Hola!

Agradezcan que en estos días tengo tiempo para publicar rápido :'D Espero que les guste.


Kanto

Para la gran sorpresa de Nathaniel, la profesora también le entregó una pokédex. Al igual que a Diana le dijo que lo pensara. También le ofreció el squirtle, tomando en cuenta que la niña había escogido al bulbasaur. Sin embargo, lo rechazó. Después de todo, ya tenía a litten.

Tras haber recibido los artefactos, fue momento regresar a Alola. Cumplió su misión y ya no tenía razones para quedarse. Tanto Viktor como Diana lo acompañaron hasta ciudad Carmín, no por iniciativa propia, sino que Agatha se los pidió como un último favor.

—Entonces, ¿quieres ser coordinadora? —preguntó Viktor tras varias horas para aligerar la tensión entre ellos.

Diana asintió sin sentir mucha confianza hacia él. Su bulbasaur caminaba muy pegada a ella, pareciendo querer estar lo más lejos posible de Viktor.

—¿Y qué hay de ti? —preguntó Nathaniel a Viktor.

El niño se encogió de hombros sin dar una respuesta. En vez de lograr que la conversación incrementara, parecían cortarla cada vez más y más hasta el punto de desear irse por caminos distintos sin volverse a hablar.

Tras una incómoda semana, llegaron al destino. Fueron directamente al puerto para esperar el barco. La brisa era fría, casi no se sentía el olor a sal y las olas eran muy pequeñas como para ser escuchadas rompiéndose contra las rocas. Incluso en ese sentido Kanto era muy diferente a Alola.

Nathaniel se sentó en una banca con su litten por un lado, mientras que Diana y Viktor se recargaron en el barandal de madera, cerca de donde varios wingull volaban en círculos.

El rubio suspiró sin estar seguro de querer regresar a casa…

¿Purr?

La vista de Nathaniel se dirigió a un ronroneo cerca de ahí. Se trataba de una muy adorable purrloin.

—Hola.—saludó Nathaniel al pokémon. La purrloin saltó a las piernas de Nathaniel y lo observó con sus hermosos y brillantes ojos. El rubio no pudo evitar acariciarla y ésta ronroneó.

Ahora escuchó un gruñido ronco y muy grave. Litten observaba a la intrusa con recelo.

—Vamos, a ti ni si quiera te gustan las caricias. —replicó Nathaniel a lo que su pokémon le dio la espalda de manera indignada.

Nathaniel la siguió acariciando hasta que la purrloin se fue de ahí de manera grácil.

Unos cuantos minutos después llegó el barco.

—Creo que esto es un adiós. —dijo Nathaniel.

—¿Te quedarás con el pokédex? —preguntó Diana, a lo que Nathaniel sacó el artefacto de su bolsillo como si apenas hubiera recordado su existencia. —Yo…no lo sé.

—Pues tienes que decidir ya. El tiempo se agotó. —comentó Viktor señalando a un marinero que comenzaba a dar paso a los tripulantes.

Nathaniel suspiró, buscando en su mochila el boleto. Abrió todos los cierres y metió la mano en lo más profundo. La volteó, así sacando todo para encontrarlo más rápido…pero no estaba.

—No puede ser, lo vi esta mañana—musitó entre dientes. Entonces recordó a la purrloin de hace unos momentos—¿¡Pero cómo?!

Eso no importaba, Nathaniel y litten corrieron en busca de la ladrona.

—¿A dónde vas?—preguntó Diana sin entender lo que sucedía.

—No hay tiempo de explicar, no se vayan de aquí.—gritó mientras se alejaba a toda velocidad.

Litten soltó una exclamación al mismo tiempo que giraba hacia la derecha por una calle con demasiada gente. Nathaniel lo siguió sabiendo ya la tenía en la mira. Tuvo que esquivar personas y pokémon con mucho cuidado para no lastimar a nadie.

El niño no despegaba la vista del pequeño felino oscuro frente a él. Agradecía en verdad lo dedicado que estaba por atrapar a purrloin, aunque fuera mucho más brusco al correr que Nathaniel; saltaba encima de carretas, corría entre las piernas de personas provocando que casi tropezaran, e incluso brincó por encima de una carriola. De cualquier manera, litten nunca fue capaz de alcanzarla por más que se apresurara.

Siguieron corriendo tras ella hasta que llegó a un callejón sin salida. La purrloin se puso en posición de ataque y Nathaniel envió a su litten a la lucha.

—¡Usa arañazo!—gritó el rubio y el felino obedeció.

Purrloin esquivó el ataque y comenzó a usar golpes furia contra su enemigo, todo esto sin soltar el boleto de Nathaniel el cual llevaba en la boca. Litten cayó de costado al piso, segundos después se levantó con pesadez.

—Esto no servirá...será mejor que pasemos al plan B. ¡Litten, usa lengüetazo!

El pokémon se acercó lo suficiente como para pasar su áspera lengua por el pelaje de su contrincante. La purrloin erizó su pelaje y cayó al suelo paralizada.

Nathaniel lanzó una pokébola y la atrapó, para después registrar sus datos en la pokédex.

Purrloin, el pokémon malicioso. Su aspecto tierno es una farsa. Lo aprovechan para robar a los humanos y contemplar qué cara ponen.

—No me digas...—dijo Nathaniel con visible enfado.

Tomó su boleto y regresó al puerto, para llevarse la horrenda sorpresa de que su barco ya había zarpado.

—¿Dónde estabas?—preguntó Viktor con un tono incrédulo.

—Un Purrloin robó mi boleto, no podía irme sin y eso y… ¡oh, no! ¿Ahora qué haré?

Se puso en cuclillas mientras se agarraba el cabello con ambas manos. Viktor y Diana intercambiaron una mirada apenada.

—Hablé con el capitán de uno de los barcos. Dijo que dentro de varias semanas zarpará el siguiente hacia Alola. Lo lamento.

Nathaniel chasqueó la lengua tras lo que dijo la niña. Al parecer la decisión de quedarse a llenar la pokédex en Kanto estaba tomada.

Hoenn

—¡Un poochyena!—gritó Hayden tan alto que alertó al pokémon salvaje. La chica sonreía de manera maliciosa.—¡Treecko, usa rayo solar!

Pero treecko no hizo nada, en cambio observó a su entrenadora de manera confundida.

—Hayden.—Charlotte la llamó por un lado.—Ese es un ataque muy avanzado, no creo que treecko sepa usarlo.

La chica se sintió como una total idiota.

—En ese caso, treecko usa tacl...—cuando miró hacia su oponente, éste ya había huido. La chica cayó de rodillas, frustrada.

Su amiga le dio palmaditas en la espalda.

—A la próxima lo tendrás.—intentó animarla.

Una vez que Hayden dejó su fracaso en el olvido, siguieron caminando hasta topar con un lago. En él se encontraba un caterpie bebiendo agua. Por primera vez Hayden no se emocionó al ver un pokémon salvaje.

—Creo que es tu turno para intentar atrapar algo.

—¿Tú crees? —preguntó Charlotte ilusionada.

—¡Por supuesto! ¡Ve tras él!

Charlotte sin tener que escucharlo dos veces sacó a mudkip de la pokébola.

Mudkip se puso en posición de ataque, esperando a que le diera alguna orden…la cual nunca llegó. Tanto Hayden como mudkip la observaron interrogantes.

—¿Qué sucede?

—Quiero cuidar pokémon, no lastimarlos. No soy entrenadora como tú.

—Ni que lo fueras a torturar. Con un chorro de agua será suficiente. —la animó Hayden.

—No estoy segura.

Mientras hablaban, el caterpie dio media vuelta. Chilló asustado al notar a aquellas humanas con sus pokémon, y huyó…

...O al menos lo intentaba. Se arrastraba por el pasto con tanta lentitud, que a las chicas les dio tiempo de seguirlo con la mirada por varios segundos sin que hubiera avanzado más de dos metros.

—Espera, no quiero hacerte daño. —habló Charlotte, pero el caterpie no la escuchó. —No quiero luchar, si quieres puedo ofrecerte comida.

Y entonces se detuvo. Al parecer la palabra "comida" detonó algo en el pokémon. Cambió de dirección hacia Charlotte, a un paso mucho más apresurado que antes para su gran sorpresa.

Al verlo acercarse, Charlotte por puro instinto le lanzó una pokébola. El pokémon no pareció luchar pues fácilmente fue capturado.

Hayden quedó boquiabierta.

Sinnoh

—Vayamos por allá.—Lysandro señaló el camino hacia la derecha.

Castiel detuvo al albino y señaló el camino de la izquierda.

—El próximo pueblo queda por allá.

Lysandro revisó su mapa por milésima vez. Castiel tenía razón.

—Definitivamente lo tuyo no es la orientación. —mencionó el pelirrojo mientras negaba con la cabeza.

A pesar de esto, iban a buen paso. Castiel había conseguido atrapar a un Houndour que tenía la misma susceptibilidad que su entrenador. Lysandro consiguió una pokémon más amigable y dócil. Su bunneary lo seguía a todos lados con una enorme sonrisa desde que la capturó.

—Deberíamos apresurar el paso.—dijo Castiel observando el cielo nocturno, sabiendo que pronto podrían aparecer pokémon peligrosos.

A lo lejos se podían escuchar a los Kricketot y Kricketune cantar. Las ramas se movían de vez en cuando, lo que tensaba de pies a cabeza a los niños. Usaron la cola de Chimchar como luz para guiarse, aunque él parecía tener tanto miedo como ellos.

De pronto, entre las ramas algo salió flotando. Ambos entrenadores se detuvieron en seco, rezando a Arceus que no fuera un pokémon peligroso. Para la suerte de ambos, sólo se trataba de un de un pequeño pokémon púrpura.

—Es sólo un drifloon. —dijo aliviado Castiel.

—¿Deberíamos acercarnos? —preguntó Lysandro al mismo tiempo que sacaba su pokédex.

Drifloon, el pokémon globo. Está formado por los espíritus de personas y Pokémon. Le encantan las estaciones húmedas. Se dice que es como un hito que guía a las almas. Los niños que sostienen un drifloon a veces desaparecen sin más.

Cuando ambos leyeron esto intercambiaron un rostro de horror.

—No gracias, prefiero vivir.—dijo Castiel dando media vuelta, siendo seguido muy de cerca por Lysandro y su chimchar.

Por suerte llegaron pronto a pueblo Aromaflor. Como su nombre lo decía, el olor a gracídeas rápidamente inundó sus fosas nasales. Sin embargo, era lo único que parecía presente en todo el pueblo. Nadie se encontraba en las calles, todo estaba silencioso, ni siquiera había cantos de pokémon nocturnos. Esto en vez de causarles temor o incomodidad les produjo mucha tranquilidad, pues más que sentir soledad, fue un sentimiento de protección.

—Me gusta la idea de quedarme unos días aquí. —comentó Lysandro con media sonrisa.

—Ya veremos. —respondió Castiel.

Castiel notó que un hombre de sombrero caminaba por las calles solitarias, siendo acompañado por una mismagius. No le puso demasiada atención e ignoró por completo el hecho de que lo único que traería serían problemas.

Johto

—Muy bien, vamos a luchar. —dijo Ken emocionado, posicionándose frente a su amiga.

Anne lo miró un poco insegura. Llevaban poco menos de una semana viajando, pero el niño no había aminorado su emoción. En un principio parecía temeroso e inseguro, pero desde que capturó a su primer pokémon, parecía imparable.

—No creo que sea buena idea Ken, yo…

—¡Vamos! Saca a tu cyndaquil a luchar, ¡será genial!

Annelise suspiró para después morderse el labio. No encontraba las palabras para decirle…

—Ve, Ember—le dijo a su pequeña pokémon sin muchos ánimos. La cyndaquil llamada Ember avanzó unos cuantos pasos frente a Anne.

En verdad quería decirle…

—Tienes la desventaja porque mi pokémon es tipo agua. —respondió el castaño con una sonrisa maliciosa. —¡Vamos, magikarp!

…Decirle que su pokémon no servía para batallas…

El magikarp comenzó a salpicar agua por el pasto y dar saltitos, pero fue lo único que hizo. Hubo un silencio prolongado, sin que los dos dijeran una sola palabra. Cyndaquil incluso bostezó.

—¿Podemos seguir?

—Sí, ya vámonos—dijo Ken al mismo tiempo que regresaba a magikarp a la pokébola de manera derrotada.

—No te preocupes, si quieres puedo ayudarte a encontrar un mejor pokémon para que entrenes.

—Mi magikarp es mejor de lo que crees, lo que pasa es que no se encontraba en agua.

—Tienes razón, lo lamento. —respondió la castaña. —De cualquier forma, no vas a tener solamente a dos pokémon cuando puedes tener seis, ¿o sí?

—Claro que no. Estaba pensando en regresar al lago para conseguir otro magik…

—¿Qué te parece esa shroomish de allá? —interrumpió Annelise antes de que terminara la idea.

—Mmm…no lo sé, parece débil.

Annelise volteó a ver lentamente a su amigo con un rostro que decía "estás de broma, ¿cierto?"

—Bueno, lo haré sólo si tú piensas que es buena idea.

—Es una excelente idea. Verás que será una gran compañera.

—De acuerdo…¡Ve, magikarp!

Ken estuvo a punto de lanzar su pokébola, pero Annelise detuvo su mano para evitarlo.

—Yo diría que esta vez le des una oportunidad a tu totodile…

Unova

Armin sonrió victoriosamente al ver que su contrincante estaba debilitado casi por completo. Tepig había estado luchando desde hace varios minutos contra un minccino, y era la oportunidad de capturarlo.

—¡Eres mío!—gritó mientras lanzaba la pokébola...pero para su desgracia, usó fuerza de más y el objeto pasó por encima de la cabeza de minccino.

La pokébola cayó metros más adelante y se perdió entre el pasto. Fue la oportunidad perfecta para escapar y minccino no lo pensó dos veces.

—No, espera.—suplicó el azabache mientras se ponía a buscar la pokébola junto a su tepig, pero fue demasiado tarde.

Aria tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no reírse, riolu a su lado parecía sentir pena ajena por Armin y tepig.

—No te atrevas a reírte.—dijo Armin cuando vio el rostro de su amiga.

—Lo siento, fue muy divertido.

Armin hizo un puchero. Estuvo tan cerca de conseguir a ese minccino.

—Vamos, a la próxima lo lograrás.

—Decir eso es muy fácil para alguien que ya tiene a más de un pokémon.

Aria rió de nuevo, en verdad Armin era todo un personaje cuando se molestaba. De pronto su vista se fijó en un pequeño roggenrola que caminaba felizmente por el pasto. No era común verlos fuera de las cuevas, por lo que la niña pensó que era una buena oportunidad para Armin.

—Oye, intenta con ese roggenrola de allá.—lo alentó.

Armin lo miró un poco decepcionado.

—¿Ese enano? No estoy seguro.

La palabra enano fue suficiente para que el pequeño pokémon detuviera su marcha feliz. No tenía rostro, pero vaya que parecía molesto.

¿Quién diría que una pequeña roca tuviera tanta fuerza y rapidez? En un parpadeo Armin ya estaba en el suelo y sin aire, pues roggenrola había llegado a atacarlo con un cabezazo justo en el estómago.

Tepig corrió al lado de su entrenador.

—Maldición, lo subestimé.—dijo con dificultad mientras trataba de levantarse.

El roggenrola comenzó a alejarse de manera indignada.

—¿Te encuentras bien?—Aria llegó para ayudarlo.

—Sí...—tosió un par de veces.—Va a ser mío.

Al menos el espíritu no se le quebrantó con semejante golpe. Armin se levantó decidido, enviando a su tepig a luchar, pero el contrincante ya no parecía interesado en la batalla.

El azabache supo perfectamente qué hacer para que regresara su interés.

—Está bien, es hora de irnos tepig, al parecer somos demasiado para ese e-na-no.

El roggenrola se paró en seco una vez más. Armin sonrió al ver que mordió el anzuelo. Cuando estuvo a punto de atacar, tepig contraatacó con ascuas. No fue muy eficaz, pero al menos lo distrajo por unos momentos. Tepig entonces tomó la ventaja para usar tacleada y alzar al pequeño pokémon por los aires.

Mientras estaba suspendido en el aire, Armin aprovechó para lanzar la pokébola.

—No falles, no falles, no falles...—decía Aria incontables veces sin perder de vista al roggenrola.

Increíblemente Armin dio justo al blanco, así logrando atraparlo.

—¡Por Arceus, acabo de conseguir mi primer pokémon!—gritó emocionado.

—Muy bien, me alegro por...—Aria cortó sus palabras cuando observó en estado de shock algo detrás de Armin.

Cuando el azabache volteó, quedó en el mismo estado.

Una chica de más o menos la edad de ambos quedó pasmada tras observar la captura exitosa de Armin. Era de cabello castaño y de gafas. Sus ojos marrones observaban sorprendida a ambos niños y viceversa, pues el artefacto que Aria llevaba entre manos era exactamente el mismo al de ella.

—¿Ustedes también recibieron un pokédex? —preguntó la extraña sorprendida.

Armin y Aria intercambiaron una mirada incrédula.

—Bueno, eso explica por qué nunca Dimitri nos ofreció el pokémon de tipo planta. —respondió Armin todavía sin creer que se encontrarían con un tercer pokédex holder en medio de la nada.


Y con esto concluye lo que es el segundo capítulo.
Todavía estoy pensando en qué tan rápido será el paso de la historia. Supongo que iré viendo de acuerdo a lo que ustedes me comenten en los siguientes capítulos.
Gracias por leer, espero que les haya gustado :3

SALUDOS!