NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO

¡Hola a todos!

AL FIN salió este capítulo, de verdad que no quería y no quería y no quería salir. Mi mente tenía ideas, pero las palabras me escapaban. Disculpen la tardanza, espero poder terminar el siguiente más rápido, pero no les prometeré nada para no quedarles mal de nuevo. Mi principal conflicto fue con la primera y con la última escena, las más largas y pesadas, quise que salieran fluidas y eso se me dificultó. Ustedes me dirán qué tan bien salieron, las reescribí demasiadas veces, espero que al menos saliera algo bueno al final jeje.

GRACIAS POR SUS HERMOSOS COMENTARIOS, ALERTAS Y FAVORITOS QUE TANTO ME ANIMAN, INSPIRAN, MOTIVAN E IMPULSAN A CONTINUAR ESTE FIC.

Reviews:

Aneline: muchas gracias :3

LOSTGardemFem: "re-copada" ay, no sé casi nada de argentino, pero agradezco mucho tus palabras. Saludos desde México ¡Gracias totales!

ChechaJM: actualicé lo más pronto que pude, realmente.

Guest: claro que sí, gracias enserio c:

RoxFiedler: mil gracias por tus ánimos y por los favoritos, espero de corazón que este capítulo siga manteniendo el toque.

My Hiccstrid: Para mí, sinceramente, Hiccup y Astrid son de las parejas más bonitas de la animación y tienen la relación que quisiera tener algún día.

Jeinesz06: pueeees, verás más en este capítulo.

Melanie Villamar: Astrid es una mujer muy moderna en muchas cosas, y me encanta describirla fuerte pero vulnerable a la vez. Morgana se desarrollará más como personaje en el siguiente capítulo, este todavía se centra mucho en Hiccup. Digamos que este es el último capítulo introductorio y de aquí en adelante la trama se desarrollará con algo más de agilidad (o eso tengo planeado, jeje) y sí, tengo ya bien definido el perfil de Morgana, creo que te gustará c;

meliandrade: sip, creo que todos vieron lo evidente del asunto jeje.

Sin más que decir por ahora, disfruten:


III

"¿Por qué no pude matar al dragón cuando lo encontré? Habría sido mejor para todos.

Sí, los demás lo hubiéramos hecho, pero ¿por qué tú no?" –Astrid.

.

.

Astrid saltó sobre la silla de Stormfly, sintiendo a su Nadder removerse para que se acomodara mejor, acarició con ternura sus escamas en la parte posterior de la cabeza, mientras revisaba que las bolsas con el equipaje estrictamente necesario se mantuvieran en su lugar.

—¿Listo?—preguntó ella, mirando hacia Fishleg.

El alto y robusto vikingo le daba de comer a Meatlog una roción de sus piedras favoritas, revisando sus propios bolsos y apretando las correas de la silla de montar.

—Casi listo—dijo—Aunque esto no termina de agradarme.

—¿Ya vas a empezar?

—No me gusta la idea de irnos con Hiccup molesto.

—La esposa soy yo, ¿sabías?

—Sabes que no lo digo por eso.

Astrid refunfuñó, Fishleg era un amigo muy fiel, y tenía la extraña fijación de querer complacer a los demás, Hiccup principalmente. Las pocas veces que hablaron al respecto, Fishleg afirmó admirarlo bastante y siempre intentaba cumplir con las responsabilidades que Hiccup le asignaba de la mejor manera posible, pero una cosa era obedecer a su Jefe y otra cosa era quedar en medio de situaciones complicadas.

Y saberse inmiscuido en problemas ajenos –como los de Hiccup y Astrid– le causaba ansiedad y fastidio. Astrid lo sabía, pero no quería darle importancia, tenía otras cosas en qué pensar.

—Esta misión es importante, e Hiccup tiene muchas cosas por hacer como para estar monitoreando las fronteras. Ese es mi trabajo.—afirmó.

—¿Y por qué voy entonces contigo?

—Porque mi esposo es un paranoico que parece olvidar cuántas veces lo he vencido en combate con la espada—dijo, en tono muy molesto.

Fishleg se subió al lomo de Meatlog mientras meneaba la cabeza, sería un viaje largo.

—Sólo está preocupado por ti.

—Yo no necesito que me cuiden.

—Eso no fue lo que dije—tiró de las riendas, elevándose hacia las nubes en dirección a Dragon Edge.

—¿Entonces qué quisiste decir?—preguntó Astrid, siguiéndolo muy de cerca.

—Recuerda que ahora eres su esposa, según las tradiciones él debe protegerte de todos.

—Según esas viejas tradiciones, yo sería una especie de propiedad de él—frunció el ceño—Y así no funcionan las cosas ya, menos entre él y yo.

—Cierto, ustedes tienen algo… diferente.—Fishleg miró el mapa para asegurarse de ir en la dirección correcta—Pero Hiccup tiene un sentido de la responsabilidad muy alto, ya viste cómo se ha encargado personalmente de todo el trabajo de Jefe y aún más.

—Más bien diría que lo tomó personal, se está enfermando por eso—había preocupación en su voz, sumada al enfado—Por más que intento ayudarlo, no me deja, insiste en que es cosa suya.

—Él sólo quiere honrar los votos de Jefe, ¿los recuerdas? Liderar, guiar, otorgar, proteger…

—¡Eso podríamos hacerlo juntos!

—Estoy de acuerdo contigo, pero pareces estar olvidando que se trata de Hiccup. Lo cual es raro, porque eres la que mejor lo conoce de nosotros.—había cierto tono inculpador en su voz, que la rubia inmediatamente detectó.

—¿Es ese un insulto?

—No, es una llamada de atención. Has estado tan enfadada que se te ha olvidado pensar como él, Astrid.

Ella sintió esas palabras como una bofetada.

—Aunque, si debo ser sincero, has estado muy distraída en todo últimamente—agregó, recordando los exámenes cada vez más flojos que aplicaba y cómo otros jinetes debían casi despertarla cuando montaban cerca de las montañas.

Astrid frunció el ceño y apretó fuertemente las correas, emblanqueciendo sus nudillos ¡Sí, ella lo sabía, no necesitaba que alguien se lo echara en cara!

—Debí saber que te pondrías de su lado—tiró de las riendas para acelerar el vuelo de Stormfly, pero Fishleg le adivinó el pensamiento y pudo alcanzarla en pocos segundos.

—¡Aquí no hay lados! Sólo intento ayudarte.—"Los dioses saben que es difícil" pensó.

—Créeme que no lo has conseguido. Sólo estas diciendo que esto es mi culpa, y que debería resignarme y apoyar a mi sobreprotector esposo.

—¡No, tú estás entendiendo todo mal! ¿te importaría bajar la guardia y escucharme, por favor?

Voló enfrente de ella, encarando su ceño fruncido con una mirada suplicante.

—Bien—refunfuñó de nuevo, aligerando el vuelo y mirando a Fishleg a los ojos.

Él respiró hondo, su cerebro buscaba rápidamente todas las palabras en su vocabulario hasta dar con la secuencia que le pareció más correcta.

—Hiccup está tomando exageradamente personal sus votos de Jefe—pronunció cada palabra con lentitud—¿no crees que está haciendo lo mismo con sus votos de esposo?

Astrid arqueó una ceja, curiosa, preguntándose a qué punto quería llegar su amigo.

—Ya sabes, esa parte que dice proteger a tu esposa ¿no te suena?

—¡Yo no necesito que me cuiden como si fuera una niña!—repitió su argumento—¡él lo sabe, tú lo sabes, todo el mundo lo sabe!

—Y sin embargo intenta hacerlo, porque él te lo prometió, ¿no crees que está frustrado precisamente porque no puede cuidarte como él quisiera?

Oh… bueno, eso tenía algo de sentido. La mente de Astrid sintió un tirón fuerte cuando aquellas palabras la jalaron a lo más profundo de sus pensamientos, esa zona que susurraba de vez en cuando "Cálmate" "Sé más comprensiva" "Ya lo conoces, déjalo ser" y que había estado ignorando mucho en días recientes.

Realmente no lo estaba ignorando como tal, la apatía que sentía en su alrededor se había trasladado también a su interior. Astrid no podía conectarse con su entorno, pero fue hasta ese momento en que notó que tampoco estaba conectándose con ella misma. Pero esas palabras de Fishleg consiguieron centrarla lo suficiente para comprender mejor.

—Hiccup no puede cuidarme todo el tiempo, como tampoco puede hacer todos los trabajos en la isla.—susurró débilmente, como si ella lo estuviera entendiendo apenas.

—Y tú tampoco puedes obligarlo a que te deje ayudarlo.

Auch.

Se llevó una mano a la frente, sentía pulsaciones en su cabeza por la intensidad de los pensamientos que se desataron. Como si una piedra tras mucho pulirla al fin embonara con otra, Astrid recibió bruscamente toda la información que había estado aislada de su mente. Ni ella ni Hiccup habían sido ellos mismos en mucho tiempo, y eso se debía tanto al cansancio como a la apatía, a su incapacidad de ver más allá de sus propios problemas personales.

—No lo entiendo—confesó al fin—No entiendo por qué estoy reaccionando así.

Fishleg frunció el ceño, él tampoco lo sabía, Astrid había estado actuado tan extraño últimamente, pero en ese instante podía ver a la misma Astrid que llevaba años conociendo, y aprovechó la situación lo mejor que pudo.

—Quizá estás tan cansada como Hiccup, debe ser desgastante intentar ayudar a una persona que no se deja—la animó con eso—Sólo ocupan despejarse un poco, y en tu caso empezar a sentirte menos ofendida con las cosas que él hace. Sabes que sólo se preocupa por ti.

—Siempre lo ha hecho, pero por alguna razón ahora me molesta.

—¿Ha cambiado algo entre ustedes?

—Nada en realidad—confesó—Nada al menos para que estemos así de distanciados.

—Puede ser la monotonía.

Monotonía. Astrid repitió esa palabra en su mente varias veces, sonaba tan graciosa, ¿sería la causa de todos los males que tenía en su persona y en su matrimonio?

—Sí, puede ser.—Astrid se masajeó la sien derecha y apretó los labios—Gracias Fishleg, necesitaba una conversación así.

—No hay de qué. Ya verás que tú y él estarán mucho mejor cuando regresemos a Berk.

—Confío en Thor que así será.

Los dos jinetes sonrieron ante el optimismo mientras se acercaban al banco de neblina.

.

.

Valka miró al Nadder azul alejarse hacia el sur mientras el Cloudjumper aterrizaba frente a la entrada del Gran Comedor. Acarició la coraza de su dragón agradeciéndole por el vuelo y entró al recinto, esperando encontrarse ahí a su hijo. Hiccup estaba comiendo, y era la primera vez en mucho tiempo que lo veía solo.

La estancia estaba oscura y silenciosa, proyectando de alguna manera que el Jefe no se encontraba muy bien. Valka respiró profundo mientras caminaba hacia él.

—Hola—saludó.

—Hey—dijo su hijo—Te esperaba hasta mañana.

—Hay una migración de Terribles Terrors en el este, así que decidí regresar antes de que mi vida peligrara.—intentó sonar graciosa, pero en vez de eso su voz sonó insegura.

Hiccup sonrió, sabiendo que esos dragones pequeños eran bastante peligrosos en manada, y demasiado cansado como para notar el nerviosismo de su madre.

—Vi a Astrid alejarse rumbo al sur.

—Irá a Dragon Edge—dijo en tono amargo—Gustave registró un avistamiento y ella insistió en revisarlo personalmente.

—¿Son enemigos?

—No lo sabemos.

Notando la preocupación en su voz, Valka se sentó frente a él. Recordaba la conversación que tuvo con su hijo antes de irse, y para evitar tocar temas sensibles, decidió irse por la línea segura.

—Ya empezó la temporada de cosecha, ¿has pensando en cómo será el festival de recolección?

Hiccup supo que su madre quería distraerlo, le dio un trago a su cerveza y asintió.

—Detalles más, detalles menos… Astrid y yo discutimos.

"Al menos me lo dijo sin que yo preguntara" pensó Valka.

—¿Por qué?

—Ella dice que trabajo demasiado, y que ella debería ayudarme.

—¿Y eso te molesta?

Hiccup guardó silencio, meditando antes de hablar.

—¿Qué tanto ayudabas a mi padre cuando estaban juntos?

Cuando estaban juntos… Valka lo sintió como reclamo, pero se limitó a responder.

—Era la segunda al mando.

—Eso no responde mi pregunta.

—Le ayudaba mucho.

—¿Podrías ser más específica?

—Hijo, ¿qué quieres escuchar?

Sus ojos verdes oscurecidos por los pensamientos negativos, su barbilla tensa, las facciones contraídas… era la misma expresión de Stoick, exactamente la misma mirada que tenía su difunto esposo cuando estaba molesto. El parecido aturdió a Valka por un momento, perdiéndose parte de la conversación y escuchando sólo el final:

—…lo estoy haciendo mal—afirmó su hijo, cerrando los ojos y dejándose caer sobre la silla.

—¿Qué?

—¡Lo hago mal!—gritó—Todo este asunto de ser el Jefe ¡lo estoy estropeando todo!

—Hiccup, tú…

—No me digas nada, ya sé que todos piensan lo mismo. Madre sólo… déjame sólo.

Valka contuvo la respiración. Le faltaba experiencia. De haber visto crecer a Hiccup podría reconocer mejor sus expresiones, identificar mejor sus problemas, ver más allá de la capa exterior y ofrecerle buena ayuda. Habría consolado a su hijo en los llantos nocturnos, en sus inseguridades de adolescente, en sus errores de joven adulto, habría estado atrás de él respaldándolo en cada decisión tomada hasta convertirse en hombre, desarrollando la experiencia de saber cómo animarlo, qué palabras decirle, qué necesitaba de ella.

Pero Valka no lo conocía a esa profundidad, aunque fuera su hijo, carecía de esa experiencia y de esos momentos vividos juntos. Su corazón se estrujó terriblemente al reconocer toda la carencia que había en su maternidad para con Hiccup, y se peguntó si algún día podría recompensarlo.

Hiccup necesitaba a Stoick, más que nunca. Su padre lo conocía más que nadie, lo había ayudado, guiado y criado contra todas las dificultades. Valka aceptó esa derrota, caminando hacia la salida, sabiendo que ella no era lo que su hijo necesitaba y conteniéndose de llorar por la tristeza.

"¿Qué harías tú Stoick?" pensó. Y de repente vino a su mente ese recuerdo de su noche de bodas, cuando Stoick ya era Jefe y le estaba instruyendo en cómo realizar las labores de Jefa. Las mismas palabras que su difunto marido le dijo tanto tiempo atrás, emergieron de sus labios, haciendo eco en la habitación:

—Lo peor que puede hacer un Jefe es tratar de complacer a todos, tratar de ser alguien que no es. Tú eres la autoridad, tu delegas, tú mandas, tu proteges según tus propias definiciones. Tú te impones al final, porque eres el líder. De eso se trata, amor, de imponerte siempre por el bien común.

Hiccup la escuchó, reconociendo en esas palabras muchas de las cosas que le dijo su padre en vida, Valka sonrió y salió del recinto, dejando a su hijo a solas con sus pensamientos. El joven Jefe cerró los ojos evocando el recuerdo de su padre.

Llevaba tanto tiempo extrañándolo, menospreciándose a sí mismo al compararse con su padre, que olvidó las enseñanzas de Stoick. Sonrió amargamente, aún después de muerto, era su padre quien lo ayudaba a salir de todas sus confusiones.

.

.

—Según el mapa debería haber una isla al oeste—dijo Morgana en tono molesto—Dime Cedric, ¿en dónde está?

Cedric miró alrededor, estaban en medio del mar con un banco de neblina terriblemente densa al frente. Bajó los ojos hacia el mapa que señalaba su señora, ¡ahí debería haber una isla! o al menos lo suficientemente cerca para ser visible. Comenzó a sentirse nervioso, pero se obligó a mantenerse tranquilo.

—No lo sé, mi señora—su voz sonaba contenida—Conozco este lugar menos aún que usted.

—Me importa poco ¿en dónde está mi isla, Cedric?

—Mandaré un grupo de explo…

—¿¡Dónde está mi isla!?

—¡Señora!

Antes de que Morgana pudiera seguir intimidando a su segundo al mando, la mujer volteó cuando la llamó el capitán del barco.

—¿¡Qué!?—gritó.

—¡Mire señora, mire! ¡Al noreste!

Otro de sus hombres le tendió un pequeño telescopio, que Morgana sujetó bruscamente y lo apuntó hacia donde su capitán señalaba. Se podía ver dos sombras pequeñas dentro del banco que nieve, que flotaban por encima del borde de agua. Frunció el ceño, porque eran muy grandes para ser simples aves. Cuando las sombras llegaron al borde de la niebla pudo divisar las grandes alas escamadas.

—Dragones—dijo sorprendida, una cosa era escuchar historias de esos animales y otra era verlos por primera vez en su vida.—¿Qué esperan? ¡Ataquen!

A su señal, los capitanes hicieron sonar las trompetas y los hombres en los barcos más cercanos a los dragones dieron un grito de guerra. Pudo ver cómo esas bestias se asustaban e intentaban volar más alto, pero las catapultas impidieron que planearan bien su vuelo y la confusión les permitió lanzar redes. Antes de ser pescados, los dragones lanzaron un potente fuego que quemó la red y se lanzaron en picada al mar, para evadir las piedras de las catapultas.

—¡Qué inteligentes!—sonrió Morgana, viendo a la distancia la pelea—Me preguntó cuánto valdrán esas enormes alas en el mercado.

Sus asustados soldados intentaron retroceder, pero sabían que si fallaban ellos pagarían el precio, la visión de las llamas los asustó al grado en que unos saltaron al agua, prefiriendo morir ahogados que calcinados. Morgana hizo sonar nuevamente la trompeta ¡era una guerra, no un simple paseo! Unos cuantos valientes reorganizaron sus posiciones para lanzar piedras en las catapultas de nuevo, y dispararon flechas para impedirles que volaran alto.

El capitán de otro barco tuvo la idea de hacer sonar el tambor, para aturdir los sentidos del dragón, funcionó lo suficiente para que el dragón más grande y gordo cayera en una red, y pudieran jalarlo hasta la cubierta. El asustado dragón se removía lanzando fuego sin dirección, los soldados asustados sólo podían lanzar flechas sin saber cómo contener a la bestia. Fue entonces cuando se percataron de que no estaba el dragón sólo, ¡estaba siendo montado por una persona!

Su descubrimiento no duró porque el dragón grande y azul lanzó llamas a la cubierta y quemó la red, liberando al dragón gordo, pero en ese instante el capitán pudo lanzarle una flecha. Todos se refugiaron cuando la bestia azul rugió de dolor cayendo hacia el agua, pero ante los gritos del capitán lanzaron las redes de pesca para capturar al dragón caído.

—¡Vete!—se escuchó, al asomarse notaron que en la red del dragón estaba una mujer rubia, haciéndola señas al hombre que montaba la otra bestia—¡vete, avisa a todos!

Entre rugidos y fuego, el dragón gordo se fue. La red llegó a cubierta, donde pudieron ver a una hermosa rubia inclinada sobre la bestia azul, susurrándole mimosamente palabras de consuelo.

—Tranquila Stormfly, es sólo un rasguño, te curaremos, lo sabes nena lo sabes.

Morgana estaba a varios metros de distancia, así que sólo podía ver el caos en la cubierta del barco donde estaba su dragón. Desesperada hizo una seña a su capitán y se balanceó sobre una cuerda para caer en otro barco, desde donde se empujó por las cuerdas al siguiente, saltando de nave en nave hasta llegar a la cubierta en donde estaba su más reciente adquisición.

El dragón estaba inmovilizado tanto por su herida como por cuerdas, pero sus hombres luchaban fieramente contra una mujer rubia que usaba el hacha de manera impresionante. Al final, pudo vencerla la mayoría, y la rubia terminó inclinada sobre la cubierta. Estaba herida en el brazo, sus ojos proyectaban odio, mirando con preocupación al dragón azul.

—Vaya, ¿qué tenemos aquí?—Morgana se inclinó para verla—¿Estaba montando al dragón?

—Si mi señora.

—Mmm, parece que ignoramos muchas cosas, quizá ella pueda aclararnos algunas cosas.

—¿Qué hacemos con ella, señora?

Morgana sonrió lascivamente, esta era una oportunidad de oro que no podía desaprovechar.

.

.

Fishleg presionaba una herida que tenía en el costado derecho y que dolía más cada segundo, presionando a Meatlog para que volara más rápido. Tenía una flecha encajada y estaba perdiendo sangre, lo sabía porque comenzaba a marearse y a sentirse mucho más cansado. Cuando llegó al final a Dragon Edge, Meatlog se desplomó en el suelo, pero por primera vez Fishleg la ignoró mientras corría torpemente hacia la Sala Común. Los vikingos que lo vieron llegar intentaron calmarlo sin éxito, tan aturdido se encontraba que sólo pudo reconocer a Gustav de entre todos los que habitaban la colonia.

—¡Mensaje, Hiccup, urgente!—gritó, con la respiración entrecortada y sintiendo que comenzaba a desfallecer.

Gustav se inclinó hacia él, llamó a gritos a los sanadores y después de eso se concentró en calmar al rubio.

—¿Qué te pasa Fishleg?—preguntó, conteniendo su preocupación—¿Qué es urgente?

—¡Flota!

—¿la de veinte barcos?—Fishleg asintió, cayendo de rodillas al suelo. Gustav se posicionó frente a él—¿qué hay con ella?

—Flota, capturar Astrid. Hiccup, dile…

Capturar Astrid…

Fishleg no pudo decir nada más porque perdió el conocimiento, el sanador llegó momentos después con una cajita llena de medicinas que usó para atenderlo. Gustav miró cómo extraían la flecha y aplicaban ungüentos para limpiar la herida, todavía repasando la información que Fishleg le había dado.

Gustav sabía que Hiccup mandaría una tropa a Dragon Edge que les ayudara a vigilar la flota, pero no le había llegado información de exactamente quiénes irían. Si Fishleg estaba ahí, herido, significaba que fueron atacados. Y Astrid…capturada.

Corrió hacia la Sala Común y torpemente escribió un mensaje corto y conciso en un pedazo de papel, amarrándolo al Terrible Terror que encontró más cerca y mandándolo a Berk sin demora. Gritó por su escuadrón de jinetes, para que se prepararan ya que saldrían a una excursión inmediatamente. Bajó por el camino hasta la choza de los sanadores, donde estaban terminando de vendar la herida de Fishleg y limpiando otros raspones superficiales.

—¿Está bien?—preguntó.

—Sí, sólo necesita descansar.

—Notifíquenme el segundo exacto en que despierte—demandó—Tenemos muchas preguntas que hacerle.

Salió de la choza rumbo a los establos, donde sus jinetes estaban terminando de prepararse. "Que los dioses nos ayuden", pensó, mientras saltaba sobre su Monstrous Nightmare.

.

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Cuando su madre salió del Gran Salón, Hiccup sintió el peso de la soledad combinado con las palabras que hacían eco en su mente. Ya le dolía la cabeza, y la repentina confusión lo dejó con una sensación de ansiedad que escaló por su pecho hasta la garganta. Pudo aminorarla un poco gracias al trago de hidromiel, pero no fue suficiente. Salió entonces, contemplando el atardecer y preguntándose dónde estaría Toothless –"seguramente en los establos", pensó– porque un vuelo nocturno le sentaría de maravilla en ese instante.

Lo peor que puede hacer un Jefe es tratar de complacer a todos. Cerró los ojos y al voltear encontró la enorme estatua de su padre, esa que siempre miraba cuando estaba confundido o triste, y que recientemente contemplaba mucho más seguido de lo que le gustaría admitir. Una nueva sensación de frustración ganó terreno en su mente cuando se dio cuenta que lo necesitaba mucho más que nunca.

¡Que tonto había sido! Era la imagen de su padre la que lo hacía sentirse protegido, debido a la ausencia de Stoick él se sentía débil, incompetente, incapaz, ¿cómo inspiraría respeto en su gente si no se respetaba a sí mismo? ¿cómo protegería a Astrid, a su madre y a todos, si se sentía incapaz de protegerse a sí mismo?

Tú eres la autoridad. Lo dudaba. Miró al ocaso, Astrid se había ido con Fishleg y por más que intentaba no pensar en eso, la imagen de su esposa volando sobre el mar, expuesta a miles de peligros lo volvían loco. Ni pudo mirarla a los ojos y decirle que no, ¡a su propia esposa! ¿cómo podría entonces mandar sobre los demás vecinos?

Tu delegas. No, delegar no. Hiccup debía hacerlo todo sólo, porque él era el Jefe. De eso se trataba esto ¿no?

Tú mandas. Stoick mandaba, hasta Gobber mandaba. Hiccup… nunca.

Tú te impones al final, porque eres el líder. Lejanos recuerdos de sus años de juventud liderando a sus amigos jinetes desfilaron frente a sus ojos, ciertamente no era nuevo en eso. Pero por alguna razón, esa experiencia se había esfumado de sus recuerdos dejándola la sensación de un cascarón vacío.

Pero no, él tenía experiencia, él sabía hacerlo. Lideró en el pasado, falló y aprendió. Incluso había sido Jefe regente algunas ocasiones.

Toda la presión, la ansiedad y el miedo comenzaron a juntarse dentro de su mente, como si fueran piedras chocando una con la otra hasta romperse y crear una roca completamente nueva. Hiccup no estaba seguro de qué era eso, no sabía qué sentía ni cómo definirlo, pero de algo estaba seguro: no podía continuar solo. El cansancio en sus hombros, el desgaste de su cuerpo, la pesadez de su mente… estaba exhausto, y si no hacía algo pronto por él, no podría hacer nada por su gente después.

Le dolía admitirlo, porque se consideraba débil, pero no podía hacerlo todo solo.

—¡Hiccup!

Volteó, encontrando a su madre que gritaba con un rostro lleno de preocupación. Atrás de ella venía volando Toothless, y no muy lejos estaban Gobber y otros hombres.

—¿Qué ocurre?

Toothless se inclinó hacia él como si le consolara, lo cual le asustó aún más. Valka tenía en sus manos un mensaje, su mano temblaba ligeramente cuando se lo dio. Reconoció la letra de Gustav, cuyos trazos descuidados detonaban que había escrito muy rápido.

Fishleg está herido. Astrid fue capturada. Iniciamos patrullaje. Esperamos órdenes.

Conciso, corto, certero.

Desgarrador.

Astrid, de rubios cabellos que brillaban bajo el sol y ojos azul profundo como el océano, ojos que lo miraron llenos de rabia y dolor cuando le preguntaba "¿por qué no confías en mí?", ojos que se veían devastados esa mañana cuando, al discutir, declaró abiertamente que no era feliz.

Hiccup, ya llevamos algo de tiempo sin ser nosotros ¿no te has dado cuenta? tu estrés, mi apatía… algo aquí no está bien.

Lo que no estaba bien era su incompetencia. Astrid, capturada por desconocidos salvajes.

—No… ¡no!

Escuchó murmullos alrededor, pero no les prestó atención, porque el ruido en su cabeza era más grande.

Culpa. No pudo protegerla, y ahí estaban las consecuencias ¡su esposa capturada! No su amiga, no su compañera, no su prometida, ¡su esposa! ¿qué honor tenía él? ¿cómo miraría a los Hofferson, a la propia Astrid a los ojos otra vez?

Angustia. ¿ella estaría bien? ¿estaba herida? ¿se repondría? ¿qué querían de ella, de él? ¿podría rescatarla?

Decepción. De él mismo, porque sabía que estaba haciendo las cosas mal y aún así no pudo evitarlo. No era lo suficientemente fuerte, hábil ni preparado para las cosas que estaba viviendo. No podía. Era débil, siempre lo fue y siempre lo sería.

¿O no?

De repente una intensa rabia surgió en su pecho, alimentada por el orgullo herido y maltratado. El miedo, la angustia, la culpa, todo compareció bajo la ira que estaba despertando sus instintos y disipaba la neblina de pensamientos tóxicos que tan enfermo lo tenía recientemente.

En la mente de Hiccup, la figura del niño flaco y débil rezongó hasta ser acallada por la imagen del Hiccup adulto, fuerte y seguro, que llevaba mucho tiempo dormido.

—Snotlout está preparando a los jinetes para ir a Dragon Edge mientras nosotros…

—No.—dijo, escuchando al fin a quienes le rodeaban y sintiendo por primera vez en años una fuerza surgir dentro de él.

—Hijo, sé que Snotlout es muy engreído pero es un buen jinete y…

Yo iré.

Valka se mostró sorprendida, los demás hombres reaccionaron.

—Eso es imposible—dijo Spitelout—Eres el Jefe, debes quedarte aquí y planear una ofensiva con nosotros. Además, debemos dirigir las evacuaciones.

—Y preparar los suministros, tanto para personas como dragones—continuó Gobber.

—Y hablar con Gothi por los medicamentos, seguro ocuparemos más. También…

"Tu delegas, tú mandas, tu proteges según tus propias definiciones."

—Spitelout y Snotlout organizarán una defensiva en Berk en caso de que la flota llegue aquí, lo cual dudo mucho. Gobber, revisa las provisiones de alimentos y medicamentos tanto para humanos como para dragones, y encarga que se mande una parte a Dragon Edge. Madre, que los jinetes delos escuadrones A, B y C se preparen para partir en quince minutos.

Todos escucharon impresionados, cuando Hiccup comenzó a caminar con Toothless al lado rumbo a la Academia, volvieron a protestar:

—¡Señor, el Jefe siempre debe quedarse con su gente!

—Si algo te pasara sería el caos, aquí en Berk todos…

—Muchacho, sé que estás preocupado pero irte no es lo más prudente, debes pensar en…

Hiccup se detuvo, escuchando sus reclamos: "debes quedarte" le decían, "debes de liderar desde aquí, como hicieron todos los anteriores Jefes."

"Lo peor que puede hacer un Jefe es tratar de complacer a todos, tratar de ser alguien que no es."

¿Y qué le importaba que los demás Jefes hubieran liderado desde Berk? Él no era ellos. Y ciertamente, no lo haría. Su ser entero le gritaba por la acción, por la llamada de la batalla. No se equivoquen, Hiccup no era belicoso ni gustaba de la guerra, pero su honor demandaba rescatar a su esposa y eso haría, con sus propias manos. Porque eso era él.

Mucho tiempo atrás Astrid le había preguntado por qué él no hacía lo que todos los demás vikingos llevaban siglos haciendo, he ahí la respuesta: Hiccup era diferente. Siempre lo fue, desde que montó a Toothless hasta ahora, que desafiaba la tradición, y siempre sería así. Exactamente qué le impulsaba a ser diferente era un misterio y no le interesaba resolverlo, pero él tenía su manera de hacer las cosas, y eso haría. Respiró hondo, vio de reojo la estatua de su padre y haciendo acopio de toda su paciencia, habló:

—Es mi esposa—dijo, mirándolos a todos con la mirada fría e inflexible—Iré por ella, y me enfrentaré a quien se haya atrevido a amenazarme, a mí y a mi gente.

—Hijo…

Hiccup no respondió, sólo la miró a los ojos: la misma mirada impenetrable de Stoick, su mismo tono de voz, su mismo porte. Valka quedó sin habla.

—¿Alguna duda?—preguntó Hiccup a los hombres.

—No señor.

—¿Qué esperan? ¡muévanse!

Dos se tropezaron al alejarse para cumplir las órdenes, repentinamente intimidados por el chico. El cansancio y la inseguridad que había cargado los últimos días desapareció, dejando a un enérgico y fuerte hombre. Hiccup montó a Toothless y volaron por lo bajo aterrizando en la Academia, a donde estaban llegando los demás jinetes.

Valka y Gobber lo miraron, luego suspiraron.

—Ese sí es mi hijo—dijo Valka en tono bajo. Gobber le dio la razón.

Sólo quince minutos después el pueblo entero de Berk vio a su Jefe montar al Night Fury liderando a más de cuarenta jinetes rumbo a Dragon Edge. Si guerra querían, guerra tendrían.


Finito por ahora... el siguiente capítulo se centrará más en Astrid c;

¡Mil gracias por leer!