NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE DREAMWORKS, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO.

¡Hola a todos! Aquí les traigo el capítulo nuevo jeje. Bueno, creo yo que no me tardé tanto como en otras ocasiones. Debo admitir que sus hermosos comentarios me ayudaron bastante a ponerle turbo. Este capítulo quedó un poco más corto que el anterior, pero creo yo que sigue siendo bueno (o al menos me esmeré en eso) pues bien, ya nos estamos acercando al desenlace ¡ojalá les guste!

Reviews:

SAM ARCHER: Ay, cuando pusiste "Memorias" me dio un dolor en el pecho. Lo sé, lo sé... espero poder concluirlo :c (me da tanta pena) por mientras espero que este fic te siga gustando como hasta ahora, y no te preocupes, Astrid está bien c;

LadyAiraHH: jaja ¡pero no me tardé tanto ahora! (creo XD) tu comentario casi me hace llorar, enserio, mis ojos se humedecieron, el que me creas tan buena escribiendo y conservando sus personalidades me llena de emoción y felicidad, porque escribo esto para ustedes y para que lo disfruten. Además, a mi me gustaría escribir profesionalmente en algún futuro y con tus palabras me animas mucho para hacerlo ¡gracias de verdad! y espero disfrutes el fic.

Amai do: debo admitir que yo tampoco pensaba en cortarle la trenza, pero Morgana se me escapó de control jeje. Don't worry, tus preguntas se responden en este capítulo.

Guest: pues espero no hacerte sufrir tanto, ¡disfruta mucho este capítulo!

RoxFiedler: ¡Gracias por tu intensidad! me alegra que te guste tanto =D

Forever MK NH: Claro, claro.

Vyreco: creo que aún le falta algo a Morgana, no estoy segura de qué, pero le falta algo... lo estoy trabajando para el siguiente capítulo.

Melanie Villamar: oh no te preocupes, me gusta también los comentarios largos así que no te limites a la hora de escribir c:

Jainesz06: Jajaja, lo sé, muchas emociones, y lo peor es que el siguiente capítulo será algo así también XD


V

"Astrid, tú y yo hemos pasado todo tipo de situaciones juntos ¿no crees que podremos manejar esto? Astrid, me tienes a mí, no importa lo que pase ¿okey? Lo que sea que tú quieras que signifique, estoy aquí contigo. Siempre habrá un Hiccup y Astrid. Siempre." –Hiccup.

.

.

.

.—Así que la rubia se llama Astrid—dijo Morgana, viendo la trenza en su mano—Al fin sé su nombre, ella nunca me lo dijo.

Una oleada de orgullo mezclado con miedo se combinó en el interior de Hiccup. Esa desgraciada tenía en sus manos el cabello de su esposa, y aunque había mil posibilidades de cómo ocurrió eso, su mente le traicionaba mostrándole los peores escenarios.

.—Si quieres saber qué he hecho con ella, deberás aceptar mis términos—concluyó Morgana, con una mirada sugerente.

Los demás jinetes mantenían el vuelo a pocos metros de distancia de su Jefe, con posturas tensas y atentos a cualquier señal de movimiento entre los marineros de esos barcos. Hiccup le sostenía una mirada intensa y penetrante a Morgana, ella le regresaba esa mirada, pero de vez en cuando sus ojos se desviaban para observar al dragón negro que mostraba sus dientes en pose amenazante. Ese dragón se veía más pequeño que el azul, seguro sería más sencillo de someter.

.—¿Y cuáles son tus términos?—dijo Hiccup, cruzándose de brazos.

Estaba furioso, pero por obra de Odín el sentido común estaba actuando en él. Sus ojos recorrían con ansiedad su entorno, contando los barcos que había ¡eran demasiados! Y aunque también tenía muchos jinetes respaldándolo, que darían buena pelea, era exponerlos a un peligro innecesario. No sabía cómo peleaban esos barcos, ni qué armas tenían ni de dónde provenían, necesitaba información antes de tomar una decisión.

Morgana, que se sentía dueña de la situación, se recargó en uno de los barandales de la cubierta, jugueteando con la trenza en sus manos, consciente del enfado que eso causaría en el hombre.

.—¿Qué es ella para ti?—preguntó—¿Es tu hermana, tu novia, acaso tu esposa?

.—No es asunto tuyo.

.—Mala respuesta—la juguetona sonrisa de Morgana desapareció, mostrando un semblante tieso y firme—¿Quieres ver sus lindos ojos al lado de ésta trenza? Supongo que no. Lo mejor será que cooperes.

.—Si te atreves a…

.—No eres nadie para enfrentarme.—Morgana le hizo una señal al capitán, y éste apuntó con su arma a Hiccup directamente, haciendo que Toothless gruñera—Controla a esa bestia tuya.

.—¿Bestia?—Hiccup frunció el ceño, todos en el archipiélago y sus alrededores habían visto dragones alguna vez en sus vidas, si esa mujer se refería a Toothless como "bestia" lo más seguro es que no fuera de ningún lugar cercano.—Parece ser que tú no eres de por aquí.

.—Tienes razón ¡qué genio!—respondió con ironía—Pero eso no amerita un premio, no en mi barco al menos. La única que debe pensar aquí soy yo—y diciendo esto, miró amenazante a sus hombres, por si ellos estaban ideando una estrategia aparte.

Hiccup pudo ver la reacción de esos hombres, le tenían pánico a la mujer, lo cual le señalaba que debía ser desalmada y cruel –además, tenía la trenza de Astrid en sus manos, lo cual acentuaba su nivel de frialdad– era evidente que debía tener cuidado con ella y que en esa situación podía correr más peligro del que admitía.

.—Bien, pero no me has dicho ¿cuáles son tus términos?

.—Alguien está impaciente, dime ¿te preocupa esa rubia? Aunque, considerando lo que tengo en mi mano, ya no queda muy bien llamarle rubia—tiró de la trenza para que todos la vieran—¿Cómo dijiste que se llamaba? ¿Astrid? Qué feo nombre. Ustedes no deben ser muy civilizados para llamar así a sus gentes.

Civilizados, esa palabra le dio a Hiccup parte de la información que necesitaba. Sólo había un grupo de personas que despreciaban a los del archipiélago, y lo sabía muy bien porque aparecía muchas veces en sus libros.

.—Entonces eres del Continente.

.—¿Apenas lo notas? Ridículo. En verdad son ustedes muy lentos.

Al escuchar la palabra "continente" los jinetes intercambiaron miradas. Todos habían escuchado de los ancianos historias sobre una tierra muy lejana, a varias semanas de viaje hacia el sur, que era grande y larga, esa tierra no tenía fin, como las islas, si no que se extendía hasta el horizonte y más allá. Muchísimas personas habitaban ese continente, personas que hablaban diferentes lenguas, vestían ropas raras, tenían barcos lentos y eran presuntuosos e insoportables. Los vikingos siempre hablaron de los continentales como seres blandos, que se ofendían por cualquier comentario y que presumían que sus dioses eran mejores.

Los continentales solían tener barcos más lentos y sus ropas eran delgadas, por lo que no soportaban bien el frío y raras veces se aventuraban a las islas del norte. Algunos cuantos intrépidos llegaban para comerciar una o dos veces al año, pero sus caravanas eran pequeñas. Hiccup miró alrededor, la flota era grande, y esos hombres hablaban su mismo idioma así que sus pueblos debían estar relativamente cerca, pero ¿qué buscaban? Los continentales siempre se creyeron mejores que los vikingos, quizá querían guerra y conquista, no sería la primera vez que los muy locos lo intentaban.

.—Ya sabes, ustedes los del continente son diferentes—continuó Hiccup, tanteando la situación—No comprendo qué quieren de nosotros. Como ves, no tenemos mucho—con una mano señaló al interminable mar, pero Morgana no despegó su vista de él.

.—Al menos has sido más educado que esa salvaje que andas buscando ¿tu esposa, verdad?—tiró la trenza hacia él—Me pregunto si la dominas igual que domas a esa bestia atrás de ti.

Hiccup sonrió ¿enserio esa mujer acababa de decir "domar"? Tenía una ventaja, ella no sabía prácticamente nada de las costumbres locales. Además, era la segunda vez que se refería a Toothless, seguro tenía interés hacia él.

.—Probablemente—respondió—Pero no es una bestia. Se llama Toothless.

El dragón rugió asintiendo al reconocer su nombre, el Night Fury estaba cansado de la situación y sólo esperaba que Hiccup le diera el visto bueno para lanzarle su mejor llama a esa espantosa mujer.

.—Esa mujer tuya también llamó a su bestia de una forma curiosa ¿así que son como sus mascotas?—se mofó—¡qué poco civilizados!

Pudo imaginar perfectamente a Astrid dándole un puñetazo en la cara a esa mujer por un comentario como ese, él mismo se lo daría si no fuera un caballero. Miró la trenza en el suelo, y de reojo pudo observar el humo negro que ascendía desde una cubierta. Se inclinó sujetando la trenza en sus manos, y palpó la madera del barco: era extremadamente inflamable. Un solo disparo de Stormfly pudo perfectamente crear un hoyo para que escapara.

Se irguió con la trenza en sus manos, Morgana mantenía su actitud retadora, pero Hiccup vio más allá de eso. Sus hombres estaban asustados, el humo mostraba la reciente explosión y no se escuchaban ruidos de Stormfly o de Astrid. Si Stormfly estuviera ahí, ya habría olido a Toothless y otros dragones, rugiendo o empujando el barco para hacerse notar.

Astrid no estaba ahí.

.—Imagino que las costumbres del continente son diferentes—dijo con voz contenida.

.—¡Y mejores, desde luego! Pero ya les enseñaré eso cuando me llamen "reina"—dijo en tono burlón—He aquí mis condiciones, bufón. Ustedes se rendirán incondicionalmente ante mis hombres y me harán su soberana. Entregarán desde éste momento todas sus bestias-mascota. Y me pagaran la cuarta parte de sus cosechas como impuestos. Es todo, puedes llevarle ese mensaje a tu rey.

.—Aquí los llamamos Jefes—respondió Hiccup—Y yo soy el Jefe, mujer.

.—¿Tú eres el Jefe? ¡no me hagas reír! Un Jefe sin corona, ni capa, ni joyas… está bien, denme sólo la quinta parte de su cosecha ¡en verdad no tienen nada!—y se echó a reír, haciendo que sus hombres rieran nerviosos.

Hiccup esbozó una media sonrisa. Astrid no estaba ahí, debió haberse escapado muy rápido, pero con la trenza en sus manos seguía sintiendo angustia ¿qué tan herida estaba? No podía seguir perdiendo el tiempo con esa mujer loca, ocupaba buscarla. Con eso en mente, levantó el rostro y sonrió.

.—Tienes razón, tenemos muy poco—continuó—Sólo tenemos dragones.

Lo dijo en tono amenazante, bajó su mano y le hizo la señal a Toothless, que disparó más que gustoso contra esa mujer.

Morgana gritó cuando la bola de fuego se dirigió a ella, alcanzó a inclinarse, pero las llamas golpearon el barandal causando una pequeña explosión que la empujó al suelo.

.—¡A Dragon Edge!—gritó Hiccup—¡Rápido!

Saltó sobre la espalda de Toothless, el dragón rugió frustrado, deseaba disparar hasta ver ese barco hundido. Muchos jinetes dieron la vuelta no sin antes disparar a los mástiles que tenían cerca, enfadados hasta el tuétano por los despectivos comentarios de aquella mujer y ansiosos de verlos arder. Los marineros lanzaron sus flechas y prepararon las catapultas, pero apenas pudieron lanzar tres piedras porque los dragones se elevaron hacia las nubes, desplazándose gráciles y poniendo una gran distancia.

Morgana gritó, empujando a los hombres que se acercaron a ayudarla, viendo las llamas que consumían tres mástiles de diferentes barcos y los últimos dragones desapareciendo a la distancia.

"Malditos ¡malditos!" los había subestimado, pero no volvería a hacerlo de nuevo. Ahora ya sabía quién era el Jefe de esos jinetes, también sabía que apreciaban a sus mascotas dragones.

.—Mi señora, nosotros…

.—¡Cállense!—gritó con voz potente—Arreglen esos mástiles deprisa ¡tenemos muchas cosas que hacer y no tengo tiempo para sus incompetencias!

Dicho eso, se fue a su camerino. Apuntó la dirección a la cual esos dragones huyeron, les daría sólo dos horas para hacer los arreglos y después los seguirían. No podían ir muy lejos, después de todo.

.

.

.

Cedric estaba sentado en la celda, con la cabeza agachada, pensando en todos los acontecimientos que habían ocurrido ese mismo día. Sentía que su vida había dado un giro brusco en menos de un par de horas. Esa rubia había conseguido escapar con su dragón, y Morgana lo culpaba a él. No sabía cuánto tiempo estaría encerrado en esa celda, ni tampoco si Morgana le aplicaría algún castigo. La incertidumbre le parecía atroz.

Conoció a Morgana cuando ella reclutó gente en los barrios bajos para trabajar con ella en sus "transacciones". Más que comerciante, Morgana era una pirata desalmada. Pero Cedric era un chiquillo huérfano, cuyos padres no se preocuparon nunca por mostrarle afecto, que vivía comiendo las sobras en los basureros y mendigando por pan. Cualquier trabajo, aunque fuera malo, sería bien recibido siempre y cuando le diera algo de comer.

Lejos de ser una líder fuerte, Morgana era cruel, Cedric aprendió muy rápido a complacerla porque estaba demasiado asustado como para correr el riesgo de que ella lo echara por la cubierta. Comía bien, tuvo buenas ropas y al menos podía sentir que pertenecía a algún lugar. Pero muy en el fondo, Cedric sabía que no era feliz, y que Morgana le exigía cada vez más dejar de lado su humanidad.

Hasta ese día, ignorante de que existiera una forma diferente de vida, Cedric había creído que pasaría el resto de sus días complaciendo a Morgana para morir como un forajido en la primera casita donde le dieran refugio. Pero cuando vio a ese dragón… removió algo en su interior, algo que no recordaba tener.

Ese dragón estaba asustado, pudo verlo en sus ojos, vio en aquellos grandes ojos mucho de sí mismo. El dragón también estaba preocupado, se removía para liberarse, pero los oídos atentos parecían buscar por la muchacha rubia. Era una criatura leal que deseaba defender a su dueña ¡y tan poderoso! Esas duras escamas, esas poderosas y grandes alas, ese fuego abrasador capaz de hacer explosión en sus barcos… no podía sentir desprecio alguno por la rubia, al contrario, sentía una gran admiración, pensar que esa chiquilla montaba tan enorme dragón… sobrepasaba cualquier poder que su mente imaginara.

Quiso acercarse al dragón y tocar sus azules escamas, quiso ganarse su confianza. Como no conocía otro animal con el cual hacer equivalencia, pensaba en el dragón como si fuera un caballo bronco, de hermoso color e intenso espíritu. Un caballo de gran espíritu nunca se doma, al contrario, su jinete se gana la confianza del animal. Cedric entendía que pasaba algo similar con los dragones, uno debía ganarse su respeto.

Él quería ganarse el respeto de un dragón.

Cedric no podía pensar que alguien en algún momento de su vida lo respetara. Morgana desde luego que no, y sus subordinados le tenían miedo, no respeto. Pero Cedric jamás disfrutó de inspirar miedo en las personas. Comprendía ahora, que así como estaba solo sentado en una celda vacía, había estado solo toda su vida. Nadie realmente se interesó en él, lo cuidó, lo apreció ni nadie le lloraría su muerte.

Pero eso era algo que podía cambiar. Lo cambiaría ¡eso es! Conseguiría salir de ahí, y empezaría una nueva vida. Ya no más complacer a una mujer loca, ya no más tenerle miedo a los arranques de ira de su capitana, ya no más robar, saquear, intimidar y hacerse de dinero mal habido ¡no más!

El barco tembló, y Cedric escuchó perfectamente el sonido de explosiones, el pánico inundó su ser ¿qué rayos estaba pasando?

.

.

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Hiccup no llegó a Dragon Edge, se detuvo a mitad del trayecto, cuando los barcos estuvieron lo suficientemente lejos, para dar instrucciones. Le dijo a Gustav que dirigiera la tropa y que se reunieran en Dragon Edge, los dragones debían comer y descansar, también debía escribirle una carta a Valka para que ella lo alcanzara ahí.

.—¿Y qué harás?

.—Buscar a Astrid, ella escapó, pero no creo que haya llegado muy lejos—habló muy rápido—La rastrearemos, debemos regresar para el anochecer ¡no hagan ninguna ofensiva! ¿quedó claro?

Murmuraron frases que no se puso a escuchar, Hiccup se inclinó hacia Toothless diciéndole que buscara a Astrid, pero el Night Fury ya estaba buscando el aroma. Encontró más rápido el de Stormfly, porque dejó un tenue rastro de sangre. Sin perder tiempo, el dragón voló lo más rápido que sus alas le permitieron, con un preocupado Hiccup siguiendo confiando a su dragón.

.

.

.

.—Bien hecho, nena, bien hecho—Astrid acariciaba mimosamente las escamas de Stormfly—Estamos a salvo. Descansa, buscaré comida y algo para tu herida.

Astrid miró alrededor, estaban en una pequeña isla, en algún punto al oeste de Dragon Edge. Sería difícil que alguien la encontrara ahí, pero confiaba poder esconderse, los árboles eran altos y proporcionarían buena sombra. Entre los arbustos vio bayas buenas, había un ojo de agua clara –no era mucha, pero serviría– y podía pescar en la costa. Acomodó a Stormfly sobre una pila de hojas, después limpió su herida y la cubrió con hojas también limpias, no tenía medicina, así que sólo podía esperar.

Se puso a pescar, pues algo debían comer. Demoró dos horas pero al fin consiguió un buen botín, dejó los peces más grandes al alcance de su dragona, Stormfly devoró la comida sabiendo que así podría curarse más rápido.

.—Tranquila, estamos a salvo—la consoló, acercándole un improvisado cuenco de agua.

Después agarró sus propios pescados, los clavó en una rama y con ayuda de Stormfly hizo una fogata para coserlos, apenas llevaba unos cinco minutos viéndolos cuando las palabras de su madre resonaron como un eco severo:

"Nada de escamas, ni de tripas, ni ojos de pescado. Sólo la carne bien cocida, limpia de escamas, de preferencia servida en un guiso con verduras."

.—Rayos.

Quitó los pescados y procedió a descamarlos, fue un proceso muy tardado, luego les cortó las cabezas y los abrió lo mejor que pudo para que la carne se dorara bien. Las mujeres embarazadas debían tener una alimentación especial, para que los bebés se desarrollaran bien y evitar los partos difíciles.

Inconscientemente colocó una mano sobre el vientre, todavía plano, aún le costaba creer que estaba encinta.

.—Tú lo sabías ¿cierto?—volteó a su dragona, señalando su vientre—Por eso no me has dejado sola ni para jugar con Toothless ¿verdad?

Stormfly asintió, recargando su gran cabeza en el hombro de su jinete. Astrid la acarició, con los ojos llenándose de lágrimas, esa no era la forma en que debieron ocurrir las cosas.

Ella debió ir con Gothi y recibir su bendición, después debió decirle a Hiccup en privado antes que a nadie, ya fuera en el desayuno o en la cena, preparándole una comida especial. Debió ver la enorme sonrisa de él, y su expresión de desconcierto, mientras lo besaba con felicidad. Debió decirle a sus padres y pedirle consejos a su madre, sobre todos los cuidados que ella no recordaba o ignoraba. Hiccup debió hacer un comunicado en el Gran Salón, declarando que tendría un heredero, y se debió realizar una enorme fiesta esa misma noche en la cual la colmarían de atenciones y buenos deseos.

En vez de eso, estaba recostada al lado de Stormfly, con unos pescadillos cociéndose en la fogata y completamente sola, amén de dónde estaría Hiccup y de qué tan preocupado estaba, amén de cuándo podría salir de ahí y regresar como mínimo a Dragon Edge.

Se abrazó a sí misma, era cierto que Astrid siempre entrenó para ser la mejor guerrera de todo Berk y merecer por honor la gloria del Valhalla. Pero desde que se enamoró de Hiccup no pudo quitarse de la mente ese futuro a su lado, en donde los dos se casaban y tenían hijos. Astrid sabía que sólo podía cargar y dar a luz a los hijos de Hiccup, con amor y orgullo, nunca podría hacer lo mismo por nadie más.

El bebé creciendo en sus entrañas era la máxima expresión del amor y entrega que ella sentía hacia Hiccup, y estaba feliz, orgullosa, algo ansiosa y preocupada, pero sobre todo ilusionada con la idea de sentirlo crecer, de verlo nacer y crecer. El instinto maternal de Astrid estaba despertando cada vez con más intensidad, y con la equivalencia al de una guerrera fuerte. Ella protegería a su hijo no nato incluso de ella misma si era necesario, porque no era solamente su bebé, era también el de Hiccup.

Ciertamente nunca hablaron de tener hijos, las pocas veces que ella quiso tratar el tema Hiccup balbuceaba y cambiaba la conversación. Sabía que él también quería tener hijos, pero por alguna razón pospusieron ese deseo, atareados con los deberes diarios del Jefe y con su propio matrimonio, tan nuevo y en ocasiones complicado.

¿Qué expresión pondría Hiccup cuando le dijera que estaba encinta? ¿Y cómo se pondrían sus padres, Valka, y sus amigos? Lo peor de todo es que esa maravillosa noticia estaba llegando en un momento difícil: había una loca suelta en el archipiélago con decenas de barcos y ansiosa de causar daño.

.—Me estoy agobiando sin sentido—dijo en voz alta, queriendo romper el silencio que la rodeaba—Sólo puedo cuidarte, y cuidarme, y esperar que suceda lo mejor—volteó hacia Stormfly acariciándole las escamas.

Luego agarró los pescados y empezó a comer, tenía hambre, mucha hambre, lo más seguro es que debiera pescar algo más antes de que anocheciera.

"Frigg, sé que no te he rezado nunca mucho, pero te pido por mí y mi familia" pensó Astrid, mientras terminaba de comer "Te pido por mi hijo"

Quizá, sólo quizá, la diosa escucharía su rezo.

.

.

.

Valka estaba en el Gran Comedor, tenía enfrente tinta y varias hojas, su expresión detonaba una gran concentración mientras escribía cuidadosa cada palabra. Al verla, Gobber pensó que esa era una expresión idéntica a la de Hiccup. Con Valka cerca era cada vez más notorio todo lo que ese muchacho había heredado de su madre.

.—Spitelout y Snotlout han comenzado ya sus griteríos—dijo Gobber—Uno quiere preparar a los soldados y el otro quiere prender las antorchas de alerta.

.—¿Quién quiere prender las antorchas?—respondió, sin levantar la mirada de sus cartas.

.—No sé—se encogió de hombros—Los confundo muy seguido ¡ese par de testarudos!

Rio un poco de imaginarlo, Spitelout y Snotlout se aferraban al más pequeño poder que caía en sus manos, era irrisorio cómo se parecían padre e hijo.

.—De cualquier forma, debemos esperar órdenes de Hiccup.

Gobber asintió. El muchacho llevaba siendo Jefe un tiempo, pero ésa era la primera vez que se enfrentaban a un problema grande y era extraño escuchar "órdenes de Hiccup" en vez de "órdenes de Stoick". La fuerza de la costumbre, dedujo. Tomó asiento con gesto pesado frente a Valka, señalando las hojas.

.—¿Qué escribes?

.—Son cartas a nuestros aliados—dijo ella—Hiccup puede ocupar ayuda.

.—Él no ha dado indicaciones sobre eso.

.—¿Y?

.—¿No acabas de decir que debemos esperar sus órdenes?

.—Sí, pero soy su madre—declaró con una media sonrisa—Tengo un par de privilegios ¿no?

.—Y te estás aprovechando.

.—Vamos Gobber, son sólo unas misivas. Si las cosas se complican más no nos hará daño un poco de ayuda.

Gobber miró a Valka firmar una de las cartas. Siempre le pareció una mujer diferente, no en mala forma, sólo distinta; se asomó para ver la dirección de las cartas, reconociendo a la tribu Berserker y a la Reina Mala.

.—Esas gentes le deben mucho a Hiccup—dijo Gobber.

.—Lo sé, esto también puede ayudarnos a ver qué tan confiables son.

.—¿Enserio crees que la situación es muy grave?

Valka dejó las cartas de lado, su mirada estaba perdida en algún punto lejano, pensativa, la mujer frunció los labios antes de hablar.

.—No lo sé—confesó—Pero es diferente. Nunca habíamos tenido una villa más allá de la isla de Berk. Y los enemigos que enfrentamos suelen ser aldeas del mismo archipiélago, ha pasado demasiado tiempo desde que vienen gentes extranjeras…

.—Demasiado, demasiado tiempo—convino Gobber.

Según los libros de historia que amontonaban polvo entre las cosas de Gothi, los primeros vikingos que habitaron Berk hace más de trescientos años llegaron en sus barcos porque habían perdido sus islas, más al sur, combatiendo con personas raras que hablaban otros idiomas y venían de tierra firme. Antaño, los continentales podían inspirar verdadero temor, pero los años le dieron a los vikingos barcos más veloces, cuerpos más fuertes y ahora la posibilidad de montar dragones. Gobber y Valka sabían cuáles eran sus fortalezas, pero desconocían cuáles eran las de sus enemigos.

Además, ambos estaban preocupados por Hiccup. El muchacho se fue colérico, con el pensamiento de rescata a Astrid a cualquier precio. Era inteligente, pero hasta el niño más pequeño podría decir que el Jefe no estaba en sus cinco sentidos. Valka sentía su pecho oprimirse ante la idea de que su hijo, que tan poco tiempo llevaba gobernando, debiera enfrentarse a un problema tan serio y repentino.

Lo menos que podía hacer era ayudar, y una de las pocas ayudas que le podía brindar era escribir esas cartas, para ver si los amigos de su hijo realmente eran de fiar.

El silencio que se instaló entre los dos adultos se rompió cuando entraron al Gran Comedor los gemelos, hablando entre sí con esos comentarios que nadie más entendía, señalándolos para dejarles en claro que los estaban buscando.

.—¡Snotlout se ha vuelto loco!—dijo Ruffnut—Quiere que se construya una nueva y alta antorcha para que todos puedan verla ¡como si las que tenemos no fueran suficientes!

.—Además, el hombre está ignorando el conocimiento general de que una antorcha tan colosal no se construye en unas horas—concluyó Tuffnut, en ese tono inteligente que raras veces usaba.

.—Si no lo detienen, la gente se le irá encima ¿dónde está Hiccup?—dijeron los dos.

.—Aún no regresa—respondió Valka.—Ruffnut, por favor manda estas cartas con Terribles Terror, yo me encargaré de Snotlout.

.—Vaya, ha estado escribiendo mucho—dijo la muchacha, viendo los destinatarios en los sobres que Valka le dio—¿Y esto para qué?

.—Tú mándalas, muchacha, no podemos hacerlo todo.

Ella frunció el ceño a Gobber, pero se encogió de hombros y se fue a hacer lo encargado. Su gemelo la siguió como su sombra. Valka tomó una profunda respiración y se encaminó a hablar con el chico Jorgeson.

.—Admítelo, habías extrañado mandarle a la gente—dijo Gobber en tono jocoso, recordando los buenos y lejanos años en que Valka dirigía al lado de Stoick.

.—Quizá… sólo un poco—admitió con una sonrisa.

Afuera un grupo de personas estaba gritándole a Snotlout, quien parecía muy ofendido. Gobber vio a Valka hacerse camino en esa muchedumbre, calmando a los enfadados y bajándole los humos a Snotlout con apenas unas pocas palabras. A lo lejos, también divisó los Terrible Terror que salían con las misivas.

.

.

.

En el horizonte, el sol estaba empezando a ocultarse, pintando al cielo de color naranja y reflejando ese mismo color en el oleaje del mar. Stormfly contemplaba ese panorama, relajándose y dejando que su herida cicatrizara. Astrid estaba en la costa, viendo su reflejo en las aguas más claras. Los mechones de cabello caían irregulares alrededor de su rostro ¡qué rabia! "Crecerá, crecerá" se repetía mentalmente, mientras sus manos acariciaban los suaves mechones como si con eso pudiera sanarlo.

Un ruido fuerte de rugido rompió el silencio, Stormfly se alzó reconociéndolo, Astrid se puso de pie, buscando en los alrededores, pero el color negro de Toothless ya comenzaba a camuflajearse con el cielo oscurecido. Mientras aterrizaban, Hiccup pudo ver a Stormfly recostada entre los árboles, pero no divisó a Astrid. Se apeó de Toothless con ansiedad, ignorando el reencuentro de los dos dragones.

.—¡Astrid!—gritó, con el pecho doliéndole ¿cómo era posible que encontrara al Nadder y no a su esposa?—¡Astrid!

.—Por aquí—escuchó la voz que provenía de la costa.

Corrió despavorido, con el miedo contenido saliendo de todos los poros de su ser. Astrid estaba ahí, parada en la playa, el cabello corto era mecido por una suave brisa y restos de sangre manchaban su hombro. Pero lo único que Hiccup pudo pensar era que estaba ahí, bien, y con una sonrisa.

Cualquier enfado, tensión o angustia que tuvieran desapareció al momento en que se vieron. Astrid se echó a sus brazos, e Hiccup la apretó besándole la frente varias veces.

.—Estás bien… estás bien—murmuraba.

Abrazados a orillas de la playa, el sol emitió su último resplandor, y el día cedió a la noche.


Eso es todo por ahora... muchísimas gracias por leer, espero que les haya gustado, en el próximo capítulo veremos situaciones un poco más tensas, pero no quiero adelantarles nada. Sólo les diré que éste será un fic corto. Y que espero no tardarme tanto... ¡los adoro!

saludos!