"Quizás es demasiado lo que en ocasiones puedo imaginar. Pero, lo he pensado. Ya sabes que realmente me interesa mucho el mundo de la moda, y una de las razones por las que supe de ti fue debido a ello, pues he de admitir que los diseños de tu Padre son espectaculares. Pero, bueno, tampoco eso viene mucho al tema, después de todo tú les das vida propia.

Pero, me encantaría que gracias a que este es el camino que me estoy forjando, pudiese conocerte en alguna ocasión en un evento de este tipo. ¿Sería mucho pedir tener algo de suerte para que me tocara sentarme a tú lado y charlar un poco?

Quizás nos haríamos buenos amigos, quizás después iríamos por un helado.

¡Aunque bueno, las probabilidades nunca están a mi favor! Pero, se vale soñar ¿No es así? Por mientras, espero que el evento de beneficencia salga como lo esperado y que puedas tener una buena semana.

No olvides que tienes mucha gente que se preocupa por ti, como yo lo hago

Atte. Ladybug"

Releyó aquel viejo email, recargado contra la pared del salón de conferencias. A unos metros de él, Audrey Bourgeois se encontraba revisando la libreta de diseños que Marinette había traído con ella y, a decir verdad debía admitir que se sorprendió bastante cuando la vio sonreír y la escuchó elogiarla.

Marinette lucía nerviosa, pero feliz, cosa que lo reconfortó por completo. Después de todo, lo estaba haciendo por ella.

Madam Audrey no tardó en pedir el contacto de ella a sus asistentes, así como un poco de información extra sobre donde estudiaba y en qué grado se encontraba. Quería seguir en contacto con ella y, de ser posible, ofrecerle a largo plazo una oportunidad a su lado.

Sonrió para sí mismo al saberse aquellas respuestas de memoria.

Cuando la mujer se despidió de ambos (que, para ese momento eran los únicos en la habitación además de sus tres asistentes personales) estuvo seguro que pudo escuchar un pequeño chillido de emoción de parte de ella.

― Realmente te agradezco esto, no pensé que algo así me pudiese suceder ― Le dijo, sonriéndole. Adrien pensó que difícilmente se cansaría de aquella sonrisa ― Aun no entiendo por qué, bueno, por qué hiciste esto por mí, pero ha sido algo increíble ― Añadió, intentando mantener la calma en aquella situación.

Estaban completamente solos en aquel salón. Y, de una forma u otra, se sentía bien saber que los nervios de ella se debían a él. Sin saber que, aquellos pensamientos pronto cambiarían de forma drástica.

― Pensé que quizás necesitabas animarte un poco, a decir verdad no te creí del todo cuando me comentaste que estabas bien. Disculpa si tome más confianza contigo de la que debería ― Atinó a decir, sonriendo.

Pudo notar como un pequeño escalofrió recorría el cuerpo de Marinette, lo supo al ver como su delgado cuerpo se estremecía.

No había pasado mucho tiempo desde que la conocía, pero sentía que ya había aprendido cada una de las reacciones de aquella chica.

Se preguntó si reconocía su voz, después de todo para ese punto ya no estaba haciendo mucho para disimular.

Así como tampoco le interesaba fingir que no podía alejar sus ojos de ella.

― Gracias ― Atinó a decir, sacando de su pequeño bolso de mano su teléfono ― Yo, debo irme. Realmente ha sido un placer y ¡Bueno! Estoy muy agradecida ― Agregó, buscando de forma mecánica el número que buscaba marcar.

Adrien sintió como una alarma sonaba en su cabeza, llevando su mano de forma instintiva hacia el bolsillo de su pantalón, preguntándose si ella realmente usaría a Chat como excusa para salir del lugar.

Por qué pudo notar en sus palabras que realmente buscaba salir del lugar lo más rápido posible.

Se preguntó ¿Qué tenía de malo él? Antes, ella no paraba de compartirle sus sueños, sus palabras de ánimo e incluso sus propios gustos.

¿Por qué no podía volver a hacerlo? Había cumplido ese día prácticamente un sueño que ella le relataba bajo el alías de Ladybug.

Y aun así, a pesar de saber que estaba agradecida y que de una forma estaba feliz, no era como él mismo se había imaginado la escena.

Ella estaba nerviosa, pero ahora que lo veía, no era de la forma que deseaba.

Sintió como algo se quebró dentro de él, y no pudo evitar sentir un nudo en su garganta.

― ¿Adrien, estas bien? ― La voz que escuchaba todas las noches ahora estaba ahí, a su lado, llamándole por su verdadero nombre y sonando genuinamente preocupada por él.

Ya había imaginado la voz de ella llamándole, preocupada, diciéndole un sinfín de cosas para levantarle el ánimo.

Pero entendió que nada de eso estaba bien.

Lo supo cuando vio sus ojos de desconcierto.

Marinette lo conocía más de lo que ella admitiría nunca; Conocía sus facciones cuando estaba molesto, afligido e incluso feliz. Conocía su voz gracias a las largas llamadas de teléfono que tenían hasta la madrugada.

Y él la conocía más de lo que era correcto; Sabía sus deseos, aspiraciones e incluso sus sentimientos. Conocía su risa estrepitosa cuando él decía un chiste tonto, así como también los regaños que le daba cada tanto debido a estos.

― No, la verdad no ― Comentó con pesar, observando como los ojos de ella se abrían con impresión. Notando seguramente que era la primera cosa real que salía de sus labios sin disfrazar las palabras ― Lo del helado deberá ser en otra ocasión, yo me tengo que ir ― Se apresuró a decir, sintiendo como su pecho comenzaba a sentirse oprimido.

― No hay problema, a decir verdad no podía aceptar tu oferta ― No quería, la corrigió Adrien mentalmente, tragando saliva ― Gracias por lo de hoy ―.

Adrien asintió, sin saber que decirle.

Marinette había sido tan buena con él. Y él solo le pagaba haciendo de sus propios sentimientos algo que no era.

Algo que no sería.

Pensó que aquello sería algo que Marinette querría, pero después de todo, no la conocía como le hubiese gustado, porque en ese punto ambos no estaban de acuerdo, querían diferentes cosas.

Él la quería con ella.

Y ella lo quería lejos de él.

Todo aquello lo había descubierto con una simple mirada de esos ojos de un azul profundo.

Sus errores de ese día comenzaban a caer sobre su cabeza como si de un balde de agua fría se tratara.