto por aquí alguna vez, pero… al parecer no está. –Estaba completamente fuera de discusión aceptar que quizá Inuyasha no había buscado bien, por lo que decidió entonces que el libro simplemente ya no estaba ahí.
Sesshomaru solo levanto una ceja mientras miraba con cierta incredulidad a su hermano, esta bien que en primer lugar le pareciera extraño que su hermano buscase un libro, apenas se hacia a la idea que el idiota siquiera supiese leer, pero lo que mas le sorprendía era el hecho de que por primera vez pareciera que le importaba la escuela. Desde que lo conocía siempre había sido el típico niño idiota al que no le importaba la escuela porque creía que no la necesitaba, recordaba que su padre siempre se quejaba debido a que le llegaban muchos reportes de la escuela debido a su falta de compromiso; siempre se saltaba las clases o en la mayoría de los casos ni siquiera entraba a la escuela, sacaba malas notas o era irrespetuoso con sus compañeros y maestros. Sesshomaru tenia la certeza de que, en esta escuela seria igual y ya se había irritado pensando en todas las vergüenzas que su hermano le causaría al ir en la misma escuela que él, pero esto era algo realmente inesperado.
Aun si todo esto le causaba sorpresa, no podía importarle menos.
—Si no está aquí, entonces no esta en ninguna otra parte de la casa. Así que deja de hacer alboroto y no desordenes el estudio. –Y sin siquiera mirarle salió de la habitación.
—¡Feh! Sabia que no tenia caso preguntarle a él. –Aunque ya sabia que su hermano no le ayudaría, en el fondo se sentía decepcionado, por un momento creyó… ¿Qué era lo que esperaba de él realmente? No debía tener esperanzas de que Sesshomaru algún día lo consideraría su hermano, sabia bien que no era mas que una molestia para él, ya se había acostumbrado y en realidad hace mucho había dejado de importarle, pero por alguna razón había momentos en los que fugazmente anhelaba ser parte de una verdadera familia.
Por su parte, Sesshomaru se hallaba intranquilo. Había decidido leer en su habitación, pero no podía dejar de pensar en el inútil de su hermano, no era que aquello le fascinara, pero no podía evitar recordar la cara de decepción que le había visto un instante antes de cerrar por completo la puerta el estudio, desde que tenía memoria podía ver esa cara lastimera en su hermano, la mayoría de las veces gracias a su padre y su constante ausencia. Aunque estaba seguro de que el idiota ni siquiera sabia que clase de expresión hacía. Era una vergüenza para el apellido Taisho, pero más para Sesshomaru ¿Cómo podía ser posible que tuviera a alguien tan patético como hermano? ¿Acaso no se daba cuenta de lo indignante que era tener que ver esa cara de idiota todo el tiempo, para que el lo empeorara haciendo semejante expresión?
Sin embargo… en el fondo Sesshomaru se sentía incomodo, sabia bien que Inuyasha hacia esa cara cuando se sentía herido y aparte del asco que le provocaba pensar en los inútiles sentimientos de su hermano, tenía la certeza de que el menor no había tenido una vida facil y aunque él tampoco había vivido en un campo de rosas, al menos había tenido (por un tiempo) una familia normal, con sus dos padres "presentes" y aunque toda su niñez la había pasado al cuidado de distintas niñeras y cuidadores no podía quejarse de que le faltara algo, siempre había tenido todo lo que había necesitado, o al menos casi todo. En el fondo siempre envidio a su medio hermano, por lo menos desde que lo conoció aquella vez en la que a petición de Irasue; su madre, Inuyasha junto con Izayoi visitaron la casa de los Taisho por primera vez. El no estaba entusiasmado con la idea de conocer a la amante de su padre, mucho menos al pequeño bastardo, pero la curiosidad pudo con él, había escuchado a su madre hablar de Izayoi; al parecer era una mujer perteneciente a una familia acomodada, pero cuando se enteraron del embarazo de la joven fuera del matrimonio la desheredaron y la dejaron a su suerte, prohibiéndole volver. Por lo que su padre se había estado haciendo cargo de ellos, incluso los visitaba seguido, razón por la cual Sesshomaru les guardaba cierto rencor. Por su parte Irasue no estaba del todo interesada en los amoríos de su esposo, su matrimonio había sido arreglado desde muy jóvenes y habían decidido casarse solo por conveniencia por lo que su relación no se basaba en amor quizá podrían llamarse amigos, pero nada más, incluso había estado de acuerdo en que su esposo le pusiera su apellido a Inuyasha, aun sabiendo que con ello su hijo tendría que compartir la mitad de toda la herencia de su padre en un futuro, pero acepto porque ella se consideraba como una mujer lógica y objetiva, aun así le incomodaba de cierta manera la situación, no estar completamente informada de todo era inconcebible, por lo que había decidido conocer en persona a la mujer que su esposo amaba y también creía que tener un hermano menor podría ayudar de alguna forma a Sesshomaru, ya que sabia que su hijo era poco sociable y pensando en los problemas que eso le causaría en el futuro decidido presentarle a Inuyasha.
Y ahí estaba Sesshomaru al final de las escaleras a un lado de su madre mirando con cierto recelo a los visitantes, aunque le molestara no podía negar que Izayoi era una mujer hermosa, claro que su madre también lo era; siempre hermosa, elegante y con un aura de autoridad innata que hacía que cualquiera se sintiera nervioso pero no por eso menos atraído hacia ella, pero la madre de Inuyasha era hermosa de una manera completamente diferente, podía sentir un aura de calma y tranquilidad manando de ella, si tuviera que ponerlo en palabras, la madre de Inuyasha era como un día cálido, mientras que su madre era una noche solemne.
Lo que realmente lo impresiono fue la serenidad con la que aquella mujer se presentaba delante de ellos, como si no sintiera culpa alguna por estar frente a la esposa e hijo del hombre al que según el mismo Sesshomaru había engatusado, pero sabia que hacer un escandalo por eso no tenia sentido si su propia madre había organizado aquel encuentro, y como buen Taisho debía controlar aquellas inútiles emociones que no hacían más que causar problemas por lo que siguiendo el ejemplo de su madre simplemente se quedo parado con toda la indiferencia que sus siete años le permitían.
Después reparo en la presencia de Inuyasha pegado a las faldas de su madre con los ojos brillosos como si quisiera esconderse detrás de ella, mirando a su alrededor con aspecto temeroso, Sesshomaru no supo que reacción tener, Inuyasha parecía un conejillo asustado. Aquella expresión lo lleno de una culposa satisfacción, el pequeño bastardo sabia cual era su lugar, el no pertenecía ahí y nunca lo haría, el y su madre debían irse y nunca volver a su hogar. Quería que su padre les olvidara para siempre y que solo se quedara con él, era su padre y no tenia intenciones de compartirlo con ese mocoso.
Pero entonces Izayoi tomo al pequeño y lo acogió con extrema ternura entre sus brazos mientras rozaba sus narices sonriendo. Aquello descoloco por completo a Sesshomaru, nunca en su vida había presenciado tal muestra de afecto, era algo completamente nuevo para el y por un momento lo anhelo, y todo lo que había tratado de esconder de pronto salió y por primera vez en su vida Sesshomaru se sintió triste y solo.
Ese día paso con relativa normalidad su madre había querido hablar con Izayoi en privado por lo que Sesshomaru se quedo a solas con Inuyasha en su habitación con la vigilancia de una de sus niñeras.
El mayor no tenía ningún interés en convivir con Inuyasha, mucho menos después de presenciar semejante demostración de afecto y aun le guardaba cierto rencor por la situación de su padre, por lo que tratando de mantenerse alejado se sentó en una esquina para leer un libro. Mientras que Inuyasha ajeno al desprecio de su hermano se encontraba jugando con la niñera, él no tenía tantos juguetes en casa, no por falta de dinero pues su padre siempre se aseguraba de que a él y a su madre nunca les faltara nada, era mas bien que su madre pasaba mucho tiempo jugando con él, por lo que no era necesario tener demasiadas cosas materiales, pero para un niño de cinco años aquellos juguetes nuevos eran como un tesoro. Pero lo que más llamaba su atención era aquel niño, recordaba que su padre le había hablado muchas veces de él, sabía que era su hermano aunque no tenia muy claro que era lo que realmente significaba, no había tenido la oportunidad de convivir con muchos niños, su madre y el no salían muy a menudo por lo que Inuyasha no tenia amigos de su edad, para él su madre era todo lo que tenia y necesitaba, claro que también estaba su padre pero no podía compararse.
Lo que no sabia Inuyasha era que debido a la posición de amante de su madre y a las personas con mucho tiempo libre y poca vida propia nadie quería relacionarse con ellos, mucho menos dejaban que sus hijos se juntaran con el bastardo de aquella "mujerzuela" como solían llamar a Izayoi, todos sabían quién era el padre de Inuyasha y por supuesto sabían que el era un hombre casado, en el lugar donde vivían no había muchos secretos y todos se conocían entre ellos haciendo la vida de su madre difícil por lo que ella había decidido no tener mucho contacto con otras personas y claramente no iba a dejar que Inuyasha sufriera el desprecio al que ella se creía merecedora, razón por la cual el pequeño no tenía ningún amigo de su misma edad.
Por esa razón sin pensárselo mucho Inuyasha fue hasta donde se encontraba Sesshomaru y con una gran sonrisa lo tomo de la mano jalándolo hacia él.
—¿Jugamos? –Pregunto mientras seguía tironeando de su mano para hacerlo levantarse de la silla en la que estaba sentado el mayor.
Por un momento Sesshomaru se quedó completamente quieto, confundido por la acción del pequeño pues no estaba acostumbrado a un contacto físico tan directo, él siempre había sido tratado con el mayor respeto posible por todos los trabajadores de la casa, por lo que nadie se había tomado la libertad de tener mucho contacto físico con él, mientras que su madre y su padre estaban muy ocupados en el trabajo por lo que rara vez estaban cerca y no es que fueran los mejores demostrándole cariño por lo que sorprendido por aquello Sesshomaru jaló de su mano con tanta rudeza que el pequeño Inuyasha cayo de sentón en el suelo. Aquella no había sido su intención, simplemente lo hizo casi por instinto como si el contacto del pequeño le hubiera quemado la piel. Aun estaba algo alterado por aquello cuando; debido al golpe y mas que nada al susto, el pequeño Inuyasha rompió en llanto, viéndolo ahí sentado en el suelo llorando como si la vida se le fuera en ello mientras la niñera intentaba consolarlo Sesshomaru pensó que jamás había visto algo tan desagradable y con un gesto de disgusto salió de la habitación dando un portazo. No quería volver a ver en su vida a ese mocoso ruidoso y molesto.
Pero mas pronto que tarde se dio cuenta de que la pequeña molestia los visitaba mas seguido de lo que le gustaría, algunas veces solo y otras mas acompañado de su madre. Sesshomaru no entendía la razón por la que su madre permitía aquello, aunque al menos daba gracias que el pequeño parecía tenerle cierto grado de temor, quizá debido a su primer encuentro, para el mayor era simplemente gratificante saber que al menos causaba cierta incomodidad en aquel intruso, aunque sin quererlo poco a poco fue acostumbrándose a su presencia y a tolerarlo en la medida de lo posible, pero nunca le permitió acercarse a él, mucho menos a tocarlo de nuevo, aun podía recordar aquella sensación de ardor en su piel, y no quería volver a experimentarlo.
Pasaron varios años en donde aquella situación continuó; las visitas de Inuyasha e Izayoi a la casa Taisho ya eran comunes y el mayor ya se había hecho a la idea de que le molestara o no, su madre tenía la última palabra en aquel asunto y si a ella no le molestaba, a él tampoco tenía por qué.
Eso fue hasta que un día en una de las pocas ocasiones en las que su padre se encontraba en casa decidido pasar a saludarlo a su despacho, Sesshomaru a sus diez años admiraba a su padre mas que a nadie, era su mayor orgullo y ejemplo a seguir, por lo que en cada pequeña ocasión que tenia trataba de que Inu se sintiera orgulloso de él. Aquel día había ganado un concurso de ciencias y la escuela le había dado un reconocimiento, él sabía que aquello no significaba la gran cosa, había sido solo un estúpido concurso pero al menos quería tener una excusa para poder pasar algo de tiempo padre e hijo por lo que había decidido mostrárselo a su padre con orgullo, pero cuando estuvo frente a la puerta se dio cuenta de que esta se encontraba medio abierta y para su desgracia pudo ver como su padre tomaba entre sus brazos a Izayoi mientras le dedicaba una mirada que nunca antes le había visto, el jamás había tenido este tipo de comportamiento con su madre y aunque comprendía el tipo de relación que tenían sus padres no pudo evitar que un pequeño malestar comenzara en la boca de su estómago y se extendiera por el resto de su cuerpo, pero en el momento en que su padre se separo de Izayoi para tomar a Inuyasha en brazos y dedicarle una mirada llena de una emoción que él no pudo descifrar algo en Sesshomaru se quebró, porque se dio cuenta de que su padre nunca lo había mirado de esa forma.
No supo en que momento llego al baño mas cercano y deposito en el retrete todo lo que había ingerido durante el día, y no pudo detenerse aun cuando ya no había más comida en su estómago que devolver, aun cuando lo único que salía era una especie de fluido amarillo verdoso que le quemaba la garganta, aun cuando todo a su alrededor se volvió borroso y sintió algo cálido y húmedo recorrer sus mejillas al ver el reconocimiento tirado a un lado arrugado y lleno de asquerosas manchas, aun cuando todo se volvió negro y lo último que sintió fue su cabeza golpear el frio suelo y solo pudo agradecer que todo eso terminara.
Despertó acostado en su cama con un terrible dolor en la cabeza, se sentía desorientado… perdido. Al parecer era de noche pues había poca luz en la habitación, se incorporo como pudo ya que le dolía el cuerpo y cuando pudo sentarse de forma cómoda se quedo quieto, tratando de adaptar sus ojos a la obscuridad, solo para darse cuenta de que se encontraba totalmente solo. Con algo de esfuerzo se levanto de su cama, las piernas le temblaban y se sintió pesado, pero quería llegar al baño. Así que lentamente logro caminar el pequeño tramo que lo separaba de su cama al baño que tenía en su habitación y encendió la luz deslumbrándose un poco por el cambio de iluminación repentina, parpadeo un par de veces para poder enfocar su reflejo en el espejo que tenia justo enfrente, solo para darse cuenta de que en su cabeza, justo del lado derecho tenia una gasa sostenida por vendas que le cubrían parte de la cabeza, pero lo que más llamo su atención fueron sus ojos, estaban rojos e hinchados y como si aquella lamentable visión de si mismo lo trajera a la realidad recordó todo, la visión de un padre que nunca había conocido y la familia feliz que jamás le fue concedida. ¿Qué más tenía que hacer él para poder tener un poco de lo que ellos tenían?
Si él no podía tenerlo… entonces no lo necesitaba.
Al día siguiente una de sus niñeras fue a despertarlo, no le pareció extraño que ni su madre hubiese ido para comprobar su estado, pero aquello ya le tenia sin cuidado. La chica cambio su vendaje y le dio una pastilla para el dolor y después le ayudo a vestirse, Sesshomaru no respondió cuando ella le pregunto por su estado y simplemente la dejo hacer su trabajo, sentía como si su cuerpo no le perteneciese, sentía como si algo le faltase, pero ya no le dio importancia.
Bajo con ayuda de la joven y se encontró en el comedor a su madre, sola.
—Buenos días. –Su voz sonaba ronca, como si no hubiera hablado en mucho tiempo.
Su madre que hasta entonces había estado concentrada en unos documentos que tenia sobre la mesa reparo en su presencia y sin esperar nada mas se levanto de su silla para tomar cuidadosamente la cara de su hijo entre sus manos.
—¿Cómo te sientes? –Pregunto después de revisar que la herida estuviese bien cubierta y limpia.
—Bien. –Fue la única respuesta de Sesshomaru para después tomar las manos de su madre bajo las suyas y quitarlas de su rostro de forma suave pero firme.
Irasue lo miro de nuevo, esta vez con mas intensidad tratando de entender lo que había pasado con su hijo, después de que uno de los trabajadores de la casa lo encontrara en uno de los baños del primer piso, sobra decir que al verlo en ese estado Irasue casi se desmaya, cuando alertada por los gritos corrió a ver lo que pasaba para encontrarse con Sesshomaru con una gran herida en la cabeza y sangre manando de ella, lleno de vomito y con lagrimas en los ojos. Algo había ocurrido con su hijo, pero no sabia que y eso la ponía sumamente ansiosa por lo que para mantenerlo vigilado había decidido no ir a su oficina por un tiempo, aun cuando eso le acarrearía más trabajo del normal, pero era su hijo y no había nada mas importante para ella que su bienestar, aun cuando no fuera una madre tan cariñosa y no mostrara su afecto como otras madres lo hacían, Irasue amaba a su hijo a su manera y vería la forma de ayudarlo con lo que en ese momento él estaba lidiando.
Un par de semanas después del accidente Inuyasha y su madre volvieron a visitar la casa Taisho, Sesshomaru ya no tenia nada que pensar al respecto, se había hecho a la idea de que ellos siempre estarían presentes y siendo honesto aquello ya no podía importarle menos o al menos eso creía. Al atardecer su padre llego a la casa, en todo ese tiempo no lo había visto ni una sola vez, pero ya no albergaba ningún sentimiento al respecto, ya no lo esperaba una o dos horas antes de dormir, ni vivía esperanzado a que el llegaría un día temprano de trabajar para poder pasar tiempo con el… ya no.
Por eso cuando Inu hizo amago de acercarse a él Sesshomaru simplemente se alejo y le dio la espalda, ese gesto no paso desapercibido por Irasue, pero no dijo nada al respecto mientras que por su parte Inu solo se quedo parado contemplando la espalda de su hijo mientras este se alejaba por el pasillo para perderse en el estudio.
Cuando llego la hora de que Izayoi e Inuyasha se fueran Sesshomaru se encontraba en la sala con un libro entre sus manos viendo de reojo como su madre los despedía, justo cuando estaban a punto de irse su padre bajo las escaleras y como si Izayoi de pronto recordara algo importante busco en su bolso con esmero.
—¡Aquí esta! –Dijo de pronto sacando un folder de su bolsa mientras sonreía. —Esto estaba en el baño el día que te desmayaste, estaba algo sucio, pero logré limpiarlo un poco y para que no volviera a mancharse hice que le pusieran un marco para poder colgarlo en la pared, ya que seguramente es algo muy importante. –Izayoi se había acercado a Sesshomaru y poniéndose en cuclillas para mirarlo a los ojos le ofreció aquel sobre con una pequeña sonrisa en su rostro.
Todos los presentes miraban la escena con curiosidad, la madre de Sesshomaru no recordaba que hubiera algo tirado al lado de su hijo aquel día, aunque siendo honesta aquello hubiera sido lo ultimo en lo que repararía la mujer, lo más importante para ella había sido sacarlo de ahí para poder atenderlo, mientras que Inu se había quedado parado al final de las escaleras expectante pues no recordaba alguna ocasión en la que Izayoi y su hijo tuvieran algún contacto más allá del requerido, por lo que le parecía extraño que ella tuviera algo que entregarle.
Pero para Sesshomaru aquello había sido el colmo, nunca se había sentido tan humillado en su vida, ¿acaso no era suficiente ya todo lo que le había quitado? Ahora venia como si nada a recordarle lo que había pasado, lo que él había visto aquel día, se sintió sumamente colérico, aquella mujer tenia la desfachatez de burlarse en su cara, delante de todos. Sintió de nuevo aquel malestar en la boca de su estomago como poco a poco iba subiendo, apoderándose de todo su cuerpo, pero esta ocasión no corrió como un cobarde al baño, simplemente cerro su libro y lo dejo en la mesita que estaba justo a un lado, se levantó del sillón y simplemente acepto el sobre sin decir una palabra, solo aguantándole la mirada a aquella mujer.
Izayoi entonces se levantó, aliso su falda y con una sonrisa aun en su rostro se giro para tomar a Inuyasha de la mano y salir por la puerta despidiéndose de todos antes de cerrarla tras ella.
—¿Qué ha sido eso que te ha entregado? –La voz de su padre lo saco de sus pensamientos, por un momento se sintió nervioso y las manos le temblaron, sabia que era lo que se encontraba en el sobre y por un momento la idea de enseñarle a su padre aquel reconocimiento le paso por la cabeza, pero entonces recordó aquella escena y el nerviosismo infantil dio paso a una inmensurable rabia, aun cuando se había prometido que nada le volvería a hacer perder la compostura.
Todo paso tan rápido que Sesshomaru cree que en realidad alguien mas estaba controlando su cuerpo mientras el veía desde afuera lo que pasaba. En un movimiento rápido saco del sobre aquel reconocimiento, como Izayoi había dicho ahora estaba dentro de un cuadro de madera obscura con un vidrio protegiendo aquel asqueroso papel, la chimenea estaba encendida por lo que Sesshomaru vio su oportunidad y con ira lanzo aquel cuadro hacia las llamas, escucho un leve grito agudo, proveniente de su madre por la sorpresa seguido de unos crujidos y luego algo exploto, pero no pudo ver que fue pues el cuerpo de su padre se interpuso entre el y la chimenea en el momento preciso. De pronto, como si volviera de un sueño se dio cuenta de lo que había hecho, ahora jamás podría enseñarle a su padre lo bien que lo hacia en la escuela, los ojos le ardían y sentía una pesada sensación en su pecho, se sentía completamente devastado ¿Qué demonios le pasaba?, era un simple reconocimiento si él lo deseaba podía conseguir muchos más, no era eso lo que quería… ¿Qué era entonces?
—¿¡En que demonios estas pensando!? –Su padre comenzó a gritarle mientras lo tomaba de los hombros tratando de que lo mirara a la cara. –¡Responde! ¡Eso fue muy peligroso!
Sesshomaru entonces lo miro, como si lo hiciera por primera vez, con una extraña mezcla de incredulidad y reproche, Inu miro sorprendido a su hijo mientras trataba de entender lo que le estaba pasando.
—¡No me toques! ¡No tienes derecho! –Y con toda la fuerza que le fue posible empujo a su padre para deshacerse de su agarre –No quiero que me vuelvas a tocar con esas asquerosas manos. –Lo ultimo Sesshomaru lo dijo casi como un siseo mientras miraba a su padre como si fuera la cosa más asquerosa del mundo.
Irasue se encontraba mirando la escena en silencio, quería intervenir, pero también quería entender el actuar de su hijo y tenía la sospecha de que si se metía en esta discusión podría perderse la oportunidad de saber cual era el problema por el que estaba pasando su hijo.
Inu no cabía de asombro, miraba a su hijo como si no lo reconociera, Sesshomaru siempre se había caracterizado por ser una persona tranquila, con un comportamiento impecable y unos modales excelentes, ¿Qué le había pasado? Quizá había comenzado esa etapa rebelde en la que los hijos se revelan. De cualquier forma no había motivo para hacer algo tan estúpido como lo que hizo, sentía un ligero ardor en la espalda por lo que estaba seguro de que algún fragmento del vidrio se había incrustado en él, aparte lo había llamado asqueroso, nadie jamás había sido tan osado (o tan idiota) como para llamarlo de forma tan despectiva, aquello se estaba saliendo de control y etapa o no, era necesario aclarar un par de cosas sobre quien mandaba en esa casa.
—No recuerdo haberte criado para que te comportes de manera tan insolente.
—Yo no recuerdo que tu siquiera me hayas criado. —Inu retrocedió un paso, casi como si hubiera recibido un golpe, un gran sentimiento de culpa lo embargo completamente, sabia que no pasaba tiempo con Sesshomaru, pero siempre considero a su hijo mayor como alguien completamente independiente, él no era como Inuyasha; temeroso, llorón y mimado, por lo que Inu nunca considero que Sesshomaru apreciara su compañía, ahora se daba cuenta de cuan equivocado estaba.
—Oye, no te permito que me hables de esa forma entiendo tu malestar, pero estas no son formas de llamar la atención. —Inu intento de nuevo tomar a Sesshomaru por los hombros, de forma más suave, pero en cuanto sus dedos tocaron a su hijo, este se aparto como si su contacto le quemara.
—Yo no busco tu atención. —Escupió con desdén mientras lo miraba fijamente, algo dentro de el estaba creciendo, como si estuviera vacío y completamente lleno al mismo tiempo, ya no era furia lo que sentía, aquello era mucho más profundo y más aterrador, lo consumía poco a poco y lo desorientaba, quería correr lejos de ahí, quería gritar a todo pulmón, quería hacer todo y nada al mismo tiempo, era una sensación desconocida y no sabia que hacer con ella, Sesshomaru era un completo caos, sentía como si se encontrara en medio del mar y debajo de él solo hubiera negrura; un abismo completamente desconocido que poco a poco lo absorbía sin que el pudiera hacer nada al respecto.
—Pues con estas actitudes infantiles, es lo que pareciera. Solo estas haciendo berrinche, es mejor que te calmes y pienses en las cosas que estas haciendo, no me hagas avergonzarme más de tu comportamiento. —Ajeno al desastre que era su hijo en ese instante Inu no midió bien sus palabras, solo tenía en claro que no dejaría que Sesshomaru comenzara a tener ese tipo de actitudes, cuando por fin se calmara hablarían sobre su relación padre e hijo, sabia que le debía una disculpa… después de todo seguía siendo un niño y aunque en ocasiones se sorprendiera con lo maduro que podía llegar a ser, en el fondo sabia que le estaban exigiendo demasiado. Ya había decidido que Sesshomaru sería su sucesor, no por ser el mayor sino por que sabia que tenia las aptitudes para seguir con su legado, podía verlo en un futuro como un exitoso empresario, incluso estaba seguro de que lo superaría sin muchas dificultades, lo que hacia que se sintiera completamente orgulloso de él, pero el error mas grande de Inu fue nunca decírselo a su hijo.
Al escuchar a su padre decir que se avergonzaba de él Sesshomaru pudo sentir aquel sentimiento extraño inundarlo por completo y el se dejo llevar, ya nada podía empeorar.
—Si, seguro que te avergüenzo. —Fue casi como un susurro, si Inu no hubiera estado prestando intención quizá ni lo hubiera escuchado. —Si tanto te avergüenzo entonces por que mejor no traes a la mujerzuela que tienes por amante y a su bastardo, para que así no haya nadie que pueda avergon… —Sesshomaru no pudo terminar de hablar, solo sintió un ardor que recorrió toda su mejilla y luego algo húmedo y cálido que recorría la misma, por un momento creyó que de nuevo eran lágrimas, pero cuando paso su mano por el lugar, se dio cuenta de que era sangre.
Miro con asombro a su padre, que en ese instante estaba completamente rígido, mirándolo de una forma que el describió como odio, claro el nunca podría mirarlo de la misma forma que miraba a Inuyasha, para Sesshomaru nunca fue mas claro que el jamás recibiría lo que solo se le tenia permitido a Inuyasha e Izayoi y entonces de nuevo algo dentro de el se rompió, pero esa seria la ultima vez, pues ya no había nada dentro de él que pudiera quebrarse.
Irasue al ver lo que había pasado, sin perder tiempo se interpuso entre su esposo y su hijo, y la mirada que le dio a Inu le dejo en claro que si volvía a tocar a Sesshomaru lo lamentaría.
Por su parte Inu estaba completamente en shock, su cuerpo se había movido solo. Con incredulidad mira la mano con la que había golpeado a su hijo, ahí en el pesado anillo que siempre portaba en su dedo medio como símbolo de la familia había un poco de sangre… sangre de su propio hijo. Se le formo un nudo en el estómago y sintió como sus piernas perdieron fuerza.
—Yo… no era mi… yo no… —Las palabras se le atoraban en la garganta, no podía hablar, solo salían algunos balbuceos sin sentido, no podía creer lo que había hecho, entendía que Sesshomaru había ido demasiado lejos, pero… jamás habría querido golpearlo.
—La única vez que me tocas, y es para golpearme. —La voz de Sesshomaru salió calmada y monótona, Irasue se giro para mirar a su hijo, pudo ver la fina línea de sangre que recorría la mejilla de su hijo y al principio de esta una pequeña herida, no dejaría ninguna marca, por lo menos no física.
No había nada mas que hacer, Sesshomaru tenía razón, todo este tiempo había sido un mal padre que no merecía siquiera pedir una disculpa. Simplemente salió de la habitación y se encerró en su despacho desapareciendo de la vista y del corazón de Sesshomaru.
Irasue entendía un poco la situación por la que estaba pasando su hijo y se sentía culpable pues ella había traído a casa a Inuyasha e Izayoi pensando que seria lo mejor para Sesshomaru, pero ahora se daba cuenta de que solo le había traído desdicha a su hijo.
—Perdón. —Susurro su madre mientras juntaba su frente con la suya. —Perdón. —No entendía porque su madre se disculpaba ni tampoco entendía porque ella estaba llorando. Pero no le importo, como tampoco le importo que le abrazara fuertemente, como siempre deseo en secreto, era una lástima que fuera demasiado tarde. Ya había entendido que para él no era necesario el afecto, él no lo quería, no lo necesitaba por lo que simplemente dejo que su madre se desahogara mientras el mantenía sus brazos laxos a sus costados, sin responder el único abrazo que su madre le había dado.
Al recordar todo eso Sesshomaru no pudo evitar sentirse irritado, sabía que nunca podría entender a su idiota hermano menor, pero era lo mejor. No había nada más inútil para Sesshomaru que los sentimientos que te hicieran débil y en algún momento Inuyasha se daría cuenta, quizá demasiado tarde.
Tratando de olvidar todo lo relacionado con su hermano, decidió darse un baño caliente, quizá todos esos recuerdos y pensamientos se irían con el agua.
